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lunes, 21 de octubre de 2019

Santas Úrsula y compañeras vírgenes, vírgenes y mártires (21 de octubre)


Santas Úrsula y compañeras vírgenes, vírgenes y mártires

fecha: 21 de octubre
†: c. s. IV - país: Alemania
canonización: pre-congregación
hagiografía: Abel Della Costa
Elogio: Cerca de Colonia, en Germania, conmemoración de las santas vírgenes que entregaron su vida por Cristo, en el lugar de la ciudad donde después se levantó una basílica dedicada a santa Úrsula, virgen inocente, considerada como la principal del grupo.
Patronazgos: Úrsula es patrona de Colonia, de las jóvenes, de la juventud, los maestros, educadores y comerciantes de telas, de las Universidades de Colonia, Viena y Coimbra; protectora en tiempo de guerra, para pedir un buen matrimonio, una muerte tranquila, y contra las enfermedades de la infancia y los tormentos del purgatorio.
refieren a este santo: Santa Isabel de Schönau

La Iglesia trata con gran reserva el caso de santa Úrsula y sus compañeras, martirizadas en Colonia. La comisión nombrada por Benedicto XIV tenía el proyecto de suprimir su fiesta, que llegó a considerarse por completo fantástica y carente de todo valor. Ya el Martirologio Romano de 1922 suprimía algunas referencias históricas, como el tradicional número de once mil vírgenes, y las circunstancias concretas del martirio. Al respecto, puede ser útil comparar las redacciones respectivas de los elogios de 1922 y de la edición de 2001:
«En Colonia Agripina, santas Úrsula y compañeras, quienes, a causa de la religión cristiana y de la preservación de la virginidad, fueron asesinadas por los Hunos, llevando a término su vida en el martirio; muchos de sus cuerpos fueron conservados en Colonia.» (Martirologio de 1922)
«Cerca de Colonia, en Germania, conmemoración de las santas vírgenes que entregaron su vida por Cristo, en el lugar de la ciudad donde después se levantó una basílica dedicada a santa Úrsula, virgen inocente, considerada como la principal del grupo.» (Martirologio de 2001)
Es notable la desaparición de toda circunstancia histórica, quedando todo el peso del elogio en la basílica construida en honor de las mártires, que, como veremos luego, es lo único concreto de toda esta memoria.
En la iglesia de Santa Úrsula, en Colonia, hay una inscripción latina, que data probablemente de la segunda mitad del siglo IV o principios del siglo V. Su texto dice:
DIVINIS FLAMMEIS VISIONIB. FREQVENTER
ADMONIT. ET VIRTVTIS MAGNÆ MAI
IESTATIS MARTYRII CAELESTIVM VIRGIN
IMMINENTIVM EX PARTIB. ORIENTIS
EXSIBITVS PRO VOTO CLEMATIVS V. C. DE
PROPRIO IN LOCO SVO HANC BASILICA
VOTO QVOD DEBEBAT A FVNDAMENTIS
RESTITVIT SI QVIS AVTEM SVPER TANTAM
MAIIESTATEM HVIIVS BASILICÆ VBI SANC
TAE VIRGINES PRO NOMINE. XPI. SAN
GVINEM SVVM FVDERVNT CORPVS ALICVIIVS
DEPOSVERIT EXCEPTIS VIRCINIB.
SCIAT SE
SEMPITERNIS TARTARI IGNIB. PVNIENDVM
No hay una traducción aceptable del texto, ya que se trata de una inscripción bastante oscura. Pero parece conmemorar el hecho de que un tal Clemacio, senador, tuvo ciertas visiones en las que se le ordenó que emprendiese la reconstrucción en ese lugar, que era de su propiedad, de la basílica de las vírgenes que habían sido martirizadas allí. Debe tenerse presente que la inscripción no dice nada sobre el número y los nombres de las vírgenes, ni sobre la época y las circunstancias de su martirio, no nombra a Úrsula ni a los Hunos. Toda su importancia proviene de que menciona, si es que la inscripción está bien datada en el siglo IV o V, una básilica anterior, quizás preconstantiniana, testigo de un culto muy antiguo. Esta es toda la base sobre la que descansa el culto de santa Úrsula y las Once Mil Vírgenes, cuya leyenda es tan famosa.
La forma más antigua de la leyenda es un sermón compuesto en Colonia, probablemente a principios del siglo IX, con motivo del día de la fiesta. El autor confiesa que no existía entonces ningún escrito sobre el martirio y se limita a repetir la leyenda oral, sin dar pruebas sobre la veracidad de su contenido. Las doncellas eran muy numerosas, tal vez varios miles. La principal era Vinosa o Pinosa. El martirio tuvo lugar durante la persecución de Maximiano. Según una variante, las vírgenes habían llegado a Colonia con la Legión Tebana, aunque el autor se inclina más bien a pensar que eran originarias de Inglaterra. Ninguno de los martirologios clásicos de la época menciona a estas mártires, pero Usuardo conmemora a las vírgenes Marta y Saula y sus compañeras, martirizadas en Colonia y Wandelberto de Prüm, mediados del siglo IX, habla de los millares de vírgenes de Cristo que padecieron el martirio a orillas del Rin el 21 de octubre.
La primera mención del nombre de santa Úrsula, que formaba parte de un grupo de unas pocas vírgenes (no once mil), data de fines del siglo IX. Varias fuentes litúrgicas de esa época, dicen que santa Úrsula formaba parte de un grupo, pero a veces menciona a cinco, otras ocho, otras once vírgenes; por ejemplo: Úrsula, Sencia, Gregoria, Pinnosa, Marta, Saula, Brítula, Saturnina, Rabacia, Saturia, y Paladia. Por supuesto que ninguno de estos documentos es anterior al siglo IX, pero al menos son testimonios independientes a las leyendas ursulinas -que recién comenzaban a circular- y su testimonio no queda invalidado por dichas leyendas. En una sola de estas listas Úrsula está primera.
Sin embargo, ya a principios del siglo X se comenzó a hablar de «once mil» vírgenes, aunque no se sabe cómo ni por qué. Se puede quizás pensar que se juntó el dato de las once de uno de los listados litúrgicos, con la idea de «miles de vírgenes» en el Rin, que provenía de otras fuentes, según vimos; y según una teoría, la abreviación «XI M.V.» (undecim martyres virgines) se tradujo equivocadamente por undecim milia virgines. Sea como sea que se haya llegado a pasar de un puñado de no más de once a nada menos que once mil, para el siglo X estaban todos los elementos básicos de tan fantástica história, y sólo faltaba que la imaginación popular y moralizante dieran una forma agradable y transmisible a todo este conjunto.
Ésta es, pues, la forma que tomó más tarde en Colonia: Un rey pagano solicitó la mano de Úrsula, hija de un monarca cristiano de Inglaterra. La joven quería permanecer virgen y obtuvo un plazo de tres años, que empleó en continuas travesías marítimas. Tenía diez damas de honor y cada una de ellas, lo mismo que Úrsula, llevaba mil compañeras. La expedición constaba de once navíos. Al cumplirse el plazo de tres años, los vientos arrastraron los navíos a la desembocadura del Rin. La caravana de doncellas se dirigió entonces a Colonia y después, a Basilea. Allí desembarcaron Úrsula y sus compañeras, quienes cruzaron los Alpes y fueron a Roma a visitar el sepulcro de los Apóstoles. Después, volvieron por el mismo camino a Colonia. Como Úrsula se rehusase a contraer matrimonio con el rey de los hunos, fue asesinada por los bárbaros junto con todas sus compañeras. Los ángeles se encargaron de dispersar a los asesinos, de suerte que los habitantes de la ciudad pudieron recuperar los cadáveres. Clemacio construyó en su honor una basílica.
Godofredo de Monmouth, en el siglo XII, da otra versión de origen galo, no menos fantástica: El emperador Maximiano, es decir, Magno Clemente Máximo, conquistó las Galias el año 383 y fundó en Bretaña una colonia inglesa, compuesta en gran parte por soldados, bajo las órdenes de Cinán Meiriadog. Cinán pidió al rey de Cornwall, llamado Dionoto, que enviase algunas mujeres para poblar la colonia. Dionoto respondió generosamente y envió a su propia hija, Úrsula y a otras 11.000 doncellas nobles, así como a 60.000 jóvenes del pueblo. Úrsula, que era muy hermosa, debía contraer matrimonio con Cinán. Pero una tempestad arrastró los navíos hacia el norte, a unas islas extrañas pobladas por los bárbaros, y las doncellas murieron a manos de los hunos y de los pictos.
La versión de Colonia constituye la leyenda que podríamos llamar «oficial». Esa versión sitúa el martirio en el año 451: «Atila y los hunos, cuando se replegaban después de su derrota en la Galia, tomaron Colonia, que era entonces una ciudad cristiana muy floreciente. Sus primeras víctimas fueron Úrsula y sus compañeras inglesas» (así rezaba una antigua lección del Breviario en Inglaterra). En el curso del siglo XII, la historia se complicó aún más, gracias a las «revelaciones» de santa Isabel de Schönau y del beato Germán José, canónigo premonstratense. Actualmente, todo el mundo está de acuerdo en que tales revelaciones eran puramente ilusorias, pero en la época en que tuvieron lugar se «descubrieron» en Colonia (1155) numerosas reliquias e inscripciones (naturalmente falsas), que pasaban por ser los epitafios de san Ciriaco Papa, de san Marino de Milán, de san Papunio, rey de Irlanda, de san Picmenio, rey de Inglaterra y de otros muchísimos personajes imaginarios que habían sufrido el martirio con santa Úrsula y sus compañeras. Las pretendidas «revelaciones» del beato Germán (si es que existieron realmente) eran aún más sorprendentes que las de santa Isabel, ya que tenían por finalidad resolver los múltiples problemas de la leyenda y explicar la presencia de los huesos de hombres y aun de niños recién nacidos, entre los restos de las mártires. Indudablemente lo que se descubrió en 1155 fue una fosa común. Por otra parte, todos los indicios nos llevan a pensar que los dos abades de Deutz falsificaron impíamente los hechos y complicaron en el fraude a santa Isabel y al beato Germán, sin que éstos lo supiesen. Todavía se conserva una gran cantidad de «reliquias» en la iglesia de Santa Úrsula en Colonia, sin contar las que se hallan esparcidas en el mundo entero.
Dejando a un lado la leyenda, la inscripción de Clemacio dice que éste restauró una pequeña basílica o cella memorialis, que probablemente había sido saqueada por los francos alrededor del año 353 (y por tanto carece de toda relación con los hunos). Ahí se hallaba el sepulcro de las mártires, y Clemacio prohibió que se diese sepultura en ese lugar a otras personas. El texto de la inscripción no indica absolutamente que se tratase de un vasto cementerio en el que había millares de esqueletos. Durante la Edad Media, se inventaron, poco a poco, los nombres de las compañeras de santa Úrsula que figuran en diversos calendarios y martirologios. Una de las invenciones más famosas y quizás más entrañables, sea la de «santa Córdula», que atemorizada por el martirio escapó de la matanza, pero «al día siguiente, arrepentida, se entregó a los hunos y fue la última que conquistó la palma del martirio» (así lo decía la inscripción del Martirologio Romano de 1922, retirada en la actualidad). Según se sabe, la autora de esta invención fue la monja Helentrudis de Heerse en el documento «Fuit tempore». De cada detalle la predicación ha sacado ejemplos notables y valores permanentes; la iconografía, qué duda cabe, se ha recreado en pintar de mil maneras distintas estos «hechos». Aun en la teología del siglo XX no sabríamos a qué hace referencia el libro de Hans Urs von Bathasar «Córdula, o el acontecimiento auténtico», si no tuviéramos conocimiento de estos desarrollos legendarios. Pero, como lo hemos señalado otras veces, el Martirologio no es un reservorio de leyendas entrañables, sino la celebración de hechos de la fe veraces y fundamentales, que dieron lugar a la nuestra. Muchas veces no tenemos para ellos más que la vaga evocación de una basílica cuyo recuerdo subsistió, o un nombre que ha quedado desprovisto de toda densidad. La historia de la fe nos ofrece muchas veces esa «ascesis de la curiosidad» que la leyenda pretende suavizarnos. Pero lo que debe permanecer es el recuerdo de que nuestra fe está construida sobre martirios auténticos, aunque no conozcamos de ellos más que los retazos que lograron fijarse en una inscripción o un pergamino borroso.
El P. Víctor de Buck consagró al estudio de la leyenda 230 páginas in-folio en Acta Sanctorum, oct., vol. IX (1858). Además de la inscripción de Clemacio, el Sermo in natali y las cortas noticias litúrgicas arriba mencionadas, el documento más importante es el antiguo relato «Fuit tempore». Desgraciadamente, el P. de Buck no le atribuyó importancia alguna, porque no leyó el prólogo. Fue publicado por primera vez en Analecta Bollandiana, vol. Hl (1884), pp. 5-20. La leyenda comenzó a desarrollarse a partir de esa base, pero su evolución es demasiado complicada y la bibliografía demasiado nutrida para que podamos ocuparnos aquí de ellas. Es muy recomendable el artículo de la Catholic Encyclopedia sobre este tema, «St. Ursula and the Eleven Thousand Virgins» , que he tomado como base, junto con el del Butler-Guinea, para la elaboración de este escrito: de los dos he sacado párrafos literales, acomodándolos a la circunstancia de la edición del nuevo Martirologio Romano, que ya ha desterrado por completo la leyenda de santa Úrsula, aunque no el personaje, como hemos visto.
Abel Della Costa
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Estas biografías de santo son propiedad de El Testigo Fiel. Incluso cuando figura una fuente, esta ha sido tratada sólo como fuente, es decir que el sitio no copia completa y servilmente nada, sino que siempre se corrige y adapta. Por favor, al citar esta hagiografía, referirla con el nombre del sitio (El Testigo Fiel) y el siguiente enlace: https://www.eltestigofiel.org/index.php?idu=sn_3841

lunes, 29 de julio de 2019

Beato Urbano II, papa (29 de julio)


Beato Urbano II, papa

fecha: 29 de julio
n.: c. 1042 - †: 1099 - país: Italia
canonización: 
Conf. Culto: León XIII 12 jul 1881
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
Elogio: En Roma, en la basílica de San Pedro, beato Urbano II, papa, que defendió la libertad de la Iglesia de las intromisiones de los laicos, combatió la simonía y la corrupción del clero, y en el Concilio de Clermont exhortó a los soldados cristianos a que liberasen, bajo el signo de la cruz, a sus hermanos cristianos oprimidos por los infieles y recuperasen el sepulcro del Señor.
refieren a este santo: San Bruno

Se ha dicho que la reforma benedictina de Cluny fue «la fuerza de mayor alcance internacional del siglo XI». Pero la influencia de la reforma cluniacense no se debió únicamente a la acción de los monjes, sino también a la de los papas. Entre ellos se destaca san Gregorio VII, quien se educó en el monasterio cluniacense de Santa María del Aventino y fue amigo personal de san Odilón y san Hugo. También la influencia del pontificado de Urbano II fue decisiva. Llamado Odo o Elides de Lagery, nació en Chátillon-sur-Marne, en 1042. Estudió en la escuela de Reims, bajo la dirección de san Bruno, el fundador de los cartujos. Tal vez fue él quien le inspiró el amor de la vida religiosa, ya que, tras de haber sido canónigo y archidiácono de Reims, Odo tomó el hábito en el monasterio de Cluny. Más tarde, escribió a su abad, san Hugo: «Os amo particularmente a vos y a los vuestros, porque vosotros me enseñasteis los rudimentos de la vida monástica, y en vuestro monasterio renací yo por la gracia del Espíritu Santo». Odo llegó a ser abad de Cluny. En 1078, fue nombrado cardenal obispo de Ostia y consejero de san Gregorio VII. El sucesor dr Hildebrando, Víctor III, nombró en su lecho de muerte por sucesor suyo al cardenal obispo de Ostia. Aunque tal nombramiento carecía de valor canónico, no dejó de ejercer cierta influencia sobre los cardenales, quienes, el 12 de marzo de 1088, le eligieron papa por aclamación. Odo tomó el nombre de Urbano II y manifestó su intención de proseguir la obra de Gregorio VII. Por entonces, escribió al beato Lanfranco, arzobispo de Canterbury, pidiéndole su apoyo y llamándole «el más noble y fiel de los distinguidos hijos de la Santa Iglesia Romana».
El nuevo papa necesitaba del apoyo de todos. En efecto, los tiempos no eran fáciles. San Pedro Damián escribió un epigrama latino para felicitar a Urbano II y decía, no por mera fórmula: «Pedro está preparando sus redes para echarlas a las aguas profundas». Como Roma estaba en manos del antipapa Guiberto («Clemente III»), Urbano no pudo entrar a la ciudad sino hasta el mes de noviembre y hubo de tomar por la fuerza el palacio de San Pedro. Poco después, el emperador Enrique IV invadió Italia; Urbano II tuvo que salir de Roma y los habitantes de la ciudad dieron nuevamente la bienvenida al antipapa. Urbano se retiró al sur de Italia, donde se esforzó por mejorar la disciplina eclesiástica y por restablecer la paz de la Iglesia. Pero muchos de los partidarios del Pontífice preferían ganar la batalla por las armas, lo cual dificultaba las negociaciones con el emperador, a quien apoyaban los obispos de Alemania. Finalmente, Urbano volvió a Roma en 1093. Como Ios partidarios de Guiberto ocupaban todavía el castillo de Sant'Angelo y Urbano II no quería luchar contra el pueblo romano, se fue a vivir en el palacio fortificado de los Frangipani. Ahí se vio reducido a la mayor pobreza. El abad francés, Godofredo de Vendôme, le socorrió generosamente.
En 1095, se reunió un sínodo en Piacenza, en el que los padres discutieron la validez del matrimonio de dos monarcas. Urbano II promulgó los decretos gregorianos sobre el celibato de los clérigos, la investidura de los laicos, la simonía y abordó, por primera vez, el tema de la Cruzada, a instancias del emperador de Oriente, Alejo I Comneno, quien le había pedido ayuda contra los selyukidas. En el Concilio de Clermont-Ferrand se discutió a fondo la cuestión de la Cruzada, y la idea despertó un entusiasmo inmenso. El proyecto del emperador Alejo Comneno consistía en «pedir ayuda a los bárbaros de Occidente para arrojar a los bárbaros de Oriente». Por otra parte, el proyecto sonreía a más de un prelado occidental, que veía en la cruzada la manera de emplear útilmente las energías y ambiciones de los señores feudales. Aun el pueblo se sentía atraído por la idea de abrir camino a los peregrinos a través de Asia Menor y de rescatar Jerusalén y las iglesias de Asia de manos de los sarracenos.
Así quedó decidido que se formaría un ejército; se concedió una indulgencia plenaria a cuantos se enrolasen en la cruzada por motivos exclusivamente religiosos y sus bienes se declararon inviolables, se impuso la «Tregua de Dios» (la suspensión temporal de hostilidades en las interminables guerras privadas entre los distintos señores) y se aconsejó a los clérigos y a los jóvenes casados que no partiesen a la Cruzada. El elocuente llamado que hizo Urbano II al espíritu religioso y al valor de los francos, despertó un entusiasmo delirante. La multitud respondió con el grito unánime de «¡Dios lo quiere!», y muchos se decidieron a partir en ese mismo momento. Urbano II predicó la cruzada por toda Francia durante nueve meses. Guillermo de Malmesbury describe así los hechos: «El galés abandonó la cacería, el escocés sus pulgas, el danés sus compañeros de parranda y el noruego su pescado podrido. Los campos, las casas y aun las ciudades quedaron desiertos». En la primavera de 1097, se reunieron en Constantinopla los cuatro ejércitos cristianos y en julio de 1099, quince días antes de la muerte de Urbano II, tomaron Jerusalén. Así empezaron las cruzadas. Si se hubiesen emprendido y llevado al cabo con el espíritu del santo Pontífice que las predicó por primera vez, habrían constituido un valor permanente para la causa de la Iglesia y de la cristiandad. Pero, tal como se llevaron a cabo, el bien que hicieron fue efímero, y los efectos de algunos de los males que causaron, se dejan sentir todavía en nuestros días. Aun antes de que partiese el primer ejército, algunas bandadas de entusiastas indisciplinados habían ya manchado la reputación de la cruzada con el pillaje y el asesinato en el valle del Danubio y en Constantinopla, y los turcos habían acabado con ellos sin dificultad. Por otra parte, la conquista de Jerusalén estuvo acompañada por una horrible matanza de judíos y musulmanes.
Antes de volver a Italia, Urbano II redujo al orden a algunos obispos franceses. Además, el rey de Francia, que vivía en adulterio, le prometió que se enmendaría, pero no cumplió su palabra. En mayo de 1097, Enrique IV retornó finalmente a Alemania. Algo más de un año después, el partido del antipapa entregó el castillo de Sant'Angelo, de suerte que Urbano II pudo finalmente establecerse en paz en la Ciudad Eterna. El antipapa se trasladó a Ravena. Para resolver los problemas de la Iglesia y el Estado en el sur, Urbano II nombró al conde Rogelio de Sicilia y a su heredero, legados pontificios en Sicilia. No conocemos exactamente los términos del nombramiento; en todo caso, los sucesores de Rogelio se consideraron, en lo sucesivo, como amos de Sicilia hasta que el Tratado de Letrán de 1929 suprimió sus «derechos» y privilegios. El último acto de importancia del turbulento y fructuoso pontificado de Urbano II fue la realización del Concilio de Bari, que tenía por objeto restablecer la paz entre Roma y Constantinopla. Pero en ese momento, el emperador Alejo Comneno se hallaba demasiado ocupado. Así pues, aunque algunos obispos bizantinos asistieron al Concilio, éste se limitó a resolver los problemas de los prelados italo-griegos del sur de Italia, zanjando la cuestión de la procedencia del Espíritu Santo. El éxito se debió, en gran harte, a la elocuencia de san Anselmo de Canterbury, quien había ido a Italia a informar a Urbano II de los abusos del rey Guillermo el Rojo. El Pontífice le encargó de exponer y defender la doctrina católica en el Concilio de Bari. No se puede hablar de Urbano II, sin hacer alusión a sus relaciones con san Bruno, su antiguo maestro, aunque no poseemos muchos datos sobre ellas. Cuando Odo ascendió al trono pontificio, Bruno llevaba ya dos años en la soledad de la Gran Cartuja. Dos años después, Urbano II le llamó «al servicio de la Sede Apostólica». Se puede suponer, sin riesgo de equivocarse, que Urbano II apreciaba mucho el consejo de san Bruno, pues le retuvo en Italia. San Bruno vivió algún tiempo con el Papa; más tarde, obtuvo permiso de retirarse a una ermita de Calabria, en los dominios del conde Rogelio. Aunque no se mostraba en público, permanecía a la disposición del Papa. Ello constituye un extraordinario ejemplo de obediencia y de la función de los contemplativos en la vida de la Iglesia. Sin duda que san Bruno aconsejó a Urbano II en el delicado asunto de las relaciones de san Roberto con la abadía de Molesmes y con la fundación del Cister. Según un documento pontificio, los monjes del Cister «hacen profesión de observar estrictamente la regla de San Benito», por consiguiente, no conviene obligarlos a volver a una forma de vida que desprecian. También está fuera de duda que la influencia de san Bruno y la formación que el propio Urbano II había recibido en un monasterio, contribuyeron a que el pontífice favoreciera a los monjes y concediera privilegios a los monasterios de todo el mundo.
Urbano reunió un último concilio en Roma después de la Pascua de 1099. Dicho concilio condenó una vez más al antipapa Guiberto. Urbano Il predicó en él la cruzada con tal elocuencia, que el propio hermano de Guiberto se unió a ella. El Papa murió tres meses después. El culto que el pueblo empezó a tributarle desde el día de su muerte fue oficialmente confirmado en 1881. La figura de Urbano II está relacionada con sucesos muy importantes de la historia, en los que desgraciadamente se mezclaron demasiado los príncipes temporales. Lo que sabemos de la vida privada de Urbano II cuadra perfectamente con la actitud valiente pero mesurada que tomó en el ejercicio del pontificado. El santo pontífice fue muy amante de los pobres y muy devoto de Nuestra Señora.
La vida de Urbano II está mezclada con todos los sucesos importantes de la época, de suerte que resulta imposible citar todas las fuentes. En el Liber Pontificalis (Duchesne, vol. II, 293-295), hay una reseña bastante completa del pontificado de Urbano II, escrita por Pedro Guillermo. Naturalmente las crónicas de la época hablan mucho de este Pontífice. En la obra de Mann, The Lives of the Popes in the Middle Ages, vol. VII, pp. 245-346, hay un estudio muy detallado del pontificado de Urbano II. Urbano II prestó grandes servicios a la Iglesia y contribuyó a la solución de los problemas políticos de su época, como lo demuestran Hauck, Kirchengeschichte Deutschlands, vol. III, pp. 858-881, y la Cambridge Medieval History, vol. IV, pp. 87-95. Decreto de confirmación de culto en ASS 14 (1881) pág 217.
fuente: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
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Estas biografías de santo son propiedad de El Testigo Fiel. Incluso cuando figura una fuente, esta ha sido tratada sólo como fuente, es decir que el sitio no copia completa y servilmente nada, sino que siempre se corrige y adapta. Por favor, al citar esta hagiografía, referirla con el nombre del sitio (El Testigo Fiel) y el siguiente enlace: https://www.eltestigofiel.org/index.php?idu=sn_2625

miércoles, 29 de mayo de 2019

Santa Úrsula Ledóchowska, virgen y fundadora (29 de mayo)


Santa Úrsula Ledóchowska, virgen y fundadora

fecha: 29 de mayo
n.: 1865 - †: 1939 - país: Italia
canonización: 
B: Juan Pablo II 20 jun 1983 - C: Juan Pablo II 18 may 2003
hagiografía: Vaticano
Elogio: En Roma, tránsito de santa Úrsula (Julia) Ledóchowska, virgen, que fundó el Instituto de Religiosas Ursulinas del Sagrado Corazón de Jesús Agonizante, y afrontó fatigosos viajes a través de Polonia, Escandinavia, Finlandia y Rusia.
Nació el 17 de abril de 1865 en Loosdorf (Austria), segunda de nueve hijos. Su madre, de nacionalidad suiza, descendía de una familia noble; su padre procedía de la antigua y noble familia polaca Ledóchowski, en la que destacaron hombres de Estado, militares, eclesiásticos y personas consagradas. Creció en un clima familiar lleno de amor y exigente. María Teresa, su hermana mayor, fundadora de las Misioneras de San Pedro Claver (Hermanas Claverianas), conocida como "madre de África", fue beatificada por el Papa Pablo VI en el año 1975; su hermano Vladimiro, un año menor que ella, fue superior general de la Compañía de Jesús de 1915 a 1942. Otro de sus hermanos, Ignacio, general del ejército polaco, murió asesinado por los nazis en el campo de concentración de Dora-Nordhausen, el año 1945.
En 1883 la familia se trasladó de Austria a Polonia. Tres años después, Julia entró en el convento de las Ursulinas de Cracovia. Durante la profesión religiosa, emitida en 1889, tomó el nombre de María Úrsula de Jesús. Destacó por su amor al Señor, su talento educativo y su sensibilidad ante las necesidades de los jóvenes en las difíciles circunstancias sociales, políticas y morales de su tiempo. En 1904 fue elegida superiora del convento de Cracovia. En ese tiempo emprendió valientes iniciativas apostólicas. Abrió un internado para jóvenes universitarias -el primero en Polonia-, donde las muchachas no sólo pudieran encontrar un lugar seguro, sino también una sólida formación religiosa: organizaba la Congregación mariana y cursos para profundizar la visión cristiana de la vida, dirigidos por eminentes teólogos.
Convencida de la necesidad de cambiar las Constituciones según las nuevas necesidades pastorales, se dirigió a Roma en 1907. En una audiencia, propuso al Papa Pío X realizar su trabajo apostólico en el corazón de la Rusia hostil a la Iglesia. Con la bendición del Vicario de Cristo, ese mismo año, al concluir su cargo de superiora del convento de Cracovia, acompañada de otra religiosa, ambas vestidas de civil, pues la vida religiosa estaba prohibida en ese país, partió hacia San Petersburgo. Las religiosas vivían en la clandestinidad y, aunque eran vigiladas continuamente por la policía secreta, realizaban una intensa labor educativa y de formación religiosa, también con vistas a promover buenas relaciones entre polacos y rusos. En 1908, la Santa Sede, a causa de las grandes dificultades de comunicación, aprobó la erección canónica de la casa de San Petersburgo como casa autónoma, con noviciado. La madre Úrsula fue nombrada superiora. Al año siguiente, la actividad del convento se extendió a Finlandia, donde construyó una escuela con internado para muchachas.
Cuando estalló la primera guerra mundial, en 1914, la madre Úrsula, al ser ciudadana austríaca, tuvo que salir de Rusia y emigró a Escandinavia: primero a Suecia y luego a Dinamarca, desde donde podía mantener más fácilmente contactos con sus religiosas de San Petersburgo. Para evitarles las consecuencias de la revolución bolchevique, trasladó la comunidad a Estocolmo, donde fundó un instituto de lenguas para muchachas. En 1917 se trasladó, con toda la comunidad, a Aalborg, en Dinamarca, donde abrió una casa para niños huérfanos de los inmigrantes polacos. Durante el tiempo de su estancia en Escandinavia, además de su apostolado educativo, trabajó intensamente en la promoción del compromiso ecuménico. Asimismo, colaboró con el Comité de ayuda a las víctimas de la guerra en Polonia, fundado por Henryk Sienkiewicz, famoso escritor polaco premiado con el premio Nobel por su libro «Quo vadis?».
La casa de sus religiosas se convirtió en un apoyo para la gente de diversas orientaciones políticas y religiosas. Su amor ardiente a la patria iba unido a la apertura a los otros. Cuando le preguntaban cuál era su orientación política, respondía sin vacilar: «Mi política es el amor». En ese tiempo, la Santa Sede le concedió el permiso para transformar su convento autónomo de Ursulinas en la congregación de Hermanas Ursulinas del Sagrado Corazón de Jesús Agonizante. La espiritualidad de la congregación se centra en la contemplación del amor salvífico de Cristo y en la participación en su misión por medio de la labor educativa y el servicio al prójimo, especialmente a los que sufren, a los que viven en soledad, a los marginados y a los que buscan el sentido de su vida.
Úrsula educaba a sus religiosas para amar a Dios sobre todas las cosas y en Dios a toda persona humana y a toda la creación. Recomendaba, como testimonio creíble de una relación personal con Cristo, la sonrisa, la serenidad de espíritu, la humildad y la capacidad de vivir la vida ordinaria como camino privilegiado para la santidad. Ella misma era un ejemplo notable de ese tipo de vida.
Murió en Roma el 29 de mayo de 1939. Fue beatificada por el Papa Juan Pablo II el 20 de junio de 1983 en Poznan, y canonizada pro el mismo papa el 18 de mayo de 2003 en la basílica de San Pedro.
fuente: Vaticano
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Estas biografías de santo son propiedad de El Testigo Fiel. Incluso cuando figura una fuente, esta ha sido tratada sólo como fuente, es decir que el sitio no copia completa y servilmente nada, sino que siempre se corrige y adapta. Por favor, al citar esta hagiografía, referirla con el nombre del sitio (El Testigo Fiel) y el siguiente enlace: https://www.eltestigofiel.org/index.php?idu=sn_1821

domingo, 19 de mayo de 2019

San Urbano I, papa (19 de mayo)


San Urbano I, papa

fecha: 19 de mayo
fecha en el calendario anterior: 25 de mayo
†: 230 - país: Italia
canonización: pre-congregación
hagiografía: Abel Della Costa
Elogio: En Roma y en el cementerio de Calixto, en la vía Apia, san Urbano I, papa, que gobernó fielmente la Iglesia Romana durante ocho años, tras el martirio de san Calixto.
Patronazgos: patrono de Maastricht, Toledo, Troyes y Valencia; de los enólogos y toneleros, los viñedos, el vino; para pedir por la embriaguez, la gota, las heladas, los truenos y relámpagos.
refieren a este santo: Santos Ponciano e Hipólito

De san Urbano, como de tantos santos de la época -incluso pontífices- sabemos realmente poco, pero la historia tejida en torno a su culto es de lo más pintoresca. podemos asomarnos a ella comparando la redacción del «elogio» en el Martirologio Romano anterior y en el actual. El primero decía:
«En Roma, en la Vía Nomentana, el nacimiento para el cielo del bienaventurado Urbano, Papa y mártir, por cuyas exhortaciones y enseñanzas muchas personas, entre las que se contaban Tiburcio y Valeriano, recibieron la fe de Cristo y sufrieron el martirio por ella. Dicho Pontífice tuvo que sufrir mucho durante la persecución de Alejandro Severo y, finalmente, recibió la corona del martirio por la espada»
mientras que en el Martirologio actual dice:
«En Roma y en el cementerio de Calixto, en la vía Apia, san Urbano I, papa, que gobernó fielmente la Iglesia Romana durante ocho años, tras el martirio de san Calixto.»
¿Qué ha cambiado? pues, menos Roma y que fue Papa, todo: no está enterrado en la vía Nomentana sino en la vía Apia, en el cementerio de Calixto, no tiene relación con Tiburcio y Valeriano (esposo y cuñado de santa Cecilia, respectivamente), no fue mártir, y lo que es más: el reinado de Alejandro Severo fue un período de paz para la Iglesia, y, aunque no cambió el status legal de los cristianos, eran de hecho favorecidos por el Emperador y su madre, Julia Mamea, quien era incluso amiga de Orígenes, y lo hizo llamar a Antioquía.
¿Qué es entonces lo que ha pasado aquí? Indudablemente los períodos de paz producen menos noticias que los de guerra y persecución; y podemos tener en esto mismo un ejemplo: el cisma que se había creado con Hipólito en época del predecesor de Urbano, Calixto, se solucionó con el sucesor de Urbano, Ponciano; sabemos de Hipólito bajo Calixto y de Hipólito bajo Ponciano, ambos períodos de conflicto, pero de Hipólito bajo Urbano, nada sabemos, sino lo que podemos imaginar: que fue éste el momento en que Hipólito produjo su obra (los «Philosophúmena») donde atacaba al papa Calixto, pero que Urbano no parece haber adherido a las tesis rigoristas de Hipólito, ni de hecho cambió la política religiosa de los dos anteriores papas, que opinaban que había que usar de misericordia con los que en las persecuciones habían caído en apostasía, pero que luego querían volver a ser admitidos por la Iglesia (cuestión de los «relapsi»).
En el siglo XIX el arqueólogo de las catacumbas cristianas, De Rossi, entre otros impactantes hallazgos, encontró la tumba de san Urbano Papa en el cementerio Calixtino, y se pudo ver con claridad, que la tumba del tal Urbano mártir que se conocía en la vía Nomentana corresponde en realidad a otro Urbano, éste sí, mártir, de época desconocida. Como -basados únicamente en que eran tocayos- se creía que había sido la tumba de Urbano I, papa, y se sabía que su pontificado había sido con certeza en tiempos de Alejandro Severo, los historiadores anteriores atribuyeron al pobre Emperador -¡que encima protegió al cristianismo!- una persecución que nunca tuvo lugar. La relación de Urbano I con las «Actas» de santa Cecilia es puramente legendaria, como lo son las mismas actas, problema que ya está tratado en la entrada correspondiente a esta santa.
También se le atribuyó a Urbano I durante algunos siglos una «Epístola a todos los cristianos», que tenía como uno de sus puntos principales fundamentar el derecho de la Iglesia a la propiedad privada. El escrito es una falsificación medieval que nada tiene que ver con el pontificado de Urbano I, y naturalmente, no pertenece al magisterio papal; pero algunos sitios de internet -sin ninguna clase de fundamento- la siguen incluyendo entre las obras de este papa, y sacando de ella, por tanto, conclusiones doctrinales.
Urbano gobernó a la Iglesia desde el 222 o 223 hasta el 230; la declaración que también se encuentra en algunas hagiografías de que «mandó hacer vasos sagrados de plata para las iglesias de Roma» también se basa, al decir de las mejores autoridades, en invenciones posteriores que no se apoyan en ningún documento que conozcamos.
Este artículo se basa por completo en el de J.P. Kirsch en Catholic Encyclopedia y en el correspondiente del Butler-Guinea; Kirsch discute la identificación de De Rossi, pero yo la he dado por buena aquí basándome exclusivamente en que el Nuevo Martirologio Romano la admite, por lo que seguramente debe representar la postura más corriente en este momento, pero téngase presente que es el artículo de Kirsch y no mi breve resumen y comentario el que tiene autoridad de especialista. En todo caso vale la pena leer el artículo de Kirsch original, del que además hay una buena traducción castellana. La «Epístola...» atribuida puede verse en latín en Migne PG, 10, cols. 135-141, que ya en su época la señala como ficticia en cuanto a la autoría del Papa Urbano.
Abel Della Costa
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ingreso o última modificación relevante: 10-5-2015
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jueves, 31 de enero de 2019

Santa Ulpia de Amiens, virgen. (31 de enero)

Santa Ulpia de Amiens, virgen.

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Santa Ulpia.
Santa Ulpia.
Santa Ulpia de Amiens, eremita. 31 de enero y 16 de mayo (traslación de las reliquias).

La leyenda de esta santa no nos dice nada sobre sus orígenes, sus padres o su infancia. Parte de su juventud, cuando Ulpia era una jovencita piadosa y caritativa. Fue pretendida por un joven, y sus padres accedieron a casarla, pero Ulpia manifestó que fuera de Jesucristo no quería otro esposo Y, dice la leyenda, dio gran alegría a sus padres con aquella resolución. El pretendiente no cejaba en sus propósitos, ora agasajándola, ora amenazándola. Tanto miedo tuvo Ulpia, que pasaba largos ratos en la iglesia, confiando en que el hombre no se atrevería a profanar la iglesia. Hasta un día en que tomó la resolución de “volverse loca” por Cristo, para que la dejasen en paz. Empezó un severo ayuno, vistió ropas miserables, vagaba por las calles gritando y peleándose con los perros. Así, cada vez más sucia y delgada, el pretendiente la dejó en paz.

Este tiempo de “locura”, Ulpia redobló sus oraciones y penitencias, lo que hizo tomara la resolución de servir enteramente a Cristo en la soledad. Tomó una capa abandonada, se cubrió y de esta guisa abandonó la su lugar de nacimiento, familia y riquezas. Llegó a un lugar solitario, a una fuente a las orillas del Noye y afueras de Amiens, donde descansó, quedando profundamente dormida. Soñó que la Santísima Virgen María se le aparecía resplandeciente, con el Niño Jesús y le decía: "Ulpia, hija mía, ya que elegiste a este niño por Esposo en la tierra, tus desposorios con Él durarán toda la eternidad, pero has de sufrir luchas terribles, como si el infierno fuera”. Y añadió la Madre de Dios: “En este lugar santificarás tus días. Aquí has de esperar la guía de un santo religioso". La visión se desvaneció, Ulpia despertó y rogó a la Virgen que la ayudara, y su oración fue contestada. A dos leguas y media de Amiens estaba establecido San Domicio (23 de octubre), un anciano canónigo de la iglesia de Nuestra Señora, que había renunciado a sus riquezas y beneficios para disfrutar de la vida solitaria. Cada noche iba a la iglesia a rezar los maitines con los demás canónigos. Esa misma noche, estando Ulpia orando, una voz le dijo: "Levántate y ve presto a conocer a tu padre espiritual, que ya se acerca". Y al instante la santa levantó la vista y vio al religioso, vestido como ermitaño, descendiendo una pequeña montaña. Salió a su encuentro, se postró a sus pies y le suplicó en nombre de Dios, que asumiera la responsabilidad de su dirección espiritual. San Domicio se extrañó de hallar una joven en aquel sitio apartado, y temiendo fuera una tentación del diablo, le respondió a Ulpia que lo consultaría con el Señor, y ya Él diría.

Domicio se fue a su ermita y durmió pronto, por lo que olvidó a la joven, pero entonces, el ángel de la guarda de esta le despertó y le aseguró de parte de Dios que Jesucristo quería velase por su esposa. Al otro día en la mañana Domicio fue a ver a Ulpia, y la halló orando junto a la fuente. La chica le recibió diciéndole: "Bienvenido, padre mío y amigo mío. Me alegra vengas a cumplir tu obligación, ya que Dios me ha confiado a ti”. Allí pasó Domicio todo el día y llegada la noche, le dijo a Ulpia le acompañara a la iglesia a cantar los maitines con él. Llegaron a la catedral y al momento de entrar, que el obispo entonó el Oficio de vírgenes. Es que el obispo había tenido una revelación sobre ella. Terminó de cantar el obispo y se acercó a Ulpia, diciéndole: "Bienvenida, querida hija, tú que desde tu juventud estás consagrada a Jesucristo. Gracias a ti, bendeciré y consagraré una virgen cuyo ejemplo probablemente será seguido por muchas otras". Ulpia le respondió con lágrimas: "Reverendo Padre, no puedes cambiar la voluntad de Dios que me ha confiado a padre Domicio. Pero he aquí que primero tengo que obedecerte como mi obispo. Te ruego humildemente hagas aquello que más convenga a mi alma". Entonces, el obispo determinó darle la consagración de vírgenes, ordenándola de diaconisa y permitiendo viviera en soledad bajo la autoridad de Domicio. Además, le construyó una ermita con su celda, junto a la fuente donde se había establecido.

Allí adelantó en la virtud, alcanzando gracias del cielo y siendo muy estimada por los habitantes de la ciudad, que se encomendaban a sus oraciones, escuchaban sus consejos y se curaban con sus portentos y remedios. Y allí murió, siendo enterrada en su misma ermita. Su culto comenzó muy pronto junto a sus reliquias, una parte de las cuales están en el altar mayor de la actual iglesia del Espíritu Santo, levantada en el sitio de la ermita. Otras fueron trasladadas a la catedral.
Las ranas.
Cada noche Domicio pasaba a buscar a Ulpia para rezar los maitines en la catedral, pero una noche muy calurosa, las ranas de la fuente habían croado tanto, que Ulpia no había podido dormir nada hasta la medianoche. Domicio golpeó la puerta de la ermita, pero no halló respuesta. Pensó que Ulpia se le había adelantado, pero al llegar a la catedral no la oyó. Terminado el rezo, regresó y Ulpia estaba despierta y llorando. Le dijo “¿Cómo, mi padre, no me has despertado?”. Domicio le respondió que había golpeado la puerta y no había hallado respuesta. Ulpia le contó que las ranas no la habían dejado dormir. Ambos rezaron juntos y las ranas jamás volvieron a croar. En la iconografía de Santa Ulpia suele acompañarle una o varias ranas.


Fuente:
"Les vies de tous les Saints de France". Tomo II. M. CH. BARTHELEMY. Versalles 1864.
-“Nouvelle vie de Sainte Ulphe: vierge, patronne de l´église d´Amiens”. LOUIS SELLIER. Amiens, 1841.

jueves, 20 de diciembre de 2018

San Ursicino, eremita (20 de diciembre)


San Ursicino, eremita

fecha: 20 de diciembre
†: c. 620 - país: Suiza
otras formas del nombre: Ursanne, Uricino
canonización: culto local
hagiografía: Santi e Beati
Elogio: En el macizo del Jura, en la ribera del Duby, en la región helvética, san Ursicino, discípulo de san Columbano, que primero llevó vida eremítica en la soledad, y después de ser descubierto indujo a muchos a abrazar este género de vida.
El culto de san Ursicino (en francés Ursanne), un ermitaño del Jura, está atestiguado en esta región de Suiza ya el tercio final del siglo VII; porque antes del 675 el abad Germano de Moutier-Grandval había construido una iglesia en su honor en Grandval. También un antiguo documento reporta que san Vandregisilo Abad (muerto en 668), construyó hacia el 630 un monasterio en el mismo lugar donde reposaba Ursicino. El sarcófago del santo ermitaño, que data del siglo VII, sigue siendo venerado en la hermosa iglesia de San Ursanne, situada en un recodo del río Doubs, que aunque nace en el Jura francés, penetra un corto trecho en territorio suizo; en esa orilla se encuentra la iglesia.
En cuanto a la vida de san Ursicino, todo lo que los hagiografos han considerado y difundido proviene de un antiguo documento, nombrado por primera vez por el jesuita Claudio Sudán (1579-1665) en su obra «Basilea sacra», pero es de lamentar que no lo transcribe textualmente. El documento era una lectura litúrgica en 24 capítulos, que fue compuesta por disposición del obispo Hugo I de Besançon (inicios del siglo XI), diócesis a la que pertenecía entonces Ursicino. Esta 'Vita' -que se ha perdido- contaba que Ursicino era un monje irlandés, compañero de san Columbano (543-615), el abad que de Irlanda emigró a Francia y luego a Italia, donde fundó el monasterio de Bobbio en el año 614. Ursicino, que lo había seguido a la Galia junto a los monjes Gallo, Sigisberto y Fromond, se separó de su maestro cuando éste tuvo que dejar Luxeuil en el 610, y marchó a Italia. Ursicino se dirigió con Fromond al Jura franco-suizo, en busca de un lugar adecuado para la vida eremítica.
La tradición dice que Ursicino propuso a su compañero lanzar desde la cima de una montaña sus bastones al aire, dejando que el cielo diera la respuesta correcta sobre el lugar donde habrían de establecerse. Los bastones cayeron en diferentes lugares y los dos compañeros se separaron: el de Ursicino cayó cerca de una cueva en el valle del río Doubs, donde se retiró como ermitaño. En este lugar construyó una capilla dedicada a San Pedro (que luego llevará el nombre de Saint Ursanne), y pronto su fama atrajo a muchos seguidores, por lo que Ursicino fundó un monasterio para ellos, bajo la regla de san Columbano.
Tras una década de ejemplar vida eremítica, san Ursicino murió, hacia el 620; su nombre se encuentra en las letanías de los santos venerados en Besançon en el siglo XI, y en el martirologio de la misma diócesis, el día 20 de diciembre. El monasterio fundado en el valle del Doubs sufrió varios cambios con el tiempo: pasado a los benedictinos, en 1040 dependía del de Moutier-Grandval, y luego fue asignado a los obispos de Basilea en 1077, uno de los cuales instituyó en 1119 una colegiata, que duró hasta 1793, cuando fue destruida. En torno al monasterio surgió el pueblo de Saint Ursanne. Es venerado en todo el Jura Norte, Besançon, Maguncia, Basilea; sus imágenes le muestran con un libro y unos lirios.
Traducido para ETF de un artículo de Antonio Borrelli en Santi e Beati. La más breve nota del Butler-Guinea (tomo IV, pág. 593) trae algo de bibliografía, aunque según parece lo que hay sobre el santo es muy poco, y de escasa fiabilidad. Biographisch-Bibliographisches Kirchenlexikon (Ursicinus v. St. Ursitz) amplía un poco más el panorama. La foto: tomamos del Ökumenisches Heiligenlexikon esta curiosidad, una fotografía de entre 1850 y 1860, que muestra el pueblo de Saint Ursanne con vistas a la ermita del santo, que está señalada con una flecha. la foto pertenece a Auguste Quiquerez.
fuente: Santi e Beati
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ingreso o última modificación relevante: ant 2012
Estas biografías de santo son propiedad de El Testigo Fiel. Incluso cuando figura una fuente, esta ha sido tratada sólo como fuente, es decir que el sitio no copia completa y servilmente nada, sino que siempre se corrige y adapta. Por favor, al citar esta hagiografía, referirla con el nombre del sitio (El Testigo Fiel) y el siguiente enlace: https://www.eltestigofiel.org/index.php?idu=sn_4568