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viernes, 23 de enero de 2015

Carta a los niños: "Estar en la onda de Jesús” (Mons. Carlos Osoro)

Carta a los niños: "Estar en la onda de Jesús” 


Carta a los niños: "Estar en la onda de Jesús”
CARTA A LOS NIÑOS: “ESTAR EN LA ONDA DE JESÚS”
Jornada Mundial de la Infancia Misionera 2015: “Yo soy uno de ellos”
Con motivo de la Jornada de la Infancia Misionera de la Diócesis de Madrid, quiero dirigirme a los niños para hacerles entender el significado y la importancia que tiene esta Jornada que se celebra el Domingo 25 de Enero. Su lema tiene una profundidad especial para vuestras vidas: “Yo soy uno de ellos”. Hace ya casi 172 años, el Obispo francés Monseñor Forbin-Janson se conmovió cuando unos amigos misioneros suyos le pedían ayuda para salvar a los niños de China. Ante esta demanda, él tomó la decisión de confiar a todos los niños y niñas de sus Diócesis que fuesen ellos quienes diesen la respuesta. Así surgió entre los niños una corriente solidaria y de encuentro, que les hacía sentir en su propio corazón que ellos podían ser uno de esos niños de aquel país. Y, queriendo imitar a Jesús, se pusieron a trabajar y buscar lo poco o mucho que encontraban para aquellos niños y niñas. Así fue como se complicaron la vida para cooperar en la ayuda que el Obispo les pedía: ser rostro de Jesús para aquellos niños.
Yo os pido a todos vosotros, los niños y niñas de Madrid que conocéis a Jesús y, también a quienes aún no lo conocéis, que estéis “en la onda de Jesús” y así, juntos, ser ese rostro de Jesús con obras y palabras y manos extendidas. Hay muchos niños y niñas de este mundo que no tienen lo necesario para realizar y vivir un desarrollo total de sus vidas. Otros que no conocen a Jesús y que quizá a través de vuestras obras puedan llegar a ver lo importante que es tener su amistad. Otros nunca tuvieron la gracia de escuchar esas palabras alentadoras y llenas de amor, “dejad que los niños se acerquen a mí: no se lo impidáis” (Mc 10, 14,b). ¿Sabéis lo que significa en la vida de cualquier persona saber que hay alguien que nos quiere con un amor incondicional? Hace muy pocos días, me encontré por la calle a un padre con su hijo. No los conocía de nada. A mí me habían visto por televisión. Aquel padre me paró en medio de la calle y me preguntó si lo podía escuchar. Así lo hice. Me dijo: yo no creo, pero me agradaría y gustaría que mi hijo fuera más feliz que yo. Te pido que tú, o quien digas, le enseñe a mi hijo quién es Jesús. Aquel encuentro me impresionó. Tomé su número de teléfono y he podido estar con ellos dos días, en los que creció la confianza y se inició la amistad. Un padre que estoy seguro que apunta a su hijo a este camino de confianza y solidaridad que os propongo.
Os aseguro que es importante conocer a Jesús. ¡Qué fuerza y ánimo da a cualquier ser humano, y muy especialmente a los niños, saber que Dios se ocupa de ellos y quiere estar a su lado! ¡Qué hondura tiene la vida cuando nos sabemos defendidos por Dios mismo, que quiere regalarnos su sabiduría diciéndonos el valor que tiene la vida humana desde el momento en que nos hacemos presentes en el mundo en el vientre de nuestras madres! ¡Qué belleza y plenitud tiene la vida humana cuando se la envuelve en la vida misma de Dios con el don de la gracia del Bautismo y el Espíritu Santo! Belleza suprema del ser humano que transforma en profundidad el corazón por la fuerza del amor que nos regala Jesucristo. Vosotros, niños y niñas, podéis ser también misioneros, podéis ayudar a cambiar este mundo y a que otros niños descubran esa belleza que da en plenitud Jesús, y que nos hace mirarnos como hermanos.
En esta Jornada de la Infancia Misionera que vamos a celebrar, con el lema “Yo soy uno de ellos”, quiero que os fijéis en la realidad que tantos niños en diversas partes del mundo están viviendo. Pensad por un instante que eso mismo que hizo el Obispo francés, vuestro Arzobispo Carlos os pide que lo hagáis vosotros: sed solidarios con los niños más pobres del mundo. Cuando veáis o tengáis noticia de la realidad dura de tantos niños y niñas que viven en diversos países del mundo, ayudadlos. Hay niños y niñas enfermos, sin escuelas, sin familia o que teniendo familia carecen de lo necesario para comer y para darles la educación, o que les falta el amor. Otros ni siquiera son noticia para nadie. Se quedaron sin padres por las guerras de su país, sintiendo el peso del sufrimiento y del dolor. Pensad en aquellos que no tienen reconocida su dignidad, y a quienes se les trata como si fuesen cosas que se utilizan y después se tiran.
Conocer a Jesús es saber, entre otras cosas, lo que Dios piensa de vosotros los niños. Son sumamente expresivas estas palabras de Jesús: “y, tomándolos en brazos, los bendecía imponiéndoles las manos”  (Mc 10, 16). En ellas descubrimos el valor que tiene el niño. Mirad a Dios hecho Niño en Belén: allí podéis contemplar la belleza de la infancia y también la predilección que Jesucristo manifestó hacia los más pequeños, haciéndose él también niño. Pensad por un instante en el lema: “Yo soy uno de ellos”. Sí. Imaginaos por unos momentos que no sois reconocidos como personas, que no sois valorados por lo que sois como imagen y semejanza de Dios, que no sois respetados ni acogidos, que no tenéis el calor del amor y el cariño de los vuestros, que estáis abandonados en la miseria, que vivís en el conflicto de la guerra, que padecéis la miseria, el olvido, sí, sois uno al que no le reconocen ningún valor en sí mismo... Si ahora os digo que os preguntéis: En cualquiera de estas situaciones, ¿qué pediría yo a los niños del mundo? ¿Qué obras y palabras me gustaría que llegasen a mi vida por parte de los niños del mundo? ¿Qué haría Jesús por ellos?  Responded pensando que “yo soy uno de ellos” y también que “yo puedo ser Jesús para ellos”.  Hacedlo desde lo profundo de vuestro corazón. A esos niños y niñas que viven esas situaciones humanas y existenciales, como las que muchas veces veis en imágenes por televisión, tenemos que hacerles llegar el reino de Dios, el amor de Dios.
Voy a imaginarme que todos vosotros decís las mismas palabras que Jesús: “Dejad que los niños vengan a Mi y no se lo impidáis, porque de los que son como ellos es el reino de Dios”. Jesús quiere que digamos estas palabras a todos los hombres: que todos los niños y niñas de la tierra tengan el reconocimiento que Jesús hizo de ellos. Yo os pido que las digáis y hagáis vida, los niños y niñas de Madrid, para los niños del mundo. Él quiere a los niños y niñas a su lado. Él os considera como un modelo a imitar para entrar en el reino de Dios. Las palabras que Jesús tiene para con los niños constituyen una llamada apremiante para alimentar hacia ellos un profundo respeto y prestarles atención. Dios se ha hecho niño. Se ha hecho dependiente y débil, necesitado de nuestro amor. Ahora el Dios que se ha hecho niño nos dice: No tengáis miedo, os amo, podéis amar con mi amor, el que os he regalado, y podéis hacer llegar mi amor a todos los que son como vosotros. Decid con fuerza: “yo soy uno de ellos” y quiero acercarme a ellos con un corazón nuevo, el que me ha dado Jesús, pues sólo si los hombres cambian su corazón, cambia el mundo y las relaciones entre nosotros. Pero, para cambiar el mundo, necesitamos la luz que es Jesús.
Con gran afecto, os bendice
                                               + Carlos, Arzobispo de Madrid
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CARTA A TODOS LOS NIÑOS DE MADRID CON MOTIVO DE LA JORNADA DE LA INFANCIA MISIONERA (Mons. Carlos Osoro)

CARTA A TODOS LOS NIÑOS DE MADRID CON MOTIVO DE LA JORNADA DE LA INFANCIA MISIONERA 

Domingo, 25 de enero de 2015 


CARTA A TODOS LOS NIÑOS DE MADRID CON MOTIVO DE LA JORNADA DE LA INFANCIA MISIONERA Domingo, 25 de enero de 2015
CARTA A TODOS LOS NIÑOS DE MADRID CON MOTIVO
DE LA JORNADA DE LA INFANCIA MISIONERA
Domingo, 25 de enero de 2015
"Yo soy uno de ellos"
Muy queridos niños y niñas:
            Hace ya unos años, exactamente en 1843, un obispo francés, monseñor Forbin-Janson, invitó a los niños de su diócesis a colaborar con los niños de China, porque no tenían posibilidad de conocer a Jesús como la tienen los niños de occidente.
            Hoy la situación no es muy distinta. Hay muchos niños en China y en muchos otros lugares del mundo que no conocen a Jesús. Y no le conocen porque tienen dificultad para encontrar quienes les hablen de Dios. Vosotros tenéis la ayuda de muchos sacerdotes, religiosos/as, y de catequistas, además de lo que os ayudan vuestros padres. Ellos no lo tienen fácil y necesitan de vosotros.
            ¡Qué fuerza tiene nuestra vida cuando nos convertimos en misioneros de otros niños, es decir, en niños y niñas que con obras y palabras anuncian a Jesús!
            Por eso, la Jornada de la Infancia Misionera es importante. Todos vosotros, niños y niñas de la diócesis Madrid, podéis ser un gran apoyo de los misioneros que trabajan en esos lugares complicados y lejanos con esos niños. Sí, podéis serles de gran ayuda si os acordáis de rezar por ellos y de ofrecerle Señor algún sacrificio desde aquí. También vuestra limosna es importante, porque sabéis muy bien que muchos de esos niños viven con grandes necesidades materiales, y vuestra limosna les ayudará a vivir un poco mejor.
            Pero pensad también que esos niños con los que trabajan los misioneros, también nos enseñan y ayudan a nosotros, los que vivimos en Madrid. También ellos rezan por nosotros, por vosotros. También ellos llevan con alegría las contradicciones de su vida y lo ofrecen al Señor por todos nosotros. Ellos nos enseñan a todos nosotros a confiar en Jesús, a fiamos de su Palabra, a sonreír aun cuando tengamos necesidades o dificultades. Ellos nos pueden enseñar a rezar a Jesús y a la Virgen.
            El lema de este año en esta Jornada de la Infancia Misionera es muy bonito: "Yo soy uno de ellos". Sin duda esos chicos son distintos a vosotros, tienen otra cultura, otra raza, otra lengua, quizás también son más pobres que nosotros, pero son como nosotros hijos de Dios. Por eso podemos y debemos decir con afecto ¡yo soy uno de ellos! Queremos unirnos a ellos y sentirlos como parte de nuestras familias. Son distintos, viven en otros lugares, son de otra raza, tienen otra lengua, pero todos tenemos necesidad de tener la alegría que da Jesucristo a todos los hombres. No podemos ignorarlos y mucho menos excluirlos, descartarlos, y además Dios nos los ha dado como hermanos. ¡Y les queremos tal como son! De tal manera que podemos decir ¡yo soy uno de ellos!
            Quiero deciros en esta primera carta que os escribo con motivo de la Jornada de la Infancia Misionera como Arzobispo de Madrid, que me da mucha alegría poder contar con vosotros para ser verdaderos misioneros en vuestras parroquias y colegios. A Jesús le pido, con la intercesión de la Virgen, Nuestra Señora de la Almudena, que bendiga a todos los niños y niñas de Madrid, y también a vuestras familias, y a vuestros amigos. Rezad por mí al Señor.
            Con gran afecto, el que tuvo Jesús que dijo "dejad que los niños se acerquen a mí", os bendice,
firma Carlos Osoro
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