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viernes, 12 de mayo de 2023

Bella Dodd, la comunista conversa por el obispo Fulton Sheen, denunció la infiltración en la Iglesia 05052023

 Inicio / Cultura

Cuatro cardenales en el Vaticano trabajaban para ellos, declaró en el Senado

Bella Dodd, la comunista conversa por el obispo Fulton Sheen, denunció la infiltración en la Iglesia

Fulton Sheen y Bella Dodd.
Bella Dodd fue el caso más sonado de personas del ámbito político convertidas al catolicismo por el obispo Fulton Sheen, pero ni mucho menos el único.

ReL

Bella Dodd (1904-1969) era el astro naciente del comunismo estadounidense, pero la Providencia tenía otros planes para ella. El cambio decisivo fue un encuentro, el que tuvo con el venerable Fulton John Sheen (1895-1979).

Lo cuenta Rino Cammilleri en el número 227 (abril 2023) del mensual de apologética Il Timone:

El obispo y la activista política

El venerable Fulton John Sheen era un pastor con el temple de San Ambrosio: inflexible respecto a la doctrina, paternal con la debilidad humana, predicador excepcional (San Agustín se convirtió precisamente escuchando los sermones de San Ambrosio). Son bien conocidas sus transmisiones, primero radiofónicas, luego televisivas, con las que batía cualquier récord de audiencia manteniendo fascinados a millones de estadounidenses, no solo católicos.

A diferencia de los predicadores protestantes, la suya no era una exposición apocalíptica, de tonos dramáticos y con abundantes referencias al infierno. No, era solo lógica y paradojas al estilo de Chesterton, del que fue amigo. Y, sobre todo, intercalaba sabiamente su fino humor, introduciendo en los momentos justos esas frases tan amadas por el público estadounidense.

Un resumen de una de las impactantes charlas de Fulton Sheen, en este caso con una predicción que sitúa en el año 2024.

Hombre de profunda cultura, encontraba tiempo para añadir, a sus compromisos como obispo, la escritura de los numerosos libros que aún hoy siguen instruyendo a los inciertos y reanimando a los desconfiados. 

Una mujer prometedora

Son muchos los que le deben su conversión. Como Clare Boothe Luce, famosa y combativa embajadora estadounidense en Roma. Y la menos conocida (con lo que podrás leer a continuación comprenderás el porqué) Bella Dodd, cuya conversión no fue menos importante -me refiero a importancia social y política; desde el punto de vista espiritual, todas tienen la misma relevancia- y sobre la que un artículo publicado en Aleteia despertó mi curiosidad.

[Lee en ReL: Los políticos conversos del obispo Fulton J. Sheen.]

"Bella" porque era italiana y se llamaba Isabella. Más concretamente, Maria Assunta Isabella Vissono, nativa de Picerno, provincia de Potenza, en la Lucania [ahora Basilicata]. Nacida en 1904, se dio cuenta de que los estadounidenses no amaban a los inmigrantes que no se esforzaban por integrarse. Empezando por el nombre. De los tres que tenía, el segundo no podía "americanizarse". El primero sí, pero ella, que tendía al ateísmo, no consideró esta posibilidad. En cambio "Bella", a los estadounidenses les recordaba la época de los saloon del Oeste. Y Bella fue. "Dodd" era el apellido de su marido, que mantuvo también después del divorcio porque era mejor que Vissono.

Lista e inclinada al estudio, gracias a una beca estatal pudo frecuentar la prestigiosa Universidad de Columbia. Se licenció en Derecho y se convirtió en abogada, además de profesora de ciencias políticas en el Hunter College de Nueva York. Al poco tiempo se convirtió en la líder del sindicato de profesores del Estado de Nueva York, que reunía a los docentes del Estado. De espíritu combativo y sufragista, en 1932 se inscribió al partido comunista de Estados Unidos, llegando a la cima del mismo: en diez años llegó a formar parte de su directiva nacional

El partido como religión

Gracias a su amigo Fiorello LaGuardia, alcalde de Nueva York, conseguía tener todos los permisos laborales que necesitaba para dedicarse a su verdadero objetivo en la vida: el activismo en el partido. En 1930, durante un largo viaje por Europa, conoció a John Dodd, con el que se casó ese mismo año.

Durante la Guerra Civil española ambos se dedicaron a conseguir cuantos más voluntarios posibles para luchar en las filas republicanas. En 1940 él abandonó el lecho conyugal por divergencias ideológicas imprecisas. Tras haber visto la película Tal como éramos, con Barbra Streisand y Robert Redford (un clásico), sospecho que él, aun siendo comunista, en un determinado momento se hartó del fanatismo de ella.

Bella Dodd.

Bella Dodd, en la época de su conversión.

Diez años más, bueno, nueve, y el golpe final: la expulsaron del partido. La excusa oficial fue que ella, abogada, había asumido la defensa de un propietario contra su arrendatario. ¿Una abogada comunista defendiendo al dueño? Nunca. El arrendatario debía de ser negro, porque también la tacharon de "racista" y, por último, como todos a los que la izquierda purga, de "fascista". Lo que hace pensar que Bella se topó con una de las muchas purgas internas, al estilo de Stalin, con las que periódicamente los comunistas renuevan sus filas. 

La conversión

Para ella el partido lo era todo. Su vida, su razón de existir y vivir. Por él había renunciado a todo, incluso a su marido. ¿Y ahora? El sentimiento de dispersión, soledad, alejamiento, angustia y decepción que debe sentir cualquiera que haya acabado en esa situación debe ser abismal. Obviamente, sus antiguos compañeros le hicieron el vacío. Y no tenía a nadie más. Mientras tanto, la prensa se había apoderado de su caso. Bella había sido una exponente de la izquierda muy visible y conocida por sus batallas.

En 1951 llegó a Nueva York, donde ella residía, Fulton Sheen como obispo auxiliar. No se sabe exactamente cuál fue la ocasión que hizo que se conocieran. Entre las tareas del partido, Bella Dodd tenía la de infiltrar a comunistas en los seminarios católicos. Por este motivo debía tener algo de familiaridad con el palacio arzobispal. Pero en esa ocasión algo se había roto y se encontró llorando sobre el hombro del fascinante Sheen. Y después, no se sabe bien cómo, de rodillas en la capilla a la que él la había llevado.

A continuación escribió que no habría sabido decir cómo y por qué, pero se había arrodillado desesperada y se levantó con una profunda paz en el corazón. Más tarde, Sheen le dijo que ella había odiado el cristianismo porque no lo conocía. Era una licenciada, tenía el deber de estudiarlo. Y así fue. Bella Dodd, guiada por el obispo, empezó a ir a catequesis y el 7 de abril de 1952, lunes de Semana Santa, recibió el bautismo de manos de Sheen en la catedral.

Un plan para subvertir a la Iglesia

Escribió un libro, Escuela de oscuridad, en el que explicó que el comunismo proponía una especie de religión de la justicia social que arraigaba en los más sencillos. Y también en los católicos, más atentos a los problemas de las personas necesitadas.

Portada de 'School of darkness'.

Habló de los que ostentaban el poder económico, no solo estadounidenses, que financiaban el comunismo para plasmar y someter a las masas y, sobre todo, destruir el cristianismo. Para conseguir este último objetivo, y siguiendo las directrices procedentes de Moscú, ella misma había convencido a "por lo menos 1.200 jóvenes" a entrar en los seminarios con el fin de convertirse en sacerdotes y obispos para, así, corromper a la Iglesia desde dentro.

¿Por qué la Iglesia católica? Porque era la que estaba mejor organizada, también a nivel internacional. Cuando fue convocada por el Senado para relatar estas actividades, declaró que sabía de por lo menos cuatro cardenales que, en el Vaticano, trabajaban para el Partido comunista. A la comisión del senado le contó que los comunistas estaban presentes en numerosas oficinas legislativas del Congreso y en algunos grupos que asesoraban al presidente del país, además de la presencia que tenían en los sindicatos y otras instituciones importantes. Bella Dodd murió en 1969 a causa de una operación quirúrgica. 

Traducido por Helena Faccia Serrano.

viernes, 25 de noviembre de 2022

Agente comunista, quiso infiltrar a mil hombres en la Iglesia... el obispo Sheen cambió sus planes 25112022

 

Bella Dodd se propuso destruir la fe católica: «Descubrí que estábamos de rodillas ante la Virgen»

Agente comunista, quiso infiltrar a mil hombres en la Iglesia... el obispo Sheen cambió sus planes

Bella Dodd
'El diablo y Bella Dodd' cuenta la historia de cómo, mientras el Partido Comunista de EE.UU. intentaba infiltrarse en la Iglesia Católica, su principal agente se convertía al cristianismo. Bella Dodd (1904-1969), miembro del comité ejecutivo nacional comunista, quiso infiltrarse con más de mil hombres en los seminarios católicos. Sin embargo, Dios se infiltró en su corazón y Sheen la trajo a la Iglesia.

ReL

El obispo Fulton Sheen fue uno de los primeros telepredicadores católicos del mundo. De hecho, en su autobiografía, el Venerable Sheen recuerda haber emitido su primer mensaje de radio en 1932 y ser el primero en presentar un programa de televisión religioso en Nueva York. Ya en la década de 1950, millones de estadounidenses vieron su inspirador programa de televisión Vale la pena vivir.

La voz melodiosa de Sheen lo convirtieron en un atractivo portavoz del catolicismo estadounidense. Sin embargo, también destacó por ser un enemigo declarado del comunismo, "una ideología atea que buscaba destruir la religión". "El régimen anti Dios es siempre el régimen anti humano", dijo en una ocasión Fulton Sheen. Un obispo que contó en vida con muchos seguidores y con un puñado de conversos gracias a su ejemplo.

Una activa dirigente

En un libro publicado recientemente titulado El diablo y Bella Dodd (The Devil and Bella Dodd), del que habla Catholic Register, se cuenta la historia de cómo, mientras el Partido Comunista de EE.UU. intentaba infiltrarse en la Iglesia Católica, su principal agente se convertía al cristianismo. Bella Dodd (1904-1969), miembro del comité ejecutivo nacional comunista, quiso infiltrarse "con más de mil hombres" en los seminarios católicos. Sin embargo, Dios se infiltró en su corazón y Sheen la trajo a la Iglesia.

"Sheen me dejó llorar, y luego, sin darme cuenta, descubrí que ambos estábamos de rodillas ante la Santísima Madre en una pequeña capilla", recuerda Dodd en el libro. El arzobispo le dijo: "Bella, si quieres proteger a las personas a las que dices que amas, a la gente de este país y a todos los seres humanos del mundo, debes saber algo sobre el cristianismo. Sheen le entregó un rosario y la dejó marchar".

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Dodd fue expulsada del Partido Comunista en una purga interna.

Bella Dodd (19041969) había nacido en Italia, y emigró de pequeña con sus padres a Estados Unidos. Se graduó en Leyes en la Universidad de Nueva York, en una época en la que ya se reconocía como militantemente agnóstica. En 1932 era ya una de las más activas dirigentes del Partido Comunista, y acabó formando parte de su comité de dirección.

En 1949, sin embargo, fue expulsada. El partido alegó que en su labor como abogada, había defendido en un pleito a un propietario frente a un rentista, contraviniendo las normas de la organización contra la propiedad privada. En realidad era víctima de una de las clásicas purgas internas de los partidos comunistas, en pleno auge del estalinismo. La noticia de su expulsión, dada su notoriedad, salió en todos los periódicos.

Rechazo al materialismo

Bella lamentó que muchos de sus compañeros aceptaran las consignas del partido que la acusaba de "fascista". Por aquel tiempo Dodd conoció a Fulton Sheen, quien había llegado en 1951 a Nueva York como obispo auxiliar. Desencantada al comprobar en carne propia la falsedad del comunismo como mero aparato de poder, siguió una evolución filosófica que le llevó a rechazar el materialismo dialéctico, y quiso ingresarse en la Iglesia.

Como no se pudo comprobar si había sido bautizada al nacer, en la Vigilia Pascual de 1952 fue bautizada por Sheen en la catedral de San Patricio. En 1954 escribió un libro, School of darkness (Escuela de oscuridad), denunciando los poderes económicos que estaban financiando en Estados Unidos, y en otros países, a los partidos comunistas para controlar al hombre común y destruir la civilización cristiana.

Fulton

El obispo Fulton Sheen, auxiliar de Nueva York, fue uno de los primeros católicos en predicar a través de la radio y la televisión en EE.UU.

Y denunció algo más: "En los años 30 introdujimos a once hombres en el sacerdocio con la misión de destruir a la Iglesia desde dentro. Ahora están en lugares elevados, desde donde trabajan para debilitar la actitud de la Iglesia contra el comunismo". En 1969, un año antes de morir, entendiendo que sus advertencias se estaban cumpliendo, hizo un intento por volver a la política con un pequeño partido, pero apenas obtuvo un 3% de votos.

"Este nuevo libro trata de conversión, de esperanza y redención. Se trata de vencer el mal, de buscar un destello de fe más allá de los fríos muros de la oscuridad", escriben los autores en la introducción. El demonio y Bella Dodd  tampoco rehuye la política. Hace referencia, por ejemplo, a la tan actual 'cultura de cancelación' al recordar que algunos la llamaron 'racista' y 'fascista' por convertirse al catolicismo.

Los tres ganaron

"Bella Dodd es una figura fundamental de la Guerra Fría, una valiente mujer estadounidense que luchó sin miedo contra el comunismo ateo", escribe sobre el libro Sebastian Gorka, presentador de un programa de entrevistas. "Ella no debe ser olvidada. Por fin, gracias a este trabajo, ya no lo estará", añade.

La socióloga Anne Hendershott, profesora de la Universidad Franciscana de Steubenville en Ohio apunta que: "La propia Dodd reconoció que su objetivo demoníaco más importante era destruir la fe del pueblo católico mediante la promoción de una pseudorreligión de 'justicia social' que se parecía al catolicismo pero que claramente no lo era".

Aquí puedes ver una de las catequesis del obispo Fulton Sheen. 

Al final del libro, los autores ofrecen este resumen: "En el enfrentamiento entre el diablo y Bella Dodd, Lucifer tuvo sus pequeñas victorias, pero al final, Dodd prevaleció. Ella ganó, el obispo Sheen ganó y su Iglesia ganó".

sábado, 23 de marzo de 2019

La Iglesia proclama el martirio de 7 obispos grecocatólicos rumanos asesinados por los comunistas 19032019

Contamos la tenaz persecución rumana de los años 50 contra los católicos orientales

La Iglesia proclama el martirio de 7 obispos grecocatólicos rumanos asesinados por los comunistas

Con corona los obispos grecocatólicos Hossu, Frentiu, Nicolescu y Rusu... la persecución comunista fue tenaz y cruel
Con corona los obispos grecocatólicos Hossu, Frentiu, Nicolescu y Rusu... la persecución comunista fue tenaz y cruel
Con un decreto recién firmado por el Papa Francisco, la Iglesia proclamará mártires y beatos a los 7 obispos católicos de rito oriental que fueron detenidos, torturados y asesinados por las autoridades comunistas de Rumanía durante los años 50.  El Papa Francisco visita Rumanía del 31 de mayo al 2 de junio de 2019 y probablemente aprovechará el viaje para beatificar a los mártires.
Se trata de:
- Valeriu Traian Frenţiu 
- Vasile Aftenie 
- Ioan Suciu 
- Tit Liviu Chinezu 
- Ioan Bălan 
- Alexandru Rusu 
- Iuliu Hossu (obispo de Cluj-Gherla, en 1964 sale de la cárcel, queda bajo arresto domiciliario, muere en 1970; Pablo VI lo había creado cardenal "in pectore", es decir, en secreto)
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Cadáveres que siguen sin aparecer
Han pasado 60 años y los cadáveres de tres de ellos siguen sin aparecer. El historiador e investigador Gheorghe Petrov explica en el interesante y terrible libro La tortura del silencio(de Guido Barella, en español en Rialp) que “se sabe sólo que sus cuerpos fueron enterrados en lo que se llamaba el Cementerio de los pobres de Sighet, pero el sitio sigue siendo desconocido”. Sighet fue una de las peores prisiones del régimen comunista rumano,  solo superada en perversidad por Pitesti.
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Con sotana larga de botones, Hossu, en 1919; 
llegaría a ser cardenal "in pectore" sin que nadie lo supiera, 
en los años 60
Una Iglesia católica oriental viva y pujante
Los católicos de rito griego en Rumanía eran aproximadamente un millón y medio en 1945. Era una iglesia viva y pujante, unida a Roma desde 1698. Se organizaba en 5 diócesis y contaba con unos 1.600 curas, la mayoría casados y con hijos, conforme a la costumbre oriental, distribuidos en unas 1.700 parroquias. Valeriu Traian Frentiu, uno de los obispos mártires, por ejemplo, era hijo de sacerdote, como sucedía a menudo.
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La ficha personal de Hossu como preso comunista
Pero “en octubre de 1948, las autoridades de la Rumanía comunista, junto con la jerarquía ortodoxa, terminaron con la existencia jurídica de la Iglesia greco-católica. Fue una decisión tomada siguiendo órdenes de Moscú, en función de un proyecto minucioso que tenía como objetivo separar del Vaticano a todos los países que, tras la guerra, quedaban bajo la influencia de la URSS”, explica el historiador Gheorghe Petrov.
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De izquierda a derecha: los obispos grecocatólicos Hossu, Frentiu y Rusu, 
antes de la persecución comunista
Primera fase: presionaron a 1.600 clérigos, ceden 38
La estrategia comunista consistía en integrar a los católicos de rito oriental en la Iglesia ortodoxa local, mucho más controlable, desconectándolos de la Iglesia universal. Se empezó con una campaña animando al clero católico a integrarse en la ortodoxia: de 1.600 clérigos, solo 38 cedieron. El obispo Hossu proclamó la excomunión de estos 38 "ipso facto" (es decir, "por el hecho mismo" de su desobediencia).
A continuación, la Iglesia Ortodoxa rumana -totalmente controlada por el poder comunista- declaró disuelta a la Iglesia greco-católica y lo celebró con una gran misa “de reunificación”. Los comunistas confiscaron los edificios y bienes grecocatólicos: parte para el Estado comunista, parte para la dócil y amedrentada Iglesia Ortodoxa local.
De confiscar a encarcelar y matar
Tras las confiscaciones, llegó la persecución física ese mismo año de 1948: cientos de clérigos grecocatólicos fueron detenidos. Les presionaron para que se hicieran ortodoxos, pero casi ninguno cedió

Primero los encerraron en monasterios ortodoxos bajo vigilancia, como “huéspedes”. Ya en 1950 pasaron a los obispos a la horrenda prisión de Sighet.

Mientras tanto, puesto que el pueblo grecocatólico no podía acceder a sus obispos detenidos, la Nunciatura vaticana en Bucarest procedió a ordenar rápidamente a 6 nuevos obispos más jóvenes: Alexandru Todea, Titu Liviu Chinezu, Ioan Chertes, Juliu Hirtea, Ioan Ploscaru y Ioan Dragomir. Pero las autoridades comunistas los localizaron pronto y los encarcelaron. Siendo más jóvenes y fuertes, sobrevivieron a su encarcelamiento y, años después, fuera de prisión, pese a estar vigilados, formaron una eficaz red clandestina de sacerdotes grecocatólicos.
El obispo Suciu que no se escondía
En ese año de presiones de 1948, el obispo grecocatólico de Alba Julia, Ioan Suciu, predicaba así, en público, en su catedral de Braj: “Nos someteremos a las leyes pero no haremos nada contra nuestra fe. Y si nos preguntan: ¿de qué parte estáis, de parte del pueblo o de parte del Papa?, responderemos: de parte de Dios, para que ayude a este pueblo”.
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Con sombreo y barbita, Ioan Suciu en una boda

Los historiadores hoy tienen numerosos informes de la inteligencia del régimen comunista, la temida Securitate, detallando cada homilía o discurso del obispo Suciu. En Pascua de 1948, por ejemplo, predicaba: “Una larga vida y la misma libertad no tienen significado cuando el número de cadáveres crece cada día y las cárceles y los campos de concentración están llenos de presos políticos”.

También tenemos acceso a las transcripciones de los interrogatorios a los que fue sometido por la Securitate. “¿Agitador? Sí, yo agito las conciencias para ponerlas en orden con Dios. No he predicado ni predicaré contra las autoridades, pero defenderé siempre a la Iglesia y la doctrina católica”, declaró en una de esas sesiones. 

Lo detuvieron el 28 de octubre de 1948, reteniéndole primero en un monasterio ortodoxo y luego en la cárcel de Sighet. Murió a causa de las repetidas torturas físicas, en la celda número 44, el 26 de junio de 1953, después de 5 años de calvario.
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La ficha del obispo Ioan Suciu
Se dice que murió en brazos del obispo Juliu Hussu y que los carceleros arrastraban su cadáver por las escaleras para que todos oyeran el truculento golpear. Tenía 46 años.
Obispos en la fosa común
Este obispo Juliu Hussu también fue arrestado en 1948, enviado a un monasterio ortodoxo (en realidad, una prisión controlada) y luego a la cárcel de Sighet. Al cabo de unos años lo dejaron marchar, pero como organizó una misa solemne en la plaza de la Universidad de Cluj lo volvieron a encarcelar en 1956. Pablo VI lo nombró cardenal “in pectore” (en secreto) en 1969, algo que se supo sólo en 1973, cuando ya estaba muerto.

A la misma fosa común fue arrojado el obispo Titu Liviu Chinezu, que de hecho había sido consagrado obispo en la mismísima cárcel de Sighet, a escondidas, por otro obispo allí detenido, el pastor de Lugoj, Ioan Balan

Se sabe que Chinezu, cada vez que recibía presiones de las autoridades comunistas para que se pasase a la Iglesia Ortodoxa (donde estaría siempre vigilado, dócil y controlado por la Securitate) respondía con humor: “No entiendo cómo el gobierno de Bucarest, que hace profesión de ateísmo, es tan misionero de la Iglesia Ortodoxa”

En enero de 1955 lo pusieron en una gélida celda sin ventanas, cuando la temperatura exterior era de 20 grados bajo cero. Murió el 15 de enero, probablemente de congelación. 
Ioan Balan, trabajados forzados con 70 años
Ioan Balan, obispo de Iugoj, tenía cierta experiencia como preso: durante la Primera Guerra Mundial le habían detenido las autoridades rumanas acusado de ser espía austrohúngaro, aunque el rey rumano pidió después que se le liberara convencido de su inocencia. Ahora, 40 años después, le encerraban los comunistas. En 1950 se le condenó a trabajos forzados extenuantes en Sighet: tenía 70 años.
Cinco años después, cuando se cerró Sighet (ese año la Rumanía comunista entraba en la ONU y le interesaba fingir un lavado de cara), se le mantuvo bajo vigilancia, enfermo y agotado, en monasterios ortodoxos, hasta que murió en 1959.
El obispo Frentiu, ordenando obispos a escondidas
Valeriu Traian Frentiu estudió en Viena y era obispo grecocatólico de Oradea. Primero estuvo preso en monasterios y se las arregló para consagrar obispo, a escondidas, a Ioan Chertes en la noche de Navidad de 1949 (Chertes pasaría 14 años en distintas prisiones y campos de trabajo, y luego más años bajo vigilancia).
En 1950  Frentiu llegó a Sighet, donde moriría en 1952, con 77 años. Como otros en Sighet, fue enterrado una noche, sin ataúd, en un pozo común en el Cementerio de los Pobres. La tumba fue nivelada para que el lugar del entierro no se conociera ni honrara, pero una investigación en 2008 encontró sus huesos.  
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Ficha del obispo Valeriu Traian Frentiu 
Sighet: diseñada para matar de hambre
Conocemos muchos datos de la vida en Sighet por el obispo Ioan Ploscaru, que pasó 15 años en cárceles del régimen (4 en aislamiento) pero sobrevivió a todo y murió anciano, en 1998, con 87 años, y explicando los hechos con detalle en sus memorias “Cadenas y terror”.

“El mayor suplicio de la cárcel de Sighet era el hambre. La dieta alimenticia de esta prisión estaba calculada con mucho cuidado para que el detenido no muriese rápidamente sino gradualmente por el hambre. Los alimentos eran pocos y podridos”, escribió. 

Sighet cerró como cárcel política en 1955 al entrar Rumanía en la ONU: de los 200 reclusos que albergó en apenas 8 años, 54 murieron allí. 
Hoy una Fundación con pocos fondos intenta convertir Sighet en un “lugar de la memoria”, con apoyo del Consejo de Europa, que la clasifica junto al Memorial de Auschwitz y el Memorial de la Paz en Francia como un espacio de conservación de “memoria del siglo XX”. Su web-memorial es www.memorialsighet.ro .


Obispos católicos latinos y orientales en el espacio de reflexión y oración que hoy está ubicado en el Memorial de Sighet

Torturado en el Ministerio de Interior
Otros obispos fueron asesinados en otros espacios. El vicario general de Bucarest, Vasile Aftenie (que desde 1940 era también obispo auxiliar de Alba Julia) fue arrestado en 1948, pasó por un campo de concentración, luego un monasterio y, como se negaba a hacerse ortodoxo, en mayo de 1949 lo torturaron en los sótanos del Ministerio del Interior. “Ni mi fe ni mi nación están en venta”, dijo a sus torturadores. 

Murió en mayo de 1950, pero logró al menos un funeral católico y una tumba en el cementerio católico de Belu, en Bucarest.

La celda negra: desnudo, encadenado en la oscuridad
Alexandru Rusu, el obispo de Maramures, arrestado en 1948, pasó primero por conventos-prisión. En 1950 llegó a Sighet donde pasó mucho tiempo en la terrible “celda negra”, desnudo, encadenado de pie y en oscuridad absoluta. Sobrevivió a 5 años en condiciones terribles.

Puesto en libertad vigilada, en 1956 firmó con los obispos Ioan Balan y Ioan Hussu un documento en defensa de los derechos religiosos de los grecocatólicos. Volvieron a detenerlo y en 1957 el régimen le condenó a 25 años de trabajos forzados, alojado en una celda subterránea en Gherla. Murió allí en 1963. Los documentos dicen que se le enterró en el cementerio de presos políticos de la cárcel… un lugar que luego las autoridades comunistas araron para nadie identificara los restos. 
 
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Alexandru Rusu, obispo de Maramures, 
murió tras 15 años de prisiones y maltratos


Todea: 13 años de cárcel, 27 de arresto domiciliario
Otro caso es el de Alexandru Todea, que cuando los comunistas disolvieron la Iglesia grecocatólica en 1948 era un simple sacerdote. Lo consagraron obispo en secreto en 1950. Lo encarcelaron de 1951 a 1964.
 
Pero esos 13 años no lo hundieron: al salir reorganizó la Iglesia grecocatólica a pesar de que oficialmente lo sometieron a 27 años de arresto domiciliario. Cuando cayó el comunismo fue nombrado arzobispo y luego cardenal con Juan Pablo II.

Todea, en 1990, al caer el Muro de Berlín, habló así en un sínodo de obispos en Roma: “Hablo de una iglesia mártir, que ha vivido 16 años en prisión. Durante este periodo, de los doce obispos que tenía, cinco han muerto en prisión, dos en los monasterios ortodoxos como presos y dos después de la liberación con la salud maltrecha. Hablo en nombre de una Iglesia que ha perdido las iglesias pero ha transformado las celdas de las cárceles en otras tantas capillas y ha abierto seminarios en las catacumbas rumanas del vigésimo siglo. Durante el tiempo de la persecución fueron ordenados cerca de doscientos sacerdotes”, explicó.