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lunes, 10 de febrero de 2020

El sacerdote Jean Claude Mbonimpa vivió el genocidio ruandés profetizado

El mensaje de Kibeho: la Virgen nos quiere en el cielo, pero debemos «poner en práctica lo que dice»

El santuario de Kibeho congrega peregrinos procedentes de África y, cada vez más, del resto del mundo.
El santuario de Kibeho congrega peregrinos procedentes de África y, cada vez más, del resto del mundo.
El genocidio que vivió Ruanda en 1994 fue profetizado en las apariciones de la Virgen en Kibeho muy pocos años antes. Pero el valor de aquellos mensajes va mucho más allá y se centra, como Fátima o Lourdes, en la conversión, y sigue más vivo que nunca, según refleja el reportaje de Costanza Signorelli en Brújula Cotidiana:

“En aquellos años de horror y de sufrimiento terrible, en los que perdí mis afectos más queridos, sólo tenía un arma en mis manos: la oración a nuestra Madre de Kibeho. En muchas ocasiones, que realmente parecían ser mis últimos días en esta tierra, mi oración era sólo una: ‘¡María, madre nuestra, ayúdame!’. Puedo atestiguar que Nuestra Señora nunca dejó de ayudarme, ¡nunca! Ni siquiera cuando la esperanza parecía perdida”.

Lo cuenta para la Brújula Cotidiana el padre Jean Claude Mbonimpa, un sacerdote de Musanze, un pueblo del norte de Ruanda, donde hace veintiséis años tuvo lugar uno de los acontecimientos más aterradores de la historia del siglo XX. El notorio genocidio de 1994, desencadenado por el odio étnico entre hutus y tutsis, durante el cual alrededor de un millón de ruandeses fueron masacrados con machetes, palos clavados, hachas, cuchillos y armas de fuego.

El sacerdote, que en los últimos doce años fue rector de un gran colegio católico de su país, Notre Dame de l'Étoile, hoy se encuentra en Italia, donde ha ido a profundizar sus estudios en la Facultad Teológica del Triveneto.

Hay algo realmente sorprendente en la vida de este sacerdote. Y no es el escándalo de la espantosa violencia que conlleva su historia, sino el hecho de descubrir que realmente hay un Amor capaz de abrazar al hombre dentro del peor infierno y salvarlo. “Mi gran amor y devoción a María Madre de Dios creció más allá de toda medida durante la guerra y el genocidio en Ruanda”, reconoce.

La Madre de la historia

Si es cierto que en María cada alma y el mundo entero se entrelazan en un único plan de amor, exactamente así fue para Jean Claude.

Su historia personal, atravesada por el dolor y superada por el amor de Dios, se refleja exactamente en la de su pueblo: aquel que quiere seguir los pasos de María en el camino de la humanidad sabe, de hecho, que Ruanda es una tierra surcada y favorecida por la Virgen llena de Gracia.

“Las apariciones de Mamá en Kibeho comenzaron en 1981, y las recuerdo muy bien aunque yo era un niño y vivía al otro lado del país”. La Virgen, a la que Jean Claude llama tiernamente Mamá, se presenta en África como Nyina wa Jambo, que significa Madre de la Palabra. Los acontecimientos sobrenaturales en Ruanda duraron ocho años, desde el 28 de noviembre de 1981 hasta el 28 de noviembre de 1989, durante los cuales la Virgen dio sus mensajes a tres jóvenes: Nathalie (18), Marie Claire (21) y Alphonsine (16).



Uno de los hechos más impresionantes de este ciclo de apariciones marianas es una visión que la Virgen muestra en secuencia a las niñas el 15 de agosto de 1982. Ríos de sangre, fuego ardiente, hombres matándose entre sí y un enorme pozo donde mucha gente está a punto de caer... Las jóvenes ven todo esto mientras Nyina wa Jambo se les aparece profundamente apenada y llorando.

“En ese momento nadie podía imaginar el significado de esas imágenes. Años más tarde se descubriría que Nuestra Señora había predicho exactamente lo que sucedería doce años después con el genocidio del pueblo ruandés”. Jean Claude explica que esa profecía que se cumplió en el tiempo fue una “prueba de fuego” de la veracidad de las apariciones de Kibeho, que el 29 de junio de 2001 fueron aprobadas oficialmente por la Iglesia a través del obispo de Gikongoro, Augustin Misago.

Aunque éste es el hecho más llamativo y conocido de estas apariciones, en realidad Nuestra Señora en Kibeho ha dicho muchas más cosas: “El mensaje que Mamá ha dado en mi país no sólo se dirige a Ruanda, sino a toda la humanidad. Es un mensaje de amor para todos sus hijos que no ha terminado, sino que continúa hoy”.

En cierto sentido, se puede decir que el mensaje de Kibeho no ha terminado. Es más, es extremadamente actual para el hombre y la Iglesia de hoy. En efecto, leyendo las palabras de María en el continente africano, uno queda impresionado por la continuidad total con las profecías que ha ofrecido en Fátima y en Medjugorje: la llamada sincera e incansable a la conversión del corazón, la llegada de terribles pruebas con gravísimos peligros para las almas y la promesa de la victoria para quien decida ponerse al lado de María en el camino de Dios. Todo esto une las diversas apariciones de la Santísima Virgen.

“El mundo va muy mal”, dijo la Virgen a Nathalie, una de las videntes, el 15 de agosto de 1982, “si no hacéis nada para arrepentiros y renunciar a vuestros pecados, ¡ay de vosotros!”. Y también: “El mundo se rebela contra Dios, se cometen demasiados pecados, no hay ni amor ni paz... Si no os arrepentís y convertís vuestros corazones, caeréis todos en un abismo. Quiero liberaros del abismo para que no caigáis en él, pero lo rechazáis”. Otra de sus advertencias: “Llegará el momento en que querréis rezar, arrepentiros y obedecer, sin posibilidad de hacerlo, a menos que empecéis a hacerlo ahora, arrepintiéndoos y haciendo todo lo que espero de vosotros”.

Eso no es todo. En Kibeho, Nuestra Señora advierte sobre otro peligro muy serio: la pérdida de la fe y la apostasía, no sólo en el mundo, sino también dentro de la propia Iglesia. Y nos invita a rezar mucho por los sacerdotes, por los obispos, por los cardenales y por toda la Iglesia, para que siempre puedan proclamar el verdadero Evangelio de Dios, contra la obra destructiva de Satanás que quiere pervertirlos.

La Madre de la Esperanza

Aunque el mensaje es realmente fuerte y “políticamente incorrecto”, no debemos olvidar nunca que la Virgen de los Dolores, como se llama su Santuario en Kibeho, es también Madre de la Esperanza: “La Virgen se aparece y dice la verdad porque quiere que todos nos salvemos, ¡quiere llevarnos a todos al Cielo con Ella! Por eso todos tenemos que escucharla y poner en práctica lo que dice”. El padre Jean Claude está convencido de ello y ha experimentado el poder de la maternidad de María en su piel muchas veces, no sólo durante el genocidio, sino durante toda su vida, especialmente desde que se convirtió en un sacerdote.

  “Hace unos años -dice-, en el internado católico donde yo era director, una chica comenzó a sentirse muy enferma. Estuvo enferma durante varios meses y todos estaban muy preocupados por su vida. A pesar de las muchas pruebas y tratamientos, los médicos no podían entender qué enfermedad tenía, tanto que estaban desesperados por su recuperación. El tiempo se agotaba, así que empecé a hacer una novena rogando a la Virgen que salvara a esta joven: ‘¡Madre, por favor - le rogué - haz que los médicos encuentren el problema y la cura!’ El último día de la novena, mientras recitaba el tercer misterio luminoso, recibí una llamada telefónica: los médicos habían encontrado el problema y podían comenzar el tratamiento. En muy poco tiempo la chica estaba completamente curada”.

Al final de la historia, los ojos del sacerdote brillan con emoción y alegría por el regalo de salvación concedido por Dios a esa chica. Por un momento parece posible ver en ese humilde sacerdote la mirada amorosa de María sobre sus hijos. Y entendemos que, si estamos con Ella, nada se pierde, sino que todo contribuye a la salvación que Dios ha preparado para nosotros.

sábado, 21 de septiembre de 2019

Era presbiteriano cuando descubrió las apariciones de Kibeho: «Empezaré a rezar el Rosario», se dijo 21092019

Charles ni se sabía el Avemaría, pero perseveró y recibió su premio

Era presbiteriano cuando descubrió las apariciones de Kibeho: «Empezaré a rezar el Rosario», se dijo


La fe de los católicos en su devoción a la Virgen de Kobeho conmovió al protagonista de esta historia.
La fe de los católicos en su devoción a la Virgen de Kobeho conmovió al protagonista de esta historia.
Según confiesan numerosos protestantes tras su conversión al catolicismo, la figura de la Virgen María y su papel en la Iglesia era uno de sus principales obstáculos para dar el paso, e incluso sigue siéndolo en los primeros tiempos como católicos. Cari Filii News recoge un caso contrario, de alguien, Charles Rogers, cuyo recorrido hacia la fe empezó precisamente en Nuestra Señora.
Rezar el rosario… sin saber el Avemaría
Fue en 2012. Él era presbiteriano y un día acudió a una librería a buscar alguna lectura espiritual. No encontraba nada interesante, salvo un libro por el que, sin embargo, no terminaba de decidirse. Salió sin comprar nada, pero al poco, intrigado, volvió por él. Trataba sobre las apariciones de Kibeho, en Ruanda.
Cuando lo leyó, más que el fenómeno en sí de la mariofanía (“extraño, pero extremadamente interesante”) le impresionó la religiosidad de la gente. “Son las personas más religiosas de las que he oído hablar”, se dijo: “Quiero ser como ellas. Empezaré a rezar el rosario”. Haciendo gala de una gran determinación, porque no se sabía las oraciones, las apuntó en un papel para leerlas una a una, precedidas por un pasaje de la Biblia. Y empezó a hacerlo cotidianamente a las 5.30 de la mañana. Al tercer día pudo desfallecer, porque pensó “Esto es largo…”
Pero perseveró.
Y tuvo su premio. Al cabo de una semana, mientras oraba sintió que lo envolvía un intenso y embriagador aroma a flores. Se asustó, porque enseguida supo que se trataba de algo sobrenatural. Averiguó luego, y supo que otras personas han tenido experiencias similares. Comprendió que aquélla era la forma elegida por Nuestra Señora para entrar en su vida.
Sed insaciable
Desde entonces, Charles no hacía otra cosa que pensar en ella, de la mañana a la noche. “Mi sed de saber sobre ello era insaciable”, confiesa, y no dejaba de leer libros sobre la Virgen. En algún momento creyó estar enloqueciendo. María ocupaba “la parte principal” de su vida: “Su intención desde el primer momento fue que mi barco diese la vuelta y empezase a navegar en la dirección correcta. Pero ella no nos trata con condescendencia, sino tan delicadamente que no lo podía creer”.
Con 59 años de edad, su profesión de programador informático en la industria del acero dejó de interesarle, al tiempo que la percepción del amor de la Madre de Dios por sus hijos se intensificaba precisamente a través del rezo del rosario. Jesús y María ya no eran algo distante, sino abrumadoramente palpable.
Buscando profundizar en sus conocimientos, encontró el portal Discerning Hearts [Corazones en discernimiento], donde monseñor John Esseff, un experto en espiritualidad, cuelga podcasts para orientar a personas que emprenden un viaje espiritual hacia la fe. La página está respaldada por el arzobispo de Omaha (Nebraska), George Lucas. En uno de esos posts, el padre Esseff decía que la Virgen en sus apariciones animaba a visitar los santuarios marianos, porque en ellos concede gracias especiales.
Santuario de la Buena Esperanza en Kingstree (Carolina del Sur, Estados Unidos), cuyo icono es reciente, creado en 2003.
Rogers quiso seguir esa inspiración, y viajó junto con su esposa Melanie hasta el santuario de Nuestra Señora de la Buena Esperanza, en Kingstree (Carolina del Sur). Allí fue donde, el 2 de noviembre de 2014, conoció al director del santuario, el padre Stanley Smolenski, con quien trabó amistad, y que es quien ha contado esta historia en el National Catholic Register.
Charles le contó al padre Smolenski que tenía un problema con el alcohol, sobre todo los fines de semana. Un domingo se miró al espejo, vio en qué se había convertido y se quejó en voz alta a la Virgen, preguntándole por qué perdía el tiempo con alguien como él, “que no se preocupa de nadie más de sí mismo”.
Y le sorprendió escuchar claramente una respuesta: “Porque te amo”.
Recibidos en la Iglesia
Quedó transformado por aquello, comprendiendo que María era su mejor aliada para todo. Antes incluso de convertirse, hizo la Consagración a María de San Luis María Grignon de Monfort. Finalmente su esposa y él entraron en otoño de 2018 en un programa de catecumenado de adultos, y fueron recibidos en la Iglesia en la Pascua de 2019.
Para Melanie, su mujer, también antigua presbiteriana, fue asimismo un momento transformador, en particular en la Primera Comunión de ambos.
En cuanto a Charles, afirma que desde que se encontró con la Virgen su vida está rebosante y no podía haber pedido más. Agradece a Jesús por haber permitido que esto le suceda. Y agradece a Nuestra Señora que sea “guía y protectora de su fe”.
Publicado originalmente en Cari Filii News.