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jueves, 18 de abril de 2019

Qué bien, convertirse en buen pan (Enric Termes) 18042019



 Qué bien, convertirse en buen pan

Cuando tenemos un poco de hambre, ¡qué bien nos sabe aquel pedazo de pan que nos llevamos a la boca! No es necesario que esté recién hecho, tierno y sabroso. Basta que sea aquel resto un poco seco que quedó olvidado en la cesta del pan. ¡Qué rico está! Aquel pedazo que nos calma el hambre es el fruto de mucho tiempo y de muchos esfuerzos, especialmente el de dejarse transformar. Ha tardado mucho a convertirse en pan. Comenzando, lejos en el tiempo, por quien ha sembrado en la tierra aquel trigo–o cualquier otra semilla– que se convertirá en la base, dejando pasar el tiempo para que aquella semilla germine, crezca, dé fruto –el máximo posible– y sea recolectado. Aquel trigo triturado, con la cantidad adecuada de agua, la levadura correspondiente y con una brizna de sal deberá dejarse amasar, reposar en el tiempo para que la levadura lo transforme internamente, poner en el horno para ser cocido y convertido en algo diferente. En definitiva, para ser «buen pan» hay que sufrir y dejarse trabajar, para poder ser, así, finalmente, un pan que sacie, que alimente, que dé fuerzas, que pueda ser partido y –todavía mejor– repartido y compartido. ¡Ojalá pudiéramos decir como Cristo, y como tantos otros en la historia: «He partido mi cuerpo como el pan y lo he repartido entre los hombres»!
Enric Termes
Centre de Pastoral litúrgica. MD. 2019/05

Textos sobre la Eucaristía

Textos sobre la Eucaristía

eucaristía










Presencia real

En el santísimo sacramento de la Eucaristía están "contenidos verdadera, real y sustancialmente el Cuerpo y la Sangre junto con el alma y la divinidad de nuestro Señor Jesucristo, y, por consiguiente, Cristo entero". "Esta presencia se denomina real, no a título exclusivo, como si las otras presencias no fuesen reales, sino por excelencia, porque es sustancial, y por ella Cristo, Dios y hombre, se hace totalmente presente".
Catecismo, n. 1374

Misterio de la fe

Por la consagración del pan y del vino se opera el cambio de toda la sustancia del pan en la sustancia del Cuerpo de Cristo nuestro Señor y de toda la sustancia del vino en la sustancia de su Sangre; la Iglesia católica ha llamado justa y apropiadamente a este cambio transustanciación"
Catecismo, n. 1376

Cristo todo entero

La presencia eucarística de Cristo comienza en el momento de la consagración y dura todo el tiempo que subsistan las especies eucarísticas. Cristo está todo entero presente en cada una de las especies y todo entero en cada una de sus partes, de modo que la fracción del pan no divide a Cristo.
Catecismo, n. 1377

Solo por la fe

"La presencia del verdadero Cuerpo de Cristo y de la verdadera Sangre de Cristo en ese sacramento, no se conoce por los sentidos, dice Santo Tomás, sino sólo por la fe, la cual se apoya en la autoridad de Dios. Por ello, comentando el texto de S. Lucas 22, 19: Esto es mi Cuerpo que será entregado por vosotros, S. Cirilo declara: no te preguntes si esto es verdad, sino acoge más bien con fe las palabras del Señor, porque Él, que es la Verdad, no miente"
Catecismo, n. 1381

Jesús está presente en la Eucaristía.

¡No olvidéis que Jesús ha querido permanecer presente, personal y realmente, en la Eucaristía, misterio inmenso, pero realidad segura, para concretar de modo auténtico este amor suyo individual y salvífico!
San Juan Pablo II, Roma, 11-III-1979

¡Cristo vive!

Este mismo sacrificio redentor de Cristo se actualiza sacramentalmente en cada Misa que se celebra, quizá muy cerca de vuestros lugares de estudio y de trabajo. No es Jesús, por tanto, alguien que ha dejado de actuar en nuestra historia. ¡No! ¡Él vive! Y continúa buscándonos a cada uno para que nos unamos a Él cada día en la Eucaristía, también, si es posible, acercándonos -con el alma en gracia, limpia de todo pecado mortal- a la comunión.
San Juan Pablo II, Buenos Aires, 11-IV-1987

El momento de la despedida

¡Cuántas veces en nuestra vida hemos visto separarse a dos personas que se aman!
Y en la hora de la partida, un gesto, una fotografía, un objeto que pasa de una mano a otra para prolongar de algún modo la presencia en la ausencia. Y nada más. El amor humano sólo es capaz de estos símbolos.
En testimonio y como lección de amor, en el momento de la despedida, "viendo Jesús que llegaba su hora de pasar de este mundo al Padre, habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el fin" (Jn. 13, l).
Así, al despedirse, Nuestro Señor Jesucristo verdadero Dios y verdadero hombre, no deja a sus amigos un símbolo, sino la realidad de Sí mismo. Va junto al Padre, pero permanece entre nosotros los hombres. No deja un simple objeto para evocar su memoria. Bajo las especies del pan y del vino está Él, realmente presente, con su Cuerpo y su Sangre, su alma y su divinidad.
San Juan Pablo II en Fortaleza (Brasil), 9-VII-1980

Adorar a Cristo en el Sagrario

Cristo se queda en medio de nosotros. No sólo durante la Misa, sino también después, bajo las especies reservadas en el Sagrario. Y el culto eucarístico se extiende a todo el día, sin que se limite a la celebración del Sacrificio. Es un Dios cercano, un Dios que nos espera, un Dios que ha querido permanecer con nosotros. Cuado se tiene fe en esa presencia real, ¡qué fácil resulta estar junto a Él, adorando al Amor de los amores!, ¡qué fácil es comprender las expresiones de amor con que a lo largo de los siglos los cristianos han rodeado la Eucaristía!
San Juan Pablo II. Lima, 15-VI-1988

Examínese cada cual

Para responder a esta invitación, debemos prepararnos para este momento tan grande y santo. San Pablo exhorta a un examen de conciencia: "quien coma el pan o beba el cáliz del Señor indignamente, será reo del Cuerpo y de la Sangre del Señor. Examínese pues, cada cual, y coma entonces del pan y beba del cáliz
"Pues quien come y bebe sin discernir el Cuerpo, come y bebe su propio castigo". Quien tiene conciencia de estar en pecado grave debe recibir el sacramento de la Reconciliación antes de acercarse a comulgar.
Ante la grandeza de este sacramento, el fiel sólo puede repetir humildemente y con fe ardiente las palabras del Centurión-. "Señor, no soy digno de que entres en mi casa, pero una palabra tuya bastará para sanarme.
Catecismo n. 1385

Jamás dejéis la misa dominical

Que vuestra fidelidad se manifieste especialmente en la participación litúrgica dominical y festiva: jamás dejéis la Santa Misa y, si os es posible, no dejéis jamás el encuentro con Cristo en la comunión eucarística.
San Juan Pablo II. Velletri (Italia), 8-1X-1980

Bendición con el Santísimo

Jesucristo, antes de irse al Cielo, bendice a los hombres que estaban con Él. Y sigue bendiciéndonos cuando Él, presente en la Hostia, dejándose llevar en las manos del sacerdote, nos hace la señal de la cruz.
¿Qué quiere decir que Jesús me bendice- Bendecir: decir bien; y lo que Dios dice se hace. Cuando bendice, dice y hace el bien, da su fuerza, su paz, su gracia, su eficacia a aquello que bendice. Es como si Jesucristo dijese: eso que bendigo lo apoyo, daré la fuerza que necesite, digo bien de eso, cuenta con mi gracia.
Antes y después de lo que es propiamente la bendición aprovechamos para adorarle, para darle -hablando humanamente- un gustazo; procuramos que esté a gusto, que disfrute con nosotros.

Estación de adoración

Se reza tres veces lo que sigue, terminando con "una comunión espiritual"
V: Viva Jesús Sacramentado
R: Viva y de todos sea amado
Padrenuestro, Ave María y Gloria. Comunión espiritual.
Yo quisiera Señor recibiros, con aquella pureza, humildad y devoción con que os recibió vuestra Santísima Madre, con el espíritu y fervor de los santos.
Oración: ¡Oh Dios!, que bajo un Sacramento admirable nos dejaste el memoria¡ de tu Pasión, concédenos que de tal suerte veneremos los sagrados misterios de tu Cuerpo y Sangre, que experimentemos constantemente en nosotros el fruto de tu Redención: Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.
R: Amén.

Bendición

Mientras Jesucristo, en manos del sacerdote, te hace la señal de la cruz, clava los ojos en Él, y aprovecha para adorarle, agradecerle, pedirle perdón, y pedirle que bendigo lo que quieras (también tus buenos deseos, Intenciones, etc.)

Alabanzas de desagravio

Dios nos ha bendecido. Ahora lo bendecimos nosotros a Él. Agradecidos, decimos lo bueno que es nuestro Dios con esta colección de piropos que le echamos a Él y a quienes Él más quiere.
1.    Bendito sea Dios.
2.    Bendito sea su santo Nombre
3.    Bendito sea Jesucristo, Dios y Hombre verdadero.
4.    Bendito sea el Nombre de Jesús.
5.    Bendito sea su Sacratísimo Corazón.
6.    Bendita sea su Preciosísima Sangre.
7.    Bendito sea Jesús en el Santísimo Sacramento del Altar.
8.    Bendito sea el Espíritu Santo Paráclito.
9.    Bendita sea la excelsa Madre de Dios, María Santísima.
10. Bendita sea su Santa e lnmaculada Concepción.
11. Bendita sea su gloriosa Asunción.
12. Bendito sea el nombre de María Virgen y Madre.
13. Bendito sea San José, su castísimo Esposo.
14. Bendito sea Dios en sus Ángeles y en sus Santos. Amén.

Himno eucarístico

Te adoro con devoción, Dios escondido, oculto verdaderamente bajo estas apariencias. A ti se somete mi corazón por completo, y se rinde totalmente al contemplarte.
Al juzgar de ti se equivocan la vista, el tacto, el gusto, pero basta con el oído para creer con firmeza; creo todo lo que ha dicho el hijo de Dios, nada es más verdadero que esta palabra de verdad.
En la cruz se escondía sólo la divinidad, pero aquí también se esconde la humanidad; creo y confieso ambas cosas, y pido lo que pidió aquel ladrón arrepentido.
No veo las llagas como las vio Tomás, pero confieso que eres mi Dios: haz que yo crea más y más en ti, que en ti espere, que te ame.
¡Memorial de la muerte del Señor! pan vivo que das la vida al hombre: concede a mi alma que de ti viva, y que siempre saboree tu dulzura.
Señor Jesús, pelícano bueno: límpiame a mí, inmundo, con tu Sangre, de la que una sola gota puede liberar de todos sus crímenes al mundo entero.
Jesús, a quien ahora veo oculto, te ruego que se cumpla lo que tanto ansío: que al mirar tu rostro ya no oculto, sea yo feliz viendo tu gloria. Así sea
Santo Tomás
Web católico de Javier

viernes, 30 de marzo de 2018

Cena del Señor: “¡Miren como arriesga Jesús! No nos abandona nunca” 30032018


Cena del Señor: “¡Miren como arriesga Jesús! No nos abandona nunca”

Homilía de Papa Francisco en la cárcel romana ‘Regina Coeli’

Homilía del Papa Francisco en la Misa de la Cena del Señor © Vatican Media
Homilía Del Papa Francisco En La Misa De La Cena Del Señor © Vatican Media
(ZENIT – 30 marzo 2018).- Hoy cuando me incline ante cada uno de ustedes piensen: “Jesús ha arriesgado en este hombre, un pecador, para venir a verme y decirme que me ama” –ha anunciado el Papa Francisco–. “Éste es el servicio, éste es Jesús: no nos abandona nunca, nunca se cansa de perdonar, nos ama tanto. ¡Miren como arriesga Jesús!”, ha dicho.
La Misa con la que se conmemora la Última Cena del Señor, el Jueves Santo, fue presidida por el Santo Padre, ayer, 29 de marzo de 2018, en la cárcel romana Regina Coeli.
“Lavar los pies era un servicio hecho por los esclavos –explicó el Papa Francisco–. Jesús quiso hacer este servicio para darnos un ejemplo de cómo nosotros tenemos que servirnos los unos a los otros”.
El Obispo de Roma lavó los pies a doce personas, doce detenidos, cumpliendo de esta forma el “mandato” de Cristo de estar al servicio de los hermanos, señala la plataforma ‘Vatican News’.
En esta Misa se recuerda la institución de la Santa Eucaristía, en la que Nuestro Señor Jesucristo realizó la gran lección de humildad y de servicio lavando los pies a sus apóstoles, constituyéndolos sacerdotes mediadores de Su Palabra, Sus sacramentos y de Su salvación, apunta el medio del Vaticano.
RD
A continuación, ofrecemos la homilía del Papa Francisco, pronunciada en la Misa de la Cena del Señor, el Jueves Santo, 29 de marzo de 2018, en la cárcel romana “Regina Coeli”, traducida al español y publicada por ‘Vatican News’.
***
Homilía del Papa Francisco en la Misa de la Cena del Señor
Jesús termina su discurso diciendo: «Porque os he dado ejemplo, para que como yo os he hecho, vosotros también hagáis». Lavar los pies. Los pies en aquel tiempo eran lavados por los esclavos. Era un trabajo de los esclavos. La gente recorría las calles, no había asfalto, no había “sampietrini”; en aquel tiempo había polvo en el camino y la gente se ensuciaba los pies. Y en el ingreso de las casas estaban los esclavos que lavaban los pies. Era un trabajo de esclavos pero era un servicio: un servicio hecho por los esclavos. Jesús quiso hacer este servicio para darnos un ejemplo de cómo nosotros tenemos que servirnos los unos a los otros.
Una vez, cuando estaban en camino, dos de los discípulos que querían hacer carrera, pidieron a Jesús ocupar los puestos importantes, uno a su derecha y el otro a la izquierda, (cfr. Mc 10,35-45). Jesús los miró con amor -Jesús siempre miraba con amor – y les dijo: «No saben lo que piden». Los jefes de las naciones – dice Jesús –  “dominan a las naciones como si fueran sus dueños, y los poderosos les hacen sentir su autoridad” (v.48) Pensemos, en aquella época de los reyes, emperadores, muchos crueles, que se hacían servir por los esclavos. Entre ustedes – dice Jesús – no debe ser así: el que quiera ser grande, que se haga servidor. El jefe vuestro debe ser vuestro servidor. Jesús revierte la costumbre sólida y cultural de aquella época y también la de hoy. El que manda debe ser un bravo jefe, sea donde sea, debe servir.
Pienso muchas veces – no en este tiempo porque cada uno está vivo todavía y tiene la oportunidad de cambiar de vida y no podemos juzgar – pero pensemos en la historia: si tantos reyes, emperadores, jefes de estado hubieran entendido esta enseñanza de Jesús y en vez de dominar, ser crueles, matar gente, hubieran hecho esto: ¡cuántas guerras se hubieran evitado! El servicio: de verdad que hay gente que no facilita esta actitud, gente soberbia, gente odiosa, gente que tal vez nos desea el mal; pero nosotros estamos llamados a servirlos aún más. Y también hay gente que sufre, que está descartada por la sociedad, al menos por un tiempo, y Jesús va allí para decirles “tú eres importante para mí”. Jesús viene a servirnos, y la señal que Jesús nos sirve hoy aquí, en la cárcel de Regina Coeli, es que ha querido elegir a doce de ustedes para lavarles los pies. Jesús arriesga por cada uno de nosotros. Jesús no se llama Poncio Pilato, no sabe “lavarse las manos”, sabe sólo arriesgar. Miren esta imagen tan bella: Jesús, inclinado entre las espinas, arriesgando herirse para agarrar a la oveja perdida. Hoy yo, que soy pecador como ustedes, pero que represento a Jesús, soy embajador de Jesús. Hoy cuando me incline ante cada uno de ustedes piensen: “Jesús ha arriesgado en este hombre, un pecador, para venir a verme y decirme que me ama”. Éste es el servicio, éste es Jesús: no nos abandona nunca, nunca se cansa de perdonar, nos ama tanto. ¡Miren como arriesga Jesús!
Y así, con este sentimiento, vamos adelante en esta ceremonia que es simbólica. Antes de darnos su Cuerpo y su Sangre, Jesús se arriesga por cada uno de nosotros, y arriesga en el servicio porque nos ama tanto.
Palabras del Papa en el gesto de la paz
Y ahora, todos nosotros – estoy seguro que todos nosotros- tenemos el deseo de estar en paz con todos. Pero en nuestros corazones hay tantos sentimientos contrastantes. Es fácil estar en paz con aquellos que amamos y con aquellos que nos hacen bien; pero no es fácil estar en paz con aquellos que nos han hecho mal, que no nos aman, con quienes estamos enemistados. En silencio, un momento, que cada uno piense en quienes nos quieren y a quienes queremos, y también cada uno de nosotros piense en los que no nos quieren y también en los que no queremos, y también, es más, de quienes querríamos vengarnos. Y le pedimos al Señor, en silencio, la gracia de dar a todos, buenos y malos, el don de la paz.

jueves, 29 de marzo de 2018

EL AMOR, LEY DE LA NUEVA ALIANZA JUEVES SANTO LA CENA DEL SEÑOR (Mons. Oscar Romero)

EL AMOR, LEY DE LA NUEVA ALIANZA

JUEVES SANTO
LA CENA DEL SEÑOR


12 de Abril de 1979

Éxodo 12, 1-8, 11-14
Corintios 11, 23-26
Juan 13, 1-15

 
Queridos hermanos:
Si quisiéramos resumir el pensamiento de la palabra de Dios en esta tarde, yo diría esto: ¡El amor, ley de la Nueva Alianza! La Semana Santa es la celebración de esa Alianza Nueva que Dios anunció por los profetas: "Yo seré vuestro Dios y vosotros seréis mi pueblo". Y se entabla una relación de amor entre Dios y los hombres, que debía responder también a una relación de amor de los hombres a Dios y de los hombres entre sí, porque no vive la Alianza Nueva del amor, el que no sabe amar.
  

EL AMOR, LEY DE LA NUEVA ALIANZA

1. La Pascua, fiesta de la Alianza.
2. El Mandamiento de la Nueva Alianza.
3. Humildad y servicio, caminos del verdadero amor cristiano.
  

1. LA PASCUA, FIESTA DE LA ALIANZA

a) Israel. La primera lectura nos remonta a la manera como se celebraba la pascua, año con año, en Israel. Jesucristo, como buen Israelita con sus apóstoles, va precisamente esa tarde a celebrar la Pascua. Era como la fiesta religioso-nacional de Israel.
- Pascua-memorial de la misericordia liberadora de Dios: el paso del Señor. En esa fiesta de Pascua recordaban el paso de Dios con su misericordiosa liberación, porque fue la noche en que Dios pasó por el territorio de Egipto para liberar al pueblo de Israel que se distinguía por los dinteles de sus puertas marcados con la sangre del cordero, mientras que todos los hogares de Egipto lloraban la muerte de sus primogénitos. Y cada año, entonces, como lo acabamos de escuchar, Dios lo había prescrito, había que celebrar ese paso del Señor: Pascua.
- Renovación de la alianza mosaica. El Señor pasa como una fiesta en que los judíos renovaban la ley, la alianza con Dios; la Alianza que, junto al Monte Sinaí, había hecho Dios con su pueblo y donde el pueblo le había respondido a Dios: "haremos como Él dice". Se reunían, así como estamos nosotros esta noche, en una reunión de Pascua, para comer el cordero pascual y cuando los hijos o los jóvenes preguntaban a los padres y a los abuelos: ¿por qué nos reunimos?. La historia se iba trasladando de generación, en generación. "Éramos esclavos y Dios nos liberó".
- Renuncia de idolatrías (Egipto)... y "fiesta de honor del Señor"... Es una fiesta de gratitud. Una fiesta que tiene unas características propias de una alianza de amor. "Renuncia de idolatrías porque Dios es un Dios celoso, decía Moisés, y no tolera la adoración de otros dioses". Y este día reanudaban su fe en el único Dios.
En la lectura de hoy, aparece la fiesta de Pascua como una fiesta en honor del Señor. El único Señor, no había más señores. Por eso Dios castiga también a Egipto y a todos los idólatras, porque han despreciado al verdadero Dios y adoran las criaturas.
- Sacrificio... el cordero. Es una celebración también de sacrificio, donde el cordero es el símbolo de la inocencia ofrecida al Creador en reparación de los pecados del pueblo.
- Comida. Es una fiesta -comida, una cena, porque en torno de una mesa de familia se vive la alianza del amor familiar. ¿Qué es el matrimonio, qué es el amor de padres e hijos, sino el reflejo de la Alianza Nueva de Dios con los hombres? Y en cada mesa donde una familia se reúne a comer, allí hay un reflejo del amor de Dios que comparte el pan, la vida con los hombres.
- Unidad de la Patria... amor de familia... Es una fiesta de unidad nacional. Todos los hogares pensaban en el único Israel. Moisés que había dado un sentido de nacionalidad a aquel pueblo peregrino del desierto, logró imprimir en la Pascua de cada año, un sentido patriótico; de tal manera que la Pascua era la fiesta nacional de Israel. De una patria que reconocía la soberanía de Dios y que en Moisés o en los hombres que lo guiaban, no veían más que la mano de Dios que va con la historia del pueblo. ¡Que hermoso sentido de la Pascua Israelita!
b) Pascua cristiana: Eucaristía... Todo esto, toda esta carga de historia, de religión, de amor, de familia, de patria, de volver a Dios, obediencia al amor misericordioso que libera; todo esto cargaba el corazón de Cristo cuando en esta noche, nos dice en su evangelio: "con gran deseo he deseado comer con ustedes esta Pascua". Esta Pascua ya no es la judía. Aquella noche Cristo recoge toda la profecía anunciada en la Pascua de Israel y le da el verdadero sentido, la realidad: la Nueva Alianza ya está aquí.
Esta es la celebración de la nueva alianza.
Ya no es profecía ya no es figura, ya no es el Cordero, ya no es una peregrinación por el desierto, ya no es una liberación de la esclavitud de un pueblo, ya se trata de la verdadera liberación cristiana: ¡Es ya la Eucaristía!
Hemos escuchado hoy, en la segunda lectura y en el evangelio, el sentido que, para nosotros cristianos, tiene la reunión de esta tarde. Es una reunión donde venimos a recoger la herencia preciosa como San Pablo dirá: "Yo he recibido una tradición que procede del Señor y que a mi vez, os he transmitido". Nosotros en esta noche, queridos hermanos, aquí en la Catedral, somos como el eslabón de una cadena de veinte siglos. Nosotros hemos recibido una tradición que en el pan se hace presente Cristo y que en el cáliz, su sangre que se derrama como Alianza Nueva, se nos da como rúbrica del amor, del sacrificio de Dios. Y esa tradición que recibimos la transmitimos también a las generaciones posteriores.
¡Qué hermoso ver aquí niños!. Niños que ya van entendiendo lo que sus padres les enseñan, lo que significa el Jueves Santo. Es el eslabón de la cadena que recibe toda una historia de la tradición para lanzarla en los hijos hacia el futuro. es la fe de que Cristo está presente en esta eucaristía, cuya institución estamos celebrando en esta tarde. "Esta es la tradición que he recibido del Señor", dice Pablo todavía en el primer siglo del cristianismo.
- Paso de Jesús de la muerte a la Resurrección. Que el Señor Jesús, en la noche en que iban a entregarlo tomó pan y pronunciando la acción de gracias, lo partió y dijo: "Esto es mi cuerpo que se entrega por vosotros. Este es el cáliz de la Nueva Alianza". ¿Ven cómo es la celebración cristiana por antonomasia, nuestra Pascua, Pascua para los Israelitas era el paso de Dios liberando a su pueblo. Para nosotros cristianos, es el paso de Cristo a través de una muerte dolorosa hacia la resurrección gloriosa. Paso mucho más difícil que los cuarenta años del desierto y el paso a través del mar; es el paso por el dolor, por el sufrimiento, por la pasión, por la cruz. Es el paso del Señor. La Nueva Alianza es celebrada en el altar de nuestra misa de Catedral en esta tarde.
- Amor de Jesús hasta el extremo. Es el amor de Jesús. Todo esto tiene un tono de amor tan profundo, que podíamos decir: en la hostia y en el cáliz de esta noche, como el cáliz de todas las misas que se celebran, como que está borbotando la sangre viva que arrancó el amor al corazón de Cristo, para darse por nosotros. Amor es entregarse. Amor es no reservarse nada para sí. Amor es darse por completo a la muerte si es necesario. Amor es quedar clavado en una cruz diciendo a sus mismos enemigos, que los perdona. Amar es no saber odiar, es saber perdonar, es devolver sonrisas de bendiciones como Cristo desde la cruz.
- La Pascua cristiana es también comida. El cuerpo del Señor ya no es el cordero con lechugas amargas, es el pan ázimo, la presencia de Jesucristo que se inmola por nosotros, dándole gracias al Padre por todo lo que el Padre nos bendice y nos ama.
- Acción de gracias. (Cristo al Padre). ¿Quién puede agradecer mejor que Jesucristo en nombre de todos nosotros, los beneficios que recibimos de Dios? Amor es gratitud y Cristo recoge todos los beneficios de la humanidad para decirle al Padre: muchas gracias porque bendices a mis hermanos los hombres. ¡Qué corazón más amplio el de Jesucristo! ¡Qué Alianza Nueva la de la sangre derramada para, poder firmar con sangre de amor, de pacto de amor que Dios ha hecho con la humanidad!
  

2. EL MANDAMIENTO DE LA NUEVA ALIANZA

a) El nuevo pueblo de Dios que surge de la Nueva Alianza, tiene por ley el nuevo mandato de amar, como el mismo Cristo nos amó a nosotros.
Cuando el Concilio quiere definir cuáles son las verdaderas características del pueblo nuevo de Dios de este pueblo nuevo que ha nacido de la Alianza de Dios con los hombres, dice esta hermosa palabra: "Este pueblo nuevo tiene por cabeza a Cristo que fue entregado por nuestros pecados y resucitó para nuestra salvación. La condición de este pueblo nuevo tiene por estado la dignidad y la libertad de los hijos de Dios". En ninguna parte se vive tan profundamente la dignidad humana y la libertad humana como en la alianza de amor de Dios con los hombres. Nadie defiende tanto los derechos humanos como Dios pactando con los hombres. Por eso, el que quiera ser verdaderamente libre, el que quiera vivir verdaderamente la dignidad humana, tiene que ratificar en esta noche, la Alianza con el Señor.
Nadie te puede hacer libre como Dios te hace libre. Nadie respeta tu libertad, como Dios te la respeta. Y dice el Concilio: este pueblo nuevo "Tiene por ley el mandato nuevo de amar como el mismo Cristo nos amó. Tiene últimamente como fin la dilatación del reino de Dios..."
Estos son nuestros compromisos, pero el compromiso que unge esta noche nuestros corazones es el mandato nuevo del amor. En este ambiente de la Alianza Nueva, Cristo nos ha dado la consigna: "Os doy un mandamiento nuevo, que os améis los unos a los otros. Que como Yo os he amado, así os améis también vosotros, los unos a los otros".
b) Puebla: Mensaje a los pueblos... la civilización del amor. .."
A la luz de esta palabra divina, yo quisiera que recogiéramos hoy, todo el rico concepto que el mensaje que los Pastores reunidos en Puebla dirigieron a los pueblos de América Latina. En este mensaje dicen: "Os invitamos...". Yo siento que aquí, mi palabra ya no es la pobre palabra de un solo obispo, ya es la palabra de todo el magisterio episcopal de América Latina, ahora avalado por la aprobación del Papa. Escuchen, pues, este llamamiento, no como la pobre voz que ahora los Piratas del Aire están robando a nuestra emisora, sino que es la voz de pastores esparcidos por todo el continente, del Pastor Supremo de la Iglesia. Si ahora nos están interfiriendo en nuestra radio, no es la voz del Arzobispo de San Salvador a la que están ofendiendo, van a ofender al Papa mismo, y a la voz de todos los Pastores de América que dirigen a la Diócesis de El Salvador, desde la Catedral este llamamiento: "Os invitarnos a ser constructores abnegados de la civilización del amor, inspirada en la palabra, en la vida y en la donación plena de Cristo y basada en la justicia, en la verdad y en la libertad".
¡Qué palabra más bella!: "Os invitamos a construir la civilización del amor". ¡Esta es la civilización verdadera! Esta es la civilización de la Alianza Nueva. Esta es la que nos hace verdaderamente hombres humanos, cristianos, hijos de Dios, porque Dios es amor y la civilización que Dios quiere entre los hombres es la civilización del amor en la cual se involucra también, la justicia, la verdad y la libertad.
Queremos estudiar con vosotros cuál es la estructura de esta civilización del amor. El amor cristiano sobrepasa las categorías de todos los regímenes y sistemas. La Iglesia por eso no se identifica con ningún sistema político. La Iglesia no se puede identificar con ninguna organización política. La Iglesia no puede ser un sistema, está por encima de todos los sistemas porque trae consigo la fuerza insuperable del Ministerio Pascual, o sea, la muerte y la resurrección de Cristo.
El mensaje de la Iglesia, la civilización que la Iglesia predica, lleva el valor del sufrimiento de la cruz y las señales de victoria y de resurrección. "El amor produce la felicidad de la comunión e inspira los criterios de la participación".
Decíamos que esta civilización del amor no es un sentimentalismo, es la justicia y la verdad. "La justicia es un derecho sagrado de todos los hombres, conferido por el mismo Dios que está insertada en la esencia misma del mensaje evangélico". Una civilización del amor, que no exigiera la justicia a los hombres, no sería verdadera civilización, no marcaría las verdaderas relaciones de los hombres. Por eso, es una caricatura de amor cuando se quiere apañar con limosnas lo que ya se debe por justicia. Apañar con apariencias de beneficencia cuando se está fallando en la justicia social. El verdadero amor comienza por exigir entre las relaciones de los que se aman, lo justo.
Pero no basta, también exige la verdad. "La verdad iluminada por la fe es la fuente de discernimiento para nuestra conducta ética". Si no hay verdad en el amor, hay hipocresía. Muchas veces se dicen palabras bonitas, se estrechan las manos, y quizás hasta se den un beso, pero en el fondo no hay verdad. Por eso una civilización donde se ha perdido la confianza del hombre a otro hombre, donde hay tanta mentira, donde no hay verdad, no hay fundamento de amor. No puede haber amor donde hay mentira. Falta en nuestro ambiente, la verdad. Y cuando la verdad se dice: ofende, y se callan las voces que dicen la verdad y se estorba esa voz. Por eso se estorban también las ondas de una radio, cuando esa radio se ha caracterizado por la verdad que se dice al pueblo.
Gracias a Dios que en este ambiente de mentira en que vivimos, la Iglesia ha podido conservar esa nota del amor: la verdad; y se le cree. ¡Hay credibilidad en la Iglesia! Yo quiero agradecer al pueblo este honor inmenso que hacen a nuestra Iglesia al predicar la civilización del amor. No tienen miedo de desenmascarar y denunciar las injusticias y los atropellos por tener que decir siempre la justicia y la verdad.
"La civilización del amor, repudia la violencia". Jamás hemos predicado la violencia. En este Jueves Santo, cuando el Señor nos dice: "Amaos los unos a los otros", está diciendo la filosofía de la verdadera Iglesia. Es el amor, no es la violencia la fuerza que va a componer al mundo. Repudia la violencia, el egoísmo, el derroche, la explotación y tos desatinos morales. "A primera vista, -fíjense bien en esto- sobre todo aquellos que ya no tienen fe en el amor, sobre todo aquellos que tienen más confianza en al violencia, en la guerrilla, en la fuerza armada, en el secuestro, en el terrorismo, no está allí la salvación. A primera vista parece que al hablar de civilización del amor, estamos diciendo una expresión sin la energía necesaria para enfrentar los graves problemas de nuestra época. Sin embargo, os aseguramos: no existe una palabra más fuerte que ella -del amor- en el diccionario cristiano. Se confunde con la propia fuerza de Cristo. Si no creemos en el amor, tampoco creemos En Aquel que dijo: un mandamiento nuevo os doy que os améis los unos a los otros... "
Queridos hermanos, cuando la Iglesia predica la no-violencia, no es por cobardía. Dijo el Papa Pablo VI: "el cristiano sabe combatir, pero el cristiano sabe que la violencia no es el remedio eficaz". Que la no-violencia, la fuerza del amor, es la única que Cristo nos ha ofrecido y aún teniendo capacidades de combatir, combatimos con la no-violencia, con la fuerza del amor. "Amaos los unos a los otros", es algo más que conformarse, es algo más que tolerar las cosas con una pasividad de muertos. La Iglesia tampoco quiere esa pasividad, por eso, promueve y le dice al hombre su propia dignidad; el valor de la igualdad de todos los hombres, para que nadie se deje masificar, para que todos nos personifiquemos, para que todos le demos la verdadera dignidad a nuestra personalidad humana, pero no para con un orgullo imponernos con la violencia y con la fuerza, sino para saberle dar a nuestra personalidad: la característica propia del cristiano.
Cristo fue fuerte y combativo cuando clavado en la cruz decía al Padre: "Perdónalos porque no saben lo que hacen". Es la fuerza del perdón. 'La civilización del amor propone a todos la riqueza evangélica de la reconciliación nacional e internacional. No existe gesto más sublime que el perdón. Quién no sabe perdonar, no será perdonado". -dijo Jesucristo
Tienen aquí también, cómo en la fuerza evangélica del perdón y del amor está también la potencialidad de nuestra misma salvación, la liberación misma de los hombres.
Y continúa el mensaje, pero no quiero cansarlos más. Lo que he dicho basta para comprender la estructura del mandato nuevo de Cristo en los labios de los Pastores de América Latina. Se ha hecho un llamamiento que yo repito en esta noche: ¡Seamos constructores de la civilización del amor! Sepamos perdonarnos. La civilización del amor condena las divisiones absolutas, las radicalizaciones. Creo que este es el gran mal de nuestra sociedad. Nos hemos polarizado, nos hemos radicalizado en dos extremos y los que están en el extremo derecho, miran que todo lo de la izquierda es vituperable, es comunismo, es terrorismo, y hay que acabar con ello, hay que reprimirlo. Y no es cierto hermanos, hay muchas voces de justicia, de reivindicaciones necesarias, urgentes, y hay que oírlas. No todo reclamo de justicia social es comunismo ni es terrorismo. Tengamos oídos con esta ética de discernimiento del amor para saber oír en la voz del campesino que se muere de hambre, no un terrorista sino un hermano que está necesitando la voz, la ayuda del que le puede dar.
Lo mismo, los grupos que se han alineado a la izquierda, no miren hacia la derecha como si todo fuera reaccionario, como si todo fuera represión, como si todo fuera odioso. Miren, también allí hay distinción. Hay grupos que están buscando salida a esta situación. Hay quienes quieren dialogar, hay grupos en todos los sectores humanos de nuestra patria, que quieren y buscan. Es la civilización del amor la que está clamando hasta de los extremos más opuestos. Y en esta noche en que Cristo nos visita concretamente a los salvadoreños tan problematizados, metidos como en un callejón sin salida, repetimos, como lo hemos dicho tantas veces: ¡Hay salida de este callejón y la salida es el amor, es entendernos, es comprendernos! Hay fanáticos en uno y en otro extremo, porque también en la derecha hay extremistas que claman violencia y que quisieran que el Gobierno no hiciera más que reprimir y golpear. En todas partes hay fanáticos y estos son los que nos hacen los grandes males. El fanatismo es un antagonismo del amor. El verdadero amor descubre hasta en el pecador -como Dios lo sabe hacer-, lo bueno que hay para salvarlo. Mientras no estemos en el infierno -primero Dios que no estaremos nunca- siempre hay algo bueno, hasta en el corazón del más malo. Salvemos ese algo bueno, como Cristo desde su cruz ama y quiere salvar... En este Jueves Santo me ha parecido muy significativo un diálogo con varios hombres preocupados de esta situación del país y yo les digo, queridos hermanos, que esta construcción de la civilización del amor es muy posible, si los hombres sabemos deponer actitudes agrias y nos sabemos sentar, si es posible con una sonrisa. Siempre el hombre es capaz de sonreír. Sólo en el infierno no se sonríe ya, quizás porque muchos llevan el infierno en su corazón, el odio, la violencia fanática. ¡Qué feos son los rostros de los que odian, qué hermoso es el rostro cuando sonríe y da una esperanza en el amor!
  

3. HUMILDAD Y SERVICIO, CAMINOS DEL AMOR

El gesto de Cristo, que en una forma voy a tratar de imitar yo al arrodillarme ante los que recuerdan a los apóstoles para que les laven los pies, es el gesto que nos invita a emprender el camino del amor. No se puede amar si no se es humilde. No se puede amar si no se tiene un sentido de servicio en el corazón. No se puede construir la civilización del amor sin bases de humildad y de servicio al hermano. ¡Abrir el corazón al hermano! Hermano, ¿qué te hace falta, en qué te puedo servir?
O como Cristo decía cuando se levantó de lavar los pies a los discípulos: os he dado ejemplo, ustedes me llaman Maestro y Señor, y Yo lo soy de verdad, pues yo soy su Maestro y su Señor, hagan lo que yo les he enseñado, lávense los pies los unos a los otros, no en el sentido material sino en el sentido de servicio, porque lavar los pies, en los tiempos de Jesús, era el oficio del esclavo. Cuando llegaba un huésped, un invitado, el esclavo tenía que lavarle los pies, era oficio de esclavos y Jesús nos enseña que nada es humillante cuando se ama. Pedro que se escandaliza: ¡Cómo tú Señor me vas a lavar los pies siendo tú tan grande y yo tan chiquito! Déjate -le dice- porque si no te lavo, no tendrás parte conmigo. Entonces, Pedro comprende que ese gesto de humildad es una clave para entrar en comunión con Jesús.
Hermanos, sólo con esa clave de la humildad y del servicio podremos entrar en la civilización del amor. Odia el orgulloso, el avaro, el soberbio. Ama el humilde, el desprendido. Se puede tener y se puede ser feliz; y se puede ser santo cuando en el corazón hay amor y hay humildad. Ojalá que en esta Semana Santa -yo le he pedido mucho al Señor-, esta pobre palabra que yo, interpretando la palabra de Dios, les iba a dirigir en esta tarde -y ojalá que a través de la radio, la dejen pasar- sea una palabra que no lleve la elocuencia ni la sabiduría de un hombre; que se pierda mi persona y mi acento y que llegue al corazón de cada oyente el acento tierno y dulce del mismo Jesús que en esta noche se hace presente en esta asamblea. ¡A Él escuchemos!, y si mi persona cae repugnante y por eso se quiere acallar mi voz, no se fijen en mí, fíjense en Aquel que les manda a decir: "Ámense unos a otros". No es a mí a quién oyen, sino al Señor, al Amor que nos quiere precisamente suyos, por esta característica del amor.
  

PENSAMIENTO FINAL

Vivamos la Alianza con el Señor.
Yo le pido al Señor que, en esta Eucaristía en que estamos celebrando la Ley de la Nueva Alianza, todos ratifiquemos la Alianza con Él y que nuestro propósito sea de cumplir esa ley que marca a los verdaderos aliados con Dios. Sólo el que ama, vive la Alianza con el Señor. El que no ama, no debe llamarse cristiano. La alianza tiene una ley que Cristo la ha dictado en esta noche; en esto conocerán que sois mis discípulos. Ojalá hermanos, que todos salgamos en esta noche con esa marca del Señor: del amor, y sepamos perdonar y sepamos amarnos y sepamos celebrar en este Jueves Santo, la gran reconciliación que necesita nuestra patria. Así sea... 

jueves, 2 de abril de 2015

Jueves Santo en la Cena del Señor 02042015


Jueves Santo en la Cena del Señor




Jueves en que Cristo instituyó el sacramento de la Eucaristía, también conocido como la Última Cena. 
Significado de la celebración
El Jueves Santo se celebra:
 La Última Cena.

 El Lavatorio de los pies,

 La institución de la Eucaristía y del Sacerdocio

La oración de Jesús en el Huerto de Getsemaní.

En la mañana de este día, en todas las catedrales de cada diócesis, el obispo reúne a los sacerdotes en torno al altar y, en una Misa solemne, se consagran los Santos Óleos que se usan en los Sacramentos del Bautismo, Confirmación, Orden Sacerdotal y Unción de los Enfermos.
En la Misa vespertina, antes del ofertorio, el sacerdote celebrante toma una toalla y una bandeja con agua y lava los pies de doce varones, recordando el mismo gesto de Jesús con sus apóstoles en la Última Cena.

a)Lecturas bíblicas:
Libro del Éxodo 12, 1-8. 11-14; Primera carta del apóstol San Pablo a los corintios 11, 23-26; Evangelio según San Juan 13, 1-15.

b)La Eucaristía
Este es el día en que se instituyó la Eucaristía, el sacramento del Cuerpo y la Sangre de Cristo bajo las especies de pan y vino. Cristo tuvo la Última Cena con sus apóstoles y por el gran amor que nos tiene, se quedó con nosotros en la Eucaristía, para guiarnos en el camino de la salvación.
Todos estamos invitados a celebrar la cena instituida por Jesús. Esta noche santa, Cristo nos deja su Cuerpo y su Sangre. Revivamos este gran don y comprometámonos a servir a nuestros hermanos.

c)El lavatorio de los pies
Jesús en este pasaje del Evangelio nos enseña a servir con humildad y de corazón a los demás. Este es el mejor camino para seguir a Jesús y para demostrarle nuestra fe en Él. Recordar que esta no es la única vez que Jesús nos habla acerca del servicio. Debemos procurar esta virtud para nuestra vida de todos los días. Vivir como servidores unos de otros.

d)La noche en el huerto de los Olivos
Lectura del Evangelio según San Marcos14, 32-42.: 
Reflexionemos con Jesús en lo que sentía en estos momentos: su miedo, la angustia ante la muerte, la tristeza por ser traicionado, su soledad, su compromiso por cumplir la voluntad de Dios, su obediencia a Dios Padre y su confianza en Él. Las virtudes que nos enseña Jesús este día, entre otras, son la obediencia, la generosidad y la humildad.

Los monumentos y la visita de las siete iglesias 
Se acostumbra, después de la Misa vespertina, hacer un monumento para resaltar la Eucaristía y exponerla de una manera solemne para la adoración de los fieles.
La Iglesia pide dedicar un momento de adoración y de agradecimiento a Jesús, un acompañar a Jesús en la oración del huerto. Es por esta razón que las Iglesias preparan sus monumentos. Este es un día solemne.
En la visita de las siete iglesias o siete templos, se acostumbra llevar a cabo una breve oración en la que se dan gracias al Señor por todo su amor al quedarse con nosotros. Esto se hace en siete templos diferentes y simboliza el ir y venir de Jesús en la noche de la traición. Es a lo que refieren cuando dicen “traerte de Herodes a Pilatos”.

La cena de pascua en tiempos de Jesús
Hace miles de años, los judíos vivían en la tierra de Canaán, pero sobrevino una gran carestía y tuvieron que mudarse a vivir a Egipto, donde el faraón les regaló unas tierras fértiles donde pudieran vivir, gracias a la influencia de un judío llamado José, conocido como El soñador.
Después de muchos años, los israelitas se multiplicaron muchísimo en Egipto y el faraón tuvo miedo de que se rebelaran contra su reino. Ordenó matar a todos los niños varones israelitas, ahogándolos en el río Nilo. Moisés logró sobrevivir a esa matanza, pues su madre lo puso en una canasta en el río y fue recogido por la hija del faraón.
El faraón convirtió en esclavos a los israelitas, encomendándoles los trabajos más pesados.
Dios eligió a Moisés para que liberara a su pueblo de la esclavitud. Como el faraón no accedía a liberarlos, Dios mandó caer diez plagas sobre Egipto.

La última de esas plagas fue la muerte de todos los primogénitos del reino.
Para que la plaga no cayera sobre los israelitas, Dios ordenó a Moisés que cada uno de ellos marcara la puerta de su casa con la sangre de un cordero y le dio instrucciones específicas para ello: En la cena, cada familia debía comerse entero a un cordero asado sin romperle los huesos. No debían dejar nada porque al día siguiente ya no estarían ahí. Para acompañar al cordero debían comerlo con pan ázimo y hierbas amargas. La hierbas amargas ayudarían a que tuvieran menos sed, ya que tendrían que caminar mucho en el desierto. El pan al no tener levadura no se haría duro y lo podían llevar para comer en el camino. Les mandó comer de pie y vestidos de viaje, con todas sus cosas listas, ya que tenían que estar preparados para salir cuando les avisaran.
Al día siguiente, el primogénito del faraón y de cada uno de los egipcios amaneció muerto. Esto hizo que el faraón accediera a dejar a los israelitas en libertad y éstos salieron a toda prisa de Egipto. El faraón pronto se arrepintió de haberlos dejado ir y envió a todo su ejército para traerlos de nuevo. Dios ayudó a su pueblo abriendo las aguas del mar Rojo para que pasaran y las cerró en el momento en que el ejército del faraón intentó pasar.
Desde ese día los judíos empezaron a celebrar la pascua en la primera luna llena de primavera, que fue cuando Dios los ayudó a liberarse de la esclavitud en Egipto.
Pascua quiere decir “paso”, es decir, el paso de la esclavitud a la libertad. El paso de Dios por sus vidas.

Los judíos celebran la pascua con una cena muy parecida a la que tuvieron sus antepasados en la última noche que pasaron en Egipto.
Las fiesta de la pascua se llamaba “Pesaj” y se celebraba en recuerdo de la liberación del pueblo judío de la esclavitud de Egipto. Esto lo hacían al llegar la primavera, del 15 al 21 del mes hebreo de Nisán, en la luna llena.

Los elementos que se utilizaban en la cena eran los siguientes:
El Cordero: Al salir de Egipto, los judíos sacrificaron un cordero y con su sangre marcaron los dinteles de sus puertas.
Karpas: Es una hierba que se baña en agua salada y que recuerda las miserias de los judíos en Egipto.
Naror: Es una hierba amarga que simboliza los sufrimientos de los hebreos durante la esclavitud en Egipto. Comían naror para recordar que los egipcios amargaron la vida sus antepasados convirtiéndolos en esclavos.
Jarose: Es una mezcla de manzana, nuez, miel, vino y canela que simboliza la mezcla de arcilla que usaron los hebreos en Egipto para las construcciones del faraón.
Matzá: Es un pan sin levadura que simboliza el pan que sacaron los hebreos de Egipto que no alcanzó a fermentar por falta de tiempo.
Agua salada: Simboliza el camino por el Mar Rojo.
Cuatro copas de vino: Simbolizan cuatro expresiones Bíblicas de la liberación de Israel.
Siete velas: Alumbran dan luz. Esta simbolizan la venida del Mesías, luz del mundo.
    La cena constaba de ocho partes:

1. Encendido de las luces de la fiesta: El que presidía la celebración encendía las velas, todos permanecían de pie y hacían una oración.

2. La bendición de la fiesta (Kiddush): Se sentaban todos a la mesa. Delante del que presidía la cena, había una gran copa o vasija de vino.
Frente a los demás miembros de la familia había un plato pequeño de agua salada y un plato con matzás, rábano o alguna otra hierba amarga, jaroses y alguna hierba verde.
Se servía la primera copa de vino, la copa de acción de gracias, y les daban a todos los miembros de la familia. Todos bebían la primera copa de vino. Después el sirviente presentaba una vasija, jarra y servilleta al que presidía la celebración, para que se lavara sus manos mientras decía la oración. Se comían la hierba verde, el sirviente llevaba un plato con tres matzás grandes, cada una envuelta en una servilleta. El que presidía la ceremonia desenvolvía la pieza superior y la levantaba en el plato.

3. La historia de la salida de Egipto (Hagadah) Se servían la segunda copa de vino, la copa de Hagadah. Alguien de la familia leía la salida de Egipto del libro del Éxodo, capítulo 12. El sirviente traía el cordero pascual que debía ser macho y sin mancha y se asaba en un asador en forma de cruz y no se le podía romper ningún hueso. Se colocaba delante del que presidía la celebración les preguntaba por el significado de la fiesta de Pesaj. Ellos respondían que era el cordero pascual que nuestros padres sacrificaron al Señor en memoria de la noche en que Yahvé pasó de largo por las casas de nuestros padres en Egipto. Luego tomaba la pieza superior del pan ázimo y lo sostenía en alto. Luego levantaba la hierba amarga.

4.Oración de acción de gracias por la salida de Egipto: El que presidía la ceremonia levantaba su copa y hacía una oración de gracias. Colocaba la copa de vino en su lugar. Todos se ponían de pie y recitaban el salmo 113.

5. La solemne bendición de la comida: Todos se sentaban y se bendecía el pan ázimo y las hierbas amargas. Tomaba primero el pan y lo bendecía. Después rompía la matzá superior en pequeñas porciones y distribuía un trozo a cada uno de los presentes. Ellos lo sostenían en sus manos y decían una oración. Cada persona ponía una porción de hierba amarga y algo de jaroses entre dos trozos de matzá y decían juntos una pequeña oración.

6. La cena pascual: Se llevaba a cabo la cena.

7. Bebida de la tercera copa de vino: la copa de la bendición.- Cuando se terminaban la cena, el que presidía tomaba la mitad grande de la matzá en medio del plato, la partía y la distribuía a todos los ahí reunidos. Todos sostenían la porción de matzá en sus manos mientras el que presidía decía una oración y luego se lo comían. Se les servía la tercera copa de vino, “la copa de la bendición”. Todos se ponían de pie y tomaban la copa de la bendición.

8. Bendición final: Se llenaban las copas por cuarta vez. Esta cuarta copa era la “Copa de Melquisedec”. Todos levantaban sus copas y decían una oración de alabanza a Dios. Se las tomaban y el que presidía la ceremonia concluía la celebración con la antigua bendición del Libro de los Números (6, 24-26).

Día de la Caridad:
En México, los obispos, han establecido que el Jueves Santo sea el día de la caridad. El objetivo de esto no es llevar a cabo una colecta para los pobres, sino mas bien el impulso de seguir el ejemplo de Jesús que compartió todo su ser.
Sugerencias para vivir esta fiesta:

Dedicar un tiempo a la adoración a la Eucaristía
Hacer la visita de las siete casas.

Especial de Semana Santa