Mostrando entradas con la etiqueta Papa Francisco Diciembre 2016. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Papa Francisco Diciembre 2016. Mostrar todas las entradas

domingo, 1 de enero de 2017

«Dios se involucra involucrándonos, haciéndonos parte de su obra», el Papa en las Vísperas de María Madre de Dios 31122016

«Dios se involucra involucrándonos, haciéndonos parte de su obra», el Papa en las Vísperas de María Madre de Dios

«Dios quiso estar cerca de nosotros para que el pecado no tengala última palabra en la vida de sus hijos», el Papa en las Vísperas de María Santísima Madre de Dios. - REUTERS
31/12/2016 17:35
 
(RV).- El sábado 31 de diciembre, el Papa Francisco presidió en la Basílica Vaticana, a partir de las cinco de la tarde hora local de Roma, las Primeras Vísperas de la Solemnidad de María Santísima Madre de Dios.
Como todos los años, tras la liturgia y la Exposición del Santísimo Sacramento, la ceremonia prosiguió con el canto del tradicional himno del Te Deum de acción de gracias por la conclusión del año civil. El Obispo de Roma centró su homilía en la figura del «Niño Dios en el pesebre» que se manifiesta en la vida del hombre de manera real y concreta. 
«Dios no se disfrazó de hombre, se hizo hombre y compartió en todo nuestra condición», dijo el Pontífice, añadiendo que lejos de «estar encerrado en un estado de idea o de esencia abstracta, quiso estar cerca de todos aquellos que se sienten perdidos, avergonzados, heridos, desahuciados, desconsolados o acorralados. Cercano a todos aquellos que en su carne llevan el peso de la lejanía y de la soledad, para que el pecado, la vergüenza, las heridas, el desconsuelo, la exclusión, no tengan la última palabra en la vida de sus hijos».
Al concluir sus palabras, el Santo Padre dirigió una mirada de aliento a las generaciones del futuro: «Mirar el pesebre nos desafía a ayudar a nuestros jóvenes para que no se dejen desilusionar frente a nuestras inmadureces y estimularlos a que sean capaces de soñar y de luchar por sus sueños, capaces de crecer y volverse padres de nuestro pueblo».
(SL-RV)
Homilía del Papa Francisco en las Vísperas de la Solemnidad María Santísima Madre de Dios
 
«Cuando se cumplió el tiempo establecido, Dios envió a su Hijo, nacido de una mujer y sujeto a la ley, para redimir a los que estaban sometidos a la ley y hacernos hijos adoptivos» (Ga 4,4-5).
Resuenan con fuerza estas palabras de san Pablo. De manera breve y concisa nos introducen en el proyecto que Dios tiene para con nosotros: que vivamos como hijos. Toda la historia de salvación encuentra eco aquí: el que no estaba sujeto a la ley, decidió por amor, perder todo tipo de privilegio (privus legis) y entrar por el lugar menos esperado para liberar a los que sí estábamos bajo la ley. Y, la novedad es que decidió hacerlo en la pequeñez y en la fragilidad de un recién nacido; decidió acercarse personalmente y en su carne abrazar nuestra carne, en su debilidad abrazar nuestra debilidad, en su pequeñez cubrir la nuestra. En Jesucristo, Dios no se disfrazó de hombre, se hizo hombre y compartió en todo nuestra condición. Lejos de estar encerrado en un estado de idea o de esencia abstracta, quiso estar cerca de todos aquellos que se sienten perdidos, avergonzados, heridos, desahuciados, desconsolados o acorralados. Cercano a todos aquellos que en su carne llevan el peso de la lejanía y de la soledad, para que el pecado, la vergüenza, las heridas, el desconsuelo, la exclusión, no tengan la última palabra en la vida de sus hijos.
  El pesebre nos invita a asumir esta lógica divina. Una lógica que no se centra en el privilegio, en las concesiones ni en los amiguismos; se trata de la lógica del encuentro, de la cercanía y la proximidad. El pesebre nos invita a dejar la lógica de las excepciones para unos y las exclusiones para otros. Dios viene Él mismo a romper la cadena del privilegio que siempre genera exclusión, para inaugurar la caricia de la compasión que genera la inclusión, que hace brillar en cada persona la dignidad para la que fue creado. Un niño en pañales nos muestra el poder de Dios interpelante como don, como oferta, como fermento y oportunidad para crear una cultura del encuentro.
No podemos permitirnos ser ingenuos. Sabemos que desde varios lados somos tentados para vivir en esta lógica del privilegio que nos aparta-apartando, que nos excluye-excluyendo, que nos encierra-encerrando los sueños y la vida de tantos hermanos nuestros.
Hoy frente al niño de Belén queremos admitir la necesidad de que el Señor nos ilumine, porque no son pocas las veces que parecemos miopes o quedamos presos de una actitud altamente integracionista de quien quiere hacer entrar por la fuerza a otros en sus propios esquemas. Necesitamos de esa luz que nos haga aprender de nuestros propios errores e intentos a fin de mejorar y superarnos; de esa luz que nace de la humilde y valiente conciencia del que se anima, una y otra vez, a levantarse para volver a empezar.
 Al terminar otra vez un año, nos detenemos frente al pesebre, para dar gracias por todos los signos de la generosidad divina en nuestra vida y en nuestra historia, que se ha manifestado de mil maneras en el testimonio de tantos rostros que anónimamente han sabido arriesgar. Acción de gracias que no quiere ser nostalgia estéril o recuerdo vacío del pasado idealizado y desencarnado, sino memoria viva que ayude a despertar la creatividad personal y comunitaria porque sabemos que Dios está con nosotros.
 Nos detenemos frente al pesebre para contemplar como Dios se ha hecho presente durante todo este año y así recordarnos que cada tiempo, cada momento es portador de gracia y de bendición. El pesebre nos desafía a no dar nada ni a nadie por perdido. Mirar el pesebre es animarnos a asumir nuestro lugar en la historia sin lamentarnos ni amargarnos, sin encerrarnos o evadirnos, sin buscar atajos que nos privilegien. Mirar el pesebre entraña saber que el tiempo que nos espera requiere de iniciativas audaces y esperanzadoras, así como de renunciar a protagonismos vacíos o a luchas interminables por figurar.
 Mirar el pesebre es descubrir como Dios se involucra involucrándonos, haciéndonos parte de su obra, invitándonos a asumir el futuro que tenemos por delante con valentía y decisión. Mirando el pesebre nos encontramos con los rostros de José y María. Rostros jóvenes cargados de esperanzas e inquietudes, cargados de preguntas. Rostros jóvenes que miran hacia delante con la no fácil tarea de ayudar al Niño-Dios a crecer. No se puede hablar de futuro sin contemplar estos rostros jóvenes y asumir la responsabilidad que tenemos para con nuestros jóvenes; más que responsabilidad, la palabra justa es deuda, sí, la deuda que tenemos con ellos. Hablar de un año que termina es sentirnos invitados a pensar como estamos encarando el lugar que los jóvenes tienen en nuestra sociedad.
  Hemos creado una cultura que, por un lado, idolatra la juventud queriéndola hacer eterna pero, paradójicamente, hemos condenando a nuestros jóvenes a no tener un espacio de real inserción, ya que lentamente los hemos ido marginando de la vida pública obligándolos a emigrar o a mendigar por empleos que no existen o no les permiten proyectarse en un mañana. Hemos privilegiado la especulación en lugar de trabajos dignos y genuinos que les permitan ser protagonistas activos en la vida de nuestra sociedad. Esperamos y les exigimos que sean fermento de futuro, pero los discriminamos y «condenamos» a golpear puertas que en su gran mayoría están cerradas.
Somos invitados a no ser como el posadero de Belén que frente a la joven pareja decía: aquí no hay lugar. No había lugar para la vida, para el futuro. Se nos pide asumir el compromiso que cada uno tiene, por poco que parezca, de ayudar a nuestros jóvenes a recuperar, aquí en su tierra, en su patria, horizontes concretos de un futuro a construir. No nos privemos de la fuerza de sus manos, de sus mentes, de su capacidad de profetizar los sueños de sus mayores (cf. Jl 3, 1). Si queremos apuntar a un futuro que sea digno para ellos, podremos lograrlo sólo apostando por una verdadera inclusión: esa que da el trabajo digno, libre, creativo, participativo y solidario (cf. Discurso en ocasión de la entrega del Premio Carlomagno, 6 de mayo de 2016).
 Mirar el pesebre nos desafía a ayudar a nuestros jóvenes para que no se dejen desilusionar frente a nuestras inmadureces y estimularlos a que sean capaces de soñar y de luchar por sus sueños. Capaces de crecer y volverse padres de nuestro pueblo.
 Frente al año que termina qué bien nos hace contemplar al Niño-Dios. Es una invitación a volver a las fuentes y raíces de nuestra fe. En Jesús la fe se hace esperanza, se vuelve fermento y bendición: «Él nos permite levantar la cabeza y volver a empezar, con una ternura que nunca nos desilusiona y que siempre puede devolvernos la alegría» (cf. Exhort. ap. Evangelii gaudium, 3). 

    miércoles, 28 de diciembre de 2016

    Catequesis del Papa: Abrahán, padre en la fe y en la esperanza (Síntesis) 28122016

    Catequesis del Papa: Abrahán, padre en la fe y en la esperanza

    El Papa Francisco durante la Audiencia General del último miércoles de diciembre celebrada en el Aula Pablo VI de la Ciudad del Vaticano. - ANSA
    28/12/2016 11:40
     
    (RV).- Al celebrar la Audiencia General del último miércoles de diciembre – última también del año 2016 – en el Aula Pablo VI de la Ciudad del Vaticano y en la que participaron varios miles de fieles y peregrinos procedentes de numerosos países, el Papa Francisco prosiguiendo con su ciclo de catequesis sobre la esperanza cristiana, se centró en la figura de Abrahán. Y lo hizo a partir del pasaje del Libro del Génesis que relata la promesa del Señor acerca de su descendencia, en la que él creyó.
    El Santo Padre – hablando en italiano –  afirmó –  que San Pablo, en su Carta a los Romanos, nos recuerda a esta gran figura, para indicarnos el camino de la fe y de la esperanza.  En efecto – añadió el Papa –  el Apóstol escribe que él creyó, firme en la esperanza y contra toda esperanza, convirtiéndose así en el padre de muchos pueblos. Francisco destacó que al confiar en esta promesa, Abrahán cree, y su fe se abre a una esperanza aparentemente irracional. A la vez que explicó que esta esperanza es “la capacidad de ir más allá de los razonamientos humanos, de la sabiduría y de la prudencia del mundo, más allá de lo que normalmente se considera de sentido común, para creer en lo imposible.
    Sí, porque como dijo el Papa Bergoglio, “la esperanza abre nuevos horizontes”, nos hace capaces de soñar lo que ni siquiera podemos imaginar. En una palabra: la esperanza nos permite entrar en la oscuridad de un futuro incierto para caminar en la luz.
    Naturalmente el Pontífice agregó que se trata de un camino difícil, teniendo en cuenta que también Abrahán vivió su momento de crisis y de desaliento...
    La fe –  prosiguió explicando el Papa – “no es sólo silencio que acepta todo sin replicar”, mientras la esperanza “no es la certidumbre” que te asegura ante la duda y la confusión. Sino que la fe es también luchar con Dios, mostrarle nuestra amargura, sin “piadosas” ficciones. Y la esperanza es asimismo no tener miedo de ver la realidad por lo que es y “aceptar sus contradicciones”. De modo que Abrahán, en la fe, se dirige a Dios para que lo ayude a no perder la esperanza.
    Después de reafirmar que la única seguridad es confiar en la Palabra del Señor y seguir teniendo esperanza, Francisco concluyó diciendo en su catequesis que para creer, es necesario saber ver con los ojos de la fe. Fe que constituye el camino de la esperanza que cada uno de nosotros debe recorrer.
    (María Fernanda Bernasconi - RV).

      Catequesis del Papa: “Para creer, es necesario saber ver con los ojos de la fe” (Texto completo) 28122016

      Catequesis del Papa: “Para creer, es necesario saber ver con los ojos de la fe”

      El Papa Francisco en la Audiencia General del último miércoles de diciembre de 2016. - ANSA
      28/12/2016 10:57
      (RV).- “Y aquel signo que Dios dona a Abrahán es una invocación a continuar creyendo y esperando: Mira hacia el cielo y cuenta las estrellas. Así será tu descendencia. Es todavía una promesa, es todavía algo de esperar para el futuro”, con estas palabras el Papa Francisco explicó en la Audiencia General del último miércoles de diciembre, el significado de la esperanza cristiana y de qué modo lo vivió Abrahán, nuestro padre en la fe.
      Continuando su ciclo de catequesis sobre la virtud de los pequeños, de los pobres y de los humildes, es decir, sobre “la esperanza cristiana”, el Obispo de Roma señaló que, “Abrahán en la fe, se dirige a Dios para que lo ayude a continuar esperando. Es curioso, no pide un hijo. Pide: Ayúdame a continuar esperando, la oración de tener esperanza”. El Pontífice señaló que por parte de Dios nada ha cambiado. “Él continúa afirmando aquello que había dicho, y no ofrece puntos de apoyo a Abrahán, para sentirse seguro. Su única seguridad es confiar en la palabra del Señor y continuar esperando”.
      Y aquel signo que Dios dona a Abrahán es una invocación a continuar creyendo y esperando, afirmó el Papa: «Mira hacia el cielo y cuenta las estrellas […] Así será tu descendencia» (Gen 15,5). Es todavía una promesa, agregó, es todavía algo de esperar para el futuro. “Dios saca a Abrahán de sus visiones restringidas, y le muestra las estrellas. Para creer, señaló el Sucesor de Pedro, es necesario saber ver con los ojos de la fe”. Es esta la fe, este el camino de la esperanza que cada uno de nosotros debe recorrer.
      Texto completo de la catequesis del Papa Francisco
      Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
      San Pablo, en la carta a los Romanos, nos recuerda la gran figura de Abrahán, para indicarnos la vía de la fe y de la esperanza. De él el apóstol escribe: «Esperando contra toda esperanza, Abraham creyó y llegó a ser padre de muchas naciones» (Rom 4,18); “esperando contra toda esperanza”: es duro esto, ¿eh? Esto es fuerte: no hay esperanza, pero yo espero. Y así nuestro padre Abrahán. San Pablo se está refiriendo a la fe con la cual Abrahán creyó en la palabra de Dios que le prometía un hijo. Pero de verdad era confiarse esperando “contra toda esperanza”, era tan imposible aquello que el Señor le estaba anunciando, porque él era anciano – tenia casi cien años – y su mujer era estéril. No lo ha logrado. Pero lo ha dicho Dios, y él creyó. No había esperanza humana porque él era anciano y su mujer estéril: y él cree.
      Confiando en esta promesa, Abrahán se pone en camino, acepta dejar su tierra y hacerse extranjero, esperando en este “imposible” hijo que Dios habría debido donarle no obstante que el vientre de Sara fuese como si estuviera muerto. Abrahán cree, su fe se abre a una esperanza aparentemente irracional; esta es la capacidad de ir más allá de los razonamientos humanos, de la sabiduría y de la prudencia del mundo, más allá de lo que es normalmente considerado sentido común, para creer en lo imposible. La esperanza abre nuevos horizontes, hace capaz de soñar lo que no es ni siquiera imaginable. La esperanza hace entrar en la oscuridad de un futuro incierto para caminar en la luz. Es bella la virtud de la esperanza; nos da tanta fuerza para ir en la vida.
      Pero es un camino difícil. Y llega el momento, también para Abrahán, de la crisis de desaliento. Ha confiado, ha dejado su casa, su tierra y sus amigos. Todo. Y ha salido, ha llegado al país que Dios le había indicado, el tiempo ha pasado. En aquel tiempo hacer un viaje así no era como ahora, con los aviones – en 12 o 15 horas se hace –; se necesitaban meses, años. El tiempo ha pasado, pero el hijo no llega, el vientre de Sara permanece cerrado en su esterilidad.
      Y Abrahán, no digo que pierde la paciencia, sino se queja ante el Señor. Y esto aprendemos de nuestro padre Abrahán: quejarnos ante el Señor es un modo de orar. A veces yo escucho, cuando confieso: “Me he quejado con el Señor…” y yo respondo: “No te quejes Él es Padre”. Y este es un modo de orar: quejarme ante el Señor, esto es bueno. Se queja ante el Señor y Abrahán dice así: «Señor, respondió Abram, […] yo sigo sin tener hijos, y el heredero de mi casa será Eliezer de Damasco (Eliezer era quien gobernaba todas las cosas). Después añadió: “Tú no me has dado un descendiente, y un servidor de mi casa será mi heredero”. Entonces el Señor le dirigió esta palabra: “No, ese no será tu heredero; tu heredero será alguien que nacerá de ti”. Luego lo llevó afuera y continuó diciéndole: “Mira hacia el cielo y si puedes, cuenta las estrellas”. Y añadió: “Así será tu descendencia”. Abram creyó en el Señor, y el Señor se lo tuvo en cuenta para su justificación» (Gen 15,2-6).
      La escena se desarrolla de noche, afuera esta oscuro, pero también en el corazón de Abrahán esta la oscuridad de la desilusión, del desánimo, de la dificultad de continuar esperando en algo imposible. Ahora el patriarca es demasiado avanzado en los años, parece que no hay más tiempo para un hijo, y será un siervo el que entrará a heredar todo.
      Abrahán se está dirigiendo al Señor, pero Dios, aunque este ahí presente y habla con él, es como si se hubiera alejado, como si no hubiese cumplido su palabra. Abrahán se siente solo, esta viejo y cansado, la muerte se acerca. ¿Cómo continuar confiando?
      Y además, ya este reclamo suyo es una forma de fe, es una oración. A pesar de todo, Abrahán continúa creyendo en Dios y esperando en algo que todavía podría suceder. Al contrario, ¿para qué interpelar al Señor, quejándose ante Él, reclamando sus promesas? La fe no es solo silencio que acepta todo sin reclamar, la esperanza no es la certeza que te da seguridad ante las dudas y las perplejidades. Pero muchas veces, la esperanza es oscura; pero está ahí, la esperanza… que te lleva adelante. La fe es también luchar con Dios, mostrarle nuestra amargura, sin “pías” apariencias. “Me he molestado con Dios y le he dicho esto, esto, esto” Pero Él es Padre, Él te ha entendido: ve en paz. ¡Tengamos esta valentía! Y esto es la esperanza. Y la esperanza es también no tener miedo de ver la realidad por aquello que es y aceptar las contradicciones.
      Abrahán pues, en la fe, se dirige a Dios para que lo ayude a continuar esperando. Es curioso, no pide un hijo. Pide: “Ayúdame a continuar esperando”, la oración de tener esperanza. Y el Señor responde insistiendo con su improbable promesa: no será un siervo el heredero, sino un hijo, nacido de Abrahán, generado por él. Nada ha cambiado, por parte de Dios. Él continúa afirmando aquello que había dicho, y no ofrece puntos de apoyo a Abrahán, para sentirse seguro. Su única seguridad es confiar en la palabra del Señor y continuar esperando.
      Y aquel signo que Dios dona a Abrahán es una invocación a continuar creyendo y esperando: «Mira hacia el cielo y cuenta las estrellas […] Así será tu descendencia» (Gen 15,5). Es todavía una promesa, es todavía algo de esperar para el futuro. Dios saca afuera de la carpa a Abrahán, en realidad de sus visiones restringidas, y le muestra las estrellas. Para creer, es necesario saber ver con los ojos de la fe; no solo estrellas, que todos podemos ver, sino para Abrahán deben convertirse en el signo de la fidelidad de Dios.
      Es esta la fe, este el camino de la esperanza que cada uno de nosotros debemos recorrer. Si también a nosotros nos queda como única posibilidad mirar las estrellas, entonces es tiempo de confiar en Dios. No hay una cosa más bella. La esperanza no defrauda. Gracias.
      (Traducción del italiano, Renato Martinez – Radio Vaticano)

      martes, 27 de diciembre de 2016

      El Papa a los jóvenes europeos: Crezcan en la confianza en Jesús 27122016

      El Papa a los jóvenes europeos: Crezcan en la confianza en Jesús

      39º Encuentro ecuménico de los jóvenes, organizado por la Comunidad de Taizé - RV
      27/12/2016 13:24
       
      (RV).- Del 28 de diciembre y hasta el 1º de enero del nuevo año 2017 tendrá lugar en RigaLetonia, el 39º Encuentro ecuménico de los jóvenes, organizado por la Comunidad de Taizé. Decenas de miles de jóvenes se reunirán para celebrar una etapa más de la llamada “peregrinación de confianza a través de la tierra”, que comenzó el hermano Roger a finales de los años 70.
      Es la primera vez que un Estado Báltico acoge este Encuentro Europeo. En efecto, la ciudad de Riga tiene una larga tradición luterana, mientras Letonia es también un país en el que existen relaciones profundas entre los cristianos de las diversas iglesias. Y, de hecho, los líderes de la Iglesia Católica, junto a la Ortodoxa, Luterana y las Iglesias Bautistas han firmado conjuntamente la carta de invitación a este nuevo Encuentro, en una ciudad en la que viven muchos creyentes ortodoxos.
      “Manifestar con las palabras y con las acciones que el mal no tiene la última palabra de nuestra historia”. Es la invitación que el Papa Francisco dirige en un mensaje a los jóvenes de toda Europa que participarán en Riga, en este Encuentro organizado por la Comunidad ecuménica de Taizé. De este modo, miles de chicos y chicas transcurrirán el fin de año en la capital de Letonia rezando y meditando juntos “para abrir caminos de esperanza”.
      “En nuestros días – escribe el Papa Bergoglio – muchas personas se sienten asoladas, desanimadas por la violencia, las injusticias, los sufrimientos y las divisiones. Tienen la impresión de que el mal es más fuerte que todo”. Sin embargo, el Santo Padre les repite a los jóvenes lo que él mismo escribió al término del Jubileo Extraordinario, en su Carta Apostólica “Misericordia et Misera”, del 20 de noviembre pasado: “Es el tiempo de la misericordia para todos y cada uno, para que nadie piense que está fuera de la cercanía de Dios y de la potencia de su ternura”.
      El Obispo de Roma manifiesta asimismo su especial cercanía a estos jóvenes que han elegido “dejar los divanes para vivir esta peregrinación de la confianza”. Y escribe textualmente: “Jóvenes cristianos, ortodoxos, protestantes y católicos, con estas jornadas vividas bajo el signo de una fraternidad real, ustedes expresan el deseo de ser protagonistas de la historia, de no dejar que sean los demás quienes decidan su futuro”.
      De aquí el deseo del Papa Francisco que les expresa con estas palabras: “Que estas jornadas los ayuden a no tener miedo de sus límites, sino a crecer en la confianza en Jesús, Cristo y Señor, que cree y espera en ustedes. Que en la sencillez que el hermano Roger ha sabido testimoniar, ustedes puedan construir puentes de fraternidad y hacer visible el amor con el que Dios nos ama”.
      (María Fernanda Bernasconi - RV).

        lunes, 26 de diciembre de 2016

        Dolor del Papa Francisco por el avión ruso precipitado 26122016

        Dolor del Papa Francisco por el avión ruso precipitado

        Dolor y cercanía espiritual del Papa Francisco a los familiares de las víctimas del avión ruso - EPA
        26/12/2016 14:27
         
        (RV).- Ante el avión ruso que se estrelló en el Mar Negro con 92 personas a bordo minutos después de haber despegado del aeropuerto de Sochi rumbo a Siria, el Papa Francisco manifestó su dolor y cercanía a los familiares de las víctimas de este accidente aéreo.
        “Expreso vivas condolencias por la triste noticia del avión ruso precipitado en el Mar Negro. Que el Señor consuele al querido pueblo ruso y a los familiares de los pasajeros que estaban a bordo: periodistas, tripulación, y el excelente Coro y Orquesta de las Fuerzas Armadas. Que la Bienaventurada Virgen María sostenga las operaciones de búsqueda actualmente en curso. En el año 2004, el Coro se exhibió en el Vaticano con motivo del 26º aniversario del pontificado de San Juan Pablo II: recemos por ellos”.
        (María Fernanda Bernasconi - RV).