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martes, 5 de noviembre de 2019

San Zacarías y Santa Isabel, Padres de San Juan Bautista (5 de noviembre)

San Zacarías y Santa Isabel, Padres de San Juan Bautista

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San Zacarías y Santa Isabel llevaron una vida santa, eran justos y observaban los mandamientos de Dios. Fueron padres de San Juan Bautista

  
San Zacarías y Santa Isabel fueron los padres de San Juan Bautista, precursor del Señor. Una de las alabanzas más profundas que se ha dicho de este matrimonio es que "Los dos llevaban una vida santa, eran justos ante Dios, y observaban con exactitud todos los mandamientos y preceptos del Señor". Fue nada menos que el evangelista san Lucas quien la hizo.

Fiesta: 05 de Noviembre

Martirologio Romano: Conmemoración de los santos Zacarías e Isabel, padres de san Juan Bautista, quien precedió al Señor. Isabel, al recibir a su pariente María en su casa, se llenó de Espíritu Santo al recibir el saludo de la Madre de Dios, y le dijo: "bendita entre todas las mujeres", y Zacarías, sacerdote lleno de espíritu profético, apenas nació su hijo, dio gracias a a Dios redentor y predicó la próxima manifestación de Cristo, Sol de Oriente, que procede de lo Alto.

Biografía de los Santos Zacarías e Isabel

Se sabe que San Zacarías era el sacerdote del templo de Jerusalén y que su esposa, Santa Isabel era pariente, puede ser que una prima muy cerna, de la Santísima Virgen María.
Se sabe además, también por el testimonio de los Evangelios y por sus propias palabras, que estas dos personas eran ya muy mayores y que no habían logrado tener descendencia por más deseada que fuera.

Aparición del ángel a Zacarías

Un día, cumple Zacarías el oficio sacerdotal y, mientras ofrece el incienso, ve un ángel, se llama Gabriel, que le dice: "Tu oración ha sido escuchada; Isabel, tu mujer, te dará a luz un hijo al que pondrás por nombre Juan".
Aunque San Zacarías es un hombre piadoso y de fe, no da crédito a lo que está pasando. Cierto que los milagros son posibles y que Dios es el Todopoderoso, cierto que se cuenta en la historia un repertorio extenso de intervenciones divinas, cierto que conoce obras portentosas del Dios de Israel, pero que "esto" de tener el hijo tan deseado le pueda pasar a él y que su buena esposa "ahora" que es anciana pueda concebir un hijo... en estas circunstancias... vamos que no se lo cree del todo por más que a un ángel no se le vea todos los días.

El castigo a su incredulidad

El castigo por la debilidad de su fe será la mudez hasta que lo prometido de parte de Dios se cumpla. El pueblo estaba aguardando fuera del Templo a que saliera Zacarías y se extrañaban de que demorara tanto en aparecer.
Cuando Zacarías apareció no podía hablarles, y se dieron cuenta de que había tenido alguna visión. Él les hablaba por señas y estaba completamente mudo.
Cuando nace Juan, el futuro Bautista, Zacarías recupera el habla, bendice a Dios y entona un canto de júbilo, profetizando. También Isabel prorrumpió en una exclamación sublime, que repetimos al rezar cada Avemaría, cuando estaba encinta y fue visitada por la Virgen:
"Bendita tú entre todas las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre".
Añadiendo:
"¡Feliz la que ha creído que se cumplirían las cosas que le fueron dichas de parte de Dios!".
Con los Santos Zacarías e Isabel la fe es aclamada con exultación y reconocida en su inseparable oscuridad. En algunos santorales su celebración está marcada para el 23 de septiembre, en otros el 5 de noviembre.
Que Dios conceda a los padres de familia el imitar a Zacarías e Isabel, llevando como ellos una vida santa; siendo justos ante el Señor,  y observando con exactitud todos los mandamientos y preceptos de Dios.
Nada es imposible para Dios (palabras del ángel a Zacarías)

lunes, 23 de septiembre de 2019

Santos Zacarías e Isabel, santos del NT (23 de septiembre)


Santos Zacarías e Isabel, santos del NT

fecha: 23 de septiembre
fecha en el calendario anterior: 5 de noviembre
canonización: bíblico
hagiografía: Abel Della Costa
Elogio: Conmemoración de los santos Zacarías e Isabel, padres de san Juan Bautista, Precursor del Señor. Isabel, al recibir a su pariente María en su casa, llena del Espíritu Santo saludó a la Madre del Señor como bendita entre todas las mujeres, y Zacarías, sacerdote lleno de espíritu profético, ante el hijo nacido alabó a Dios redentor y predicó la próxima aparición de Cristo, que procede de lo Alto.
Tanto sobre Zacarias como sobre Isabel tenemos una única mención en el Nuevo Testamento, que es el inicio del Evangelio de San Lucas. En preciosas pinceladas vemos aparecer y condensarse en ellos todo lo mejor de la piedad del Antiguo Testamento, precisamente cuando va a comenzar la Nueva, y definitiva, Alianza de Dios con su pueblo: ante todo, lo más preciado del Dios de Israel: se compadece del humilde y sobre todo del que vive humillado, como estos dos ancianos que no han podido tener hijos, que era, para el israelita, la justificación misma de la vida. En escenas donde se van entretejiendo rasgos que provienen de distintas narraciones del AT (el milagroso nacimiento de Samuel, la vocación de Sansón, etc), se nos presenta a la vez la pequeñez humana, y la magnanimidad con la que estos dos ancianos acogen el misterio del plan de Dios.
El misterio de estas escenas, lejos de detenerse en la milagrosidad -en sí grande- del nacimiento del Bautista, se centra en la visita de María a su prima Isabel, todo un Dios que, en el vientre de su madre, toma la iniciativa para ir a ayudar al ser humano en su debilidad y necesidad.
Allí pronuncia Isabel una de las frases que más ha repetido y repite nuestra fe: «Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre», y allí se proclama uno de los himnos más hermosos del Nuevo testamento, el Magníficat.
Zacarías, que aunque en el conjunto de la narración queda en un segundo plano, será el encargado de «responder» a Dios con otro himno, que también ha pasado a la tradición orante de nuestra fe y que se reza cada día en la Liturgia de las Horas: el Benedictus.
El card. Baronio (s. XVI) inscribió esta conmemoración en el Martirologio Romano con fecha 5 de noviembre, basándose en un calendario palestinense, y allí permaneció inscripta por siglos; no obstante, en la reforma del Martirologio que tuvo lugar con la promulgación del Nuevo Martirologio, en el año 2001, fue movida al 23 de septiembre, fecha que parece más apropiada porque en ella celebra la Iglesias bizantina la concepción de san Juan Bautista, que está en el origen de la celebración de los padres del Precursor. En todo caso, en aquellos sitios en que la celebración de Zacarías e Isabel sea litúrgica (por ejemplo en una parroquia de la que sean titulares), posiblemente se siga celebrando el 5 de noviembre; eso depende del Ordinario del lugar.
Abel Della Costa
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Estas biografías de santo son propiedad de El Testigo Fiel. Incluso cuando figura una fuente, esta ha sido tratada sólo como fuente, es decir que el sitio no copia completa y servilmente nada, sino que siempre se corrige y adapta. Por favor, al citar esta hagiografía, referirla con el nombre del sitio (El Testigo Fiel) y el siguiente enlace: https://www.eltestigofiel.org/index.php?idu=sn_3450

viernes, 6 de septiembre de 2019

San Zacarías, santo del AT (6 de septiembre)


San Zacarías, santo del AT

fecha: 6 de septiembre
canonización: bíblico
hagiografía: Abel Della Costa
Elogio: Conmemoración de san Zacarías, profeta, vaticinador de la vuelta del pueblo desterrado a la tierra de promisión. Anunció al mismo tiempo que un rey pacífico, Cristo el Señor, iba a entrar triunfante en la Ciudad Santa de Jerusalén, lo que se llevó a cumplimiento.
Ver más información en: Los Profetas

La noticia que nos trae el Martirologio Romano sobre el profeta Zacarías está redactada con bastante descuido, al menos en su versión castellana: «vaticinador de la vuelta del pueblo desterrado a la tierra de promisión», nos dice, pero el propio libro de Zacarías comienza con estas palabras: «En el octavo mes del año segundo de Darío fue dirigida la palabra de Yahveh al profeta Zacarías», es decir, en el año 520... cuando el pueblo desterrado ya había vuelto a la tierra de promisión: nada más fácil que vaticinar lo que ya pasó. Bromas aparte, el problema sólo lo tiene el Martirologio, porque el libro de Zacarías no engaña, ni siquiera como ficción literaria, respecto de la época en que fue escrito: el pueblo ya ha ido volviendo de Babilonia, y se enfrenta al desafío de reconstruir la vida comunitaria luego de la amarga -pero muy fecunda- experiencia del destierro. Tanto Zacarías como su contemporáneo Ageo, con su predicación buscarán interpretar para el pueblo el sentido de los acontecimientos que están viviendo, la importancia de reconstruir el templo, la profundización en la fidelidad a la Ley, en definitiva, la consolidación de los rasgos que van a ir creando, en el término de poco más de un siglo, lo que conoceremos luego como el judaísmo clásico.
Dentro de «Los Doce», es decir el conjunto de doce pequeños libros proféticos que en la Biblia hebrea forman una unidad, Zacarías es uno de los extensos, junto con Oseas y Amós. Y no sólo es mediano en longitud, sino tan rico en imágenes, que nos lo encontraremos citado o aludido abundantemente en el Nuevo Testamento, sobre todo en Apocalipsis. El elogio del Martirologio Romano evoca una de esas citas: «Anunció al mismo tiempo que un rey pacífico, Cristo el Señor, iba a entrar triunfante en la Ciudad Santa de Jerusalén, lo que se llevó a cumplimiento», se refiere a Zacarías 9,9: «¡Exulta sin freno, hija de Sión, grita de alegría, hija de Jerusalén! He aquí que viene a ti tu rey: justo él y victorioso, humilde y montado en un asno, en un pollino, cría de asna.» Gracias a los relatos de la Pasión, es posiblemente uno de los versículos de los profetas que más se conocen popularmente. Sin embargo el libro no se agota en esa imagen.
Respecto de la persona del profeta, poco sabemos: en 1,1 dice que es «hijo de Berekías, hijo de Iddó»; esto permite identificarlo con el profeta Zacarías «hijo de Iddó» del que habla Esdras 5,1, que menciona a Zacarias y a Ageo como profetas de la reconstrucción del templo:
«Los profetas Ageo y Zacarías, hijo de Iddó, empezaron a profetizar a los judíos de Judá y de Jerusalén, en nombre del Dios de Israel que velaba sobre ellos. Con esto, Zorobabel, hijo de Sealtiel, y Josué, hijo de Yosadaq, se decidieron a reanudar la construcción de la Casa de Dios en Jerusalén: los profetas de Dios estaban con ellos, apoyándoles.» (Esd 5,1) la identificación está fuera de toda duda, aunque lamentablemente el versículo 1,1 de Zac no dice «hijo de Iddó» sino «hijo de Berekías, hijo de Iddó», lo que en general se entiende en la actualidad como error de algún copista, que se le ha mezclado este Zacarías profeta, hijo de Iddó, con el «Zacarías, hijo de Beraquías» que menciona Isaías 8,1, y que nada tiene que ver con el nuestro. «Zacarías, hijo de Iddó» es, entonces, lo correcto, y de hecho las ediciones críticas de la Biblia ponen la expresión «hijo de Beraquías» entre paréntesis.
Una segunda identificación podría hacerse, aunque es menos segura: en la lista de sacerdotes de Nehemías 12,1ss, en el versículo 16, se habla de un sacerdote llamado también Zacarías, hijo de Iddó. Si se trata del mismo, entonces sabemos que además de profeta era sacerdote. Lamentablemente, carecemos de más noticias como para poder afirmarlo con certeza; es verdad que el libro de Nehemías pertenece al mismo contexto, pero precisamente por eso, es posible que si hubiera querido mencionar al profeta, suficientemente conocido, lo habria señalado. En todo caso, no todos aceptan que Zacarías haya sido, además de profeta, sacerdote. Ningún otro dato poseemos, no sabemos, por ejemplo, si era joven o viejo, aunque sí podemos saber que su ministerio lo ejerció por dos años: del año segundo de Darío, al año cuarto, esto es, desde el 520 aC hasta el 518. Por tanto no sabemos si llegó a ver el templo terminado y su consagración, en el 515.
En cuanto al libro, los especialistas están de acuerdo en que hay una marcada diferencia entre la primera parte del escrito, los capítulos 1 a 8, y la segunda parte, del 9 al 14. Hasta tal punto que se suele hablra, como en el caso del libro de Isaías, de dos profetas distintos: el Zacarías de la vuelta del destierro, que ya hemos presentado sumariamente, y un profeta (o una escuela) anónimo posterior, que desarrolla el pensamiento de Zacarías, pero no con su estilo, y que a falta de otro nombre simplemente se denomina Déutero-Zacarías, o Segundo Zacarías. Stuhlmüller señala así las diferencias entre el primero y el segundo Zacarías:

1-8


Claras alusiones históricas. Fechas exactas.
Preocupación por la reconstrucción del templo por Josué y Zorobabel.
Prosaico, redundante, confuso.
Influido indirectamente por el pensamiento de Ezequiel.
Mesianismo centrado en Jerusalén y resurgimiento de la dinastía davídica.

9-14


Alusiones oscuras o no históricas. Falta de fechas.
No se menciona la reconstrucción del templo, ni a Josué ni Zorobabel.
Poético, directo, sencillo.
Citas o alusiones directas a Os, Is, Dt, Jr, Ez, Joel, Job.
Mesianismo centrado en Judá, con alusiones secundarias a Jerusalén y a la dinastía davídica.
Aunque podemos, entonces, hablar de un desarrollo doctrinario entre una y otra parte, al leer Zacarías debemos tener en cuenta este dato de que estamos leyendo realmente dos libros. De todos modos, todo el conjunto está dominado por el surgimiento de un nuevo tipo de profecía, que de a poco se va a ir imponiendo: la profecía "apocalíptica". No es casual que precisamente sean el libro y los fragmentos apocalípticos del Nuevo Testamento los que más imágenes hayan tomado prestadas de Zacarías; es que realmente podemos considerar a Zacarías omo uno de los precursores de ese estilo que se va a hacer tan habitual en la vida del pueblo bíblico en los siglos inmediatamente anteriores a Jesús, que incluso pasará a confundirse la profecía con la «futurología» apocalíptica, confusión que permanece popularmente hasta hoy.
Una excelente introducción, separada en dos partes, una a Zac 1-8 y otra a 9-14, la encontramos en Los Profetas, tomo II, pp. 1141ss y 1176ss, respectivamente, del P. Alonso Schökel, con análisis del texto en su perspectiva narratológica; Carroll Stuhlmueller tiene una interesante introducción, además del análisis del texto en perspectiva histórico-crítica, en C.B. San Jerónimo, tomo II, pp 142ss. Una buena introducción, menos técnica que las anteriores, pero muy sólida: Los ultimos profetas, de Samuel Amsler, cuaderno bíblico nº 90 de la serie de Verbo Divino, 1996. En el artículo correspondiente a Ageo, en este mismo santoral, se encuentra una introducción un poco más detallada a la situación histórica de ese profeta, pero que es completamente válida para Zacarías. El libro de Zacarías puede leerse en la sección de Biblia de ETF en distintas versiones. Cuadro: detalle de Zacarías, fresco de Miguel Ángel perteneciente a la serie de los profetas, en la Capilla Sixtina, 1509
Abel Della Costa
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lunes, 2 de septiembre de 2019

San Zenón de Nicomedia, mártir (2 de septiembre)


San Zenón de Nicomedia, mártir

fecha: 2 de septiembre
†: s. III - país: Turquía
canonización: pre-congregación
hagiografía: Santi e Beati
Elogio: En Nicomedia, de Bitinia, san Zenón, mártir.
El martirologio romano reporta el 2 septiembre la memoria de san Zenón, y antiguamente la de sus hijos Concordio y Teodoro. La noticia proviene de un antiguo breviario de Capua que remitía a una «passio» latina legendaria. Habría sido víctima de la persecución de Juliano el Apostata, pero nada más se sabe de él.El Martirologio Jeronimiano y el Siríaco del siglo IV inscriben el 2 septiembre el mismo grupo unido a otros nombres similares, como Cosconio, generando un poco de confusión y haciendo que aparezcan como diversos para los estudiosos de la materia.
fuente: Santi e Beati
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sábado, 13 de julio de 2019

Santos Louis Martin y Zélie Guérin (12 de julio)

Santos Louis Martin y Zélie Guérin

Son los padres de Santa Teresita del Niño Jesús. Su fiesta se celebra el 12 de Julio, aniversario de su boda

Santos Luis Martin y Celia Guérin, padres de Santa Teresita

Oración a los Santos Louis Martin y Zélie Guérin

Dios, Padre nuestro, te damos gracias por habernos dado a Luis Martin y a Celia Guerin. En la unidad y fidelidad del matrimonio nos ofrecieron el testimonio de una vida cristiana ejemplar, cumpliendo las tareas cotidianas según el espíritu del Evangelio. Educando a una familia numerosa, a través de pruebas, muertes y sufrimientos, manifestaron su confianza en Tí y aceptaron   generosamente tu voluntad.
Señor, danos a conocer tus designios respecto a ellos y concédeme la gracia que te pido con la esperanza de que el padre y la madre de Santa Teresita del Niño Jesús puedan, un día, ser propuestos por la Iglesia como ejemplo a las familias de nuestro tiempo. Amén.

Biografía

Santa Teresita de Lisieux escribió una vez:”Dios me ha dado un padre y una madre más dignos del cielo que de la tierra”(Carta 261). ¿Quienes fueron estos padres tan maravillosos?
Luis Martin nació en Burdeos el 22 de agosto de 1823. Era el segundo de los cinco hijos del matrimonio Pierre-François Martin, capitán del ejército francés, y Marie Anne Fanny Boureau, cristianos de fe viva. La primera formación de Luis estuvo vinculada a la vida militar y se benefició de las facilidades que tenían los hijos de los militares.
Al jubilarse su padre, la familia se trasladó a Alençon (1831) y Luis estudió con los Hermanos de las Escuelas Cristianas de la ciudad. Tanto en la familia como en el colegio recibió una sólida formación religiosa.
Terminados los estudios, no se inclinó hacia la vida militar, sino que quiso aprender el oficio de relojero, primero en Bretaña, luego en Rennes, Estrasburgo, en el Gran San Bernardo (Alpes suizos) y por último en París.
A los veintidós años sintió el deseo de consagrarse a Dios en la vida religiosa. Para ello, se dirigió al monasterio del Gran San Bernardo, con intención de ingresar en esta Orden, pero no fue admitido porque no sabía latín. Con gran valor se dedicó a estudiarlo durante más de un año, con clases particulares; pero, finalmente, renunció a ese proyecto. No se sabe mucho de este período: sólo que su madre en una carta le exhortaba a "ser siempre humilde", y que mostró su valentía y sangre fría salvando de morir ahogado al hijo del amigo de su padre, con el que residía.
En Alençon puso una relojería. Sus padres, tras la muerte de los otros hijos, vivieron siempre con él, incluso después de su matrimonio con Celia Guérin.
Hábil en su oficio, tenía amigos y conocidos con los que le gustaba pescar y jugar al billar, y era apreciado por sus cualidades poco comunes y por su distinción natural, que explica por qué le presentaron un proyecto de matrimonio con una joven de la alta sociedad, al que se negó.
En 1871 vendió el edificio a un sobrino. El amor al silencio y al retiro lo llevó a comprar una pequeña propiedad con una torre y un jardín. Allí instaló una estatua de la Virgen, que le había regalado la señora Beaudouin; trasladada más tarde a Buissonnets, esta imagen fue conocida en todo el mundo como la Virgen de la Sonrisa.
Celia Guérin nació en Gandelain, departamento de Orne (Normandía), el 23 de diciembre de 1831. Era hija de Isidoro Guérin, un militar que a los 39 años decidió casarse con Louise-Jeanne Macè, dieciséis años más joven que él. De esta unión nacieron también Marie Louise, la primogénita (fue monja visitandina), e Isidore, el más pequeño. Para los padres de Celia la vida había sido dura, lo que repercutía en su manera de ser: eran rudos, autoritarios y exigentes, si bien tenían una fe firme. Celia, inteligente y comunicativa por naturaleza, dice en una de sus cartas que su infancia y juventud fueron tristes "como un sudario". A pesar de ello, cuando su padre, viudo y enfermo, manifestó el deseo de ir a habitar con ella, lo acogió y cuidó con devoción hasta que murió en 1868. Afortunadamente encontró en su hermana Marie Louise un alma gemela y una segunda madre.
Cuando se jubiló su padre, la familia se estableció en Alençon en 1844. La señora Guérin abrió un negoció que fracasó. La familia salía adelante con dificultad, gracias a la pensión y a los trabajos de carpintería del padre. En pocos años, la situación financiera se hizo muy precaria y no mejoró hasta que las hijas contribuyeron con su trabajo a cuadrar el balance familiar. Esta situación económica influyó en los estudios de las hijas: Celia entró en el internado de las religiosas de la Adoración perpetua; aprendió los primeros rudimentos del punto de Alençon, un encaje de los más famosos de la época; luego, para perfeccionarse, se inscribió en la "Êcole dentellière". Mientras tanto, la hermana mayor se dedicó al bordado, con su madre. Celia conservó un excelente recuerdo de este tiempo.
Se dedicó a la confección de dicho encaje. Deseó formar parte de las Hijas de la Caridad de San Vicente de Paúl, pero no la admitieron. Pidió luz al Señor para conocer su voluntad y el 8 de diciembre de 1851, después de una novena a la Inmaculada Concepción, escuchó interiormente las palabras: "Hacer punto de Alençon". Con la ayuda de su hermana comenzó esta empresa y ya a partir de 1853 era conocida como fabricante del punto de Alençon. En 1858 la casa para la que trabajaba recibió una medalla de plata por la fabricación de este encaje y Celia una mención de alabanza. Poco después, su hermana entró en el monasterio de la Visitación y tomó el nombre de María Dositea.
Un día, al cruzarse con un joven de noble fisonomía, semblante reservado y dignos modales, se sintió fuertemente impresionada y oyó interiormente que ese era el hombre elegido para ella. En poco tiempo los dos jóvenes llegaron a apreciarse y amarse, y el entendimiento fue tan rápido que contrajeron matrimonio la noche del 12 al 13 de julio de 1858, tres meses después de su primer encuentro. Llevaron una vida matrimonial ejemplar: misa diaria, oración personal y comunitaria, confesión frecuente, participación en la vida parroquial. De su unión nacieron nueve hijos, cuatro de los cuales murieron prematuramente. Entre las cinco hijas que sobrevivieron, Teresa, la futura santa patrona de las misiones, es una fuente preciosa para comprender la santidad de sus padres: educaban a sus hijas para ser buenas cristianas y ciudadanas honradas. A los 45 años, Celia recibió la noticia de que tenía un tumor en el pecho y pidió a su cuñada que, cuando ella muriera, ayudara a su marido en la educación de los más pequeños: vivió la enfermedad con firme esperanza cristiana hasta la muerte, en agosto de 1877.
Luis se encontró solo para sacar adelante a su familia: La hija mayor tenía 17 años y la más pequeña, Teresa, cuatro y medio. Se trasladó a Lisieux, donde residía el hermano de Celia; de este modo la tía Celina pudo cuidar de las hijas. Entre 1882 y 1887 Luis acompañó a tres de sus hijas al Carmelo. El sacrificio mayor fue separarse de Teresa, que entró en el Carmelo a los 15 años. Luis tenía una enfermedad que lo fue invalidando hasta llegar a la pérdida de sus facultades mentales. Fue internado en el sanatorio de Caen, y murió en julio de 1894.
No estamos habituados a pensar en la santidad de un matrimonio, porque nuestra experiencia nos lleva a unir la santidad a un individuo. Juan Pablo II se atrevió a ir más allá de los esquemas, beatificando a Luis y María Beltrame Quattrocchi. Después, el Papa Benedicto XVI decidió añadir a ellos a los cónyuges Martin, a fin de mostrar a los padres y madres de familia de todo el mundo la grandeza de la vocación a la vida conyugal. Así se concreta la invitación de Juan Pablo II: "Es el momento de proponer de nuevo a todos con convicción este "alto grado" de la vida cristiana ordinaria. La vida entera de la comunidad eclesial y de las familias cristianas debe ir en esta dirección" (Novo millennio ineunte, 31) y del concilio Vaticano II: "Todos los fieles, de cualquier estado o condición, están llamados a la plenitud de la vida cristiana y a la perfección de la caridad" (Lumen gentium, 40).
Santos Louis Martin y Zélie Guérin, padres de Santa Teresita¿Qué es lo que fascina de los esposos Martin? ¿Qué mensaje deja esta familia a la Iglesia y a la sociedad? Sin duda fascina la valentía de esta familia que, después de diecinueve años de matrimonio, ante la crisis económica que afligía a Francia, queriendo garantizar bienestar y futuro a sus hijos, halló la fuerza de dejar Alençon y trasladarse a Lisieux, como tantos hombres y mujeres de nuestro tiempo, "emigrantes" en busca de lo que pudiera hacer más bella la vida y concreta la esperanza. Hay una belleza que emana de su trabajo artesanal emprendedor: Luis Martín, como relojero y joyero; y Celia Guérin, como pequeña empresaria de una taller de bordado. Junto con sus cinco hijas, emplearon tiempo y dinero en ayudar a quienes tenían necesidad. Su casa no fue una isla feliz en medio de la miseria, sino un espacio de acogida, comenzando por sus obreros. El matrimonio Martin nos recuerda que existe una ética que debe imbuir la vida de los empresarios, poniendo en el centro el valor de la persona humana (cf. Populorum progressio, 42-44). Anima su testimonio cristiano de laicos, vivido dentro y fuera de las paredes del hogar, a través de la belleza de su vida, la fascinación de los sentimientos, la transparencia del amor, sabiendo dedicarse tiempo, porque "el amor no es un trabajo para hacer deprisa" (M. Noëlle). El compromiso eclesial de los esposos Martin recuerda que "la futura evangelización depende, en gran parte, de la iglesia doméstica" (Familiaris consortio, 52), y tiene el sabor de la ternura.

Causa de canonización

Los padres de Santa Teresa del Niño Jesús, Louis Martin y Zélie Guérin, fueron declarados Santos el 18 de octubre de 2015. El milagro que posibilitó la canonización fue el obrado en una niña española que nació de forma prematura y con gravísimas complicaciones, entre ellas, una hemorragia ventricular grado IV.  Fue entonces cuando, ante la imposibilidad médica de sanarla, los padres se encomendaron al matrimonio Louis Martin y Zélie Guérin, que habían sido beatificados recientemente. A partir de ese momento, la niña experimentó un “restablecimiento asombroso y sin explicación médica alguna” y hoy se encuentra “perfectamente y sin la más mínima secuela”.
 
Se designó como fecha de celebración de los Santos Luis Martin y Celia Guerin el 12 de julio, fecha en que contrajeron matrimonio.

Ceremonia de Beatificación

Alrededor de quince mil personas participaron el 19 de octubre de 2008 en la beatificación de los padres de santa Teresita del Niño Jesús, Louis Martin y Zélie Guérin. Se escogió este día coincidente con el DOMUND (DOMingo MUNDial de las misiones) dado que su hija Santa Teresita de Lisieux, es patrona universal de las Misiones.
El segundo matrimonio elevado conjuntamente a la gloria de los altares fue beatificado en una celebración eucarística presidida por el legado pontificio, el cardenal José Saraiva Martins, prefecto emérito de la Congregación para las Causas de los Santos, en la basílica de Lisieux (Francia).
Tras concluir el rito de beatificación con el que el Papa inscribió a los dos esposos conjuntamente en el Libro de los Beatos, el cardenal portugués dio "gracias a Dios por este testimonio ejemplar de amor conyugal".
Este ejemplo, aseguró el purpurado, puede "estimular a los hogares cristianos en la práctica integral de las virtudes cristianas, como estimuló el deseo de santidad en Teresa".
El cardenal dejó paso a las confidencias en la homilía explicando que en el momento de la beatificación "pensaba en mi padre y en mi madre, y en este momento, quisiera que vosotros también pensarais en vuestro padre y vuestra madre y que juntos demos gracias a Dios por habernos creado y hecho cristianos gracias al amor conyugal de nuestros padres".
Louis Martin (1823-1894) y su esposa Zélie Guérin (1831-1877), padres de nueve hijos, cuatro de ellos fallecidos en tierna edad, fue el segundo matrimonio beatificado simultáneamente después de los italianos Luigi y Maria Beltrame Quattrocchi (fallecidos en 1951 y 1965 y beatificados en 2001 por San Juan Pablo II).
El cardenal Saraiva Martins les presentó como "un don para los esposos de todas las edades por la estima, el respeto y la armonía con que se amaron durante 19 años".
Son también "un don para los padres" y "para todos aquellos que han perdido a su esposo o esposa".
"La viudez es siempre una condición difícil de aceptar --reconoció--. Louis vivió la pérdida de su esposa con fe y generosidad, prefiriendo el bien de sus hijos a sus gustos personales".
Por último, dijo, estos esposos son "un don para quienes afrontan la enfermedad y la muerte".
Zélie falleció de cáncer, Louis terminó su existencia a causa de una artereoesclerosis cerebral.
"En nuestro mundo, que trata de ocultar la muerte, nos enseñan a mirarla cara a cara, abandonándose en Dios", aseguró.
Entre los participantes en la ceremonia de beatificación se encontraba Pietro Schiliro, un niño italiano de Monza, cuya curación inexplicable en 2002 fue sido atribuida a la intercesión de los padres de Santa Teresita del Niño Jesús.
Nacido con una malformación de los pulmones, los médicos habían dicho que no podría sobrevivir. Su madre pidió su curación a Dios por intercesión de Louis y Zélie. Una comisión científica reconoció como inexplicable su curación.

jueves, 4 de julio de 2019

Santos Zoé y Nicostrato de Roma, esposos mártires. (5 de julio)

Santos Zoé y Nicostrato de Roma, esposos mártires.

Por los pelos hasta los cielos.

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Martirio de Santa Zoé.
Martirio de Santa Zoé.
Santos Zoé y Nicostrato de Roma, esposos mártires. 5 de julio.

Lo que de estos personajes se sabe, aparece en las Actas de San Sebastián (20 de enero), que destacan por incluir a varios santos mártires en un solo hilo conductor. Para unos es probable que se tratara de una mártir conocida en Roma en los tiempos de la redacción de la "passio" de Sebastián, y añadida a esta para darle importancia al relacionarla con este invicto mártir. Y para otros es simplemente una invención catequética, sin base histórica o cultual alguna.

Según la leyenda de Sebastián, los hermanos mártires Santos Marco y Marceliano (18 de junio) fueron temporalmente liberados de la cárcel por Cromacio, vice-prefecto de la ciudad, para darles tiempo de arrepentirse de confesar a Cristo. Los llevaron a casa de Nicostrato, un alto funcionario romano, y de su mujer, Zoé, muda desde hacía seis años atrás, sin que se pudiera saber la causa, pues oía y entendía cuanto se le hablaba. Allí ambos hermanos eran visitados día tras día por familiares y amigos para hacerles desistir de su fe y así no acabar condenados a muerte. Allí también les visitaba Sebastián, el cual, un día al ver que los hermanos flaqueaban, habló a ambos: "Pues qué, hermanos míos, ahora que estáis casi llegando al fin de vuestra gloriosa carrera, ¿será posible que los llantos de hijos y parientes os hayan de hacer volver atrás con ignominia? ¿Han apagado esas lágrimas vuestro amor de Dios y vuestra fe? ¿Adónde se fue aquella cristiana magnanimidad que mostrasteis en mayores tormentos? ¿Permitiréis que os arranque el laurel de la cabeza el artificioso llanto de vuestras mujeres, y el pueril de vuestros hijos? ¿Seréis apóstatas por alargar algunos pocos días más la vida de un padre y de una madre que ya no pueden durar mucho? ¿Ignoráis acaso que desde la cuna a la sepultura hay poco trecho, y desde la ancianidad á ella casi ninguno?"

Y luego de arengar a los hermanos, se dirigió a los parientes y amigos, y les demostró la verdad de la fe cristiana, la dicha de dar la vida por Cristo y los premios que aguardaban en el cielo a los valientes que confesaban su Nombre. Y lo hizo con tal inspiración divina, que mientras estaba hablando una luz celestial resplandeció en torno a él, sus ropas resplandecían y siete ángeles aparecieron sobre su persona. Las palabras y el portento visto, no solo fortalecieron a los hermanos, sino que convirtieron a los padres de los jóvenes, Tranquilino y Marcia, y a Nicostrato y Zoé. Además, a esta última el santo le sanó de su mudez cuando ella se le acercó y por señas le manifestó su conversión. Sus primeras palabras fueron para confesar a Jesucristo. Todos los nuevos conversos fueron bautizados por el sacerdote San Policarpo, también mártir después.
Nicostrato y Zoé continuaron su vida cristiana dedicados a la oración, la caridad y el auxilio a los cristianos presos. Nicostrato destacó en su apoyo a Sebastián cuando este fue apresado, martirizado y finalmente muerto por Cristo, y poco tiempo después fue mártir el mismo. Zoé continuó fiel a Cristo, formando parte de las viudas romanas, y siempre dispuesta al servicio de los pobres y los perseguidos. Una noche mientras rezaba ante la tumba del apóstol San Pedro (29 de junio; 1 de agosto, "Ad Víncula"; 18 de enero, cátedra en Antioquía; 22 de febrero, cátedra en Roma; y 18 de noviembre, la Dedicación), fue vista por unos enemigos de Cristo, que la delataron por cristiana. Fue apresada y conminada a sacrificar a Marte, a lo que ella se negó, diciendo con sarcasmo: "Más le agradaría Venus a este tu dios, que no yo". La encerraron en una lóbrega prisión durante una semana, sin darle de comer ni beber. Al cabo, la llevaron ante el presidente Flaviano, que volvió a insistirle que sacrificara, y como se negó la condenó a ser colgada del cabello y a morir ahogada con el humo de una hoguera que encendieron bajo sus pies.

Aún colgada y aspirando aquellos vapores asfixiantes confesaba valientemente el nombre de Cristo hasta alcanzar la gloria, el 5 de julio de 284, sin que este dato sea histórico, sino solamente un cálculo entre las muertes de Marco y Marceliano y la de Policarpo. En el martirologio romano su nombre no entró sino hasta el siglo XVI, pues no aparece mencionada en obra hagiográfica alguna, salvo la "passio" mencionada. Ruinart dice que "los verdugos tomaron el cuerpo, y atándole una grande piedra al cuello lo arrojaron al rio Tíber, pensando que así no sería venerado de los cristianos; y se engañaron, pues antes fue causa de mayor culto y veneración", pero la realidad es que no existió dicho culto.

Fuentes:
-"Año cristiano o Ejercicios devotos para todos los días del año". Junio. R.P. JUAN CROISSET. S.J. Barcelona, 1862.
-"Vidas de los Santos". Tomo VI. Alban Butler. REV. S. BARING-GOULD.


A 5 de julio además se celebra a Santa Trófima de Minori, virgen y mártir.

sábado, 30 de marzo de 2019

San Zósimo de Siracusa, obispo. (30 de marzo)

San Zósimo de Siracusa, obispo.

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San Zósimo.
San Zósimo.
San Zósimo de Siracusa, obispo. 30 de marzo y 21 de enero (Iglesias Griegas).

Fue hijo de unos ganaderos acomodados de Siracusa, donde nació en 571, muy cerca del santuario y monasterio de la gran Santa Lucía (13 de diciembre), que seguía la regla basiliana. Fue niño piadoso y a los siete años pidió a sus padres le dejaran entregarse a Dios. Estos acpetaron y así, en 578 entró como oblato al monasterio, sin estar interno, sino que vivía en su casa y servía en el culto de la iglesia. Su primer oficio fue custodiar la limpieza, las velas y flores de la capilla de Santa Lucía, donde se veneraba el cuerpo de la santa, a la que Zósimo tomó gran devoción. Le rendía culto y, admirado por su martirio, se encomendaba a ella para que le preservara en la pureza y la obediencia a Dios. Tanto era su afecto por este trabajo que cuando Fausto, el abad, mandó ponerle en otro oficio, Zósimo se rebeló y se fue adonde sus padres, para no volver más al monasterio. Estos, con dolor y sentido del deber, le devolvieron al monasterio, y el abad entonces, con gran paciencia, le volvió a encomendar el cuidado de la capilla de Santa Lucía.

Esa noche, cuando se despedía de la santa, esta se le apareció, le pidió jamás volviera a separarse del servicio divino, e iba a castigarle, cuando la Santísima Virgen también apareció y le protegió. Santa Lucía le perdonó y le prometió que intercedería por él siempre si no abandonaba su servicio. A partir de entonces, dedicó más tiempo a su trabajo y la veneración a Santa Lucía, yendo a su casa solamente para ver a sus padres y que estos le vieran, regresando rápidamente a su sitio. Fue testigo de varios milagros de Santa Lucía, y según la leyenda, de lo mal que se las gastaba la santa con los falsos devotos. Cuéntase que una dama noble que padecía una enfermedad, fue a rogar a la santa, y le hizo peticiones impropias de un cristiano y la santa en el momento la hizo caer de un golpe. Zósimo avisó a los criados y estos al llegar la hallaron muerta.
Treinta años estuvo Zósimo al servicio del culto de Santa Lucía. Al cabo, el abad Fausto murió y los monjes no se ponían de acuerdo para elegir sucesor, Fueron todos a ver al obispo San Juan (23 de octubre) y este les preguntó: "¿No hay nadie más aparte de vosotros en vuestro monasterio?" "No", dijeron los monjes, y el obispo les replicó "no puede ser que hayáis dejado el monasterio solo". Los monjes admitieron que habían dejado al custodio de la capilla de Santa Lucía, un monje con el que no contaban para nada. El obispo mandó buscarle y apenas entró Zósimo a su presencia, el obispo tuvo una revelación y dijo solemnemente a los monjes: "He aquí a quien el Señor ha elegido". Y los monjes le aceptaron como abad, por lo cual el obispo le ordenó presbítero. Fue abad durante cuarenta años, siendo un padre amado por todos, por su justicia, prudencia y caridad. Embelleció el santuario y jamás olvidó la capilla de Santa Lucía, de la que se ocupaba siempre que podía. Así, en 649 murió el obispo San Pedro de Siracusa (7 de enero) y hubo una doble elección: el pueblo clamó por Zósimo como obispo, y el clero por su parte eligió a Venerio, un presbítero engreído y amante de los placeres. Zósimo no quería ser obispo, y menos luego de una pelea por la sede. Así que el pueblo elevó el caso ante el papa Teodoro, al que Zósimo fue a visitar. El papa se decidió por Zósimo, que era apoyado por la ciudad y tenía virtudes probadas para ello.
Regresó Zósimo a Siracusa, y halló una impresionante bienvenida propiciada por los pobladores de Siracusa en el puerto de Ortigia. Se enfrentaba Zósimo a una sede empobrecida, a pesar de ser una región rica, con buen puerto y tierras. Trabajó el santo por devolver a la ciudad su esplendor, sin olvidar la vida espiritual y moral de sus hijos. Para ello redactó enseñanzas, cartas, sermones. Fue caritativo a mares, sin dejar nunca de socorrer a los pobres, logrando milagros para ello si era necesario. Una leyenda cuenta que un día envió a Juan su diácono asistente, a dar dos monedas a un pobre. Juan le dijo: "Nuestra bolsa está vacía". "Ve y vende tu manto y dalo al que sufre", fue la rápida y evangélica respuesta del obispo, que tomando su propia capa, la dio a Juan para que la vendiera y aliviara al mendigo. Al acto de hacerlo, llegó al palacio un joven que dejó una bolsa de monedas de oro para el obispo. Entonces Zósimo reprendió a Juan por su falta de fe en la Providencia. Otra anécdota cuenta que un día caluroso, mientras dormitaba, las moscas le molestaban. Había allí un presbítero que leía su salterio e interrumpió la lectura para espantar las moscas que molestaban al obispo. Cuando Zósimo despertó, le agradeció y añadió: "Pero nunca lo vuelvas a hacer, quédate en paz y lee tu salterio".
Reconstruyó y embelleció la iglesia de Santa María, que consagró el día que cumplía 82 años, en 653. En 656 ya estaba Zósimo enfermo y pasaba mucho tiempo en su cama, que no era más que un jergón de paja. Residía en Siracusa Caprasio, mayordomo del emperador Constante II, y sabiendo la pobreza del lecho de Zósimo, le regaló alfombras y mantas bellísimas y cómodas para que le preparasen un lecho más apropiado. Zósimo lo agradeció con cortesía y apenas estuvo solo, mandó a sus presbíteros que vendieran aquello a favor de los pobres y le preparasen su lecho de paja. Su muerte no está clara cuando ocurrió, entre 656 y 660. El pueblo le lloró muchísimo y le veneró en su sepulcro, donde ocurrieron algunos portentos.


Fuente: 
-"Vidas de los Santos". Tomo III. Alban Butler. REV. S. BARING-GOULD. 1914.

domingo, 2 de diciembre de 2018

Beato Zef Palaj (Bernardin), presbítero y mártir (38 mártires de la persecución en Albania (1945-1974)) 2 de diciembre


 Beato Zef Palaj (Bernardin), presbítero y mártir



38 mártires de la persecución en Albania (1945-1974)
Este grupo, encabezado por el sacerdote Lazër Shantoja, de la archidiócesis de Shkodrë-Pult, comprende 38 mártires de distinto estado -hay obispos, sacerdotes diocesanos y profesos, religiosos y laicos-, que dieron el supremo testimonio por Cristo bajo el régimen comunista en Albania.
En este grupo:

Albania fue uno de los países europeos que vivió, con Enver Hoxha, el comunismo maoísta. En el país de las Águilas fueron masacrados obispos, sacerdotes, frailes, monjas y una larga lista de laicos, incluidos los más débiles... Todo ello sucedió hace pocos años... La Iglesia de Albania se inscribe, por pleno derecho, en la lista de honor del martirologio del siglo XX.
El proceso diocesano de un grupo de 40 mártires se inició en 2002, con la presencia del cardenal Crescenzio Sepe. Se clausuró el 8 de diciembre de 2010, en presencia esta vez del cardenal Claudio Hummes. Ese día se declaró terminado el recorrido diocesano de la investigación canónica “super martyrio” de los siervos de Dios Vincenzo Prennushi OFM, arzobispo de Durrës, y 37 compañeros, del siervo de Dios Luigi Paliq, sacerdote OFM, y del siervo de Dios Gjion Gazulli, sacerdote diocesano (estos dos últimos no beatificados aun, a la redacción de esta noticia).
El clero católico se distinguió por su fe, su patriotismo y su cultura. Al padre Mati Prendushi la dictadura le propuso separarse de la Santa Sede de Roma para fundar la Iglesia nacionalista. Todos rechazaron valerosamente semejante propuesta. Monseñor Frano Gjini, obispo y delegado apostólico, cuando escuchó semejante pretensión, respondió con firmeza:
"Jamás separaré mi rebaño de la Santa Sede".
Monseñor Gjini fue fusilado en 1948. Ningún sacerdote aceptó el cisma y esto desencadenó la reacción que condujo a la encarcelación de unos 170 sacerdotes.
Don Lazër Shantoja fue torturado y le amputaron las manos y los pies; viéndolo en aquel estado, su madre desesperada, exclamó:
-Compro yo la bala para matarlo, pero no lo dejéis más en estas terribles condiciones.
Mientras aquel era fusilado en Tirana, capital de Albania, otro sacerdote, Ndre Zadeja, lo era también en la vieja e histórica ciudad de Shkodër, centro del catolicismo y de la cultura albanesa.
Más tarde serían fusilados el padre Giovanni Fausti y el padre Daniel Dajani, jesuitas; el padre Gjon Shllaku, O.F.M.; el seminarista Mark Çuni, los señores Gjelosh Lulashi, Qerim Sadiku y Fran Mirakaj y el padre Antón Harapi, superior provincial de los Hermanos Menores. Igual suerte corrió el padre Mati Prendushi, guardián del convento San Francisco de Gjuhadol en Shkodër.
El arzobispo de Shkodër, monseñor Gaspër Thaçi, el arzobispo de Durrës, monseñor Vinçenc Prennushi, OFM y el padre Çiprian Nika fueron acusados, falsamente, de haber escondido armas debajo del altar de San Antonio, en su iglesia.
El padre Bernardin Palaj, tras ser torturado, murió a causa del tétanos, en el Convento de los Franciscanos, convertido en cárcel para más de 700 detenidos. Don Lekë Sirdani y Don Pjetër Çuni, murieron sumergidos boca abajo en una fosa séptica.
Alfons Tracki y Zef Maksem, sacerdotes alemanes, fueron fusilados. El padre Serafín Koda exhaló su último suspiro con la laringe fuera de la garganta. Papa Josif, sacerdote católico de rito bizantino, quien cayó exhausto en el pantano de Maliq, fue sepultado vivo en el barro.
A Don Mark Gjani le pidieron que renegara de Cristo y su respuesta fue ¡Viva Cristo Rey! Fue asesinado y su cuerpo echado a los perros. Don Mikel Beltoja fue torturado en la sala del proceso, que se celebró a puerta cerrada. La policía le hirió gravemente con punzones y, unos días más tarde, le fusilaron.
Noticia tomada del blog «Victor in vínculis», del P. Jorge López Teulón, hay allí más material sobre el tema, que puede ser de interés.
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ingreso o última modificación relevante: 4-1-2017
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