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domingo, 14 de marzo de 2021

Santa Matilde de Sajonia, viuda

 

Santa Matilde de Sajonia, viuda

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fecha: 14 de marzo
n.: c. 895 - †: 968 - país: Alemania
canonización: pre-congregación
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI

Elogio: En Quedlinburg, en Sajonia, santa Matilde, esposa fidelísima del rey Enrique I, la cual, conspicua por la humildad y la paciencia, se dedicó a aliviar a los pobres y a fundar hospitales y monasterios.

refieren a este santo: San Bruno de Colonia




Matilde era descendiente del célebre Widukind, capitán de los sajones en su larga lucha contra Carlomagno, como hija de Dietrich, conde de Westfalia, y de Reinhild, vástago de la real casa de Dinamarca. Cuando la niña nació, en el año 895, fue confiada al cuidado de su abuela paterna, la abadesa del convento de Erfurt. Allí, sin apartarse mucho de su hogar, Matilde se educó y creció hasta convertirse en una jovencita que sobrepasaba a sus compañeras en belleza, piedad y ciencia, según se dice. A su debido tiempo se casó con Enrique, hijo del duque Otto de Sajonia, a quien llamaban «el cazador». El matrimonio fue excepcionalmente feliz y Matilde ejerció sobre su esposo una moderada, pero edificante influencia. Precisamente después del nacimiento de su primogénito, Otto, a los tres años de casados, Enrique sucedió a su padre en el ducado. Más o menos a principios del año 919, el rey Conrado murió sin dejar descendencia y el duque fue elevado al trono de Alemania. No cabe duda de que su experiencia de soldado valiente y hábil le resultó muy útil, puesto que su vida fue una lucha constante en la que triunfó muchas veces de manera notable.

El mismo Enrique y sus súbditos atribuyeron sus éxitos, tanto a las oraciones de la reina, como a sus propios esfuerzos. Esta seguía viviendo en la humildad que la había distinguido de niña; en el palacio real llevaba la existencia de una religiosa. A sus cortesanos y a sus servidores, más les parecía una madre amorosa que su reina y señora; ninguno de los que acudieron a ella en demanda de ayuda quedó defraudado. Su esposo rara vez le pedía cuentas de sus limosnas o se mostraba irritado por sus prácticas piadosas, con la absoluta certeza de su bondad y confiando en ella plenamente. Después de veintitrés años de matrimonio, el rey Enrique murió de apoplejía, en 936. Cuando le avisaron que su esposo había muerto, la reina estaba en la iglesia y ahí se quedó, volcando su alma al pie del altar en una ferviente oración por él. En seguida pidió a un sacerdote que ofreciera el santo sacrificio de la misa por el eterno descanso del rey y, quitándose las joyas que llevaba, las dejó sobre el altar como prenda de que renunciaba, desde ese momento, a las pompas del mundo.

Habían tenido cinco hijos: Otto, más tarde emperador; Enrique el Pendenciero; san Bruno, posteriormente arzobispo de Colonia; Gerberga que se casó con Luis IV, rey de Francia y Hedwig, la madre de Hugo Capeto. A pesar de que el rey había manifestado su deseo de que su hijo mayor, Otto, le sucediera en el trono, Matilde favoreció a su hijo Enrique y persuadió a algunos nobles para que votaran por él; no obstante, Otto, resultó electo y coronado. Enrique no aceptó de buena gana renunciar a sus pretensiones y promovió una rebelión contra su hermano, pero fue derrotado y solicitó la paz. Otto lo perdonó y, por la intercesión de Matilde, le nombró duque de Baviera. La reina llevó desde entonces una vida de completo auto-sacrificio; sus joyas habían sido vendidas para ayudar a los pobres y era tan pródiga en sus dádivas, que dio motivo a críticas y censuras. Su hijo Otto la acusó de haber ocultado un tesoro y de malgastar los ingresos de la corona; le exigió que rindiera cuentas de todo cuanto había gastado y envió espías a vigilar sus movimientos y registrar sus donativos. Su sufrimiento más amargo fue descubrir que Enrique, su favorito, instigaba y ayudaba a su hermano en contra de ella. Lo sobrellevó todo con paciencia inquebrantable, haciendo notar, con un toque de patético humor, que por lo menos la consolaba ver que sus hijos estaban unidos, aunque sólo fuera para perseguirla. «Gustosamente soportaré todo lo que puedan hacerme, siempre que lo hagan sin pecar, si es que con ello se conservan unidos», se afirma que solía decir.

Para darles gusto, Matilde renunció a su herencia en favor de sus hijos y se retiró a la residencia campestre donde había nacido. Pero poco tiempo después de su partida, el duque Enrique cayó enfermo y comenzaron a llover los desastres sobre el Estado. El sentimiento general era que tales desgracias se debían al trato que los príncipes habían dado a su madre; Edith, la esposa de Otto, lo convenció para que fuera a solicitar su perdón y le devolviera todo lo que le habían quitado. Sin que se lo pidieran, Matilde los perdonó y volvió a la corte, donde reanudó sus obras de misericordia. Pero no obstante que Enrique había cesado de importunarla, su conducta continúo causándole gran aflicción. Nuevamente se volvió contra Otto y, posteriormente castigó una insurrección de sus propios súbditos en Baviera, con increíble crueldad; ni aun los obispos escaparon a su cólera. En 955, cuando Matilde lo vio por última vez, le profetizó su próxima muerte y lo instó a arrepentirse, antes de que fuera demasiado tarde. En efecto, al poco tiempo, murió Enrique y la noticia causó un dolor muy profundo en la reina que, roto el último vínculo que la ataba al mundo, se entregó por completo a sus obras piadosas. Emprendió la construcción de un convento en Nordhausen; hizo otras fundaciones en Quedlinburg, en Engern y también en Poehlen, donde estableció un monasterio para hombres. Es evidente que Otto jamás volvió a resentirse porque su madre gastara los ingresos en obras religiosas, pues cuando él fue a Roma para ser coronado emperador, dejó el reino a cargo de Matilde.

La última vez que Matilde tomó parte en una reunión familiar fue en Colonia, en la Pascua de 965, cuando estuvieron con ella el emperador Otto «el Magno», sus otros hijos y nietos. Después de esta reaparición, prácticamente se retiró del mundo, pasando su tiempo en una u otra de sus fundaciones, especialmente en Nordhausen. Cuando se disponía a tratar ciertos asuntos urgentes que la reclamaban en Quedlinburg, se agravó una fiebre que había venido sufriendo por algún tiempo y comprendió que pronto iba a llegar su último momento. Envió a buscar a Richburga, la doncella que la había ayudado en sus caridades y que era abadesa en Nordhausen. Según la tradición, la reina procedió a hacer una escritura de donación para todo lo que hubiera en su habitación, hasta que no quedó nada más que el lienzo de su sudario. «Den eso al obispo Guillermo de Mainz -que era su nieto-, él lo necesitará primero que yo». En efecto, el obispo murió repentinamente, doce días antes de que ocurriera el deceso de su abuela, acaecido el 14 de marzo de 968. El cuerpo de Matilde fue sepultado junto con el de su esposo, en Quedlinburg, donde se la venera como santa desde el momento de su muerte.

El MGH, contiene el mejor texto de las dos biografías antiguas de Santa Matilde, la primera en Scriptores, vol. X, pp. 575-582; la más reciente en Scriptores, vol. IV, pp. 283-302. Pueden obtenerse mayores informaciones de otros historiadores y cronistas modernos. Véase también el Acta Sanctorum, marzo, vol. II; Die hl. Mathilde, de L. Clarus; Die Heiligenleben im 10 Jahrhundert, de L. Zopf; y Ste. Mathilde, de L. E. Hallberg.

fuente: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI

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ingreso o última modificación relevante: ant 2012

Estas biografías de santo son propiedad de El Testigo Fiel. Incluso cuando figura una fuente, esta ha sido tratada sólo como fuente, es decir que el sitio no copia completa y servilmente nada, sino que siempre se corrige y adapta. Por favor, al citar esta hagiografía, referirla con el nombre del sitio (El Testigo Fiel) y el siguiente enlace: https://www.eltestigofiel.org/index.php?idu=sn_881

sábado, 14 de marzo de 2020

Santa Matilde, emperatriz. (14 de marzo)

Santa Matilde, emperatriz.

Purgar un pecado, alcanzar la santidad.

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Santa Matilde, emperatriz. 14 de marzo.
Fue hija de Dietrich, conde de Ringelheim, descendiente de la más noble sangre sajona y de Reinhild, descendiente de los reyes daneses. Muy niña y buscando su educación, sus padres la entregaron a su abuela Eduviges, abadesa de Erfurt. A los 14 años se casó con Enrique Fowler, hijo de Otón de Sajonia. Aunque su "vita" oficial dice que Enrique la conoció y se enamoró de ella perdidamente, la verdad es diferente: Enrique ya estaba casado con Hathburg de Altstadt, a la que igualmente había sacado de un monasterio para hacerla su mujer, y con ella tuvo a Thankmar, su primogénito. Cuando conoció a Matilde y su sangre, repudió a su mujer, la envió de vuelta al monasterio y tomó a Matilde como esposa. Ambos fueron felices, tuvieron tres hijos: Otón I, Enrique, duque de Baviera y San Bruno de Colonia, obispo (11 de octubre). Juntos mejoraron la vida de sus súbditos, dictaron leyes justas, construyeron puentes, hospitales y asilos para enfermos, favorecieron a la Iglesia con donaciones, tierras y privilegios fiscales. Por su parte, Matilde hacía la caridad siempre que podía, con limosnas, la atención y visita a pobres y enfermos. Era amiga de la oración, el silencio y la liturgia. Impuso la sobriedad en comidas, vestidos y fiestas en la corte.

Después de la victoria sobre los húngaros, ambos reyes promovieron la devoción a San Miguel Arcángel (29 de septiembre; 25 de abril, aparición en Roma y en Tlaxcala; 6 de septiembre, aparición en Honaz; 19 de septiembre, aparición en Colosas, 8 de mayo,"in Monte Gargano"; 16 de octubre, aparición en Mont Saint-Michel), a quien achacaron la victoria, por la piedad de los alemanes frente a los paganos húngaros. Enrique Fowler falleció en 936, cuando proyectaba con Matilde una visita a Roma. A su muerte, su hijo Otón fue elegido emperador por los electores, y Matilde hubo de purgar el haberse convertido en emperatriz a costa de la suerte de otra mujer: Otón, convencido de que su madre gastaba mucho dinero en obras de caridad, la apartó del trono y la envió a Ravensberg. Lo peor es que fue Enrique, el hijo segundo y favorito de Matilde, quien instigó para ello. Y más aún, su hijo tercero y obispo de Colonia, Bruno, se desentendió del asunto. Sin embargo, en menos de un año Enrique enfermó gravemente y todos pensando era un castigo del cielo por desterrar a su madre, la hicieron volver a la corte imperial. Ella solo los abrazó, como una madre, sin decir palabra.

Pero su calvario por haberse casado con un divorciado no terminó, sino que se acentuó y más. Thankmar, hijo mayor de su marido, inició una guerra, apoyado por los sajones, contra Otón por ocupar el trono y porque este se había apoderado de su herencia materna. Otón marchó contra él y le acorraló en la iglesia de Everburg y ante el altar le asesinó. Eberhardt, duque de Franconia, aliado de Thankmar, suplicó a Enrique que intercediera por él ante Otón. Y Enrique lo que hizo fue traicionar a su hermano, aliándose con Eberhardt para tomar para sí la corona imperial. Otón, que no sabía nada, perdonó al duque de Franconia. Apenas Otón se descuidó, Enrique y Eberhardt le atacaron en Zante, pero fueron derrotados. Otón perdonó a Enrique, que le fue fiel en adelante, aunque no por ello dejó de ser un cruel gobernante.

En medio de todo esto, Matilde hacía penitencia y oraba constantemente por sus hijo, padeciendo por sus pecados y los de su pueblo. Además, hacía obras de caridad, visitaba y consolaba a los pobres, socorría a los huérfanos a los que las guerras provocadas por sus hijos había dejado sin padres. Visitaba a los presos y lograba la libertad para los condenados de delitos menores, organizó la caridad con algunas mujeres, para visitar a los necesitados y socorrerles. Pero, según su "vita", escrita por orden de su nieto San Enrique Emperador (13 de julio), dolida por los actos de sus hijos, y buscando la paz, se retiró al monasterio de Nordhausen, que ella misma había fundado. Allí pasó sus días en penitencia y oración, y allí se le unió su nieta Matilde, que llegaría a ser abadesa. Biznieta y tataranieta suyas fueron, las Beatas Matilde y Richezza (21 de mayo), respectivamente. 
La santa reina murió el 14 de marzo de 968 y fue enterrada en la iglesia de Quedlinburg, en la misma tumba de su marido.

Fuente:
-"Vidas de los Santos". Tomo III. Alban Butler. REV. S. BARING-GOULD. 1914.

A 14 de marzo además se celebra a San Lubin de Chartres, obispo.