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lunes, 5 de junio de 2023

Munilla y Chesterton, «fuego de la verdad» para la batalla cultural: de lo woke al sínodo alemán 05062023

 Inicio / Polémicas

¿Qué pensaría el escritor del globalismo o el animalismo? El obispo sugiere cientos de reflexiones

Munilla y Chesterton, «fuego de la verdad» para la batalla cultural: de lo woke al sínodo alemán

El obispo Munilla y Chesterton.
En "El Fuego de la Verdad" (Nueva Eva), el obispo José Ignacio Munilla desglosa temáticamente decenas de sentencias y citas de Chesterton en torno a "la batalla cultural del siglo XXI".

José María Carrera

Si viviese, ¿qué diría Chesterton sobre el movimiento woke, la cancelación, los obispos alemanes o el globalismo? ¿Libraría la batalla cultural? En una de sus famosas frases afirmó que su vida consistió "en hacer bromas malas y verlas convertidas en profecías" y a más de 80 años de su muerte, sus "bromas" siguen siendo vigentes y proféticas para muchos. Entre ellos, para el obispo Munilla.

Aventurar -o rescatar- la postura de Chesterton sobre los temas más candentes del presente o por qué sigue siendo "tan actual en la batalla cultural del siglo XXI" son algunas de las preguntas que han llevado a Munilla a publicar El Fuego de la Verdad (Nueva Eva). Se trata de una recopilación de reflexiones personales en torno a las sentencias del escritor ordenadas temáticamente con un objetivo: "Destacar sus pensamientos, mostrar como son tan actuales en el mundo, discernir sobre la batalla cultural de nuestro tiempo y a ver la raíz última de esta crisis que vivimos".

Batalla cultural

Aunque sin mencionarla, las reflexiones de Chesterton son todo un prólogo de la batalla cultural. Al final, escribió en 1908, "no importará si luchamos con cañas o con lanzas. Solo nos importará, muchísimo, en qué bando luchamos". Para Chesterton, escribe Munilla, la batalla cultural también es "espiritual" y refleja "el combate entre el dragón rojo y la mujer vestida de sol". Muestra de ello es otra máxima escrita en1909, en la que afirma que "uno combate en nombre de Dios cuando lo hace en nombre de la imagen de Dios, que es el hombre". "En la medida en que defendamos la dignidad del ser humano, la ley natural y el bien común, estaremos combatiendo en nombre de Dios. Defender la verdad y la justicia es defender a Dios", explica el obispo.

Ideología de la cancelación

Como parte de la batalla cultural, la cancelación también tiene ecos en la obra de Chesterton y responde nuevamente a los ataques contra "el alma cristiana" de la cultura occidental. En base a la frase chestertoniana de que "no se puede ser excéntrico sin que haya un centro", Munilla concluye que "si podemos hablar de excentricidad es porque reconocemos que hay un corazón, un centro, un alma". Al perderla, dice el obispo, "nuestra cultura se ha quedado sin capacidad de interpretar la verdad de nuestra historia", cayendo "en la tentación de romper con el pasado". Es "el retrato de un suicidio" que se plasma, entre otros, en "los episodios que derriban las estatuas de Isabel la Católica, Fray Junípero Serra".

En torno a la cancelación, Munilla también encuentra un eco en Chesterton, cuando afirmó que "patéticamente, los patriotas suelen ir por detrás de su época, acostumbrados a vigilar a sus viejos enemigos, no a los nuevos". "Lo que ocurre hoy con las tecnologías al servicio de la cancelación son nuevos enemigos a los que conviene vigilar", advierte el obispo.

El Fuego de la Verdad, del obispo Munilla.

Consigue aquí "El Fuego de la Verdad. Munilla comenta a Chesterton", editado por Nueva Eva. 

Globalismo

Cuando en 1922 Chesterton expresó que "ninguna nación muere salvo que se suicide", quedaban aún muy lejos temas hoy tan mediáticos como el globalismo o el mundialismo. Sin embargo, son un claro exponente de la "deriva autodestructiva" que se da en muchos países del mundo.

Así, aunque Munilla reconoce en el patriotismo "una virtud" cristiana de la que habla el mismo Santo Tomás de Aquino, observa que "se ha debilitado" con motivo del "individualismo y el globalismo". "Ahora mismo en España estamos en peligro de suicidio nacional. Lo peor que puede suceder es que una nación no se quiera y no se reconozca. Entre el individualismo, el globalismo y la ruptura con nuestras raíces, nos hemos instalado en una deriva completamente audotestructiva", comenta el obispo.

Camino Sinodal alemán y mundanización de la Iglesia

Entre problemas y polémicas "no tan nuevos", Munilla encuentra no pocas citas de Chesterton que aluden a la mundanización de la Iglesia, como esta de 1933: "No queremos una Iglesia que, como los periódicos dicen, se mueva con el mundo. Queremos una Iglesia que mueva el mundo". Una máxima en la que Munilla encuentra similitudes con "la crisis del sínodo alemán": "Quiero una Iglesia que cristianice el mundo, no que mundanice el cristianismo. Es una catástrofe que confundamos reforma de la Iglesia con mundanización de la Iglesia. Para eso ya tengo el mundo", observa el obispo.

Abusos en la Iglesia

En estrecha relación con las reformas del Camino Sinodal alemán se encuentra el pretexto de abordar con ellas los abusos cometidos por miembros de la Iglesia. La sentencia escogida por Munilla para refutar esta cuestión afirma que "la peor tentación para la mayoría de jóvenes paganos no es tanto denunciar a los monjes por haber roto sus votos como escandalizarse porque los guarden".

Precisamente por guardar sus votos en contra de la tendencia dominante, agrega Munilla, los monjes "escandalizan al mundo": "El `escándalo´ aparente que se produce cuando alguno falta a sus votos lo que oculta es el escándalo -todavía mayor- que provoca el hecho de que existan personas que abracen dichos votos como estado de vida. El mayor escándalo para nuestro mundo es que haya personas que opten por la fidelidad y la perseverancia".

Comer animales malo, matar niños bueno

Otra doctrina cada vez más presente en las calles, escuelas, hogares y supermercados es la del animalismo, de la que Chesterton también previno en Los usos de la diversidad (1920) al afirmar que "allí donde hay adoración del animal hay también sacrificios humanos".

Esta sentencia, "sostenida por la experiencia histórica" según el periodista británico se muestra con toda su crudeza cien años después, "tratando a los animales como si fuesen personas y sacrificando a seres humanos. Y encima decimos que es un derecho sacrificarlos cuando no encajan en nuestros planes, cuando no son `deseados´", comenta el obispo.

domingo, 25 de diciembre de 2022

Chesterton: sentido y espíritu navideños 24122022

 

Chesterton: sentido y espíritu navideños

Chesterton y su frase sobre la Navidad.
Una frase célebre de Gilbert Keith Chesterton: 'La Navidad se construye sobre una hermosa paradoja llena de intencionalidad: que el nacimiento de alguien sin casa para nacer se celebre en todos y cada uno de los hogares'.

por Emilio Domínguez Díaz

 Opinión 

Hoy me he dado una vuelta por el pasado, por los orígenes, para cumplir con la visita anual a una familia feliz alejada del materialismo, las compras y el ajetreo de nuestros días. Y al hacerlo, he vuelto a recobrar aquel genuino sentido, a revivir el auténtico espíritu navideño, ese que huye del "¡Felices fiestas!" o de la festividad invernal de un almanaque cuya última hoja está a punto de ser arrancada y, con ella, llevarse todo lo que significaron trescientos sesenta y cinco días previos.

Y en ese sempiterno recuerdo que siempre sobrevuela mi pensamiento por estas fechas, me he acordado de Chesterton, su ensayo histórico El hombre eterno sobre la humanidad, Cristo y el cristianismo y el poder que, por ejemplo, el término "Belén" lleva ejerciendo en nosotros desde hace más de dos mil años.

Para el escritor británico, la Navidad hace que indudablemente sintamos "algo que nos sorprende desde atrás, de la parte oculta e íntima de nuestro ser, un momentáneo debilitamiento que, de una forma extraña, se convierte en fortalecimiento y descanso". Y en esa descripción aparentemente referida a elementos antagónicos, debilidad y fortaleza, hallamos el poder narrativo de mano de, como el de aquel nacimiento, la paradoja. Ahí, Chesterton fue maestro de maestros.

De hecho, una de sus citas más conocidas alude a un deliberado y premeditado contraste cuando afirma que "la Navidad se construye sobre una hermosa paradoja llena de intencionalidad: que el nacimiento de alguien sin casa para nacer se celebre en todos y cada uno de los hogares". Razón no le faltaba al polifacético escritor británico, como bien podemos contemplar en nuestra cruda realidad.

Triste y paradójicamente, sufrimos un progresivo proceso atrófico respecto a la grandeza de hechos como el acontecido en un humilde pesebre durante aquel alumbramiento. Es decir, el paso del tiempo, de decenas de siglos, no nos ha servido para, como individuos, transformarnos en algo objetivamente mejor. La involución es latente, sin la imperiosa necesidad de su manifestación o exteriorización. Por desgracia, existen demasiados detractores, distracciones o argumentos que insistentemente pujan por convertirse en arietes de la tradición y acervo cultural de los que pretenden defender su particular blocao espiritual sin la cobertura de virtudes y valores de antaño. Complejos y tibieza han desequilibrado la balanza de manera diabólica gracias al masivo ataque de numerosas muestras encaminadas a causar estragos con una adulterada versión actual de relaciones interpersonales caracterizadas por la perversa presencia de pragmatismo y superficialidad, fracción y discordia, desafecto y desapego, pesimismo y desesperanza.

Y es el sentido tradicional y religioso de la Navidad, la razón de venir al mundo en Nochebuena, lo que debería retirar la venda de esos ojos actuales cegados por las múltiples y variadas lacras que nos impiden contemplar la realidad de nuestro entorno.

Hoy, en este tenebroso mundo, un sumiso y estigmatizado Occidente a duras penas es capaz de ofrecer una raquítica resistencia frente a un presente lleno de estériles postulados, síntomas de ruptura, decisiones irracionales y el descrédito hacia sentimientos como el de la pureza de un espíritu navideño de paz y amor que proporciona la luz de una vida, la del recién nacido. Hoy, entre tantas tinieblas de exclusión, carestía, penurias, restricciones y privaciones, ¿qué más se puede pedir de la rememoración de aquel nacimiento?

Si en la primera Navidad, la figura de Herodes se erigió en la sublime representación del Mal con la matanza de tantos inocentes, los disfraces de aquel rey abundan siglos después y, por complejo que pudiera resultar en este mundo de antagonismos, sólo la alianza con la alegría, la humildad y la gratitud por ser hijos de Dios puede conducirnos a la victoria para, al menos, disfrutar de esta Santa Navidad en igualdad de condiciones sin temor a la derrota y el silencio de las catacumbas.

jueves, 9 de diciembre de 2021

El color de España (Chesterton) 09122021

 

El color de España

G.K. Chesterton.
Gilbert Keith Chesterton (1874-1936) comprendió que la aversión a España entre los progres de su tiempo tenía una raíz espiritual.

por Juan Manuel de Prada

 Opinión 

Leo en estos días una magnífica recopilación de G. K. Chesterton titulada El color de España, publicada por Espuela de Plata, uno de los sellos de mi bienamada Editorial Renacimiento, que se ha embarcado en la misión benemérita de rescatar la obra de aquel gordo genial. En El color de España se congrega un ramillete de artículos en los que volvemos a paladear al Chesterton más genuino, siempre dispuesto a combatir todas las falsas filosofías que se presentan a los ojos de sus contemporáneos con el engolosinador marchamo de ‘progresistas’. En Chesterton es constante el esfuerzo por mostrar al lector que toda filosofía que carece de tesis es puro diletantismo, o un mero intento de arrojar al hombre hacia el caos; y también es constante el empeño por demostrar que la recuperación de la tradición no es, como pretende el moderno, la vuelta a un pasado de oscurantismo y barbarie, sino el único modo de aclarar nuestro futuro.

Chesterton insistió mucho en esta cuestión: para salvarse, al hombre no le bastará con bajarse del tren del progreso que trata de moldear su alma, sino que tendrá que desandar parte del camino, hasta llegar a la encrucijada donde tomó el camino errado. Esa fortaleza para desandar el camino errado la halló Chesterton en la tradición, que le mostró el modo de iluminar el futuro con una luz traída del pasado. Pretender que el pasado sea un páramo de barbarie, como pretende la modernidad, es una falacia semejante a la del hombre «que dijera al amanecer que si estaba más oscuro cuatro horas antes tendría que estar todavía más oscuro catorce horas antes», ignorando que esas catorce horas lo devolverían al día anterior, en el que lució un sol radiante. Chesterton sabe que las modas son una falsificación de la costumbre; y se enfrenta a las filosofías falsas que triunfaban en su época (versiones medrosas y germinales de las que hoy campean) con la certeza de que los hombres terminarían abjurando de ellas, porque cuando los hombres han hecho cosas realmente dignas han deseado siempre que perduren. Y, para que algo perdure, tiene que afianzar al hombre en la búsqueda de sentido, no arrojarlo al extravío y el desconcierto, como hacen siempre las filosofías falsas.

Claro que, para desmontar el trampantojo de las filosofías falsas, Chesterton sabe que los hombres tienen que recuperar antes su capacidad para espantarse de las monstruosidades morales. «La gente sencilla no siente horror por las monstruosidades físicas, así como la gente culta no lo siente por las monstruosidades morales». Tal vez la simpatía que Chesterton muestra en este libro hacia los españoles (y, según el propio autor nos aclara, ‘simpatía’ significa sufrir con el otro, no sólo lamentar su sufrimiento, como hace la filantropía) tenga mucho que ver, precisamente, con su simpatía hacia la gente sencilla que todavía siente horror ante las monstruosidades morales. Ese tipo de español sencillo que Chesterton encontró tan admirable podía vestir de negro, pero poseía una alegría mayor que la de ningún hombre culto, porque sabía mezclar las diversiones y los misterios religiosos de una forma chocante «para aquellas personas que no creen en los misterios religiosos» (y tampoco en la auténtica diversión, nos atreveríamos a añadir). Chesterton descubre que los españoles, tan devotos de las corridas de toros, se muestran sin embargo bondadosos con los niños; afirmación que no podría decirse de la España de hogaño, tan civilizadamente animalista, pero terriblemente cruel con los niños (a los que aniquila cuando apenas son una semilla y pervierte antes de que florezcan).

A Chesterton no se le escapa que la aversión que provoca España entre sus compatriotas no es más que una expresión del «odio sincero y salvaje que sienten muchos europeos por la religión de su propio pasado europeo», un fenómeno que no se ha dado en ninguna otra época ante el ocaso de ninguna otra religión. Los paganos se tornaron cada vez más indiferentes ante su religión declinante, pero jamás se revolvieron contra sus reliquias. Si hoy los europeos se empeñan con tanto encono furibundo en arrancar los vestigios cristianos es porque saben que la religión de Cristo nunca podrá ser una reliquia. Y ese mismo odio furibundo fue el que nos dedicaron a los españoles, cuando aún conservábamos aquel color restallante de la fe, que tanto nos hacía desentonar entre todos los europeos. Como afirma Chesterton en otro pasaje de esta suculenta recopilación: «Hemos perdido nuestros instintos nacionales porque hemos perdido la idea de aquel cristianismo que dio origen a las naciones. Y, al liberarnos del cristianismo, nos hemos liberado de la libertad. Ahora no podemos volver a un humorismo meramente pagano, pues el nuevo paganismo es cualquier cosa menos humorístico».

Publicado en XL Semanal.

jueves, 23 de agosto de 2018

¿Chesterton, santo? Objeciones y cómo las responden Pearce, Ahlquist y Dawn Eden, judía conversa 19082018

Un ex párroco de Beaconsfield, donde vivió, a punto de culminar el informe para abrir o no la causa

¿Chesterton, santo? Objeciones y cómo las responden Pearce, Ahlquist y Dawn Eden, judía conversa

El elevado número de personas que han encontrado la fe a través de las obras de Chesterton es uno de los grandes argumentos de los partidarios de su canonización.
El elevado número de personas que han encontrado la fe a través de las obras de Chesterton es uno de los grandes argumentos de los partidarios de su canonización.
Hace cinco años, el obispo de Northampton (Inglaterra), Peter Doyle, designó al canónigo John Udris como responsable de la investigación a nivel diocesano para determinar si procede iniciar el proceso de beatificación de Gilbert Keith Chesterton (1874-1936). Udris, quien ha sido párroco de Beaconsfield -donde Chesterton vivió sus últimos 25 años en compañía de su esposa Francis-, enviará sus conclusiones en pocas semanas.
Todo apunta a que serán positivas, a tenor de su propia conferencia sobre Chesterton, el pasado 14 de junio, en el Centro para la Formación Católica de la archidiócesis de Southwark, en el entorno de Londres.
Para finalizarla, Udris leyó (minuto 43:52) una carta dirigida por Robert Barron, obispo auxiliar de Los Ángeles, a monseñor Doyle, en la que destaca, entre las virtudes de Chesterton, su eficiencia evangelizadora y su alegre expresión de la ortodoxia. Barron añade que ha acudido reiteradamente a su intercesión a lo largo de los años en favor de su ministerio audiovisual y en la red de evangelización de la cultura, Word on Fire. Y se posiciona en el asunto: "Estoy convencido", afirma monseñor Barron, "de que G.K. Chesterton es un santo y debería ser reconocido como tal formalmente" y de que éste es "el momento adecuado" para abrir la causa. "Él no necesita el título [de santo]", añade, "pero nosotros sí".
Algunas objeciones
¿Qué obstáculos podría encontrar esta causa de beatificación?
En una entrevista concedida a ReL precisamente al abrirse la investigación, Joseph Pearcebiógrafo de Chesterton, converso gracias a él y también partidario de su elevación de los altares, deshacía una posible objeción: la posible falta de caridad de Gilbert Keith como polemista. Es más, la convertía en argumento a su favor: "Discutió con muchos, pero no se peleó con ninguno. De hecho, uno de los mejores argumentos de que Chesterton merece la beatificación es la forma en que luchó contra los enemigos de la Iglesia sin convertirlos en sus enemigos. Su vida demuestra que logró obedecer el más duro de los mandamientos de Cristo, amar a nuestros enemigos... Dos de sus mayores adversarios, George Bernard ShawH.G. Wells, amaron tiernamente a Chesterton, aunque él atacaba las ideas que ellos defendían destempladamente. Es un verdadero signo de la santidad de Chesterton".
Pero realmente no es eso lo que se ha investigado durante el último lustro, pues el análisis de la vida y obra de un candidato a la beatificación es el objeto posterior propio de la causa propiamente dicha. Lo que Udris ha estudiado es la fama de santidad de Chesterton, esto es, qué se pensaba de él a su muerte que pueda justificar dar un paso adelante. Si sus contemporáneos no le tenían, de alguna manera, por un santo, difícilmente puede pedirse que lo consideren así generaciones posteriores.
Ausencia de culto
En este sentido, Udris es claro, según recoge National Catholic Register en un artículo que analiza estas objeciones: "Un aspecto inusual en esta potencial causa es una clara ausencia de culto local". Admiradores devotos de su literatura y seguidores absolutos de su apologética había muchísimos. Pero personas que le tributasen a su muerte un culto privado como intercesor no se conocen. En cualquier caso, dice Udris, "algo similar podía decirse de [John Henry] Newman hasta hace relativamente poco", y algo "ciertamente está cambiando" con Chesterton. Monseñor Barron, al menos, ya ha afirmado públicamente que le ha confiado su actividad pastoral en los medios.
El culto podría incluso ser más extra-local que local. Udris recuerda que, durante sus años de párroco en Beaconsfield, quienes venían a su despacho a preguntar por la casa donde vivió Chesterton o por su tumba tenían un acento invariablemente norteamericano. Y, ahí sí, un sacerdote estadounidense le dijo una vez que su tumba sería alguna vez "un templo sagrado".
Antisemitismo
Hay otra objeción, que plantea por ejemplo Melanie McDonagh en un artículo de junio en The Daily Telegraph. Lo titula afirmando que Chesterton era "un genio literario, pero no un santo", y la razón es que sería "antisemita": "Consideraba que los judíos eran fundamentalmente no ingleses, porque para ellos el judaísmo contaba más que el país en el que viven", y sugería (lo cual "pone los pelos de punta", dice Melanie) que "los judíos en público debían llevar vestiduras orientales".
Udris reconoce que Chesterton tuvo que defenderse toda su vida de esa acusación de antisemitismo, y que algunas de sus palabras "nos suenan ofensivas" y habrán de examinarse a fondo en la causa: "Pero cuanto más leo a Chesterton", añade, "más veo que no tuvo nunca nada que ver con el odio, salvo el odio a las ideas, y que evitó a cualquiera que abrigase odio étnico. Más aún, procuró defender con su pluma a las víctimas de esas ideas".
Una escritora judía como Dawn Eden Goldstein, conversa al catolicismo, apoya su beatificación: "Fue un gran testigo de la fe, así que no tengo objeción a que se abra la causa" para que sea en ella donde se sustancie el alcance de este tipo de obstáculos en cuanto a la afirmación de sus virtudes heroicas. Por lo que respecta a ella, reconoce la influencia de Chesterton en su evolución intelectual y moral: "Su novela El hombre que fue Juevesencendió la mecha de mi conversión. Su poderoso abordaje del sufrimiento me abrió la comprensión sobre la fe cristiana".
Dawn Eden Goldstein, durante una entrevista en la Fox News. Judía, defensora y practicante de la libertad sexual absoluta, se convirtió al catolicismo, entre otros factores, por la lectura de Chesterton, y hoy es una gran propagandista de la virtud de la castidad.
Y concluye: "Si es declarado santo, será porque Dios quiere que los fieles veamos en él un modelo y pidamos su intercesión. Si no, la belleza y la sabiduría de los mejores escritos de Chesterton seguirán siendo importantes para la Iglesia".
¿Perjudicaría a Chesterton ser "San Chesterton"?
Por último, hay una objeción que no tiene calado teológico, pero sí práctico. Una eventual canonización de Chesterton, ¿no alejaría de su lectura a muchas personas con prejuicios anticatólicos, esto es, precisamente las más necesitadas de su lectura y que le leen y le aprecian? (Un ejemplo entre muchos, el de Fernando Savater, un filósofo ateo y laicista que le elogió en diciembre pasado en un artículo publicado en El País.)
Pearce no lo cree así, según explica al National Catholic Register: "Los lectores no católicos de Chesterton ya son conscientes de su vibrante catolicismo. Por el contrario, es probable que muchos católicos que no han leído a Chesterton lo hagan si se abre su causa de beatificación".
Dale Ahlquist, presidente de la American Chesterton Society, también es consciente de que la beatificación puede ser un signo de contradicción. En primer lugar, "algunos piensan que la beatificación, de alguna forma, empequeñecerá a Chesterton, le hará 'propiedad' de la Iglesia católica". Luego están quienes "no saben nada sobre Chesterton, pero se las arreglan para malinterpretarle. Le pintan como un hombre injusto, un intolerante, un bebedor, un glotón. Y usarán su propia incomprensión [sobre Chesterton] para atacar a la Iglesia católica. Ya están alejados, pero ellos mismos se alejarán más". Y, por último, "están quienes tienen una idea muy estrecha de lo que es la santidad, y se alejarán porque Chesterton rompe el molde".
Dale Ahlquist (izquierda) y Joseph Pearce (derecha), dos firmes defensores de la apertura de la causa de beatificación de Chesterton, maestro común. Foto: Primera Celebración Anual Tolkien & Lewis, 17 de septiembre de 2016, Aquinas College.
Frente a todas esas incomprensiones, Ahlquist ofrece su propio testimonio: "Chesterton me trajo a la Iglesia católica. He escrito cinco libros sobre Chesterton. Pero lo fundamental es que se convirtió en un amigo permanente, una gozosa presencia diaria en mi vida. Me inspira para ser más paciente con mis enemigos, más humilde, más caritativo. Su elocuencia es un gran placer; su humor, un gran estímulo; y su certidumbre, una gran tranquilidad".
Pincha aquí para leer el artículo completo en National Catholic Register.