domingo, 23 de febrero de 2020

‘Digo... Os digo... Yo os digo.’ ( Domingo 7º T.O. A (23.02.2020): Mateo 5,38-48) y “Ellos sí escucharán” (Hechos 28,28-29) ( Domingo 13º de ‘Los Hechos de los Apóstoles’ (23.02.2020): Hch 9,23-31)


He oído, pero me digo...
Me sigue resonando en mis adentros el asunto de esa anáfora de Mateo: "Habéis oído que se dijo y, en cambio, yo os digo". Y más de uno de vosotros me habéis recordado que ser 'SauloPablo' no se le ocurrió sólo al protagonista del que escribió Lucas, sino que forma parte del ADN de casi todos los humanos sean de la condición que sean.

Ambas cuestiones las voy a dejar que sigan sus caminos entre las neuronas mientras constato que este domingo día 23 de febrero es el último antes de que comience el tiempo de la Cuaresma. Ya se sabe que cuando llega esta ilustre dama todo se reacomoda en las liturgias celebrativas dominicales de nuestra santa madre eclessia. 

La llegada de la santa Cuaresma, que algunos llamaban en el siglo pasado 'del samonete y de la langosta', arrasa con toda posible programación de la lectura del Evangelio. Y en este año, del Evangelio de Mateo por tratarse del ciclo A.

No acaba de entrarme en mi mollera que hace cuatro días mal contados nos proponía Francisco papa apreciar en su justo valor la voz de la llamada Palabra de Dios y desde los mismos dicasterios de su Roma vaticana se comience a jugar con los textos evangélicos en cuanto aparece la presencia de la Cuaresma de los colores morados. 

Domingo tras domingo me iré haciendo consciente una vez más de la manipulación corrupta que llega a realizarse de los relatos del Evangelio.

Lo diré con el lenguaje ya aprendido del Jesús de Nazaret del Evangelista Mateo: 'Me han dicho que en Cuaresma se ha de comenzar por el relato de las tentaciones de Jesús y continuar con su transfiguración, en cambio yo me digo que debo seguir leyendo a Mateo en el discurso sobre la felicidad que puso en boca de su Jesús de Nazaret'.

Alguno podrá decirme que por qué actúo así y por qué lo digo. Y a estos tales les podré decir que el aire, brisa, viento o vendaval del Espíritu me empuja a hacerlo así. ¿El Espíritu? Sí, el aire que me despierta a cada paso la vida de los pulmones y el calor de la sangre. 

Nunca un dicasterio como el de la santa Cuaresma, si es que existe, podrá embridar al espíritu a su gusto y a sus intereses. Algún año de estos habrá que imaginar y proponer una nueva Cuaresma. Por cierto, espero que se hable de estos asuntos en ese documento de la Amazonía, el último que acaba de salir del horno papal y vaticano. 

Seguramente que además de todo esto, se dejará bien clarita la postura de la Iglesia y de nuestro papa sobre el sacerdocio y la mujer. Me temo que esto suponga demasiada tarea alternativa para el aire suave y fresco de la vida del nuevo espíritu...

Los comentarios los encuentras a continuación. Y también en el archivo adjunto...
Buena y feliz semana.  

Domingo 7º T.O. A (23.02.2020): Mateo 5,38-48
‘Digo... Os digo... Yo os digo.’ Lo medito y lo escribo CONTIGO,

En el texto de Mateo 5,38-48, como ya sugería en el comentario de la semana pasada, el Evangelista pone en boca de su Jesús de Nazaret palabras que interpretan las palabras de la Ley de las gentes de su pueblo. En el mundo judío siempre hubo inteligentes rabinos capaces de comentar los llamados ‘textos sagrados’ de su religión. Jesús también se atrevió a hacerlo.

En Mateo 5,38-42 se pone sobre la mesa todo un modo de contemplar las relaciones entre las personas. Y no se necesitaban demasiadas explicaciones para comprender este proyecto de vida: “Ojo por ojo y diente por diente”. Esta manera de pensar y de actuar pudo, seguramente, superar todo tipo de abuso de los grandes sobre los pequeños. Pero este elemental proyecto de vida lleva dentro una diminuta semilla adosada  que podría llamarse ‘venganza’. Y la espiral de la venganza nunca se acaba, siempre se alarga y crece. Me has golpeado. Te puedo golpear.

En Mateo 5,43-48 se ventila otra cuestión elemental, casi de sentido común, pero... el ‘amar al prójimo y el odiar al enemigo’ lleva en sus adentros también las cicatrices de la experiencia humana más deshumanizadora. ¿Por qué estamos tan acostumbrados a catalogar a las personas en clases o claves deshumanizadoras? ¿Por la competencia? ¿Por la autoestima egoísta? ¿Por la prepotencia? ¿Por qué el distinto tiene que ser un distante?

Este Mateo Evangelista no es como ese otro Evangelista llamado Lucas. Desde la realidad de este texto de Mateo podemos comprender la oportunidad de aquella parábola que se inventó Lucas a propósito de la pregunta de un entendido Letrado de la Ley. ¿Se recuerda? ¿Quién es mi prójimo? (Lucas 10,25-37).

Deseo dejar escrito aquí que el relato de Mateo 5,43-48 y el relato de Lucas 10,25-37 los debo leer siempre de manera sinóptica, es decir, a la vez, conjuntamente. Sus mensajes son idénticamente proféticos, sorprendentes y tan profundamente humanizadores que me gustaría saber en qué otras ‘religiones’ o propuestas humanitarias se lleva este utópico horizonte algo más allá. Ni tan siquiera nuestro buen Evangelista Juan en su texto de 13,35 es tan atrevido, tan provocativamente innovador. Lo escribo y me callo: Amad a vuestros enemigos.  No sé qué me resulta más osado, si el imperativo ‘amad’ o el sustantivo ‘enemigos’.

Con lo ya dicho y apuntado hasta este momento sería más que suficiente como comentario. Cuantas más vueltas se le dé a este mensaje tan diáfano, más difuminado llegará a ser. Por eso, en este espacio breve de la página deseo sólo añadir una precisión elemental y no es otra que constatar que aquí acaba el capítulo quinto del Evangelio de Mateo. Sin embargo, su Jesús de Nazaret sigue hablando. Y de esto, nunca se nos leerá completo el capítulo sexto en las reuniones dominicales de los creyentes y leyentes de la ‘Palabra del Evangelio’. No sé por qué.

Por una elemental higiene de pensamiento y, sobre todo, de cariño por la Palabra diré que en este silenciado capítulo el Evangelista pone en labios de su Jesús tres cuestiones de las muchas ‘prácticas’ de la Religión judía’: la limosna, la oración y el ayuno. Y lo hace con el mismo criterio que conocemos: No hagas limosna, oración o ayuno como lo haces, sino así, como alternativa.
Carmelo Bueno Heras

Domingo 13º de ‘Los Hechos de los Apóstoles’ (23.02.2020): Hch 9,23-31
“Ellos sí escucharán” (Hechos 28,28-29)

El texto del Libro de los Hechos que comentamos ahora es un prodigio de síntesis narrativa. Recuerdo que en el texto anterior y en su correspondiente comentario acompañábamos a Saulo en su estancia en Damasco. Y ahí lo volvemos a encontrar al leer Hechos 9,23-25.

No olvido que Saulo llegó a Damasco con papeles escritos, firmados y sellados por las autoridades judías del Sanedrín para apresar a cuantos seguidores del Camino de Jesús encontrara en Damasco y van a ser, precisamente, los propios judíos quienes decidan acabar no sólo con el mensaje de Saulo, sino con su propia persona. Y van a ser los seguidores de Jesús quienes se jueguen la vida por liberar a este Saulo del apresamiento, juicio y muerte. Increíble. ¿Cómo pudo enterarse Lucas de tales sucesos? Me lo seguiré preguntando.

Liberado Saulo de sus perseguidores judíos de Damasco, llegó a Jerusalén sin sus papeles y sin sus deseados apresamientos: “Llegado a Jerusalén, trataba de juntarse con los discípulos, pero todos le tenían miedo. No se fiaban de él...” (Hch 9,26). La mente narrativa de Lucas sobrevuela la realidad que se imagina de manera prodigiosa.

Después de leer muy despacio Hch 9,26-30, todo lector crítico comienza a darse cuenta de que el escritor inspirado está procesando en sus neuronas la narración del mito de Saulo-Pablo. En los entornos de esta persona todo va resultando ser prodigioso. En medio de las tenebrosas sombras del miedo y la desconfianza  de los seguidores del Camino surge la mano protectora y sanadora de Bernabé. Sí, de aquel José, el buen chipriota y levita, que conocemos de Hch 4,36-37. Desde ahora, este Bernabé y Saulo se irán acompañando sabiamente en sus caminos.

Me sigo admirando y sorprendiendo de las perlas narrativas del Evangelista. ¿Por qué no nos ha dejado a los lectores de su crónica un amplio relato de todo cuanto compartieron los componentes del grupo de los DOCE con Pedro y las mujeres que siguieron a Jesús desde Galilea hasta Jerusalén y hasta su muerte y sus apariciones posteriores? ¿Por qué a este Lucas sólo le importa contar que Saulo compartió su experiencia de haber sido un judío ‘alterado’ por la muerte de otro judío, Jesús de Nazaret, al que no conoció directa y personalmente?

Esta cuestión de ser judío, sentirse y vivir como judío, es la que vuelve a desencadenar el enfrentamiento de Saulo con otros judíos griegos, los de la diáspora, como él. Y la tensión creció hasta decidir que Saulo regresase a su Tarso natal. ¿Por qué no se quedó en Cesarea?

Vuelvo a subrayar la sapiencia del Evangelista en el contar la historia y el apaciguar a la vez las emociones de los acontecimientos en Jerusalén, en el grupo de los seguidores y en los propios lectores del relato. Por eso, es momento oportuno para la reflexión teológica y poder constatar así que una tarea como la evangelización no es sencilla ni fácil, pero es siempre una tarea de personas y...,  ¿de algo o alguien más? Sí: “La iglesia gozaba de paz en toda Judea, Galilea y Samaría. Se iba construyendo y progresaba en la fidelidad al Señor, y se multiplicaba animada por el Espíritu Santo”  (Hch 9,31). En este Evangelio siempre está presente el Espíritu, desde 1,15; por 1,35; en 2,25-28; en 3,16; en 4,1 y  4,14-18... ¿No es el Evangelio del Espíritu?
Carmelo Bueno Heras

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