Mostrando entradas con la etiqueta Papas. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Papas. Mostrar todas las entradas

sábado, 30 de mayo de 2020

San Pablo VI, papa (29 de mayo)


San Pablo VI, papa

fecha: 29 de mayo
n.: 1897 - †: 1978 - país: Italia
otras formas del nombre: Juan Bautista Montini
canonización: 
B: Francisco 19 oct 2014 - C: Francisco 14 oct 2018
hagiografía: Abel Della Costa
Elogio: Memoria litúrgica de san Pablo VI, papa, cuyo nacimiento en el cielo ocurrió el 6 de agosto.

Giovanni Battista Enrico Antonio María Montini nació el 26 de septiembre de 1897 en la aldea de Concesio, provincia de Brescia, Lombardía (región del norte de Italia). Fue bautizado cuatro días después, el mismo día en el que una joven monja francesa, Teresa del Niño Jesús, moría en un Convento Carmelita en Lisieux.
Su familia era de clase alta. Giorgio, su padre, era un abogado que, en vez de practicar la abogacía se dedicó a la política local a raíz de su pasión por la acción social y la política de Italia. Inspirado en los escritos y testimonios del Papa León XIII (1903), Giorgio también incursionó como periodista, editando un periódico católico local, además de desempeñarse como Director de la Acción Católica. Su madre, Guiditta Alghisi, fue hija única de una familia de la nobleza, quien también actuaba en movimientos sociales católicos. Sus padres eran devotos católicos intelectuales, conocidos por su testimonio de vida, intensidad espiritual y pasión por el Evangelio. Giovanni tenía dos hermanos: Francesco, quien estudió medicina y Ludovico, el cual siguió a su padre en el camino de las leyes y la política. Muchos años más tarde, el Papa Pablo VI le contaba a Jean Guitton, el autor de «El Papa habla: diálogos con Pablo VI» acerca de la influencia primordial que tuvo sobre él la fe de sus padres. “Del amor de mi padre y de mi madre”, dijo, “y de su unión obtuve el amor de Dios y el amor del hombre. En realidad, debería decir que el amor de Dios, el cual colmó sus corazones, y que los unió en su juventud, en mi padre se concretó en acción y en mi madre en silencio.”
Ingresó en el seminario en 1916 y fue ordenado presbítero cuatro años más tarde, el 29 de mayo de 1920. Su primera Misa fue celebrada en Concesio en la iglesia Madonna delle Grazie, cerca de su hogar familiar. Posteriormente obtuvo un título en derecho canónico en Milán, entonces se dirigió a Roma para proseguir sus estudios de teología en la Gregoriana, y en letras en la Universidad Sapienza de Roma. En 1922 se trasladó a la Accademia dei Nobili Ecclesiastici para cursar estudios en diplomacia.
Los talentos del joven Montini no pasaron desapercibidos. Ingresó en la Secretaría de Estado Vaticano a la edad de veinticinco años, y un año después pasó unos pocos meses en la nunciatura en Varsovia, Polonia. Su frágil salud lo obligó a regresar a Roma; él describió el corto tiempo allí como útil y educacional, pero no muy agradable. Los siguientes treinta años trabajó en la Oficina de la Secretaría de Estado del Vaticano, durante algunos de los momentos más oscuros de la Europa Moderna.
El partido nacional fascista de Benito Mussolini subió al poder en 1922, y Montini se dedicó él mismo a ayudar en la lucha contra el régimen totalitario, como guía intelectual y asesor espiritual. Enseñó eclesiología en la Accademia dei Nobili Ecclesiastici y se involucró en movimientos de la Juventud Católica. Pronto fue nombrado capellán de la organización estudiantil católica anti-fascista denominada Federación de Estudiantes Universitarios Católicos Italianos (FUCI), ayudando a organizar y liderar grupos de estudio, convenciones y retiros. FUCI fue el único cuerpo estudiantil apartado del fascismo en el sistema universitario de Italia. Conocido por sus convicciones anti-fascistas, el joven Montini fue acusado a menudo de estar comprometido indebidamente en política. A veces era frustrado por disputas personales y políticas con la Curia Romana, expresando su creencia de que la Curia se encontraba demasiado alejada de las realidades afrontadas por los ciudadanos. Irónicamente (dadas estas actividades anti-fascistas), el trabajo de Montini en la Secretaría incluía la participación en los Acuerdos Lateranenses de 1929. Estos tratados cerraron un acuerdo político en el cual Italia reconoció la soberanía de la Santa Sede en el Estado de la Ciudad del Vaticano. El Estado italiano, a su vez, recibió reconocimiento oficial por parte de la Iglesia Católica. Montini se oponía fuertemente a los intentos de Mussolini de ganar más apoyo católico (lo que incluyó ser bautizado como católico en 1927), y trabajó encubiertamente, como sacerdote e intelectual, para luchar como pudiera contra el cada vez más violento régimen anti-cristiano.
A principios de 1930, Montini se familiarizó con el Cardenal Eugenio Pacelli —futuro Papa Pío XII— quien había sido nombrado como nuevo Cardenal Secretario de Estado por Pío XI el 7 de febrero de 1930. En 1937 Montini fue designado en Asuntos Ordinarios bajo las órdenes del Cardenal Pacelli, viajando con él a Budapest para el Congreso Eucarístico Internacional de 1938. Montini fue uno de sus más cercanos asesores y trabajaron juntos por muchos años. Giovanni expresaba una profunda admiración por Pacelli, quien tuvo una influencia duradera en su pensamiento y el enfoque que posteriormente le daría a su propio pontificado.
Mientras que el tumulto de la Europa devastada por la guerra comenzó a disminuir, el conflicto político de la vida en la Curia Romana demostró ser una fuente común de frustración para Montini, cuyo talento y una estrecha relación con Pío XII provocó la envidia de muchos rincones de la Curia. “En el consistorio secreto de 1952,” afirma la biografía de Pablo VI del sitio web del Vaticano, “el Papa Pío XII anunció que tenía intención de elevar a Montini y a Domenico Tardini al Sacro Colegio, pero ambos habían pedido ser dispensados de la aceptación. En lugar de ello les confirió a ambos el título de Prosecretario de Estado”. Montini probablemente declinó del cargo porque creía que iba a disminuir su influencia y la eficiencia dentro de la Secretaría.
Montini fue nombrado arzobispo de Milán en 1954, pero aún sin ser nombrado cardenal. La Arquidiócesis de Milán, con unas 1.000 iglesias, 2.500 sacerdotes y 3.500.000 católicos, era a la vez un nombramiento de enormes proporciones y prestigio. Por donde se lo viera, su trabajo en Milán era notable. Conocido al poco tiempo como el «arzobispo de los trabajadores», Montini prosiguió la ambiciosa empresa de reconstruir completamente la presencia católica y de la cultura en Milán, tanto en lo material —escuelas, centros comunitarios y más de cien nuevas iglesias— como en lo espiritual —continua predicación, las misiones y la ayuda a los pobres—. Mientras que él había luchado anteriormente contra el fascismo, ahora lucha contra el comunismo, que había ganado muchos adeptos en las clases trabajadoras de Milán. El apoyo a la educación católica y a una prensa Católica libre formó una base esencial para su trabajo en la justicia social, y sus logros recibieron la atención internacional. Además, ejerció relaciones ecuménicas con los cristianos no católicos, especialmente con los anglicanos.
Como casi todos los demás, Montini fue sorprendido por el llamado de Juan XXIII por un nuevo Concilio. Le dijo a un amigo: “Este hombre santo no se da cuenta que está provocando un revuelo en el avispero”. Pero no sólo apoyó la petición del Concilio Vaticano II, sino que desempeñó un papel importante en su preparación, al ser designado en la Comisión Preparatoria Central, así como también en la Comisión Técnico-Organizacional. Más tarde, como Papa, dijo que era “sin duda bajo la inspiración divina” que Juan XXIII “convocó a este Concilio para abrir nuevos horizontes para la Iglesia y para canalizar sobre la tierra las aguas nuevas de manantial y sin explotar de la doctrina y gracia de Cristo, nuestro Señor”. En el otoño de 1962, Juan XXIII comenzó a sufrir problemas de salud, y murió el 3 de junio de 1963. La extensa experiencia de Montini en el Vaticano, sus dotes administrativas, y su amistad con Pío XII y Juan XXIII lo hizo, para la mayoría, una opción lógica como próximo Papa. Fue elegido el 21 de junio de 1963, y tomó el nombre de Pablo VI, comprometiéndose a llevar a cabo la labor del Concilio iniciada por su predecesor, ampliamente querido y carismático.
El 29 de septiembre de 1963, durante el discurso de apertura del segundo período de sesiones del Concilio, Pablo VI hizo hincapié en que la respuesta a las preguntas que enfrentaban a los obispos se hallaría en última instancia, en Jesucristo. “La respuesta es Cristo,” dijo, “Cristo, de donde partimos; Cristo, que es tanto el camino en el que viajamos como nuestro guía; Cristo, nuestra esperanza y nuestro fin último... Que el Consejo sea plenamente consciente de esta relación entre la Iglesia viva y santa, que en realidad es nuestro propio yo, y Cristo, del cual procedemos, por quien se vive, y hacia quien se va”. Explicó que sería a partir y a través de Cristo que los obispos podrían “entender los principales objetivos de este Concilio”. Estos objetivos, concluyó, eran los siguientes: “1. La auto-conciencia de la Iglesia, 2. Su renovación, 3. La puesta en común de todos los cristianos en la unidad, 4. El diálogo de la Iglesia con el mundo contemporáneo”. Dejó claro que su pontificado se dedicaría al Concilio y sus objetivos. El Concilio abordó una amplia gama de temas, incluyendo la naturaleza de la Iglesia, liturgia, Escritura, ecumenismo, diálogo interreligioso, y el mundo moderno; pero Pablo VI reservó ciertas cuestiones para sí mismo. Estas incluían el celibato del sacerdocio, tema que trató en su encíclica de 1967 «Caelibatus Sacerdotalis», y el control de la natalidad, cuestión que trató en la encíclica «Humanae Vitae» de 1968, quizá la más controvertida encíclica de los tiempos modernos.
Lamentablemente, la polémica sin precedentes sobre la encíclica Humanae Vitae ensombreció, e incluso eclipsó, los demás escritos de Pablo VI. Su encíclica «Ecclesiam suam» del año 1964 fue de una profunda reflexión sobre la Iglesia como Cuerpo Místico de Cristo. «Mysterium Fidei», publicado al año siguiente, fue una defensa rigurosa de las creencias de la Iglesia acerca de la Eucaristía y la doctrina de la transubstanciación. Escribió varios documentos bellísimos sobre la Madre de Dios, incluyendo la encíclica «Mense Maio» (1965) y las exhortaciones apostólicas «Signum Magnum» (1967) y «Marialis Cultus» (1974). La Encíclica «Populorum Progressio», del año 1967, fue una exposición significativa de la doctrina social; sirviendo de base para muchos de los puntos clave planteados por el Papa Benedicto XVI en su encíclica social «Caritas in Veritate» (2009). La exhortación apostólica de Pablo VI de 1975 «Evangelii Nuntiandi» es un documento enriquecedor y desafiante sobre la evangelización y la misión.
Además de un importante acervo de escritos, Pablo VI estableció un precedente en el acercamiento a los avances tecnológicos y el uso de los viajes modernos. Como “el Papa peregrino”, fue el primer pontífice en visitar los cinco continentes, estableciendo un itinerario de viaje de gran alcance, continuado por Juan Pablo II y Benedicto XVI. En 1964 viajó a Tierra Santa —posiblemente, el primer Papa en visitarla desde San Pedro— así como la India y Colombia. Visitó Fátima en 1967, con motivo del cincuentenario de la primera aparición, y en 1969 visitó varios países de África. En octubre de 1965 visitó los Estados Unidos, e hizo un llamamiento a las Naciones Unidas para poner fin a la guerra de Vietnam. Mientras caminaba desde su avión en el Aeropuerto Internacional de Manila en 1970, durante una escala en Filipinas, casi fue apuñalado por un hombre disfrazado de sacerdote.
El pontificado de Pablo VI cimentó las bases del frente ecuménico. Fue el primer Papa en varios siglos en encontrarse con Patriarcas Ortodoxos Orientales, entre ellos su histórica reunión en Jerusalén en el año 1964 con el patriarca ecuménico Atenágoras I. En esa reunión se llegó a la declaración conjunta católica-ortodoxa del 7 de diciembre 1965, que suprimió las excomuniones mutuas del gran cisma de 1054. El documento estableció, en parte, que “el Papa Pablo VI y el Patriarca Atenágoras I con su sínodo, de común acuerdo, declaran que... en igualdad lamentan y eliminan tanto de la memoria y en medio de la Iglesia las penas de excomunión que siguieron a estos eventos, el recuerdo de lo que ha influido en las acciones hasta nuestros días y que ha dificultado establecer relaciones más estrechas en la caridad, y que encomiendan estas excomuniones al olvido”. La declaración señaló además que, si bien “este gesto de justicia y perdón mutuo no es suficiente para poner fin a las antiguas y más recientes diferencias entre la Iglesia Católica Romana y la Iglesia Ortodoxa”, el Papa y el Patriarca se han comprometido a trabajar para “llegar a un entendimiento común y la expresión de la fe de los Apóstoles y sus exigencias”.
Aldo Moro, amigo de toda la vida de Pablo VI (de los tiempos de la FUCI), fue secuestrado por doce hombres armados el 16 de marzo de 1978. Moro había sido un líder clave de la Democracia Cristiana en Italia, y había ejercido dos veces el cargo de Primer Ministro de Italia (1963–1968, 1974–1976). El secuestro y asesinato de los cinco guardaespaldas policiales de Moro fue cometido por el grupo terrorista, las «Brigadas Rojas», el cual exigió la liberación de dieciséis de sus miembros, encarcelados por el gobierno italiano. Moro estuvo retenido durante ocho semanas, tiempo durante el cual se le permitió enviar más de cincuenta recursos a los familiares, dirigentes políticos y al Papa. Mientras el gobierno italiano se negó a negociar, el pontífice, de ochenta años de edad, esperaba que pudiera iniciarse algún tipo de acuerdo. Pablo VI escribió al grupo, diciendo: “de rodillas se los ruego, liberen a Aldo Moro, simplemente, sin condiciones, no tanto por mi intercesión humilde y bien intencionada, sino porque comparte con ustedes la común dignidad de un hermano en la humanidad”. Pero el 9 de mayo de 1978, cincuenta y cuatro días después del secuestro, Moro fue baleado varias veces y su cuerpo quedó en un automóvil cerca de la sede de la Democracia Cristiana en el centro de Roma. La noticia fue especialmente dolorosa para Pablo VI, quien denunció el asesinato como “una mancha de sangre que deshonra a nuestro país”.
A mediados de julio el pontífice viajó a Castel Gandolfo. Estando allí, comenzó a experimentar fatiga y dificultad para respirar. En la tarde del 6 de agosto 1978, en la Fiesta de la Transfiguración, participó en la Misa, después de recibir la Sagrada Comunión sufrió un ataque masivo al corazón. Murió a las 21:41. El funeral de Pablo VI fue en gran parte desprovisto de todo su esplendor habitual, pues él había pedido un funeral simple y ser enterrado en la tierra, no en un sarcófago, bajo el piso de la Basílica de San Pedro.
viajes de Pablo VI
 
Es difícil realizar una biografía breve de un personaje de la importancia de Pablo VI, y sobre el cual hay amplia documentación, así como tantas perspectivas y discusiones en curso. El presente texto es un resumen a partir de un pdf, que es una evidente traducción de un texto en inglés, aunque lamentablemente no se menciona la fuente. Sus documentos del pontificado se consiguen en gran parte en nuestro idioma (en la Biblioteca hay una buena cantidad de referencias). Dentro de sus escritos no magisteriales, es ampliamente recomendable la lectura de su «Meditación ante la muerte», así como el libro de Jean Guitton (citado en esta misma biografía) «Diálogos con Pablo VI», reeditado recientemente en español por Ediciones Encuentro.

Abel Della Costa
accedido 1637 veces
ingreso o última modificación relevante: 18-10-2014
Estas biografías de santo son propiedad de El Testigo Fiel. Incluso cuando figura una fuente, esta ha sido tratada sólo como fuente, es decir que el sitio no copia completa y servilmente nada, sino que siempre se corrige y adapta. Por favor, al citar esta hagiografía, referirla con el nombre del sitio (El Testigo Fiel) y el siguiente enlace: https://www.eltestigofiel.org/index.php?idu=sn_5014

sábado, 25 de abril de 2020

San Cleto, papa (26 de abril)


San Cleto, papa

fecha: 26 de abril
†: 88 - país: Italia
otras formas del nombre: Anacleto
canonización: pre-congregación
hagiografía: Santi e Beati
Elogio: En Roma, conmemoración de san Cleto, papa, el segundo que rigió la Iglesia Romana después de san Pedro.

Por mucho tiempo se pensó que Anacleto y Cleto habían sido dos papas distintos, los dos del primer siglo. Después resultó claro que el segundo nombre era sólo una abreviación familiar del primero. Y así, de hecho, quedó registrado en la sucesión cronológica de los jefes de la iglesia de Roma: Anacleto o Cleto fue el tercero, después de Pedro y Lino. Tercero, entonces, en la serie de papas, y quizás primero como romano, después del pescador galileo y el toscano Lino. Pero este dato no es del todo firme, también es posible que la familia de Cleto fuera ateniense (el nombre es ciertamente de origen griego).
Recuerdos muy antiguos le atribuyen la construcción de un santuario sepulcral llamado «Memoria», en el lugar de la sepultura de Pedro, en los jardines vaticanos, un territorio que entonces pertenecía al dominio imperial y formado por jardines, campos y tierras sin cultivar. A Anacleto se atribuye también la disposición que prohibía a los hombres de Iglesia usar los cabellos largos, lo que sería un primer ejemplo de tonsura eclesiástica (pero debe tenerse presente que esta misma disposición se atribuye también a otros papas, sin que se sepa exactamente quién la dio).
Su pontificado se desarrolla en algunos años de paz, bajo el emperador Vespasiano (que reina del 69 al 79), y bajo su hijo mayor Tito (79 al 81). En tiempos de este último Italia conoce una de las más importantes catástrofes de su historia: la erupción del Vesubio en agosto del 79, con la destrucción de Herculano y Pompeya. Y poco después Roma verá surgir el edificio destinado a convertirse en su emblema: el anfiteatro Flavio (Coliseo) para los juegos públicos, sede de luchas mortales entre gladiadores y de suplicios para los cristianos.
Finaliza pronto el reinado de Tito, y con el arribo de su hermano Domiciano comienza la persecución. Pero no sólo contra los cristianos. De hecho, las primeras víctimas son los judíos, forzados a derivar al Estado el tributo debido al templo de Jerusalén destruido por Tito. Una persecución por razones financieras: porque las grandes obras públicas han desangrado las finanzas imperiales; también los judeocristianos deberán pagar. Después la persecución va a ensañarse a los cristianos en general, no sólo contra sus bienes. Contra ellos se lanza la acusación de «ateísmo», es decir, de no adorar a los dioses del Estado, y esta acusación comporta la pena capital. No sabemos cómo murió Cleto; la persecución a los cristianos continuaba luego de su muerte, ocurrida en el año 88, pero no hay evidencia de que él haya muerto mártir, y de hecho el Martirologio Romano actual no lo cataloga así; tampoco se conoce el lugar de su sepultura, aunque es presumible que haya sido en los jardines vaticanos.
Basado en un artículo de Domenico Agasso en Famiglia Cristiana. Los pocos datos ciertos deben buscarse en la edición Duchesne del Liber Pontificalis.
fuente: Santi e Beati
accedido 1394 veces
ingreso o última modificación relevante: ant 2012
Estas biografías de santo son propiedad de El Testigo Fiel. Incluso cuando figura una fuente, esta ha sido tratada sólo como fuente, es decir que el sitio no copia completa y servilmente nada, sino que siempre se corrige y adapta. Por favor, al citar esta hagiografía, referirla con el nombre del sitio (El Testigo Fiel) y el siguiente enlace: https://www.eltestigofiel.org/index.php?idu=sn_1374

jueves, 23 de abril de 2020

El extraño caso de los dos papas Esteban II 23042020

El extraño caso de los dos papas Esteban II

 

            Sí porque efectivamente, dos son los papas que podrían haber portado el nombre regnal de Esteban II, aunque evidentemente, sólo uno lo hará. ¿Cómo entender semejante suceso? Pues bien, a explicarlo dedicamos el artículo que sigue.
             Uno de estos dos papas Esteban II, -cuyo nombre de pila desconocemos aunque evidentemente no sería Esteban pues los papas se cambiaban ya el nombre para sentarse en el trono de Pedro-, y al que, para entendernos, nos referiremos como “el segundo Esteban II”, es un papa al que, efectivamente, le toca vivir momentos muy especiales de la historia de la Iglesia.
             Consagrado en 752, habrá de hacer frente a la amenaza que representan los lombardos, los cuales, tras tomar la ciudad de Rávena en 751 y expulsar de Italia a los bizantinos, se preparaban para capturar también Roma. En una maniobra muy original, casi inesperada, Esteban se dirige entonces al rey de los francos, Pipino, a quien visita en 753 en la ciudad francesa de Quiercy-sur-Oise. Allí el papa lo consagra rey con una ceremonia especial que quedará perpetuada en la vida de la monarquía francesa, y consigue del rey la promesa de asumir la defensa de la Iglesia.
             De hecho, al presentarse el lombardo Astolfo en Roma, cuyos extramuros saquea, Pipino, en cumplimiento de su palabra, va a cruzar los Alpes, y tras tomar Rávena y su Exarcado, hace entrega de ellos a Esteban, que se convierte así en el primer papa-rey, es decir, no sólo gran pastor de la cristiandad, sino señor también de un vasto territorio en Italia allende Roma.
             Lo más curioso de su papado son, sin embargo, dos cosas referidas las dos a la línea de sucesión que le lleva a la silla de Pedro. La primera tiene que ver con su sucesor, pues éste no es otro que su propio hermano, Paulo I, San Paulo I… dos hermanos papas pues, un caso poco frecuente aunque no único en la historia de la Iglesia (también son hermanos Benedicto VIII y Juan XIX en el s. XI).
             La segunda, que da título a este artículo, está referida a su predecesor, que es ese otro Esteban II al que, para entendernos, nos referiremos como “primer Esteban II”. Y bien, ¿cómo es ello posible?, ¿cómo es posible que dos papas compartan el mismo nombre regnal con el mismo número regnal?
             Pues bien, la historia comienza cuando el 22 de marzo de 752 se produce la muerte del papa Zacarías y es elegido papa un sacerdote romano de nombre Esteban. Ocurre que para ser papa era necesario ser obispo, pero siempre cabía la posibilidad de elegir un simple sacerdote y luego consagrarlo obispo, aunque eso sí, hasta producida la consagración, ni se le podía considerar papa ni empezaba a correr el pontificado.
             Pues bien, tal es el caso de nuestro primer Esteban II, el cual, aunque elegido de manera perfectamente legal por ser de hecho sacerdote, muere de apoplejía sólo tres días después de la elección, sin tiempo ni de ser consagrado obispo, momento que habría puesto fecha de inicio a su pontificado, lo que obliga a proceder a la elección de un nuevo papa, recayendo esta vez la elección en la figura de nuestro segundo Esteban II, el cual no halla el menor inconveniente en reinar con el mismo nombre del presbítero que acaba de morir unos días antes.
             Si entonces queda bastante claro que el primer Esteban no ha llegado a ser papa por no haber podido ser consagrado obispo, algunos siglos después se determinará que llegado el caso de elegir un presbítero sin consagrar, el pontificado empieza a correr en el momento de la elección, no en el de la consagración, que aunque necesaria, no invalida la elección. Así, en un caso muy parecido al de nuestro primer Esteban II,  Celestino IV, elegido el 25 de octubre de 1241 y muerto catorce días después de electo sin tiempo de ser consagrado obispo, sí será considerado papa por todos, sin duda de ninguna clase.
             Así las cosas, se van a producir listas papales que otorgan a nuestro primer Esteban II la condición de papa, con lo que el ordinal de los esteban posteriores se corre, y listas en las que dicha condición no se le otorga, con lo que el verdadero Esteban II es nuestro segundo Esteban II. Incluso habrá listas de papas que se refieren a cada Esteban con dos ordinales: así por ejemplo Esteban III (o IV), o Esteban IV (o V).
             Será Juan XXIII, un papa cuyo ordinal, por cierto, es objeto también de polémica, el que con el reordenamiento pontifical de 1961 determine definitivamente que el primer Esteban II no fue papa, y que, por lo tanto, el segundo Esteban II es el verdadero y definitivo Esteban II.
             Por otro lado, la inclusión del primer Esteban II en las listas papales en las que está presente lo convierte en poseedor de una nueva marca nunca superada, la del papa más efímero en la historia de la Iglesia, por serlo, como lo habría sido, apenas tres días.
             Y bien amigos, que hagan Vds. mucho bien y que no reciban menos.
  
            ©L.A.
            Si desea suscribirse a esta columna y recibirla en su correo cada día, o bien ponerse en contacto con su autor, puede hacerlo en encuerpoyalma@movistar.es

domingo, 15 de marzo de 2020

San Zacarías, papa. (15 de marzo)

San Zacarías, papa.

Papa, pacífico y santo.

TAGS:
San Zacarías y Luitprand hacen la paz.
San Zacarías y Luitprand hacen la paz.
San Zacarías, papa. 3, 15 y 22 de marzo.
Fue Zacarías, griego de nacimiento, y su padre, llamado Policronio, le educó en las ciencias y la religión. Fue ordenado presbítero por San Gregorio II (11 de febrero) y fue muy cercano a este papa y a San Gregorio III (28 de noviembre). En 741, luego de la muerte de este, se encontraba la Iglesia en una delicada situación: dado el apoyo del papa anterior a Spoleto frente a los lombardos, estos saquearon Roma y la basílica de San Pedro, y la ciudad estaba tomada por las tropas de Carlos Martel, al servicio del papa. El clero romano eligió a Zacarías por su vida recta, su erudición y su buen hacer al servicio de la Iglesia. Su primera acción fue hacer la paz con Luitprand, rey de los lombardos, al que envió misivas de paz. Ambos se encontraron en Terni, y Luitprand liberó a los prisioneros, dejó las ciudades tomadas y prometió lealtad al papa por el bien y la paz de todos. Igualmente Zacarías confirmó esta paz con sus sucesores, con alegría de los romanos y lombardos. También alivió la tensión con el emperador Constantino Coprónimo, muy violento con el asunto del culto a las imágenes, un asunto heredado de su antecesor.

También se preocupó el papa por los asuntos internos de la Iglesia. Reformó costumbres del clero, restauró iglesias, organizó la caridad a los pobres, compró la libertad de muchos esclavos, y se preocupó de la revisión de los libros litúrgicos. Alentó las misiones, especialmente a San Bonifacio (5 de junio), a quien dio poderes especiales para su misión en Alemania. Donó las reliquias de San Arsacio de Milán (12 de noviembre, 18 de mayo; y 17 de junio, traslación de las reliquias) a los canónigos regulares de Ilmmünster, Alemania. Restauró la iglesia romana de San Eusebio (14 de agosto). Cuando en 743 el concilio de Soissons elevó la diócesis de Reims a arquidiócesis, la palabra de Zacarías fue escuchada al elegir a San Abel (5 de agosto) como arzobispo, sucediendo a San Rigoberto (4 de enero y 17 de junio).
Por medio de San Burchard de Wurtzburg (2 de febrero y 14 de octubre) Zacarías escribió a Pipino que no debía rechazar la oportunidad de ser coronado rey de los francos, y para ello le daba su bendición, aunque lo hizo muy cautelosamente, sin decir claramente que Childerico III debía ser depuesto, sino simplemente escribió que "quien ostentase el poder debería ser el rey". La causa de este apoyo está en que, aunque había paz con los lombardos, el papa deseaba tener un protector más fuerte, y podía ser el rey franco. Y de hecho Pipino fue coronado rey de los francos el 1 de mayo de 752. Pero Zacarías no llegó a ver dicha coronación porque había fallecido el 3 de marzo anterior. Fue sepultado el día 15 del mismo mes. Fue sepultado en la basílica de San Pedro, aunque su primitiva tumba fue demolida para hacer la actual basílica, donde se veneran sus reliquias.

Fuente:
-"Vidas de los Santos". Tomo II. Alban Butler. REV. S. BARING-GOULD. 1914.

A 15 de marzo además se celebra a Santa Lucrecia de Córdoba, mártir.

martes, 10 de marzo de 2020

San Simplicio, papa (10 de marzo)


San Simplicio, papa

fecha: 10 de marzo
†: 483 - país: Italia
canonización: pre-congregación
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
Elogio: En Roma, en la basílica de San Pedro, san Simplicio, papa, el cual, mientras los bárbaros devastaban Italia y la Urbe, confortó a los afligidos y fortaleció la unidad y la fe de la Iglesia.

San Simplicio, sucesor de San Hilario en el trono pontificio, gobernó a la Iglesia desde el año 468, durante un período especialmente difícil. Todas las provincias occidentales, excepto Italia, habían caído ya en manos de los bárbaros, que eran en su mayoría paganos y, durante el pontificado de san Simplicio, Roma estuvo ocupada por Odoacro, rey de los hérulos y el imperio de Occidente dejó de existir. El pueblo, abrumado por los impuestos de sus gobernantes romanos y despojado por las incursiones de los bárbaros, opuso apenas resistencia a los conquistadores que, por lo menos, tenían el mérito de no cargarle de tributos. San Simplicio hizo cuanto pudo por remediar la miseria de la población y por sembrar entre los bárbaros la semilla de la fe.
Por otra parte, tuvo que hacer frente en el Oriente a la influencia de la herejía monofisita. El santo Pontífice reivindicó el valor de los decretos del Concilio de Calcedonia contra los que querían suprimirlos y trabajó con todas sus fuerzas por mantener viva la fe. Intervino con firmeza frente a las pretensiones de la sede de Constantinopla, que quería limitar la primacía de Roma sólo a Occidente, y disminuir la importancia de los otros patriarcados, dejando a Constantinopla como primada del Oriente, en base al Canon 28 del Concilio -que ya el Papa León había rechazado-, que la Sede Romana no ratificó.
Murió el año 483 y fue sepultado en San Pedro. Podrían escribirse muchas páginas sobre la vida de san Simplicio, ya que su influencia se dejó sentir tanto en los asuntos de la Iglesia, como en los de la política de la época; pero sobre su vida personal, sólo sabemos algunas generalidades. Por otra parte, apenas hay pruebas de que se le haya tributado culto.
Ver Líber Pontificális (Duchesne), vol. I pp. 249-251; Hefele-Leclercq, Conciles, vol. II pp. 912-930; y el excelente artículo de J. P. Kirsch en Catholic Encyclopedia; hay una buena traducción castellana del artículo de Kirsch. Artículo del Butler con el agregado de algunos datos tomados de Mathieu-Rosay, Historia de los Papas, Rialp, pág 82.

fuente: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
accedido 2057 veces
ingreso o última modificación relevante: ant 2012
Estas biografías de santo son propiedad de El Testigo Fiel. Incluso cuando figura una fuente, esta ha sido tratada sólo como fuente, es decir que el sitio no copia completa y servilmente nada, sino que siempre se corrige y adapta. Por favor, al citar esta hagiografía, referirla con el nombre del sitio (El Testigo Fiel) y el siguiente enlace: https://www.eltestigofiel.org/index.php?idu=sn_832

viernes, 7 de febrero de 2020

Beato Pío IX, papa (7 de febrero)


Beato Pío IX, papa

fecha: 7 de febrero
n.: 1792 - †: 1878 - país: Italia
otras formas del nombre: Giovanni Maria Mastai Ferretti
canonización: 
B: Juan Pablo II 3 sep 2000
hagiografía: Vaticano
Elogio: En Roma, beato Pío IX, papa, que proclamó la verdad de Cristo, a quien estaba íntimamente unido. Instituyó muchas sedes episcopales, promovió el culto de la santísima Virgen María y convocó el Concilio Vaticano I.
Giovanni Maria Mastai-Ferreti, Papa Pío IX, nació en Senigallia, Marcas, en 1792 y murió en Roma, en 1878. Procedente de la pequeña nobleza italiana, se ordenó sacerdote en 1819. Era obispo de Imola desde 1832 y cardenal desde 1840. En 1846 fue elegido para suceder en el Papado a Gregorio XVI, y ejerció el ministerio petrino por 32 años. Lo que sigue es el fragmento dedicado al nuevo beato en la homilía de SS Juan Pablo II en la misa de beatificación, el 3 de septiembre del 2000:
Al escuchar las palabras de la aclamación del Evangelio: "Señor, guíanos por el recto camino", nuestro pensamiento ha ido espontáneamente a la historia humana y religiosa del Papa Pío IX, Giovanni Maria Mastai Ferretti. En medio de los acontecimientos turbulentos de su tiempo, fue ejemplo de adhesión incondicional al depósito inmutable de las verdades reveladas. Fiel a los compromisos de su ministerio en todas las circunstancias, supo atribuir siempre el primado absoluto a Dios y a los valores espirituales. Su larguísimo pontificado no fue fácil, y tuvo que sufrir mucho para cumplir su misión al servicio del Evangelio. Fue muy amado, pero también odiado y calumniado.
Sin embargo, precisamente en medio de esos contrastes resplandeció con mayor intensidad la luz de sus virtudes: las prolongadas tribulaciones templaron su confianza en la divina Providencia, de cuyo soberano dominio sobre los acontecimientos humanos jamás dudó. De ella nacía la profunda serenidad de Pío IX, aun en medio de las incomprensiones y los ataques de muchas personas hostiles. A quienes lo rodeaban, solía decirles: "En las cosas humanas es necesario contentarse con actuar lo mejor posible; en todo lo demás hay que abandonarse a la Providencia, la cual suplirá los defectos y las insuficiencias del hombre".
Sostenido por esa convicción interior, convocó el concilio ecuménico Vaticano I, que aclaró con autoridad magistral algunas cuestiones entonces debatidas, confirmando la armonía entre fe y razón. En los momentos de prueba, Pío IX encontró apoyo en María, de la que era muy devoto. Al proclamar el dogma de la Inmaculada Concepción, recordó a todos que en las tempestades de la existencia humana resplandece en la Virgen la luz de Cristo, más fuerte que el pecado y la muerte.

fuente: Vaticano
accedido 1559 veces
ingreso o última modificación relevante: ant 2012
Estas biografías de santo son propiedad de El Testigo Fiel. Incluso cuando figura una fuente, esta ha sido tratada sólo como fuente, es decir que el sitio no copia completa y servilmente nada, sino que siempre se corrige y adapta. Por favor, al citar esta hagiografía, referirla con el nombre del sitio (El Testigo Fiel) y el siguiente enlace: https://www.eltestigofiel.org/index.php?idu=sn_499

lunes, 27 de enero de 2020

San Vitaliano, papa (27 de enero)


San Vitaliano, papa

fecha: 27 de enero
†: 672 - país: Italia
canonización: pre-congregación
hagiografía: Abel Della Costa
Elogio: En Roma, en la basílica de San Pedro, sepultura de san Vitaliano, papa, que trabajó incansable por la salvación del pueblo de los anglos.
refieren a este santo: San Teodoro de Canterbury

La vida de un papa, incluso su santidad personal, son difícilmente separables de la historia que los rodea, que en el caso de la época de Vitaliano implica la relación directa y muchas veces asfixiante, con el Imperio.
Constante II, emperador de Oriente ve amenazado su lugar por muchos enemigos, quizás por eso intentó volver a una relación más fluida con Roma. Vitaliano fue elegido el 30 de julio del 657, y también estaba interesado en restablecer la relaciones, poco cordiales, con Bizancio. Evitó hacer hincapié en las diferencias doctrinales, y cuando Constante se trasladó a Italia, en el 661 o 2, recibió al emperador en Roma con una pompa extraordinaria. Constante II, sin embargo, no consiguió lo que deseaba de Italia (que en definitiva pasaba por aumentar su poder), y se fue, no sin antes saquear el tesoro de Roma. Parece que fue en esta época (aunque este punto sigue discutido), cuando se reorganizó la jurisdicción de Bizancio en Italia y la Iglesia de Rávena vino a ser una Iglesia autocéfala.
La amargura de Vitaliano se vio aliviada por una buena noticia llegada de Gran Bretaña: la Iglesia en Inglaterra abandonaba los ritos irlandeses y escoceses para adoptar la liturgia romana. Bajo el reinado de este Papa, san Benito Biscop hizo su primera visita a Roma. Las diferencias entre los obispos celtas y anglosajones, sobre la fiesta de la Pascua y otros puntos, quedaron zanjadas en el Concilio de Streaneshalch (Whitby). San Vitaliano envió a Inglaterra a san Teodoro de Tarso como obispo de Canterbury, y al monje africano san Adriano, que fue abad de San Agustín. La influencia de ambos, en la preparación del clero anglosajón y en el establecimiento de relaciones más estrechas entre la corona de Inglaterra y la Santa Sede, fue muy grande.
A pesar de esta tensión, el papa tuvo un gesto de magnanimidad con ocasión del asesinato de Constante II: en vez de apoyar a los rivales, defendió la legitimidad sucesoria de Constantino IV. El nuevo emperador, alarmado por la amenaza árabe, practicó desde entonces con Roma una política de apaciguamiento. Murió el papa Vitaliano el 27 de enero del 672. Desde antiguo se le honra como santo.
Ver «Los Papas, de San Pedro a Juan Pablo II», de Jean Mathieu-Rosay, Rialp, Madrid, 1990, pp 74; la sección sobre la Iglesia en Gran Bretaña proviene del Butler.
Abel Della Costa
accedido 2567 veces
ingreso o última modificación relevante: ant 2012
Estas biografías de santo son propiedad de El Testigo Fiel. Incluso cuando figura una fuente, esta ha sido tratada sólo como fuente, es decir que el sitio no copia completa y servilmente nada, sino que siempre se corrige y adapta. Por favor, al citar esta hagiografía, referirla con el nombre del sitio (El Testigo Fiel) y el siguiente enlace: https://www.eltestigofiel.org/index.php?idu=sn_336