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domingo, 31 de diciembre de 2017

Ángelus: Los padres son los guardianes de la vida de los niños, no los propietarios 31122017

Ángelus: Los padres son los guardianes de la vida de los niños, no los propietarios

“Solo Dios es el Señor de la historia individual y familiar”
Ángelus del 31/12/2017 © Vatican Media
Ángelus Del 31/12/2017 © Vatican Media

(ZENIT – 31 dic. 2017).- “Todos los padres son los guardianes de la vida de los niños, no son los propietarios” porque “solo Dios es el Señor de la historia individual y familiar; todo nos viene de Él” ha afirmado el Papa Francisco en el Ángelus del 31 de diciembre de 2017, domingo de la Sagrada Familia.
Para el último Ángelus del año civil, que ha celebrado en la Plaza San Pedro en presencia de unas 30.000 personas, el Papa ha llamado a cada familia a “reconocer esta primacía” de Dios y educar a los niños “a abrirse a Dios que es la fuente misma de la vida”.
“Jesús, ha subrayado, ha venido para derribar las falsas imágenes que tenemos de Dios y también de nosotros mismos; para “contradecir” las seguridades mundanas….para hacernos “renacer” a un camino humano y cristiano auténtico, basado en los valores del Evangelio. No hay situación familiar que sea excluida de este nuevo camino…. Cada vez que las familias, incluso las que son heridas y marcadas por debilidades, fracasos y dificultades regresen a la fuente de la experiencia cristiana, se abren nuevos caminos y posibilidades impensables”.
Esta es nuestra traducción de las palabras que el Papa Francisco ha pronunciado antes de la oración mariana.
A.K
Palabras del Papa Francisco
¡Queridos hermanos y hermanas, buenos días!
En este primer domingo después de la Navidad, celebramos la Sagrada Familia de Nazaret, y el Evangelio nos invita a reflexionar sobre la experiencia vivida por María, José y Jesús, mientras crecen juntos como familia en el amor recíproco y en la confianza en Dios. El rito cumplido por María y José con la ofrenda de su hijo Jesús a Dios es la expresión de esta confianza, el Evangelio dice: “llevaron al niño a Jerusalén para presentarlo al Señor” (Luc. 2,22) como mandaba la ley de Moisés. Los padres de Jesús van al templo para atestiguar que el hijo pertenece a Dios y que ellos son los guardianes de su vida y no sus propietarios. Y esto nos hace reflexionar. Todos los padres son guardianes de la vida del hijo, no propietarios, y deben ayudarlos a crecer y a madurar.
Este gesto subraya que solo Dios es el Señor de la historia individual y familiar; todo nos viene de Él. Cada familia está llamada a reconocer esta primacía, protegiendo y educando a los hijos para abrirse a Dios que es la fuente misma de la vida. El secreto de la juventud interior se encuentra ahí, como da testimonio de ello en el Evangelio una pareja de ancianos, Simeón y Ana. El viejo Simeón, en particular, inspirado por el Espíritu Santo, dice a propósito del niño Jesús: “He aquí que este niño ha sido puesto para que muchos en Israel caigan y se levanten y será como signo de contradicción para que se ponga de manifiesto los pensamientos de muchos corazones (vv. 34-35).
Estas palabras proféticas revelan que Jesús ha venido para hacer caer las falsas imágenes que nos hacemos de Dios incluso de nosotros mismos; para “contradecir” las seguridades mundanas sobre las cuales pretendemos apoyarnos para hacernos renacer a un camino humano y cristiano auténtico, fundado sobre los valores del Evangelio. No hay situación familiar que esté excluida de este nuevo camino de renacimiento y resurrección. Cada vez que las familias, incluso las que están heridas y marcadas por fragilidades, de fracasos y debilidades, vuelven a la fuente de la experiencia cristiana, se abren a nuevos caminos y a  posibilidades impensables.
El relato del Evangelio del día relata que María y José, “cuando terminaron todo lo que prescribía la ley del Señor, regresaron a Galilea, a su ciudad de Nazaret”. El niño crecía  y se fortalecía, lleno de sabiduría, y la gracia de Dios estaba con él” (vv. 39-40)
Una de las grandes alegrías de la familia es el crecimiento de los niños. Están destinados a crecer y fortalecerse, a adquirir sabiduría y a recibir la gracia de Dios, como le sucedió a Jesús. Él es verdaderamente uno de nosotros: el Hijo de Dios se hace niño, acepta crecer, fortalecerse, está lleno de sabiduría y la gracia de Dios está sobre él. María y José tienen la alegría de ver todo esto en su hijo, y es la misión hacia la cual está orientada la familia: crear las condiciones favorables para el crecimiento armonioso y completo de los niños, para que puedan vivir una vida nueva, digna de Dios y constructiva para el mundo.
Y es el deseo que dirijo a todas las familias, acompañándolas con la invocación a María, Reina de la Familia.
© Traducción de ZENIT, Raquel Anillo

miércoles, 27 de diciembre de 2017

La Navidad de Jesús: el más grande gesto de amor de Dios. Catequesis del Papa 27122017

La Navidad de Jesús: el más grande gesto de amor de Dios. Catequesis del Papa

Jesús fue don de amor del Padre, y nosotros debemos ser don para los demás. Es ése el verdadero significado del intercambio de los dones en Navidad
Griselda Mutual - Ciudad del Vaticano
Servicio
En la semana del nacimiento del Señor Jesús, y más precisamente en la Solemnidad de san Juan, Apóstol y Evangelista, el Papa Francisco dedicó su catequesis semanal al significado de la Navidad.  
En primer lugar dirigió su mirada al pesebre y en particular a la liturgia de estos días, que nos hicieron volver a vivir el día del nacimiento de nuestro Salvador.
A partir de allí, y siempre con el corazón y la mente en el significado más profundo del nacimiento de Cristo, el Obispo de Roma reflexionó sobre una realidad de nuestros días, a saber, la “desnaturalización”, de la Navidad.
“Dedico la catequesis de hoy a reflexionar sobre el significado de la Navidad. En nuestros días, estamos asistiendo a una especie de «desnaturalización» de la Navidad. En nombre de un falso respeto ante quien no es cristiano, muchas veces se esconde la voluntad de marginar la fe, eliminando todo tipo de referencia al nacimiento de Jesús. Sin embargo, el verdadero sentido de estas fiestas se encuentra en Jesús, es Él quien da sentido a todo lo que celebramos”.
Sin Jesús no hay Navidad
Esta desnaturalización de la Navidad que, como observó el Papa, “se da particularmente en Europa”, “en nombre de un falso respeto que no es cristiano”, y que “a menudo esconde la voluntad de marginar la fe”,  hace por una parte que sí, sea una fiesta, “pero no es la Navidad”, porque no está en el centro Jesús. Si en el centro está Jesús –explicó Francisco- , también todo el contexto, a saber, las luces, los sonidos, las distintas tradiciones locales, incluidos los alimentos característicos, convergen para crear la atmósfera de la fiesta.
Si recibimos a Jesús nos convertimos en don para los demás
“Nosotros, como los pastores del Evangelio, estamos llamados a buscar la verdadera luz que es Jesús, que es el don de Dios a la humanidad que se encuentra inmersa en la oscuridad de la noche. Cuando acogemos a Jesús en nuestras vidas, nos convertimos en un don para los demás”.
En este mismo punto, en su catequesis en italiano, el Santo Padre profundizó en esa “luz que es Jesús”, describiendo y volviendo a repasar el sorprendente modo en que nuestro Salvador se muestra al mundo: “nace de una pobre joven desconocida, que lo da a la luz en un establo, con la única ayuda del marido. El mundo no se da cuenta de nada, pero los ángeles en el cielo – que saben de esto - exultan”.  Así es como Jesús se presenta también a nosotros, como el don de Dios para la humanidad. Y por este motivo -explicó Francisco - nosotros los cristianos nos intercambiamos regalos, porque el verdadero don para nosotros es Jesús y, como Él, queremos ser don para los demás.
La humanidad prefiere la oscuridad
Lamentando, con otras palabras, el hecho de que aun hoy, “a menudo la humanidad prefiere la oscuridad”, porque sabe “que la luz revelaría todas las acciones y pensamientos que harían enrojecer o remorder la conciencia”, el Santo Padre explicó el significado de acoger el don de Dios que es Jesús, que es “volverse cada día un don gratuito para quienes se encuentran en nuestro mismo camino”.
Su Santidad citó luego al gran pregonero de Jesucristo, san Pablo, en su carta a Tito, cuando escribe que la gracia salvífica de Dios se manifestó, «enseñándonos a renunciar a la impiedad y los deseos mundanos, para vivir en la vida presente con sobriedad, justicia y piedad», para subrayar que la encarnación de Cristo, nos ha abierto el camino de la vida nueva, que debe estar fundada no en el egoísmo, sino en el amor.
Con los pequeños Dios quiere construir un mundo nuevo
“Jesús viene a este mundo y los primeros destinatarios de su venida son los pequeños y despreciados, con los que establece una amistad que continúa en el tiempo. Con ellos, en cada momento, Dios desea construir un mundo nuevo en el que no haya más personas rechazadas, descartadas ni maltratadas”.
El Romano Pontífice destacó asimismo un aspecto importante de la Navidad, y es que en ella podemos ver cómo la historia humana es “visitada” por la historia de Dios: “Dios involucra a aquellos que, confinados a los márgenes de la sociedad, son los primeros destinatarios de su don”, dijo. Estas personas en el pesebre están representadas por los pastores de Belén: a ellos «se les apareció una gran luz» (Lc 2,9-12), que los condujo a Jesús; y “con ellos en todos los tiempos, Dios quiere construir un mundo nuevo, en el que no haya más personas rechazadas, maltratadas e indigentes”. “Ellos eran los emarginados, los mal vistos, los despreciados”. Y sin embargo, a ellos se les apareció primero Jesús.

En las últimas palabras que el Santo Padre pronunció en nuestro idioma hoy, animó a todos a abrir la mente y el corazón para acoger a Jesús que es el don de Dios para nosotros: “si lo acogemos también nosotros – dijo - podremos serlo para los demás, especialmente para los necesitados de atención y de ternura”. Así, añadió en italiano, Cristo vuelve a nacer una vez más en la vida de cada uno de nosotros, a través nuestro y continúa siendo don de salvación para los pequeños y para los excluidos.

lunes, 25 de diciembre de 2017

Bendición «Urbi et Orbi»: el Papa pide paz en Tierra Santa, diálogo en Venezuela y por los niños 25122017

Bendición «Urbi et Orbi»: el Papa pide paz en Tierra Santa, diálogo en Venezuela y por los niños

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25 diciembre 2017
Bendición «Urbi et Orbi»: el Papa pide paz en Tierra Santa, diálogo en Venezuela y por los niños
El Papa dirigió el mensaje al mundo desde la logia central de la basílica de San Pedro
"Que nuestros corazones no estén cerrados como las casas de Belén": fue la exhortación del Papa Francisco en su mensaje dirigido a la ciudad de Roma y al mundo, conocido como Urbi et Orbi recordando que “Jesús conoce bien el dolor de no ser acogido y la dificultad de no tener un lugar donde reclinar la cabeza” .
Desde el balcón central de la Basilica de San Pedro, Francisco se dirigió a  los numerosos peregrinos reunidos en una soleada plaza de San Pedro recordando que los primeros que vieron la “humilde gloria del Salvador” después de María y José fueron “los pastores de Belén” y recalcó que ellos “no se escandalizaron de su pobreza” sino que ellos, como María, confiaron en la palabra de Dios y contemplaron su gloria con mirada sencilla”.
Con esta premisa y ante un mundo azotado por vientos de guerra y degradación humana, el Papa aseveró que “la Navidad invita a recordar la señal del Niño” y a reconocerlo “en los rostros de los niños, especialmente de aquellos para los que como Jesús no hay sitio en la posada”.
Paz en Tierra Santa
El pensamiento del Papa fue entonces a los niños de Oriente Medio, que siguen sufriendo por el aumento de las tensiones entre israelíes y palestinos.



“En este día de fiesta, invoquemos al Señor pidiendo la paz para Jerusalén y para toda la Tierra Santa; recemos para que entre las partes implicadas prevalezca la voluntad de reanudar el diálogo y se pueda finalmente alcanzar una solución negociada, que permita la coexistencia pacífica de dos Estados dentro de unas fronteras acordadas entre ellos y reconocidas a nivel internacional”
El Santo Padre pidió también para que el Señor sostenga "el esfuerzo de todos aquellos miembros de la Comunidad internacional que, movidos de buena voluntad, desean ayudar a esa tierra martirizada a encontrar, a pesar de los graves obstáculos, la armonía, la justicia y la seguridad que anhelan desde hace tanto tiempo”.
Los niños sirios, de Irak y de toda África
“Vemos a Jesús en los rostros de los niños sirios marcados aún por la guerra”
 – subrayó el Papa -  “en los niños de Irak, que todavía sigue herido y dividido por las hostilidades que lo han golpeado en los últimos quince años”; “en los niños de Yemen, donde existe un conflicto olvidado” ; en los niños de África, “especialmente en los que sufren en Sudán del Sur, en Somalia, en Burundi, en la República Democrática del Congo, en la República Centroafricana y en Nigeria”.
Corea y Venezuela
En el pensamiento del Pontífice también la península coreana por la que invitó a rezar para que se superen los antagonismos; y  Venezuela, confiada al Niño Jesús “para que se pueda retomar un dialogo sereno entre los diversos compontes sociales”. Y también los niños que sufren la violencia del conflicto en Ucrania o los niños cuyos padres no tienen trabajo  o que están obligados a trabajar desde una edad temprana. “Vemos a Jesús en tantos niños obligados a abandonar sus países” - insistió el Papa - en cuyos ojos vemos el drama de tantos “emigrantes forzosos”. Sin olvidar a los niños encontrados en su último viaje a Myanmar y Bangladesh: “espero que la comunidad internacional – afirmó – no deje de trabajar para que se tutele adecuadamente la dignidad de las minorías que habitan en la Región”.
Acojamos en el Niño Jesús el amor de Dios hecho hombre por nosotros - pidió finalmente el Obispo de Roma - y esforcémonos, con su gracia, para hacer que nuestro mundo sea más humano, más digno para los niños de hoy y de mañana.

Noticia publicada originariamente en Vatican News

Ángelus: “Acoger el proyecto de Dios con humildad sincera y valiente generosidad” 24122017

Ángelus: “Acoger el proyecto de Dios con humildad sincera y valiente generosidad”

El Papa Francisco comenta la Anunciación
Ángelus 24/12/2017, Captura © Vatican Media
Ángelus 24/12/2017, Captura © Vatican Media
(ZENIT – 24 Dic. 2017).- El Papa Francisco invita a los bautizados a “acoger el proyecto de Dios en nuestras vidas, con sincera humildad y una generosidad valiente” a imagen de María y del Hijo de Dios.
El Papa ha presidido el Ángelus del mediodía, en la Plaza San Pedro, en este 4º domingo de Adviento, que este año también es Nochebuena, en presencia de decenas de miles de visitantes.
El Papa ha comentado el Evangelio de este domingo, que es la historia de la Anunciación. Ha insistido en la actitud de “humildad” y “disponibilidad” de María, de “adhesión” al designio del amor de Dios, de “servicio” del mismo Hijo de Dios.
Esta es nuestra traducción, rápida, de trabajo, de las palabras pronunciadas por el Papa en italiano.
Palabras del Papa Francisco antes del Ángelus
Queridos hermanos y hermanas, ¡Buenos días!
En este domingo que inmediatamente precede la Navidad, escuchamos el Evangelio de la Anunciación (cf. Lc 1, 26-38). En este pasaje del Evangelio, podemos notar un contraste entre las promesas del ángel y la respuesta de María. Tal contraste se manifiesta en la dimensión y el contenido de las expresiones de los dos protagonistas.
El ángel dice a María:

“No temas, María,                                                                                               porque has encontrado el favor de Dios.                                                       He aquí que vas a concebir y dar a luz a un  hijo;                                       le pondrás por nombre Jesús.                                                                         Él será grande,                                                                                                     será llamado hijo del Altísimo;                                                                       el señor Dios                                                                                                         le dará el trono de David su padre;                                                                 él reinará para siempre sobre la casa de Jacob                                          y su reino no tendrá fin” (vv.30-33).
Es una larga revelación que abre perspectivas increíbles. El niño que nacerá de esta humilde mujer de Nazaret se llamará Hijo del Altísimo: no se puede concebir una dignidad superior. Y, después de la pregunta de María pidiendo explicaciones, la revelación del ángel se vuelve aún más detallada y sorprendente.
Al contrario, la respuesta de María es una frase breve, que no habla de gloria o de privilegio, sino solo de disponibilidad o de servicio:
“Aquí está la sierva del Señor;                                                                          que todo me suceda según tu palabra” (v.38).
El contenido es diferente también. María no se exalta incluso ante la perspectiva de convertirse en Madre del Mesías, sino que sigue siendo modesta y expresa su adhesión al proyecto del Señor. María no se jacta, es humilde, modesta, sigue siendo como siempre.
Este contraste es significativo. Nos hace comprender que María es verdaderamente humilde, que no busca ir por delante. Admite ser pequeña ante Dios y está feliz de serlo. Al mismo tiempo, es consciente de que su respuesta depende de la realización del plan de Dios, y que, por lo tanto, está llamada a adherirse a él con todo su ser.
En esta circunstancia, María se presenta  en una actitud  que corresponde perfectamente a la del Hijo de Dios cuando viene al mundo: quiere convertirse en el Siervo del Señor, servir a la humanidad para llevar a cabo el proyecto del Padre.
María dice: “He aquí la sierva del Señor “, y el Hijo de Dios  dice al entrar en el mundo: “He aquí que vengo a [….] hacer, oh Dios, tu voluntad” (10, 7.9). La actitud de María refleja completamente esta declaración del Hijo de Dios, quien también se convierte en el hijo de María. La Virgen se revela como la colaboradora perfecta del proyecto de Dios y verdadera discípula de su Hijo, y, en el Magníficat, puede proclamar que “Dios levanta a los humildes” (Lc 1, 52), porque por su humilde respuesta y generosa ha obtenido una gran alegría y también una gran gloria.
Admiramos a nuestra Madre por esta respuesta a la llamada y a la misión de Dios, pidamos que nos ayude a cada uno  de nosotros a abrazar el proyecto de Dios en nuestras vidas con sincera humildad y valiente generosidad.
Ángelus Domini nuntiavit Mariae…
© Traducción de ZENIT, Raquel Anillo

María da a luz, María da la luz: Homilía de la noche de Navidad 25122017

María da a luz, María da la luz: Homilía de la noche de Navidad

“La chispa revolucionaria de la ternura de Dios”
Misa de la Noche De Navidad 24/12/2017 Captura © Vatican Media
Misa De La Noche De Navidad 24/12/2017 Captura © Vatican Media
“La chispa revolucionaria de la ternura de Dios”
(ZENIT – 24 dic. 2017).- “La chispa revolucionaria de la ternura de Dios” surge donde María y José, obligados a abandonar su tierra” llegan a una tierra “donde no había lugar para ellos” y “María da a luz” “María da la luz”.
El Papa Francisco ha hablado de la Natividad en su homilía de Navidad, este domingo, 24 de diciembre de 2017, en la Basílica de San Pedro, con motivo de la Misa de la Nochebuena.
“La fe de esta noche nos lleva a reconocer a Dios presente en todas las situaciones donde creemos que está ausente”, dijo el Papa.
También pidió una “nueva creatividad social” a la luz del nacimiento del Niño que “en su pobreza y pequeñez, denuncia y manifiesta que el verdadero poder y la libertad auténtica son aquellos que honran y ayudan a la fragilidad” de los más débiles.
Concluyó con una oración: “Movidos por la alegría del don pequeño Niño de Belén, te pedimos que tus lágrimas nos despierten de la indiferencia, abran nuestros ojos a quienes sufren”.
Homilía del Papa Francisco
«María dio a luz a su Hijo primogénito, lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre porque no había lugar para ellos en el albergue» (Lc 2,7). De esta manera, simple pero clara, Lucas nos lleva al corazón de esta noche santa: María dio a luz, María nos dio la Luz. Un relato sencillo para sumergirnos en el acontecimiento que cambia para siempre nuestra historia. Todo, en esa noche, se volvía fuente de esperanza.
Vayamos unos versículos atrás. Por decreto del emperador, María y José se vieron obligados a marchar. Tuvieron que dejar su gente, su casa, su tierra y ponerse en camino para ser censados. Una travesía nada cómoda ni fácil para una joven pareja en situación de dar a luz: estaban obligados a dejar su tierra. En su corazón iban llenos de esperanza y de futuro por el niño que vendría; sus pasos en cambio iban cargados de las incertidumbres y peligros propios de aquellos que tienen que dejar su hogar.
Y luego se tuvieron que enfrentar quizás a lo más difícil: llegar a Belén y experimentar que era una tierra que no los esperaba, una tierra en la que para ellos no había lugar.
Y precisamente allí, en esa desafiante realidad, María nos regaló al Enmanuel. El Hijo de Dios tuvo que nacer en un establo porque los suyos no tenían espacio para él. «Vino a los suyos y los suyos no lo recibieron» (Jn 1,11). Y allí…, en medio de la oscuridad de una ciudad, que no tiene ni espacio ni lugar para el forastero que viene de lejos, en medio de la oscuridad de una ciudad en pleno movimiento y que en este caso pareciera que quiere construirse de espaldas a los otros, precisamente allí se enciende la chispa revolucionaria de la ternura de Dios. En Belén se generó una pequeña abertura para aquellos que han perdido su tierra, su patria, sus sueños; incluso para aquellos que han sucumbido a la asfixia que produce una vida encerrada.
En los pasos de José y María se esconden tantos pasos. Vemos las huellas de familias enteras que hoy se ven obligadas a marchar. Vemos las huellas de millones de personas que no eligen irse sino que son obligados a separarse de los suyos, que son expulsados de su tierra. En muchos de los casos esa marcha está cargada de esperanza, cargada de futuro; en muchos otros, esa marcha tiene solo un nombre: sobrevivencia. Sobrevivir a los Herodes de turno que para imponer su poder y acrecentar sus riquezas no tienen ningún problema en cobrar sangre inocente.
María y José, los que no tenían lugar, son los primeros en abrazar a aquel que viene a darnos carta de ciudadanía a todos. Aquel que en su pobreza y pequeñez denuncia y manifiesta que el verdadero poder y la auténtica libertad es la que cubre y socorre la fragilidad del más débil.
Esa noche, el que no tenía lugar para nacer es anunciado a aquellos que no tenían lugar en las mesas ni en las calles de la ciudad. Los pastores son los primeros destinatarios de esta buena noticia. Por su oficio, eran hombres y mujeres que tenían que vivir al margen de la sociedad. Las condiciones de vida que llevaban, los lugares en los cuales eran obligados a estar, les impedían practicar todas las prescripciones rituales de purificación religiosa y, por tanto, eran considerados impuros. Su piel, sus vestimentas, su olor, su manera de hablar, su origen los delataba. Todo en ellos generaba desconfianza. Hombres y mujeres de los cuales había que alejarse, a los cuales temer; se los consideraba paganos entre los creyentes, pecadores entre los justos, extranjeros entre los ciudadanos. A ellos (paganos, pecadores y extranjeros) el ángel les dice: «No teman, porque les traigo una buena noticia, una gran alegría para todo el pueblo: Hoy, en la ciudad de David, les ha nacido un Salvador, que es el Mesías, el Señor» (Lc 2,10-11).
Esa es la alegría que esta noche estamos invitados a compartir, a celebrar y a anunciar. La alegría con la que a nosotros, paganos, pecadores y extranjeros Dios nos abrazó en su infinita misericordia y nos impulsa a hacer lo mismo.
La fe de esa noche nos mueve a reconocer a Dios presente en todas las situaciones en las que lo creíamos ausente. Él está en el visitante indiscreto, tantas veces irreconocible, que camina por nuestras ciudades, en nuestros barrios, viajando en nuestros metros, golpeando nuestras puertas.
Y esa misma fe nos impulsa a dar espacio a una nueva imaginación social, a no tener miedo a ensayar nuevas formas de relación donde nadie tenga que sentir que en esta tierra no tiene lugar. Navidad es tiempo para transformar la fuerza del miedo en fuerza de la caridad, en fuerza para una nueva imaginación de la caridad. La caridad que no se conforma ni naturaliza la injusticia sino que se anima, en medio de tensiones y conflictos, a ser «casa del pan», tierra de hospitalidad. Nos lo recordaba san Juan Pablo II: «¡No temáis! ¡Abrid, más todavía, abrid de par en par las puertas a Cristo!» (Homilía en la Misa de inicio de Pontificado, 22 octubre 1978)
En el niño de Belén, Dios sale a nuestro encuentro para hacernos protagonistas de la vida que nos rodea. Se ofrece para que lo tomemos en brazos, para que lo alcemos y abracemos. Para que en él no tengamos miedo de tomar en brazos, alzar y abrazar al sediento, al forastero, al desnudo, al enfermo, al preso (cf. Mt 25,35-36). «¡No temáis! ¡Abrid, más todavía, abrid de par en par las puertas a Cristo!». En este niño, Dios nos invita a hacernos cargo de la esperanza. Nos invita a hacernos centinelas de tantos que han sucumbido bajo el peso de esa desolación que nace al encontrar tantas puertas cerradas. En este Niño, Dios nos hace protagonistas de su hospitalidad.
Conmovidos por la alegría del don, pequeño Niño de Belén, te pedimos que tu llanto despierte nuestra indiferencia, abra nuestros ojos ante el que sufre. Que tu ternura despierte nuestra sensibilidad y nos mueva a sabernos invitados a reconocerte en todos aquellos que llegan a nuestras ciudades, a nuestras historias, a nuestras vidas. Que tu ternura revolucionaria nos convenza a sentirnos invitados, a hacernos cargo de la esperanza y de la ternura de nuestros pueblos.





   ©  Editorial del Vaticano

jueves, 21 de diciembre de 2017

Santa Marta: La raíz de la alegría cristiana es que “hemos sido perdonados” 21122017

Santa Marta: La raíz de la alegría cristiana es que “hemos sido perdonados”

Reflexión del Papa Francisco en la Misa celebrada esta mañana
Misa en Santa Marta 21/12/2017 © L'Osservatore Romano
Misa En Santa Marta 21/12/2017 © L'Osservatore Romano
(ZENIT – 21 Dic. 2017).- El Papa Francisco ha alentado a la “alegría que brota del perdón de los pecados y de la cercanía del Señor”.
En la Misa celebrada esta mañana en la Capilla de Santa Marta, el Papa Francisco ha reflexionado a partir de la Primera Lectura y en el Evangelio de San Lucas propuesto por la liturgia del día.
El Santo Padre se refirió a la alegría profunda que viene desde dentro, y que no debe confundirse con la alegría típica de una fiesta. De hecho, toda la liturgia propone este mensaje de alegría: “sé dichoso, sé dichosa”.
“Tener un semblante de personas redimidas, perdonadas y no de funeral”, ha advertido el Santo Padre, precisamente porque hemos sido perdonados: “Ésta es la raíz propia de la alegría cristiana”.
El Papa ha señalado tres aspectos importante sobre la importancia de ser alegres. Ante todo –afirmó el Papa– se trata de una alegría que nace del perdón: “El Señor ha anulado tu condena”. De manera que “hay que ser conscientes de la redención que ha venido a traernos el Señor”, ha animado Francisco.
Dios es el Dios del perdón
Tras afirmar que “Dios es el Dios del perdón”, el Papa exhortó a recibir este perdón y a ir adelante con alegría, porque el Señor perdonará después también las cosas que por debilidad todos hacemos, ha indicado.
La segunda invitación que ha hecho el Papa ha sido la ser dichosos porque “el Señor camina con nosotros”: desde el momento en que llamó a Abrahán – “está entre nosotros” – hasta en nuestras pruebas, dificultades, alegrías, pasando por todos los sentimientos. Además, Francisco también exhortó durante esta jornada a “dirigir algunas palabras al Señor que está junto a nosotros en nuestra vida”.
El tercer aspecto que ha destacado Francisco de la alegría es el de no “bajar los brazos” en las desventuras: “Ese pesimismo de la vida no es cristiano. Nace de una raíz que no sabe que ha sido perdonada, nace de una raíz que jamás ha sentido las caricias de Dios. Y el Evangelio, podemos decir, nos hace ver esta alegría: ‘María dichosa se levantó y salió de prisa’. También la alegría nos conduce de prisa, siempre, porque la gracia del Espíritu Santo no conoce la lentitud, no la conoce… El Espíritu Santo siempre va de prisa, siempre nos impulsa: a ir adelante, adelante, adelante como el viento en la vela, en la barca…”.
“Levántate, ve, alégrate”
Éste es el mensaje que lanzó el Papa hoy: ‘Levántate’. Ese ‘levántate’ de Jesús a los enfermos: ‘Levántate, ve, grita de alegría, alégrate, exulta y aclama con todo el corazón”.
“Ésta es la alegría de la que la Iglesia nos dice: por favor seamos cristianos gozosos, hagamos todos los esfuerzos para hacer ver que creemos que hemos sido redimidos, que el Señor nos ha perdonado todo. Y si tenemos algún resbalón, Él también nos lo perdonará porque es el Dios del perdón, porque el Señor está entre nosotros y no permitirá que bajemos los brazos”, ha señalado el Santo Padre.

miércoles, 20 de diciembre de 2017

Audiencia general, 20 diciembre de 2017 (5ª catequesis sobre la Eucaristía titulada “Ritos introductorios”)

Audiencia general, 20 diciembre de 2017 – Texto completo

“La Misa empieza con la señal de la Cruz”
El Papa Francisco llega al Aula Pablo VI © L'Osservatore Romano
El Papa Francisco Llega Al Aula Pablo VI © L'Osservatore Romano
(ZENIT – 20 Dic. 2017).- “Por favor, mamá, papá, abuelos, enseñad a los niños desde el principio, desde cuando son pequeños, a hacerse bien la señal de la cruz. Y explicadles que es tener cómo protección la cruz de Jesús”, ha invitado Francisco en la audiencia general: “La Misa empieza con la señal de la Cruz”.
El Santo Padre Francisco ha ofrecido hoy, 20 de diciembre de 2017, en la audiencia general la 5ª catequesis sobre la Eucaristía titulada “Ritos introductorios”, que ha pronunciado ante miles de fieles y visitantes de Italia y otros países en el Aula Pablo VI, del Palacio Apostólico Vaticano.
El Papa ha querido entrar con esta reflexión en el “corazón” de la celebración eucarística. Así, ha recordado que la Misa empieza con la señal de la cruz, con estos ritos introductorios, porque “allí empezamos a adorar a Dios como comunidad” y ha aclarado que cuando miramos al altar, “miramos precisamente donde está Cristo. El altar es Cristo”.
Estos gestos –ha señalado el Papa– que corren el riesgo de pasar desapercibidos, “son muy significativos”, porque expresan desde el principio que la Misa es un “encuentro de amor con Cristo”. “Por eso –ha recordado el Papa– es importante prever no llegar con retraso, sino con adelanto, para preparar el corazón a este rito, a esta celebración de la comunidad”.
“Enseñad a los niños desde el principio”
Asimismo, el Pontífice ha indicado la importancia de la señal de la cruz: “¿Habéis visto como los niños se hacen la señal de la cruz? No saben lo que hacen: a veces hacen un dibujo, que no es la señal de la cruz. Por favor, mamá, papá, abuelos, enseñad a los niños desde el principio, desde cuando son pequeños, a hacerse bien la señal de la cruz. Y explicadles que es tener cómo protección la cruz de Jesús”.
La misa empieza con la señal de la cruz, ha recordado: Toda la oración se mueve, por así decirlo, en el espacio de la Santísima Trinidad, – “en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo” – que es un espacio de comunión infinita; tiene como origen y fin el amor de Dios Uno y Trino, manifestado y dado a nosotros en la Cruz de Cristo.

Tras resumir su discurso en diversas lenguas, el Santo Padre ha saludado en particular a los grupos de fieles presentes. La audiencia general ha terminado con el canto del  Pater Nostery con la bendición apostólica del Papa a todos.
RD
A continuación, sigue el texto completo de la catequesis del Papa Francisco:
Catequesis del Papa Francisco
Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
Hoy me gustaría entrar en el corazón de la celebración eucarística. La misa se compone de dos partes, que son la Liturgia de la Palabra y la Liturgia eucarística, tan estrechamente unidas entre sí que constituyen un solo acto de culto (cf. Sacrosanctum Concilium, 56; Instrucción General del Misal Romano, 28). Introducida por algunos ritos preparatorios y concluida por otros, la celebración, por lo tanto, es un cuerpo único  y no puede separarse pero para una mejor comprensión trataré de explicar sus diversos momentos, cada uno de los cuales es capaz de tocar e involucrar  una dimensión de nuestra humanidad . Es necesario conocer estos signos santos  para vivir plenamente la misa y saborear toda su belleza.
Cuando el pueblo está reunido, la celebración se abre con los ritos introductorios, que comprenden la entrada de los celebrantes o del celebrante, el saludo- “El Señor esté con vosotros”, “La paz sea con vosotros”- , el acto penitencial, “Yo confieso”, donde pedimos perdón por nuestros pecados, el Señor, ten piedad el Gloria y la oración de colecta: se llama “oración de colecta” no porque se efectúe la colecta monetaria: es la colecta de las intenciones de oración de todos los pueblos; y esa colecta de las intenciones de los pueblos sube al cielo como oración. Su propósito, el de estos ritos de introducción, es “hacer que los fieles reunidos en la unidad construyan la comunión y se dispongan debidamente a escuchar la Palabra de Dios y a celebrar dignamente la Eucaristía.” (Instrucción general del Misal Romano, 46). No es una buena costumbre mirar el reloj y decir: “Llego a tiempo, llego después del sermón y así cumplo el precepto”. La misa empieza con la señal de la cruz, con estos ritos introductorios, porque allí empezamos a adorar a Dios como comunidad. Y por eso es importante prever no llegar con retraso, sino con adelanto, para preparar el corazón a este rito, a esta celebración de la comunidad”.
Habitualmente durante el canto de entrada, el sacerdote con los otros ministros llega en procesión al presbiterio, y aquí saluda el altar con una reverencia y, como signo de veneración, lo besa y, cuando hay incienso, lo inciensa. ¿Por qué? Porque el altar es Cristo: es figura de Cristo. Cuando miramos al altar, miramos precisamente donde está Cristo. El altar es Cristo. Estos gestos, que corren el riesgo de pasar desapercibidos, son muy significativos, porque expresan desde el principio que la Misa es un encuentro de amor con Cristo, que “con la inmolación de  su cuerpo en la cruz […] quiso ser al mismo tiempo sacerdote, víctima y  altar” (Prefacio de  Pascua V). De hecho, como signo de Cristo, el altar “es el centro de la acción de gracias que se consuma en la Eucaristía” (Instrucción general del Misal Romano, 296), y toda la comunidad alrededor del altar, que es Cristo; no para mirarse la cara, sino para mirar a Cristo, porque Cristo está en el centro de la comunidad, no está lejos de ella.
Luego está la señal de la cruz. El sacerdote que preside se persigna y lo mismo hacen  todos los miembros de la asamblea, conscientes de que el acto litúrgico se cumple  “en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo”.  Y aquí paso a un argumento muy breve. ¿Habéis visto como los niños se hacen la señal de la cruz? No saben lo que hacen: a veces hacen un dibujo, que no es la señal de la cruz. Por favor, mamá, papá, abuelos, enseñad a los niños desde el principio, desde cuando son pequeños, a hacerse bien la señal de la cruz. Y explicadles que es tener cómo protección la cruz de Jesús. Y la misa empieza con la señal de la cruz. Toda la oración se mueve, por así decirlo, en el espacio de la Santísima Trinidad, – “en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo” – que es un espacio de comunión infinita; tiene como origen y fin el amor de Dios Uno y Trino, manifestado y dado a nosotros en la Cruz de Cristo.
Efectivamente, su misterio pascual es un don de la Trinidad, y la Eucaristía brota  siempre de su corazón traspasado. Persignándonos, por lo tanto, no sólo recordamos nuestro bautismo, sino que afirmamos que la oración litúrgica es el encuentro con Dios en Cristo Jesús, que por nosotros se encarnó, murió en la cruz y resucitó en gloria.
Después, el sacerdote dirige el saludo litúrgico con la frase: “El Señor esté con vosotros” u otra similar –hay varias- ; y la asamblea responde: «Y con tu espíritu». Estamos dialogando; estamos al comienzo de la misa y debemos pensar en el significado de todos estos gestos y palabras. Estamos entrando en una “sinfonía” en la que resuenan varios tonos de voces, incluyendo tiempos de silencio, con el fin de crear el ”acorde” entre los participantes, es decir, reconocerse animados por un único Espíritu, y por un mismo fin. En efecto, “el saludo sacerdotal y la respuesta del pueblo manifiestan el misterio de la Iglesia reunida” (Instrucción general del Misal Romano, 50). Se expresa, pues,  la fe común y el deseo mutuo de estar con el Señor y de vivir la unidad con toda la comunidad.
Y esta es una sinfonía de oración que se está creando y presenta enseguida  un momento muy conmovedor, porque aquellos que presiden invitan a todos a reconocer sus propios pecados. Todos somos pecadores. No sé, a lo mejor alguno de vosotros no es pecador… Si hay alguno que no es pecador que levante la mano, por favor, así podemos verlo todos. Pero no hay manos levantadas; bien: ¡vuestra fe es buena! Todos somos pecadores y por eso al principio de la misa pedimos perdón.  Es el acto penitencial. No se trata solo de pensar en los pecados cometidos, sino mucho más: es la invitación a confesarse pecadores ante Dios y ante la comunidad, ante los hermanos, con humildad y sinceridad, como el publicano en el templo. Si verdaderamente la Eucaristía hace presente el misterio pascual,  es decir, el paso de Cristo de la muerte a la vida, entonces lo primero que tenemos que hacer es reconocer cuales son nuestras situaciones de muerte para poder  resucitar con Él a una vida nueva. Esto nos hace comprender cuán importante es el acto penitencial. Y por eso, retomaremos el tema en la próxima catequesis.
Vamos paso a paso en la explicación de la misa. Pero, por favor, enseñad a los niños a hacerse bien la señal de la cruz.
© Librería Editorial Vaticano

lunes, 18 de diciembre de 2017

Homilía del Papa: San José, el hombre de la obediencia silenciosa 18122017


18 12 2017 messa santa martaEl Papa celebra la Misa matutina en la capilla de la Casa de Santa Marta 

Homilía del Papa: San José, el hombre de la obediencia silenciosa

San José “se hizo cargo de una paternidad que no era suya, sino que provenía del Padre”. E hizo crecer al Niño Jesús llevándolo hasta la madurez del hombre. Lo recordó el Papa Francisco en su homilía de la Misa matutina celebrada en la capilla de la Casa de Santa Marta el tercer lunes de diciembre
María Fernanda Bernasconi – Ciudad del Vaticano
En medio de los problemas y de las angustias, aprendamos de San José que sabe “cómo caminar en la oscuridad”, “cómo se escucha la voz de Dios”, “cómo se va adelante en silencio”. Con estas palabras el Santo Padre comentó el Evangelio propuesto por la liturgia del día – de San Mateo – en el que se explica que Jesús nacerá de María, esposa de José, hijo de David.
“ San José creyó y obedeció ”
El Papa Bergoglio volvió a proponer las emociones de José cuando en María comenzaron a ser “visibles” los signos de la maternidad, cuando regresó de la casa de Isabel. Francisco aludió a las dudas de este hombre, a su dolor y a su sufrimiento, mientras en torno a él comenzaban las murmuraciones. Y dijo que él no comprendió, si bien sabía que María era “una mujer de Dios”, razón por la cual había decidido “dejarla en silencio”, sin acusarla públicamente, hasta que intervino el Señor mediante el ángel que se le apareció en sueños y que le explicó que el niño “generado en Ella” provenía “del Espíritu Santo”. De este modo – prosiguió diciendo el Papa – José “creyó y obedeció”.
“José luchaba por dentro y en esa lucha, la voz de Dios: “Pero levántate – ese ‘levántate’ (que aparece) tantas veces al inicio de una misión en la Biblia: ‘¡Levántate!’ – toma a María, llévala a tu casa. Hazte cargo de la situación: toma en tus manos esta situación y ve adelante”. José no fue a consolarse con sus amigos, no fue al psiquiatra para que interpretara el sueño… No. Creyó. Y fue adelante. Tomó en sus manos la situación. Pero, ¿qué debía tomar José en sus manos? ¿Cuál era la situación? ¿De qué cosa José debía hacerse cargo? De dos cosas. De la paternidad y del misterio”.
“ San José se hizo cargo de la paternidad ”
El Papa Francisco añadió que, por lo tanto, José debió “hacerse cargo” de la paternidad. Y esto ya se intuye en la “genealogía de Jesús”, en que se explica cómo “se pensaba que fuese el hijo de José”:
“Él se hizo cargo de una paternidad que no era suya: venía del Padre. Y llevó adelante la paternidad con lo que significa: no sólo sostener a María y al Niño, sino también hacer crecer al Niño, enseñarle un oficio, llevarlo a la madurez de hombre. ‘Hazte cargo de la paternidad que no es tuya, es de Dios’. Y esto, sin decir una palabra. En el Evangelio no hay ninguna palabra dicha por José. El hombre del silencio, de la obediencia silenciosa”.
“ San José tomó en sus manos el misterio ”
El Pontífice dijo también de San José que fue un hombre que tomó en sus manos el misterio, tal como se explica en la Primera Lectura. El misterio de “volver a conducir al Pueblo de Dios”; el misterio “de la re-Creación” que – como dice la Liturgia – “es más maravillosa que la Creación”.
“José toma en sus manos este misterio y ayuda: con su silencio, con su trabajo, hasta el momento en que Dios lo llama a sí. De este hombre que se hizo cargo de la paternidad y del misterio, se dice que era la sombra del Padre: la sombra de Dios Padre. Y si Jesús hombre aprendió a decir “papá”, “padre”, a su Padre que conocía como Dios, lo aprendió de la vida, del testimonio de José: el hombre que custodia, el hombre que hace crecer, el hombre que lleva adelante toda paternidad y todo misterio, pero que no toma nada para sí mismo”.
El Papa Francisco concluyó su reflexión afirmando que éste es el “gran José”, de quien Dios tenía necesidad para llevar adelante “el misterio de la re-conducción del pueblo hacia la nueva Creación”. 

domingo, 17 de diciembre de 2017

81 años: el Papa sopla una vela en 4 metros de pizza 17122017

81 años: el Papa sopla una vela en 4 metros de pizza

“No entristezcáis a los niños” recomienda
Niños del Dispensario De Santa Marta © L´Osservatore Romano
Niños Del Dispensario De Santa Marta © L´Osservatore Romano
(ZENIT – 17 dic. 2017).- En la mañana de sus 81 años, el 17 de diciembre de 2017, el Papa Francisco ha recibido en la sala Pablo VI, a niños asistidos por el Dispensario Pediátrico “Santa Marta”, centro gratuito del Vaticano. Con ellos ha soplado una vela de 4 metros de pizza preparada por los aspirantes a cocineros.
“No entristezcáis a los niños”, ha dicho dirigiéndose a los voluntarios y a los padres: la alegría de los niños es “un tesoro….y debemos hacer todo lo posible para que continúen siendo felices”.
Ha invitado a proteger su alegría, a hacerles hablar con los abuelos y a aprender a entablar un diálogo con Dios.
Esta es nuestra traducción de las palabras improvisadas por el Papa a lo largo de este encuentro.

Saludos del Papa Francisco

¡Buenos días!
La alegría de los niños….La alegría de los niños es un tesoro. Los niños felices….Y debemos hacer todo lo posible para que continúen siendo felices, porque la alegría es como la tierra buena. Un alma gozosa es como una buena  tierra que hace crecer la vida, con buenos frutos. Por eso hacemos esta fiesta: siempre buscamos la cercanía de la Navidad para reunirnos, para hacer esta fiesta para ellos.
Escuchad bien. Lo primero: proteged la alegría de los niños. No entristezcáis a los niños. Cuando los niños ven que hay problemas en el hogar, que los padres discuten, ellos sufren. No entristezcáis a los niños. Deben crecer siempre con alegría. Estás feliz? [“¡Sí!”]. No lo creo: sí o no? [“¡Sí!”] Muy bien. Esto es alegría.
Lo segundo para que los niños crezcan bien es hacer que hablen con sus abuelos. Los dos extremos de la vida. Debido a que los abuelos tienen memoria, tienen raíces y serán los abuelos quienes darán sus raíces a los niños. Por favor, que no sean niños desarraigados, sin memoria de un pueblo, sin memoria de fe, sin memoria de tantas cosas hermosas que la historia ha hecho, sin memoria de valores. ¿Y quién ayudará a los niños a tener eso? Los abuelos. Déjelos hablar con los abuelos, con los mayores. ¿Habláis vosotros con los abuelos? [“¡Sí!”] ¿Seguro? [“¡Sí”!] ¿Para pedir dulces? [“¡No!”] ¿No? Dime…Muy a menudo, los abuelos se han ido, ¿no? Pero hay otras personas mayores que son como los abuelos. Hablad siempre con los mayores. Os hago una pregunta, responded bien: los abuelos, los mayores, ¿son aburridos? [“No….Sí”] …..[“Nos hacen un montón de regalos”] Es interesante esto: ¡nos hacen muchos regalos! No son aburridos, son buenos. Dime….[“Nos quieren mucho”]. Nos quieren mucho. Que aprendan los niños a hablar con los mayores, a hablar con los abuelos.
Y el tercer consejo que os doy: aprended a hablar con Dios. Que aprendan a orar, a decir lo que sienten en su corazón.
Alegría, hablar con los abuelos, con los mayores, y hablar con Dios. ¿De acuerdo? ¿Todos de acuerdo?, también vosotros estáis de acuerdo? Os deseo un hermoso día, con mucha fiesta. Y comed los 4 metros de pizza: comedlos bien, esto os hará bien, esto hace crecer. ¡Y adelante! ¡Gracias, gracias!
Y ahora recemos todos a la Virgen María para que ella nos de la bendición: Dios te salve María…..
[Bendición]
¡Y orad por mí!
© Traducción de ZENIT, Raquel Anillo