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lunes, 13 de julio de 2020

En homenaje a los indígenas muertos por la Covid-19 (Leonardo Boff) 12072020


En homenaje a los indígenas muertos por la Covid-19 

2020-07-12

                Son muchos nuestros hermanos y hermanas indígenas que están muriendo por causa de la Covid-19 por y la falta de atención de la política genocida y etnocida del actual gobierno brasileño.
                Quiero dedicarles este bello mito-historia de los pueblos amazónicos sobre el sentido de la muerte y la entrada en la suprema Felicidad. Es también para los familiares de los miles de fallecidos a causa del coronavirus. Para todos nuestra solidaridad y nuestras palabras de consuelo.
                Siempre nos preguntamos: ¿cómo llegan al cielo las personas fallecidas? Existe la convicción entre estos pueblos de que todos deben hacer un viaje. Y en ese viaje hay que pasar pruebas. Según este relato de los pueblos amazónicos, cada uno debe purificarse, volverse leve, para poder sumergirse dentro de ese mundo de alegría y de fiesta donde están todos los antepasados y los parientes fallecidos.
                Por causa de la falta de atención de las autoridades que desprecian e incluso odian a los pueblos originarios, muchos ‘pajés’ están muriendo, víctimas de la covid-19. Con ellos desaparece una biblioteca completa de conocimientos que ellos heredaron, enriquecieron y pasan siempre a las nuevas generaciones. Con su muerte se produce una ruptura dolorosa de esa tradición. Ellos y nosotros sufrimos, y nos quedamos más pobres. Para todos ellos nuestra profunda solidaridad y compasión. Sufrimos el dolor que ellos sufren: LBoff

                En muchas tribus de la Amazonía se cree que los muertos se transforman en mariposas. Durante el tiempo necesario para la purificación, cada cual adquiere una forma adecuada. Las que se purifican pronto, son blanquísimas, con pocas horas de vida, y con colores claros. Penetran directamente en el mundo de la felicidad.
                Las que necesitan más tiempo son más pequeñas, ligeras y multicolores. Y las que necesitan mucho tiempo son más grandes, pesadas y de colores oscuros.
                Todas ellas vuelan, de flor en flor, chupando el néctar y fortaleciéndose para cargar su propio peso cuando se alcen hacia el cielo, donde vivirán felices con todos los antepasados y parientes, que están sólo en el otro lado de la vida.
                En aquella selva se cuenta la siguiente historia:
                Coaciaba, era una joven india, esbelta y de rara belleza. Había quedado viuda muy pronto, pues su marido, valiente guerrero, cayó bajo una flecha enemiga. Cuidaba con extremo cariño de su única hijita, Guanambi.
                Para aliviar su interminable nostalgia de su marido, paseaba cuando podía por la orilla del río, mirando las mariposas, o por el campo, cerca del sembrado, donde también revoloteaban colibrís y muchos insectos.
                De tanta tristeza, Coaciaba acabó muriendo. No sólo se muere de enfermedad, de vejez o por un virus maligno de la naturaleza. También se muere de nostalgia de la persona amada.
                Guanambi, su hija, quedó completamente sola. Inconsolable, lloraba mucho, especialmente a la hora en que su madre solía llevarla de paseo. Aun siendo pequeña, sólo quería visitar el túmulo de su madre. No quería vivir más. Le pedía a ella y a los espíritus que viniesen a buscarla y la llevasen donde estuviese su madre.
                De tanta tristeza, Guanambi fue languideciendo día tras día hasta que también ella murió. Sus parientes estaban muy apenados con tanta desgracia sobrevenida sobre la misma familia.
                Pero curiosamente su espíritu no se volvió mariposa como en los demás indios de la tribu. Quedó aprisionado dentro de una linda flor de lila, muy cerca de la sepultura de su madre. Así podía estar junto a su madre, como había pedido a los espíritus.
                La madre, Coaciaba, cuyo espíritu sí se había trasformado en mariposa, volaba de flor en flor chupando el néctar para fortalecerse y preparar su viaje al cielo.
                Cierto día, al atardecer, zigzagueando de flor en flor, se posó sobre una linda flor de lila. Al chupar el néctar, oyó un lloriqueo triste y dulce. Su corazón se estremeció y casi desfalleció de emoción. Había reconocido dentro de ella la vocecita de su querida hija Guanambi. ¿Cómo podía estar aprisionada allí? Se rehizo de la emoción y dijo:
                - Hija querida, mamá está aquí contigo. Estate tranquila, que voy a liberarte, para que podamos volar juntas al cielo.
                Pero pronto se dio cuenta de que era una levísima mariposa y no tenía fuerzas para abrir los pétalos, romper la flor y liberar a su hijita querida. Entonces se recogió en un rincón y, entre lágrimas, suplicó al Espíritu creador y a todos los ancestros de la tribu:
                - Por amor a mi marido, valiente guerrero, muerto en defensa de todos los parientes, por compasión de mi hija huérfana, Guanambi, presa en el corazón de la flor de lila, os imploro, Espíritu de bondad y a todos vosotros ancianos de nuestra tribu: transfórmenme en un pajarillo veloz y ágil, dotado de un pico puntiagudo para romper la flor de lila y liberar a mi querida hijita.
                Tanta fue la compasión despertada por Coaciaba que el Espíritu creador y los ancianos de la tribu atendieron sin tardanza su súplica. La transformaron en un bellísimo colibrí, ligero, ágil, que se posó inmediatamente sobre la flor de lila. Le susurró con voz cargada de ternura:
                - Hijita, soy yo, tu mamá. No te asustes. He sido transformada en un colibrí para venir a liberarte.
                Con el pico puntiagudo fue sacando con cuidado un pétalo tras otro hasta abrir el corazón de la flor. Allí estaba Guanambi sonriente, tendiendo los bracitos hacia su madre.
                Purificadas y abrazadas volaron hacia lo alto, cada vez más alto hasta llegar juntas al cielo.
                Desde entonces existe entre muchos indígenas amazónicos la siguiente costumbre: siempre que muere una criatura huérfana, se cubre su cuerpecito con flores de lila, como si estuviese dentro de una gran flor, en la certeza de que su madre, en forma de colibrí, vendrá a buscarla para volar abrazadas al cielo, donde estarán eternamente juntas y felices, con todos los antepasados y todos sus demás parientes.
*Leonardo Boff reescribió mitos-historias de nuestros pueblos indígenas: El casamiento entre el cielo y la Tierra, Mar de Ideias, Rio de Janeiro 2014. 



domingo, 4 de diciembre de 2016

Asesinatos de indígenas brasileños, un número demasiado alto y que no parece que vaya a parar

Dentro del Gobierno, el Congreso y el Senado hay una amplia representación de terratenientes

Asesinatos de indígenas brasileños, un número demasiado alto y que no parece que vaya a parar

Siete muertos en los últimos tres meses por la defensa de las tierras tradicionales

Redacción, 03 de diciembre de 2016 a las 22:15
(Luis Miguel Modino, corresponsal de RD en Brasil).- La lista de víctimas como consecuencia de la violencia contra los indígenas brasileños sólo aumenta. Es preocupante ver como el número de asesinatos crece sin que sean tomadas las medidas necesarias que reviertan una situación cada vez más dramática para quienes poco cuentan en una sociedad que les ignora y desprecia.
Este último fin de semana ha sido asesinado Luiz Viana Lima, indígena Tupinambá que vivía en la aldea Serra do Padeiro, en el sur del estado de Bahia, donde es cacique Babau Tupinambá, víctima de una persecución implacable por parte del Estado brasileño,que le ha llevado, según ha declarado en diversas ocasiones, a temer por su propia vida.
Se une el indígena tupinambá a los seis asesinados entre los Tenetehar/Guajara,del estado de Marañón, que vivían en las aldeas Bacurizinho, Cana Brava y Morro Branco, en los últimos noventa días. La causa de estos asesinatos es la defensa de sus tierras tradicionales.
Como ejemplo de esta violencia sin límites podemos citar como una de las prácticas habituales de estas muertes en serie entre los indígenas del estado de Marañón el hecho de que los cadáveres aparezcan con diferentes partes del cuerpo mutiladas, lo que pone de manifiesto la sangre fría de los asesinos.
Desde el CIMI, Consejo Indigenista Misionero, por sus siglas en portugués, que acaba de presentar el Relatorio de Violencia Contra los Pueblos Indígenas en 2015, su presidente, el Arzobispo de Porto Velho, Monseñor Roque Paloschi, ha señalado, como recoge la página web de la entidad, su sentimiento de indignación ante la continúa repetición de prácticas criminales, que van desde amenazas a asesinatos, sin que se hayan tomado medidas al respecto.
En opinión del Arzobispo brasileño, los poderes públicos del país se niegan a respetar los principios constitucionales en lo que respecta a la demarcación y protección de las tierras indígenas. No se puede ignorar el hecho de que dentro del gobierno, así como en el Congreso y el Senado, hay una amplia presencia y representación de los terratenientes de toda la nación.
Desde ahí, el presidente del CIMI no duda en preguntarse hasta cuándo el organismo tendrá que continuar presentando estos relatorios, que quieren ser un instrumento de denuncia que provoque la toma de medidas que acaben con la violencia y hagan llegar a una realidad justa, en la que sean respetados los derechos humanos.


A las denuncias desde la Iglesia Católica Brasileña se une una reciente Resolución del Parlamento Europeo en la que la semana pasada cobraba de las autoridades brasileñas mayor protección a los pueblos indígenas, especialmente a los Guarani y Kaiowá,probablemente el pueblo indígena brasileño más masacrado en los últimos años.
Los euro parlamentarios quieren presionar tanto a las empresas, que no respetan las tierras indígenas, como al propio gobierno brasileño, que promueve Propuestas de Enmienda Constitucionales que aparentemente van a perjudicar, y mucho, a los moradores originarios y sus territorios.
La unión de los poderes económico y político contra los pueblos indígenas nos hace vislumbrar un futuro no muy halagüeño para uno de los colectivos que sufre mayor exclusión en Brasil y, lo que es peor, nos lleva a desconfiar que el final de su persecución y asesinato pueda estar próximo.