Cortar y Pegar
Comentario primero
Domingo 4º del Tiempo Ordinario A (01.02.2026): Mateo 5,1-12.
Mandamientos de Moisés-Bienaventuranzas de Jesús y… ¿en el mismo monte?
Acabo de leer una vez más el texto de las llamadas ‘NUEVE bienaventuranzas’ de Mateo. Esto de ‘llamadas nueve’ es una manera mía muy peculiar de nombrar estas cosas. Siempre oí y hasta estudié que las bienaventuranzas eran ocho y yo siempre leo nueve. Cuando leo y vuelvo a contar siempre me salen nueve. Creo que alguien se equivoca y no sé quién es. Seguramente, los más expertos en la materia dirán, para irse de rositas por la gatera sin dejar pelusas de sospecha, ‘las bienaventuranzas’ de Jesús, de Mateo. O, en su caso, de Lucas.
Y esta es otra cuestión, nada sencilla ni poco importante. Las ‘llamadas’ bienaventuranzas de Lucas son cuatro. Sólo cuatro. ¿No escribió Lucas ocho en su relato de 6,20-23? Pues no. Nos dijo que Jesús dijo cuatro bienaventuranzas y, para ser más y mejor historiador que nadie, le añadió al discurso de Jesús otras cuatro malaventuranzas (Lucas 6,24-26). Dicho esto, recuerdo al lector crítico que Marcos y Juan, es decir, el primero y el cuarto Evangelio no dicen nada de este discurso de las bienaventuranzas de Jesús. Para estos dos narradores de la experiencia de fe de Jesús, las bienaventuranzas ocupan un lugar secundario en el mensaje de Jesús de Nazaret. ¿Sorprendente? No lo sé, pero ese es el dato que hay que constatar y no olvidar.
Mateo comienza su relato con una expresión que hay que subrayar por ser la que va en primer lugar: “Al ver tanta gente, Jesús subió a la montaña y se sentó…” (5,1). Los asistentes a la celebración de la misa eucarística que escuchen el relato no sabrán jamás cuánta gente había y de qué tipología era. Sólo es posible saberlo si se recuerdan los dos versículos anteriores que nuestra eclesiasticidad litúrgica y vaticana no desea que se lean (4,24-25) en público en la celebración ni en este domingo ni en el anterior.
En aquel ‘tanta gente’ que nos describe Mateo había gentes de Siria y de Galilea y de la Decápolis y de Judea y de Jerusalén y de la Transjordania y todos los que se sentían mal, enfermos y sufridores, lunáticos, endemoniados, paralíticos. Creo que el auditorio de este Jesús del Evangelista Mateo es un público bien variopinto y casi universal. Se constata una ausencia notable: gentes de Samaría o samaritanos. De esta región y con la enfermedad de ser extranjeros y enemigos de Israel no hubo nadie escuchando a Jesús de Nazaret, según Mateo. ¿Raro? ¡Muy extraño, al menos! Si no se juzgan oportunos estos datos, sugiero que el lector no se haga preguntas sin sentido. ¿Había doctores y teólogos, gobernantes, sacerdotes, banqueros del R-22 (romanos de las primeras 22 provincias mayores del Imperio)?
Acabo el espacio con mi reflexión crítica sobre las ‘nueve’ bienaventuranzas del primer discurso que Mateo pone en boca de Jesús, el laico de Galilea, donde estamos y donde escuchan los de la Jerusalén del Templo y de la Ley… El discurso comienza en 5,3 y no acabará hasta el 8,1: “Cuando Jesús terminó este discurso”. Este domingo en vez de la eucaristía del pan y vino me empaparé de la eucaristía de la palabra de los capítulos quinto, sexto y séptimo. Y en los próximos domingos también, porque aquí es donde los liturgistas nos seleccionan los próximos textos evangélicos de la misa. Ya les adelanto que este Jesús de Mateo con sus ‘nueve’ bienaventuranzas deja a un lado y desautorizada a la Ley de Moisés y la fe en su Dios Yavé. No me hagan caso, pero no dejen de leer con criterio los capítulos de Mateo 5-7.
Carmelo Bueno Heras. En Burgos, 29.01.2017. Y también en Madrid, 01.02.2026.
Segundo comentario
“Todo cuanto deseas que te hagan, házselo a los demás” (Mt 7,12).
CINCO MINUTOS para compartir el comentario de la 10ª página del Evangelio de Mateo 6,19-34
El texto de Mateo 6,19-34 sigue perteneciendo al primer discurso que el Evangelista ha puesto en boca de su Jesús de Nazaret que viene a ser ‘el nuevo Moisés’ del ‘nuevo Sinaí’ y de la ‘nueva Ley’. Moisés, el Sinaí y la Ley no han dejado de existir, pero ha llegado este hombre de Galilea y ha inaugurado otra manera de vivir, de creer, de pensar y hasta de ‘bandearse en la vida’: “Buscad primero el Reinado de Dios y su justicia... No os preocupéis del mañana” (Mateo 6,33-34). Resumido, me digo: La Ley de Dios (Moisés), frente al Reino de Dios (Jesús). Ley y Reino son dos caminos por los que es muy complicado caminar a la vez. Son dos caminos distintos y diferentes: “No se puede servir a dos señores... a Dios y al Dinero” (Mt 6,24). El Evangelista escribe estas cosas unos cincuenta años después de la muerte de su Jesús. Y desde esta perspectiva del tiempo nos presenta a su galileo y laico Jesús como el que ha dejado a un lado la senda de su Religión judía para adentrarse por una nueva propuesta y alternativa. Y este discurso, todo él llamado ‘De las bienaventuranzas’, sigue desarrollándose hasta llegar a la expresión acuñada en 7,12 que me sirve y servirá como anáfora de todos los comentarios: “Todo cuanto deseas que te hagan, házselo a los demás, porque ésta es la Ley y los Profetas “. Me sigo diciendo que ésta es una de las claves para comprender todo el Evangelio escrito por el llamado Mateo. Según esta clave releo, medito, contemplo y comento contigo Mt 6,19-34.
En Mateo 6,19-21 se pone en boca de Jesús de Nazaret unas palabras sobre la presencia del verdadero tesoro que no estará nunca fuera de la persona, sino en la interioridad de las neuronas del corazón. Para este Jesús de Nazaret no existe otro ‘catecismo’ ni otro ‘dogma’ ni otro ‘tesoro’ que esta interioridad del corazón.
En Mateo 6,22-23 se pone en boca de Jesús palabras sobre la existencia de la luz frente a la oscuridad. ¿De qué luz y oscuridad se habla? Habla de esa luz que todo lo ilumina por estar dentro. Cuando ella se apaga todo será oscuridad, dentro y fuera de uno. ¡Tú y yo somos luz!
En Mateo 6,24 se pone en boca de Jesús dos palabras: Dios y Dinero. Cada palabra es un camino que se abre ante los pies de las neuronas de cada persona. Es imposible caminar por los dos al mismo tiempo. O también, cada una de estas dos palabras es una semilla. Cuando se siembra la semilla ‘dinero’, ¿qué se recoge como fruto? ¿Más ‘dinero’? Cuando se siembra la semilla ‘Dios’, ¿qué se recoge? Seguramente se recoge aquello que leo en Mateo 13,31-32.
En Mateo 6,25-34 se pone en boca de Jesús su comprensión de ‘la providencia de Dios’. Ríos de tinta han corrido para comentar qué pueda ser esta providencia. ¿Me basta con saber y sentir que esta providencia eres tú y yo, y el otro y este único mundo en el que habitamos y nos sostiene? Tú y yo y el otro y este único mundo, ¿no somos también ese árbol de ramas abiertas a esa convivencia que es ‘el reino-reinado de Dios’ de las parábolas de este Mt 13? Sí.
Ley y Reino. Moisés y Jesús. Mandamientos y Bienaventuranzas. Dinero y Dios. Oscuridad y Luz. Dos caminos. Ni buenos ni malos, diferentes. Es muy sencillo de entender y... ¡de decidir!
Carmelo Bueno Heras. En Madrid, 03.02.2019. Y también en Madrid, 01.02.2026.
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