Mostrando entradas con la etiqueta Reflexión Espiritual Noviembre 2013. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Reflexión Espiritual Noviembre 2013. Mostrar todas las entradas

miércoles, 20 de noviembre de 2013

Ella es única para él y otros muchos 19112013


Ella es única para él y otros muchos
http://es.radiovaticana.va/global_images/x.gif
http://es.radiovaticana.va/global_images/x.gif
REFLEXIONES EN FRONTERA
jesuita Guillermo Ortiz -RV

RV.- (Audio)
RealAudioMP3


Le regaló una rosa muy hermosa, que resulta pequeñita en relación a todo el amor que le profesa él, con tantos otros de la familia.

Al pié del cerro Tepeyac, en Méjico, se reunieron más de 600 personas de todo el continente americano, para compartir, evaluar, considerar un tema prioritario. Y Francisco –que en su mensaje habla de las ganas de estar ahí presente-, envió esta rosa y también un video con un mensaje a los participantes.

Más allá de las conclusiones; de las ponencias magistrales, acertadas, y de los distintos aportes, que de uno u otro modo recogen la historia viva de la evangelización en el continente y el espíritu de la gran propulsora de la Misión que es la V Conferencia del Episcopado en Aparecida, me parece que lo más importante es que la convocatoria se hiciera a los pies de Nuestra Señora de Guadalupe, porque ella, como madre de Jesús y nuestra es la evangelizadora de América por excelencia, con su encuentro con el indio Juan Diego y el milagro de las rosas de castilla en invierno, que es solo un detalle de su inmensa ternura con los pequeños y los pobres del continente, en una visita que continúa con tantos frutos de fe.

La Virgen María de Nazaret dijo a Juan Diego que quería una casita para derramar allí su ternura con sus hijos. Por eso el Santuario de Guadalupe es casa de familia en América.
Y como si simplemente contemplando a la Virgen Francisco conceptualizara la acción evangelizadora de María que siempre nos muestra a Jesús, el Papa dijo en su mensaje:

“La intimidad de la Iglesia con Jesús es una intimidad itinerante, supone un salir de sí, un caminar y sembrar siempre de nuevo, siempre más allá”, “el objetivo de toda actividad pastoral siempre está orientado por el impulso misionero de llegar a todos, sin excluir a nadie y teniendo muy en cuenta la circunstancias de cada uno. Se ha de llegar a todos y compartir la alegría de haberse encontrado con Cristo”.

lunes, 4 de noviembre de 2013

De la Constitución pastoral Gaudium et spes (Núm. 78): NATURALEZA DE LA PAZ 04112013


Reflexión Espiritual

De la Constitución pastoral Gaudium et spes (Núm. 78): NATURALEZA DE LA PAZ

La paz no consiste en una mera ausencia de guerra ni se reduce a asegurar el equilibrio de las distintas fuerzas contrarias ni nace del dominio despótico, sino que, con razón, se define como obra de la justicia. Ella es como el fruto de aquel orden que el Creador quiso establecer en la sociedad humana y que debe irse perfeccionando sin cesar por medio del esfuerzo de aquellos hombres que aspiran a implantar en el mundo una justicia cada vez más plena.
En efecto, aunque fundamentalmente el bien común del género humano depende de la ley eterna, en sus exigencias concretas está, con todo, sometido a las continuas transformaciones ocasionadas por la evolución de los tiempos; la paz no es nunca algo adquirido de una vez para siempre, sino que es preciso irla construyendo y edificando cada día. Como además la voluntad humana es frágil y está herida por el pecado, el mantenimiento de la paz requiere que cada uno se esfuerce constantemente por dominar sus pasiones, y exige de la autoridad legítima una constante vigilancia.

Y todo esto es aún insuficiente. La paz de la que hablamos no puede obtenerse en este mundo, si no se garantiza el bien de cada una de las personas y si los hombres no saben comunicarse entre sí espontáneamente y con confianza las riquezas de su espíritu y de su talento. La firme voluntad de respetar la dignidad de los otros hombres y pueblos y el solícito ejercicio de la fraternidad son algo absolutamente imprescindible para construir la verdadera paz. Por ello, puede decirse que la paz es también fruto del amor, que supera los límites de lo que exige la simple justicia.

La paz terrestre nace del amor al prójimo, y es como la imagen y el efecto de aquella paz de Cristo, que procede de Dios Padre. En efecto, el mismo Hijo encarnado, príncipe de la paz, ha reconciliado por su cruz a todos los hombres con Dios, reconstruyendo la unidad de todos en un solo pueblo y en un solo cuerpo. Así ha dado muerte en su propia carne al odio y, después del triunfo de su resurrección, ha derramado su Espíritu de amor en el corazón de los hombres.