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jueves, 21 de febrero de 2019

¿Cómo enseñar el amor a los hijos? (Meditación para hoy) 21022019

¿Cómo enseñar el amor a los hijos?
El amor no solo se expresa con palabras sino principalmente con hechos hacia los demás


Por: Francisco Mario Morales | Fuente: Catholic.net 



Para iniciar debemos considerar algo elemental.
Todo ser humano desde el momento de nacer comenzamos a aprender y asimilar experiencias.
Cuando nos convertimos en papás, una  de nuestras principales responsabilidades es enseñar a nuestros hijos a expresarse con palabras, a dar sus primeros pasos, a controlar sus movimientos y ser precavidos, a alimentarse y comenzar a ser autónomos, y algo muy importante a conocer, a sentir, a vivir el amor, y aprender a dar amor.
En la mayoría de las veces creemos que el amor es algo que cada uno de nuestros hijos irá descubriendo poco a poco a medida que vaya creciendo. San Francisco de Sales, nos enseña algo muy importante para la enseñanza del amor: “No sólo amar a los demás, sino que los demás sientan y se den cuenta que sí los amamos”.
Los hijos tienen que aprender a ver el amor. El verdadero amor no es pasión desbordada y fugaz. El amor lo aprenderá por la veces que los padres se lo digamos, el amor tenemos que enseñarlo. Tenemos que enseñarles a amarse así mismos y también amar a los demás, y que además sepan como demostrarlo. La salud afectiva se enseña y todos nuestros hijos deben aprenderla, y esto desde los primeros meses de vida.
¿Cuántos de nosotros exigimos amor, pero no sabemos cómo amar a los demás? El amor se demuestra respetando, obedeciendo, siendo agradecidos y tolerantes, también corrigiendo. El amor se demuestra perdonando, con un abrazo sincero y un beso sano.
El amor no solo se expresa con palabras sino principalmente con hechos hacia los demás. Los hijos poco creen en el amor porque los padres lo hemos distorsionado con el ejemplo.
Visitar a los enfermos, compartir el alimento, ayudar a las personas en sus necesidades extremas, solidarizarse con los vecinos cuantas veces sea necesario, estar dispuestos a apoyar a quien lo necesite, interés de bienestar de los demás,  de esta manera se expresa  y se hace sentir el amor no solo con palabras sino con hechos, y además es una forma de enseñar el amor y la forma de amar a los demás. Todo esto debe comenzar y vivir desde la familia
El verdadero amor, que tanta falta hace en los hogares, requiere de dar ejemplo de sacrificio para beneficiar a muchas personas que necesitan de nuestro amor.
Tenemos que ayudar a alejar la ignorancia, orientar a quien lo desee y necesite, dentro de lo posible ayudar a corregir errores, perdonar, consolar, tolerar con medida y acercar a Dios a quien lo necesite.
Porque el amor no sólo es recibir, el amor se satisface al dar y ver el bien que podemos hacer a los  demás (no solo buscar ser amados). No solo debemos sentirnos amados, sino hacer que los demás sientan y se den cuenta de nuestro amor por ellos.
Es necesario salir del egoísmo en el que estamos inmersos y que nos impide vivir el amor verdadero y enseñarlo con el ejemplo a nuestros hijos. ¡Hay que enseñar a vivir el amor!
El verdadero amor es el que da sentido a la vida. Vivir con soberbia, egoísmo y envidia es no saber vivir.  Nuestros hijos deben aprender lo que es el amor, viéndolo a través de nosotros, diciéndoselos y enseñándoselos con nuestro propio ejemplo.
El odio y el rencor son veneno letal para quienes viven con ellos en lugar del amor.
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miércoles, 29 de abril de 2015

Dejadlas crecer en paz (Familias Católicas)

Dejadlas crecer en paz
Hay que encauzarlas a velar por la belleza del alma


Por: Jorge Enrique Mújica | Fuente: Catholic.net



Sus cabelleras son campos de experimentación donde los peinados más sicodélicos de las estrellas del espectáculo son imitados. Sus rostros son máscaras de cargado maquillaje como queriendo indicar que a más pintura, más belleza. El escote del pecho es simplemente descarado y el de la falda prácticamente inexistente. Si usan mezclilla, lo obligado es que sea lo más adherida posible al cuerpo, aunque les cueste caminar, sentarse o, simplemente, respirar. Quizá todavía no aprenden a caminar pero ya están usando tacones…

No, no estamos imaginando a una jovencita de 15 ó 16 años, menos todavía a una de 20 ó 25. Es más, ni siquiera es imaginación sino realidad.

Cada vez es más frecuente hallar a niñas de 3, 4 ó 5 años vestidas “de grandes”. No es su culpa. Son hijas de su tiempo y lo que ven es lo que imitan. No es que lo imitado sea lo mejor, pero les faltan auténticos modelos. Hecho sintomático de la crisis de valores.

Están pululando los negocios que lucran robándoles a las niñas lo más precioso que tienen: su infancia. Les están robando la posibilidad de desarrollar su imaginación, les están robando su inocencia, les están robando su pudor. Y quizá lo más triste es que en todo esto, muchas veces los padres sean cómplices. Que si sala de belleza para niñas, que si tiendas de ropa para niñas, que si gimnasios para niñas, que si…

“¡Hay que dejarlas ser como ellas quieren!”, afirman algunos. Sí, pero no es atentar contra la libertad de la niña el encauzarla hacia algo mejor que la realice como auténtica persona. No es exagerado vincular los casos de violaciones y embarazos no deseados a quienes desde pequeñas conocieron y desarrollaron un modo de vestir que, las más de las veces, es la manifestación externa de una actitud, forma de vida o modo de pensar en el que se creció.

El problema de fondo en todo esto, es que bajo un pretendido estar “al día”, pase la vida y las niñas nunca hayan conocido su infancia. Es peligroso fomentar actitudes consumistas donde importa y vale el que más tiene (la sociedad de la apariencia), actitud que cifra el valor de media humana sólo por lo que posee y no por lo que vale en sí misma.

Hay que enseñarles que se puede ser elegante sin perder la dignidad. Hay que mostrarles que se puede cuidar la belleza física sin convertirse en payasos. Hay que encauzarlas a velar por la belleza del alma; en esa tarea sí se pueden afanar desde pequeñas y, a la larga, es lo que cautiva al sexo opuesto. Hay que hacerlas reflexionar en que no son objetos sino sujetos y que, como tales, no deben dejarse llevar por modas que otros imponen. Hay que meterles en la cabeza que la moda es la novedad más pasajera y que el ser humano está hecho para la trascendencia. Posiblemente así, ninguna mujer será presa de nadie, ni utilizada por ninguno. Quizá este sea un paso más en miras a un auténtico feminismo.

Si no, ahí está luego la paradoja: cuando algunas son niñas, creen que son grandes, y ya de grandes, se comportan como niñas.

Comentarios al autor: jmujica@legionaries.org
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domingo, 1 de febrero de 2015

La fortaleza de los padres (Educar en la infancia)

La fortaleza de los padres
Lo que necesitan los hijos es padres que sean capaces de tener la fortaleza suficiente para hacer para formarlos como personas


Por: Virginia Uribe | Fuente: http://sontushijos.org



A lo largo de estos años que llevo dedicada a la educación tanto como madre como profesionalmente, cada día me sorprende más el miedo que tenemos los padres a ser valientes con nuestros hijos.

Muchos de los problemas de los hijos de hoy en día, son el resultado de actuar condescendientemente. Todos sabemos que para ser buenos padres se necesitan muchas cosas pero seguramente la más importante es ser valientes. Tener la fortaleza necesaria para hacer lo que más les conviene a los hijos por duro que sea, es un reto en los padres de hoy.

Lo que necesitan los hijos no son padres que vivan dedicados a darles de todo, sino padres que sean capaces de tener la fortaleza suficiente para hacer lo que sea preciso para formarlos como personas por doloroso y costoso que a veces nos pueda resultar.

El compromiso de ser padres nos lleva a diario a enfrentarnos a situaciones que requieren mucha valentía para no tomar el camino fácil. Los padres condescendientes se miden muchas veces por lo que gastan en sus hijos; los padres valientes se miden por lo que gana su familia con su trabajo. Los padres condescendientes hacen todo lo posible por resolverles todos los problemas a sus hijos; los padres valientes dan a sus hijos las herramientas necesarias para enfrentarse a los problemas y superarlos.
Pero para lo que se necesita más valentía en mi experiencia personal es para saber no decirles a los hijos a todo "SI" cuando en el fondo sabemos que deberíamos decirles "NO". No podemos creernos nuestros propios engaños y convencernos de que todo lo hacemos por su bien cuando en realidad lo hacemos por el nuestro, por no sufrir o por comodidad.
Es urgente dar una respuesta veraz como padres para no dejarnos arrastrar por lo fácil y parapetarnos en un cariño o una bondad mal interpretada.

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Virginia Uribe
Subdirectora de Educación Infantil del Colegio Eskibel.
Master en matrimonio y familia.
Madre de 4 hijos.
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