Mostrando entradas con la etiqueta corrupción política en España. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta corrupción política en España. Mostrar todas las entradas

sábado, 2 de junio de 2018

Etica y política en España 02062018

Etica y política en España

Añadir a Facebook Añadir a Twitter Añadir a Goglle+ Añadir a Linkedin
2 junio 2018
 
 
            Todo empieza con un partido político que gana con mayoría absoluta unas elecciones democráticas y que, una vez instalado en el poder y sin mayor explicación, no sólo no deroga las leyes contra las que había votado cuando estaba en la oposición, por las que había lanzado a la calle a sus votantes y que en su programa electoral había prometido derogar, sino que, traicionando de modo flagrante a esos votantes, incluso realiza sustanciales progresos en las políticas iniciadas por esas leyes que en su día rechazó, varias de las cuales, siempre desde la oposición, hasta había mandado al Tribunal Constitucional.
 
            Tras ganar de nuevo unas elecciones, aunque esta vez sin mayoría absoluta, los numerosos casos de corrupción que afectan a ese partido político producen que otro partido de la oposición le interponga una moción de censura por corrupto. Hasta aquí bien, normal, incluso saludable, si no fuera porque ese partido que quiere echar al primero por corrupción… ¡¡¡es uno aún más corrupto que él!!! ¡¡¡si cabe!!!
 
            Ese partido político bastante más corrupto –si cabe- que aquél al que pretende derribar por su corrupción, pretende gobernar ahora con apenas 84 diputados, es decir… ¡¡¡ni siquiera la cuarta parte de la cámara!!! Y con 51 menos de los que tiene aquél al que quiere derribar, es decir… no sólo sin haber ganado elección alguna ¡¡¡sino habiéndose quedado a una distancia sideral de hacerlo!!!
 
            Para conseguirlo, el partido político en cuestión tiene que conseguir el voto favorable de varios partidos inmersos todos ellos en causas de corrupción, y por si ello no fuera suficiente, el de los que hasta hace sólo unos pocos años andaban a tiros por la calle matando ciudadanos, -¡entre ellos a sus propios compañeros de filas!-, y también, el de los que pretenden destruir –literal, destruir, trocear- el territorio nacional, que a estas alturas de la historia, no es sólo que amenacen con hacerlo, sino que han dado ya un golpe de estado gracias al cual han estado a punto de conseguirlo, y a nadie ocultan su intención de dar uno nuevo en un próximo futuro.
 
            Y tiene que conseguir también el voto favorable de otro partido político que había vendido su alianza a aquél al que se quiere desalojar del poder a cambio de una cantidad fabulosa de dinero público, -vale decir, de su bolsillo y del mío, amigo lector-el cual, a pesar de cambiar de bando, de devolver la pasta ni una palabra habla… y sí, por el contrario, de un nuevo peaje que, aparentemente, pagarán ahora sus nuevos aliados, pero que, en realidad, pagaremos de nuevo Vd. y yo.
 
            Dígame, amigo lector, ¿cabe más bajeza, cabe más desvergüenza, cabe más villanía en la política española? ¿Es necesaria tanta bellaquería para hacer política? ¿Queda lugar para una sola patada más a la ética y hasta a la estética? ¿Tan bajo han podido caer los políticos españoles? ¿Es que no hay nada en el mundo que produzca algo de sonrojo a un político de la marca España?
 
            En tres palabras, ni una más ni una menos… la política en España… ¡es de potar!
 
            Que hagan Vds. mucho bien y que no reciban menos. Hace más falta que nunca.
 
            ©L.A.
            Si desea suscribirse a esta columna y recibirla en su correo cada día, o bien ponerse en contacto con su autor, puede hacerlo en encuerpoyalma@movistar.esEn Twitter  @LuisAntequeraB

lunes, 5 de marzo de 2018

De la corrupción política en España: unas breves consideraciones 05032018

De la corrupción política en España: unas breves consideraciones

Añadir a Facebook Añadir a Twitter Añadir a Goglle+ Añadir a Linkedin
5 marzo 2018

 
            Que el de la corrupción es el problema español que más ha condicionado el voto en las últimas elecciones es algo que rebaten muy pocos analistas políticos. Sin embargo, ninguno de ellos ha incidido sobre el modo tan diferente en que el problema ha sido interiorizado en los dos grandes grupos en que, de modo muy grueso, grosero incluso, podemos segregar a la sociedad española: la derecha y la izquierda. Y ojo que voy a hablar de “derecha” e “izquierda” en términos sociológicos, porque lo que es a nivel ideológico, el poder del pensamiento único en nuestro país es tan omnímodo que desde tal punto de vista, derecha e izquierda han dejado prácticamente de existir.
 
            La primera diferencia se plantea sobre el modo en que los votantes actúan ante la corrupción de las personas a las que han votado, o con las que se sienten “electoralmente vinculados”. Pues bien, desde dicho punto de vista, la izquierda es mucho más complaciente con “su” corrupción que la derecha. Es más, algunas personas españolas que se autoidentifican con la izquierda son algo más que complacientes con la corrupción de los que, como ellos, se presentan como “de izquierdas”, y hasta parece que aprobaran su comportamiento: una especie de “ahora nos toca a nosotros” (frase que he oído en mi propio oído, y probablemente alguno de Vds. también, porque no es infrecuente), como si el pobre votante de izquierdas le fuera a llegar un solo céntimo del que además de la cartera, le ha robado el voto. La derecha sociológica es, en eso, mucho más implacable, y perdona mucho peor que quien le ha pedido el voto y a quien él se lo ha otorgado, aproveche su situación para enriquecerse a costa del erario público, vale decir, de su bolsillo.
 
            Puestos a brindar una explicación, y aun consciente que la voy a apuntar no aporta la totalidad de la misma sino sólo una parte, creo que los comportamientos expuestos se hallan estrechamente relacionados con el pecado capital que impulsa el comportamiento de unos y de otros, que es en la derecha el egoísmo, -la derecha es egoísta- y en la izquierda la envidia –la izquierda es envidiosa- (pinche aquí si quiere conocer por qué digo esto).

            Desde tal punto de vista, el egoísta votante de derechas lleva muy mal que alguien a quien él ha votado se lleve lo que es suyo (porque el erario público, contrariamente a lo que sostenía una señalada representante de la izquierda española, no sólo no es de nadie, sino que, bien al contrario, es de todos). El votante de izquierdas, que principalmente envidia y el objeto de su envidia es aquél al que él percibe como votante de derechas, no se siente tan mal cuando alguien que dice actuar en su nombre, perjudica al de derechas (aunque también lo perjudique a él mismo, lo que por desgracia, no interioriza como tal).
 
            En segundo lugar, y sin que ello deba sorprendernos mucho pues tiene algo de coherente con lo apuntado arriba, llama poderosamente la atención que los corruptos “de derechas” enseguida “tiren de la manta”, “pongan el ventilador” e intenten salpicar con su corrupción a cuantos les rodean, lo que, además, es bastante coherente con el abandono a su suerte con el que, dentro del mismo espíritu, les obsequian sus compañeros. Mientras que el corrupto de izquierdas por el contrario, continúa “sometido a la disciplina de partido” y no dice “ni mú”, al tiempo que sus compañeros de partido se precipitan a rodearlo y protegerlo, repitiendo incesantemente cantinelas exculpatorias y dilatorias de la asunción de responsabilidades.
 
            Quizás por todo ello, y en tercer lugar, tampoco llama excesivamente la atención que el tiempo dedicado por los medios de comunicación a los corruptos “de derechas” sea muy superior al que dedican a los corruptos “de izquierdas”, y ello aun cuando desde un punto de vista meramente matemático, las cantidades objeto de corrupción sean superiores en el bando de la izquierda que en el de la derecha, como, de hecho, parece ser el caso en España.
 
            Ni que decir tiene que en tanto que la corrupción existe, prefiero el tratamiento que recibe la “de derechas” que la que recibe la “de izquierdas”. Es decir, prefiero que el votante le dé la espalda al corrupto de su bando en lugar de justificarlo, o incluso defenderlo; prefiero que el corrupto base su defensa en dirimir responsabilidades y compartirlas con sus posibles cómplices, que en asumirla toda e "inmolarse" para que los cómplices corruptos “a los que no se ha pillado” se salven; prefiero que los compañeros de partido abandonen al corrupto a su suerte a que lo arropen fraternalmente; y puestos a preferir, prefiero un tratamiento de los medios de comunicación que peque por exceso, como el que acostumbra a otorgar a la corrupción “de derechas” (en la que se engloba también, por ejemplo, la relacionada con la Iglesia o la Casa Real), que aquél que peque por defecto, como el que a menudo otorga a la corrupción “de izquierdas” (en la que se engloba también, por ejemplo, la de ONGs, ciertas organizaciones internacionales y partidos nacionalistas).
 
            Y repito: todo esto dicho desde un punto de vista meramente sociológico, que no ideológico… que lo que es ideológicamente hablando, en España (y cada vez también en más países europeos) apenas existen ya diferencias entre derecha e izquierda, y el discurso de lo políticamente correcto cada vez nos presenta todo más disuelto en un batiburrillo espeso, pegajoso e incoherente de “pensamiento único” que, a lo que se ve, ha venido a España, a Europa, para quedarse.
 
            Que hagan Vds. mucho bien y que no reciban menos.
 
 
 
            ©L.A.
            Si desea suscribirse a esta columna y recibirla en su correo cada día, o bien ponerse en contacto con su autor, puede hacerlo en encuerpoyalma@movistar.esEn Twitter  @LuisAntequeraB