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martes, 15 de octubre de 2019

Sínodo: Creación de un Organismo episcopal permanente para la Amazonía 15102019

© Vatican Media

Sínodo: Creación de un Organismo episcopal permanente para la Amazonía

Miembros para la Comisión del documento final
(ZENIT – 15 oct. 2019).- El prefecto del Dicasterio Vaticano para las Comunicación, Paolo Ruffini, anunció esta mañana los nombres de los cuatro miembros para la Comisión encargada de redactar el documento final del Sínodo, designados por el Papa. Son el cardenal Christoph Schönborn, el obispo Marcelo Sánchez Sorondo, el arzobispo Edmundo Ponciano Valenzuela y el padre Rossano Sala.
En la mañana del 15 de octubre de 2019, tuvo lugar la 11ª Congregación general de la Asamblea Especial del Sínodo de los Obispos sobre la Amazonía, “nuevos caminos para la Iglesia y para una ecología integral”, en curso en el Vaticano hasta el 27 de octubre. Hoy participaron 180 padres sinodales junto con el Papa Francisco.
Crear urgentemente una Organización episcopal permanente y representativa, coordinada por el Consejo Mundial de Iglesias (CMI) y por la REPAM (Red Eclesial Panamazónica), para promover la sinodalidad en la Amazonía: esta es una de las sugerencias que surgieron de la 11ª Congregación general del Sínodo especial para la región.
Este organismo, integrado en el CELAM (Consejo Episcopal Latinoamericano), debería contribuir a la realización de la fisonomía de la Iglesia en la Amazonía, con vistas a una pastoral común más eficaz, concretando también las indicaciones que el Papa Francisco quiera dar después del Sínodo, y trabajando en la defensa de los derechos de los pueblos indígenas, en la formación integral de los agentes pastorales y en la creación de seminarios amazónicos.
Esta acción pastoral conjunta, elaborada sinodalmente por todas las circunscripciones eclesiásticas panamazónicas, en relación orgánica con el CELAM, servirá para afrontar problemas comunes, como la explotación del territorio, la delincuencia, el narcotráfico, el tráfico de drogas y la prostitución.
Observatorio para los derechos humanos
El Aula del Sínodo vuelve a mirar a los pueblos indígenas, centrándose en los problemas derivados de la colonización, la migración interna y el avance de los modelos económicos depredadores y colonialistas, que a menudo matan. Esto provoca la expropiación y desalojo de las comunidades originarias de sus territorios, que se ven obligadas a emigrar en contra de su voluntad.
Por el contrario, los pueblos indígenas en movilidad deben ser entendidos en su peculiaridad a través de un cuidado pastoral específico, de manera que sus derechos humanos y ambientales estén siempre garantizados, en particular el derecho a ser consultados e informados antes de cualquier acción en sus respectivos territorios.
En este sentido, se sugiere la creación de un observatorio permanente para los derechos humanos y la protección de la Amazonía. El grito de la tierra y de los pueblos amazónicos debe ser escuchado, se reafirma, dando voz sobre todo a los jóvenes, porque se trata de una cuestión de justicia intergeneracional.
Inculturación y educación
La cuestión de la inculturación es también central, un modo de ser para la Iglesia que se abre a descubrir nuevos caminos en la rica diversidad de las culturas amazónicas, para hacer de ella una Iglesia más discípula y hermana, más que Maestra y Madre, en actitud de escucha, servicio, solidaridad, respeto, justicia y reconciliación.
Vinculada al tema de la inculturación, retorna la educación de los pueblos indígenas amazónicos, una educación que lamentablemente se caracteriza por su mala calidad y fuerte precariedad. ¿Qué puede hacer entonces la Iglesia, que es una de las instituciones más cualificadas y fuertes en el campo de la formación?
Por ejemplo, las universidades católicas pueden optar preferentemente por la educación de los pueblos indígenas, o generar estrategias de solidaridad para apoyar económicamente a las universidades indígenas, como la Nopoki, en Perú, para que se proteja el derecho a la identidad cultural y se salvaguarde la sabiduría ancestral de los pueblos originarios de la Amazonía, en nombre del diálogo y el intercambio de culturas, sensibilidades, lenguas y visiones.
Testimonio de los mártires
Los Padres sinodales reflexionan también sobre la violencia: la Amazonia es como una mujer violada de la cual acoger el grito, se subraya en la Aula, porque sólo así se puede despertar de nuevo la evangelización. En efecto, el anuncio efectivo del Evangelio se realiza sólo en contacto con el dolor del mundo que espera ser redimido por el amor de Cristo, gracias a una teología de la vida.
Hay, por tanto, una fuerte referencia al valioso ejemplo de los mártires misioneros de la región, como Monseñor Alejandro Labaka, la monja terciaria capuchina Inés Arango, o la hermana Dorothy Stang, que dieron su vida en nombre de la causa de los pueblos amazónicos indefensos y por la protección del territorio. La obra misionera en la Amazonía debe ser más apoyada, se afirma en el Aula, y por eso se reflexiona sobre la creación de un fondo financiero, tanto nacional como internacional, para fortalecer la misión en la región, especialmente para los costos de transporte y capacitación de los propios misioneros.
El desafío ecuménico
Sin olvidar que el compromiso misionero debe realizarse también desde una perspectiva ecuménica, porque una Iglesia misionera es también una Iglesia ecuménica. Este desafío concierne también a la Amazonía: lejos de todo proselitismo o colonialismo intra-cristiano, la evangelización cristiana es la invitación libre, dirigida a la libertad de los demás, a entrar en comunicación y a entablar un diálogo vital. Una evangelización atractiva será, por tanto, la prueba de un ecumenismo creíble.
Otro punto de reflexión es la música, un lenguaje común comprensible para todos que conduce a la reflexión sobre la comunicación de la fe: no debe negar la doctrina -explican los Padres sinodales- sino hacerla comprender a través de la sensibilidad humana. De esta manera, la Buena Nueva será atractiva para todos, yendo hacia ese renacimiento de lo sagrado que se vive incluso en las zonas más salvajes de la Amazonía.
La respuesta de la Eucaristía
Ante las difíciles situaciones que se viven en la Amazonía, importantes respuestas provienen de la Eucaristía, por la que pasa la gracia de Dios, y de un amplio ministerio, que comienza también con las mujeres, protagonistas indiscutibles a la hora de transmitir el sentido radical de la vida. Tal vez tengamos que preguntarnos -se pregunta el Aula- si no es el caso de replantearse el ministerio. En efecto, muchas comunidades tienen dificultades para celebrar la Eucaristía por falta de sacerdotes: se sugiere, por tanto, modificar los criterios de selección y preparación de los ministros autorizados para administrar este sacramento,
Ministerio femenino, según el ejemplo de la antigüedad
Se necesitan nuevos caminos hacia las tradiciones antiguas, afirman los padres sinodales. De hecho, algunas intervenciones recuerdan las prácticas de la antigüedad que veían a los ministerios vinculados a las mujeres, y se reflexiona acerca de la posibilidad de restaurar ministerios análogos, particularmente para el lectorado y el acolitado. Alguien más se ocupa de la facultad de dispensar del celibato, para poder ordenar a “ministros” hombres casados que, bajo la supervisión de un presbítero responsable, puedan ejercer en comunidades eclesiales dispersas.
Al mismo tiempo, se propone la creación de un fondo para financiar la formación de los laicos en los ámbitos bíblico, teológico y pastoral, para que puedan contribuir cada vez mejor a la acción evangelizadora de la Iglesia. Finalmente, en este contexto, se recuerda también la importancia de las comunidades eclesiales de base y de la vida consagrada, que es profecía y envío a las fronteras del mundo.

Sínodo de la Amazonía: El valor del perdón 14102019

Briefing Informativo Del Sínodo De La Amazonia © Deborah Castellano

Sínodo de la Amazonía: El valor del perdón

Informe diario del Vaticano
(ZENIT –14 oct. 2019).- El valor del perdón en el seno de los pueblos indígenas de la Amazonía que descubren el anuncio de Jesús, esto subrayaron los misioneros presentes en el Sínodo de los obispos dedicado a esta región, durante la sesión informativa del 14 de octubre de 2019.
El obispo venezolano José Ángel Divassón Cilveti dio testimonio de la misión de los salesianos, que acompañan desde 1957 al pueblo yanomami que vive en Venezuela y Brasil. Se trata, dijo, de “compartir la vida de las comunidades”, sin “decirles lo que tienen que hacer”, porque “son ellos los que tienen que tomar las riendas de sus destinos”.
Sí, por ejemplo, se les puede ofrecer “instrucción”, pero “no deben depender de otros para nada”. Por lo tanto, la misión no es llegar como “colonizadores”, imponiendo el propio punto de vista, sino “comprender lo que ellos piensan”. Según el obispo, “el Evangelio trae cosas nuevas”, como el perdón, cuyo valor aprenden los pueblos indígenas: “la capacidad de perdonar les ha ayudado a resolver ciertos problemas, han logrado superar numerosos conflictos”.
Mons. Carlo Verzeletti, obispo de Castanhal, Brasil, habló de la falta de sacerdotes en amplios territorios donde la práctica de los sacramentos se está haciendo difícil. Deseó la ordenación de hombres casados – viri probati – para que la Eucaristía pudiera ser celebrada en las comunidades. Estos no serán “sacerdotes de segunda clase”, subrayó, sino “personas preparadas que llevan una vida ejemplar” y que podrían llevar a cabo “un trabajo extraordinario”.
Para José Gregorio Díaz Mirabal, presidente de la Coordinadora de las Organizaciones Indígenas de la Cuenca Amazónica(COICA), que representa a más de 400 pueblos, “si no hacemos nada por el planeta y por la humanidad, todos desapareceremos”. De hecho, el pueblo venezolano de Curripaco expresó la voluntad de sus “hermanos emplumados” de “defender a la Madre Tierra”.
“Queremos que se delimiten nuestros territorios, queremos tener títulos… gritamos para que se escuche nuestro grito”, dijo ante la prensa, denunciando en particular la “invasión” de los grandes proyectos de desarrollo y los asesinatos de los que son víctimas los pueblos indígenas. Y pidió a los líderes protección contra los “nuevos dioses del mundo civilizado”, las grandes organizaciones financieras y comerciales.

sábado, 12 de octubre de 2019

Colombia: El presidente Iván Duque expone las medidas adoptadas para proteger la Amazonía 11102019

El Papa Recibe Al Presidente Iván Duque En Octubre De 2019 © Vatican Media

Colombia: El presidente Iván Duque expone las medidas adoptadas para proteger la Amazonía

Carta al Papa y los padres sinodales en exclusiva para ‘zenit’
(ZENIT – 11 oct. 2019).- El presidente de la República de Colombia, Iván Duque Márquez, se ha dirigido al Papa Francisco y a los padres sinodales para compartir las acciones destinadas a conservar la Amazonía que recientemente se han llevado a cabo en el país.
Duque explica, en una carta fechada el 4 de octubre de 2019 a la que zenit ha tenido acceso en exclusiva, que: “Pese a no ser usual que un jefe de Estado se dirija a un Sínodo Episcopal, considero que la nobleza e importancia del tema para la humanidad entera, así como la dimensión global de su convocatoria, hacen pertinente y necesaria una palabra nuestra, que pueda ser considerada por tan importante asamblea eclesial, ya que Colombia es el segundo país del mundo con mayor extensión en la región panamazónica”.
Pactos por la Amazonía
El dirigente colombiano informa que el pasado 6 de septiembre los presidentes de los países amazónicos firmaron el Pacto de Leticia por la Amazonía y, por su parte, los gobernadores colombianos rubricaron el Pacto Amazónico por el Clima y los Bosques para gestionar el cambio climático. En el caso de este último asunto, “hemos documentado una disminución de la deforestación en Colombia en un 10% respecto al año 2017, no sólo en la Amazonía, sino en también en las regiones Andina, Caribe y Pacífico, lo cual solo para la Amazonía representa una disminución de la deforestación de 5.971 hectáreas en el 2018 frente al año 2017”, indicó.
Asimismo, el presidente pide que se profundice en todos ellos y se tengan especialmente en cuenta la Asamblea Sinodal, “ya que importa mucho para el compromiso de todos los pueblos con esta porción del planeta”.
El mensaje de Francisco
Recordando que el Papa Francisco ha animado a los gobernantes a implementar políticas públicas “que signifiquen compromisos reales frente a la deforestación, la contaminación atmosférica, la extracción ilegal de minerales, así como a la preservación de ríos y mares, para acabar con el deterioro de nuestras riquezas naturales”, Iván Duque señala que en el caso de Colombia, la nación mantiene “el 52% de su territorio en bosques” y el bioma amazónico cuenta “con una población de 1’228.394 habitantes, de los cuales 146.737 son nuestros indígenas, que se distribuyen en un territorio de poco más de 39 millones de hectáreas (…)”.
Igualmente, apunta que el pueblo colombiano, tanto creyentes como no creyentes, ha recibido positivamente la invitación del Santo Padre “a promover el desarrollo humano integral, desde un lenguaje responsable y fraterno con la naturaleza. Estamos ‘escuchando la voz de la Amazonia’, la de su gente, la de nuestros indígenas y en especial la voz de los más vulnerables y necesitados, que viven en esa región de nuestra casa común (…)”.
La voz de los marginados
Iván Duque reitera su compromiso con la implantación de políticas para conservar y proteger la región panamazónica teniendo en cuenta “a los que también sufren condiciones de marginación y por los cuales nosotros estamos trabajando, a fin de que su voz sea tenida en cuenta de manera incluyente y efectiva”, algo que ya manifestó el pasado 12 de agosto ante los obispos colombianos que irían al Sínodo y los líderes indígenas presentes en la reunión.
De este modo, como acciones concretas destacó “la creación de Centros de Prevención de los Conflictos Socio- Ambientales, basados en el conocimiento ancestral y científico desde esos territorios”. Además, “a partir de la consigna ‘Producir conservando y conservar produciendo’ y del Pacto por la Región de la Amazonía: ‘Desarrollo Sostenible para una Amazonia Viva’ (Plan de Desarrollo 2018-2022), hemos declarado la protección del patrimonio natural como un asunto de seguridad nacional, mientras trabajamos por beneficiar a más de 12.000 familias allí, aplicadas a actividades agroambientales que las conecten con procesos de agrodiversidad e incluso biocomercio en la Amazonia, que mejore sus condiciones de vida”.
Más pactos y programas
Por otra parte, a través del Pacto Por la Equidad de Oportunidades Para Grupos Étnicos, han invertido parte del presupuesto nacional para la ejecución de 216 propuestas agrupadas en ejes estratégicos relacionados “con justicia social, territorios ancestrales, indígenas, salud, educación, mujer y familia y armonía por la defensa de la vida”.
Junto con otros países han implementado programas para proteger la selva amazónica, como es el caso de “Visión Amazonía”, desarrollado con el apoyo de algunos gobiernos europeos.
Además, habló sobre el Lanzamiento de  la Estrategia Nacional de Economía Circular, la primera en Latinoamérica, que pretende “transformar los procesos tradicionales de producción y hábitos del consumidor, enfocados en evitar la contaminación del río Amazonas y de las ciudades amazónicas” y “se adelanta también un importante proceso de expansión de energías renovables no convencionales”.
Como última actividad, comunicó que están “próximos a lanzar” un programa de “Biodiverciudades”, en municipios como Leticia, Florencia y San José del Guaviare, entre otros.
Unir a la familia humana
El presidente de la República manifestó que la Iglesia Católica junto con las otras iglesias cuenta con el gobierno colombiano como un aliado en el cuidado y preservación de la Amazonía, uniéndose al deseo del Santo Padre “de unir a la familia humana en la búsqueda de un desarrollo sostenible e integral, pues sabemos que las cosas pueden cambiar (Laudato Si’, 13)”.
Y concluyó deseando “los mejores frutos” para el Sínodo de la Amazonía y pidiendo y ofreciendo “que nos unamos en esta noble causa común, por el bien no solo de la Amazonía, sino del mundo entero, que necesita hoy más que nunca del cuidado atento de esta porción verde y azul de la Tierra, de la cual Colombia está respondiendo por una parte muy importante”.

sábado, 21 de septiembre de 2019

Profecía del cacique Raoni Metuktire de los Kayapó sobre nuestro futuro (Leonardo Boff) 20092019


Profecía del cacique Raoni Metuktire de los Kayapó sobre nuestro futuro

2019-09-20


            Esta advertencia del Cacique Raoni Metuktire, del pueblo Kayapó, ha sido publicada en el periódico The Guardian, y difundida entre nosotros por Midia Ninja: http://midianinja.org/news/nos-povos-da-amazonia-estamos-cheios-de-medo-em-breve-voces-tambem-terao-diz-cacique-raoni/
            Estos pueblos originarios son portadores de una gran sabiduría ancestral y presienten lo que puede ocurrir con los humanos y con la naturaleza. Ellos hablan dentro del paradigma de la gran tradición de la humanidad (de los espíritus y de la vida en las selvas, en los ríos, en toda la naturaleza) que se combina bien con la visión de la nueva cosmología y la biología que entrevén la vida y el espíritu que se muestran en niveles propios en todos los seres. Raoni nos hace pensar. Por eso difundimos aquí su advertencia. Leonardo Boff

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Estas son las graves palabras del cacique Raoni:
            «Durante muchos años, nosotros, los líderes indígenas y los pueblos de la Amazonía, les hemos avisado a ustedes, hermanos nuestros, que han causado tantos daños a nuestras selvas. Lo que ustedes están haciendo cambiará el mundo entero y destruirá nuestras casas, y destruirá sus casas también.
            Hemos dejado a un lado nuestra historia dividida para unirnos. Apenas una generación atrás, muchos de nuestros pueblos estaban luchando entre sí, pero ahora estamos juntos, luchando juntos contra nuestro enemigo común. Y ese enemigo común son ustedes, los pueblos no-indígenas que invadieron nuestras selvas y ahora están quemando hasta incluso esas pequeñas partes de las selvas donde vivimos, lo que ustedes dejaron para nosotros. El presidente Bolsonaro de Brasil está incentivando a los propietarios de haciendas cercanas a nuestras tierras a barrer la selva, y no está haciendo nada para impedir que invadan nuestro territorio.
            Pedimos que ustedes dejen de hacer lo que están haciendo, detengan la destrucción, cesen en su ataque a los espíritus de la Tierra. Cuando ustedes cortan los árboles, atacan a los espíritus de nuestros ancestros. Cuando buscan minerales, empalan el corazón de la Tierra. Y cuando derraman venenos en la tierra y en los ríos –productos químicos de la agricultura, y mercurio de las minas de oro– debilitan los espíritus, los animales, las plantas y a la propia Tierra. Y cuando ustedes debilitan a la Tierra de esta manera, ella empieza a morir. Si la Tierra muriese, si nuestra Tierra muere, ninguno de nosotros será capaz de vivir, y todos moriremos.
            ¿Por qué hacen ustedes eso? Ustedes dicen que es para el desarrollo, pero... ¿qué tipo de desarrollo mata la riqueza de la selva y la sustituye por un solo tipo de planta o un solo tipo de animal?
            Donde los espíritus nos dieron todo lo que necesitábamos para una vida feliz –toda nuestra comida, nuestras casas, nuestras medicinas– ahora sólo hay soja o ganado. ¿Para quién es ese desarrollo? Sólo algunas personas viven en las tierras agrícolas; éstas no pueden sostener a muchas personas, y son estériles.
            Ustedes destruyen nuestras tierras, envenenan el planeta y siembran la muerte, porque están perdidos. Y pronto será demasiado tarde para cambiar.
            Entonces, ¿por qué hacen eso? Podemos ver que es para que algunos de ustedes puedan obtener una gran cantidad de dinero. En la lengua Kayapó, llamamos a su dinero piu caprim, “hojas tristes”, porque es una cosa muerta e inútil, y sólo comporta daños y tristeza.
            Cuando su dinero entra en nuestras comunidades, muchas veces causa grandes problemas, dividiendo a nuestra gente. Y podemos ver que hace lo mismo en sus ciudades, donde lo que ustedes llaman gente rica vive aislada de todos los demás, con miedo a que otras personas vengan a quitarles su piu caprim. Mientras tanto, otras personas pasan hambre, o viven en la miseria, porque no tienen dinero suficiente para conseguir alimento para sí y para sus hijos.
            Pero esas personas ricas van a morir, como todos nosotros vamos a morir. Y cuando sus espíritus sean separados de sus cuerpos, sus espíritus estarán tristes, y van a sufrir, porque mientras estuvieron vivos hicieron que muchas otras personas sufriesen, en vez de ayudarles, en vez de asegurar que todos los demás tuvieran lo suficiente para comer, antes de alimentarse a sí mismas, como es nuestro camino, el camino de los Kayapó, el camino de los pueblos indígenas.
            Ustedes tienen que cambiar su manera de vivir porque están perdidos; ustedes se perdieron. Por donde ustedes están yendo es sólo un camino de destrucción y de muerte. Para vivir, ustedes deben respetar el mundo, los árboles, las plantas, los animales, los ríos y hasta la propia Terra. Porque todas esas cosas tienen espíritu, todas ellas son espíritus, y sin los espíritus la Tierra morirá, la lluvia cesará, y las plantas alimenticias se marchitarán, y morirán también.
            Todos respiramos ese aire, todos bebemos la misma agua. Vivimos en este planeta. Tenemos que proteger la Tierra, y si no lo hacemos los grandes vientos destruirán la selva.
            Entonces ustedes sentirán el miedo que nosotros ya sentimos».
            Cacique Raoni Metuktire, de la nación Kayapó.


martes, 17 de septiembre de 2019

Amazonía colombiana: El área selvática constituye el 80,8 % de la región17092019


Amazonía Colombiana © Instituto SINCHI

Amazonía colombiana: El área selvática constituye el 80,8 % de la región

Y está amenazada por la actividad humana

(ZENIT- 17 sept. 2019).­- Colombia es uno de los nueve países que comprende la región amazónica. Con una extensión de casi 8 millones de kilómetros cuadrados, la región del Amazonas está formada por parte de BrasilBoliviaVenezuelaPerúEcuador, Colombia, Guyana, Suriname y Guayana Francesa.
Del 6 al 27 de octubre de 2019, se celebrará en el Vaticano la Asamblea Especial del Sínodo de los Obispos para la región Panamazónica, en la que obispos y expertos de todo el mundo reflexionarán sobre la “Amazonía: Nuevos Caminos para la Iglesia y para una Ecología Integral”.
La Amazonía colombiana
Con una superficie de 483.119 km, la región amazónica de Colombia abarca el 42% del territorio nacional y es el área menos poblada del país.
Según el Instituto Amazónico de Investigaciones Científicas de Colombia (SINCHI), dicha región comprende el territorio de seis departamentos: Amazonas, Caquetá, Guainía, Guaviare, Putumayo y Vaupés. Y también una fracción de otros cuatro: Vichada (sur del municipio de Cumaribo); Meta (territorio completo de La Macarena y parte de los municipios de Mapiripán, Mesetas, Uribe, Puerto Concordia, Puerto Gaitán, Puerto Rico, San Juan de Arama y Vistahermosa); Cauca (fracción del municipio de San Sebastián y el territorio completo de Piamonte y Santa Rosa); y Nariño (parte de los municipios de Córdoba, Funes, Ipiales, Pasto, Potosí y Puerres).
Durante las décadas de 1950 a 1970, la ocupación de esta zona fue fomentada con la penetración de flujos migratorios en las regiones indígenas, en vistas a la instalación de un modelo de desarrollo basado en las actividades petrolíferas. Actualmente la mayoría de la población reside en los departamentos de Caquetá, Putumayo, Guavire y Amazonas.
La cuenca
El mapa de zonificación hidrográfica de Colombia establecido por el Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales de la nación determina que la vertiente hidrográfica del río Amazonas presenta un área calculada de 341.994,37  km2 en el territorio colombiano.
Dicha área la conforman las nueve zonas hidrográficas de los siguientes ríos: Caquetá (29,23 %), Putumayo (16,94 %), Apaporis (15,65 %), Vaupés (11,02 %), Yarí (10,86 %), Guainía (9,15 %), Caguán (6,07 %), Amazonas (0,96 %) y Napo (0,13 %).
La selva
De acuerdo a los datos del Instituto SINCHI correspondientes al año 2012, la zona selvática de la región amazónica colombiana tiene una extensión de 390.707,6 km2, equivalente al 96,67 % del total de los bosques de la región. El restante 3,33 % corresponde al bosque andino en el paisaje de montaña dentro del territorio regional amazónico.
Por otra parte, los estudios de Salazar y Riaño de 2016 determinan que el área de la Amazonía selvática equivale al 80,86 % de la región, pero la permanencia de estas coberturas naturales se ve afectada por los efectos de la constante actividad humana, que las convierten en suelos de pastos, cultivos, edificaciones urbanas e industriales y explotaciones mineras.
Efectivamente, el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF) en Colombia señala que la minería, la cacería ilegal, la sobrepesca, la urbanización y la expansión de la frontera agrícola constituyen las principales amenazas para la Amazonia en este país.
Igualmente, esta organización estima que en esta región colombiana hay 674 especies de aves, 158 de anfibios, 195 de reptiles, 212 de mamíferos, 753 de peces y más de 6.300 plantas diferentes de flora.
La Iglesia en la Amazonía colombiana
Durante la época colonial española (1547 – 1681), los franciscanos y jesuitas realizaron las primeras expediciones misionarias en Caquetá y Putumayo, donde también hubo presencia de los dominicos.
A finales del siglo XVII, los jesuitas dejaron la región y se dedicaron a fortalecer la evangelización en Maynas. Los franciscanos, por su parte, continuaron con esta misión, estableciendo reducciones o asentamientos misioneros en el río Putumayo hasta 1784. A partir de entonces y durante casi 60 años, no hubo misioneros en esta región.
Durante la República, el Concordato de 1887 y el Convenio de misiones de 1902, firmados entre el Estado y la Santa Sede, la evangelización en los lugares fronterizos de Colombia fue encargada a órdenes religiosas: los capuchinos catalanes se situaron en Caquetá, en Putumayo y en el actual departamento de Amazonas y los salesianos y los xaverianos en Vaupés.
Siglo XX
A mediados del siglo XX, el Vicariato Apostólico de Caquetá se dividió en tres secciones eclesiásticas: el Vicariato de Sibundoy, el Vicariato Apostólico de Leticia y el Vicariato Apostólico de Florencia. Las dos primeras provincias fueron asumidas por los capuchinos y la tercera por los Misioneros de la Consolata.
La presencia de la congregación femenina de misioneras de María Inmaculada y de Santa Catalina de Siena (lauritas) fue también muy importante para la misión en la Amazonía.
En Vaupés, después de la primera mitad del siglo XX, cuando los Misioneros Monfortanos destacaron en la tarea de evangelización, llegaron los religiosos del Instituto de Misiones Extranjeras de Yarumal. Desde 1928, las misioneras lauritas se encuentran en esta región.
La ocupación de los exploradores de caucho comenzó a mediados del siglo XIX y con el establecimiento de empresas en el área, se produjeron epidemias y desplazamientos forzados que diezmaron a la población indígena de la Amazonía. Los misioneros denunciaron la situación y los abusos.
Actualmente, las jurisdicciones eclesiásticas en el territorio amazónico colombiano son 14: 8 vicariatos, pequeñas circunscripciones eclesiásticas, y 6 diócesis.

viernes, 13 de septiembre de 2019

El futuro de la humanidad y de la Tierra está ligado a la Amazonía (Leonardo Boff) 12092019

El futuro de la humanidad y de la Tierra está ligado a la Amazonía

2019-09-12


Entrevista a Leonardo Boff de Pierluigi Mele, 
publicada en RAI-Confini el 05-09-2019

Leonardo Boff, la Amazonía está viviendo meses dramáticos. De enero a hoy, comparando con 2018, los incendios en la región aumentaron en un 145%. Un número devastador. La comunidad internacional se está movilizando. ¿Cómo clasificaría usted el comportamiento de la comunidad internacional?
            La reacción fue muy fuerte y decisiva. El problema es que nuestro presidente no tiene modales civiles, no observa el protocolo oficial que subyace en la relación entre las autoridades. Ha ofendido al presidente francés Macron y a la canciller alemana Merkel. Es una persona mala y estúpida. No entiende nada de nada sobre el Amazonas ni sobre los indios. Quiere ocupar sus reservas naturales para el agronegocio y la minería. Pero cuando el problema toca la billetera, todo cambia. El presidente escuchó que los europeos ya no quieren soja y carne de Brasil, que el tratado comercial entre la Comunidad Europea y el Mercosur no se realizará sin un cambio radical de la política en relación con la Amazonía. Entonces cambió un poco su discurso.
Bolsonaro, desvariando, culpa salvajemente a las ONGs. ¿Cómo están las cosas?
            Bolsonaro quiere reinventar Brasil en el marco de un ultraliberalismo radical. El modelo es la edad media religiosa, premoderna y preiluminada. Prácticamente ha desmantelado todo lo que Lula y Dilma hicieron en beneficio de los pobres. Ahora hay hambre en Brasil. Y el presidente, absolutamente paranoico, sale en televisión para decir que en Brasil no hay hambre. Un millón de familias han pasado de la pobreza a la miseria durante el año pasado y sufren hambre sistemáticamente. Todos los consejos de estado en las diversas esferas de la sociedad han sido abolidos. En resumen: “la era de la estupidez ha entrado en Brasil”. La sociología y la filosofía han sido prohibidas en universidades y otros cursos. Esto es para tener un pueblo que no piensa. Brasil, en esta lógica, puede convertirse en un país de parias, como la India.
Sabemos que en las bases de las políticas locas del gobierno existe la ideología “extractiva”, pero también existe el “soberanismo”, es decir, “el Amazonas es de Brasil”. Esto dice Bolsonaro. ¿Es así, Leonardo?
            En este punto, Bolsonaro no tiene cultura ecológica. Creo que incluso los miembros del G7 tienen sólo una cultura ecológica “verde”, no como la del Papa Francisco que es una ecología “integral”.
            He argumentado en varios lugares en estos términos, en el sentido de la nueva visión de la ecología. Desde la perspectiva de los astronautas que ven la Tierra desde fuera de la Tierra, todos dicen: la Tierra y la humanidad forman una sola entidad. No existe el planeta Tierra por un lado y la humanidad por el otro. Ambos forman una sola realidad. El ser humano es la porción inteligente, amorosa y sensible de la Tierra. Somos la Tierra, por eso el “hombre” viene de “humus”, tierra fértil, o “adam” en hebreo, o “tierra” en árabe. Somos más que hijos e hijas de la Madre Tierra... Somos la propia Tierra, que piensa, que ama, que cuida de todas las cosas. Esta es una idea de la mayoría de cosmólogos y astrofísicos.
            Otro punto. Vivimos en la nueva fase de la Tierra, el proceso de planetización. Todos estamos en la misma Casa Común. Regresamos del exilio después de millones de años y ahora estamos todos juntos en un solo lugar, en el planeta Tierra.
            La Tierra no es de nadie. Es un bien común de toda la humanidad y de toda la comunidad de vida (animales, árboles, microorganismos, etc.). La Amazonía es parte de la Tierra; Brasil no es el señor de la Amazonía. La Amazonía es de toda la Tierra, de toda la humanidad. Brasil posee sólo la gestión de esta parte, y la administra mal y de forma poco responsable. Hoy sabemos que la Amazonía, que abarca 9 países, es fundamental para el equilibrio del planeta, del sistema climático, de la absorción de dióxido de carbono, y además, regula el ciclo de lluvias en el mundo. Esto significa que toda la humanidad tiene una responsabilidad sobre la Amazonía, no es sólo de Brasil. El futuro de la vida en la Tierra se juega en la conservación o destrucción de la Amazonía. No estoy seguro de si los miembros del G7 tienen esta visión “integral” del problema.
            Otro punto importante: en estas discusiones nunca se ha hablado de los pueblos indígenas, los habitantes originarios de estas tierras. Conocen el ritmo de la selva, saben cómo preservarla. Son nuestros maestros y doctores, no los científicos que tienen una visión desde afuera. La belleza del documento del Papa Francisco sobre el Sínodo Panamazónico es hacer que los nativos sean los protagonistas principales a fin encontrar soluciones verdaderas y sostenibles para este inmenso bioma (ecosistema).
Más allá de estas ideologías (extractivas y soberanistas), ¿cuáles son las “estructuras de pecado” que están devastando la Amazonía?
            Las estructuras de pecado son la motosierra, la devastación sistemática de la selva por las maderas valiosas, por la biodiversidad, por elementos importantes para la medicina y especialmente por las “tierras ricas”, elementos fundamentales para la nueva tecnología 5G. Pero el mayor pecado es el exterminio de etnias enteras, la ocupación de sus reservas, la contaminación de los ríos debido a la extracción del oro. Muchos indígenas mueren de enfermedades porque la gente del agronegocio no quiere tratarlos y curarlos.
¿Qué está haciendo la Iglesia Católica para defender la Amazonía?
            La Iglesia Católica es, ciertamente, junto con otras iglesias históricas como los luteranos, una presencia constante y exigente en defensa de los pueblos originarios. Existe el Consejo Misionero Indígena (CIMI), que ha estado trabajando sistemáticamente en la protección de los pueblos indígenas desde hace 30-40 años. El documento del Sínodo Panamazónico hace otro discurso. No se trata de convertir a las culturas sino de evangelizar en las culturas para que pueda surgir una iglesia con rostro indígena. En este sentido, se piensa en la ordenación de sacerdotes indígenas para crear esta nueva forma de iglesia que no sea simplemente una adaptación de las iglesias europeas.
El Papa Francisco, como sabemos, ha convocado para el próximo octubre un importante Sínodo sobre la Amazonía. En el muy denso y profundo “Instrumentum laboris” hay una propuesta para promover una “ecología integral” en la Amazonía. ¿Qué significa esto?
            El sínodo es una derivación y aplicación de la encíclica Laudato Si’. Esto significa que debemos respetar este enorme bioma (ecosistema) en los 9 países, en su singularidad, en sus culturas, en sus idiomas. Así como los primeros cristianos hicieron su síntesis de la fe cristiana con la cultura greco-latina, así también la Amazonía deben hacer su camino. Crear realmente una eclesiogénesis. No será una iglesia occidental, sino indígena, afrolatinoamericana, con elementos de la tradición europea de la época colonial.
Precisamente en este documento se proponen nuevos caminos pastorales para la Iglesia en la Amazonía. Por ejemplo, hay una parte que puede llevar a una nueva visión de los ministerios. En especial el ministerio ordenado. Los conservadores están atacando este punto. ¿Piensa usted que el Sínodo será capaz de resistir?
            El Papa Francisco tiene una enorme libertad interior y valor para abrir nuevos caminos. Yo creo que serán consagrados verdaderos presbíteros indígenas. Apoyo al obispo Erwin Kräutler, amigo del Papa, que defiende también ordenar mujeres. Dice que, en su diócesis –una de las mayores del mundo, a orillas del río Xingú–, las mujeres hacen todo lo que hace un sacerdote. ¿Por qué no permitir también la ordenación presbiteral de las mujeres?
            Grandes teólogos como Karl Rahner y Luigi Sartori escribieron que no hay ningún dogma o doctrina que impida dar este paso. Todas las otras iglesias, incluidos los judíos, lo han hecho ya. La iglesia católica romana no puede seguir siendo una isla de patriarcalismo y antifeminismo. El Espíritu insta a la Iglesia a tomar esta decisión, por amor a los pueblos más alejados del mundo. Deus potuit, decuit, ergo fecit. [Dios podía hacerlo, y era bueno hacerlo... luego lo hizo].
Última pregunta: el Papa Francisco está dando un giro a la Iglesia en el sentido de la “Iglesia en salida” y de la sinodalidad. Sabemos que los enemigos de Francisco, que no son sólo eclesiásticos, están haciendo todo lo posible para limitar la fuerza de sus reformas. ¿Crees que el camino tomado por Francisco es irreversible?
            Creo que el Papa Francisco ha inaugurado una nueva genealogía de papas de fuera del antiguo cristianismo europeo, donde vive sólo el 25% de los católicos. Nosotros en las Américas somos el 64%. Los otros están en África y Asia. Ha llegado el momento, en mi opinión, de que el camino del cristianismo en el mundo globalizado se haga a partir de estas nuevas iglesias, que tienen ya su madurez, su teología y su liturgia. Los que están en contra del Papa y el Sínodo son todos “herejes”, en el sentido original de la teología. La herejía no fue inicialmente una cuestión de doctrina sino de unidad de la Iglesia. Los que están en contra del Sínodo y del Papa Francisco rompen esta unidad. Son realmente herejes en el sentido verdadero y original de la palabra.  

Página de Leonardo Boff

viernes, 6 de septiembre de 2019

Amazonía: Bien Común de la Tierra y de la humanidad (Leonardo Boff) 06092019


Amazonía: 

Bien Común de la Tierra y de la humanidad

2019-09-06


            Los recientes incendios de la Amazonía brasileña y boliviana pusieron de manifiesto la importancia del bioma amazónico para el equilibrio y para el futuro de la vida. El descuido con el que el presidente de Brasil trató la cuestión ambiental, negando los datos científicos más serios y las amenazas a las reservas indígenas, aumentándolo además con el desmantelamiento realizado por el ministro del Medio Ambiente de los principales organismos de protección de la selva y de las tierras indígenas, y de la vigilancia del avance descontrolado del agronegocio sobre la selva virgen, mostraron la gravedad de la situación.
            Según algunos especialistas internacionales, la Amazonía es la segunda área más vulnerable del planeta en relación al cambio climático provocado por los seres humanos. El propio Papa Francisco advirtió «que el futuro de la humanidad y de la Tierra está vinculado al futuro de la Amazonia; por primera vez, se manifiesta con tanta claridad que desafíos, conflictos y oportunidades emergentes en un territorio, son la expresión dramática del momento que atraviesa la supervivencia del planeta Tierra y la convivencia de toda la humanidad». Son palabras graves, menospreciadas por las grandes corporaciones depredadoras, porque se dan cuenta de que deberían cambiar de modo de producción, de consumo y de descarte. Pero prefieren el lucro al cuidado de la vida humana y terrenal.
            No sin razón, el Papa Francisco ha convocado un Sínodo Panamazónico para octubre del presente año cuyo tema es: Amazonía: nuevos caminos para la Iglesia y para una ecología integral”. Se trata de la aplicación de su encíclica “sobre el cuidado de la Casa Común” para evitar una catástrofe socioecológica mundial. No se trata de una ecología ambiental y verde, sino de una ecología integral, que involucra el ambiente, la sociedad, la política, la economía, lo cotidiano y la dimensión espiritual.
            Veamos algunos datos generales sobre el bioma amazónico: Cubre una extensión de 8.129.057 Km2 en nueve países: Brasil (67%), Perú (13%), Bolivia (11%), Colombia (6%), Ecuador (2%), Venezuela (1%), Surinam, Guyana y Guyana francesa (0,15). Viven allí 37.731.569 habitantes, 2,8 millones de los cuales son indígenas de 390 pueblos diferentes, que hablan 240 idiomas, de la rica matriz de 49 ramas lingüísticas, un fenómeno inigualable en la historia de la lingüística mundial.
            Existen tres ríos amazónicos: el visible de la superficie; el aéreo, los llamados “ríos volantes” (cada copa de árbol con 20 metros de extensión produce 1000 litros de humedad que va a traer lluvias para el [bioma llamado] «cerrado», hacia el sur hasta el norte de Argentina); el tercero, invisible, es el río “rez do chão” (no confundir con el sitio turístico Rez do Chão), un río subterráneo que corre debajo del actual Amazonas.
            Todo el bioma amazónico es un Bien Común de la Tierra y de la humanidad. En la visión de los astronautas eso es evidente: desde la Luna o desde sus naves espaciales, Tierra y Humanidad forman una única entidad. El ser humano es aquella porción de la Tierra que comenzó a sentir, a pensar, a amar y a cuidar. Somos Tierra, como enfatiza el Papa y la propia Biblia.
            Ahora, en la fase planetaria, todos nos encontramos en una misma y única Casa Común. El tiempo de las naciones está pasando; ahora es el tiempo de la Tierra y tenemos que organizarnos para garantizar los medios que sustentarán nuestra vida y la de la naturaleza. Nadie es dueño de la Tierra. Ella es nuestro mayor Bien Común. Todos tienen derecho a estar en ella. Como la Amazonia es parte de la Tierra, nadie puede considerar sólo suyo lo que es un Bien de todos y para todos. Brasil, a lo máximo, posee la administración de la parte brasilera (67%) y lo está haciendo de forma irresponsable. De ahí la preocupación general.
            Actualmente el bioma amazónico es objeto de la codicia mundial por causa de sus riquezas. Se está usando mucha violencia. Desde mediados de los años 1980 ha habido en la Amazonia brasilera más de 12 mártires, indígenas, laicos y religiosos; en Ecuador 6, en Perú 2 y en Colombia innumerables.
            Los G7 reunidos en agosto en Biarritz, se dieron cuenta de la importancia del bioma amazónico para el equilibrio de los climas y de la propia Tierra. Sospecho que la ven convencionalmente todavía, como un baúl de recursos para sus proyectos económicos. Sospecho que no han incorporado la visión de la nueva ecología que entiende la Tierra como un superorganismo vivo, y nosotros como parte de él y no como sus señores. Si la Amazonia fuese completamente abatida, todo el sur de Brasil hasta el norte de Argentina y de Uruguay se transformaría en un desierto. De ahí la importancia vital de ese bioma multinacional.
            La irresponsabilidad de Bolsonaro es de tal magnitud, que juristas mundiales planean acusarlo de ecocidio, crimen reconocido por la ONU en 2006, y llevarlo al tribunal de los «crímenes contra la Humanidad». Termino con palabras de un indígena yanomami Miguel Xapuri Ianomâmi:
            “Ustedes tienen Dios, nosotros tenemos Omama. Ella creó la vida, creó a los yanomamis, permite todo lo que sucede. Nosotros nos comunicamos con ella permanentemente”. ¿Quién en el mundo secularizado hablaría de corazón de esta forma?     

jueves, 22 de agosto de 2019

Consejo Episcopal Latinoamericano: Los incendios del Amazonas, una tragedia de “proporciones planetarias” 22082019


Consejo Episcopal Latinoamericano: Los incendios del Amazonas, una tragedia de “proporciones planetarias”

“Seamos custodios de la creación”
(ZENIT – 22 agosto 2019).- La presidencia del Consejo Episcopal Latinoamericano ha manifestado, a través de un comunicado publicado hoy, 22 de agosto de 2019, su preocupación por los incendios “que consumen grandes porciones de la flora y fauna en Alaska, Groenlandia, Siberia, Islas Canarias, y de manera particular de la Amazonía”, una “tragedia” cuyo impacto presenta “proporciones planetarias”.
Incendios en la Amazonía
Hace más de 15 días, los incendios forestales en Brasil están afectando a miles de hectáreas de la Amazonía. Según los datos ofrecidos por el Gobierno de Brasil, procedentes del Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales, a principios de semana, Brasil registró un total de 66,9 mil puntos calientes (hotspots).
El bioma más perjudicado, efectivamente, es el Amazonas, con el 51,9% de los casos. En números absolutos, Mato Grosso es el primer estado con 13.109 puntos de quema, seguido por Pará con 7.975, Corumbá, por su parte, es el municipio que ostenta la mayor cifra de focos.
En Bolivia, de acuerdo a los datos oficiales, se han calcinado ya casi medio millón de hectáreas en el departamento de Santa Cruz, situado al este del país, en la frontera con Brasil y Paraguay, hacia donde se dirigen las llamas. El gobernador de dicha región ha solicitado la ayuda del Estado y ha declarado la situación de desastre.
En Perú, el dióxido de carbono podría estar afectando a la provincia de Tahuamanu, en la región Madre de Dios, zona fronteriza con Brasil y Bolivia.
Por este motivo, el Servicio Nacional de Meteorología e Hidrología y las instituciones competentes, analizan la calidad del aire para prevenir los efectos que puedan causar en la población.
No obstante, el Servicio Nacional Forestal y de Fauna Silvestre declaró que dicho incendio de Santa Cruz, por el momento, no representa peligro para Perú.
Mensaje del CELAM
Los obispos describen en su mensaje que “la esperanza por la cercanía del sínodo Amazónico, convocado por el Papa Francisco, se ve ahora empañada por el dolor de esta tragedia natural”, al mismo tiempo que transmiten su solidaridad a los habitantes de la región, los “hermanos pueblos indígenas”. Y añaden: “Unimos nuestra voz a la suya para gritar al mundo por la solidaridad y la pronta atención para detener esta devastación”.
Por otro lado, remiten al preámbulo del Instrumentum Laboris del Sínodo de la Amazonía que “advierte proféticamente”: “En la selva amazónica, de vital importancia para el planeta, se desencadenó una profunda crisis por causa de una prolongada intervención humana, donde predomina una ‘cultura del descarte’ (LS 16) y una mentalidad extractivista. La Amazonía es una región con una rica biodiversidad, es multiétnica, pluricultural y plurirreligiosa, un espejo de toda la humanidad que, en defensa de la vida, exige cambios estructurales y personales de todos los seres humanos, de los Estados y de la Iglesia. Esta realidad supera el ámbito estrictamente eclesial amazónico, porque se enfoca en la Iglesia universal y también al futuro de todo el planeta” .
“Seamos custodios de la creación”
Ante todo ello, los miembros de este consejo latinoamericano urgen a los gobiernos de los países amazónicos, especialmente a los de Brasil y Bolivia, a las Naciones Unidas y a la comunidad internacional “a tomar serias medidas para salvar al pulmón del mundo”, pues “lo que le pasa al Amazonas no es un asunto solo local sino de alcance global. Si el Amazonas sufre, el mundo sufre”.
Finalmente, rememoran las palabras del Papa Francisco, que pidió “por favor, a todos los que ocupan puestos de responsabilidad en el ámbito económico, político, social, a todos los hombres y mujeres de buena voluntad: [que] seamos custodios de la creación, del designio de Dios inscrito en la naturaleza, guardianes del otro, del medio ambiente; no dejemos que los signos de destrucción y de muerte acompañen el camino de este mundo nuestro” (Homilía del inicio del ministerio Petrino, Marzo 19, 2013)”.
Aumento de los fuegos en la Amazonía
El Instituto de Investigación Ambiental de la Amazonía (IPAM) difundió el pasado martes 20 de agosto una nota donde informa que el número de los focos de calor de los incendios registrados en la Amazonía ya es un 60% más alto que en los tres años anteriores.
Una de las hipótesis para explicar este aumento sería una sequía intensa, pero no se ha podido confirmar, ya que actualmente hay más humedad en la Amazonía que en los últimos tres años.
De este modo, la deforestación y las quemas se convierten en las dos posibles causas de estos fuegos.

martes, 23 de julio de 2019

Durante millones de años el Amazonas desembocó en el Pacífico (Leonardo Boff) 21072019

Durante millones de años 

el Amazonas desembocó en el Pacífico

2019-07-21


            En función del Sínodo pan-amazónico, continuemos profundizando la historia del ecosistema amazónico. Euclides da Cunha (1866-1909), un clásico de las letras brasileras, fue también un apasionado investigador de la región amazónica, y escribía en 1905: «La inteligencia humana no soportaría el peso de la realidad portentosa de la Amazonia; tendrá que crecer con ella, adaptándose a ella para dominarla» (Um paraíso perdido, reunión de ensayos amazónicos, Petrópolis 1976, 15). Tal constatación muestra la exuberante riqueza de este ecosistema inconmensurable.
            Paradójicamente la Amazonia es también el lugar que sufre más violencia. Si queremos ver la cara brutal del sistema capitalista depredador, visitemos la Amazonia. Ahí emerge el gigantismo del espíritu de la modernidad, la racionalización de lo irracional y la lógica implacable del sistema anti-naturaleza.
            El Estado brasileiro, las empresas nacionales y las multinacionales, formaron un gran trío, y dieron origen a lo que se ha llamado “el modo de producción amazónico” (cf. Mires, F., Discurso de la naturaleza: ecología y política en América Latina, DEI, San José 1990, 119-123). Es un modo que se define como una forma de producción/destrucción terriblemente depredadora, con la aplicación intensiva de tecnología contra la naturaleza, declarando la guerra a los árboles, exterminando poblaciones originarias y adventicias, superexplotando la fuerza de trabajo, incluso a modo de esclavitud, en vistas a la producción para el abastecimiento del mercado mundial.
            La Amazonia continental comprende 6,5 millones de km cuadrados, que cubren dos quintos del área latinoamericana: mitad de Perú, un tercio de Colombia y gran parte de Bolivia, Venezuela, Guyana, Guayana Francesa y Surinam, y 3,5 millones de km cuadrados del área brasilera.
            Geológicamente, el proto-Amazonas, durante todo el paleozoico (hace entre 550-230 millones de años) formaba un gigantesco golfo abierto hacia el Pacífico. América del Sur estaba todavía unida a África. En la era cenozoica, al comienzo del período terciario hace 70 millones de años, empezaron a surgir los Andes y durante todo el plioceno y el pleistoceno, y a lo largo de miles y miles de años, bloquearon la salida de las aguas hacia el Pacífico. Toda la depresión amazónica quedó convertida en un paisaje acuoso hasta encontrar una salida hacia el Atlántico, como ocurre actualmente (cf. Soli, H., Amazônia, fundamentos da ecologia da maior região de florestas tropicais, Vozes, Petrópolis 1985, 15-17).
            El río Amazonas, según las investigaciones más recientes, es el río más largo del mundo, con 7.100 kilómetros, cuyos manantiales se encuentran en Perú, entre los montes Mismi (5.669 m) y Kcahuich (5.577 m), al sur de la ciudad de Cuzco. Es también, con mucho, el más caudaloso, con un caudal medio de 200.000 metros cúbicos por segundo. Sólo él, contiene de 1/5 a 1/6 de la masa de agua que todos los ríos de la Tierra lanzan conjuntamente a los océanos y los mares. El lecho principal del río tiene un promedio de anchura de 4-5 km, con una profundidad que varía de 100 m en Obidos a 4 m en la desembocadura del río Xingú.
            En la Amazonia se ofrece el mayor patrimonio genético. Como decía uno de nuestros mejores estudiosos, Eneas Salati: «En pocas hectáreas de la selva amazónica, existe un número de especies de plantas y de insectos, mayor que toda la flora y la fauna de Europa» (Salati, E., Amazônia: desenvolvimento, integração, ecologia, Brasiliense/CNPq, São Paulo 1983; cf. Leroy, J.-P., Uma chama na Amazônia, Vozes/Fase, Petrópolis 1991,184-202; Ribeiro, B., Amazônia urgente, cinco séculos de história e ecologia, Itatiaia, Belo Horizonte 1990, 53). Pero no nos debemos engañar: esta selva exuberante es extremadamente frágil, pues se yergue sobre uno de los suelos más pobres y lixiviados de la Tierra, como escribimos en el artículo anterior.
            En la selva amazónica precolombina vivían, según el historiador Pierre Chaunu, 2 millones de habitantes, y en toda América del Sur unos 80-100 millones, 5 millones de ellos en Brasil.
            Desarrollaron un sutil manejo de la selva, respetando su singularidad, pero, al mismo tiempo, modificando el hábitat para estimular aquellos vegetales útiles para el uso humano. Como afirma el antropólogo Viveiros de Castro: «la Amazonia que vemos hoy es la que resultó de siglos de intervención social, así como las sociedades que allí viven son el resultado de siglos de convivencia con la Amazonia» (“Sociedades indígenas y naturaleza”, en Tempo e Presença, nº 261, 1992, 26). E. Miranda es todavía más enfático: «Queda poca naturaleza intocada y no alterada por los humanos en la Amazonia» (Quando o Amazonas corria para o Pacífico, Vozes, Petrópolis 2007, 83).
            En el Brasil pre-cabralino había cerca de 1.400 tribus, el 60% de ellas en la parte amazónica. Se hablaban lenguas pertenecientes a 40 troncos subdivididos en 94 familias diferentes, fenómeno fantástico, que llevó a la etnóloga Berta Ribeiro a afirmar que «en ninguna otra parte de la Tierra se encontró una variedad lingüística semejante a la observada en la América del Sur tropical» (Amazônia urgente, op. cit. 75).
            Conviene señalar que en el interior de la selva amazónica, 1.100 años antes de la llegada de los europeos, se formó un espacio inmenso (diría que casi un “imperio”) de la tribu tupí-guaraní. Ésta ocupó territorios que iban desde los contrafuertes andinos, formadores del río, hasta la cuenca del Paraguay y del Paraná, llegando después al Norte y al Nordeste, para bajar hasta el Pantanal y las pampas gaúchas.
            Prácticamente, todo el Brasil florestal, excepto algunas partes, fue conquistado por los tupí-guaraní (cf. Miranda, E., Quando o Amazonas corria para o Pacífico, op. cit., 92-93). Se creó un “proto-Estado” con animado comercio con los Andes y el Caribe.
            De esta forma se deshace la creencia del carácter salvaje de la Amazonia y de su vacío civilizatorio.        
Página de Leonardo Boff

sábado, 13 de julio de 2019

La Amazonia: ni salvaje, ni pulmón, ni granero del mundo (Leonardo Boff) 12072019


La Amazonia: ni salvaje, ni pulmón, ni granero del mundo

2019-07-12


            El Sínodo pan-amazónico que se celebrará en octubre de este año en Roma demanda un mejor saber sobre el ecosistema amazónico. Hay que deshacer mitos.
            Primer mito: el indígena como salvaje y genuinamente natural, y por eso en sintonía perfecta con la naturaleza. Se regularía por criterios no-culturales sino naturales. Estaría en una especie de siesta biológica ante la naturaleza, en una perfecta adaptación pasiva a los ritmos y a la lógica de la naturaleza.
            Esta ecologización de los indígenas es fruto del imaginario urbano, fatigado por el exceso de tecnificación y de artificialización de la vida.
            Lo que podemos decir es que los indígenas amazónicos son humanos como cualquier otro ser humano y, como tales, están siempre en interacción con el medio. La investigación comprueba cada vez más el juego de interacción entre los indígenas y la naturaleza. Ellos se condicionan mutuamente. Las relaciones no son “naturales” sino culturales, como las nuestras, en un intrincado tejido de reciprocidades. Tal vez los indígenas tienen algo de singular que los distingue del hombre moderno: sienten y ven a la naturaleza como parte de su sociedad y cultura, como prolongación de su cuerpo personal y social. No es, como para los modernos, un objeto mudo y neutro. La naturaleza habla y el indígena entiende su voz y su mensaje. La naturaleza pertenece a la sociedad y la sociedad pertenece a la naturaleza. Están siempre adecuándose mutuamente y en proceso de adaptación recíproca. Por eso están mucho más integrados que nosotros. Tenemos mucho que aprender de la relación que ellos mantienen con la naturaleza.
            Segundo mito: la Amazonia es el pulmón del mundo. Los especialistas afirman que la selva amazónica se encuentra en un estado clímax. Es decir, se encuentra en un estado óptimo de vida, en un equilibrio dinámico en el cual todo es aprovechado y por eso todo se equilibra. Así la energía fijada por las plantas mediante las interacciones de la cadena alimentaria conoce un aprovechamiento total. El oxígeno liberado de día por la fotosíntesis de las hojas es consumido de noche por las propias plantas y por los demás organismos vivos. Por eso la Amazonia no es el pulmón del mundo.
            Pero funciona como un gran filtro del dióxido de carbono. En el proceso de fotosíntesis se absorbe gran cantidad de carbono. Y el dióxido de carbono es el principal causante del efecto invernadero que calienta la tierra (en los últimos 100 años aumentó un 25%). Si un día la Amazonia fuese totalmente deforestada, serían lanzadas a la atmósfera cerca de 50 mil millones de toneladas de dióxido de carbono al año. Habría una mortandad en masa de organismos vivos.
            Tercero mito: la Amazonia como el granero del mundo. Así pensaban los primeros exploradores como von Humboldt y Bonpland y los planificadores brasileros en tiempos de los militares en el poder (1964-1983). No lo es. La investigación ha demostrado que “la selva vive de sí misma” y en gran parte “para sí misma” (cf. Baum, V., Das Ökosystem der tropischen Regeswälder, Giessen 1986, 39). Es lujuriante pero con un suelo pobre en humus. Parece una paradoja. Lo dejó bien claro el gran especialista en Amazonas Harald Sioli: “la selva crece realmente sobre el suelo y no del suelo” (A Amazônia, Vozes 1985, 60). Y lo explica: el suelo es solamente el soporte físico de una trama intrincada de raíces. Las plantas se entrelazan por las raíces y se sostienen mutuamente por la base. Se forma un inmenso balance equilibrado y ritmado. Toda la selva se mueve y danza. Por esto, cuando una es derribada arrastra con ella a otras varias.
            La selva conserva su carácter exuberante porque existe una cadena cerrada de nutrientes. Están los materiales en descomposición en el suelo, la capa vegetal de hojas, frutos, pequeñas raíces, excrementos de animales silvestres, enriquecidos por el agua que gotea de las hojas y el agua que escurre de los troncos. No es el suelo lo que nutre los árboles. Son los árboles los que nutren el suelo. Estos dos tipos de agua lavan y arrastran los excrementos de los animales arborícolas y animales de especies mayores como aves, macacos, coatis, perezosos y otros, así como la miríada de insectos que tienen su hábitat en la copa de los árboles. Existe también una enorme cantidad de hongos y un sinnúmero de micro-organismos que juntamente con los nutrientes reabastecen las raíces. Por las raíces, la sustancia alimenticia va a las plantas garantizando la exuberancia extasiante de la Hiléia amazónica. Pero se trata de un sistema cerrado con un equilibrio complejo y frágil. Cualquier pequeño desvío puede acarrear consecuencias desastrosas. El humus no alcanza comúnmente más que 30-40 centímetros de espesor. Con las lluvias torrenciales es arrastrado fuera. En poco tiempo aflora la arena. La Amazonia sin la selva puede transformarse en una inmensa sabana o hasta en un desierto. Por esto la Amazonia jamás podrá ser el granero del mundo, pero seguirá siendo el templo de la mayor biodiversidad.
            Constataba el especialista de la Amazonia, Shelton H. Davis, en 1978 y sirve igualmente para 2019: “En este momento se está librando una guerra silenciosa contra pueblos aborígenes, contra campesinos inocentes y contra el ecosistema de selva en la cuenca amazónica” (Víctimas del milagro, Saar 1978, 202). Hasta 1968 la selva estaba prácticamente intacta. Desde entonces, con la introducción de los grandes proyectos de las hidroeléctricas y del agronegocio, y hoy con el anti-ecologismo del gobierno Bolsonaro, continúa la brutalización y la devastación de la Amazonia.