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jueves, 22 de agosto de 2019

Papa Francisco: ¿Qué es la Misa? ¿Qué significa comer la carne de Jesús?

Papa Francisco: ¿Qué es la Misa? ¿Qué significa comer la carne de Jesús?

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Papa Francisco: ¿La Eucaristía es un símbolo?, ¿una imagen? ¡No! La Eucaristía es realmente el Cuerpo y la Sangre de Jesucristo nuestro Señor

 
La Misa es la oración más grande que podamos hacer aquí en la Tierra. Es la manera que tiene Jesús de invitarnos a una relación familiar íntima y cercana con Él mientras estamos de paso por este mundo
Cuando no asistimos ni participamos de la Santa Misa del domingo nos separamos de la obtención de la gracia que necesitamos para ganar el Cielo. Dios no nos obliga a amarlo. Tenemos un verdadero libre albedrío.
Jesús quiere que vayamos a misa tan a menudo como podamos, porque toda obra que hagamos en nuestra vida separada de Dios, no vale absolutamente nada en comparación con el valor de una misa

¿Que dice el Papa Francisco sobre la Misa y la Eucaristía?

A continuación te invitamos a que, junto a las palabras Santo Padre, medites bien lo que para todo católico significa que vivamos la Misa con mucha fe.
Queridos hermanos y hermanas, buenos días!
En estos domingos la Liturgia nos está proponiendo, del Evangelio de Juan, el discurso de Jesús sobre el Pan de Vida, que es Él mismo y que es también el sacramento de la Eucaristía.
El pasaje del Evangelio de Juan (6,51-58) presenta la última parte de ese discurso, y hace referencia a algunos entre la gente que se escandalizan porque Jesús dice:
"El que come mi carne y bebe mi sangre tiene Vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día" (Jn 6,54)
El estupor de los que lo escuchan es comprensible; de hecho Jesús usa el estilo típico de los profetas para suscitar en la gente - y también en nosotros - interrogantes y, al final, provocar una decisión.

Respondamos estas dos preguntas:

  1. ¿Qué significa comer la carne y beber la sangre de Jesús?
  2. ¿Es sólo una imagen, una forma de decir, un símbolo, o indica algo real?
Para responder, es necesario intuir qué ocurre en el corazón de Jesús mientras parte el pan para la muchedumbre hambrienta.
Sabiendo que deberá morir sobre la cruz por nosotros, Jesús se identifica con aquel pan partido y compartido, y eso se convierte para Él en el signo del Sacrificio que lo espera.
Este proceso tiene su culmen en la Última Cena, donde el pan y el vino se transforman realmente en su Cuerpo y en su Sangre.

¿Qué nos deja Jesús para unirnos a Él?

Es la Eucaristía, que Jesús nos deja con una finalidad precisa: que nosotros podamos convertirnos en una sola una cosa con Él. De hecho dice:
"El que come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí y yo en él" (v. 56).
Aquel "permanecer": Jesús en nosotros y nosotros en Jesús. La comunión es asimilación: comiéndolo a Él, nos transformamos en Él. Pero esto requiere nuestro “sí”, nuestra adhesión a la fe.
A veces, con respecto a la santa Misa, se siente esta objeción.

¿Para qué sirve la Misa?

Yo voy a la iglesia cuando tengo ganas, y rezo mejor solo. Pero la Eucaristía no es una oración privada o una bella esperiencia espiritual, no es una simple conmemoración de aquello que Jesús ha hecho en la Última Cena.
Decimos, para entender bien, que la Eucaristía es memorial, o sea un gesto que actualiza y hace presente el evento de la muerte y resurrección de Jesús: el pan es realmente su Cuerpo ofrecido por nosotros, el vino es realmente su Sangre derramada por nosotros.
La Eucaristía es Jesús mismo que se dona totalmente a nosotros. Nutrirnos de Él y vivir en Él mediante la Comunión eucarística, si lo hacemos con fe, transforma nuestra vida, la transforma en un don a Dios y en un don a los hermanos.

¿Qué significa nutrirnos del Pan de vida?

  • Significa entrar en sintonía con el corazón de Cristo, asimilar sus elecciones, sus pensamientos, sus comportamientos.
  • Significa entrar en un dinamismo de amor y convertirnos en personas de paz, personas de perdón, de reconciliación, de compartir solidario. Lo mismo que Jesús ha hecho.
Jesús concluye su discurso con estas palabras:
"El que come de este pan vivirá eternamente". (Jn 6,58).
Si, vivir en comunión real con Jesús sobre esta tierra nos hace ya pasar de la muerte a la vida. El cielo comienza precisamente en esta comunión con Jesús.
Y en el Cielo ya nos espera Maria nuestra Madre – ayer hemos celebrado este misterio- . Ella nos obtenga la gracia de nutrirnos de Jesús, Pan de Vida, siempre con fe
 
Papa Francisco. Reflexión antes del rezo del Ángelus, Ciudad del Vaticano, 16 de agosto de 2015 | Redacción: PildorasdeFe.net | Fuente de la homilía: Radio Vaticana

miércoles, 28 de noviembre de 2018

Francisco aplaude al niño autista que subió al estrado: “Es indisciplinadamente libre” 28112018

Vencel juega delante del Papa Francisco en la audiencia general © Vatican Media

Vencel Juega Delante Del Papa Francisco En La Audiencia General © Vatican Media

Francisco aplaude al niño autista que subió al estrado: “Es indisciplinadamente libre”

“Me hizo pensar: ¿Yo soy también libre así delante de Dios?”
(ZENIT – 28 nov. 2018).- Vencel, un niño autista argentino, de unos 6-7 años, ha subido durante la audiencia general –celebrada esta mañana en el Aula Pablo VI– al lugar donde estaba sentado el Papa Francisco, para tocar la mano de un miembro de la Guardia Suiza y corretear alrededor del Papa y del arzobispo Georg Gäenswein.
Ante esta escena, el Santo Padre y Mons. Gäenswein han sonreído al niño, que a pesar de los intentos de de su hermana, primero, y luego de su madre, no ha querido abandonar la tarima.
La madre del chico, al acudir a buscarlo al estrado, ha explicado al Papa que el niño tiene “algunos problemas, tiene autismo” y ha añadido “somos de Argentina”, dirigiéndose a su compatriota, el Papa Francisco. El Papa le ha respondido serenamente que lo dejara jugar allí si quería, quitándole importancia a esta interrupción.
El Pontífice ha bromeado, comentándole a Mons. Georg Gäenswein: “Es argentino, ¡es indisciplinado!”.
“¿Yo soy libre delante de Dios?”
Cuando el Papa ha hablado en español, como hace en cada audiencia general, para dirigirse a los peregrinos de lengua española, ha dicho: “Queridos hermanos, este chico no puede hablar, es mudo. Pero sabe comunicar, sabe expresarse. Y tiene una cosa que me hizo pensar, es libre. Indisciplinadamente libre”.
El Santo Padre ha reflexionado: “Pero es libre y me hizo pensar a mí: ¿Yo soy también libre así delante de Dios? Cuando Jesús dice que tenemos que hacernos como niños, nos dice que tenemos que tener la libertad que tiene un niño delante de su padre. No sé, creo que nos predicó a todos este chico, y pidamos la gracia de que pueda hablar”.

viernes, 12 de octubre de 2018

Papa Francisco: Tendremos un tiempo de oscuridad. Prepara tu corazón y reza

Papa Francisco: Tendremos un tiempo de oscuridad. Prepara tu corazón y reza

papa francisco reza ojos cerrados profundo

El Papa Francisco recordó a quienes viven grandes tragedias, como los cristianos en oriente echados de sus casas a causa de su fe.

 
En una de sus homilías, el Papa Francisco nos ha dejado un mensaje muy profundo, el cual es y siempre ha sido tema de actualidad desde el principio del mundo: las pruebas que atravesamos en la vida.
¿Cómo afrontamos nosotros las pruebas del mundo? ¿Estamos preparados para cuando lleguen la adversidad y las complicaciones?. El Santo Padre ha centrado esta reflexión en el libro de Job, y al respecto ha dicho:
"También el lamento, en los momentos oscuros, se convierte en oración, pero estemos atentos a los “lamentos teatrales”.
El Papa Francisco recordó a quienes viven “grandes tragedias”, como los cristianos echados de sus casas a causa de su fe.
Job maldice el día en que ha nacido, su oración se presenta como una maldición."
A continuación te invito a meditar las palabras del Papa Francisco:

Las pruebas de la vida

Job fue puesto a prueba. Perdió toda su familia; perdió todos sus bienes; perdió la salud y todo su cuerpo se convirtió en una llaga, una llaga asquerosa.
En aquel momento perdió la paciencia y dijo esas cosas feas. Pero él estaba acostumbrado a hablar con la verdad y esa es la verdad que él siente en aquel momento.
También Jeremías usa casi las mismas palabras: "¡Maldito el día en que nací!". ¿Pero este hombre blasfema? Es la pregunta que hago. Este hombre que está solo, así, en ese momento, ¿blasfema?”.

¿Acaso Jesús blasfemó?

Jesús, cuando se lamenta: "Padre, ¡por qué me has abandonado!" ¿blasfema? El misterio es éste.
Tantas veces yo he escuchado a personas que están viviendo situaciones difíciles, dolorosas, que han perdido tanto o se sienten solas y abandonadas y vienen a lamentarse y hacen estas preguntas: ¿Por qué? ¿Por qué? Se rebelan contra Dios. Y yo digo: "Sigue rezando así, porque también ésta es una oración". Era una oración cuando Jesús dijo a su Padre: "¡Por qué me has abandonado!"

Es una oración la que hace Job aquí. Porque rezar es llegar a ser verdad ante Dios. Y Job no podía rezar de otro modo. Se reza con la realidad la verdadera oración viene del corazón, del momento que uno vive. Es la oración de los momentos de oscuridad, de los momentos de la vida donde no hay esperanza, donde no se ve el horizonte.

Hoy en día, mucha gente vive la situación de Job

Y tanta gente, tanta hoy, está en la situación de Job. Tanta gente buena, como Job, no entiende lo que le ha sucedido, porqué es así. Tantos hermanos y hermanas que no tienen esperanza.
Pensemos en las tragedias, en las grandes tragedias, por ejemplo estos hermanos nuestros que por ser cristianos son echados de sus casas y pierden todo: "Pero, Señor, yo he creído en ti. ¿Por qué? ¿Creer en Ti es una maldición, Señor?".
Pensemos en los ancianos dejados de lado, pensemos en los enfermos, en tanta gente sola, en los hospitales.
Para toda esta gente, y también para nosotros cuando vamos por el camino de la oscuridad, la Iglesia reza. ¡La Iglesia reza! Y toma sobre sí este dolor y reza.
Y nosotros, sin enfermedades, sin hambre, sin necesidades importantes, cuando tenemos un poco de oscuridad en el alma, nos creemos mártires y dejamos de rezar.
Y hay quien dice: "¡Estoy enojado con Dios, no voy más a Misa!". Pero, ¿por qué? La respuesta, dijo, es por una cosa pequeñita.

Ejemplo de santidad

Santa Teresita del Niño Jesús, en los últimos meses de su vida, trataba de pensar en el cielo, y sentía dentro de sí como si una voz le dijera: "Pero no seas tonta, no te crees fantasías. ¿Sabes qué cosa te espera? ¡Nada!".
Tantas veces pasamos por esta situación, vivimos esta situación. Y tanta gente que cree que terminará en la nada. Y ella, Santa Teresa, rezaba y pedía fuerza para ir adelante, en la oscuridad. Esto se llama entrar en paciencia.
Nuestra vida es demasiado fácil, nuestros lamentos son lamentos teatrales.
Ante éstos, ante estos lamentos de tanta gente, de tantos hermanos y hermanas que están en la oscuridad, que prácticamente han perdido la memoria, la esperanza, que viven ese exilio de sí mismos, son exiliados, también de sí mismos, ¡nada! Y Jesús ha hecho este camino: de la noche al Monte de los Olivos hasta la última palabra de la Cruz: "Padre, ¡por qué me has abandonado!"

Preparar el corazón para la prueba y rezar

  1. Primero: prepararse, para cuando vendrá la oscuridad, que quizá no sea tan dura como la de Job, si bien, dijo tendremos un tiempo de oscuridad. Preparar el corazón para aquel momento.
  2. Segundo: Rezar, como reza la Iglesia, con la Iglesia por tantos hermanos y hermanas que padecen el exilio de sí mismos, en la oscuridad y en el sufrimiento, sin esperanza a la mano. Es la oración de la Iglesia, por estos tantos "Jesús" que sufren, que están por doquier.
 
Papa Francisco, Homilía en Santa Marta, 30 de Septiembre de 2014 | Redacción: Qriswell Quero, PildorasdeFe.net, con información de Radio Vaticana

miércoles, 28 de marzo de 2018

El Triduo Pascual anuncia que “todo ha sido renovado en Cristo” 28032018

 El Triduo Pascual anuncia que “todo ha sido renovado en Cristo”Audiencia General, 28 marzo 2018 

“La Pascua es la fiesta de nuestra salvación”
El Papa saluda a los fieles en la Audiencia General © Vatican Media
El Papa Saluda A Los Fieles En La Audiencia General © Vatican Media
(ZENIT – 28 marzo 2018).- La Pascua es la fiesta más importante de nuestra fe –ha asegurado el Papa Francisco– porque “es la fiesta de nuestra salvación, la fiesta del amor de Dios por nosotros, la fiesta, la celebración de su muerte y resurrección”.
En la mañana del Miércoles Santo, 28 de marzo de 2018, el Santo Padre Francisco ha celebrado la Audiencia General, para miles de peregrinos procedentes de Italia y de otros países del mundo, en la plaza de San Pedro.
“Un cristiano, si realmente se deja lavar por Cristo, si realmente se deja despojar por Él del hombre viejo para caminar en una nueva vida, aunque siga siendo pecador, -porque todos lo somos- ya no puede ser corrompido”, ha anunciado el Papa en su catequesis.
Esta es la grandeza del amor de Jesús; da la vida gratuitamente para hacernos santos, para renovarnos, para perdonarnos. “Y este es el núcleo propio de este Triduo Pascual”, ha explicado el Pontífice.
A continuación, les ofrecemos la catequesis completa del Papa Francisco en español, traducida por la Oficina de Prensa de la Santa Sede:
***
Catequesis del Papa Francisco
Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
Hoy me gustaría reflexionar sobre el Triduo Pascual que empieza mañana para profundizar en aquello que los días más importantes del año litúrgico representan para nosotros, los creyentes. Me gustaría preguntaros: ¿Cuál es la fiesta más importante de nuestra fe, Navidad o Pascua? Pascua porque es la fiesta de nuestra salvación, la fiesta del amor de Dios por nosotros, la fiesta, la celebración de su muerte y resurrección. Por eso quisiera reflexionar con vosotros sobre esta fiesta, sobre estos días, que son días pascuales, hasta la resurrección del Señor. Estos días constituyen la memoria conmemorativa de un gran misterio únicola muerte y la resurrección del Señor Jesús. El Triduo comienza mañana, con la Misa de la Cena del Señor y terminará con las vísperas del Domingo de Resurrección. Después viene “Pasquetta” (Lunes de Pascua) para celebrar esta fiesta grande: un día más. Pero es post-litúrgico: es la fiesta familiar, es la fiesta de la sociedad. Marca las etapas fundamentales de nuestra fe y de nuestra vocación en el mundo, y todos los cristianos están llamados a vivir los tres días santos –jueves, viernes, sábado; y el domingo- naturalmente- pero el sábado es la resurrección- los tres días santos, como, por decirlo así, la “matriz” de su vida personal de su vida comunitaria, como vivieron nuestros hermanos judíos el éxodo de Egipto.
Estos tres días vuelven a proponer al pueblo cristiano los grandes eventos de salvación operados por Cristo, y así lo proyectan en el horizonte de su destino futuro y lo fortalecen en su compromiso de testimonio en la historia.
En la mañana de Pascua, volviendo a recorrer las etapas vividas en el Triduo, el canto de la Secuencia, o sea un himno o una suerte de salmo, hará que se escuche solemnemente el anuncio de la resurrección. Y dice así: “Cristo, nuestra esperanza, ha resucitado y nos precede en Galilea”. Esta es la gran afirmación: Cristo ha resucitado. Y en tantos pueblos del mundo, sobre todo en el Este de Europa, la gente se saluda estos días de Pascua, no con un “buenos días” o “buenas tardes”, sino con “Cristo ha resucitado”, para afirmar el gran saludo pascual. “Cristo ha resucitado. Con estas palabras -Cristo ha resucitado- de conmovida exultación culmina el Triduo. No solo contienen un anuncio de alegría y esperanza, sino también un llamamiento a la responsabilidad y a la misión. Y no termina con la “colomba” ( dulce de Pascua italiano n.d.r.) los huevos, las fiestas- aunque todo esto sea hermoso porque es la fiesta de la familia- pero no termina con eso. De ahí comienza el camino a la misión, al anuncio: Cristo ha resucitado. Y este anuncio, al que conduce el Triduo preparándonos para acogerlo, es el centro de nuestra fe y de nuestra esperanza, es el núcleo, es el anuncio, es –la palabra difícil- es el kerygma que continuamente evangeliza a la Iglesia y que ella, a su vez, es enviada a evangelizar.
San Pablo resume el evento pascual en esta frase: “Cristo, nuestra Pascua, ha sido inmolado” (1 Cor 5,7), como el cordero. Ha sido inmolado. Por lo tanto, prosigue,  “pasó lo viejo, todo es nuevo” (2 Cor 5:15). Renacido. Y por eso, al principio, se bautizaba la gente el día de Pascua. También por la noche de este sábado yo bautizaré aquí, en San Pedro, ocho personas adultas que comienzan su vida cristiana. Y comienza todo porque habrán nacido otra vez. Y con otra fórmula sintética, explica que Cristo “fue entregado a causa de nuestros pecados y  fue resucitado  para nuestra justificación” (Rom 4:25). El único, el único que nos justifica; el único que nos hace renacer de nuevo es Jesucristo. Ningún otro. Y por eso no hay que pagar nada, porque la justificación –el hacerse justos- es gratuita. Y esta es la grandeza del amor de Jesús; da la vida gratuitamente para hacernos santos, para renovarnos, para perdonarnos. Y este es el núcleo propio de este Triduo Pascual. En el Triduo Pascual, el recuerdo de este evento fundamental se convierte en una celebración llena de gratitud y, al mismo tiempo, renueva en los bautizados el sentido de su nueva condición, que el apóstol Pablo expresa: “Si habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de allá arriba, […] y no… las de la tierra” (Col 3,1-3). Mirar hacia arriba, mirar al horizonte, ensanchar los horizontes: ¡esta es nuestra fe, esta es nuestra justificación, este es el estado de gracia! Efectivamente, por el Bautismo hemos resurgido con Jesús y hemos muerto a las cosas y a la lógica del mundo; hemos renacido como criaturas nuevas: una realidad que exige convertirse en  existencia concreta día a día.
Un cristiano, si realmente se deja lavar por Cristo, si realmente se deja despojar por Él del hombre viejo para caminar en una nueva vida, aunque siga siendo pecador, -porque todos lo somos- ya no puede ser corrompido; la justificación de Jesús nos salva de la corrupción, somos pecadores pero no corrompidos; ya no puede vivir con la muerte en el alma, ni tampoco puede ser causa de  muerte. Y aquí tengo que decir algo triste y doloroso… Hay cristianos falsos: los que dicen “Jesús ha resucitado”, “yo he sido justificado por Jesús”, estoy en la vida nueva, pero vivo una vida corrupta. Y estos cristianos fingidos acabarán mal. El cristiano, lo repito, es pecador – todos lo somos, yo lo soy- pero tenemos la seguridad de que cuando pedimos perdón el Señor nos perdona. El corrupto finge ser una persona honrada, pero en el fondo de su corazón hay podredumbre. Una vida nueva nos da Jesús. El cristiano no puede vivir con la muerte en el alma, ni tampoco ser causa de muerte. Pensemos –para no ir muy lejos- pensemos en casa, pensemos en los llamados “cristianos mafiosos”. Estos de cristianos no tienen nada: se dicen cristianos, pero llevan la muerte en el alma y a los demás. Recemos por ellos para que el Señor les toque el alma. El prójimo, sobre todo  el más pequeño y el que más sufre, se convierte en el rostro concreto a quien podemos dar el amor que Jesús nos ha dado. Y el mundo se convierte en el espacio de nuestra nueva vida de resucitados. Nosotros hemos resucitado con Jesús: de pie,  con la frente levantada y podemos compartir la humillación de aquellos que todavía  hoy, como Jesús, se hallan en medio del sufrimiento, de la desnudez, de la necesidad, de la soledad, de la muerte, para convertirnos, gracias a Él y con Él, en instrumentos redención y de esperanza, en signos de vida y resurrección. En tantos países –aquí en Italia y también en mi patria- hay la costumbre de que cuando el día de Pascua se oyen las campanas, las mamás, las abuelas, llevan a los niños a lavarse los ojos con el agua, el agua de la vida, como signo para poder ver las cosas de Jesús, las cosas nuevas. En esta Pascua dejémonos lavar el alma, lavar los ojos del alma, para ver las cosas bellas y hacer cosas bellas. ¡Y esto es maravilloso! Esta es la resurrección de Jesús después de su muerte que fue el precio para salvarnos a todos.
Queridos hermanos y hermanas, preparémonos para vivir bien este inminente –empieza mañana- Triduo Santo, para estar cada vez más profundamente insertados en el misterio de Cristo, que murió y resucitó por nosotros. Que nos acompañe en este itinerario espiritual la Virgen Santísima que siguió a Jesús en su pasión –Ella estaba allí, miraba, sufría…- estuvo presente y unida a Él bajo su cruz, pero se avergonzaba de su hijo. ¡Una madre nunca se avergüenza de su hijo! Estaba allí y recibió en su corazón maternal la inmensa alegría de la resurrección. Que ella obtenga para nosotros la gracia de participar desde dentro en las celebraciones de los próximos días, para que nuestro corazón y nuestra vida se transformen verdaderamente.
Y mientras os dejo estos pensamientos, mientras formulo para todos vosotros mis mejores deseos de una feliz y santa Pascua, junto con vuestras comunidades y seres queridos.
Y os aconsejo: en la mañana de Pascua llevad a los niños debajo del grifo y haced que se laven los ojos. Será un signo de cómo ver a Jesús resucitado.
© Librería Editorial Vaticano

domingo, 12 de noviembre de 2017

El Papa en el Ángelus: “Si nos dejamos guiar por la búsqueda de nuestros intereses, nuestras vidas se vuelven estériles” 12112017

El Papa en el Ángelus: “Si nos dejamos guiar por la búsqueda de nuestros intereses, nuestras vidas se vuelven estériles”

El Papa Francisco a la hora del rezo del Ángelus del segundo domingo de noviembre de 2017. - ANSA
12/11/2017 10:31
 
“La parábola de las diez vírgenes” fue el argumento que eligió el Papa Francisco a la hora del rezo del Ángelus del segundo domingo de noviembre para explicar que no debemos esperar al último momento de nuestra vida para cooperar con la gracia de Dios.
En la parábola, las diez vírgenes son las doncellas que estaban a cargo de recibir y acompañar al esposo en la ceremonia de matrimonio, y dado que en ese momento era costumbre celebrarla por la noche, las doncellas estaban equipadas con lámparas. La parábola dice que cinco de ellas eran prudentes y las otras cinco necias. De hecho, las prudentes llevaban el aceite para las lámparas mientras que las necias no. En el momento de la llegada del esposo, las necias se dan cuenta que no tiene el aceite para las lámparas y se lo piden a las cinco prudentes pero éstas no se lo dan, pues no tenían suficiente para todas y el esposo entra a la sala nupcial con las que estaban preparadas.
El Santo Padre presentó esta parábola para explicar dos cosas, la primera, que debemos mantenernos listos para el encuentro con Jesús, y la segunda, distinguir entre ser necio y ser prudente: “Si nos dejamos guiar por lo que nos parece más conveniente buscando nuestros intereses, nuestras vidas se vuelven estériles”, dijo el Papa Francisco, pero por el contrario, “si estamos atentos y tratamos de hacer el bien, con gestos de amor, podemos mantenernos tranquilos mientras esperamos la llegada del Señor” porque “puede venir en cualquier momento” concluyó el Pontífice .
Además, después del rezo mariano del Ángelus, el Santo Padre recordó la proclamación de ayer en Madrid de los beatos Vicente Queralt LLoretjunto a 20 compañeros mártires y de José Maria Fernández Sánchez junto a 38 compañeros mártires. 
(Mireia Bonilla)
Texto completo de la reflexión del Papa antes del rezo del Ángelus
 
Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
En este domingo, el Evangelio (cfr., Mt 25,1-13) nos indica la condición para entrar en el Reino de los Cielos. Y lo hace con la parábola de las diez vírgenes: se trata de aquellas doncellas que estaban encargadas de acoger y acompañar al esposo a la ceremonia de bodas, y ya que en aquellos tiempos era costumbre celebrarlas de noche, las jóvenes estaban equipadas con lámparas.
La parábola dice que cinco de estas vírgenes son prudentes y cinco necias: en efecto, las prudentes llevaron consigo el aceite para las lámparas, mientras las necias no lo llevaron. El esposo tarda en llegar y todas se duermen. A medianoche es anunciada la llegada del esposo; entonces las vírgenes necias se dan cuenta que no tienen el aceite para las lámparas, y se lo piden a aquellas prudentes. Pero éstas responden que no se lo pueden dar, porque no bastaría para todas. Entonces mientras las necias van en búsqueda del aceite, llega el esposo. Las vírgenes prudentes entran con él en la sala del banquete nupcial y la puerta se cierra. Las cinco necias vuelven demasiado tarde, llaman a la puerta pero la respuesta es: “No las conozco” (v. 12), y se quedan afuera.
¿Qué  nos quiere enseñar Jesús con esta parábola? Nos recuerda que debemos estar preparados para el encuentro con Él. Muchas veces, en el Evangelio, Jesús exhorta a velar, y lo hace también al final de este relato, dice así: “Estén prevenidos, porque no saben ni el día ni la hora” (v. 13). Pero con esta parábola nos dice que velar no significa solamente no dormir sino estar preparados; en efecto todas las vírgenes se duermen antes que llegue el esposo, pero al despertarse algunas están listas y otras no. Aquí está entonces el significado del ser sabios y prudentes: se trata de no esperar el último momento de nuestra vida para colaborar con la gracia de Dios, sino de hacerlo ya, ahora. Sería hermoso pensar un poco: un día será el último. Si fuera hoy, ¿cómo estoy preparado, preparada? Debo hacer esto y esto… prepararse como si fuera el último día: esto hace bien.
La lámpara es el símbolo de la fe que ilumina nuestra vida, mientras el aceite es el símbolo de la caridad que alimenta, hace fecunda y creíble la luz de la fe. La condición para estar preparados al encuentro con el Señor no es solamente la fe, sino una vida cristiana rica de amor y de caridad por el prójimo. Si nos dejamos guiar de lo que nos parece más cómodo, por la búsqueda de nuestros intereses, nuestra vida se vuelve estéril, incapaz de dar la vida a los otros, y no acumulamos ninguna reserva de aceite para la lámpara de nuestra fe y ésta – la fe – se apagará al momento de la venida del Señor, o aun antes.
Si en cambio estamos preparados y tratamos de hacer el bien, con gestos de amor, de comunión, de servicio al prójimo en dificultad, podemos quedarnos tranquilos mientras esperamos la venida del esposo: el Señor podrá venir en cualquier momento, y también el sueño de la muerte no nos asusta, porque tenemos la reserva de aceite, acumulada con las obras buenas de cada día. La fe inspira la caridad y la caridad custodia la fe.
Que la Virgen María nos ayude a volver nuestra fe siempre más activa por medio de la caridad; para que nuestra lámpara pueda resplandecer ya aquí, en el camino terreno, y luego para siempre, en la fiesta de bodas en el paraíso.
Palabras del Papa después de la oración a la Madre de Dios
 
Queridos hermanos y hermanas,
Ayer en Madrid fueron proclamados Beatos Vicente Queralt LLoret y 20 compañeros mártires y José María Fernández Sánchez y 38 compañeros mártires. Algunos de los nuevos Beatos eran miembros de la Congregación de la Misión: sacerdotes, hermanos coadjutores, novicios; otros eran laicos pertenecientes a la Asociación de la Medalla Milagrosa. Todos fueron asesinados por odio a la fe durante la persecución religiosa acaecida en el curso de la guerra civil española entre el 1936 y el ’37. Demos gracias a Dios por el gran don de estos testigos ejemplares de Cristo y del Evangelio.
Los saludo a todos ustedes, familias, parroquias, asociaciones y fieles que han venido de Italia y de tantas partes del mundo. En particular saludo a los peregrinos procedentes de Washington, Filadelfia, Brooklyn y Nueva York; al coro parroquial Santa María Magdalena de Nuragus (Cerdeña), a los fieles de Tuscania, Ercolano y Venecia; la Sociedad de bochas de Rosta y los confirmandos de Galzignano.
A todos les deseo un feliz domingo. Y por favor, no se olviden de rezar por mí. ¡Buen almuerzo y hasta la vista!
(Traducción de María Cecilia Mutual)