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viernes, 23 de octubre de 2026

Que sepa ser buen viejo (Reflexión para la Tercera Edad)

 

Que sepa ser buen viejo

anciano jugando con su nietoSeñor, que has dividido la vida del hombre en etapas y que has hecho la vejez; no permitas que yo me convierta en uno de esos viejos gruñones, siempre dispuestos a denigrar, a protestar, a gruñir, a refunfuñar, que se entristecen a sí mismos y resultan insoportables a los demás.

Consérvame la sonrisa y la risa aunque muestre mi boca  desdentada o mis dientes postizos.

Consérvame el sentido del humor, que sabe poner las cosas, las personas -y a mí mismo- en su justo lugar, que nos permite reírnos de nuestros propios males y transformar nuestras penas en objeto de simpáticas bromas.

Haz de mí, Señor, un viejo sonriente, que no pudiendo ya dar grandes cosas a mis hermanos, les dé, al menos, un poco de alegría. Señor, que has plantado en mi pecho un corazón de carne para amar y ser amado, un corazón semejante al Corazón traspasado de tu Hijo, no permitas que me convierta en un viejo egoísta, acurrucado y encapsulado sobre mí pequeño yo, encerrado en mis limitaciones como entre cuatro paredes, azarado continuamente por el temor de lo que me falta, de lo que me puede faltar y de las corrientes de aire.

Consérvame un corazón abierto, y unas manos dispuestas a apretar otras manos y a abrirse para dar.

miércoles, 21 de octubre de 2026

Oración de esperanza para el enfermo (Reflexión para la Tercera Edad)

 

Oración de esperanza para el enfermo

Oración de esperanza para los enfermos, dirigida a Jesús como médico del alma y del cuerpo. Palabras de consuelo, fortaleza y fe para quienes sufren y para quienes los cuidan.

Jesucristo con enfermoSeñor Jesús, médico del alma y del cuerpo,
te presento con humildad a todos los que sufrimos.
Tú que conoces el dolor, la soledad y la angustia,
abraza con tu ternura a cada enfermo,
y haz que descubramos tu presencia en medio de la prueba.

Danos fortaleza cuando el cuerpo se debilita,
paz cuando el corazón se inquieta,
y esperanza cuando todo parece oscuro.
Que nunca nos sintamos solos,
porque Tú caminas a nuestro lado,
consolando, sanando, amando.

Bendice también a quienes nos cuidan,
con paciencia, amor y entrega.
Haz de cada gesto un reflejo de tu misericordia.
Y que, unidos en la fe,
podamos transformar el sufrimiento en ofrenda,
y la enfermedad en camino hacia la vida eterna.

Amén.

El valor inestimable del sufrimiento (Reflexión para la Tercera Edad)

 

El valor inestimable del sufrimiento

lágrimaA nadie le gusta sufrir. Tampoco le "gustó" a Jesucristo. Sin embargo lo abrazó por amor. En el Huerto de los Olivos exclamó: «Padre mío, si es posible, que pase de mí este cáliz, pero no sea como yo quiero, sino como quieras tú.» Mateo 26, 39. He aquí el inestimable valor del sufrimiento: abrazarlo libremente por amor, en unión con Jesucristo; Sufrir para ser fiel al camino del amor.

Hay muchas formas de sufrimiento que afectan al cuerpo. Sin embargo, los sufrimientos mayores son los del corazón: conflictos familiares, disgustos entre personas que se aman... Tarde o temprano todos sufrimos, todos tenemos así la oportunidad de ofrecernos a Dios en comunión con Cristo. Por eso los hermanos que están postrados por enfermedad pueden dar mas fruto, salvar mas almas y hacer mas bien que muchos otros con numerosos apostolados activos pero con menos amor.

Jesucristo sufrió hasta el extremo en la cruz por amor a nosotros. Esta es la clave: POR AMOR. Todo, absolutamente todo, hemos de vivirlo, de abrazarlo por amor. Así nos redimió Jesús. Es cierto que cada palabra y acción de Jesús es parte de su obra salvadora. Pero fue especialmente por medio de sus sufrimientos en la Cruz que fuimos librados del pecado.

El sufrimiento es una oportunidad para unirnos a Cristo y cooperar en la redención del mundo. De nada vale el sufrimiento por sí mismo. Lo que vale es la entrega amorosa que hacemos de él a Dios. Es por eso que el sufrimiento es una gran oportunidad y sería terrible desperdiciarla.

La cruz, la señal del Cristiano, es signo de nuestra entrega al sufrimiento por amor. Nos recuerda a Cristo, que se entregó por nuestra redención. Nosotros, siendo su Cuerpo, hemos de sufrir en unión a El, que es nuestra Cabeza. Hacemos la señal de la cruz para recordar este compromiso. Todo lo que hacemos debe ser "En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo" y todo por amor, abrazando nuestra cruz.

"Desde la cruz se contempla mejor el cielo" -Madre Adela Galindo

El sufrimiento tiene un gran valor cuando lo abrazamos por amor. Ante el dolor podemos unirnos a la cruz de Cristo o reaccionar con rebelión y culpar a Dios. El sufrimiento tiene un gran valor: expía el mal, une al sacrificio de Jesucristo como expresión de amor y confianza en El y ofrece a Dios un sacrificio de alabanza. El sufrimiento unido a los padecimientos de Cristo nos asemeja a El, que libremente abrazó la cruz por amor. Dice San Pablo:

Ahora me alegro por los padecimientos que soporto por vosotros, y completo en mi carne lo que falta a las tribulaciones de Cristo, en favor de su Cuerpo, que es la Iglesia. -Colosenses 1,24

Solo a la luz de la fe podemos confiar en Dios y crecer en medio de los sufrimientos. Le invito a meditar:

Sufrimientos abrazados libremente por amor

Frecuentemente el cristiano es llamado a tomar el camino que mas cuesta, el camino donde hay sufrimiento. Lo motiva la fidelidad al amor y el compromiso al cumplimiento del deber. Amar siempre exige sufrimiento. Jesús escogió el amor hasta la muerte. Tenemos la opción de renunciar a esa exigencia pero entonces dejaríamos de amar. Podemos tomar el camino fácil del egoísmo y del placer o podemos optar por el camino del amor que requiere renunciar al pecado y a la mediocridad. El sufrimiento es entonces una libre opción tomada por amor. El camino del amor es estrecho y pocos van por él porque no quieren sufrir. Es así que la mayoría abandona a Jesús.

"El amor que no puede sufrir no es digno de ese nombre" -Santa Clara.

Sufrimientos inevitables

También hay sufrimientos que no se pueden evitar: enfermedades, injusticias contra nosotros... También en estos casos podemos adquirir mérito porque somos libres para vivirlo con amor y unirnos a los sufrimientos de Cristo. Ante el sufrimiento podemos cooperar con Su obra redentora o podemos rebelarnos. Vemos el ejemplo de los dos ladrones crucificados con Jesús. Ninguno de los dos podía evitar su cruz. Pero si debían decidir cómo vivirla. Para uno, aquella agonía fue ocasión de llenarse de resentimiento y odio inútil. Para el otro, sin embargo, fue el momento de encontrarse con Jesús, abrir su corazón y encontrar su salvación.

El amor nos mueve a compadecernos de los que sufren y hacer lo posible por eliminar los males que causan sufrimientos: la injusticia, la pobreza, la enfermedad... Seremos juzgados según nuestra respuesta al sufrimiento de nuestros hermanos.

Entonces dirá el Rey a los de su derecha: "Venid, benditos de mi Padre, recibid la herencia del Reino preparado para vosotros desde la creación del mundo. Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; era forastero, y me acogisteis..." Mateo 25,34-35

El apostolado del sufrimiento

Jesús nos enseña a sufrir por amor. Ayudamos al prójimo en la proporción en que hacemos bien a su alma y no hay mayor bien para las almas que las gracias obtenidas por medio de la oración unida al sacrificio libremente ofrecido.

No hay nada más valioso y que de más fruto que el sufrimiento entregado al Padre unido al de Jesús. Por eso la cooperación con Dios en la salvación de la humanidad está al alcance de todos. Dios no necesita que hagamos grandes cosas según nuestra idea de lo que es grande. Lo que si quiere de nosotros es que le entreguemos nuestro corazón, nuestra vida, con todas sus situaciones de gozo pero también de sufrimiento. ¿Por qué es tan valioso el sufrimiento? Porque es el momento de mayor oportunidad de confiar y de unirnos a Jesús por amor. La mayor prueba del amor se da cuando se sufre por el amado.

San Juan Pablo II, hablando del sufrimiento dijo:

Los enfermos y los que sufren están en el mismo centro del Evangelio. Predicamos a Cristo crucificado, lo que significa que predicamos una fuerza que surge de la debilidad. Cuando los enfermos están unidos con Cristo, la fuerza de Dios entra en sus vidas» hasta tocar el mundo.

El sufrimiento humano puede mostrar la bondad de Dios». Es posible, reconoció, que «la experiencia del sufrimiento desanima y deprime a mucha gente, pero en las vidas de otros puede crear una nueva profundidad de humanidad: puede traer nueva fuerza y nueva intuición. El camino para comprender este misterio es nuestra fe».

San Juan Pablo II, 30 de octubre de 1998

Es por eso que el Santo Padre tanto valora el apostolado del sufrimiento. No debemos esperar hasta que nos venga una grave enfermedad para ejercerlo. Este apostolado está abierto a todo quien tenga fe y amor. Por la fe apreciamos la nobleza del sufrimiento ya que Jesucristo se hizo hombre y nos salvó sufriendo hasta la muerte. Por el amor hacemos de cada sufrimiento un sacrificio. Es mas, quién mucho ama llegará hasta gozarse de sufrir por el amado.

Es cierto que la Sangre de Cristo es más que meritoria para lograr la salvación. Pero El ha querido que esta salvación se reciba por medio de la cooperación de los pecadores. Es por eso esencial que unamos nuestra cruz personal con la de Nuestro Señor.

Debemos decir con San Pablo "Ahora me alegro por los padecimientos que soporto por vosotros, y completo en mi carne lo que falta a las tribulaciones de Cristo, en favor de su Cuerpo, que es la Iglesia" (Colosenses 1:24)

Autor: P. Jordi Rivero

domingo, 18 de octubre de 2026

Ancianos pero dichosos (Reflexión para la Tercera Edad)

 

Ancianos pero dichosos

Listado de las bienaventuranzas del anciano.

ancianos pero dichosos

Dichoso el anciano que valora su ancianidad, porque en su atardecer sabrá dar gracias a Dios por el gran don de la vida.

Dichoso el anciano que es portador de paz y energía creadora, porque contribuirá hasta el último momento a la construcción del mundo.

Dichoso el anciano que se mantiene optimista, porque no tendrá la sensación de haber desperdiciado su vida.

Dichoso el anciano, que se acerca al sufrimiento de los demás, porque nunca carecerá de compañía.

Dichoso el anciano que no fomenta el egoísmo de vivir buscando sus seguridades, porque las encontrará cubiertas todas por añadidura.

Dichoso el anciano que viviendo su pobreza siembra alegría a su alrededor, porque conocerá el gozo de vivir.

Dichoso el anciano que acepta con mirada confiada y serena sus limitaciones, porque descubrirá la felicidad de la sencillez.

Dichosos y felices todos los ancianos que encontrándose solos y abandonados continúan amando porque se sentirán amados por Dios.

sábado, 17 de octubre de 2026

Señor, enséñame a envejecer (Reflexiones para la Tercera Edad)

 

Señor, enséñame a envejecer

envejecer¡Señor! ¡Enséñame a envejecer! Hazme comprender que la Comunidad no tiene la culpa si ya no me encomienda responsabilidades ni pide mi opinión y ha llamado a otros para que ocupen mi lugar. Aleja de mí el orgullo de la experiencia vivida y la convicción de que soy necesario.

Que no me aferre únicamente a la ley del tiempo mientras poco a poco me voy desprendiendo de las cosas y me dé cuenta de que en este turnarse de tareas, descubro una de las experiencias más interesantes de la vida que se renueva bajo el impulso de tu Providencia.

Haz, oh Señor, que yo pueda ser útil todavía, contribuyendo con el optimismo y la oración a la alegría y al entusiasmo de quienes están de turno en las responsabilidades, viviendo un estilo de vida humilde y sereno en contacto con el mundo en continua renovación, sin quejas sobre el pasado, conviertiendo mis sufrimientos humanos en un don de reparación social.

Que mi retiro de la vida activa se cumpla de una manera simple y natural como un feliz ocaso del sol.

Perdona si solamente hoy, en la tranquilidad, logro comprender todo lo que Tú me has amado y socorrido. Que al menos ahora yo tenga viva y penetrante la percepción del destino de gozo que me has preparado y hacia el cual me has encaminado desde el primer día de mi vida.

Señor, ¡enséñame a envejecer así! Amén

Web católico de Javier

miércoles, 16 de septiembre de 2015

SEÑOR, ENSÉÑAME A ENVEJECER

SEÑOR, ENSÉÑAME A ENVEJECER
envejecer¡Señor! ¡Enséñame a envejecer! Hazme comprender que la Comunidad no tiene la culpa si ya no me encomienda responsabilidades ni pide mi opinión y ha llamado a otros para que ocupen mi lugar. Aleja de mí el orgullo de la experiencia vivida y la convicción de que soy necesario.
Que no me aferre únicamente a la ley del tiempo mientras poco a poco me voy desprendiendo de las cosas y me dé cuenta de que en este turnarse de tareas, descubro una de las experiencias más interesantes de la vida que se renueva bajo el impulso de tu Providencia.
Haz, oh Señor, que yo pueda ser útil todavía, contribuyendo con el optimismo y la oración a la alegría y al entusiasmo de quienes están de turno en las responsabilidades, viviendo un estilo de vida humilde y sereno en contacto con el mundo en continua renovación, sin quejas sobre el pasado, conviertiendo mis sufrimientos humanos en un don de reparación social.
Que mi retiro de la vida activa se cumpla de una manera simple y natural como un feliz ocaso del sol.
Perdona si solamente hoy, en la tranquilidad, logro comprender todo lo que Tú me has amado y socorrido. Que al menos ahora yo tenga viva y penetrante la percepción del destino de gozo que me has preparado y hacia el cual me has encaminado desde el primer día de mi vida.
Señor, ¡enséñame a envejecer así! AMÉN

http://webcatolicodejavier.org/envejecer.html