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martes, 8 de septiembre de 2026

«Sagrado Corazón» es una película que calienta corazones con un fuego diferente 08092026

 

«Sagrado Corazón» es una película que calienta corazones con un fuego diferente

Reseñamos la gran película cristiana de Francia de 2025 que llega ahora a los cines españoles; dramatización de las apariciones, testimonios cercanos de hoy.

Zoe, joven y antigua futbolista profesional, habla de su encuentro con Dios en la película Sagrado Corazón

Zoe, joven y antigua futbolista profesional, habla de su encuentro con Dios en la película Sagrado CorazónBOSCO FILMS

Pablo J. Ginés

08.09.2026 | 07:32

Actualizado:

La película Sagrado Corazón es un docudrama que busca enlazar las apariciones de 1673 del Corazón de Jesús a Santa Margarita María con la experiencia y testimonios de muchas personas hoy, transformadas por esta espiritualidad.

Es obra de Sabrina y Steven J. Gunnel, un matrimonio de cineastas franceses que se vieron impactados por su propia experiencia ligada al santuario de las apariciones, en Paray-le-Monial. Los directores no hablan de su vivencia, pero el docudrama sí habla mucho del lugar y de la gente que allí se ve tocada por Dios.

Es una película visualmente hermosa y de ritmo agradable, y desde luego, alimenta espiritualmente.

Puede contrastar con los docudramas católicos que se hacen en España en que no usa la música para intentar emocionar o reforzar el ritmo. Aquí la música de Thierry Malet no busca simular una "acción trepidante" ni sentimientos desatados y se limita a acompañar.

Testimonios modernos de un Corazón que sorprende

Buena parte de la película recoge testimonios reales modernos, muy bien seleccionados. El resto de la película recrea las escenas de las visiones de Santa Margarita María y su vida cotidiana en el siglo XVII en su convento, o bien recrea escenas bíblicas de la Crucifixión y de la Última Cena, siempre para relacionar el amor de Cristo con su sacrificio y entrega en la Eucaristía. El Sagrado Corazón, insisten, es inseparable del Misterio de la Cruz.

El filme empieza con escenas dramatizadas, una declaración de intenciones por su nivel visual elegante. La joven Margarita María se levanta de la cama, se reviste, y sale en silencio, como otras hermanas, para orar en el templo en plena noche... Se tumba para rezar, en una postura que nos transmite intimidad. Antes de ninguna aparición, ya sabemos que ella ama a Dios.

Enseguida entra un experto de nuestros días, Etienne Kern, el sacerdote rector del santuario, que detalla que la santa tuvo unas 30 experiencias especiales de Dios en tres años, tres de ellas especialmente destacadas.

Se insiste en los elementos físicos y el lenguaje de fuego de la santa. "Mi corazón arde", decía ella. "Es algo físico", dicen los teólogos. "Es amor que sube de temperatura". Es un lenguaje de corazón, sangre, emociones... muy humano. Y recuerdan las palabras de San Agustín: "Nuestro corazón está inquieto hasta que repose en ti".

"He aquí el Corazón que tanto ha amado a los hombres, y a cambio, de la mayor parte de ellos solo recibe ingratitud, irreverencia y desprecio", le dijo Jesús a Margarita María. 

Pero el documental recoge historias de hoy de corazones enamorados, a veces sorprendidos, por Jesús.

Santa Margarita María y sus experiencias en una escena de la película francesa de 2025 Sagrado Corazón

Santa Margarita María y sus experiencias en una escena de la película francesa de 2025 Sagrado CorazónBOSCO FILMS

Tenemos a Louis, un joven con distrofia muscular, cada vez más paralizado desde niño, que usa respirador de noche. Habla de ofrecerse: "Mi fragilidad me lleva a entregarme".

Una futbolista profesional

Tenemos a Zoe, una joven guapa que llegó a ser futbolista profesional, pero nada le llenaba. Fue a misa sin ganas, por insistencia de una amiga. Decidió "entregarse" a la experiencia. "Sentí paz abrumadora, calma, quietud profunda, salí casi llorando", recuerda. Después fue a un retiro con 3.000 jóvenes a Paray-le-Monial, de la Comunidad del Emmanuel. Fue su primera experiencia de adoración eucarística: entendió que Dios estaba allí, "sentí una Presencia, que era Él, que me amaba".

Entender a Zoe, la chica de hoy, nos ayuda a entender a Margarita María, la monja del siglo XVII.

Ni en Zoe ni en Margarita se trata de experiencias puntuales, aunque éstas se dan. Se trata de hacer morada, como decían San Francisco de Sales o Santa Juana de Chantal, dejar que Dios viva en el corazón, una presencia cercana continuada. Es la petición bíblica: "pon en mí un corazón de carne".

Una estudiosa y descendiente de Santa Margarita María admite que sus textos y experiencias no son fáciles de entender hoy. Son textos que ella nunca pensó hacer llegar a un público, sólo a su confesor, o ni eso. Pero la mujer detrás de los textos completos es mucho más cercana, equilibrada y comprensible que la que hay detrás de los eslóganes o anécdotas, nos dicen. Ella describe sus visiones pero nunca se pregunta si eso hace de ella una santa.

La ayuda de un director espiritual

Cuando por fin conoce al jesuita San Claudio de la Colombiere, podrá apoyarse en su guía. Él tenía 34 años, y moriría siete años después. Sus consejos son sencillos: obedecer, porque el demonio ama la desobediencia, y preguntar a ese Hombre que le habla en las visiones.

Siguen los testimonios: tenemos un músico bohemio, que arrastra muchas heridas emocionales, pero en Paray-le-Monial, en la adoración, se siente transformado.

Y tenemos un matrimonio, con un marido sin interés por la fe. Pero en Paray-le-Monial le asombran los niños que juegan libres y sueltos. Y la música de alabanza. En la adoración siente que Dios le pide estar "corazón a corazón".

Tenemos también un joven que se metía en líos, bandas, peleas y venta de drogas. En su barrio, dice, todos creen en Dios, porque todos viven al límite. Unas consagradas de la Comunidad del Emmanuel le invitaron a Paray-le-Monial, y allí, en su primera adoración sintió "mucho poder, una fuerza que atraía".

Un amor que repara

Hablar del Sagrado Corazón es hablar de reparación. "Nada es irreparable", nos insisten sus sacerdotes. "Reparar es sobreamar, es una sobredosis de amor".

La película en su último tramo se distrae con un supuesto milagro eucarístico de 1932. Después, con el testimonio, muy interesante, del pintor George Desvallieres (1861-1950), su historia de conversión, su visión de 1905 y su Cristo con el costado abierto, desgarrador, diez años antes de la Primera Guerra Mundial. "La victoria llegará por la misericordia", era su mensaje.

Sagrado Corazón de George Desvallieres, de 1905, desgarrador y radical

Sagrado Corazón de George Desvallieres, de 1905, desgarrador y radical

El metraje final sobre el apostolado con escapularios modernos del Sagrado Corazón, el papel de los Caballeros de Colón en esta devoción y el apostolado de la salvadoreña Alicia Beauvisage con las reliquias de Santa Margarita María muestran que la devoción al Sagrado Corazón sigue muy viva y creciendo, pero rompe algo el ritmo al final de la película. Hay que señalar que, excepto por El Salvador, no se dice nada sobre esta devoción en ningún otro país.

El mensaje final es muy concreto: Jesucristo, que sigue vivo y ama, no ama "en general", ama a cada uno, de forma apasionada, interpersonal, cercana... y quiere esta relación con quien quiera acercarse. Es toda una invitación.

  • La película se estrena en unas 30 ciudades de España el 11 de septiembre. El 9 hay un pase especial en Manoteras (Madrid) con la presentación de los directores, a las 19h. El 11 de septiembre hay coloquio con los directores en Heron City (Las Rozas), a las 19h. El jueves 10 de septiembre a las 20.30h hay un preestreno en la explanada del santuario del Cerro de los Ángeles (Getafe). Las entradas y más datos se pueden leer en la web de la diócesis.

lunes, 8 de agosto de 2016

¿Rebatieron acaso los filósofos ateos a Dios? No: o ni lo intentaron o hablaban del «dios» de Hegel 08082016


Inicio / Ciencia y Fe
HEMEROTECA Carlos A. Marmelada repasa a Marx, Nietzsche, Sartre...

¿Rebatieron acaso los filósofos ateos a Dios? No: o ni lo intentaron o hablaban del «dios» de Hegel

¿Rebatieron acaso los filósofos ateos a Dios? No: o ni lo intentaron o hablaban del «dios» de Hegel
De izquierda a derecha, Nietzsche, Marx y Sartre... tres ateos por razones personales, a veces traumas, no por una rigurosa reflexión filosófica

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8 agosto 2016
Un cristiano dijo, hace algunas décadas, que la muerte de un niño es más terrible que toda la biblioteca del ateísmo. Eso es así porque la muerte de un niño es algo verdaderamente sobrecogedor, pero también porque el trabajo intelectual del ateísmo en su esfuerzo por negar a Dios no ha sido especialmente brillante.

El Dios de los ateos (Ed. Stella Maris), libro reciente de Carlos A.Marmelada (buen divulgador científico, Premio Arnau de Vilanova de Filosofía y experto en evolución) se centra en esta tesis: los grandes filósofos de la modernidad no han refutado a Dios,aunque muchas personas parecen partir de la idea de que sí lo hicieron.

La mitad de ellos no lo han hecho porque no reflexionan sobre el Dios de las religiones monoteístas, sino sobre la divinidad hegeliana (del filósofo alemán Hegel, que murió en 1831) que no se le parece en casi nada.

La otra mitad, porque han considerado que el tema lo resolvieron sus predecesores (se remiten sobre todo a Hegel o Feuerbach) y reconocen que en vez de reflexionar filosóficamente sobre el Dios cristiano se limitan apasionadamente a rechazarlo porque han sentenciado que les molesta.

Los filósofos clásicos que se estudian
El libro repasa el tema de Dios en los distintos filósofos clásicos y modernos que suelen figurar en los planes de estudio de bachillerato, un repaso perfectamente legible y recomendable para alumnos (aplicados) de ese nivel y para cualquiera que quiera asomarse a ello. Descartes, Spinoza, Hume, Kant, Marx, Nietzsche, Sartre, Camus y Popper son los principales autores que analiza Marmelada, junto con otros referentes como Bakunin o Heidegger.



Marmelada tiene claro que hoy en día, tanto entre los filósofos maduros como entre el joven “de a pie”, más que ateísmo militante lo que hay es indiferentismo.

Los ateos ya no se esfuerzan en dar argumentos de la no existencia de Dios, pues creen que esa tarea ya la concluyeron los grandes pensadores ateos”, algo que piensan que sucedió entre 1850 y 1950.

Contra el "dios" de Hegel, no el de Cristo
Marmelada considera que casi todos estos autores se vieron marcados por Hegel, o directamente se remitieron a él. El existencialista Sartre, muy influyente en los años 60 y 70 y en la revolución sexual del 68, escribe su voluminoso libro El ser y la nada para mostrar que Dios no puede existir, porque es una idea contradictoria, entendiendo a Dios como un ser que es la nada.

Pero ¿en qué parroquia, sinagoga o madrasa se enseña que Dios sea “un ser que es la nada”? En ninguna. Ese “dios que es la nada” es el de la filosofía de Hegel.



Mucho antes de Sartre, el filósofo anarquista ruso Bakunin (muerto en 1876) también concebía a “dios” como el ser más vacío, “la nada, abstracción muerta, el vacío absoluto”.Está hablando del “dios” hegeliano, y consideraba a Hegel “el mayor genio que ha existido después de Aristóteles y Platón”.

Marx y las clases de ateísmo científico en la URSS
El hombre más influyente en la historia de la expansión del ateísmo en el mundo, Karl Marx, no dedicó ningún esfuerzo a demostrar que Dios no existe. Lo daba por supuesto.

“El comunismo empieza en seguida con el ateísmo”, escribió. El ateísmo era para él una postura de salida que consideraba ya probada y demostrada y que por lo tanto ya no le interesaba tratar ni debatir. Marx pedía al hombre dedicarse a su aplicación práctica: la revolución y la construcción del comunismo. 

Marmelada no lo detalla, pero el desinterés de Marx por el ateísmo filosófico lo sufrierondurante la Guerra Fría una tercera parte de la humanidad que estuvo sometida a regímenes comunistas. En ciertos niveles escolares en la URSS y Europa del Este, se debía estudiar la asignatura “Ateísmo Científico”. Las clases tenían que rellenarse con citas de Engels que reciclaban a Feuerbach, porque Marx casi no escribió del asunto, al considerarlo ya despachado. Cuando Engels ya no daba más de sí, la clase se limitaba a citar congresos y documentos del Partido local y sus organizaciones satélite.

La tesis de fondo del ateismo marxista siempre era la de Feuerbach: la idea de Dios impide que el hombre se ponga en el centro. Se deduce que quitando a Dios, el hombre desarrollará su capacidad, que consiste en hacer la revolución, implantar el comunismo y llegar al famoso “futuro luminoso” (que en la vida real nunca llegó).



En inglés "Communist Party" puede significar "Partido Comunista" o "fiesta comunista"; Marx -siguiendo a Feuerbach- da por supuesto que para potenciar al hombre (y cambiar la sociedad) hay que rechazar a Dios

El "dios" vacío de Spinoza y la paradoja de Kant
Otros autores que filosofaron sobre Dios acudieron a los textos de Baruch Spinoza, judío sefardí nacido en Holanda en 1632, sin fe, que escribió mucho sobre “dios”, pero que presentaba un “dios” panteísta, nunca personal, sin voluntad, sin entendimiento, apenas una fuerza u orden eterno.

Si Feuerbach predicó en el siglo XIX que al disminuir Dios crece y se beneficia el hombre, en parte es porque Spinoza lo apuntó antes. Y el sefardí fue uno de los pocos filósofos admirados por Nietzsche

Marmelada considera que otro autor influyente en el indiferentismo del hombre moderno hacia Dios es Kant. Es paradójico porque una de las razones de Kant para escribir “Crítica de la razón pura” en 1781 era “cortar las mismas raíces del materialismo, del fatalismo, del ateísmo, de la incredulidad librepensadora, del fanatismo y la superstición”.

Pero fracasó en esa vía y en cambio convenció al mundo de que el hombre no puede conseguir conocimientos objetivos válidos, haciendo a muchos desconfiar de la metafísica, y por lo tanto, de Dios como idea racional.

Nietzsche: son sus gustos, no su intelecto
Nietzsche, que murió en 1900, ha inflamado la pasión e imaginación filosófica de miles de jóvenes durante más de un siglo, predicándoles contra Dios. Pero sin dar argumentaciones racionales contra su existencia. 

Niega a Dios porque no le gusta, y así lo declara. “Es nuestro gusto quien se pronuncia contra el cristianismo, no son ya nuestros argumentos”, tronaba en La gaya ciencia.

Ya en sus escritos juveniles declaraba: “Mi corazón altivo no soporta que los dioses lleven el cetro”.



Un meme de propaganda atea actual usando a Nietzsche, que al contrario que Marx aún mantiene atractivo sobre muchos jóvenes occidentales de sensibilidad poética y es muy estudiado en la universidad

Nietzsche no niega a Dios como resultado de haber usado su genio e inteligencia en reflexionar racionalmente sobre el tema durante largos años de maduración, sino como rebeldía juvenil, adolescente. No es el razonar, sino su “corazón altivo” quien le muevecontra Dios. Por otra parte, también él cuando se anima a dedicar algún esfuerzo a filosofar sobre “dios” no piensa en el Dios teísta sino en el hegeliano, definido como “lo más vacío”.

Si Sartre de niño hubiera conocido un cristiano de verdad...
También Sartre niega a Dios sin haber reflexionado filosóficamente sobre el Dios cristiano. Como para Marx y Nietzsche, necesita negar a Dios, o declararlo irrelevante, porque ese es su punto de partida para proclamar la “libertad” para el hombre.

En la práctica Sartre es hoy mucho más influyente que el fracasado Marx. Ha triunfado su negación de la moral, su relativismo…

Declaraba que lo coherente con el ateísmo no era proponer una moral laica (como declaran con la boca muchos socialistas hoy en el debate social) sino la amoralidad (que es lo que viven en la práctica las masas indiferentes a Dios) y el “consecuencialismo ético”. En sus palabras: “Todos los medios son buenos cuando son eficaces”.



Una web "secularista" usa este meme de Sartre como propaganda contra Dios...

Sartre siempre se declaró ateo. ¿Qué llevó a Sartre a su desprecio de Dios? No fue una profunda reflexión filosófica, sino su experiencia infantil y adolescente.

Él rezaba de niño sus oraciones todos los días, “en camisón, de rodillas en la cama, con las manos juntas”, porque lo pedía su madre, que era católica pero no supo transmitirle la fe.

“En el Dios al uso que me enseñaron no encontré al que esperaba mi alma: necesitaba un Creador y me dieron un gran Patrón”, escribiría sobre su infancia.

Además, su abuela luterana era mundana e indiferente y su abuelo luterano dedicaba mucho tiempo y esfuerzo a criticar con cinismo a los católicos, la Virgen, Lourdes, Bernadette, la devoción popular…

Me vi conducido a la incredulidad no por el conflicto de los dogmas, sino por la indiferencia de mis abuelos”, escribiría.

Sartre quizá habría sido un buen cristiano si de adolescente hubiera encontrado ejemplos de cristianos coherentes. De hecho, en Las Palabras, no critica a los cristianos por fanáticos sino por tibios.

La buena sociedad creía en Dios para no hablar de Él. ¡Qué tolerante, qué cómoda era la religión! El cristiano podía faltar a misa y casar a sus hijos por la Iglesia, no estaba obligado a llevar una vida ejemplar ni a morir desesperado. En nuestro medio, en mi familia, la fe no era más que un nombre de ostentación”.

Relata dos incidentes infantiles de poca relevancia... excepto para él, que fueron detonantes para abrazar la impiedad. En una redacción sobre la Pasión en el colegio, le dieron sólo un segundo premio. El niño ya era un escritor ensoberbecido y se decidió vengar en Dios: “en privado dejé de frecuentarle”.

En otra ocasión, jugando con cerillas quemó una alfombrilla. “Dios me vio, sentí su miradaen el interior de mi cabeza y en las manos; estuve dando vueltas por el cuarto de baño. Me puse furioso contra tan grosera indiscreción, blasfemé, murmuré como mi abuelo: Maldito Dios, maldito Dios, maldito Dios. No me volvió a mirar nunca más”.

Marmelada señala que algo parecido escribía Nietzsche sobre Dios: “Él tenía que morir;miraba con unos ojos que lo veían todo, veía las profundidades y la hondura del hombre, toda la encubierta ignominia y fealdad de éste, penetraba arrastrándose hasta mis rincones más sucios. Ese máximo curioso tenía que morir. El hombre no soporta que tal testigo viva”, escribe en Así habló Zaratustra.

Camus y la burguesía tibia
La mediocridad burguesa del cristiano tibio también fue determinante en el caso del otro gran filósofo y escritor existencialista francés, Albert Camus, exponente de un ateísmo indiferentista.

De su infancia escribe su biógrafo Lottman: “en 1924 se era católico o laico y la escuela pública significaba ya una elección. La familia del niño era más supersticiosa que religiosa y nadie iba nunca a misa. Bautizo y últimos sacramentos, eso era todo”.

Hizo la primera comunión y quizá fue una experiencia desagradable porque en una de sus obras semi-biográficas un cura da una injusta bofetada al niño protagonista en el banquete tras la comunión. Casi seguro le pasó lo mismo a Camus.

Marmelada, en El Dios de los Ateos, no comenta su acercamiento a la fe en sus últimos días.

Estos ejemplos dejan claro que los grandes filósofos del ateísmo no llegan a él por una profunda reflexión racional e intelectual, sino por razones personales o adoptando filosofías que otros han establecido antes (bebiendo de Feuerbach, que bebía de Spinoza, o de Hegel, que plantea un dios-nada filosófico, sin relación con el cristiano).



El problema del Mal
El libro de Marmelada pasa entonces a centrarse en el único gran tema filosófico que aún está vivo sobre Dios en el debate actual y el que más esgrime el ateo moderno militante: el problema del mal. ¿Si existe un Dios bueno, como dicen los cristianos, cómo es que hay mal en el mundo? O no es tan bueno como para querer quitarlo, o no es tan poderoso como para poder quitarlo: sería poco bueno o poco poderoso, y por eso no merecería ser llamado Dios.

Marmelada parece que intenta dar una respuesta filosófica ágil a este tema dolorosísimo.

Primero establece, siguiendo a Santo Tomás, que Dios permite y tolera –aunque no busca ni suscita- los males físicos, como el dolor, las catástrofes, etc... “en aras del bien que de ellos se pueda derivar”.

Luego establece como “indudable” que Dios permite que se puedan dar también males morales (la posibilidad de que los hombres hagan cosas malvadas) también por un bien: el de la libertad humana.

Luego señala que Dios no tiene ninguna obligación de crear ningún mundo, y mucho menos un mundo que sea “el mejor de los mundos posibles”, concepto que filosóficamente es complejo porque un ser omnipotente siempre podría hacer un mundoaún mejor. 

¿Puede Dios todopoderoso hacer un mundo tan bueno que Dios mismo no pueda hacerlo mejor? Esta pregunta es equivalente a la de si puede Dios hacer un triángulo cuadrado. “No es que no pueda Dios, es que es irrealizable en sí mismo”, dice Marmelada.

Añade que un mundo “perfecto” no sería un mundo, sino que sería otro Dios.

En el mismo momento que el mundo no es Dios, sino una creación, algo con finitud, límites, limitaciones, es evidente que en el mundo hay espacio para el mal.

Anunciar el evangelio a los indiferentes
El libro finaliza con una reflexión sobre la evangelización al hombre de hoy, que no es un filósofo ateo militante equipado de profundos razonamientos contra Dios, sino un indiferente que arrastra heridas y miserias personales como sus abuelos Sartre, Camus o Nietzsche. 

Marmelada considera que, con todo, una persona no puede ser indiferente a Dios en todos y cada uno de los días de su vida. Hay momentos en que cada persona se hace la grandes preguntas sobre la vida, la muerte, el bien, el sentido y Dios.

El indiferente también quiere ser feliz y piensa sobre la felicidad. Marmelada, que ha sido docente casi 30 años, sabe que hacer pensar es una forma de llevar hacia Dios y proponealgunas preguntas que “despierten” al indiferente que cree no necesitar a Dios.

Por ejemplo:

- ¿Por qué los derechos humanos han de ser universalmente válidos?
- ¿Por qué debería yo respetar la libertad de los demás?
- ¿Por qué es inaceptable que el poder político sea totalitario y use a las personas como cosas sin valor desechables (el caso paradigmático es el holocausto nazi)?
- ¿Cuál es el fundamento de la dignidad humana?

Marmelada considera que estos temas del debate social llevan “inevitablemente” a reflexionar sobre la Trascendencia.

Después plantea que la Nueva Evangelización ha de apostar por “la autenticidad frente a la apariencia”. Sartre y Camus no conocieron cristianos auténticos, sólo una cultura de apariencias burguesas.

Es importante hacer comprender, dice Marmelada, que “los errores del cristiano no son fruto de la doctrina, sino de la falta de fe o de una fortaleza deficiente por parte de algunos de sus miembros”.

Hay que insistir, dice, en que “la doctrina cristiana promueve la tolerancia, el diálogo paciente y el respeto a la libertad personal; otra cosa muy distinta es que haya habido personas concretas que hayan hecho lo contrario pensando que estaban representando el verdadero cristianismo”.

Por otra parte, la sospecha de que el cristianismo es algo que incapacita para una vida plena y libre (sospecha de fondo de Feuerbach, Nietszche, Sartre…) debe ser refutada insistiendo en que “la felicidad eterna ha de ser disfrutada ya en esta vida, por lo que el cristianismo es una doctrina que promueve el goce y la fruición de la existencia terrenal en su máxima expresión, algo que se manifiesta en una alegría sobrenatural sincera”.

Marmelada, al repasar la historia, ve que se han buscado distintos sucedáneos para sustituir a Dios y la religión. Cree que hoy el becerro de oro sustitutivo es el dinero y el poder entre las clases altas y el mero consumismo entre la populares. Pero eso no llena al hombre y las grandes preguntas seguirán ahí.

Como sucede con 60 Preguntas sobre Ciencia y Fe y otros libros de Stella Maris, El Dios de los ateos puede ser leído con provecho por estudiantes (buenos) de instituto y alumnos (no necesariamente aplicados, aunque sí interesados) de universidad, y por supuesto por cualquier persona que quiera reflexionar sobre estos temas.

Su mayor mérito es repasar de forma asequible que las grandes figuras de la filosofía atea entre 1850 y 1950 nunca abordan seriamente el tema de la existencia de Dios desde la razón, sino desde categorías hegelianas o traumas personales, o dan el tema por zanjado por otras figuras previas.

“El hombre actual, el incrédulo indiferentista postmoderno, es hombre y como tal tiene una apertura natural a la trascendencia, por lo que también tiene sed de Dios”, concluye.
 

miércoles, 30 de diciembre de 2015

¿Qué tipo de espiritualidad prima en el universo de Star Wars: la oriental o la judeocristiana? 30122015

Desvelado en «Enseñarte podría: viaje al fondo de Star Wars»

¿Qué tipo de espiritualidad prima en el universo de Star Wars: la oriental o la judeocristiana?

¿Qué tipo de espiritualidad prima en el universo de Star Wars: la oriental o la judeocristiana?
Fotograma de Star Wars El Despertar de la Fuerza - detrás del aparente escapismo, toda la saga tiene una propuesta de exporación espiritual, aunque no siempre coherente

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30 diciembre 2015
¿Qué espiritualidad prima en el universo de Star Wars: una basada en religiones orientales como el budismo y el taoísmo o una basada en el pensamiento judeocristiano?

Francisco Torres García, un apasionado de Star Wars que es profesor de secundaria y explora las posibilidades pedagógicas de la popular saga en su reciente libro “Enseñarte podría: viaje al fondo de Star Wars” (Actas Editorial), cree que la franquicia nació quizá con una primacía del elemento oriental, pero con la segunda trilogía de películas se reforzó la tendencia judeocristiana, que ha quedado como dominante en el canon.



Hay que tener en cuenta que el “universo expandido de Star Wars” incluye las seis películas anteriores a 2015, dos series de animación principales y los cómics, novelas y juegos de video o de rol ligados a ellas.

Durante casi 4 décadas, numerosos escritores y guionistas han intentado lograr una cierta coherencia entre todos estos productos, aunque en buena parte la séptima película,El despertar de la fuerza, dirigida por J.J.Abrams, viola el canon establecido con tanto esfuerzo en cómics, novelas y juegos.

Pero es cierto que en lo espiritual, como en otros aspectos, el creador de las películas, George Lucas, ha marcado una línea general, que él mismo ha ido luego retocando.

La espiritualidad de George Lucas
George Lucas nunca ha sido del todo claro en su definición espiritual. Nos explica Torres García en su libro que a veces ha declarado tajante “yo creo en Dios”, y otras ha afirmado“yo creo en una mezcla de religiones y filosofías”.

Fue educado en el cristianismo metodista, y le apasionó el budismo. Siempre ha admitido que su universo de Star Wars busca despertar preguntas espirituales en los jóvenes.



En cierta ocasión George Lucas describió así como diseñó el concepto de la Fuerza: “Trabajé en una teoría general para la Fuerza y después jugué con ella; traté de tomar todas las religiones, mayores o minoritarias, actuales o primitivas, y quise encontrar una idea que todas tuviesen en común”.

No al materialismo: lo espiritual importa
Un elemento que tanto la primera de las películas como la séptima recogen, mediante el personaje de Han Solo, es que el materialismo no basta, que no sólo existe la materia medible y observable: hay Algo más, es Real y es importante y es espiritual. Han Solo es el cínico materialista que descubre que estaba equivocado y que lo espiritual es de gran relevancia.



No al relativismo: existe el bien y el mal
Un segundo elemento es una refutación del relativismo. La Luz y la Oscuridad en la Fuerza no valen lo mismo, no son ambas necesarias, no se busca un equilibrio entre caos y orden, no encajan con la complementariedad de los opuestos en el signo del yin y el yang del taoísmo. Hay más bien una dualidad básica, la misma que en el cristianismo: está el bien y el mal, y el mal no es necesario.

Francisco Torres García lo explica así: “Lo que nos dice el argumento es que el Bien y el Mal, los jedi y los sith, son excluyentes; que el equilibrio pasa por el fin de los sith, porque son los que producen el desequilibrio de la Fuerza, o trasladado de nivel de concreción: que solo escogiendo el Bien se alcanza la paz, el orden y el equilibrio. El triunfo final de la luz sobre la oscuridad es una tesis cristiana, son los hijos de la luz los que vencen definitivamente a los de las tinieblas, y lo que hace Lucas es recuperar para siempre el ángel caído Anakin/Darth Vader. El planteamiento histórico es lineal y no cíclico, más cristiano que oriental”.

Más aún, aunque es cierto que “los opuestos, la luz y la oscuridad, están en todos los seres, especialmente los sensibles a la Fuerza, pueden escoger entre la senda difícil o el reverso tenebroso, lo que tampoco está muy lejos de las tesis cristianas”. Que el bien es difícil y el mal es fácil es algo que repite el Maestro Yoda... y el Evangelio.


Un joven director George Lucas en 1976 con Alec Guinness, el actor católico converso que dio vida a Obi Wan, el primer maestro jedi conocido por los espectadores
Maestro y discípulo
Se ha señalado que la idea del Maestro y el Discípulo son típicamente orientales, pero Torres García señala que Lucas busca contar una fantasía heroica, y que sin salir de la tradición occidental tiene la figura de Merlín y Arturo, que pueden inspirar perfectamente al Maestro Yoda (o el Maestro Obi Wan) y el novato Luke Skywalker.

Podemos añadir que también el cristianismo presenta a Jesús como un Maestro itinerante, que lleva consigo a sus doce discípulos, les va enseñando a elegir el bien y combatir la tentación, conviviendo con ellos. Todo en el cristianismo busca convertir a cada cristiano en discípulo de este Maestro vivo, a través de un proceso de discipulado que consiste en conocer al Maestro, escuchar al Maestro e imitar al Maestro. Jesús, como Yoda, advierte del mal que viene de dentro: ira, odio, cólera… que llevan al lado oscuro.

La profecía, el Elegido...
La segunda trilogía desarrolló otros elementos judeocristianos, como es el caso de la profecía: los Jedi esperaban un Elegido, profetizado, para devolver el equilibrio a la fuerza (es decir, vencer al mal). He aquí un elemento mesiánico que no es propio del taoísmo ni del budismo. Y será Anakin, pero contra toda esperanza, dejando atrás su opción maligna como Darth Vader.

Torres García lo explica así: “La historia de Anakin demuestra, contradiciendo todas las advertencias de Yoda, que sí se puede salir del lado oscuro y volver a la senda. Porque es que Anakin es Arturo, esto es lo que explica las aparentes contradicciones, el sentido occidental y no oriental de la profecía. Arturo también volvería un día para restablecer Camelot desde una muerte a la que se resisten a dar crédito”.

Vale la pena insistir en que la moral de Star Wars no bebe del relativismo, sino la lucha del bien contra el mal. Torres García recoge una cita de Lucas en la que afirma: “Creo en lo correcto y lo equivocado. Siempre he creído que son principios básicos que cualquier historia ha de desarrollar en convicciones. Cosas como no matarás, no harás daño a los demás… es la filosofía que impregna mi obra”.

Algunos elementos orientales
En cuanto a los elementos orientales, están ahí en muchos aspectos de diseño y algunos elementos narrativos. El guionista Lawrence Kasdan y el director Irvin Kershner conocían bien las doctrinas zen y budistas y diseñaron al Maestro Yoda como un maestro zen.

Hay otros ejemplos:

- La instrucción jedi de atender el momento presente, propio del zen
- La intuición como conocimiento más valioso (el superior de los 8 niveles de conciencia del budismo)
- Las emociones aflictivas (dolor, ira, odio) como causa de que la ignorancia vele la conciencia y genere sufrimiento
- Las pruebas de reconocimiento que realizan a Anakin niño en el Consejo jedi
- El corte de pelo al estilo oriental de Anakin como padawan
- Padmé, la heroína… nombre que en sánscrito significa “loto”, signo de sabiduría
- Enseñanzas de estilo zen de Yoda a los niños en el templo jedi…

Una saga inspiradora
De todas formas, Torres García, que es un entusiasta de la serie y cree que puede ayudar a enseñar muchas cosas (su libro dedica capítulos a analizar las referencias literarias, la arquitectura y diseños aplicados a Historia del Arte, y otros a plantear los aspectos científicos y de la física que se usa en la saga) señala que al final es “una película y no un tratado de filosofía”, y apunta, por ejemplo, que el Maestro Yoda que se presentó en El Imperio Contraataca como un transmisor de sabiduría en Episodio II y III se nos reconstruye como un activo guerrero (con pocos años de diferencia).

Finalmente, en la conclusión de “Enseñarte podría”, Torres García dictamina: “Por debajo del aparente ejercicio de escapismo laten una serie de temas que siguen siendo objeto de reflexión y debate. Merced a ello esta epopeya galáctica se ha convertido en parte integrante de nuestra cultura popular, en el mito moderno de varias generaciones, en fuente de inspiración científica y literaria, en generador de un universo cultural propio pero que a la vez tienen la virtud de no estar en una galaxia muy lejana, sino a la vuelta de la esquina.”