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sábado, 7 de septiembre de 2024

 

Introducida en ese mundo por su madre, rezaba por «un salvador»... y lo encontró

Deanna Lynn desvela la sordidez del porno: fue actriz durante 10 años y hoy ayuda a los adictos

Deanna, con su esposo Matt.
Tras una vida de sexo y adicciones, Deanna encontró en Matt al hombre de su vida y se casó con él.

J.M.Carrera / ReL

Con cinco años, Deanna Lynn vio su primera película pornográfica acompañada de su madre. Dos años después, ella era la protagonista de un vídeo grabado para sus vecinos, y a los 18, su carrera en la industria del sexo y la pornografía estaban más que asentadas. Mientras sus compañeras de la escuela soñaban con cuentos de princesas, ella solo quería revivir la historia de Pretty Woman. Durante 10 años, esta joven de Tucson (Arizona) vivió sumida en las drogas, la prostitución y la pornografía, hasta que sus oraciones fueron escuchadas.

Su madre le introdujo en la pornografía

“Desafortunadamente, desde mi infancia, mi madre me enseñó que la belleza podía ser una herramienta para manipular”, cuenta Deanna Lynn, autora del libro Comprada. Dejando la industria sexual.

Ella tenía cinco años y estaba en el primer curso de primaria, cuando su madre consideró divertido introducirla en el mundo de la pornografía. Tan solo dos años después, la pequeña consideraba normal desnudarse y “grabar videos caseros pornográficos para mis vecinos, que me hacían representar lo que veía en las películas con mi madre”, explica a Aceprensa. A los 9 años de edad, su madre se suicidó tras varios intentos frustrados.

"Solo necesitaba un salvador"

Deanna creció con una vida desestructurada. Durante toda su vida se había educado “creyendo que menos ropa significaba belleza y que la atracción física era sinónimo de amor”, explica en su testimonio de conversión.

Desde los ocho años, recuerda que “solo necesitaba un salvador, y me escapé de casa por los abusos pensando que un hombre me rescataría como a Pretty Woman”. Su adolescencia no fue menos conflictiva: la exposición sexual, la pornografía, su adicción a las metanfetaminas y la muerte prematura de su novio determinaron los siguientes años de su vida.

De camarera a actriz pornográfica

Con 17 años, Deanna y sus amigas se presentaron buscando trabajo en Hooters, una cadena de restaurantes conocida por utilizar las camareras como reclamo comercial. “Todo comenzó usando poca ropa, llamando la atención y sirviendo unas alitas de búfalo”, explica. “Esto me llevó a una carrera en la industria del sexo en toda regla”.

La adolescente se encontraba ante un dilema. Con 18 años ya era alcohólica, adicta a las drogas y estaba cerca de entrar en prisión. Cada noche vivía con miedo a que alguno de sus ex-novios violentos llamase a su puerta para hacerle daño.

Pero una compañera de trabajo le presentó al hombre que le libraría de todos sus problemas. Quería promocionar a Deanne en la industria del sexo, cuenta en Thrive, un portal del Seminario Teológico de Asbury, centro de formación protestante donde estudiaría años después, tras su conversión.

Deanna ya había comenzado a prostituirse, y se encontraba en prisión cuando aquel hombre “me dijo que podía pagarme la fianza y convertirme en una estrella”.

Portada de Purchased.

Deanna Lynn cuenta su historia en el libro "Purchased, leaving the sex trade". Puedes comprarlo aquí

Lo que antes era porno, ahora es entretenimiento

Nada más llegar, “una de las cosas que hacen los agentes de la industria del sexo es presentarte gente famosa, llevarte en limusinas y alojarte en mansiones”.

En un principio, Deanne estaba deslumbrada, hasta que fue consciente de la realidad que se respiraba en aquel entorno. “Tienes que hacer como si estuvieras disfrutando incluso de los actos más violentos, porque eso es lo que se vende ahora”, explica. “Hoy la propia televisión está llena de cosas que solían ser porno y ahora son el entretenimiento de la gente en la sala de su casa”: “Las empresas tuvieron que rodar cosas más duras, más gráficas y violentas para conseguir ventas, porque el consumidor habitual ya estaba insensibilizado ante el sexo normal”.

Deanne recuerda que cada dos semanas se tenía que someter a pruebas de detección de enfermedades de transmisión sexual, pero “tenía que hacer que pareciese el mejor trabajo del mundo”.

"¿Cómo he llegado hasta aquí?"

Deanne pasó 10 años de su vida en la industria del sexo. Cuando entró, pensó que sería un trabajo a su medida, en la que ella tendría cierto control y elevados ingresos.

Pero la realidad era muy diferente. “Un agente es como un proxeneta glorificado, y el 30% de lo que ganaba era para ellos”. Además, “tenía que hacer todo lo que dijesen, y cuando se enfadaban, daban mucho miedo”. Deanne no sabía lo cerca que estaba de la quiebra emocional, pero “cuando la cámara no estaba grabando, solo podía llorar en mi almohada”. “¿Cómo llegué hasta aquí?”, se preguntaba la joven, “yo solo era una camarera”.

"Comencé a rezar a mi Salvador"

Uno de mis fans viajó desde Georgia hasta California para conocerme y me pidió que le firmara mis películas”. Deanne se lo tomó como un halago, “incluso me compró mis galletas favoritas”. Aquel hombre había invertido todos los ahorros familiares en aquel viaje. “Cuando llegó a su casa, estaba angustiado porque no podía asumir que yo era una persona real, y cuando regresó a su casa, su esposa le prohibió acceder de nuevo a los chats y a la pornografía”. Cogió una pistola y se suicidó delante de su familia.

Llegó un punto en que Deanne no sabía relacionarse con la gente al margen de la sexualidad. “Recuerdo pensar, `¿cómo sería vivir una vida con ropa puesta?´”. Deanne pensó que nunca había tenido una cita, “¿cómo sería salir con alguien que no me preguntase por el sexo?”, se preguntaba. En ese momento, pidió ayuda a Dios: “Comencé a rezar a mi Salvador: `Por favor, no quiero quedarme atrapada aquí para siempre´. Necesitaba salir de este entorno por completo".

Una familia la acogió y le transmitió la fe 

Sus oraciones fueron escuchadas. Deanne se decidió y dejó la industria del entretenimiento para adultos en marzo de 2010. “Afortunadamente”, explica, “tengo un Dios que nunca deja de perseguirme”.

Deanne acudió al programa de readaptación Refugio para Mujeres. La joven debería invertir un año de readaptación social y desintoxicación. Recuerda que “estuve siete meses en la casa, y después fui con una familia con la que terminé quedándome durante dos años”. Aquella familia la acogió como si fuese uno más, y allí descubrió la fe. “No me estaban predicando la Biblia, ni diciéndome lo equivocada que estaba, simplemente amaban. Amaban a Dios, y el uno al otro” explica en Thrive.

Deanna con su marido y sus hijos.

Deanna y su esposo Matt ahora tienen dos hijas gemelas.

Una historia para llevar a la gente a Dios

“Después de pasar años huyendo de las cosas, por primera vez en mi vida sentí que estaba caminando en un sentido. Estoy aprendiendo a caminar con orgullo”, pensaba, y conociendo “mi verdadera identidad, que está en Jesús”.

Entonces, tomó una decisión: dedicar su vida al apostolado. “El mundo me derrumbó”, afirma, “pero lo que me dejó es mi historia, y continuaré usándola para traer a la gente de vuelta a Dios”. Un propósito que ha plasmado en su libro Comprada. Dejando la industria sexual.

Un matrimonio ayudando a dejar las adicciones

Tras su conversión, Deanne comenzó a estudiar un programa de Formación Espiritual en el seminario de Asbury. Allí conoció a su marido, Matt, con el que ha tenido dos hijas gemelas. “Nos conocimos en la universidad donde hicimos el máster, y desde entonces, dedicamos nuestro tiempo a la familia y a ayudar a otros a liberarse de las adicciones”, en particular al sexo y a la pornografía. Juntos, esperan abrir un rancho de trabajo para ayudar a las personas a retirarse y conectar a aquellos que están luchando contra diversos trastornos.

Actualmente, Deanne dirige una asociación dirigida a orientar y dar esperanza a personas con adicciones, un trabajo que adora, y que le permite “sacar adelante y defender las causas que me apasionan”. 

(Artículo de hemeroteca publicado originalmente el 3 de marzo de 2021).

domingo, 13 de noviembre de 2022

Adicto al porno, se intentó suicidar... la sorprendente charla con un sacerdote le rescató 13112022

 

Étienne estuvo 4 años enganchado: «Vi caer el amor de Dios sobre mí»

Adicto al porno, se intentó suicidar... la sorprendente charla con un sacerdote le rescató

Adicto al porno, se intentó suicidar... la sorprendente charla con un sacerdote le rescató
Volviendo del colegio un coche le atropelló y casi muere. La estancia en el hospital le ayudó para hablar con Dios.

ReL

Enganchado a la pornografía, Etienne pensaba en el suicidio, se odiaba y se avergonzaba de sí mismo. Gracias a una conversación inesperada, inició un camino de reconstrucción donde experimentó la misericordia de Dios. La web Découvir Dieu cuenta su testimonio.

Étienne tiene ahora 19 años, y durante cuatro años fue adicto a la pornografía. Todo comenzó en el colegio, cuando sus compañeros le mostraron ese tipo de imágenes. Para él, como reconoce, fue el comienzo del infierno. Presa de la curiosidad se dijo que tenía que investigar más sobre ese mundo. Pero, pronto, empezaría a quedar atrapado en él.

Un accidente cambia todo

La adicción era tan fuerte que el joven había perdido el control de su cuerpo y se sumergía en ella varias veces al día. Étienne sentía vergüenza de comentarlo incluso con amigos que también la consumían. Creía que su mente se estaba volviendo más sucia que la del resto de sus compañeros. Además, notaba que por culpa de la adicción su vida se empezaba a paralizar

En esos momentos de infierno, Étienne comenzó a tener pensamientos suicidas. Todas las mañanas iba a la escuela acompañado de un amigo y, mientras, hablaba con él, observaba un bulevar. Un día, se dijo: "Me voy a lanzar contra un autobús porque ya no puedo más: ya no puedo vivir esta doble vida". El joven estaba sufriendo, y por mucho que buscaba todo tipo de soluciones sus problemas no desaparecían. 

Étienne.'Me voy a lanzar contra un autobús porque ya no puedo más', se decía el joven Étienne.

Un día, con doce años, vio a lo lejos una pandilla de seis jóvenes que querían atacarle. Étienne se asustó y sin pensárselo se tiró al bulevar, y un coche lo atropelló. El accidente fue muy violento, llegó a reventar hasta el parabrisas del coche. El joven se quedó en el suelo, mientras la gente pensaba que estaba muerto. Lo llevaron al hospital y, milagrosamente, los médicos le dijeron que solo tenía una pierna rota.  

Sorprendente respuesta

Étienne había tenido mucha suerte, pero su vida se empezaba a tambalear. Se quedó una semana en el hospital. Y, en esa semana, estuvo solo. Así que empezó a reflexionar: "Dios tiene un plan para mí. De hecho, si todavía estoy aquí es porque sirvo para algo y no estoy tan podrido, no soy esa fruta podrida que no sirve, que está en el suelo. No, yo soy alguien. Y, aunque estoy atrapado en esto, tengo derecho a vivir".

Pasó el tiempo, las secuelas del accidente pasaron, pero la adicción siguió presente, y cada vez más fuerte. Llegaba de clase y directamente se quedaba inmerso en esta adicción. Cada día, cada semana y cada mes se prometía que iba a parar. Y, siempre lo incumplía. En ese momento, perdió toda la confianza en mí mismo. "Me doy cuenta de que ya no tengo voluntad, dignidad ni confianza en mí mismo. Ya no soy nada, estoy destruido. Mi corazón, mi cuerpo... todo son unas ruinas", se dijo.

Y, un día, cuando ya no podía soportar más, tomó una decisión. Decidió ir a ver a un sacerdote y contarle todo. Logró admitir sus problemas, con dificultad, pero lo consiguió. Y, en ese momento, hubo un momento de silencio y pensó que ahora le tocaba recibir una reprimenda. Pero, el cura le miró y le dijo: "¡Bravo por lo que dices! ¡Alegría!". Y, él, no entendió nada de lo que le estaba pasando. "Fue un torrente de misericordia. Vi caer el amor de Dios sobre mí. Estaba solo en la oscuridad y allí estaba Dios. Salí muy feliz, diciendo: "Estoy perdonado, ya no estoy solo. Hay alguien. Hay alguien conmigo", comenta.

Ayuda de sus padres

Sin embargo, la adicción siguió ahí. Unos meses más tarde, sus padres le pillaron. Y, en ese momento, sintió la peor de las vergüenzas. "Mi padre no había llegado a casa y yo le estaba esperando. Sabía lo que iba a suceder. Me iba a gritar y me iba a ir de casa. Pero mi padre llegó, se sentó frente a mí, y me dijo que no me iba a juzgar. No entendí nada: para mí era imposible. Y, entonces, mi padre me dijo que me iba a ayudar. Y, así, comenzamos un viaje de tres vías llamado 'Libres para amar'", confiesa.

Y Étienne empieza a ver la luz al final del túnel. "Había caído en un agujero para el que pensaba que nunca habría una salida. Sin embargo, renazco. Y, lo que es una locura es que mis padres me ayudaron: ¡para mí, era imposible! Salgo de esta adicción, después de un año. Y, con dificultades, acepto todo lo que me ha pasado, acepto y me perdono", relata el joven.

Aquí puedes ver la entrevista a Étienne en 'Découvrir Dieu'.

Étienne reconoce que Dios siempre estuvo detrás. "Cuando miras hacia atrás, ves que Dios me sacó de mi oscuridad, y me perdonó, me perdonó a través de mis padres.. y yo mismo me perdoné. Fue todo la acción de Dios. Yo resumo todo esto diciendo que Dios es amor, es perdón, es misericordia, incluso en la mayor de las tinieblas", concluye.

domingo, 6 de marzo de 2022

Una exactriz porno pide a los cristianos orar por los trabajadores del negocio de la pornografía 05032022

 

Cinco antiguas compañeras suyas se suicidaron en apenas unos meses

Una exactriz porno pide a los cristianos orar por los trabajadores del negocio de la pornografía

La exactriz porno Brittni De la Mora.
La exactriz porno Brittni De la Mora.

Brittni De La Mora es una antigua actriz de películas pornográficas con más de 375 títulos en su carrera. Fue una actriz reconocida en su género hasta que un día Dios llamó a su puerta y le hizo ver todo lo que conllevaba su trabajo. Ella lo cuenta en una entrevista a la cadena de noticias CBN News, así como el trabajo que desarrolla ahora ayudando a actores a salir de este negocio y a los consumidores a superar esta adicción.

Brittni con su marido

Brittni con su marido

Cinco muertes en tres meses

La exactriz explicó en la entrevista que tuvo la oportunidad de salir de esta industria, pero lamenta mucho que haya antiguas compañeras suyas que no hayan resistido la presión y el desgarro interior, y hayan acabado suicidándose. En la entrevista señala que en el espacio de unos tres meses, cinco antiguas compañeras murieron por diferentes formas: unas por sobredosis de drogas y otras directamente por suicidio.

Una de ellas, Oliva Lua, murió con apenas 23 años después de tener que sufrir, sin ningún tipo de apoyo de las personas que trabajan con ella en la industria de la pornografía, numerosos desafíos en su vida personal que además le indujeron al mundo de las drogas. Según la cadena de televisión Fox News, la estrella porno de 23 años fue encontrada muerta en un centro de rehabilitación en California.

En esas mismas fechas, otra conocida actriz porno August Ames acabó con su vida ahorcándose. August también recibió acoso por parte de diferentes directores de la industria pornográfica por negarse a grabar escenas con hombres que habían hecho porno gay.

Un tercer caso es el de una antigua amiga de Brittni, Shyla Stylz, la cual apareció muerta en la casa de su madre en extrañas circunstancias y con solo 35 años de vida.

Son historias dramáticas y ejemplo de lo que hace esta industria que solo se preocupa por ganar dinero rápido, sin contar con las consecuencias de quienes trabajan en ella. Brittni, que ahora trabaja con su marido en una Iglesia evangélica ayudando a los jóvenes a salir de la pornografía, confesó que “nada más me hubiera gustado que haber estado allí para ellas”, como sí ha podido estar con otras.

Atrapados por la pornografía

En la entrevista compartió que “a menudo, cuando ingresas a este mundo, ya estás buscando algo. Yo estaba buscando el amor en todos los lugares equivocados. Ingresas a esa industria con una falsa esperanza”. “Lo que sea que estés buscando en tu vida, extrañamente crees que lo vas a encontrar allí. Y desafortunadamente, ese no es el caso”. Es una frustración que sucede no solo a los actores y actrices que participan y en este tipo de cine, sino también a todos aquellos consumidores que engañados por falsas promesas acaban enganchados a “unas falsas esperanzas que saben que nunca van a llegar”.

“Cada vez que entras en una industria tan oscura como esta, resulta que encuentras las puertas abiertas y, dado que estaba buscando el amor, fue como si mi corazón se aplastara cuando no pude encontrarlo allí y se abrió la puerta a la depresión”. Para muchos, continua Brittni, después “vienen las drogas y luego los intentos suicidas y los pensamientos suicidas”. Y, claro, muchos acaban consumando su muerte.

La propia Brittni explicó que ella quería salir pero se sentía atrapada: “Pensaba que si dejaba este trabajo nadie me contrataría y no sería capaz de llevar una vida normal... así que pensé que no había otra salida que suicidarse”, lamentó.

Dios sale al encuentro

Sin embargo, Dios se hizo el encontradizo y esa ayuda vino curiosamente de su propia familia, de sus abuelos, con los cuales comenzó a asistir a la iglesia. Allí encontró a Jesucristo y le invitó a entrar en su vida, pero le tomó tiempo separarse de su mundo de estrella porno: había demasiados compromisos el económicos, personales y miedos a los que enfrentarse.

Brittni explica que “empecé a desarrollar una sensibilidad al espíritu de Dios después de eso. Recuerdo una vez que iba a filmar una escena en Las Vegas y antes de irme al aeropuerto, el Espíritu Santo me dijo que trajera la Biblia. Así que cogí mi Biblia y estaba leyendo el libro de Apocalipsis... y llegué al capítulo 2, versículo 20, donde estaba hablando de esta mujer llamada Jezabel que lleva al pueblo de Dios a la inmoralidad sexual y cómo Él le ha dado tiempo para arrepentirse y si no se arrepiente, entonces Él va a arrojarla a ella y a sus hijos en una cama de profunda angustia. Y cuando leí esa escritura fue como si el temor del Señor cayera sobre mí. Y no solo era el temor del Señor sino el amor y la gracia de Dios porque sabía que Él me había estado dando una y otra vez oportunidades para arrepentirme”.

Página web cristiana que lucha contra la adicción y la difusión de la pornografía

Página web cristiana que lucha contra la adicción y la difusión de la pornografía

Una vida renovada

Poco después de este viaje a Las Vegas, Brittni dejó definitivamente la industria del sexo, se enamoró, vivió en castidad su noviazgo y finalmente se casó. Con su marido dirige una asociación para ayudar a adultos jóvenes a salir del mundo de la adicción al porno y ayuda en lo que puede a otras actrices y actores que quieren dejar este mundo.

Ella ha señalado en la entrevista que los cristianos y las iglesias deberían luchar cada vez más por abrazar a aquellos que han vivido vidas ‘duras’ como ella: “La Biblia es clara cuando dice que la bondad de Dios lleva a las personas al arrepentimiento”, dijo.

“Así que tenemos que ser los primeros en mostrar el amor de Dios y mostrar su bondad. Pero para comprender verdaderamente el amor y la gracia que Dios tiene para las personas que están quebrantadas, debes estar en su presencia todos los días. Porque si no estás pasando tiempo en la presencia de Dios, entonces no estás sintiendo su amor por ti mismo y si no has sentido completamente su amor por ti mismo, ¿cómo puedes entregar su amor a aquellos que lo necesitan?”, se preguntó la exactriz. La oración es fundamental por todos los que están en la industria de la pornografía.

Ella continuó: “Jesús murió en la cruz por todos. Por todos los que tienen un pasado como el mío. Por las personas que son prostitutas, drogadictos, todos los últimos, por el hecho de que Él estaba dispuesto a dar su vida por esas personas, necesitamos ser las primeras personas en expresar su amor y no arrinconarlos. Son dignos del amor de Dios”.

jueves, 16 de diciembre de 2021

Billie Eilish, ídolo de adolescentes, empezó a ver porno a los 11 años: «Me destrozó el cerebro 16122021

 

Billie Eilish, ídolo de adolescentes, empezó a ver porno a los 11 años: «Me destrozó el cerebro»

Billie Eilish
Billie Eilish consiguió en 2020 ser la cantante más joven en conseguir los cuatro premios Grammy más importantes

ReL

Billie Eilish es un auténtico fenómeno musical para los adolescentes de todo el mundo, y aún sin cumplir los 20 años ya ha ganado siete premios Grammy. Sin embargo, en una entrevista que ha dado la vuelta al mundo ha realizado una confesión que muestra un grave problema que está yendo a más.

En este sentido, Eilish afirmó que empezó a ver pornografía a los 11 años, le generó adicción y asegura que le destrozó el cerebro hasta tal punto que la dejó “tremendamente destrozada”. A ello, se unen las consecuencias que tuvo en ella al empezar a salir con chicos, pues creía que lo que había visto con el porno debía ser lo normal.

Precisamente, lo afirmado por esta cantante coincide completamente con los datos que los expertos manejan sobre la edad de inicio de consumo de pornografía. Dale una Vuelta, asociación formada por psicólogos y otros profesionales especializados en cuestiones de sexualidad, informa que es justamente a los 11 años la edad con la que comienza el consumo de este contenido. Y además esta edad suele coincidir con la tenencia del primer teléfono móvil.

Según estas estadísticas, el 93% de los adultos jóvenes han consumido pornografía en la adolescencia, mientras que el porcentaje es del 62% entre las mujeres.

"El porno es una vergüenza"

Eilish afirmaba en dicha entrevista en The Howard Stern Show que “el porno es una vergüenza. Solía ver mucho porno, para ser honesta. Empecé a verlo cuando tenía como 11 años”.

Sobre esta experiencia, la artista recalcaba que el visionado de tanta pornografía “realmente destruyó mi cerebro”. “Me siento increíblemente devastada por haber estado expuesta a tanta pornografía”. Además, confesó que ha sufrido pesadillas debido a que el contenido que veía era violento y abusivo.

Otro aspecto importante que trasciende de esta entrevista son la educación y hábitos sexuales que se están adquiriendo entre los jóvenes debido al consumo generalizado de pornografía. “No me negué a hacer cosas que no eran buenas las primeras veces que tuve sexo. Y fue porque pensé que eso era lo que se suponía que me debía gustar”, comentaba esta cantante.

sábado, 6 de junio de 2020

Robos, droga, sexo… pero «El Señor de los Anillos» y un buen amigo le llevaron de Lucifer a Dios 05062020

Con 8 años se escapó de casa, la escuela de la calle le enseñó de todo y ya no controlaba su vida

Robos, droga, sexo… pero «El Señor de los Anillos» y un buen amigo le llevaron de Lucifer a Dios


Manuel Vicente Ramínez
Manuel Vicente Ramínez
Manuel Vicente nació en una familia de muchos hijos: “De pequeño pasé muchas horas en la calle, ya que mamá, aun dejándose la vida… no podía con todos”. La escuela de la calle le llevó a sufrir la crueldad de otros niños y después, siendo aún muy joven todavía, al robo, a la violencia, a la pornografía, al alcohol y las drogas… Un día su madre le invitó a una charla sobre El Señor de los anillos, allí comprendió quién era Lucifer. Después, un amigo le invitó a una charla: “Allí estaba Jesucristo esperándome, en cuánto lo vi, en ningún momento dudé que era Él. Sentí un amor tan grande que todas las noches de ese mes, lloraba en mi habitación de rodillas lamentando que antes no estuviera con Él. Él me curó, y esto es real, porque el pecado iba perdiendo poder. Había vuelto a nacer”. Esta es su historia narrada directamente por él mismo y que recoge la web Camino Católico.
El testimonio de Manuel Vicente
Hoy amo la vida, la lectura, la naturaleza y la poesía, pero no siempre fue así. Siendo el quinto de ocho hermanos, uno crece preguntándose qué pinta en medio de tanta gente, cosa que ahora entiendo, afectó sustancialmente a mi desarrollo afectivo-emocional.
De familia humilde, cristiana, de casa pequeña y pocas manos para tanto mono. De pequeño pasé muchas horas en la calle, ya que mamá, aun dejándose la vida… no podía con todos, y esto hizo tal vez que yo viera cosas que cualquier niño normal ve bastante más adelante.
Recuerdo que algunos niños fueron crueles. Pronto empecé a robar y pronto también a consumir pornografía, me atormentaba ir a la iglesia y alguna vez me escapé de casa (con 8 años se pensaron que me habían secuestrado en la feria y mis padres movieron cielo y tierra para encontrarme).
A partir de los 12 años la cosa se truncaba un poco más, cuando ya asomaba mis puños por el mundillo del ‘hooliganismo’. Pronto probé el alcohol, el tabaco, la marihuana, y más adelante, la cocaína (en ese orden).
Así fui creciendo bajo la careta de niño bueno, con muchos engaños emocionales y unas aspiraciones que, poco a poco, me iban destruyendo. Me atraía el mundo de la noche, hasta el punto que ya controlaba mi conducta. Nunca me conformé con ese puntillo, siempre me tiré de cabeza al río.
Este fallo de dominio, también me afectaba en el tema sexual, ya que no podía pasar un fin de semana sin acostarme con alguna chicaUtilizaba mi cuerpo, y yo las utilizaba. Les hacía daño a ellas, y también a mí. Era como si de algún modo ‘esto’ fuera lo que había que hacer en cada salida, aun sabiendo el vacío que luego quedaba.
Beber hasta no poder más, fumar si era posible, y después íbamos más allá. Alguna vez me pregunté por qué no podía parar.
A los 17 años sufrí una dura detención. Entre tanto y cuánto un desamor, la muerte de mis abuelos, la enfermedad de mi madre y muchas preguntas sin resolver.
Manuel Vicente, en su carrera de joven violento, llegó a ser detenido en un partido de fútbol
Quise también tener fama, y mala fama me gané. En el ejército conocí la soledad, y todo el sueldo lo empleaba en mi placer. No descansaba mucho, y algunos días empalmaba con el cuartel. Esta pérdida del dominio parecía cada vez mayor, y cada vez abarcaba más ámbitos de mi vida, hasta que volví a preguntarme qué o quién era eso que me controlaba, pero aún seguía sin encontrar respuesta.
Algunas noches de desaliento y lejos de casa, me agarraba a un rosario sin saber por qué. Parecía esto algo que yo tampoco controlaba, pues toda mi vida remaba en la otra dirección. Este rosario me lo trajeron mis padres ese verano, de Jerusalén.
Durante algún tiempo más, mi vida siguió rumbo a la deriva, intentando ser feliz una y otra vez. Buscaba con todas mis fuerzas, pero no conseguía florecer. “Lo intenté con la bebida, lo intenté con el placer, lo intenté con la violencia, y con el dinero también.”
Un día mi madre me invitó a un teatro, o eso quise yo entender. Resulta que era la presentación de un libro, y yo de resaca lo fui a ver. Este libro hablaba sobre ‘El señor de los anillos’, y sin saber cómo ni por qué, mi pregunta sobre la falta de dominio, fue resuelta por una vez. Ahí entendí quién era aquél que controlaba mi vida a su antojo, mientras yo me las daba de ‘rebelde’, haciendo siempre lo que quería en nombre de la libertad. Se llamaba Lucifer. Estaba esclavizado, y aun así, no sabía qué hacer. Ya sabía lo que había, pero no tenía fuerzas para tal monstruo repeler.
De pronto, un día me cruzo con un viejo amigo de la infancia, el mejor que tuve. Resulta que, hablando, después de algunos años parecimos conectar otra vez. Empezamos a estudiar juntos, y comprobé que mi vida, se contrastaba con la de él. Él tenía algo muy valioso, pero aún yo no sabía qué. Lo veía feliz y transparente, y me gustaba estar con él. Me miraba sin reproche, como al mismo mejor amigo de su infancia, sin importarle qué yo hacía o qué había hecho. Él tenía una especie de luz.
Un día le propuse tomar algo después de estudiar y me dijo que sí, pero que si no me importaba antes fuéramos a escuchar una charla de un tal ‘Juan’. Era un catequista, viejo conocido de mi infancia, el cual me sonaba en la distancia, pues llevaba ya muchos años liado con mis asuntos. Otro teatro, eso pensé. Esta vez ya sabía lo que había, y me sentí obligado a ceder. Ya no huía como cuando era pequeño, pues como todo ciego, yo también quería ver.
Recuerdo que llegamos al lugar de la charla y sentí mucha vergüenza, pues era muy orgulloso y no me sentía muy bien. Fue en un colegio a 100 metros de mi casa, en la misma acera, donde yo me encontré con ÉL. Allí estaba Jesucristo esperándome, en cuánto lo vi, en ningún momento dudé que era Él. Comprendí gran parte de mi vida, ya sabía por qué y también por quién. Sentí un amor tan grande que todas las noches de ese mes, lloraba en mi habitación de rodillas, lamentando que antes no estuviera con ÉL.
Luego sentí que debía volver a correr, cosa que me gustaba hacer de pequeño, y ahora entiendo que es una herramienta que Dios me ha dado para mantenerme lejos de mis debilidades, y en continua oración.
Algunos piensan que corro por placer, pero lo cierto es que esta es la única forma que tengo para cumplir la oración incesante que me pide San Pablo. Me encanta correr por esos caminos, y hasta me relaciono con la naturaleza. “El Señor soberano es mi fuerza, ÉL me da piernas de gacela y me hace caminar por las alturas”.
Desde entonces todo han sido regalos y milagros, podría escribir miles, pero lo más claro que te digo es… que hoy puedo brincar de alegría, reír con ganas y hasta llorar, bailar sin vergüenza, pisotear esa careta y mirar a la cara. Puedo estudiar, amar a mi familia, a mis amigos y a veces, cuando Él está conmigo, hasta a mis enemigos. Puedo ser útil, puedo ayudar a la gente que me rodea, puedo ir a trabajar con ánimo, puedo respetarme a mí y a las chicas, puedo disfrutar la vida…
¡Puedo ser feliz! Y tú también puedes, pero si me preguntas cómo, cuándo, dónde o por qué… Solo podré decirte que ¡todo se lo debo a Él, a Jesucristo!
Actualmente camino en una comunidad neocatecumenal, y estoy abierto a la voluntad de Dios.