La religiosa española Julia Aguiar es llamada “el ángel de Benín” por su impresionante labor como misionera durante las últimas décadas en este país africano. Y lo ha hecho convirtiéndose en una de las mayores especialistas a nivel mundial en la lucha contra la “úlcera de Buruli”, una enfermedad dolorosísima que provoca en niño o mayores unas úlceras sangrantes que provoca enormes necrosis cutáneas y dejan a la vista los tendones y huesos.
Esta misionera franciscana de las Madres del Divino Pastor lleva 44 años como misionera, la mayoría de ellos en Benín. Y gracias a su tesón ha conseguido ser un referente mundial contra esta enfermedad que tantas víctimas ha dejado en África.
En el libro Misioneros. Hasta el Confín de la tierra (Palabra), escrito por el periodista Miguel Pérez Pichel, la hermana Aguiar relata su experiencia en África y por qué acabó luchando contra la “úlcera de Buruli”.
Todo comenzó cuando en el centro médico en el que se encontraba esta misionera llegó una anciana con su nieta pequeña, que sufría una úlcera sangrante que le ocupaba todo el pecho. Ni la religiosa española ni el resto del personal habían visto algo parecido, y dado que no se sentían capacitados para atenderla bien las remitieron a otro hospital.
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La abuela se negó sabiendo que en los hospitales civiles no serían atendidas. Finalmente, ingresaron a la pequeña, limpiaron la herida y tomaron muestras del tejido. Fue así como descubrieron que se trataba de esta enfermedad tropical que ya había provocado epidemias en distintos países africanos en la década de los 40 y los 70 del siglo XX.
Una revolución sanitaria en varios países de África
Desde aquel primer caso la hermana Julia ha provocado una auténtica revolución sanitaria en este país y en los vecinos. Ahora esta enfermedad es diagnosticada, se trata con mucha mayor facilidad y los casos se han reducido drásticamente en gran medida a las medidas de prevención que ahora existen gracias al trabajo de la misionera gallega.
Tras empezar en un hospital acabó finalmente poniendo en marcha otro para atender a los más pobres. Está en Gbémontin, una zona de difícil acceso, y que se traduciría al español como “allí donde encontramos la vida”.
“Gbémontin es para mí el lugar donde Dios me ha llamado para servir a la vida. Sin este lugar, muchos bebés habrían muerto en sus primeros días de vida, y muchos niños y jóvenes habrían fallecido antes de tiempo. Miles de enfermos han vuelto a nacer en este lugar después de encontrarse en el umbral de la muerte”, explica la religiosa.
La hermana Julia ha operado y salvado a miles de personas en Benín / Foto- Ana Palacios
De este modo, la hermana Julia indica que este centro de salud está al servicio de los últimos de la sociedad. Por ello, asegura que “los pobres son la razón por la que estamos aquí. Los demás, los grandes, los ricos, no necesitan que estemos aquí, pueden prescindir de nosotros, pero los pequeños, los pobres, no. Aunque, por otro lado, también es cierto que, ante la enfermedad, ante el dolor y el sufrimiento, los más grandes y ricos se vuelven pequeños y pobres”.
Vivir todo el día en presencia de Jesús
Dios sostiene a esta misionera, que además de las grandes alegrías que ha cosechado en su misión también ha experimentado grandes sufrimientos. Así lo explica ella: “Ver a un niño que se ríe a carcajadas mientras se come un enorme mango tras haberle extirpado un tumor que pesa un tercio de su peso, llena el corazón de alegría y agradecimiento. Pero, al mismo tiempo, ver a ese niño recaer un año después, sin que se pueda hacer nada por él, es extremadamente doloroso”.
En estas situaciones, agrega la misionera en este libro “a veces siento miedo, me siento terriblemente sola”. Pese a todo, la hermana Julia Aguiar asegura que “mi oración consiste en tomar conciencia de la presencia de Jesús en la persona de cada uno de estos pobres, de estos enfermos que sufren y que están ante mí. Soy consciente de que debo ser el buen samaritano para estos enfermos, el verdadero rostro encarnado de Jesús”.
Mirando hacia atrás y obviando los numerosos reconocimientos internacionales que ha recibido esta humilde religiosa lo ve todo en perspectiva: “Cuando me paro un instante y reflexiono, veo que soy tremendamente afortunada de vivir todos los días el día entero en presencia de Dios. He sufrido mucho aquí, pero la felicidad que encontré es aún mayor”.
Araceli Revuelta,misionera dominica del Rosario, ha fallecido a los 99 años en Bolivia, país en el que se puso al servicio de los pobres durante más de media vida. Antes, esta religiosa española estuvo destinada también en Chile y Perú.
En su fecunda vida misionera, Araceli Revuelta atendió espiritualmente y también físicamente como enfermera a personas moribundas, recorrió miles de kilómetros y también ayudó a nacer a 1.000 niños de familias pobres. Nunca perdió ni a un bebé ni a una madre en los partos.
Obras Misionales Pontificias recuerda una anécdota que esta religiosa solía contar pero que explica muy gráficamente lo que es la providencia, especialmente cuando se deja todo en manos de Dios en las misiones.
La petición a San José
Se trata de una petición que Araceli hizo a un paciente moribundo. Le pidió que cuando llegara al cielo le dijera a San José que le mandara aspirinas porque no tenía ni una para los enfermos que atendía. Este moribundo le dijo que así lo haría.
Una mañana la hija de aquel enfermo le comunicó el fallecimiento de su padre. A las pocas horas llegó un camión enviado por unos sacerdotes norteamericanos. Según le contaron al limpiar un almacén habían encontrado una caja con 60.000 aspirinas. En las cajas estaba escrito en inglés “Laboratorio San José”, y en cada aspirina se podía leer “San José”, “San José”, “San José”. “Increíble”, decía ella.
Arecelí nació en la localidad asturiana de Pravia en 1921 en una familia de cinco hermanos. Su padre fue asesinado en la Guerra Civil española por ser católico. Ya en 1951 ingresó en la Congregación de las Misioneras Dominicas del Rosario.
Estudió educación infantil y enfermería. Fue en 1955 cuando partió a Perú, y más tarde al norte de Chile. En 1958 se trasladó a Lima (Perú), para preparar sus votos perpetuos. Desde allí partiría a Bolivia.
Su importante labor en Bolivia
En Sorata permaneció 25 años principalmente en el área rural, donde fundó un consultorio para la atención de las familias de la Cooperativa de Ahorro, Crédito y Salud. En Sorata trabajó como Jefa de Enfermeras y logró formar un dispensario. Éste consultorio y farmacia, posteriormente serían la piedra fundamental para la construcción del Hospital de Segundo Nivel de Sorata “Túpac Katari”.
Su siguiente destino sería Palca-La Paz. En la época del cólera se trasladó a la frontera con el Perú, para volver al Servicio Departamental de Salud de La Paz. El 2003, el padre Ignacio Harding, le pidió que se hiciera cargo del Centro de Salud de San Antonio de Padua, que tienen los Franciscanos detrás de la Iglesia de San Francisco en la ciudad de La Paz.
La misionera española llevaba 23 años en República Centroafricana
Otro misionero español ha sido asesinado en África, en este caso en República Centroafricana. La religiosa burgalesa Inés Nieves Sancho, de la congregación de las Hijas de Jesús de Massac, tenía 77 años y llevaba 23 en una comunidad en el suroeste del país.
El brutal asesinato se produjo en la madrugada del domingo al lunes cuando un grupo de desconocidos entró en su habitación y se la llevaron al taller de costura en la que enseñaba a coser a las mujeres. Allí, en la aldea de Nola, fue decapitada.
"Seguiremos trabajando en esta zona"
La noticia fue dada por L´Osservatore Romano y confirmada a la Cadena COPE por el obispo de Bangassou, Juan José Aguirre, que conocía personalmente a la religiosa tras tantos años de misión conjunta en República Dominicana.
“Tenemos pena por lo que le ha pasado a Inés. Ella era una monja menudita, que no hablaba mucho. Las muchachas con las que hacía costura tienen que estar muy tristes ahora. Pese a todo, nosotros seguiremos trabajando en esta zona del mundo”, afirmó el obispo misionero español.
Tercer misionero español asesinado en África en tres meses
El propio obispo ha informado que de momento se desconocen los motivos del ataque así como que este mismo martes ya fue enterrada en República Centroafricana. Es el tercer asesinato de un misionero español en apenas tres meses.
El pasado 17 de mayo era asesinado en Burkina Faso el salesiano de 60 años, Fernando Hernández, mientras que unos meses antes moría igualmente en este país otro salesiano, Antonio César Fernández en un atentado islamista.
El presidente del gobierno en funciones, Pedro Sánchez ha recordado en Twitter el ataque: "Mi pésame y cariño para la familia de Inés, misionera española asesinada en Rep. Centroafricana, y para la de Fernando, misionero asesinado recientemente en Burkina Faso.Un abrazo a sus congregaciones y mi reconocimiento a su labor siempre al servicio de los más necesitados".
La hermana Matilde Rivera y la hermana Consuelo Pillajo son ecuatorianas, y religiosas misioneras marianitas (www.marianitas.org), una congregación fundada en el siglo XIX y que toma el nombre de Santa Mariana de Jesús, la primera santa de Ecuador en el siglo XVII. Han visitado San Sebastián, en el País Vasco, para una experiencia de animación misionera y han contado sus vivencias con la tribu turkana en Kenia, donde su orden lleva 18 años.
"Me pareció un testimonio tan conmovedor que creo que hay que compartirlo, porque a muchas personas les hará bien", afirmó, sinceramente impresionado, el obispo de San Sebastián, José Ignacio Munilla, quien se aseguró de que el testimonio quedara grabado y se difundiera en el canal diocesano de vídeos.
Se trata de una zona rural, desértica, pobrísima y sin tecnología a la que ahora llega el evangelio, donde se convierten los paganos... pero les cuesta dejar las presiones de su cultura que oprimen a los débiles, mata a los enfermos y exigen venganzas sangrientas.
"Cuando llegamos no había nada" "Turkana es una de las tribus más marginadas y nuestro carisma de marianitas es estar donde la gente sufre y carece de todo", dice la hermana Matilde.
"La misión de Kaikor, cuando llegamos, no tenía nada, solo gente: niños, ancianos, enfermos, en un desierto. Es una tierra que no produce y hay que traer agua de lejos. Comenzamos con guarderías, promoción de la mujer, agua... Veíamos la alegría de Dios en el rostro de la gente cuando encontramos agua. Cavamos pozos de 80, 100, 120 metros de profundidad, que solo se pueden conseguir con maquinaria que atraviesa la roca. Con ese agua se hacen tanques, que riegan huertas y así alimentamos a los niños de las guarderías. Tenemos unos 140 niños en guarderías. Hay muchos niños debido a la poligamia. La motivación para que los niños vengan es la comida. Se les pide solo que traigan un palo de leña. Les preparamos para que aprendan un poco de escribir, de leer y hasta un poco de inglés. De lunes a viernes tienen así comida", explica. Los niños, con una comida por la mañana, ya son felices.
Ancianos que quedan solos y débiles Es un pueblo semi-nómada, de pastores que pasan meses buscando pastos. "Dejan solos a los ancianos en chozas, mascando hojas que les permiten matar el hambre durante tres días, sin comida. Envejecen muy rápido por esa falta de alimentación. La malaria y tuberculosis, como están débiles, los matan".
Para el resto de Kenia, esta región turkana es despreciable y sin valor. "Una vez fui a comprar medicinas contra los hongos para nuestra clínica móvil. Y en la farmacia me dijeron: 'déjelos, son un pueblo olvidado'. Solo la Iglesia Católica está allí, ayudando. El Gobierno ha olvidado a ese pueblo."
Aprender a reclamar, motivarse "Tratamos de hacer conciencia en ellos, en reuniones. Aprenden que tienen derecho a reclamar, como ciudadanos, a llamar a puertas y protestar diez o veinte veces. En la oficina de administración nos dicen "sí, ya iremos", aunque nunca vienen las autoridades. No hay que dejar que la gente del pueblo se desmotive. Hay que acompañarles siempre. Y empezamos con proyectos pequeñitos".
Chicas turkana con sus famosos collares; cuantos más collares, más caras de colocar como esposas; se pagan con ganado
"Solo tenemos profesores para dar primaria muy básica, en una sola escuela primaria de 8 grados". Las niñas muchas veces no van a la escuela. Los maridos tienen que pagar con ganado el valor de las chicas: cuantos más collares tiene la chica, más vale. Para que una niña pueda ir a las escuelas secundarias (que están lejos) hay que pagar por el traslado. Eso es caro y van muy pocas a secundaria. Las chicas no quieren casarse: saben que las entregan a un desconocido, o a una persona mayor que ya tiene otras 5 o 6 esposas. A veces se escapan y buscan refugio en las iglesias. Las iglesias han de tener su espacio para refugiarlas".
De chica pagana fugada a religiosa Matilde cuenta la historia de la primera religiosa misionera de esta tribu turkana, que nació en una familia completamente pagana. Su padre iba a cambiarla, con 12 años, por 400 cabras, pero él enfermó y murió, y ella consiguió convencer a su hermano para que la enviara a la escuela antes de casarla. Terminó la escuela con 18 años. A esa edad, las cabras ya estaban pagadas y ella tenía que ir con su marido, pero ella se escapó corriendo de casa, huyendo al descampado.
En el camino se perdió y se alimentaba tomando sangre y leche de los rebaños que encontraba. Corrió durante una semana intentando llegar a la capital de la región. Se encontró un león y pensó que la devoraría. Levantó las manos y dijo: 'cómeme'. Pero el león no actuó. Ella subió a un árbol y el león le ignoró. "Quizá me vio tan delgada...", comenta años después.
Tardó un mes en llegar a la capital de la zona, en Lodwar, se metió en la catedral y unas religiosas escucharon su historia. "Vendrá tu familia a buscarte", le dijeron. Y la enviaron lejos, a otra zona del país, a la casa de las novicias. Allí ella sintió que quería ser novicia, como esas chicas, ¡aunque no estaba ni bautizada ni sabía nada de los sacramentos! Cuando se lo explicaron, pidió ser bautizada de inmediato y el sacerdote decidió hacerle un bautizo de emergencia.
"Lo siento, hermano, ya estoy casada" Cuando llevaba 3 años de noviciado apareció su hermano, que la había estado buscando. Ella quiso dar la cara como dio la cara ante el león. Su hermano estaba muy enojado y pedía que volviera. "Lo siento, hermano, ya estoy casada", dijo, abrazando una cruz. Él se fue, quizá temiendo que apareciera "el marido", sin entender que era Dios. Ella, después de profesar como religiosa, pidió volver a su tribu a cambiar las cosas. "Pero te van a matar, te vas a meter en un lío", le decían. Pero ella sabía que para cambiar la sociedad se necesitaban los nuevos valores, los del Evangelio.
Acompañada de otra religiosa fueron allí y transformaron toda aquella comunidad. Ahora, toda la comunidad es cristiana, incluyendo a su hermano. Hoy esta religiosa trabaja en la diócesis, en el departamente de Justicia y Paz, estudia Psicología a distancia y es una mujer muy feliz. Cuatro chicas más, viendo su ejemplo, se han unido a su congregación. Ella dice: "Yo no conocía a Dios, pero Dios estaba ahí, me mostró sus caminos. Yo no sabía lo que era la vocación y Dios me llamó a pesar de ser pagana". "Ella es capaz de dar la vida para que toda Turkana sea cristiana", explica la hermana Matilde.
"Caminar al ritmo de ellos" Explica que es importante conocer el idioma "para llegar al corazón". Y caminar "al ritmo de ellos, porque si no llegamos nosotras solas". Por ejemplo, enseñarles a cultivar una huerta, ver que con agua se puede dar fruto, es una novedad absoluta para ellos, pueblo ganadero nómada. Sandías, melones, pimientos, tomates, son una sorpresa.
Una misa con la tribu turkana
También tienen un programa para madres solteras y otro para niños malnutridos. Hay 27 sectores en la misión, y 9 guarderías en marcha. Cavar un pozo cuesta 20.000 dólares: el pozo permite las huertas, y las huertas permiten la guardería. Cada sector dice: "nosotros también queremos lo que han puesto en marcha en el sector vecino". Y tenemos que decir que no se puede hacer todo a la vez.
Hay un grupo de mujeres que aprendió a coser. Otro grupo de mujeres ahora ha aprendido a dedicarse a la agricultura. "Trabajando unidas las iglesias, la misión avanza mucho", dice, llamando a la participación de las iglesias occidentales.
Cultura de la violencia y la venganza Un problema grave en esta sociedad pagana es la cultura de violencia y venganza. Hay 5 tribus que rodean a Turkana: de Etiopía, de Uganda, de Sudán del Sur... Desde siempre, han estado combatiendo entre ellos y robándose ganado unos a otros. Ahora, al llegar la fe cristiana, se reúnen los obispos de un país y de otro, con laicos y sacerdotes, para lograr acercamientos. Se hacen escuelas y centros de salud y clínicas móviles a ambos lados de las fronteras, que atiendan a todas las tribus. Pero cuesta acabar con generaciones de enfrentamientos.
"Los turkana nos cuidan pero cuando hay conflictos no nos dejan terciar, nos dicen 'no se metan ustedes'", explica la hermana Matilde. "Pero tenemos que trabajar todos juntos, las distintas tribus, o nos hundiremos todos".
Todos tienen armas, dicen ellos que para defensa personal. "Vienen los cristianos a los encuentros con la cruz en el pecho y el arma al hombro. Dicen: tenemos que defender a nuestra familia. Para desarmarse, tendrían que desarmarse ambos lados", afirma la misionera ecuatoriana.
"Turkana, donde envían lo peorcito" Habla después la hermana Consuelo y dice que "el desierto enamora" al misionero.
"Los niños, agradecidos por la visita, vienen a la iglesia. A todos les gusta ir a la iglesia. Allí no hay televisión, pero en la misa hay grupos de coros y de danzas, jóvenes y niños que cantan. Antes nos decían en Kenia que ir a Turkana era ir a una zona de castigo, donde envían castigados a profesores y policías, a lo peorcito del país. Pero nosotros invitamos a jóvenes de Kenia a venir a ayudar. Hubo ONGs que vinieron, entregaron comida y se fueron. No enseñaron a los turkana a organizarse. Pero los misioneros nos quedamos y nos reunimos todos regularmente en la capital de la diócesis, con presencia de todas las parroquias. Hay que trabajar allí con paciencia. Ves familias que llevan tres años caminando con nosotros... y luego hacen cosas que pensábamos que estaban superadas".
Un objetivo en fortalecer la idea cristiana de familia. "Pedimos a los hombres que escojan a una sola de sus esposas, que no la maltrate, que la cuide, y que proteja a todos sus hijos. Pedimos a los hombres que dejen de beber alcohol, que es muy barato y se hace con maíz. Creamos comunidades cooperativas de 5 familias, pero llevamos 3 años intentándolo, y no cuajan: si cae un solo miembro, se desmontan. Hay personas que quieren ese cambio, pero ha de ser en comunidad. Antes los niños no lloraban nunca, porque el padre les pegaba fuerte si lloraba. Ahora ya hay padres que cambian de actitud, que toman al niño si llora".
El obispo en medio del tiroteo La hermana Consuelo comenta un ejemplo de la violencia que a veces se desata.
"Se organizó un festival de Niños Misioneros con familias de turkanas y con sus vecinos merilas. Se pidió que cada tribu dejara sus armas en un cuarto distinto, bajo llave. Fueron juntos a la misa con el obispo, se celebraban 10 años de presencia misionera. Al acabar la misa salían danzando juntos en paz. Pero un joven con un arma que no había entregado disparó a otro hombre, uno cualquiera. Los guardias del otro bando, los merilas, empezaron a disparar. El obispo pidió que todos dejasen de disparar y lo consiguió.Los turkanas llevaron el muerto a la familia merila a tratar de hacer las paces. Pero al cabo de un par de días, los merilas cruzaron la frontera y mataron a la primera señora turkana que encontraron: muerte por muerte. Así es la mentalidad tradicional".
Sentido cristiano de respetar la vida En cierta ocasión llegó la hermana Consuelo a una comunidad cristiana, que estaban de fiesta. "¿Qué celebran?", preguntó. "¿Ve usted ese señor que se ha hecho tres cortes sangrando en un brazo? Es porque ha matado a tres enemigos, y lo estamos celebrando todos", le dijeron los cristianos. "El sentido cristiano de perdonar y respetar la vida de los otros está en pañales", explica.
Abuelas concienciadas salvan bebés abandonados Aún van mucho a brujos: no recogen los cadáveres de quienes creen que han sido tocados por brujos. Allí entierran a los niños pequeños dentro de las chozas, y a los viejos fuera de las cercas. Piensan que el niño que nace con problemas físicos es fruto de demonios y brujos y debe ser abandonado en el bosque para que lo coman las fieras. Normalmente quien salva a los bebés abandonados son las abuelas, que los llevan a las misioneras."Hacemos una cirujía de labio leporino, sencilla, y las abuelas lo cuentan y pasan la voz y están atentas para salvar esos niños", explica Consuelo.
"Cuesta que tomen conciencia de que todos tenemos derecho a la vida, también los niños enfermos. Hay que darles conciencia del valor de la vida desde la concepción, porque nacemos por el amor de Dios, que estaba antes que nuestros padres. Es Dios quien cuida a cada niño incluso antes que la madre. Hay que insistir con formación, año tras año, para que pasen de las tinieblas a la luz y que valoren la vida", explica... quizá sin darse cuenta de que cuesta explicar eso mismo en nuestra sociedad rica que aborta bebés pese a que contamos con ecografías, sonogramas, sistemas de Seguridad Social y potente cirujía fetal y prenatal.
"Cuando alguien está enfermo, primero van al brujo; sólo después, cuando es más tarde, al centro de salud. Tenemos 3 enfermeras. Y el hospital está a 7 horas de viaje, si usas un land-cruiser por un lecho seco de río, que es lo mejor. A veces se nos mueren los enfermos en el camino. Y en la casa ya no quieren recibir al muerto. Nos dicen que lo echemos a la arena del río. Hay que convencerles de que enterrar a los muertos es una obra de caridad", añade.
La hermana Consuelo, misionera ecuatoriana en Kaikor, Turkana, cuenta su experiencia con una enferma que la emocionó y edificó
La enferma, privilegio de Jesús El último testimonio que cuenta la Hermana Consuelo es estremecedor. Acudió con una enfermera voluntaria inglesa, anglicana, a visitar a una señora que vivía lejos y se moría de cáncer. Cuando llegaron, vieron que bajo la ropa tenía medio cuerpo completamente infectado de gusanos, que salían despedidos al tocar las ropas. Pero la enfermera se paró y rezó: "Señor Jesús, te doy gracias por el privilegio de poder cuidarte en el cuerpo de esta hermana enferma". Y se puso a limpiarla con un poco de agua que llevaba. La misionera ecuatoriana estaba estremecida. La hija de la mujer, una niña, compartía con ella media fruta como única comida.
De vuelta a la misión, rezaron en la capilla por esa mujer. Volvieron los siguientes días. Cada día se reproducían los gusanos, larvas de las moscas, y cada día los limpiaban. Le llevaron sábanas limpias porque su estera estaba podrida. "Qué bonita tela, quiero ser enterrada en ella", dijo la enferma. Y sonreía y daba gracias a Dios. Murió al día siguiente y las misioneras le dedicaron un epitafio en su tumba: "Murió dando gracias a Dios". "Todo eso me edificó mucho", explica la hermana Consuelo. "Dicen que escribamos estas historias, pero la verdad es que no lo hemos hecho", admite. "Al menos ahora quedan grabadas", comenta el obispo Munilla.
En la misma diócesis de Lodwar las marianitas tienen de "vecinos" a misioneros españoles de San Pablo Apóstol, con retos similares; 13 TV los visitó en "Misioneros por el mundo"
Expedita Pérez es una voz autorizada para hablar de la realidad de los cristianos en los países de mayoría musulmana. Según el último informe de libertad religiosa en el mundo publicado por Ayuda a la Iglesia Necesitada, un total de 334 millones de cristianos sufren persecución, la mayoría en estos países. Precisamente, esta religiosa comboniana es especialista en el mundo islámico y ha estado ocho años como misionera en Sudán y desde 2012 en Egipto, por lo que vivió la ola de persecución contra los cristianos que se vivió en 2013.
Hay mejoría pero los extremistas siguen haciendo mucho ruido Ahora la situación ha mejorado. Tras la llamada primavera árabe y la expulsión del poder de Mohamed Mursi, de los Hermanos Musulmanes, la vida de los cristianos es distinta gracias a la voluntad del actual presidente Al Sisi. En conversación con Religión en Libertad desde Egipto, la misionera canaria constata esta mejoría aunque la situación aún dista mucho de ser la ideal para la minoría cristiana. “A nivel oficial y en general existe más libertad e inclusión”, asegura la hermana Expedita, que añade que aquellos que “eran tolerantes antes de la revolución pero tenían miedo de manifestarlo ahora lo hacen con mayor libertad”.
Sin embargo, este acercamiento del gobierno a los cristianos ha radicalizado a los más islamistas y “aquellos grupos intolerantes y agresivos ahora lo son aún más. Estos son los que más ruido hacen”.
Pueden construir iglesias pero sigue faltando libertad Una de las reivindicaciones históricas de los cristianos egipcios ha sido la de poder construir libremente templos ante las dificultades que durante décadas han sufrido por ello. Expedita aclara que “en la nueva Constitución existe un decreto que permite la construcción de nuevas iglesias y hemos visto que en las zonas urbanas algunas se han construido”.
Expedita Pérez realiza su labor ayudando a los refugiados sudaneses que llegan a Egipto
Pero el día a día no es sencillo, y “en los poblados rurales donde la convivencia entre cristianos y musulmanes es tensa esto es algo imposible a pesar de las buenas intenciones del gobierno actual”.
Existen las conversiones del islam al cristianismo Sobre el día a día en Egipto, la religiosa española afirma que el Evangelio prende entre los egipcios y que existen conversiones de musulmanes al cristianismo, “pero de esto no se habla porque es muy peligroso para quien lo vive y para los cristianos que los rodean”.
Pero los frutos se manifiestan de otra manera. El contacto entre comunidades y el conocimiento mutuo derriba los muros del odio. Y para ella esto es suficiente para dar la vida en Egipto como misionera.
Los frutos de la convivencia amistosa Y cuenta varios ejemplos de esta convivencia: “Hoy nos ha visitado una doctora musulmana que durante años trabajó con nuestras hermanas en el hospital. Ella viene cada año dos o tres veces a visitar a las hermanas que estuvieron con ella y que hoy tienen más de 90 años. Cuando viene comparte con nosotras las noticias de su familia, sus sueños, alegrías y preocupaciones”.
También habla la hermana Expedita Pérez de “uno de nuestros vecinos que es musulmán, nos ayuda en lo que necesitamos y nos aconseja y ayuda cuando la situación se pone fuera difícil sobre todo para los no musulmanes”. En su testimonio, la religiosa española cuenta también que otros “vienen a compartir con nosotras sus vidas y su fe como musulmanas porque saben que las respetamos y las queremos como son. Y además nos piden que recemos por ellas y sus familias”.
Su importante labor con los refugiados sudaneses Mientras todo esto ocurre, la monja comboniana sigue dando la vida por los refugiados sudaneses que llegan a Egipto, verdaderamente los últimos de los últimos. “Cada año podemos ofrecer educación escolar a unos 1.300 niños y niñas, desde la guardería hasta el bachillerato. Son niños cristianos y musulmanes, del norte y del sur de Sudán. La misma realidad la encontramos entre los maestros y maestras”, contaba Expedita a Obras Misionales Pontificias.
Así quedó una de las muchas iglesias egipcias atacadas durante 2013
Según el informe de Ayuda a la Iglesia Necesitada, la situación de la libertad religiosa en Egipto ha mejorado desde la oleada de ataques de hace apenas tres años. El padre Rafiq Greiche, de la Iglesia católica egipcia, afirma que “no hay punto de comparación entre la situación actual y la que había durante el gobierno de los Hermanos Musulmanes. Hoy tenemos muy buenas relaciones entre los dirigentes de la Iglesia y los órganos de gobierno”.
Los cristianos, mejor que hace unos años En su opinión, “sigue habiendo muchos problemas, por supuesto, pero tengo la impresión de que los musulmanes se dan más cuenta ahora de cuál es nuestra situación”. Uno de estos problemas a los que se refiere es por ejemplo el que los cristianos son frecuentemente víctimas de delitos como el chantaje y el secuestro que se producen debido a la impunidad de los agresores y la desprotección de los cristianos.
Egipto es un país con 84 millones de habitantes de los que el 95% de la población es musulmana siendo en su inmensa mayoría de la rama suní. Los cristianos representan, según los datos de AIN, el 4,95% de la población siendo ortodoxos coptos la mayor parte.