Ante el nuevo gobierno de ultraderecha,
que San Jorge nos socorra
2019-01-04
Ante el nuevo gobierno brasileño de ultraderecha, furioso y perseguidor, que está tocando ya derechos
fundamentales de los ciudadanos –especialmente los salarios– y de los de otra
condición sexual, necesitamos unir nuestras fuerzas de resistencia y de
crítica, por un imperativo ético de salvaguardia de la democracia y de los commons
que pertenecen al pueblo.
Además
de este esfuerzo cívico, necesitamos la ayuda del santo preferido de los
cariocas, que es San Jorge. Su historia legendaria nos puede dar ánimo y
fortaleza.
Un
dragón terrible amenazaba una pequeña ciudad del Norte de África. Exigía vidas
humanas escogidas por sorteo. Cierto día, la suerte cayó sobre la hija del rey.
Vestida de novia fue al encuentro de la muerte. Y he aquí que aparece San
Jorge, con su caballo blanco y su larga lanza. Hiere al dragón y lo domina. Le
amarra la boca con el cinturón de la princesa y lo conduce, manso como un
cordero, hasta el centro de la ciudad.
Necesitamos
interpretar esta leyenda pues puede mejorar nuestra conciencia sobre lo que
somos realmente. Sigo aquí las reflexiones de la psicología analítica de C. G.
Jung y especialmente de su discípulo preferido, Erik Neumann (cf. A história
da origem da consciência, Cultrix 1990). Según él, el dragón que
atemorizaba y el caballero heroico son dos dimensiones del mismo ser humano. El
dragón en nosotros es nuestro inconsciente, nuestra ancestralidad oscura,
nuestras sombras, nuestras rabias y odios. Desde este trasfondo irrumpieron
hacia la luz, la conciencia, la independencia del ego, y nuestra capacidad de
amar y de convivir humanamente, representados por San Jorge. Por eso en algunas
iconografías, especialmente en una de Cataluña (es su patrono), así como en la
del brasileiro Rogério Fernandes, el dragón aparece envolviendo todo el cuerpo
del caballero San Jorge.
Somos
esta contradicción viva: tenemos la parte San Jorge y la parte dragón dentro de
nosotros. El desafío de la vida que siempre nos acompaña y nunca tiene un fin
definitivo es que San Jorge mantenga sometido al dragón. No se trata de
matarlo, sino de domesticarlo y quitarle su ferocidad.
El
pueblo siente la necesidad de un santo guerrero y vencedor, como se mostró en
la novela “Salve Jorge”, cuyo script fue hecho por una gran devota del
santo, Malga di Paulo. San Jorge salva a las mujeres prostituidas contra el
dragón del tráfico internacional de mujeres.
Lo
que hemos estado presenciando últimamente en Brasil, especialmente durante la
campaña electoral, y ahora, infelizmente, en el actual gobierno, es la
irrupción del dragón. Él amenazaba a todos y cobraba sacrificios. Aquí él actuó
sin ataduras y se expresó mediante todo tipo de violencia verbal e incluso
física contra homoafectivos, indígenas, opositores y mujeres. Como ya escribimos
en este lugar, es la emergencia de la dimensión perversa de nuestra
“cordialidad” que, según Sérgio Buarque de Holanda, puede manifestarse también
mediante el odio y la enemistad. Estaba y está siempre presente dentro de
nosotros, pero en la condición psico-social-política que se ha creado puede
salir de la oscuridad y manifestarse destructivamente.
Ante
del dragón, que ganó visibilidad, ¿qué vamos a hacer? Tenemos que despertar al
San Jorge que está dentro de nosotros. Él venció siempre al dragón. Vamos a
usar las armas que ellos no pueden usar. A las discriminaciones responderemos
con la inclusión de todos indistintamente. Al odio diseminado contra
opositores, responderemos con amorosidad y compasión. A la creación de chivos
expiatorios, responderemos con la defensa de los inocentemente marginalizados e
injustamente condenados. A las mentiras y a las visones fantasiosas que nos
quieren llevar a la Edad Media, responderemos con la fuerza de los hechos y
haciendo valer el sentido de la contemporaneidad.
Hay
que vencer el mal con el bien. No responder con los métodos e ideologías
excéntricas que se presentan pretendiendo no tener ideología. Lo que en verdad
más tienen los miembros del partido y varios ministros es una extraña ideología
de hacer sonreír, de tan baja, anticuada y ridícula.
En
este afán, hacemos nuestra la oración popular: “Andaré vestido y armado con
las armas de San Jorge para que mis enemigos, teniendo pies no me alcancen,
teniendo manos no me agarren, y teniendo ojos no me vean… Que mis enemigos sean
humildes y sumisos a Vos. Amén”.
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