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sábado, 22 de octubre de 2016

La Persecución Religiosa de Don Manuel 22102016

La Persecución Religiosa de Don Manuel

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22 octubre 2016
Lo sucedido con Don Manuel González en 1931, es significativo para enfocar toda la persecución religiosa de 1936. No comenzó en 1936 como nos quieren hacer creer ciertas ideologías. Se inició en 1931 cuando tomó el poder real la izquierda española. Luego en 1934 en Asturias cayeron muchos mártires: seglares, sacerdotes y Consagrados.
   El 15 de diciembre de 1930 se produjo la sublevación de Jaca. A las nueve de la mañana se produce un conato de incendio en una de las ventanas del Palacio Episcopal. Lo curioso es que la noticia se lee en periódico la Rebelión de aquel mismo día. La redacción de la noticia se había redactado antes de suceder.. El 14 de abril de 1931 se proclama la República en España. En Málaga se producen los clásicos acontecimientos en estos casos: derribo de estatuas, incendios, asaltos a viviendas particulares. Don Manuel escribió una carta pastoral ordenando a los católicos el acatamiento del poder constituido. Cumplimentó al nuevo Gobernador Civil. Todo en calma.
   El día 11 de mayo fue una orgía infernal e incendiaria en Madrid. Ardieron Conventos, Colegios e Iglesias. Entre otros, la casa profesa de la Compañía de Jesús en la calle Flor. En ella residía el gran historiador, P. García Villada con miles de fichas históricas. Todo fue destruido. En la madrugad del día 12 y durante todo el día, los sucesos de Málaga afectaron a la ciudad e incluso a la república, según Don Miguel Maura Ministro de gobernación de la República. Afectaron especialmente a su Obispo. Aquella noche, se quemaron 20 Conventos e Iglesias y el propio palacio Episcopal. Incalculable el arte y el patrimonio cultural que se quemó aquella noche.
   El día 11 por la tarde llamó a don Manuel el Secretario del Gobernador para indicarle que estuviera tranquilo. A las 11 de la noche paz absoluta. A las 12, como a hora fijada, la plaza se llenó de una masa de gente que gritaba. Bien dirigida y provocada por elementos conocidos en la ciudad. Avisaron al Señor Obispo. Recogieron los Copones de las distintas Capillas y don Manuel con sus familiares, las Hermanas de la Cruz, que vivían en una parte del Palacio y las personas que les acompañaban aquella noche, consumieron las formas consagradas. Mientras tanto las turbas habían roto las puertas y corrían por el piso bajo.
   Intentaron huir hacia el Colegio de los Marístas. Después de grandes esfuerzos lograron abrir. Oscuridad total. A tientas, don Manuel logró dar con otra puerta que da a la calle Fresca. No la pudieron abrir. Después del acto de contrición les dio la absolución a todos. “Ofrecemos nuestras vidas –ofrecemos nuestras vidas –continuó don Manuel- por la Iglesia y por el reinado del Corazón de Jesús en España y en la diócesis”. Comenzaron el Rosario. Terminado el primer misterio –Getsemaní- la gente de la calle abrió la puerta; no vieron a nadie. Alguien gritó <Vamos por gasolina>. Desde dentro cerraron la puerta con cerrojo. Poco después allí estaban los invasores. Don Manuel dio orden de abrir la puerta. Gritos de <¡Muera el Obispo!> fueron acallados por otros más sensatos. Uno de ellos traía las cuerdas para atar al Obispo. No lo hizo. Todos juntos y protegido don Manuel por un matrimonio y un joven que le reconocieron, comenzaron la calle de la amargura por las calles de Málaga. El Palacio, cuyas llamas contemplan y 22 iglesias y conventos ardieron aquella noche en la ciudad. Llagaron a la casa del sacerdote don Antonio Rodríguez Ferro. Allí pasaron la noche. Alguien comentó que no tenían ni para poner una carta. “Mejor, ahora estamos como los apóstoles”, comentó don Manuel. Estaban sitiados. A las ocho de la mañana, llamó a su amigo Eduardo Heredia. Él respondió que le recogería y que estaba dispuesto a todo. Llegó don Eduardo con su esposa María que moriría vilmente asesinada el 24 de septiembre de 1936. Era la Presidenta de las Marías de los Sagrarios.
   Don Manuel con su familia marchó a la finca de don Eduardo. En el camino pudo comprobar cómo el Seminario había sido asaltado. Dolor sobre dolor. Lloró con lágrimas amargas y serenas. En la finca había serenidad. El día 13 de mayo celebró la Eucaristía y recibió a varios sacerdotes. A partir del mediodía, cambió la situación. Aparecieron grupos de campesinos, declarados en huelga; con actitudes amenazantes y con presencia de dirigentes revolucionarios. A las cuatro de la tarde daban una hora al Obispo para marcharse. Salieron con el Santísimo de la Capilla. En la familia en que pensaban residir, no fueron bien recibidos. Se imponía una solución. Don Manuel la rechazó en un principio; en atención a su familia la aceptó: Gibraltar. Allí le recibió su Obispo, Moseñor Richar Fizgerald. Durante unos días, residió en un hotel. Luego se trasladó a un Asilo regido por Hermanas españolas.
   Allí, se enteró don Manuel de toda la tragedia de la Málaga creyente. Más de 40 edificios religiosos habían sido quemados y saqueados en 24 horas. No se rindió al desaliento. Su deseo era volver a Málaga. Se lo prohibió el Nuncio. Volvió a Ronda el obispo desterrado, le acogieron los Salesianos. Desde allí, apacentó a sus diocesanos con su mejor celo. Alegría en los católicos; muchas reticencias en los gobernantes. Al volver de Roma el uno de noviembre de 1932, se entera de que el Ayuntamiento de Ronda se negaba a garantizar la seguridad de Obispo. Los centros de poder persistían en su rencor irreconciliable. El Nuncio le confirmó que no volviera a Ronda. Era un mandato. No le permitía ni visitar su diócesis.
   Desde un piso de la calle Blanca de calle Blanca de Navarra, dirigió su Diócesis con el celo de siempre pero con las limitaciones consiguientes. La situación era insostenible. Por fin, el 5 de agosto de 1935, se publicaba su nombramiento oficial para la Diócesis de Palencia. El calvario sufrido terminaba en la hermosa ciudad castellana. Su despedida de Málaga terminaba con estas palabras: “Salí de Málaga llorando. Y a los cuatro años de separación efectiva, al sonar en el reloj de la Providencia la separación afectiva…, dejadme que os diga: ¡no me avergüenzo! Obedezco y lloro también… he cumplido con vosotros el principal, el esencial deber de un Pastor: amar a sus ovejas. No se llora al dejar lo que no se ama”.
   Don Manuel inició su labor apostólica en Palencia con unos Ejercicios espirituales en la Trapa de Venta de Baños. Su celo no lograron apagarlo los desengaños sufridos. Aumentó su entusiasmo por la Eucaristía creció. A Palencia trajo el Noviciado de las Misioneras Eucarísticas de Nazaret. Y desde esta ciudad se derramó el perfume eucarístico por todo el norte de España. Cuidó las misiones Populares para la evangelización de los pueblos palentinos. El éxito fue llamativo. En becerril de Campos, en la conclusión de la Misión, antes de la homilía de Don Manuel subió al púlpito el P. Sarabia, gran predicador redentorista y dijo: “Señor Obispo, tengo la alegría y el honor de presentarle a un pueblo en gracia de Dios. Hoy, en Becerril de Campos, todos han recibido la Sagrada Eucaristía”.Don Manuel quiso hablar, pero no pudo. Rompió a llorar. Intentó superar su reacción. En vano. Y dejó la Misa sin homilía. Las lágrimas fueron su mejor sermón.
   Cuidó su seminario como a las niñas de sus ojos.
   Una enfermedad de riñón la fue minando poco a poco. Casi siempre con intensos dolores. Murió en Madrid el 4 de enero de 1940. Reposa en la capilla del Santísimo de Palencia. Allí tenía que estar su fiel adorador. Desde aquella tarde de Palomares del Río habían pasado muchos años; su mutuo cariño había aumentado día a día. ¡ Gloria Dios!

 
 

 
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domingo, 16 de octubre de 2016

El Obispo de los Sagrarios Abandonados 15102016

El Obispo de los Sagrarios Abandonados

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15 octubre 2016
Don Manuel González García nació en Sevilla, calle del Vidrio, el 25 de febrero de 1877. Murió en Madrid el 4 de enero de 1940. Canonizado el 16 de octubre del 2016, en Roma, por el papa Francisco. Su padre tenía una carpintería con la sustentaba a su familia. Su madre, profundamente cristiana, la sostenía con amor. Comulgaba cada día en la Misa del alba. Tenían una pobreza serena, dirá años después don Manuel. Durante tres años estudió en el Colegio san Miguel, donde estudiaban los seises sevillanos. Allí vivió y experimentó sus dos grandes amores: Al Santísimo Sacramento y a la Virgen Inmaculada. A los 12 años entró en el Seminario de Sevilla.
   PALOMARES DEL RÍO- Tengo la dicha de tratar, con frecuencia, a las Misioneras Eucarísticas de Nazaret, fundadas por Don Manuel González. Siempre les doy la misma orientación: Id a Palomares del Río. Palomares del Río fue la experiencia que le marcó toda su vida. Desde octubre de de 1901 hasta febrero de 1902, ejerció de predicador ambulante. Predicó en la ciudad y en algunos pueblos sevillanos. El contacto con los pueblos le descubrió la triste situación en que se encontraban. El Arzobispo de Sevilla le encomendó predicar una misión en Palomares del Río. Pasó el Guadalquivir y montado en un borrico caminó junto al Sacristán durante una hora. Don Manuel le hizo varias preguntas sobre la vida religiosa del pueblo. Las respuestas fueron deprimentes. La gente no iba a la Iglesia, salvo en los actos de cumplimiento: bodas bautizos, funerales… Al entrar en el pueblo nadie salió a recibirlo. Bajo del burro; nadie en la calle. <Usted no sabe cómo están los pueblos> comentó irónico el sacristán. Desolado entró en la Iglesia; se arrodilló ante el Sagrario.  “¡Qué Sagrario! ¡Qué esfuerzos tuvieron que hacer allí mi fe y mi valor para no volver a tomar el burro que aún estaba amarrado a los aldabones de la puerta de la Iglesia, y salir corriendo para mi casa”. No se derrumbó; solo ante el Sagrario durante largo rato, encontró la misión de su vida. Catorce años después, relató lo sucedido en Palomares del Río: “Allí encontré mi plan de misión y alientos para llevarla a cabo; pero sobre todo encontré… Aquella tarde, en aquel rato de Sagrario, yo entreví para mi sacerdocio una ocupación en la que antes no había soñado. Ser cura de un pueblo que no quisiera a Jesucristo, para quererlo yo por todo el pueblo, emplear mi sacerdocio en cuidara Jesucristo en las necesidades que su vida de Sagrario le ha creado, alimentarlo con mi amor, calentarlo con mi presencia, entretenerlo con mi conversación, defenderlo contra el abandono y la ingratitud, proporcionar desahogos a su Corazón con mis santos sacrificios”.
   El primer destino de don Manuel fue el Asilo de las Hermanitas de los Pobres de Sevilla. Poco tiempo después, dirá que fueron los años más felices de su vida. Celebraba la Misa a diario, los visitaba todas las tardes. Poco tiempo después, la mayoría de los residentes comulgaban a diario, celebraban los primeros viernes, participaban en el Apostolado de la Oración. Organizó turnos de adoración y de compañía a los Sagrarios Abandonados.
   La gran preocupación del cardenal Spínola, Arzobispo de Sevilla, era Huelva. Los santos tienen un olfato especial para descubrirse, allí mandó a don Manuel y allí estuvo diez largos años. No querían alquilar casa al cura. Cuando se presentó el primer día, a las cinco y media de la mañana, encontró la iglesia cerrada. El sacristán se presentó a las ocho. En adelante, abría a las cinco y media, celebraba a las sesis. Tres mujeres asistían. Confesiones ni por casualidad. Pus el confesonario frete al Sagrario y esperó muchos días. Cuando se encontró de nuevo con su Arzobispo le plateó la situación. Le contó que los chiquillos le tiraban piedras.
 
  • Y ¿Qué hace usted cuando le tiran piedras?
  •  <<Torearlas>>
   Su labor en Huelva fue enorme Casa escuelas... Antes de iniciarla dedicó largos ratos ante el Santísimo. Cultivó a los pocos que tenía y después atendió a los de fuera. Confesonario y Eucaristía. Restauró la capilla del Santísimo. Sabía por dónde tenía que comenzar. La catequesis de niños siempre terminaba ante el Sagrario. Dio sus frutos.
 
  • ¿qué traéis con  ese aire de parlamentarios?
  •   Que queríamos que nos diera permiso para pasar toda la noche junto al Sagrario.
  • Chiquillos, ¡toda la noche!
  • Sí, ya tenemos permiso de nuestras madres y nos traemos aquí en el bolsillo pan y queso para comérmelo antes de las doce. Y viene con nosotros Fulano y Futano, hasta nueve. Allí se quedaron toda la noche y con ellos varios maestros de las escuelas.
   Las Marías de los Sagrarios nacieron en Huelva con estas palabras de don Manuel en una plática: “Yo no os pido ahora dinero para niños pobres, ni auxilio para los enfermos, ni trabajo para los cesantes, ni consuelo para los afligidos; yo os pido una limosna de cariño para Jesucristo Sacramentado; un poco de calor para esos Sagrarios tan abandonados; yo os pido por el amor a María Inmaculada, Madre de ese Hijo tan despreciado, y por amor el amor a ese Corazón tan mal correspondido, que os hagáis las Marías de los Sagrarios abandonados”.
   Al concluir sus palabras, en la capilla se entabló un diálogo intenso con Jesucristo Eucaristía; luego la Sacristía se llenó de mujeres que querían integrase en la Marías adoradores de los Sagrarios Abandonados. Nace la Asociación con un profundo sentido de adoración y como un movimiento de seglares. Pronto la Obra de Don Manuel se amplió también a los hombres también a los hombres. Las dos secciones se propagaron rápidamente.
   Pronto cayó en la cuenta Don Manuel que necesitaba un cuerpo de personas dedicadas a la Obra de las Marías de los Sagrarios Abandonados que la dieran continuidad y apoyo permanente. Así nacieron las Misioneras Eucarísticas de Nazaret el 3 de marzo de 1921. Son las encargadas de mantener la Obra y extenderla.
   Don Manuel consiguió para las Marías de los Sagrarios Abandonados un privilegio especial. Lo propuso en una plática a las Marías de Madrid: “Que Jesús vaya a visitar a sus Marías cuando a estas les toque estar enclavadas en la cruz de la enfermedad sobre el altar del dolor, y que las visite del modo más bonito y fino que tiene Él de visitar, es decir, en forma de Misa”. El entusiasmo fue extraordinario Tiene que ir usted a Roma para pedírselo al Papa. La ocasión fue la visita del cardenal Almaraz para recibir el Capelo Cardenalicio. El Papa se detuvo con él. Don Manuel no pronunció palabra. Se emocionó:“Olvidé el poco italiano que sabía y creo que hasta el castellano”. Entregó la súplica al cardenal español Vives y Tutó el 3 de diciembre a las nueve de la mañana; por la tarde tenía la concesión en sus manos. El cardenal quiso que don Manuel le asignara también un Sagrario Abandonado.
  Cuando don Manuel llegó a  Palencia como Obispo, toda Castilla se conmovió con la presencia de la Eucaristía. Desde allí se propagó no solo por la provincia, sino por todas las regiones adyacentes. Hace unos días hablé con una persona que recibió esta bendición y hablaba entusiasmada. A Palencia llevó el Noviciado de las Misioneras Eucarísticas de Nazaret. En Palencia cuidó el cariño por la Eucaristía en el Seminario y entre sus sacerdotes como era siempre su preocupación.
   En la Capilla del Santísimo de Palencia espera la Resurrección de la carne como vigía junto al Amigo entrañable.
  
      

sábado, 9 de enero de 2016

Los Magos volvieron por otro Camino 09012016


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Los Magos volvieron por otro Camino

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9 enero 2016
   Con la Epifanía concluyen la celebraciones de Navidad, levemente prolongadas has el Bautismo del Señor. Al mismo tiempo se inicia un camino. Ya no tienen necesidad de pararse en ningún sitio. La estrella les condujo a Belén y en Belén encontraron a Jesús. Es su luz que ilumina su nuevo caminar.
   De las palabras del Papa en la solemnidad de la Epifanía dos cosas me han llamado la atención: un en el rezo del Ángelus, otra en la homilía.
   En el Ángelus: “Los Magos, dice el Evangelio, al ver <la estrella se llenaron de alegría>. También para nosotros hay una gran consolación al ver la estrella, o sea en el sentirnos guiados y no abandonados a nuestro destino. Y la estrella es el Evangelio, la Palabra del Señor, como dice el salmo <Tu palabra es una lámpara para mis pasos, y una luz en mi sendero>. Esta luz nos guía hacia Cristo. En efecto, los Magos siguiendo la estrella llegaron al lugar donde se encontraba Jesús. Allí <encontraron al niño con María, su madre, y postrándose, le rindieron homenaje>. La experiencia de los Magos nos exhorta a no conformarnos con la mediocridad, a no ir tirando, sino a buscar el sentido de las cosas, a escrutar, con pasión, el gran misterio de la vida. Y nos enseña a no escandalizarnos de la pequeñez y de la pobreza, sino a reconocer la majestad en la humildad, y saber arrodillarnos frente a ella”.
   Si contemplamos los personajes que actúan en Jerusalén, encontramos a los Magos inquietos. Apagada la estrella, podían haberse resignado, volviendo a su patria con el fracaso en el corazón. La dificultad les sirve de acicate para preguntar sobre el Niño. No se contentaron con la mediocridad. Porque allí había que sí se contentaron <con ir tirando>. Lo sabían todo. Eran los intelectuales de antes. Sabían dónde tenía que nacer el Mesías. Conocían todas las profecías al Él referentes. No se movieron ni un paso para buscar a Jesús. Somos los instruidos de ayer y de hoy. <Qué me vas enseñar a mí>. No nos quedemos encerrados en nuestro laberinto. Vete a Belén para encontrar al Señor. Sabemos mucho pero el corazón está frío.
   En la homilía de la Eucaristía el papa Francisco señaló dos aspectos importantes: A) “Los Magos representan a los hombres de cualquier parte del mundo que son acogidos en la casa de Dios. Delante de Jesús ya no hay distinción de raza, lengua y cultura: En ese Niño, toda la humanidad encuentra su unidad. Y la iglesia tiene la tarea de que se reconozca  y venga a la luz  con más claridad el deseo de Dios  que anida en cada uno. Este es el servicio de la Iglesia, con la luz que ella refleja: hacer emerger  el deseo de Dios que cada uno lleva en sí. Como los Magos, también hay muchas personas que viven con el <corazón inquieto>, haciéndose preguntas que no encuentran respuestas seguras, es la inquietud del Espíritu Santo que se mueve en sus corazones. También ellos están en busca de la estrella que muestre el camino hacia Belén”.
    B) Entre todas las estrella encontraron una que les cambió la vida. Era la respuesta a su <corazón inquieto>: “Prestaron atención a la voz que dentro de ellos los empujaba a seguir aquella luz- la luz del Espíritu Santo, que obra en todas las personas-; y ella los guió hasta que en una pobre casa de Belén encontraron al Rey de los Judíos.
   Todo esto encierra una enseñanza para nosotros. Es bueno que nos repitamos la pregunta de los Magos: << ¿Dónde está el rey de los Judíos que ha nacido? Porque hemos visto salir la estrella y venimos a adórarlo>> (Mt 2, 2)  Nos sentimos urgidos en un momento como el actual, a escrutar los signos de los tiempos que Dios nos ofrece, sabiendo que debemos esforzarnos para descifrarlos y comprender así su voluntad. Estamos llamados a ir a Belén para encontrar al Niño y a su Madre…Y, una vez que estemos ante él, adorémoslo con todo el corazón, y ofrezcámosle nuestros dones: nuestra libertad, nuestra inteligencia, nuestro amor… Es aquí en la sencillez de Belén, donde encuentra su síntesis la vida de la Iglesia. Aquí está la fuente de esa luz que atrae a sí todas las personas en el mundo y guía a todos los pueblos por el camino de la paz”