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miércoles, 10 de julio de 2024

Sybil, la enfermera de la resistencia antijaponesa: fue torturada... y recibió una profética visión 09072024

  Personajes

Sybil, la enfermera de la resistencia antijaponesa: fue torturada... y recibió una profética visión

Sybil Kathigasu
Sybil tuvo una visión en la que Dios le decía que en el futuro tendría que soportar muchos sacrificios. Pero, en vez de desmoralizarse, la enfermera colgó un cuadro del Sagrado Corazón de Jesús en un lugar estratégico de la casa.

ReL

Sybil Kathigasu nació en 1899 y era una enfermera católica que atendía a las personas sin recursos. Durante la Segunda Guerra Mundial apoyó la resistencia contra Japón junto con su marido, sufrió graves torturas y murió de septicemia en 1948. El portal Asianews recoge su historia. 

El cardenal y obispo de Penang, Sebastian Francis, acaba de anunciar la apertura de la causa de beatificación.

"Hoy celebramos el comienzo de un camino para elevar al honor de los altares a una hija de la Iglesia de Malasia" que "con una vida de fe y acciones valientes ha inspirado a muchos de nosotros. Esforcémonos en seguir sus huellas y rezar para que se reconozca su santidad", comentó.

El Sagrado Corazón, de cara a la guerra 

Sybil nació en Medan, Sumatra, que entonces formaba parte de las Indias Orientales Holandesas. Quinta hija (única mujer) de Joseph Daly, florista de origen irlandés, y Beatrice Matilda Martin, partera de familia francesa. Después de estudiar obstetricia y enfermería durante tres años, Sybil colaboró con su esposo, el Abdon Clement Kathigesu, en una clínica en la pequeña ciudad de Papan, Ipoh, en el Estado de Perak.

El matrimonio levantó un consultorio médico privado exitoso que también ofrecía servicios gratuitos a las personas sin recursos que no podían pagar la atención médica. Pero la guerra no se hizo esperar, y en 1941 se produjeron los primeros bombardeos en Ipoh y la incursión de las tropas japonesas en la ciudad, conocida por sus yacimientos de estaño. Sybil tuvo una visión en la que Dios le decía que en el futuro tendría que soportar muchos sacrificios.

Sybil

Sybil, junto a su marido, que también fue torturado, y su hija.

Pero, en vez de desmoralizarse, la enfermera colgó un cuadro del Sagrado Corazón de Jesús en un lugar estratégico de la casa, desde donde podía observar todo lo que ocurría en el exterior. El matrimonio Kathigesu apoyó la resistencia suministrando en secreto medicamentos a las fuerzas aliadas y compartiendo información, ayudados por el conocimiento del cantonés de Sybil, que le permitía comunicarse con los guerrilleros chinos que luchaban contra la ocupación japonesa.

La mujer fue arrestada junto con su marido y la Kempeitai, la policía militar japonesa, la sometió a terribles torturas, pero Sybil se negó a revelar la información que tenía. Aferrada a su rosario, rezaba en voz alta todas las noches e invocaba el nombre de Jesús. De esa manera pudo resistir incluso cuando la arrastraron para ver a su hija Dawn, de cinco años, colgada de un árbol sobre una fogata que amenazaba con quemarla viva.

Pero, según su biografía, fue su hija quien la alentó a no ceder: "Tienes que ser muy valiente, mamá. No hables. Cuando las dos muramos, Jesús nos estará esperando en el cielo", le dijo la pequeña.

Cuando terminó la guerra, Sybil fue liberada de la cárcel de Batu Gajah el 6 de septiembre de 1945 con heridas muy graves, entre ellas una fractura de columna. Lo primero que pidió fue que la llevaran en camilla hasta la entrada de la iglesia de San José, donde se arrastró por la nave para dar gracias.

El ejército antijaponés formado por la población malaya también liberó a su marido y a sus hijos. En 1947, el rey Jorge VI le concedió la Medalla George en el Palacio de Buckingham, por su valentía durante la ocupación japonesa, y fue la única mujer malaya que recibió ese reconocimiento. Siete meses después, el 12 de junio de 1948, a los 49 años, Sybil murió a causa de una septicemia.

Su cuerpo fue enterrado en Lanark, Escocia, pero al año siguiente fue llevado de regreso a Ipoh y enterrado en el cementerio católico de la iglesia de San Miguel en Brewster Road. La revista Time la llamó la "Edith de Malasia" en referencia a la enfermera británica Edith Cavell, quien atendió a soldados de ambos bandos sin distinción durante la Primera Guerra Mundial. 

martes, 13 de septiembre de 2022

La historia del milagro escondido tras la imagen de esta bella Virgen 12092022

 

La historia del milagro escondido tras la imagen de esta bella Virgen


Imagen de la Virgen Nuestra Señora de la Paz. Cuadro entregado al Papa por los obispos de Kazajistán/Crédito: EWTN
Imagen de la Virgen Nuestra Señora de la Paz. Cuadro entregado al Papa por los obispos de Kazajistán/Crédito: EWTN

Ozernoye es el nombre de un pueblo situado al norte de Kazajistán donde se encuentra el Santuario de Nuestra Señora de la Paz, el único santuario mariano de Asia Central y a cuya Virgen se le atribuye un milagro que salvó la vida de numerosas personas. 

En declaraciones a EWTN, el Padre Mariusz Stawasz, Rector de este santuario, explicó que en aquel lugar durante la Segunda Guerra Mundial la gente rezaba por la intercesión de la Virgen María para que terminara con la hambruna. 

Fue el 25 de marzo de 1941 cuando ocurrió un milagro. De pronto, las temperaturas subieron y la nieve se derritió, formando un gran lago en los alrededores del pueblo de Ozernoye.

Lago que apareció tras el milagro. Crédito: EWTN

En el lago comenzaron a aparecer gran cantidad de peces con los que los habitantes de este pueblo pudieron alimentarse.

Tras este milagro, la aldea de Ozernoye se ha convertido en la sede del único santuario mariano en toda la región de Asia Central, incluyendo Mongolia y Afganistán.

Santuario de Nuestra Señora de la Paz. Crédito: EWTN

La iglesia se construyó en 1990 y pronto se convirtió en un lugar de peregrinación, especialmente para los jóvenes, que se reúnen cada año en agosto para participar en un festival. 

Además, desde 2014 en este santuario se encuentra uno de los 12 altares de la paz, donde cada día del año los peregrinos acuden para rezar por la paz en el mundo. 

El altar de la Paz. Crédito: EWTN

La idea de este altar es ser una de las 12 estrellas de la corona de la Madre de Dios y fue iniciado por la comunidad laica “Regina della Pace” en Polonia. Estos altares están repartidos en diferentes países del mundo. 

De hecho, durante su visita a Kazajistán, Juan Pablo II quiso hacer “una peregrinación espiritual” a este santuario, y ante los fieles que le escuchaban, rezó en silencio remitiéndose espiritualmente hacia este lugar.

La imagen de esta Virgen, que sujeta al Niño Jesús en sus brazos y señala a un lago lleno de peces, se ha convertido en la imagen protagonista de la medalla diseñada para el viaje del Papa Francisco a Kazajistán, que tendrá lugar entre el 12 y el 15 de septiembre. 

Medalla oficial del viaje apostólico del Papa Francisco. 


 

Etiquetas: MilagroSegunda Guerra MundialEl Papa FranciscoKazajistánVirgen de la Paz

viernes, 29 de mayo de 2020

El «milagro» de Vinkt que siguió a la horrible masacre: 70 años de la heroicidad del «Padre Tocino» 28052020

El «milagro» de Vinkt que siguió a la horrible masacre: 70 años de la heroicidad del «Padre Tocino»


El padre Werenfried predicando el amor consiguió el milagro de la reconciliación y de la ayuda a aquellos que consideraban sus enemigos
El padre Werenfried predicando el amor consiguió el milagro de la reconciliación y de la ayuda a aquellos que consideraban sus enemigos
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La II Guerra Mundial dejó millones de muertos y otros muchos más de damnificados. Las ideologías totalitarias mostraron en esos años la peor cara del ser humano. Pero en medio de estas situaciones también aparece la luz de Dios a través de personas concretas. Una de ellas fue el monje premostratense holandés Werenfried van Straaten, que acabaría creando en aquel momento lo que hoy conocemos como Ayuda a la Iglesia Necesitada.
Tras la guerra y los acuerdos suscritos por las potencias vencedoras más de 14 millones de alemanes fueron expulsados de los territorios orientales, entre ellos más de seis millones de católicos. Estas personas tuvieron que vivir en condiciones infrahumanas en campos de refugiados.
Werenfried van Straaten, el "Padre Tocino"
A este monje la situación de estas personas le recordó a la Sagrada Familia cuando no encontraba sitio en la posada. Intuyó el peligro que entrañaba una Europa que siguiera dividida por el odio por lo que dedicó su vida a la caridad.
En 1947, el padre Van Straaten publicó un artículo titulado No hay lugar en la posada en la revista de su abadía en Bélgica donde pedía a los habitantes del país un gesto de reconciliación, justo en un momento en el que todavía muchos belgas lloraban la muerte de sus familiares a manos de los alemanes.
werenfried
Sin embargo, la respuesta fue sorprendente pues una ola de solidaridad se produjo entre la comunidad flamenca. Los sacerdotes que vivían en los campos de refugiados se encargaron de organizar toda esta ayuda.
Un año después, este monje organizó una colecta de tocino entre los campesinos que fue un auténtico éxito y desde ese momento conocieron a este sacerdote como el “padre Tocino”.
El milagro de Vinkt
Pero hubo otros milagros inimaginables en ese momento. Precisamente, este miércoles se cumplieron 70 años del “milagro de Vinkt”, cuando el amor pudo al odio de una manera sobrenatural.
Ayuda a la Iglesia Necesitada conmemora esta fecha poniendo en antecedentes. En 1950, se cumplían diez años de la masacre de Vinkt. El 27 de mayo de 1940, este pueblo belga cercano a Gante se convirtió en el escenario de una tremenda matanza cometida por las tropas alemanas. 86 civiles fueron asesinados a sangre fría.
vinkt
Para ese décimo aniversario el padre Werenfried estuvo en aquella localidad belga y fue testigo de este milagro. En sus memorias, este monje confesaba: “Nunca en mi vida he sido dado a sentir miedo fácilmente, pero en ese momento lo tuve”.
Aquella matanza había marcado a los habitantes de Vinkt. Entre las víctimas había personas de todas las edades, desde niños de 13 años a ancianos de 89. Prácticamente todos en el pueblo habían perdido un ser querido. Predicar el amor y la reconciliación no sería una tarea sencilla.
“Viajé a Vinkt el día anterior, a fin de explorar el terreno. Llegué a la vicaría el sábado por la noche. Desesperado, el párroco levantó las manos y gritó: ‘No va a funcionar padre; la gente no quiere. Dicen: ‘¿Cómo? ¿Este padre viene a pedir ayuda para los alemanes? ¿Para los malnacidos que mataron a nuestros hombres y niños? ¡Nunca! No vendrá ni un alma viviente a oírle. Puede predicar a las sillas vacías si quiere. Y tiene suerte de ser religioso. ¡Si no, le daríamos una paliza!’”.
"La predicación más difícil de mi vida"
¿Qué podía hacer?, se preguntaba el padre Werenfried. Decidió seguir adelante y predicar el domingo en todas las misas. Así fue como subió al púlpito para predicar durante cuarto de hora sobre el amor. Él mismo reconocía que “fue la predicación más difícil de mi vida, pero dio resultado”.
Este monje recuerda que “cuando estaba dando gracias después de la Misa en la iglesia completamente vacía — ¡porque la gente se avergüenza de mostrar lo buena que es!— se me acercó tímidamente una mujer. Sin decir nada, me dio mil francos y se fue antes de que pudiera preguntarle nada. Afortunadamente, el sacerdote salía en ese momento de la sacristía y la vio irse; me comentó: ‘Es una sencilla campesina; su marido, su hijo y su hermano fueron asesinados por los alemanes en 1940’. Ella fue la primera”.
Después por la tarde la sala estaba llena. El Padre Werenfried informaba que “hablé durante dos horas sobre la situación de los sacerdotes de la mochila y el abandono que sufrían sus fieles. No pedí tocino ni dinero ni ropa. Sólo pedí amor, y al final pregunté si querían rezar conmigo por sus hermanos necesitados de Alemania. Rezaron con lágrimas en los ojos. A las once de la noche, cuando se había hecho de noche y nadie podía reconocerlos, vino uno tras otro a la casa parroquial para entregar un sobre con cien francos, con quinientos francos, con una carta. A la mañana siguiente, antes de irme, volvía a acudir gente a la casa parroquial (…) Recibí diecisiete sobres con dinero. Transfirieron dinero a mi cuenta. Recolectaron tocino. Adoptaron a un sacerdote alemán. ¡Eso fue Vinkt! El ser humano es mejor de lo que pensamos”.
“Ni la bomba atómica ni el Plan Marshall nos salvarán, solo la verdadera fe cristiana. Solo a través del amor, el sello del cristiano, puede restaurarse el orden”, afirmaba este sacerdote que creó Ayuda a la Iglesia Necesitada, una fundación pontificia que realiza una labor fundamental de ayuda a cristianos de todo el mundo.

viernes, 12 de enero de 2018

Oración del soldado Aleksander Zacepa, antes de la batalla en la Segunda Guerra Mundial

 Rusia. En 1972, en una revista clandestina se publicó una oración encontrada en el bolsillo de la chaqueta del soldado Aleksander Zacepa, compuesta poco antes de la batalla en la que perdió la vida en la segunda guerra mundial. Dice así.

¡Escucha, oh Dios! En mi vida no he hablado ni una sola vez contigo, pero hoy me vienen ganas de hacer fiesta. Desde pequeño me han dicho siempre que Tú no existes... Y yo, como un idiota, lo he creído.

Nunca he contemplado tus obras, pero esta noche he visto desde el cráter de una granada el cielo lleno de estrellas y he quedado fascinado por su resplandor. En ese instante he comprendido qué terrible es el engaño... No sé, oh dios, si me darás tu mano, pero te digo que Tú me entiendes...

¿No es algo raro que en medio de un espantoso infierno se me haya aparecido la luz y te haya descubierto?
No tengo nada más que decirte. Me siento feliz, pues te he conocido. A medianoche tenemos que atacar, pero no tengo miedo, Tú nos ves.
¡Han dado la señal! Me tengo que ir. ¡Qué bien se estaba contigo! Quiero decirte, y Tú lo sabes, que la batalla será dura: quizá esta noche vaya a tocar a tu puerta. Y si bien hasta ahora no he sido tu amigo, cuando vaya, ¿me dejarás entrar?

Pero, ¿qué me pasa? ¿Lloro? Dios mío, mira lo que me ha pasado. Sólo ahora he comenzado a ver con claridad... Dios mío, me voy... Será difícil regresar. Qué raro, ahora la muerte no me da miedo".


lunes, 16 de mayo de 2016

Salvó seis mil personas en la Roma ocupada y al acabar la guerra convirtió al jefe de la Gestapo 16052016

El Vaticano rinde homenaje a monseñor Hugh O´Flaherty

Salvó seis mil personas en la Roma ocupada y al acabar la guerra convirtió al jefe de la Gestapo

Salvó seis mil personas en la Roma ocupada y al acabar la guerra convirtió al jefe de la Gestapo
La serie Escarlata y negro, interpretada por Gregory Peck, popularizó la figura de Hugh OFlaherty.

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16 mayo 2016
En la Roma bajo la ocupación alemana, la Iglesia se movilizó para proteger a quienes pudiesen estar en situación de riesgo. Uno de los personajes más destacados de esa época es el sacerdote irlandés Hugh O´Flaherty (1898-1963), inmortalizado por el escritor J.P. Gallagher en la novela Escarlata y negro, que sirvió de guión a la película del mismo nombre rodada en 1983 por Jerry London para la televisión e interpretada por Gregory Peck como monseñor O’Flaherty, con Christopher Plummer como el coronel Kappler y Sir John Gielgud como el Papa Pío XII.


El padre O´Flaherty, un héroe finalmente reconocido por todos.

O´Flaherty salvó a miles de soldados aliados y judíos en la Segunda Guerra Mundial y el 8 de mayo fue homenajeado en el Vaticano, en una ceremonia en el Campo Santo Teutónico, dentro de los muros del Vaticano, a la que asistieron numerosos representantes diplomáticos, como cuenta Edward Pentin en National Catholic Register y traduce David Ramos para Aciprensa.



El evento, que incluyó una misa especial en el Campo Santo Teutónico –el cementerio y el Colegio para miembros principalmente de habla germana de las diversas instituciones religiosas en Roma– fue “extremadamente conmovedora”, dijo Nigel Baker, embajador del Reino Unido en la Santa Sede: “Fue una conmemoración muy apropiada y es bueno que finalmente haya un monumento permanente para él”.

Empezó en los primeros años de guerra
Según el libro Escarlata y negro, de J.P. Gallagher, los heroicos esfuerzos salvavidas de monseñor O’Flaherty comenzaron cuando recorrió los campos de prisioneros en Italia, en los primeros años de la Segunda Guerra Mundial. Su propósito era saber sobre prisioneros que hubieran sido reportados como perdidos en acción. Una vez que los encontraba vivos, notificaba a sus familias a través de Radio Vaticana.


Estatua a Hugh O´Flaherty en Killarny, en el suroeste de Irlanda, donde se crió.
Muchos prisioneros de guerra aliados liberados tras la caída del régimen de Benito Mussolini en 1943 quedaron de nuevo en peligro tras la ocupación de Italia por Alemania. Algunos de ellos lograron llegar a Roma y pedirle ayuda. El sacerdote irlandés entonces obtuvo auxilio de otros, incluyendo sacerdotes, espías, diplomáticos e incluso comunistas para crear lo que se conoció como la Línea de Escape Roma.

Parcialmente bajo la coordinación de monseñor O’Flaherty, él y sus aliados ocultaron un estimado de cuatro mil fugitivos, principalmente soldados aliados y judíos, en apartamentos, granjas y conventos. Él mismo vistió varios disfraces cuando se aventuró fuera de los muros del Vaticano para realizar su misión, pese a los riesgos que esto implicaba, pues los nazis intentaban arrestarlo.

El teniente coronel Herbert Kappler (1907-1978), jefe de la Gestapo en Roma, ordenó que se pintara una línea blanca en el límite de la Plaza de San Pedro para señalar el borde entre la Ciudad del Vaticano e Italia, y amenazó a monseñor O’Flaherty con asesinarlo si lo cruzaba. También fue amenazado con torturas si alguna vez fuera capturado.


Christopher Plummer (izquierda) y Gregory Peck (derecha), frente a frente en Escarlata y negro.

En el momento de la liberación de Roma a manos de las tropas aliadas, la Línea de Escape Roma estaba protegiendo no solo cerca de cuatro mil fugitivos de 25 nacionalidades, sino también muchos judíos y otros. Después de la guerra, monseñor O’Flaherty frecuentemente visitó a Kappler en prisión y finalmente lo recibió en la Iglesia.


Herbert Kappler se convirtión en prisión tras la guerra, precisamente de la mano de monseñor O´Flaherty.

No hablaba de lo sucedido
Alrededor de doscientas personas asistieron a la inauguración del monumento el 8 de mayo, entre ellos miembros de la familia O’Flaherty y familiares de quienes trabajaron con él en la Línea de Escape Roma.

Entre ellos se encontraban tres hijos del mayor británico Sam Derry, un ex prisionero de guerra que escapó de una prisión italiana y que trabajó de cerca con monseñor O’Flaherty en establecer y coordinar el rescate.

También asistieron miembros de la archicofradía del Teutonicum, donde monseñor O’Flaherty vivió durante 20 años, embajadores de importantes países como Alemania, el Reino Unido, Estados Unidos y Canadá, y representantes de familias italianas que lo ayudaron a proteger a estas personas y grupos vulnerables.

El Papa Francisco dio un mensaje de saludo a los miembros de la Sociedad Conmemorativa Hugh O’Flaherty durante su mensaje posterior al rezo ese domingo del Regina Coeli.

El sobrino de Mons. O’Flaherty, también llamado Hugh, dijo a Radio Vaticano que su tío tenía muy buen humor y un carácter muy jovial, preocupado principalmente en el presente. Por esta razón, dijo que su tío difícilmente hablaba sobre lo que sucedió durante la guerra, incluso cuando Lord Beaverbrookm el dueño del diario británico The Express, entonces el diario más leído en el mundo, quiso hacer un reportaje sobre él. “¡Muy a mi pesar, mi tío no quiso comentar al respecto!”, recordó O’Flaherty: “Como dije, él vivía mucho en el presente, y el pasado era el pasado”.

En la placa, que fue financiada por el gobierno irlandés, se lee:

“Monseñor Hugh O’Flaherty, nacido en Irlanda 28.2.1898. Fundador de la Línea de Escape Roma. Incansable defensor del débil y el oprimido. Residente en este Colegio 1938-1960 desde donde salvó más de 6.000 vidas de los Nacional Socialistas. Murió 30.10.1963. Enterrado en Cahersiveen, County Kerry, Irlanda”.