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martes, 3 de noviembre de 2026

5 españoles hacen historia al ser beatificados como los primeros mártires por el matrimonio en EEUU

 

5 españoles hacen historia al ser beatificados como los primeros mártires por el matrimonio en EEUU

Los miles de asistentes supusieron todo un récord de asistencia para un evento de estas características, que fue presidido por Frank Leo, arzobispo de Toronto.

El cardenal Frank Leo, junto al arzobispo Gabriele Giordano Caccia y el obispo Stephen D. Parkes, durante la beatificación de los cinco mártires franciscanos de Georgia.

El cardenal Frank Leo, junto al arzobispo Gabriele Giordano Caccia y el obispo Stephen D. Parkes, durante la beatificación de los cinco mártires franciscanos de Georgia.EWTN.

José María Carrera Hurtado
J.M.C.

01.11.2026 | 15:33

Actualizado:

“Hay cosas hoy en día por las que todavía vale la pena vivir y morir”. Así clausuraba el cardenal Frank Leo, arzobispo metropolitano de Toronto y legado pontificio, la ceremonia de beatificación de Fray Pedro de Corpa y sus cuatro compañeros franciscanos. Unas palabras que parecían relacionar las amenazas actuales sobre el matrimonio con el martirio que tuvo lugar durante la evangelización española a los indígenas Guale, en la actual Georgia.

El episodio, aún hoy recordado como heroico, comenzó a mediados de septiembre de 1597, cuando don Juanillo, cristiano bautizado y heredero del cargo de mico mayor (jefe del cacicazgo), exigió que se le permitiese contraer segundas nupcias, como era costumbre entre los Guale. Ante la negativa de Fray Pedro de Corpa, el indígena eliminó al fraile el 14 de septiembre. Sería el primero de los cinco franciscanos martirizados en las misiones Guale, sobreviviendo tan solo Francisco de Ávila, tras ser torturado.

El martirio como respuesta a la defensa de la fe y del matrimonio por los misioneros es una de las muchas razones que explican lo masivo e histórico del evento vivido el pasado 31 de octubre en el Centro de Convenciones de Savannah. Una fecha, 2026, y lugar, Estados Unidos, especialmente significativos, pues actualmente conmemoran el 800 aniversario del fallecimiento de San Francisco de Asís, fundador de la orden franciscana de los mártires, pero también el 250 aniversario de la independencia de EE.UU.

Según diversas fuentes presentes en el acto, los 9.000 asistentes provenientes de todo el mundo supusieron un récord de seguimiento para un evento de estas características.

Más de 200 clérigos, entre ellos frailes franciscanos de Nuestra Señora de Guadalupe, el cardenal Frank Leo, 31 obispos y arzobispos, más de 100 diáconos y seminaristas y el nuncio apostólico, se unieron a casi 200 miembros de los Caballeros de Colón, los Caballeros de Malta, los Caballeros y Damas del Santo Sepulcro y los Caballeros de Pedro Claver.

Todos ellos escuchaban las palabras del cardenal Frank Leo, que conmemoraba la fuerza y fe de los mártires para aceptar “la llamada a la santidad, que a su vez les llevó a aceptar la llamada a la vida consagrada, la llamada al sacerdocio sagrado, la llamada a la labor misionera, la llamada a evangelizar, la llamada a compartir y defender la fe y, en última instancia, la llamada a entregar su propia vida”.

Los mártires de Georgia también dieron testimonio de “la doctrina cristiana del matrimonio y se mantuvieron fieles a esa verdad divina hasta el derramamiento de su propia sangre”, agregó mientras remarcaba la naturaleza sagrada de la familia “fundada en la unión de alianza, sacramental e indisoluble de un hombre y una mujer”.

Por su parte, el el obispo de Savannah, Stephen Parkes, manifestó su convicción sincera de que, “por la intercesión del Beato Pedro de Corpa y sus cuatro compañeros, habrá un mayor respeto por la dignidad y el carácter del santo matrimonio”. “Que el testimonio de estos hombres santos inspire fidelidad entre los cónyuges llamados al vínculo de alianza del santo matrimonio y ayude a crear un compromiso renovado con el crecimiento de familias llenas de fe en el estado de Georgia y más allá”.

En ReL hemos seguido esta causa de beatificación con numerosas publicaciones, abordando la historia completa de lo ocurrido en Guale o incluso su celo apostólico y vinculación con la defensa actual del matrimonio.

Recordamos brevemente el perfil de cada uno de los mártires, siguiendo los textos oficiales de su causa de beatificación:

Fray Pedro de Corpa 

Fray Pedro nació hacia 1560 en la pequeña localidad de Corpa, en el territorio de la actual diócesis de Madrid-Alcalá. Ordenado sacerdote en la provincia franciscana de Castilla hacia 1584, partió de España el 21 de julio de 1587 para servir como misionero en el Nuevo Mundo, a bordo del mismo barco que fray Antonio de Badajoz.

Como uno de los religiosos más experimentados, fray Pedro fue destinado finalmente al poblado principal de Tolomato, donde fundó una misión y se dedicó a atender al pueblo guale, enseñándo la doctrina de Jesucristo y bautizando a quienes se sentían atraídos por la fe católica.

La crisis estalló cuando don Juanillo, cristiano bautizado e influyente heredero del cacicazgo guale, decidió tomar una segunda esposa, siguiendo la costumbre de su pueblo. Rechazando las enseñanzas del fraile sobre los compromisos adquiridos en el bautismo, Juanillo abandonó la misión y reunió a un grupo de guerreros.

El 14 de septiembre de 1597, mientras fray Pedro se preparaba para celebrar la misa dominical, los guerreros penetraron sigilosamente en su choza y lo abatieron a golpes de macana, unas contundentes mazas de madera.

Fue el primero de los cinco frailes que sufrieron el martirio.

Fray Blas Rodríguez de Cuacos

Fray Blas nació entre 1550 y 1560 en la localidad española de Cuacos, cerca de la frontera con Portugal. Sacerdote de la reforma descalza de la provincia alcantarina de San Gabriel de los Frailes Menores, llegó al Nuevo Mundo en 1590 y fue destinado al poblado de Tupiqui, próximo a la misión de fray Pedro de Corpa.

Ambos religiosos podían encontrarse de vez en cuando, lo que les brindaban la oportunidad de preguntarse sobre las cuestiones canónicas y pastorales que surgían al administrar los sacramentos a los indígenas instruidos en la doctrina cristiana, como las relacionadas con la costumbre de tener varias esposas.

Tras el martirio de fray Pedro, el grupo de guerreros continuó su marcha hasta la misión de Tupiqui. A fray Blas se le permitió celebrar la misa por última vez, después de lo cual fue atado con cuerdas y obligado a presenciar cómo los guerreros saqueaban la capilla.

Murió apaleado el martes 16 de septiembre de 1597.

Fray Miguel de Añón

En 1595, fray Miguel, sacerdote de la provincia franciscana de Castilla, respondió al llamamiento para servir en las misiones de La Florida. Aunque se desconoce el año exacto de su nacimiento, probablemente rondaba los cuarenta años cuando sufrió el martirio.

Tras embarcar en el mismo navío español que fray Francisco de Veráscola, se reunió con fray Antonio de Badajoz en la misión de Santa Catalina de Guale, situada en la actual isla de St. Catherines. Se esperaba que este enclave se convirtiera en un centro misionero ideal debido a su estratégica ubicación en el corazón de las islas costeras.

Pronto adquirió fama de hombre santo y venerable, dotado de una hermosa voz para el canto, y llegó a ser especialmente querido y respetado por los guales.

Cuando llegó el grupo de guerreros, los cristianos se mostraron reacios a matar al venerable sacerdote, y fue necesario que un guale no bautizado le asestara el golpe mortal.

Los cuerpos de fray Miguel y fray Antonio fueron enterrados apresuradamente en sepulturas poco profundas, mientras que la iglesia y el convento de la misión fueron incendiados.

Fray Antonio de Badajoz

Fray Antonio llegó al Nuevo Mundo procedente de España en 1587, a bordo del mismo barco que fray Pedro de Corpa.

Religioso lego de la provincia alcantarina de San Gabriel de los Frailes Menores, fue el único de los mártires de Georgia que no recibió la ordenación sacerdotal.

Tras pasar diez años en La Florida, había adquirido un excelente dominio de la lengua guale, por lo que ejerció como intérprete de fray Miguel de Añón cuando ambos fueron destinados a Santa Catalina de Guale.

La catequesis de los indígenas constituía una de sus principales prioridades, pero los frailes también tenían encomendada la tarea de recuperar la importancia de aquella misión, que había quedado prácticamente abandonada tras la retirada de los jesuitas en 1571.

Cuando el cacique local advirtió a los franciscanos de la llegada del grupo de guerreros, fray Antonio y fray Miguel decidieron permanecer junto al pueblo guale en la misión, en lugar de huir para ponerse a salvo.

Ambos sufrieron el martirio el miércoles 17 de septiembre de 1597.

Fray Francisco de Veráscola

Fray Francisco nació el 13 de febrero de 1564 en el actual barrio de Beraskola, perteneciente a Gordexola, en España.

Ingresó en la provincia franciscana de Cantabria y fue ordenado sacerdote en 1590. Fue uno de los doce franciscanos que se ofrecieron voluntarios para colaborar en las misiones de La Florida, partiendo hacia el Nuevo Mundo el 10 de junio de 1595, a bordo del mismo barco que fray Miguel de Añón.

Debido a su extraordinaria corpulencia, recibió el sobrenombre de "el gigante cántabro".

Solía participar en juegos y competiciones deportivas con los jóvenes guales y, ocasionalmente, ejercía como escolta de los visitantes que llegaban a la costa de Georgia.

A comienzos de 1597 acompañó a otro fraile en una expedición a La Tama, cerca de la actual ciudad de Macon, en Georgia. Su tamaño y fortaleza física causaron una profunda impresión entre los belicosos habitantes de aquella región.

En septiembre de 1597, mientras regresaba a su misión después de un viaje a San Agustín para aprovisionarse, fray Francisco fue víctima de una emboscada perpetrada por un grupo de guerreros guales, que consiguieron reducirlo.

Con tan solo 33 años, fue el más joven de los religiosos martirizados y el último fraile que murió como consecuencia del levantamiento de 1597.

En este vídeo puede verse íntegramente la ceremonia: 

domingo, 25 de octubre de 2026

Los 10 mandamientos de la pareja cristiana para fortalecer el amor y mantener vivo el matrimonio

 

Los 10 mandamientos de la pareja cristiana para fortalecer el amor y mantener vivo el matrimonio

El filósofo Vivien Hoch propone diez claves para vivir el matrimonio cristiano: poner el amor por encima de todo, compartir las alegrías y crecer en la fe.

La sociedad aprecia el matrimonio y sabe que es fundamental para su estabilidad colectiva, pero... no se hacen los sacrificios necesarios para sostenerlo firme.

La sociedad aprecia el matrimonio y sabe que es fundamental para su estabilidad colectiva, pero... no se hacen los sacrificios necesarios para sostenerlo firme.

Carmelo López-Arias
C.L. / ReL

09.03.2013 | 00:00

Actualizado:

Vivien Hoch, profesor y filósofo, redactor jefe de Itinerarium, ha recogido, a modo de Tablas de la Ley, diez mandamientos (algunos bíblicos, pero no todos) que sugiere tengan presentes los matrimonios cristianos para no perder nunca de vista los fines y los frutos del sacramento que recibieron. A cada uno de ellos añade un comentario, que sintetizamos aquí.

El principio básico es el siguiente: "Para mayor gloria de Dios, Cristo, Verbo del Padre, escogió desde siempre por el Espíritu Santo a los hombres para conducirlos por el mundo y, mediante su gracia, para que fundasen una familia unida por el Amor en la perfección sobrenatural, a imagen de la Santísima Trinidad, y en la perfección natural, a imagen de la Sagrada Familia".

¿Cuál es el camino para alcanzar ese fin?

I. Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente (Mt 22, 37).

Ésta es la razón última por la que está el hombre sobre la faz de la tierra. Por tanto, Dios, su Amor y la Redención que nos concedió graciosamente mediante la muerte de su Hijo único debe ser el objeto, principio y fin de todas nuestras actividades, puesto que de ello dependen nuestra felicidad o nuestra desdicha, nuestra vida o nuestra muerte.

II. Por encima de todo está el amor (Col 3, 1415).

Poner el Amor por encima de todo consiste en adaptar el primer mandamiento a nuestra vida de pareja. La vida de pareja es una larga y difícil muerte de uno mismo, dándose todo al otro. Cuanto más se sacrifica uno por el otro, más muere a sí mismo y más vive Dios en él. En la vida de pareja hay que poner el Amor por encima de todas las cosas, y sobre todo por encima de uno mismo.

III.Ese Amor no puede desaparecer, porque viene de Dios (cfr. I Jn 4, 7).

Mediante su Hijo Unigénito, Dios nos ha salvado de nosotros mismos para abrirnos al Amor, que es Él mismo. Justo porque ha elegido para nosotros el destino del Amor, este destino es eterno, y por tanto indestructible. Si el Amor parece faltar, o perderse, o cambiar, somos nosotros quienes lo percibimos así, pero no es Él en realidad. Él es incorruptible, mientras que nosotros somos corruptibles y cambiantes. Cualquier cosa que emprendamos, hay que hacerlo con la convicción inquebrantable de que el Amor existirá siempre en la pareja. Por tanto no se debe formular ni como hipótesis que todo pueda terminar algún día.Todo pensamiento de ese tipo viene del demonio, quien intenta siempre dividir y confundir los corazones.

IV. En y por ese Amor, formaremos una sola carne (Gn 2, 24).

Como el Amor es el principio de la cohesión de la pareja, dos partes que fuera del Amor son distintas, en Él forman un único principio, un único ser, con todo lo que eso implica: esencialmente, una única voluntad, y por consiguiente la supresión de toda voluntad propia. Lo que uno quiere por su propia cuenta, sin el aval del otro o sin dárselo a conocer, no vale nada.

V. El principio de vid de nuestro matrimonio será el de la vida trinitaria de Dios.

Hay que vivir uno del otro, y el otro del uno, siendo cada uno la imagen más brillante posible de lo que hay de más brillante en el otro: una procesión única, ininterrumpida y eterna de Amor. Uno solo ser en tres personas: el marido, la mujer y su vida divina.

VI. Seremos como dioses el uno para el otro (cfr. Jn 10, 34).

No consiste en idolatrar al otro, sino en respetarlo en cuanto hemos elegido llegar a Cristo a través suyo. Considerar al otro como un dios es considerarse a sí mismo como inferior, más débil, esclavo. En cada incomprensión, considerarse causa de la incomprensión, considerar que los errores vienen de uno mismo y ver al otro como puro e inmaculado. En ese sentido, cada aparición del otro será un momento sagrado, y por eso e la familia la relación entre ambos seres será también sagrada.

VII. Ninguna palabra, pensamiento o acción quedará oculta (cfr. Mt 6, 6).

Vivir en una única voluntad significa ya no vivir nunca solo. Es imposible ocultarse algo a sí mismo. Tampoco en la pareja. Desde el momento en el que pensamos no abrir nuestro corazón al otro sobre algo, viene el demonio y es un anuncio de grandes males. Los sentimientos y las pasiones sugieren constantemente miles de cosas que uno teme confiar a la otra parte. Pero no hay que confundir el Amor con la vida sentimental y pasional, y el mejor modo de no perderse en estas últimas es sacrificarlas por completo, con sufrimiento pero sin vergüenza, ofreciéndolas por Amor al otro. A Dios no se le puede ocultar nada, y si hacemos del otro nuestro camino para llegar a Dios, sería contradictorio ocultarle algo.

VIII. La desgracia de uno lo será de los dos, la alegría de uno lo será de los dos (Suma Teológica I-II, 28, 2).

Dos seres, cada uno con su personalidad, pero viviendo en una sola carne y una sola voluntad, viven el doble de cosas y con intensidad doble. Vivir el doble de alegrías es vivir el doble de Dios, compartir un hecho o una pasión lo hace más intenso. Muertos a sí mismos, los dos seres de una pareja viven la misma viva divina bajo la misma modalidad, no pueden por tanto vivir una misma cosa de forma diferente.

IX. El alejamiento sólo puede ser temporal y material (cfr. Ps 138).

Una misma carne, una misma vida divina y una misma voluntad en dos seres no puede separarse, aunque ambos seres puedan estar alejados temporal y materialmente. Viven una misma vida divina, pero esa vida divina es frágil y el demonio de este mundo es fuerte. No conviene alejarse demasiado tiempo ni demasiado a menudo, y es bueno que, estando separados, sólo piensen el uno en el otro.

X. Sólo Dios juzga nuestros esfuerzos comunes y unidos hacia Él (cfr. Ps 138).

San Pablo nos dice que los sufrimientos del tiempo presente no son nada comparados con la gloria prometida. Pero a veces, durante ese largo y difícil camino, Dios, en su infinita bondad, se permite visitarnos, y una sola de esas visitas convierte toda desdicha en un capricho infantil. Así que en el camino que quienes se aman han escogido, tanto para su misión familiar como para su apostolado en el mundo, tendrán que ser santos, pero no a los ojos del mundo, sino a los ojos de Dios.

Pincha aquí para leer el artículo de Vivien Hoch en su integridad (en francés).

domingo, 27 de febrero de 2022

El arte de vivir juntos

 

El arte de vivir juntos
El arte de vivir juntos

Sembrando Esperanza I. Libera a la persona que amas para que ella pueda volar con sus propias alas.


Por: P. Dennis Doren L.C. | Fuente: Catholic.net 



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El matrimonio, la unión de vida más plena y total entre dos seres humanos que pueda darse en este mundo, tiene su origen, se mantiene y se perpetúa por el amor. Cada uno de los cónyuges es alguien único e irrepetible, con una personalidad, con un proyecto de vida a realizar, con un destino a alcanzar. El que ambos unan sus personas, sus proyectos de vida, sus destinos, se debe a una realidad llamada amor. El amor conduce al matrimonio, mantiene el matrimonio, perpetúa el matrimonio. Si desaparece el amor, desaparece el matrimonio. De aquí la necesidad de volar juntos, de caminar juntos, en una divina complementación, respetando los propios espacios, y volar uno junto al otro, sin atropellarse.

Cuenta una leyenda de los indios sioux que, cierta vez, Toro Bravo y Nube Azul llegaron tomados de la mano a la tienda del viejo hechicero de la tribu y le pidieron:

Nosotros nos amamos y vamos a casarnos, pero nos amamos tanto, que queremos un consejo que nos garantice estar para siempre juntos, que nos asegure estar uno al lado del otro hasta la muerte. ¿Hay algo que podamos hacer?

El viejo, emocionado al verlos tan jóvenes, tan apasionados y tan ansiosos, les dijo:

Tú, Nube Azul, debes escalar el monte al norte de la aldea, sólo con una red; cazar el halcón más fuerte y traerlo aquí con vida hasta el tercer día después de la luna llena. Y tú, Toro Bravo, debes escalar la montaña del trueno; allá encima encontrarás a la más brava de todas las águilas; solamente con una red deberás agarrarla y traerla para mí, viva.

Los jóvenes se abrazaron con ternura y partieron para cumplir con la misión. El día fijado, frente a la tienda del hechicero, los dos esperaban con las aves. El viejo las sacó de las bolsas y constató que eran verdaderamente hermosos ejemplares de los animales que él les había pedido.

Y ahora, ¿qué debemos hacer? Los jóvenes le preguntaron.

Tomen las aves y amárrenlas una a otra por las patas con esas cintas de cuero. Cuando estén amarradas, suéltenlas para que vuelen libres.

Ellos hicieron lo que les fue ordenado y soltaron los pájaros. El águila y el halcón intentaron volar, pero apenas consiguieron dar pequeños saltos por el terreno. Minutos después, irritadas por la imposibilidad de volar, las aves comenzaron a agredirse una a otra, picándose hasta lastimarse. 

Entonces, el viejo dijo:

Jamás olviden lo que están viendo. Y este es mi consejo: Ustedes son como el águila y el halcón. Si estuvieran amarrados uno al otro, aunque fuera por amor, no sólo vivirían arrastrándose, sino también, más tarde o más temprano, comenzarían a lastimarse el uno al otro. Si quieren que el amor entre ustedes perdure, vuelen juntos, pero jamás amarrados. Libera a la persona que amas para que ella pueda volar con sus propias alas.

Esta es una verdad en el matrimonio y también en las relaciones familiares, amistades y profesionales. Respeta el derecho de las personas de volar rumbo a sus sueños.

La lección principal es saber que, solamente libres, las personas son capaces de amar.

¡Qué felicidad, qué dicha la de aquel hogar donde cada uno de los cónyuges vive para hacer feliz al otro, lo deja volar con la confianza y seguridad que será fiel! Es feliz, haciendo feliz al otro. Un amor que es paciente, que sabe perdonar siempre, que es comprensivo, que busca servir, que nunca viene a menos, que sabe sacrificarse para hacer feliz al otro, que no es orgulloso, que no reclama "lo suyo", es un amor que está destinado a triunfar, es un amor que es reflejo del Amor de Dios.


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