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martes, 17 de marzo de 2015

Perú: el cardenal Cipriani rezó con los jóvenes tras la marcha por la vida 16032015

Perú: el cardenal Cipriani rezó con los jóvenes tras la marcha por la vida

'Esta generación podrá quedar en la historia como la generación que logró recuperar el valor del amor, de la vida, de los hijos y de la familia', sostuvo el Primado del Perú

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Roma,  (Zenit.org) Redacción | 391 hits

En un ambiente festivo y de recogimiento, el Cardenal Juan Luis Cipriani visitó a los más de 3500 jóvenes voluntarios de la Marcha por la Vida que estaban congregados en el anfiteatro del Parque de la Exposición de Lima en el encuentro previo a la próxima marcha del 21 de marzo.
Lo indica la página web del Arzobispado de Lima, precisando que desde la llegada del cardenal al recinto, los jóvenes no dejaron de aplaudir a su pastor, tomarse fotos y pidiéndole su bendición. Lo más significativo fue la oración que estuvo presidida por el Santísimo Sacramento donde se pidió por todos los niños que han sido abortados y por los niños por nacer, para que el Señor cuide por ellos. El Cardenal Juan Luis oró por el Perú junto a los más de 3500 jóvenes voluntarios.
Al concluir al Hora Santa, el Arzobispo de Lima les dirigió unas palabras, motivándolos a ser valientes y defender decididamente la vida desde la concepción hasta su fin natural; la familia; y el matrimonio fundado en el amor de un hombre con una mujer.
“Esta generación tiene un reto muy grande, porque Dios nos está pidiendo a todos defender la vida. Nunca pensé cuando era chico que llegaría un momento en que los poderosos del mundo quisieran destruir la vida. (…) Esta generación podrá quedar en la historia como la generación que logró recuperar el valor del amor, de la vida, de los hijos y de la familia”, refirió.
En otro momento les dirigió el saludo y la bendición del Papa Francisco a los jóvenes que participan como voluntarios de la Marcha por la Vida. Como se recuerda, recientemente se ha hecho pública la fotografía del Santo Padre promoviendo la marcha en el Perú.
“El Papa Francisco nos acompaña y nos bendice y espero el día para salir a la calle a armar lio para defender y promover la alegría de vivir. Hermanos, con qué gozo los veo y les agradezco el que estén aquí poniendo el hombro y espero que el 21 de marzo el Perú, que orgulloso ser peruano, le diga a Latinoamérica que aquí se defiende la vida, la familia y el matrimonio”, mencionó.
El Cardenal del Perú recordó que el propósito de todas las personas que van a la marcha no es protestar, sino celebrar la vida y defenderla. “Tenemos que mostrarle al mundo que la humanidad se pone en pie para defender la vida, no tenemos miedo, no tenemos dudas, no somos anti nada, somos pro vida”, reconoció.
“Por eso tenemos que defender esa vida que se genera en el matrimonio de un hombre con una mujer, la familia que Dios ha querido que sea el lugar en donde viene la vida. Comprendemos que la misericordia de Dios perdona todos los pecados y acoge a todas las personas pero eso no quiere decir que lo que está mal digamos que está bien. Hay que promover la vida, el matrimonio y la familia. Por eso digamos con mucha fe sí a la vida”, continuó.
Finalmente, animó a todos los jóvenes a ser valientes defensores de la vida. También los animó a responder al llamado de Dios a ser santos y a quienes sienten el llamado vocacional al sacerdocio o a la vida religiosa a responder con generosidad.
“Dios creó al hombre y a la mujer, Dios creó el mundo pero se lo alquiló a los valientes. Espero que aquí estemos un conjunto de hijos de Dios valientes, sin miedo a nada ni a nadie, defendiendo la vida, la familia y el matrimonio. Y así desde acá saldrán vocaciones. Yo no nací cardenal ni cura. Yo nací como tú con muchos defectos. Dios pasó por ahí y me llamó y ahora también pasa por aquí y te llama a ser santo en el lugar donde te encuentres”, culminó.
(16 de marzo de 2015) © Innovative Media Inc.


domingo, 25 de enero de 2015

PERÚ - Nota de los obispos: “el país se merece una paz sustentable y duradera, basada en la dignidad de la persona humana y en la práctica transparente de la función pública” 24012015

PERÚ - Nota de los obispos: “el país se merece una paz sustentable y duradera, basada en la dignidad de la persona humana y en la práctica transparente de la función pública”

Lima – “Como pastores observamos con enorme preocupación cómo se incrementa la violencia... El creciente hacinamiento en los centros de reclusión reproduce y alienta la violencia. A esto se añaden las evidencias de corrupción y la falta de seguridad”: así, con esta mirada adolorida de la realidad peruana, inicia la nota de los obispos titulada “Reflexiones pastorales frente a la inseguridad y la construcción de paz en nuestro país”, publicada al terminar la 105ª Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal peruana, y que hemos recibido en la Agencia Fides.

Los obispos continúan el análisis diciendo: en las pasadas elecciones un número muy importante de candidatos estaban vinculados al narcotráfico y a la corrupción, algunos de los cuales han sido elegidos; la violencia cotidiana en varios lugares del país “involucra a adolescentes y jóvenes desde muy temprana edad”; es habitual que suceda el maltrato cotidiano de la mujer, el desprecio a la dignidad de la vida humana desde su concepción hasta la muerte natural, la falta de respeto a las comunidades indígenas, el uso irracional de los recursos naturales, la explotación infantil y la trata de personas.Estas realidades presentan señales inequívocas del “grave deterioro moral de nuestra vida social” concluyen los obispos, mientras “la gran mayoría del país desea construir la paz y exige a sus gobernantes acciones decididas contra la corrupción, el narcotráfico y la violencia cotidiana”.

Luego reiteran que “la paz es la buena noticia del Evangelio. Trabajar por la paz significa luchar contra la corrupción en todas sus formas” y “Todos estamos llamados a construir la paz en los diferentes ámbitos de nuestra vida”. Tras recordar que “educar para la paz es un proceso pedagógico” los obispos piden expresamente a todas las instituciones sociales “redoblar sus esfuerzos para hacer de este valor un eje transversal de su planeamiento en el próximo quinquenio”. 

“Las nuevas generaciones, en particular los jóvenes, son actores fundamentales en la construcción de la paz” se lee en la nota. Además en la creación de una cultura de paz, los medios de comunicación juegan un rol clave, por eso los obispos subrayan: “¡No a una comunicación que resalta la violencia cotidiana y corrompe el corazón y la dignidad de las personas!¡Sí a la bondad, solidaridad y búsqueda de la paz que están presentes en la vida cotidiana de muchos conciudadanos!”

Llamando a las autoridades a desempeñar “un rol activo y eficaz especialmente frente a la delincuencia y sus redes”, la Conferencia episcopal se hace eco de las palabras del Papa Francisco sobre la necesidad de “rehabilitar la política”, y llama “a los cristianos auténticos y a todas las personas de buena voluntad a comprometerse políticamente para una urgente reforma del Estado y una participación ética de la ciudadanía. El Perú se merece una paz sustentable y duradera, basada en la dignidad de la persona humana y en la práctica transparente de la función pública”. Link correlati :El texto completo de la nota pastoral:
CONFERENCIA EPISCOPAL PERUANA
Reflexiones pastorales frente a la inseguridad y la construcción de paz en nuestro país.

Proclamamos «la Buena Noticia de la paz» (Ef 6,15)


Los obispos del Perú, reunidos en nuestra 105ªAsamblea Plenaria, damos a conocer a todos los creyentes, a las autoridades y personas de buena voluntad, nuestra reflexión y propuesta de acción por la paz, que implica –según la Biblia–diálogo, reconciliación, solidaridad, justicia, armonía entre Dios, las personas y la naturaleza, nuestra casa común.
I.    La realidad del país nos interpela
Como pastores estamos al lado de las personas y, desde esta cercanía, observamos con enorme preocupación cómo se incrementa la violencia: robos, asaltos y asesinatos que llenan de dolor y desconcierto a las familias y a la sociedad en su conjunto. Se recurre cada vez más a la cárcel como respuesta a la criminalidad. Sin embargo, el creciente hacinamiento en los centros de reclusión reproduce y alienta la violencia. A esto se añaden las evidencias de corrupción y la falta de seguridad para quienes habitamos en la Costa, Sierra, y Selva de esta generosa tierra peruana.

Actualmente haya autoridades de todo nivel con prisión preventiva, requisitoriados o en proceso de investigación de sus respectivas gestiones administrativo-financieras. En las pasadas elecciones también se evidenció un número muy importante de candidatos vinculados al narcotráfico y a la corrupción, algunos de los cuales han sido elegidos. A esto se suma el descrédito de los poderes del Estado.

La violencia cotidiana: asesinatos, pandillaje y sicariato remecen varios lugares del país e involucran a adolescentes y jóvenes desde muy temprana edad, muchos de ellos atrapados en el consumo de drogas, alcoholismo y otras dependencias degenerativas. Asimismo, existe el maltrato cotidiano a la mujer, el desprecio a la dignidad de la vida humana desde su concepción hasta la muerte natural, la falta de respeto a las comunidades indígenas, el uso irracional de los recursos naturales, la explotación infantil y la trata de personas.

La conjunción entre corrupción, narcotráfico e inseguridad ciudadana genera un círculo vicioso que aniquila personas, violenta los derechos humanos, destruye la naturaleza, debilita nuestras frágiles instituciones sociales y políticas, y frena el desarrollo integral de un país que desea pertenecer al grupo de naciones que se distinguen por la calidad de vida que ofrecen a la sociedad.

Esta realidad nos conmociona y a la vez presenta señales inequívocas del grave deterioro moral de nuestra vida social, que requiere denodados esfuerzos de las autoridades y la cooperación de las familias, la sociedad y las Iglesias. La abrumadora mayoría del país desea construir la paz y exige a sus gobernantes acciones decididas contra la corrupción, el narcotráfico y la violencia cotidiana.

II.   Luces para la paz

La paz es la buena noticia del Evangelio. Es la preciada herencia de la alegría de Jesús resucitado (Cf. Jn 20,19-21). Es una paz que debemos construir entre todos, día a día. Jesús nos dice: “Bienaventurados los que trabajan por la paz” (Mt 5,9).

Trabajar por la paz significa luchar contra la corrupción en todas sus formas. El papa Francisco ha dicho que “la corrupción es en sí misma un proceso de muerte”. Esta realidad “se ha vuelto natural, al punto de llegar a constituir un estado personal y social ligado a la costumbre, una práctica habitual en las transacciones comerciales y financieras, en las contrataciones públicas, en cada negociación que implica a agentes del Estado. Es la victoria de la apariencia sobre la realidad y de la desfachatez impúdica sobre la discreción honorable” (A la Asociación Internacional de Derecho Penal, 23.10.2014).

Por otra parte, el documento de Aparecida nos advierte que “la paz es un bien preciado pero precario, que debemos cuidar”. Pide a los cristianos del continente “una «cultura de paz» que sea fruto de un desarrollo sustentable, equitativo y respetuoso de la creación”. Ser constructores de paz significa “enfrentar conjuntamente los ataques del narcotráfico y consumo de drogas, del terrorismo y de las muchas formas de violencia que hoy imperan en nuestra sociedad”. Por eso la Iglesia quiere ser “una escuela de verdad y de justicia, de perdón y reconciliación para construir una paz auténtica” (n° 542).


III. Por un diálogo y consenso nacional por la paz

1. Todos estamos llamados a construir la paz en los diferentes ámbitos de nuestra vida: familia, trabajo, centro de estudios, barrio, ciudad, instancias sociales, culturales, políticas y religiosas en las que participamos. No habrá paz duradera y sostenida si no hay en cada uno de nosotros la firme decisión de construir la paz. ¡No seamos indiferentes a todo signo de violencia verbal o física, de corrupción y deshonestidad! Reiteramos nuestro rechazo al dicho generalizado: “No importa que las autoridades elegidas roben con tal que hagan obras”.

2. Educar para la paz es un proceso pedagógico que implica asumir principios y valores irrenunciables tanto en las familias e instituciones educativas como en las múltiples instancias sociales que contribuyen a la formación de las personas. Llamamos a todas las instituciones sociales a redoblar sus esfuerzos para hacer de este valor un eje transversal de su planeamiento en el próximo quinquenio. ¡Eduquemos para la paz, don de Dios, que también es fruto del respeto y la armonía entre las personas y su entorno natural!

3. Las nuevas generaciones, en particular los jóvenes, son actores fundamentales en la construcción de la paz. Sus derechos, también los laborales, deben ser respetados a fin de que se pueda garantizar su adecuada inserción en el desarrollo integral del país. Asumimos las palabras del papa Francisco de alentar a los jóvenes a ser actores y protagonistas de una nueva sociedad.

4. Los medios de comunicación juegan un rol clave en la generación de una cultura de paz. No pueden difundir información bajo el criterio de “lo que vende” o “lo que le gusta a la gente”. Un consenso por la paz requiere una comunicación social autorregulada desde valores éticos. ¡No a una comunicación que resalta la violencia cotidiana y corrompe el corazón y la dignidad de las personas!¡Sí a la bondad, solidaridad y búsqueda de la paz que están presentes en la vida cotidiana de muchos conciudadanos!
5. Las autoridades deben cumplir un rol activo y eficaz especialmente frente a la delincuencia y sus redes, y de protección a las iniciativas por la paz y seguridad de la ciudadanía, dentro de un marco jurídico coherente y de respeto a los derechos de las personas. ¡Que gobernantes honestos y respetuosos de los derechos humanos escuchen el clamor de los pobres!

6. Necesitamos, como dice el papa Francisco, rehabilitar la política. No son cristianos ni buenos políticos aquellos que, aunque llamándose tales, terminan envueltos en las redes de la corrupción, el narcotráfico y la violencia. Esos son los lobos rapaces disfrazados de ovejas de los que habla el Evangelio (Cf. Mt 7,15-19). Convocamos a los cristianos auténticos y a todas las personas de buena voluntad a comprometerse políticamente para una urgente reforma del Estado y una participación ética de la ciudadanía. El Perú se merece una paz sustentable y duradera, basada en la dignidad de la persona humana y en la práctica transparente de la función pública. ¡Invitamos a conformar Mesas Interinstitucionales de diálogo, reflexión y acción por la paz en nuestro país!
Pedimos la necesaria ayuda de nuestro buen pastor y amigo de la vida, Jesús resucitado, y de nuestra madre María, Reina de la paz, para iniciar ahora una campaña esperanzadora e inclusiva de colaboración abierta y eficaz para vencer la corrupción, violencia e inseguridad con signos constantes y valientes de paz y de vida.
Lima, 23 de enero de 2015
Sus hermanos y servidores,
Los obispos del Perú

martes, 16 de diciembre de 2014

La Iglesia en América Latina: PERÚ


La Iglesia en América Latina: PERÚ
Una mirada al continente del papa Francisco (Especial XXII y final)
Valioso estudio del Observatorio Pastoral del Celam (OPC), que nos acerca a la realidad pastoral, social y devocional de los pueblos latinoamericanos


Por: José Antonio Varela Vidal | Fuente: Zenit.org



En esta oportunidad, conoceremos un poco más a la Iglesia del Perú, un país andino ubicado en la zona centro oeste de Sudamérica con una extensión de 1.285.216,20 km2. Acoge a una población cercana a los 30.165.000 habitantes, de los cuales el 82% se profesan católicos.
Bases de la evangelización
Según se lee en el OPC, la diócesis de Cusco fue la primera diócesis erigida en Sudamérica, el 5 de septiembre de 1536, por el papa Paulo III, quien nombró al dominico Vicente Valverde Álvarez como su primer obispo. El 14 de mayo de 1541 se erige la diócesis de Lima, y el 16 de noviembre de 1547 se eleva al rango de arquidiócesis, con Jerónimo de Loayza, OP, como su obispo y arzobispo, respectivamente. Fueron sufragáneas las diócesis de Quito, Castilla del Oro-Panamá, León–Nicaragua, Popayán–Colombia, Santiago–Chile y Charcas–Bolivia.
Relación Iglesia-Estado
Hasta 1993 la religión católica era reconocida como oficial en la Constitución Política. Actualmente se mantiene vigente un Acuerdo firmado entre la Santa Sede y el Gobierno peruano de 1980, donde la religión católica es reconocida como un gran aporte para la Nación peruana.
El OPC explica que diversos sectores de la sociedad y de la política presionaron por la prevalencia de un Estado laico en el país. Es así que en el año 2010 se expidió la Ley de libertad religiosa que declara al Perú como tal.
Las relaciones con el Gobierno son de colaboración y de mutuo respeto, a pesar de las tensiones que se presentan en la gestión de temas que para la Iglesia Católica son innegociables, como la vida, la familia, la muerte natural, entre otros.
Estos temas vienen siendo materia de un permanente debate en el Perú como en los demás países andinos. En el marco de estas relaciones, los obispos expresan sus opiniones sobre la realidad del país a través de comunicados y cartas pastorales.
Una comunidad que sirve
La Iglesia católica en el Perú está conformada por 45 jurisdicciones eclesiásticas: siete Arzobispados, veinte Obispados, diez prelaturas, ocho vicariatos apostólicos, un obispado castrense y una Prelatura personal.
El país tiene un cardenal-arzobispo, seis arzobispos, 19 obispos residentes, un obispo castrense, tres obispos auxiliares, siete obispos-vicarios apostólicos y diez obispos-prelados, quienes, junto a los obispos eméritos, conforman la Conferencia Episcopal Peruana.
A los obispos acompañan en el trabajo pastoral y evangelizador 1.488 presbíteros diocesanos, 1.110 presbíteros religiosos además de cientos de religiosos y religiosas. Estos últimos están afiliados a la Conferencia de Superioras y Superiores Mayores de Religiosos del Perú (CONFER), que fuera fundada el 11 de junio de 1969.
Colaboran en este trabajo miles de laicos y laicas en las distintas actividades pastorales, sea en los movimientos apostólicos como en las comunidades eclesiales.
En el Perú hay aproximadamente 1.360 parroquias, la mitad de las cuales se encuentran en el interior del país, muchas de ellas ubicadas en lugares en donde el acceso se da en condiciones difíciles, como por ejemplo, en mula, a pie o por lancha.
Este trabajo apostólico, explica el OPC, "encamina sus esfuerzos a que la acción pastoral sea una acción de conjunto en el que se rescaten los procesos de nueva evangelización y acción pastoral, principalmente a favor de los pobres y más necesitados".
Presencia en la sociedad
En el Informe se advierte que el catolicismo "es la religión que tradicionalmente identifica a la sociedad peruana y alrededor de ella se celebran numerosas festividades. La gran riqueza religiosa del Estado peruano, marca la presencia de expresiones de carácter sincrético con las religiones nativas, que están incorporadas en la cultura peruana".
También se lee que "la Iglesia católica goza de un alto nivel de credibilidad entre la población y los diferentes sectores; a pesar de los debates neurálgicos sobre temas trascendentales, los diferentes agentes creen en la Iglesia como un actor que
acompaña a las poblaciones más pobres del país en su lucha constante por la dignificación".
En el ámbito de la promoción humana, la Iglesia desarrolla su labor por medio de la pastoral de Acción Social y de las Cáritas diocesanas, que adelantan programas de formación, organización y asesoría a las comunidades. También a través de la amplia red que conforma la educación católica en todo el país.
Frutos de santidad
El Perú ha sido llamado "Tierra de santos" por papas e historiadores. Allí están escritas las páginas de siglos del catolicismo en el país, que presentan a santos de la talla de Rosa de Lima, Martín de Porres y Toribio de Mogrovejo por nombrar a los de mayor alcance universal. A ellos hay que sumar al franciscano misionero san Francisco Solano, los dominicos san Juan Macías y la beata Ana de los Ángeles Monteagudo, así como al beato camilo Luis Tezza.
Son muchos los venerables y siervos de Dios que gozan del cariño y devoción privada de los fieles, entre quienes hay que recordar al jesuita Francisco del Castillo, la laica Melchora Saravia y la fundadora de las canonesas de la Cruz, Teresa de la Cruz Candamo, entre otros, un listado glorioso que incluyen a obispos, misioneros, madres de familia y humildes sastres.
Amor a María
Si bien en el Perú hay incontables santuarios dedicados a María, destaca la devoción al Señor de los Milagros, cuya procesión en Lima convoca a millares de peruanos de todas las clases sociales en el mes de octubre, lo que se extiende a las principales ciudades del mundo donde esté latiendo un "corazón morado".
Los santuarios que reciben durante el año a miles de peregrinos nacionales y extranjeros son los dedicados a Nuestra Señora de Chapi en Arequipa, la Virgen de la Puerta en Otuzco-Trujillo, la Virgen de Cocharcas en Vinchos-Ayacucho o la Madre del Amor Hermoso en Cañete-Lima, solo por nombrar algunos.
Para conocer más de la Iglesia peruana aquí

sábado, 20 de septiembre de 2014

AMERICA/PERU - Asesinado el indígena que luchaba por la selva amazónica, contra la deforestación de sus tierras 19092014

AMERICA/PERU - Asesinado el indígena que luchaba por la selva amazónica, contra la deforestación de sus tierras

Lima - Edwin Chota, uno de los líderes de la tribu de los Indios Ashaninka del Alto Tamaya, en Perú, ha sido asesinado junto con otros tres miembros de su grupo étnico, en un área en la frontera entre Brasil y Perú. Estaban viajando a Brasil para reunirse con otras comunidades de indios, para tratar de luchar juntos contra la tala ilegal en la selva amazónica y el tráfico de drogas. Llegaron a entrar en el gran país y se reunieron con otros activistas, pero en el camino de regreso se encontraron con los leñadores o traficantes de drogas que los mataron con disparos de fusil. “Mientras no tengamos la propiedad de la tierra, los leñadores no respetarán nuestras propiedades. Nos amenazan. Nos Intimidan. Y ellos están armados”: Esta es una de las declaraciones de Chota, que desde hace un año, habían hecho presente al gobierno de Lima que él y otros líderes de la comunidad india Ashaninka, habían recibido amenazas de muerte por su lucha contra la deforestación de la selva. Después de muchos años de batallas legales, Chota había obtenido la certificación de su comunidad nativa, pero sus denuncias contra las actividades ilegales de los madereros en sus tierras y las de la zona de los alrededores no había recibido la atención adecuada.