lunes, 3 de febrero de 2020

¿Purificarse? Purificar las neuronas. (Domingo 4º La Presentación (02.02.2020): Lucas 2,22-40) y “Ellos sí escucharán” (Hechos 28,28-29) ( Domingo 10º de ‘Los Hechos de los Apóstoles’ (02.02.2020): Hch 8,4-25)


Me voy a ir aprendiendo esta nueva formulación, por si pudiera suceder que funcionase en el futuro, al menos alguna vez: Después del domingo de la Palabra de Dios viene el domingo de la purificación. 

Espero que se recuerde bien todo aquello que se ritualizó con motivo de la entronización de la Palabra de Dios en el domingo pasado. ¿Podría haber escrito divinización en lugar de entronización? Creo que sí.

El domingo siguiente ha tenido la oportunidad de coincidir con la fiesta del día dos de febrero. Y esta fiesta pesa mucho. Quien ha decidido que pese mucho sabrá cuáles han sido las razones de ese peso... De tal suceso sabemos por lo que nos ha contado el Evangelista Lucas. Y por saber también que se trataba de una práctica habitual en la sociedad de Israel.

Religión, tradición, rito, dogma... Todos sabemos qué se desea decir con cada una de estas cuatro palabras. Pero a mí siempre me parece que lo más importante es saber quién y por qué tiene la capacidad de mantener, actualizar, transformar, re-crear y hasta imaginar realidades nuevas dentro de una religión, dentro de la práctica de un rito, dentro de los textos de unos dogmas o en el corazón de un sistema que es su tradición. 

En la sociedad en que vivimos los humanos hay gentes que siempre harán, lo que siempre se ha hecho. Y se hará de la misma forma, y se hará con las mismas personas y se hará en los mismos tiempos y espacios... Siempre igual. Estas cosas de los ritos,religión, tradiciones y dogmas se desarrolla, vive y crece en la medida en la que se repite de generación en generación. Pero si todo tuvo su comienzo en la decisión de una o unas personas, ¿cómo no va a poder transformarse con la decisión de otras personas?

Hay un criterio de pleno sentido común en la vida, entre las gentes y hasta en el mismo Evangelio. No será preciso decir que el sábado era un 'dogma-rito-tradición-religión' en la sociedad judía que creo que aún tiene vigencia... Después de darse un paseo por los textos del Deuteronomio se constata la 'sacralización divina del sábado'. Y a los cuatro Evangelistas no les tiembla la mano cuando escriben que el sábado está para el servicio de la persona. No al revés. Si el sábado no sirve, se le olvida y margina.

El sentido común del judío Jesús habita también en los Evangelistas, y en ti y en mí y en tantas personas que tú y yo sabemos. Y para tales cambios desde el sentido común no es preciso tanto organismo de  diócesis, sínodos o concilios. Se necesita más acercamiento al Evangelio y menos 'sacramentalización' que sostiene a la religión y sus dogmas.

A continuación puedes ver los dos comentarios a los textos del Evangelio. 


Domingo 4º La Presentación (02.02.2020): Lucas 2,22-40
¿Purificarse? Purificar las neuronas. Lo medito y escribo CONTIGO,

De nuevo, la autoridad de la liturgia nos cambia el paso de la lectura en el Evangelio de Mateo y se nos propone la lectura de ‘la presentación de Jesús en el Templo de Jerusalén y la purificación’, contada sólo por el evangelista Lucas. La fuerza de esta fiesta en la religiosidad popular ha desplazado a la celebración del domingo. Así, ¿cómo comprender el Ev. de Mateo?

Recomiendo leer ahora el breve capítulo duodécimo del libro del Levítico... Después, y con sosiego, puede leerse el relato de Lucas 2,22-40. Sólo desde este ejercicio se podrá comprender en toda su extensión estas palabras iniciales del relato lucano: “Cuando se cumplieron los días de la purificación, según la Ley de Moisés, llevaron a Jesús a Jerusalén”.

Poco más de un mes, cuarenta días exactamente, tenía entonces Jesús de Nazaret. Era un judío del norte, de Galilea. Y el final del relato que leemos en Lucas acaba así: “Volvieron a su ciudad de Nazaret en Galilea. El niño crecía y se fortalecía...” (Lucas 2,39-40). Y nada más se nos cuenta ya de los acontecimientos que vivió o dejó de vivir esta familia de María, José y Jesús. Inmediatamente después de esto, Lucas nos hablará de ellos cuando Jesús cumpla doce años.

Nada sabe o cuenta Lucas de los doce primeros años de la vida de Jesús, en cambio da la impresión de que Lucas estuviera presente en la celebración del rito judío de la circuncisión, porque nos lo cuenta con todo lujo de detalles, encuentros, valoraciones y personas. Ningún otro de los cuatro Evangelios nos cuenta este acontecimiento. Y diré un dato más...

Este relato de la circuncisión-purificación en el Templo ocupa el sexto lugar en la secuencia de las siete unidades escénicas en las que Lucas imaginó y nos dejó escrita la Infancia de Jesús. Las nombro, solamente: Anuncio de que le nacerá un hijo a Zacarías; Anuncio de que le nacerá un hijo a María; Encuentro de las dos futuras madres; Nacimiento del primer anunciado, Juan; Nacimiento del segundo anunciado, Jesús; Encuentro de Jesús y su familia en Jerusalén y, por fin en séptimo lugar y a los doce años, Jesús se presenta ante la autoridad religiosa de su pueblo para dialogar. Preciosa infancia atribuida a Jesús inspirada en las claves del mito.

El relato de Lucas 2,22-40 no es la crónica histórica de unos hechos que sucedieron tal cual se nos han contado. Los especialistas suelen afirmar que estamos ante un relato simbólico, mítico, midrásico. Es decir, un relato que está arropando una verdad en la que cree el narrador y, seguramente también, todas aquellas personas creyentes para las que escribe. El Evangelista cuenta su experiencia de fe así y aquí, su experiencia de fe, no los hechos llamados históricos.

Frente a la Ley de Israel, su Templo y su Sacerdocio el Jesús de Nazaret del Evangelista Lucas se presenta como el judío galileo que está ‘movido, inspirado, animado, habitado’ por otro ‘Espíritu’ distinto de la Ley de Yavé Dios de Moisés. El aire, la luz y la fuerza de este nuevo Espíritu que arraigó y creció en los adentros de Jesús de Nazaret debemos de buscarlo en relatos posteriores de este Evangelio como: Lc 4,14-30 que anuncia su Buena Noticia; Lc 10,25-37 que presenta a su buen samaritano; Lc 15,1-32 que proclama cómo y quién es Dios y Lc 17,21 que afirma que su Reino va sembrado en cada uno como la semilla más humana y mejor.
Carmelo Bueno Heras
    
Domingo 10º de ‘Los Hechos de los Apóstoles’ (02.02.2020): Hch 8,4-25
“Ellos sí escucharán” (Hechos 28,28-29)

Habíamos leído en Hechos 8,1 este dato que nos dejó escrito su narrador Lucas después del apedreamiento de ESTEBAN: “Aquel día se desató una violenta persecución contra la Iglesia de Jerusalén. Todos, menos los apóstoles (menos los DOCE), se dispersaron por Judea y Samaría”.

Judea es la región en la que se encuentra la capital de Israel, Jerusalén. Samaría es la región situada al norte de Judea, justo entre ésta y la región más al norte de la tierra de Israel que es Galilea. Las tres regiones se encuentran entre el Mar Mediterráneo, al oeste,  y el río Jordán, al este. A veces se le llama también Cisjordania (‘Cis’ es ‘el lado de acá’, del Jordán) a estas tres regiones de Galilea, Samaría y Judea. La Transjordania es la región ‘del otro lado’ del Jordán.

Con este breve apunte sobre la geografía nos acercamos a la narración de Hch 8,4-25 que empieza de esta manera: “Al ir de un lugar a otro, los prófugos difundían el Evangelio. Felipe bajó a la ciudad de Samaría”. Al leer esta información que nos ofrece el narrador no puedo dejar de recordar Hechos 1,8 que nos adelantaba no sé si el plan de todo su escrito o el mensaje recibido de Jesús en una de sus apariciones. Más que esto, me creo mejor lo primero.

El relato que he seleccionado para este comentario tiene dos apartados bien acotados por Lucas. El primer apartado es Hch 8,4-13. Y se nos cuenta aquí la evangelización que desarrolla Felipe, uno de los apóstoles del grupo de los SIETE, como Esteban. Esta evangelización de Felipe, de su decir y de su hacer, se asemeja a la evangelización de Jesús en Galilea (Lc 4,14 hasta 9,50). Aquí no se muerde la lengua el narrador: “La ciudad se llenó de alegría” (Hch 8,8).

La habilidad narrativa de Lucas nos ha colocado junto a Felipe la presencia de un cierto embaucador llamado Simón que acabó siendo un buen admirador de quien comenzó siendo para él su competidor. Me encanta contemplar esta nueva relación surgida entre los dos. Y me encanta más, por la falta de sintonía que nacerá enseguida entre este Simón y... ¡Pedro!

El segundo apartado del relato es Hch 8,14-24 donde se cuenta la llegada de la noticia de la alegría de Samaría a la iglesia de los DOCE en Jerusalén. Pedro y Juan son escogidos y enviados, como si lo hubiera hecho el propio Jesús, para constatar las informaciones. Y esta presencia de los DOCE siembra el conflicto en el ámbito de la evangelización de los SIETE. Otro carbón encendido en la hoguera de los enfrentamientos entre los DOCE y los SIETE. Es posible que más de un investigador pueda decir que el llamado ‘Espíritu Santo’ pertenece a los DOCE. Pero si esto es así, habrá que añadir, en justicia, que ‘la alegría de vivir’ les pertenece a los SIETE.

Espero que ningún lector de este relato completo de la evangelización en Samaría saque la conclusión de que ya entonces se había producido la institucionalización del sacramento del Bautismo (8,12-13) y de la Confirmación (8,15-17) dentro de la iglesia y para toda su historia.

Por fin, el versículo 8,25 es uno más de los muchos sumarios, literarios y teológicos, que tanto le gusta usar a Lucas. Se nos informa a los lectores que Pedro y Juan regresan a Jerusalén. Felipe y los suyos seguirán la evangelización por Samaría (8,26-40). Cada cual en su nuevo sitio.
Carmelo Bueno Heras

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