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lunes, 11 de marzo de 2019

España: Beatificación de nueve seminaristas, un testimonio para la Iglesia en estos tiempos difíciles 09032019

Seminarios Mártires De Oviedo © Facebook Del Seminario
Seminarios Mártires De Oviedo © Facebook Del Seminario

España: Beatificación de nueve seminaristas, un testimonio para la Iglesia en estos tiempos difíciles

Homilía del Cardenal Angelo Becciu
(ZENIT – 10 marzo 2019).- La beatificación en la Catedral de Oviedo de nueve seminaristas españoles, martirizados muertos en el siglo XX, es un testimonio de la Iglesia de hoy, desfigurada por el abuso sexual y el poder cometido por miembros del clero, dijo el Cardenal Angelo Becciu, celebrando el martirio de Angelo Cuartas Cristóbal y 8 compañeros, el 9 de marzo de 2019, en Oviedo (España): “Necesitamos sacerdotes honestos e irreprochables”.
Estos nueve seminaristas: Angelo, Mariano, Jesús, César Gonzalo, José María, Juan José, Manuel, Sixto y Luis, asesinados por odio a la fe entre 1934 y 1937, “oyeron la voz del  Divino Maestro que les dijo: ‘ Sígueme!’ Dijo el prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos en su homilía. Pero “este ‘¡Sígueme!’, En cierto punto, pedía una mayor y heroica disponibilidad; y, de nuevo, dijeron “sí”.
En un clima de “fuerte hostilidad católica, que apuntaba a la eliminación de la Iglesia y en particular del clero”, continuó, estaban “decididos a seguir su vocación … conscientes de las trampas y peligros a los que se enfrentaban”. Si bien fue suficiente para que sus perseguidores “los identificaran como seminaristas para dar rienda suelta a su violencia homicida”, estos jóvenes “sabían cómo perseverar con una fuerza particular hasta el último momento de su vida, sin negar su identidad de clérigos en formación”.
AK
A continuación, ofrecemos la homilía completa que el Cardenal Angelo Becciu ha pronunciado en la celebración:
***
Homilia del card. Becciu
Queridos hermanos y hermanas, En el Evangelio hemos escuchado el relato siempre conmovedor de la vocación del apóstol Mateo, también llamado Leví, según la costumbre de quienes, para las relaciones con los gentiles, combinaron el nombre hebreo con otro término griego o latino. El evangelista Lucas describe la esencia de ese encuentro entre Mateo el publicano y Aquél que iba a cambiar el curso de su vida. Pero aún más directa es la invitación que Jesús dirige a Mateo; una invitación limitada a una sola y perentoria palabra: “¡Sígueme!”. Así iniciaba para el hijo de Alfeo una nueva etapa de su vida, en la que ya no se iba a dedicar a pedir a los ciudadanos de Cafarnaúm el tributo para la autoridad pública o publicum del que precisamente deriva el nombre de publicano. Ahora era llamado a dedicar su vida a pedirles a los hombres que dieran a Dios otro tributo, el de la fe.
También estos Beatos nuestros: Ángel, Mariano, Jesús, César Gonzalo, José María, Juan José, Manuel, Sixto y Luis, un día escucharon la voz del divino Maestro que les decía: “¡Seguidme!”. Y respondieron generosamente a la llamada divina, emprendiendo el camino para convertirse en sacerdotes del Señor. Pero ese “¡Sígueme!”, a un cierto punto, ha requerido una disponibilidad aún mayor y heroica; y ellos, una vez más, respondieron “sí”. No dudaron en confesar su amor por Cristo, subiendo con él a la cruz, en la ofrenda extrema de sus jóvenes vidas. Unidos por el mismo testimonio de fe en Jesús, los nuevos Beatos fueron víctimas de la misma violencia feroz marcada por una acalorada hostilidad anticatólica, que tenía como objetivo la eliminación de la Iglesia y en particular del clero. Para sus perseguidores y asesinos, fue suficiente identificarlos como seminaristas para descargar sobre ellos su crueldad criminal, impulsados por el odio visceral contra la Iglesia y contra el cristianismo.
Estos nueve jóvenes, seminaristas de la Archidiócesis de Oviedo, estaban convencidos de su vocación al sacerdocio ministerial, comprometidos sinceramente en un camino formativo para convertirse en fieles servidores del Evangelio. Entusiastas, cordiales y devotos, se dedicaron por completo al estilo de vida del Seminario, hecho de oración, de estudio, del compartir fraterno, de compromiso apostólico. Siempre se mostraron decididos a seguir la llamada de Jesús, a pesar del clima de intolerancia religiosa, siendo conscientes de las insidias y de los peligros a los que se enfrentarían. Supieron perseverar con particular fortaleza hasta el último instante de sus vidas, sin negar su identidad de clérigos en formación. La afirmación de la condición de ser clérigos equivalía a una sentencia de muerte, que podía ejecutarse inmediatamente o ser retrasada, si bien no había ninguna duda sobre el destino que esperaba a los seminaristas una vez que habían sido identificados. Por lo tanto, cada uno de ellos, conscientemente, ofreció su vida por Cristo en las circunstancias trágicas ocurridas durante la persecución religiosa del los años Treinta del siglo pasado.
El Salmo responsorial de la celebración de hoy nos permite, en cierto sentido, interpretar algunos momentos del testimonio martirial de estos jóvenes seminaristas. ¿Cuántas veces habrían meditado las palabras del salmista: «Señor, protege mi vida, que soy un fiel tuyo?» (Sal 85, 1-2). ¿Quizá no repitieron también ellos esta invocación en la hora suprema de la prueba? En el momento de la terrible amenaza de los torturadores provistos de medios de opresión, ellos se refugiaron en Dios. Y suplicaron: «Piedad de mí, Señor, que a ti te estoy llamando todo el día […], levanto mi alma hacia ti» (vv.3-4), como queriendo decir: la prepotencia despiadada no prevalecerá sobre nosotros, porque Tú eres la fuente de nuestra fortaleza en el momento de la desesperación y de la debilidad. «Salva, Dios mío, a tu siervo, que confía en ti» (v.2). Así rezaba el salmista. Y así rezaron nuestros Beatos en la hora del martirio, cuando fueron exterminados sin piedad. Ellos no salvaron la vida temporal. Hallaron la muerte. Entregaron la vida terrenal, para obtener la vida verdadera y eterna con Cristo.
En el sacramento del bautismo, comenzó su vida nueva en Cristo. Y pereciendo a manos de los agresores, ofrecieron el último testimonio en esta tierra, siendo fieles a esa vida divina sembrada en ellos. La muerte corporal no los destruye. La muerte significa un nuevo comienzo de esta vida, que proviene de Dios, y de la que nosotros participamos por medio de Cristo, a través de su muerte y resurrección. Los nueve seminaristas perecieron; sus jóvenes cuerpos permanecen sin vida. Pero la muerte de estos inocentes anuncia con particular fuerza la verdad expresada por el profeta Isaías en la primera lectura: «El Señor te guiará siempre, hartará tu alma en tierra abrasada, dará vigor a tus huesos. Serás un huerto bien regado» (58.11). Sí, estos jóvenes aspirantes al sacerdocio, capturados y presa de la furia asesina revolucionaria anticristiana, están a salvo, están en manos de Dios que los guiará por los caminos de la vida y hará que su luz brille en las tinieblas (cfr. Is 58,10).
Provenientes de familias cristianas sencillas y de una clase social humilde, hijos de la tierra de Asturias, hoy la Iglesia reconoce en estos nueve Beatos aquella luz que ha brillado en la oscuridad de la noche y que continúa iluminando el camino de los creyentes de hoy. Por ello la Iglesia, al proclamarlos “Beatos”, agradece al Señor por el poder que ha manifestado en sus vidas cristianas virtuosas y en sus muertes heroicas. Sus testimonios son de gran actualidad: ellos no huyeron ante las dificultades, sino que eligieron la fidelidad a Cristo. El mensaje de estos seminaristas mártires habla a España y habla a Europa con sus comunes raíces cristianas. Ellos nos recuerdan que el amor por Cristo prevalece sobre cualquier otra opción y que la coherencia de vida puede llevar incluso a la muerte. Nos recuerdan que no podemos aceptar componendas con nuestra propia conciencia y que no hay autoridad humana que pueda competir con la primacía de Dios.
Con la santidad de sus vidas, los nuevos Beatos hablan sobre todo a la Iglesia de hoy. Ellos, con su sangre, han engrandecido a la Iglesia y han dado esplendor al sacerdocio. Todos estamos preocupados por los escándalos que parecen no tener fin y que desfiguran el rostro de la Esposa de Cristo. Necesitamos sacerdotes, personas consagradas, pastores generosos, como estos màrtires de Oviedo. Necesitamos sacerdotes honestos y irreprensibles que lleven las almas a Dios y no causen sufrimiento a la Iglesia ni turbacion al pueblo de Dios.
Los nuevos Beatos, con su mensaje y su martirio, nos hablan a todos y nos recuerden que morir por la fe es un don que se concede solo a algunos; pero vivir la fe es una llamada que se dirige a todos.
Que con su ejemplo y su intercesión, estos jóvenes seminaristas Beatos nos ayuden a reavivar nuestra adhesión a Jesús, mostrando con el ejemplo de la vida al hombre nuevo del que hemos sido revestidos en el bautismo. Que ayuden a todo bautizado a encaminarse por la vía de la santidad y a ver en ellos modelos convincentes a seguir con una entrega sin límites a la llamada de Dios.
Por ello los invocamos: Beato Ángel Cuartas Cristóbal y ocho compañeros mártires, ¡rogad por nosotros!

domingo, 19 de marzo de 2017

EL SACERDOTE

EL SACERDOTE
Cuando se piensa que solamente un sacerdote puede perdonar los pecados y que lo que él ata en el fondo de su humilde confesionario, Dios, obligado por su propia palabra, lo ata en el Cielo, y lo que él desata, en el mismo instante lo desata Dios...
Cuando se piensa que Nuestro Señor Jesucristo, en la última Cena, realizó un milagro más grande que la creación del Universo con todos sus esplendores, y fue convertir el pan y el vino en su Cuerpo y Sangre para alimentar al mundo, y que este portento, ante el cual se arrodillan los ángeles y los hombres, puede repetirlo cada día un sacerdote...
Cuando se piensa que un sacerdote hace más falta que un rey, más que un militar, más que un banquero, más que un médico, más que un maestro, porque él puede reemplazar a todos y ninguno puede reemplazarlo a él...
Cuando se piensa que un sacerdote, cuando celebra en el altar, tiene una dignidad infinitamente mayor que un rey; y que no es ni un símbolo, ni siquiera un embajador de Cristo, sino que es Cristo mismo que está allí repitiendo el mayor milagro de Dios...
Cuando se piensa que el mundo moriría de la peor hambre si llegara a faltarle ese pan y ese vino, y que eso puede ocurrir, porque están escaseando las vocaciones sacerdotales, y que cuando eso ocurra se conmoverán los cielos y estallará la Tierra, como si la mano de Dios hubiera dejado de sostenerla; y las gentes aullarán de hambre y de angustia, y pedirán ese Pan, y no habrá quien se lo dé; y pedirán la absolución de sus culpas, y no habrá quien las absuelva, y morirán con los ojos abiertos por el mayor de los espantos...
Cuando se piensa todo esto, uno comprende la inmensa necesidad de fomentar las vocaciones sacerdotales...
Uno comprende el afán con que en tiempos antiguos, cada familia ansiaba que de su seno brotase, como una vara de nardo, una vocación sacerdotal...
Uno comprende el inmenso respeto que los pueblos tenían por los sacerdotes, lo que se reflejaba en las leyes...
Uno comprende que el peor crimen que puede cometer alguien es impedir o desalentar una vocación...
Uno comprende que provocar una apostasía es ser como Judas y vender a Cristo de nuevo...
Uno comprende que si un padre o una madre obstruyen la vocación sacerdotal de un hijo, es como si renunciaran a un título de nobleza incomparable...
Uno comprende que más que una iglesia, y más que una escuela, y más que un hospital, es un seminario o un noviciado...
Uno comprende que dar para construir o mantener un seminario o un noviciado es multiplicar los nacimientos del Redentor...
Uno comprende que dar para costear los estudios de un joven seminarista o de un novicio es allanar el camino por donde ha de llegar al altar un hombre, que durante media hora, cada día, será mucho más que todas las dignidades de la Tierra y que todos los santos del Cielo, pues será Cristo mismo, sacrificando su Cuerpo y su Sangre, para alimentar al mundo.
Hugo Wast
Vídeo sobre la vocación sacerdotal



en camino
¡¡ MUCHACHO O JOVEN !!
Quiero hacerte una llamada. ¿Te has preguntado alguna vez qué vas a ser el día de mañana? Te propongo una respuesta: RELIGIOSO-SACERDOTE
¿Para qué?
Para servir a Dios a través de darte a los hermanos tan hijos de Dios como tú.
- Les puedo ayudar desde fuera.
- Ojalá fuera verdad, pero hay muchos inconvenientes, demasiadas dificultades porque uno sólo se da del todo cuando es libre y si esto es difícil siempre, más lo es dentro del ajetreo del mundo y de la familia que te quieren acaparar para sí.
¿Qué hago yo en el Seminario?
- Te preparas intelectualmente en aquello que te guste. Aprendes a ver la vida con los ojos limpios, sin excesivos egoísmos. Ves a los hombres como hermanos y amigos y no como competidores. Te encuentras con el mejor amigo: JESÚS, quien aunque tú le falles, Él no te quita la mano ni en el llano ni en la cuesta arriba.
- El Seminario debe ser muy aburrido; no hay chicas, la vida diaria tiene que ir al son de campana; las discotecas, los bailes...
¿Y qué más?
Conozco la vida de los seminarios y ni la falta de chicas, discotecas o el rígido pero también flexible horario no impiden que los muchachos y jóvenes vivan felices. Todas estas carencias a las que tienes miedo se diluyen en la oración y en la eucaristía, en el trabajo de catequesis, en la dedicación a los pobres en las organizaciones caritativas, en la alegría de la familia viéndote que eres feliz sin haber dejado de ser muchacho y joven a la vez.
- Mis padres perderán un hijo.
- Tus padres ganarán un hijo; puedes estar seguro, porque tu cariño no tendrá que dividirse con otras gentes. Cuando se ama a Dios, los demás, comenzando por la familia, se convierte en el centro preferencial de nuestro pensamiento.
- ¿Viven alegres los seminaristas?
- Te diré lo que Jesús: "Ven y lo verás". No sé si te lo creerás, pero cuando los demás jóvenes de tu edad ven la alegría y la disponibilidad con la que viven no digo que se sientan frustrados con su vida, pero sí un tanto envidiosos de la felicidad de los seminaristas, que no destruyen su vida en una especie de cárcel, sino que la construyen viviendo en el mundo, entre la gente, pero diferenciándose por su fe y sus modos de actuar del resto de muchachos y jóvenes.
- Los seminaristas tienen que ser aburridos; no se divierten
- ¿ Quién dice semejante tontería ? Te vuelvo a repetir: "Ven y lo verás". Comprobarás en un corto tiempo que este tipo de fábulas no cuajan en el Seminario. Son muchachos y jóvenes como tú, pero no tontos. A lo sumo antagónicos con la forma de pensar y actuar de los de su edad. ¿Está claro? Anímate, que no vas a entrar en una cárcel ni en un reformatorio, sino en una institución en la que se vive la vida de joven bajo la guía de Dios y de buena gente. Si no me crees por prejuicios, peor para tí. Pero como te deseo lo mejor, anímate y llama a la puerta del Seminario. Te aseguro que serás feliz.
- ¿Sólo valen los buenos y humildes?
- Y los inquietos, los enamoradizos (aunque estos lo tienen algo más difícil), los rebeldes, los contestones, los listos y los menos inteligentes. Los poco generosos, si permanecen en su egoísmo, no; estos son los únicos que no valen, porque esto requiere generosidad para darse a los demás.

Nota: Si por cualquier motivo, deseas ponerte en contacto con los PP. Reparadores, puedes hacerlo escribiendo a:
Seminario San Jerónimo
Sacerdotes del Corazón de Jesús (PP. Reparadores)
37800 ALBA DE TORMES (Salamanca)
Tel. 923 300 135

DÍA DEL SEMINARIO 2017  
Día del Seminario 2017Esta jornada se celebra desde el año 1935 con el objetivo de suscitar vocaciones sacerdotales mediante la sensibilización, dirigida a toda la sociedad, y en particular a las comunidades cristianas. Al mismo tiempo se pretende la oración por los seminarios y la ayuda a los seminaristas que se preparan para ser sacerdotes.

ORACIÓN
Dios Padre, que esperas con los brazos abiertos a cuantos se acercan a Ti, reconociendo su debilidad y su pecado.
Ayuda a quienes tú eliges como ministros del perdón para que, respondiendo con generosa entrega, modelen su corazón con el signo de la compasión, la comprensión y el amor.
Hazlos humildes ministros tuyos, presencia de tu misericordia en medio de este mundo, para que hagan eficaz en él la fuerza de tu fidelidad y de tu amor.
Marca su vida con el signo de una compasión que no solo comprende el sufrimiento, sino que acude a socorrer a cuantos sufren.
Transforma toda su persona en manos que acogen y acarician para ser «misericordiosos como el Padre».
Por Cristo, tu Hijo, nuestro Señor, que se entregó por nuestra salvación. Amén.

Datos estadísticos ofrecidos en 2017 sobre el año 2016
En 2016 han sido ordenados un total de 138 sacerdotes en las setenta diócesis que hay en España. Al mismo tiempo, durante el presente curso 2016/2017, se forman en España 1.247 seminaristas mayores. De los seminarios españoles, 12 son seminarios diocesanos misioneros Redemptoris Mater. En el curso 2016-2017 han ingresado en los seminarios mayores españoles 275 nuevos seminaristas. El pasado curso fueron 270.

Las diócesis en las que más sacerdotes se ordenaron durante 2016 fueron las de Toledo (16), Madrid (9), Valencia (7), Terrassa (7) Córdoba (6), Barcelona (5) y Getafe (5). En cuanto al número de seminaristas, las diócesis con más seminaristas son las de Madrid (196) *, Valencia (65), Sevilla (61)*, Toledo (57) y Cartagena (40).

Por otra parte, en España hay 47 seminarios menores, en los que estudian jóvenes que se plantean la posibilidad de la ordenación sacerdotal mientras estudian la enseñanza obligatoria y el Bachiller. En los seminarios menores hay 1.075 jóvenes que reciben una formación adecuada a su edad y según los casos viven en comunidad con otros seminaristas o en sus casas.

En 2015 aumentó el número de ordenaciones sacerdotales en España: hubo 150 nuevos sacerdotes, 33 más que en 2014, año en el que se contabilizaron 117.

En 2014 los ordenados fueron 117; en 2013, 131; 130 en 2012 y 122 en 2011.

El total de en 2014-2015 fue de 1.357, cifra que consolidó el aumento de aspirantes al sacerdocio por cuarto año consecutivo.

En el curso 2012-2013 hubo 1.307 seminaristas y en 2011-2012 había 1.278 seminaristas.

En el curso 2015-2016 han ingresado en los seminarios mayores españoles 270 nuevos seminaristas. En los seminarios menores las entradas nuevas han sido de 370.

En 2014-2015 fueron 262 las entradas en el seminario menor. El total de estudiantes en los seminarios menores en 2015-2016 es de 1203.

 Estos datos se hacen públicos coincidiendo con la celebración del Día del Seminario, el 19 de marzo, festividad de San José.

UN DÍA DE LA VIDA DE LOS SEMINARISTAS
(El artículo procede del semanario Paraula)
Un año más, celebramos el día del Seminario. Álvaro Almenar, de Valencia, Antonio Márquez, de L'Olleria, y José Miguel Peris, de Torrent, son tres de los 82 seminaristas que en la actualidad hay en el Seminario Mayor de Moncada (España). Estos tres jóvenes, de diferentes cursos, nos cuentan cómo se desarrolla su vida en el seminario.
Una familia de 82 hermanos
Álvaro, Antonio y José Miguel coinciden en señalar que el ambiente entre todos ellos es muy bueno. "Somos como una gran familia de 82 hermanos. Nos llevamos muy bien. Vivimos en auténtica comunión. Nos conocemos todos y podemos hablar entre nosotros con total confianza, aunque pertenezcamos a distintos cursos. Incluso, tenemos la experiencia de que la relación entre nosotros continúa cuando los compañeros dejan el seminario al ser ordenados y enviados a los pueblos. Desde luego, eso no impide que de vez en cuando surja algún problema entre nosotros o nos enfademos, exactamente igual que en cualquier familia".
Los seminaristas se levantan temprano. A las 7'30 h. han de estar preparados para el rezo de laudes. A las 8 desayunan y, rápidamente, se van al autobús que los recoge en el seminario para llevarlos a Valencia, a la facultad de Teología San Vicente Ferren Allí, cada uno acude a sus clases. Al terminar vuelven al seminarío para comer La tarde se distribuye entre el estudio, tiempo libre y actividades complementarias. Estas últimas tienen una hora de duración y son distintas cada día de la semana: lunes, deporte; martes, lenguas clásicas (latín y griego); miércoles, lenguas modernas (inglés y francés); jueves, solfeo y canto; viernes, complemento de los estudios teológicos. A las ocho menos cuarto vuelven a reunirse todos los seminaristas para el rezo de vísperas y celebración eucarística. Tras la cena, que es a las nueve, disponen de tiempo para el estudio, hasta las once en que ya han de permanecer en silencio.
Cada seminarista se encarga de arreglar y limpiar su habitación así como de lavar y planchar su ropa. Las habitaciones son individuales y muy sencillas, pero cómodas: "Tenemos dos mesas, dos sillas, armario, estantería para los libros y cama".
Los seminaristas pertenecen a una comisión de trabajo libremente elegida: informática, para el mantenimiento de los ordenadores; liturgia, para preparar las celebraciones; de biblioteca, para su mantenimiento y organización; de cultura, para preparar charlas y visitas culturales; de misiones, para organizar actividades que fomenten el espíritu misionero; de jardinería, para la limpieza y aseo del jardín; etc.
Además de pertenecer a una comisión, cada uno está encargado de prestar un servicio: prensa, teléfono, correo, preparación del café, asistencia a los enfermos, deportes, etc.
Vacaciones
Las vacaciones de los seminaristas son como las de cualquier otro estudiante. Además, disponen de un fin de semana libre cada quince días, y todos los domingos por la tarde los tenemos libres y los aprovechamos para ir a pasear, tomar un café, salir al cine y los que viven cerca pueden ir a sus casas.
Durante el tiempo libre pueden disfrutar de las instalaciones del seminario: sala de ordenadores, biblioteca, gimnasio, frontón, piscina, cancha de baloncesto, de fútbol y sala de televisión.
Para dar a conocer la vida en el seminario, durante este curso se están celebrando 'misas de puertas abiertas un domingo al mes y retiros vocacionales de fin de semana.

Ofrecimiento del Verbo Encarnado
Padre Santo, por las manos de María te ofrecemos como víctima al Verbo
Encarnado, en quien tienes todas tus complacencias. Impulsados por la
caridad que el Espíritu Santo ha derramado en nuestros corazones, nos
ofrecemos constantemente en su unión como hostias vivas y nos sacrificaremos
por tu amor en las ocasiones que se nos presenten, implorando gracias para
el mundo y la Iglesia, especialmente para los sacerdotes.
Jesús, Salvador de los hombres ¡Sálvalos!

Oración por los sacerdotes del Cardenal Richard Cushing 
Dios Todopoderoso y Eterno, mira con amor el rostro de tu Hijo y por amor a El que es el Sumo y Eterno Sacerdote ten misericordia de tus sacerdotes.
Acuérdate oh compasivo Señor que ellos son sino frágiles y débiles seres humanos. Remueve en ellos el don de la vocación que de modo admirable se consolidó por la imposición de las manos de tus Obispos.
Manténlos siempre cerca de tí. No permites que el enemigo les venza, para que nunca se hagan participes de la más mínima falta contra el honor de tan sublime vocación. Señor Jesús, te pido por tus fieles y fervorosos sacerdotes así como por los sacerdotes infieles y tibios; por los sacerdotes que trabajan en su propia tierra o los que Te sirven lejos, en lugares o misiones distantes; por tus sacerdotes tentados, por los que sienten la soledad, el tedio o el cansancio; por los sacerdotes jóvenes o por los que estén a punto de morir así como por las almas de sacerdotes en el purgatorio.
Pero sobretodo, te encomiendo los sacerdotes que más aprecio: el sacerdote que me bautizó o me ha absuelto de mis pecados; los sacerdotes a cuyas misas he asistido y me han dado Tu Cuerpo y Sangre en la Comunión; los sacerdotes que me han aconsejado, me han consolado o animado y aquellos a quienes de alguna forma les estoy más en deuda.
Oh Jesús, mantenlos a todos cerca de tu Corazón y bendícelos abundantemente en el tiempo y en la eternidad. AMEN

En el día del Seminario los futuros sacerdotes hablan del divorcio, la homosexualidad, los pobres…19032017

Seminaristas, "Cerca de Dios y cerca de los hermanos"

En el día del Seminario los futuros sacerdotes hablan del divorcio, la homosexualidad, los pobres…

En el día del Seminario los futuros sacerdotes hablan del divorcio, la homosexualidad, los pobres…

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19 marzo 2017
Por el Día del Seminario, que se celebra este domingo con el lema Cerca de Dios y de los hermanos, los periodistas Fran Otero y Cristina Sánchez del semanario Alfa y Omega han reunido a cuatro candidatos al sacerdocio de distintos carismas para confrontarlos con la realidad que les va a tocar vivir cuando sean ordenados: una sociedad secularizada, evangelización, divorciados, pobres, abusos...

La madrileña calle del Espejo, a pocos metros de la plaza de Ópera, bien podría ser la metáfora, por sinuosa, del camino que los sacerdotes del futuro tendrán que recorrer para anunciar a Jesucristo a la sociedad del siglo XXI.

En esa vía escondida se esconde una bonita cafetería que lleva el nombre de una virgen mártir, santa Eulalia.

Casualidades. Dentro, en el suelo, se ilumina lo que queda de la vieja muralla de Madrid, ciudad en la que viven estos cuatro seminaristas que comparten camino desde carismas diferentes. Martín Rodajo, del Seminario Conciliar; Juan Alcalde, del Redemptoris Mater; Michael Canzian es hermano de los Legionarios de Cristo, y Adrián de Prado va a ser sacerdote y religioso claretiano. Nos juntamos para hablar de los retos pastorales que van a tener que afrontar, y los problemas y oportunidades que les exigirán una respuesta.



¿Por qué sacerdote?
Juan: Nunca había querido ser sacerdote. Jamás. En mis planes nunca entraba el ser presbítero ni la palabra seminario. Siempre he estado en la Iglesia, concretamente en una comunidad neocatecumenal. Mis padres me transmitieron la fe, pero lo de ser sacerdote era para otros, yo tenía mis propios proyectos. Llegó un momento en el que tenía todo lo que pensaba que necesitaba para ser feliz pero mi vida era un sinsentido y, en medio de esa situación, Dios me alcanzó. A partir de ahí, el Señor me ha ido llevando hasta el punto que tuve que gritar que me ayudara. Estoy ya en el cuarto año y estoy contento.

Adrián: En mi caso ha sido un camino largo. Mi vocación ha sido un descubrimiento paulatino marcado por el sufrimiento en la infancia y la adolescencia.

Al final de esta, me encontré con los claretianos. En mi caso, la vocación más fuerte es la de religioso y luego, dentro de ese camino, he descubierto la de sacerdote.

Martín:  ¿Por qué Dios ha querido que sea sacerdote? Lo nuestro no es una iniciativa, sino una respuesta. En mis planes tampoco estaba el ser sacerdote, pero Dios se valió de unas personas para replantear mi vida. Y lo único que puedo hacer es responder que sí.

Michael: Cuando les digo a los chicos del colegio donde estoy que antes tenía piercings, el pelo de punta y era un futbolista semiprofesional me llaman “macarra”. En mi familia éramos católicos de cultura, pero no de vida, hasta que mi madre tuvo una conversión muy fuerte y nos arrastró a todos. Me comprometí a tener una relación más cercana a la Iglesia y fue un sacerdote legionario de Cristo el que me cautivó por su forma de ser. Y llegó la pregunta de por qué no ser sacerdote. Tuve que abandonar la idea por la separación de mis padres; tocaba trabajar para sacar a mi madre y a mi hermana adelante, pero la vocación seguía ahí. Dije a Dios que aceptaba, pero que él tenía que atender lo que dejaba. Un mes después mi madre encontró trabajo y, más adelante, mis padres volvieron a estar juntos.

¿Cuáles son las cualidades que debe tener un sacerdote hoy?
Michael: Disponibilidad las 24 horas.

Juan: Ser un sacerdote humilde, que se deje hacer por el Señor.

Martín:  Yo pondría el acento en ser una persona de oración, que tenga a Dios en el centro.

Adrián: Debe ser un buscador ardiente de Dios en cada circunstancia de su vida. Y alguien con un corazón sensible a la realidad de la gente.

El Papa habla de “pastores con olor a oveja”...
Adrián: No podemos ser personas alejadas de los dolores de la gente. También creo que Dios quiere ovejas que huelan a su Pastor. Tiene que haber ese doble movimiento.

Michael: Esa frase me recuerda a un sacerdote de Italia a quien los jóvenes llaman siempre si tienen algún problema. No importa la hora que sea, él siempre está disponible, siempre va a su encuentro.

Martín:  El olor a oveja se adquiere por contacto. Interpreto que lo que el Papa quiere decir es que debemos pasar de un esquema en el que el sacerdote es un mero funcionario o administrador de sacramentos, que está bien, para ir a buscar a los hombres en las situaciones en las que están. Lo suele decir don Carlos, cardenal arzobispo de Madrid, cuando habla de que hay que ir a buscar a los hombres no cómo nos guste que estén, sino como estén.

Juan: El clericalismo es uno de los grandes problemas de la Iglesia. Lo que hace el pastor con sus ovejas es lo que Cristo ha hecho conmigo; no le ha dado asco cogerme en brazos y llevarme.



¿Cuáles son los principales problemas que afronta hoy la Iglesia?
Martín:  La Iglesia tiene los mismos problemas que la sociedad, porque no es un meteorito que haya caído aquí. Destacaría el olvido de Dios, uno de los grandes males que tiene la sociedad y la propia Iglesia, pues se ha separado la fe de la vida y, por tanto, la identidad de la persona no está configurada por lo que cree.

¿Hay solución?
Martín:  Debemos generar ambientes en los que la gente se reconstruya como persona.

Más...
Martín:  Otro problema es que tenemos personas que se mueven por la emoción, lo que impide que maduren y tomen decisiones en su vida. Esto incapacita para asumir obligaciones, para el sacerdocio, para el matrimonio, para la vida... Porque los sujetos son frágiles. La raíz de todo es la fragmentación de la familia. Una solución sería, entonces, cuidar a la familia.

Adrián: Somos la primera generación eclesial que no está sabiendo transmitir la fe; al menos, en el contexto europeo. Dentro de la propia Iglesia, noto que hay gente que sí vive la fe, pero lo hace con desorientación e incapacidad para la relación con Dios.

Juan: Uno de los grandes retos de la Iglesia hoy es cómo hacer presente a Cristo en medio de esta generación.

Para muchos, sobre todo entre los jóvenes, la Iglesia es algo ajeno. Su contacto con ella se reduce a los titulares de los periódicos, que seleccionan la información más rentable. La realidad es que quizá nunca hayan visto un cristiano con una fe adulta, hay muchos bautizados –cada vez menos– pero pocos viven conscientes de ello. La clave está en la iniciación cristiana.



El Papa habla de acompañar la debilidad, de convertir la Iglesia en hospital de campaña... ¿Cómo abordaríais la situación de una familia herida o de un divorciado?
Michael: He tenido problemas familiares que me han tocado mucho y me han hecho replantearme muchas cosas. Cuando alguien va a acompañar, la primera reacción suele ser la de decir al otro qué es lo que tiene que hacer. Pero si empezamos así, chocaremos contra una pared. Debemos escuchar, consolar, acompañar... probablemente la persona ya sepa lo que tiene que hacer, pero necesita que alguien la respalde. En el caso concreto de los divorciados, lo primero es acompañar y, además, con mucho tacto.

Martín:  Añado que es importante que ese acompañamiento se materialice en acogida, que la persona encuentre en la Iglesia el lugar donde vivir sus problema. También hay que ejercer la caridad de la verdad, para lo que hay que encontrar la ocasión.

Adrián: Cuando llaman a mi puerta no llama un divorciado, llama una persona. Esto se nos olvida. Viene con su dolor a cuestas y solo espera que le abras la puerta, le mires a los ojos y le preguntes qué necesita. Al final, lo que tiene que hacer un sacerdote o un creyente es ayudar a la persona, en la situación en la que esté, a confrontar su vida con Dios. No hay que ser ingenuos, las situaciones son complejas y las heridas no se van nunca. Algunas veces tendrán un mejor encaje y otras peor, pero hasta en la peor de las situaciones no se puede cerrar la puerta.

Juan: Para acercarse a la Iglesia no hace falta tener la vida ordenada. Al revés, es a los pecadores, a los que están hechos polvo, para los que ha venido Cristo. Mi experiencia en una comunidad del Camino Neocatecumenal es que la de la vida de fe compartida va sanando a la personas en un cuerpo, que es la Iglesia.


¿Y ante un homosexual? El Papa dijo que quién era él para juzgar...
Martín:  Lo que dijo el Papa es lo que dice el Catecismo. Se agradece que lo haya sacado a la luz, porque se puede hacer una reflexión. Volvemos a lo de antes: tenemos que decirle que está en su casa y acogerle con respeto, compasión y delicadeza. Y como a cualquier persona, acompañarle a descubrir la verdad de su situación.

Michael: Yo diría que hay que vencer el miedo y salir. Da igual que sean divorciados u homosexuales... Eso sí, si la persona está en el centro, no solo las normas deben responder a los problemas, pues una norma no abarca toda la situación de una persona. A lo mejor hay matices...

¿Y los pobres?
Adrián: El ministerio me tiene que llevar a la casa del pobre; no por un papel, sino por dinamismo interno. Si una característica fundamental para ser sacerdote es la de tener un corazón sensible, cuánto más con la gente que más sufre. Un cura que no tiene ningún amigo pobre es sospechoso.

La Iglesia ha sufrido la conducta de algunos sacerdotes que han abusado de niños. ¿Cómo vivís esto?
Adrián: Con mucho dolor. Para mí siempre es una llamada al perdón y a la responsabilidad por el don que he recibido.

Martín:  El pastor en vez de cuidar a su oveja la ha destruido. Solo puede generar dolor a la Iglesia y afecta a la sensibilidad de todos, creyentes y no creyentes.

Juan: Pienso lo mismo, pero añadiría la humildad, sabiendo que todos somos muy pobres y el único que nos sostiene es Cristo

Michael: Suscribo todo lo que han dicho. El dolor no se puede eliminar, pues la herida de un miembro hace sufrir a todo el cuerpo. No juzgar con el dedo no quiere decir justificar, porque esto no se puede justificar.

Hablemos de los medios de comunicación y las redes sociales. ¿Cuál debe ser el papel de la Iglesia en ellos?
Martín:  La Iglesia debe estar presente, pues forma parte de la vida de los hombres. Puede haber un cierto debate sobre la prudencia o el hacer frente: yo soy más de lo segundo.

Adrián: Yo creo que hay que ser conscientes de que los medios tienen un fin y nosotros, otro. En unos convergemos y en otros no. No está de más la prudencia. La Iglesia tiene que ser experta en medios, pero también en comunicación humana.

Juan: Creo que, sobre todo, con el tema de las redes sociales, se cae en la tentación de decir muchas cosas pero casi ninguna relevante. Además, en tanto en cuanto despersonalizan, dificultan el encuentro entre personas en la verdad. El tema de las redes sociales y los jóvenes es tremendo, pues en vez de mostrarte te oculta, formas una imagen de ti, un ideal, que no se ajusta a la realidad, inalcanzable y lleva siempre a la frustración y a vivir en una mentira.

Michael: La Iglesia debe ser transparente a la hora de comunicar.

lunes, 12 de diciembre de 2016

El Papa Francisco revela cuál es “la tentación más peligrosa” para los seminaristas 10122016

El Papa Francisco revela cuál es “la tentación más peligrosa” para los seminaristas

Por Miguel Pérez Pichel

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Imagen referencial / Seminarista. Foto: Flickr Daniel Kedinger (CC BY-NC-ND 2.0).
Imagen referencial / Seminarista. Foto: Flickr Daniel Kedinger (CC BY-NC-ND 2.0).








VATICANO, 10 Dic. 16 / 08:02 am (ACI).- El Papa Francisco advirtió a los seminaristas que el gran obstáculo que deberán esquivar durante su formación para el sacerdocio es el narcisismo, pensar solo en uno mismo, “la tentación más peligrosa”.
En un discurso escrito entregado en el Palacio Apostólico a la Comunidad del Pontificio Seminario Regional de Puglia “Pío XI”, el Papa describió el ministerio sacerdotal como una vocación que se realiza a través de una triple pertenencia: “al Señor, a la Iglesia y al Reino”.
“Esa pertenencia –explicó el Santo Padre–, naturalmente, no se improvisa, ni nace después de la ordenación, sino antes”.
El Pontífice explicó que “la palabra ‘pertenencia’ implica el sentirse parte de un todo. Solo si nos sentimos parte de Cristo, de la Iglesia y del Reino, caminaremos bien en los años del Seminario”.
Francisco advirtió a los seminaristas que “no todo comienza y termina conmigo. Puedo y debo mirar más allá de mí mismo, con el fin de acogerme a la belleza y a la profundidad del misterio que me rodea, de la vida que me supera, de la fe en Dios que sostiene cada cosa y a cada persona, incluso a mí”.
“¿Cómo puedo acogerme a Cristo si solo pienso en mí mismo?”, se preguntó el Papa. “¿Cómo puedo disfrutar de la belleza de la Iglesia, si mi única preocupación es salvarme, protegerme y salir indemne de cada circunstancia? ¿Cómo puedo entusiasmarme con la aventura de la construcción del Reino de Dios si cada entusiasmo queda frenado por el miedo a perder alguna cosa mía?”
En este tiempo litúrgico de Adviento, dijo, “estamos invitados a vigilar el riesgo real de ser narcisistas, porque sin esta vigilancia ningún camino vocacional es realmente posible”.
Por lo tanto, hay prepararse para pertenecer “a Cristo, a los hermanos con los que compartimos el ministerio y la fe, a todas las personas que encontramos en la vida. ¡Y es en el seminario donde se empieza a aprender a relacionarse bien!”.
“No se puede pretender caminar hacia el sacerdocio sin haber tomado esta decisión en el corazón: quiero ser un hombre que se relacione”.
El Obispo de Roma invitó a los presentes a no sentirse “diferentes de sus coetáneos. No traten de ser mejores que otros jóvenes. Aprendan a estar con todos, no tengan miedo de ensuciarse las manos”.
“Si mañana van a ser sacerdotes que vivan en medio del pueblo santo de Dios, hoy deben comenzar a ser jóvenes que sepan estar con todos, que sepan aprender de cada persona que se encuentran en el camino, con humildad y con inteligencia”.
Sin embargo, precisó, esa relación con los demás debe fundamentarse en el Señor. “Que la base de toda relación sea la relación con Cristo”, señaló, e indicó que “el lugar en el que crece la relación con Cristo es la oración, y el fruto más maduro de la oración siempre es la caridad”.