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domingo, 22 de marzo de 2015

El Papa habla del matrimonio y del noviazgo con los jóvenes napolitanos 21032015

El Papa habla del matrimonio y del noviazgo con los jóvenes napolitanos

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(RV).- En un escenario excepcional, en el paseo marítimo Caracciolo de la bahía de Nápoles y después de un día lleno de emociones, el Papa se encontró con los jóvenes de la ciudad con los que habló de algunas realidades de hoy en día como el matrimonio, el noviazgo, la eutanasia, la desocupación juvenil o la falta de esperanza.
Un encuentro en el que participaron tanto ancianos como jóvenes, y en el que se habló del respeto y la atención que se merecen los más mayores de la casa por parte de los hijos o los nietos, “el afecto es más importante que la medicina”, aseguró. Francisco pidió a los hijos con padres ancianos que hicieran un examen de conciencia sobre el cuarto mandamiento.   
“La familia está en crisis no es una novedad, los jóvenes no se quieren casar, prefieren convivir sin compromisos”, aseguró el Papa y añadió que él muchas veces se pregunta que si las personas que se casan lo quieren realmente por llevar a cabo el sacramento o porque socialmente “viene así”. En este contexto recordó un caso de una pareja que él conoce y que tardó mucho en casarse porque querían el sitio perfecto, la iglesia perfecta, el vestido perfecto… y Francisco les preguntó: “Pero ¿con qué fe te casas tú?”.
En un ambiente de júbilo y mientras comenzaba a caer el sol en la ciudad más poblada del sur de Italia, el Papa aseguró que es normal que haya peleas en los matrimonios, y “que vuelen los platos”, pero dio un consejo a las parejas casadas “no finalizar el día sin hacer las paces”.
Ya despidiéndose, Francisco pidió a los jóvenes que no pierdan la esperanza, que sigan siempre el camino y también les recordó que cuiden a las personas mayores ya que “quien no cuida a los ancianos no tiene futuro”. 

(MZ-RV)

No teman soñar un mundo mejor, el Papa en el barrio de Scampia 21032015

No teman soñar un mundo mejor, el Papa en el barrio de Scampia

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“A Maronna v’accumpagne!”.

(RV).- Desde el Santuario de Pompeya el Papa Francisco se trasladó en helicóptero al campo deportivo municipal de Scampia en Nápoles, a donde llegó poco después de las 9.00 para encontrarse con la población de este barrio situado en la extrema periferia norte de la ciudad, que se caracteriza por contar con el mayor número de desocupados. El Santo Padre celebró aquí un emotivo encuentro con las diversas categorías sociales en la plaza Juan Pablo.
Ante todo, el Papa saludó y agradeció la calurosa acogida que le reservaron, dando gracias al su Arzobispo que le había dirigido unas palabras de bienvenida. Francisco explicó que quiso comenzar desde esta periferia su visita a Nápoles, a la vez que agradeció a quienes dieron voz a las realidades de los emigrantes, trabajadores y magistrados.
El Papa Bergoglio también destacó que pertenecen a un pueblo que cuenta con una larga historia, caracterizada por vicisitudes complejas y dramáticas. “La vida en Nápoles nunca ha sido fácil – dijo –, pero tampoco triste”. Es éste su gran recurso – añadió – y se refirió al camino cotidiano en esta ciudad, con sus dificultades y necesidades, y, a veces, con sus duras pruebas, que produce una “cultura de la vida” que ayuda siempre a levantarse después de cada caída y hacer que el mal no tenga la última palabra.
El Papa Francisco dijo en Scampia que la corrupción tiene mal olor, y que no hay que explotar a los trabajadores. Dejando en diversos momentos el texto preparado para esta ocasión, el Papa Francisco improvisó diversas palabras, comenzando por la calurosa acogida, en la que se ve – dijo –  que los napolitanos no son fríos.
Tras repetir que no permitan jamás que el mal tenga la última palabra, recordó que los emigrantes "no son ciudadanos de serie B".  Y lo hizo respondiendo a una hermana que habló en nombre de los emigrantes y de los sin techo. ¿Es necesario llegar a esto – se preguntó –  los emigrantes son seres humanos de segunda clase?
Por eso pidió que hagan sentir a sus hermanos y hermanas migrantes que son ciudadanos, como ellos, hijos de Dios, y que son emigrantes como nosotros, porque todos nosotros somos emigrantes hacia otra patria, eh?  Y añadió tal vez llegaremos todos, eh? Y que nadie se pierda por el camino.
También destacó que la desocupación roba la dignidad. Y recordó que “más del 40 por ciento de los jóvenes de 25 años no tienen trabajo, lo que es sumamente grave. De ahí su pregunta acerca de ¿qué hace un joven sin trabajo? ¿Qué futuro tiene? ¿Qué camino de vida elige? Y esta, dijo es una responsabilidad no sólo de la ciudad, no sólo del país, sino del mundo.  ¿Por qué? Porque hay un sistema económico que descarta a la gente y ahora le toca el turno a los jóvenes, que son descartados, es decir, los jóvenes que están sin trabajo.
Francisco repitió que la desocupación roba la dignidad y dijo que la explotación de los trabajadores no es cristiano, que la corrupción huele mal y que su presencia quiere servir como impulso de esperanza. Por esta razón los invitó a hacer una buena política, y a tener el valor de ir adelante por el camino del bien.
“Es la esperanza – dijo el Pontífice –, lo saben bien, este gran patrimonio, esta ‘palanca del alma’, tan valiosa, pero también expuesta a asaltos y robos.
“Quien emprende voluntariamente el camino del mal roba un trozo de esperanza. Lo roba a sí mismo y a todos, a tanta gente honrada y laboriosa, a la buena fama de la ciudad, a su economía”.
Y concluyó deseándoles lo mejor, que vayan adelante y pidiendo que San Jenaro, su Patrono, los asista e interceda por ellos. Francisco bendijo de corazón a todos, a las familias, a su barrio, y a todos los niños presentes.
Y por favor, les pidió, no se olviden de rezar por mí, pidiendo, en napolitano, que la Virgen los acompañe. “A Maronna v’accumpagne!”.

(María Fernanda Bernasconi - RV).

El Papa al Clero: “Vamos hacia adelante animados por el amor al Señor y a la Santa Madre Iglesia” 21032015

El Papa al Clero: “Vamos hacia adelante animados por el amor al Señor y a la Santa Madre Iglesia”

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(RV).- Después de la visita al penitenciario “Giuseppe Salvia” el Santo Padre se dirigió a la Catedral de Nápoles en donde tuvo lugar la Veneración de las reliquias de San Jenaro y el encuentro con el Clero, los religiosos y los diáconos permanentes.
El Vicario Episcopal para el Clero y el Vicario Episcopal para la Vida Consagrada presentaron al Santo Padre respectivamente dos preguntas en nombre de los participantes en el encuentro. La primera referida a la belleza del sacerdocio en un lugar de grandes y difíciles desafíos como Nápoles, y la segunda referida a las luces y sombras que encuentran los Consagrados en su experiencia de vida.
El Papa prefirió responder a las preguntas en un diálogo fraternal y entregar su discurso. En primer lugar el Papa llamó a los religiosos a estar siempre en camino, detrás de Jesús,siguiendo a Jesús y con ganas de trabajar con Jesús. Habló de las dificultades del día a día, en los conventos, en los seminarios, y aconsejó que “ninguna les quite la alegría”, “el centro es siempre Jesús", insistió. Y advirtió que si Jesús no está en el centro, “se comienza un camino que no se sabe cómo termina”.  
También advirtió a los religiosos que deben tener la seguridad que "nuestras vidas están llenas" - dijo -  “he elegido bien",  "el Señor es fiel a mí". Y añadió que quien no tiene esta alegría, tiene que ir a un consejero espiritual, “porque cuando no hay alegría, hay algo que no funciona”.
Poniendo en guardia acerca del peligro de las habladurías, afirmó que quien habla a las espaldas "es un terrorista", porque es como "tirar una bomba y destruir todo". "Las diferencias se hablan en la cara".
Finalmente Papa Bergoglio insistió en tres puntos fundamentales de la vida religiosa: la adoración, el amor a la Iglesia y la misionariedad, es decir, la misión de dar a conocer el Evangelio.
Después de las palabras del romano Pontífice, el Cardenal Crescenzio Sepe anunció el inicio del prodigio de la licuefacción de la sangre de San Jenaro. La sangre del patrono de Nápoles, que se licúa habitualmente en la fiesta de San Jenaro, volvió a repetirse este sábado de forma extraordinaria con la visita del Papa Francisco. "La sangre se ha licuado a medias", anunció el cardenal Crescenzio Sepe y el Papa añadió "el arzobispo ha dicho que la sangre se ha licuado a mitad, se ve que el Santo nos quiere a mitad: debemos convertirnos más", bromeó inmediatamente el Papa.
(GM, MZ- RV)

En el texto entregado, el Pontífice reafirmando la expresión pronunciada en la primera intervención, “ser sacerdotes es bello”, e identificando su ministerio con la vocación sacerdotal, escribe en primer lugar sobre la “sorpresa siempre nueva de ser llamados por el Señor a seguirlo, a estar con Él, a ir hacia la gente llevando su palabra, su perdón”, y describe esta llamada como una gracia que se renueva día a día.
Haciendo referencia a la realidad pastoral de Nápoles, que cuenta con antiguos y nuevos desafíos, en la cual a veces los sacerdotes “se zambullen de cabeza” para ir hacia el encuentro de las necesidades de muchos hermanos y hermanas, el Papa hace presente el riesgo que se corre de ser completamente absorbidos, por ello recuerda que “siempre es necesario encontrar tiempo para estar ante el Tabernáculo, deteniéndose en silencio, para sentir la mirada de Jesús”, una mirada que “renueva y reanima”.
“Es algo propio de la oración el mostrar si se camina por la vía de la vida o sobre aquella de la mentira – continúa el texto - “si trabajamos como buenos obreros o si nos hemos convertido en empleados, si somos canales abiertos a través de los cuales fluye la gracia del Señor, o si en cambio ponemos en el centro a nosotros mismos, terminando por convertirnos en ‘pantallas’ que no ayudan al encuentro con el Señor”.
Sucesivamente el Sucesor de Pedro se refiere a la belleza de la fraternidad, reiterando que consiste en el seguir al Señor no individualmente sino ‘juntos’, en la gran variedad de dones y de personalidades, viviendo en la comunión y en la fraternidad. Y en este punto hace una observación: “esto no es fácil porque también los sacerdotes viven en la cultura subjetivista de hoy que exalta el yo hasta idolatrarlo”. El Pastor de la Iglesia Universal pone entonces en guardia sobre un “cierto individualismo pastoral que comporta la tentación de ir hacia adelante solos, o con el pequeño grupo de aquellos que ‘la piensan como yo’”.
“Se pueden y se deben buscar siempre formas concretas adecuadas a los tiempos y a las realidades del territorio” señala el Pontífice, “pero esta búsqueda pastoral y misionera debe ser realizada con humildad y fraternidad”.
Por último pide a los sacerdotes que no se olviden de la belleza de caminar con el pueblo. Al corriente de la realidad de la diócesis de Nápoles que desde hace algunos años ha emprendido un recorrido de redescubrimiento de la fe, el Papa los alienta a salir para ir al encuentro del otro, a abrir las puertas y llegar a las familias, a los enfermos, a los jóvenes, a los ancianos, en el lugar donde ellos viven, buscándolos, acercándose a ellos y sosteniéndolos, para celebrar junto a ellos la “liturgia de la vida”. En modo particular resalta la belleza de acompañar a las familias en el desafío de generar y educar a los hijos “signo diagnóstico de la salud de la sociedad”.
En el texto entregado responde luego a los Consagrados partiendo de la mención de las “luces y sombras” realizada en la segunda intervención. Francisco advierte sobre la tentación de subrayar más las sombras que las luces: una tentación que lleva a “replegarse sobre sí mismos”, dice, “a recriminar y a acusar siempre a los demás”. En lugar de ello el Papa, indicando un camino, insta a “dejar emerger en nosotros y en nuestras comunidades” la belleza de la vocación, para que sea verdad que «donde hay religiosos hay alegría».
De ahí parte una llamada a la reflexión que realiza a través de estas preguntas: “¿Cómo es el clima en sus comunidades? ¿Está esa gratitud, la alegría de Dios que colma nuestro corazón?”. “Si esto está – escribe - se realiza mi deseo de que no haya entre nosotros rostros tristes, personas descontentas o insatisfechas, porque una secuela triste es una triste secuela”.
Finalmente deseándoles que testimonien con “humildad y simplicidad” que la vida consagrada es un don precioso para el mundo y para la Iglesia, el Obispo de Roma auspicia que, ya sea en la vida contemplativa como en aquella apostólica, puedan siempre sentir amor por la Iglesia y contribuir mediante su específico carisma, en la misión de proclamar el Evangelio y edificar el pueblo de Dios en la unidad, en la santidad y el amor.
El Obispo de Roma anima a todos a ir hacia adelante animados por el amor común por el Señor y por la Santa Madre Iglesia y impartiéndoles su bendición, y pidiéndoles no olvidarse de rezar por él.
(GM – RV)


sábado, 21 de marzo de 2015

Jesús, Amor que cambia el mundo ¡Nápoles no te dejes robar la esperanza! pide el Papa 21032015

Jesús, Amor que cambia el mundo ¡Nápoles no te dejes robar la esperanza! pide el Papa
http://media02.radiovaticana.va/photo/2015/03/21/ANSA767868_Articolo.jpg
Multitudinaria bienvenida al Papa Francisco en la Plaza del Plebiscito de Nápoles - ANSA
21/03/2015 10:50
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(RV).- ¡Hoy he venido a Nápoles a proclamar con ustedes: Jesús es el Señor! «Jesús es el Señor» frase que el Papa hizo repetir con él a los numerosísimos fieles que abarrotaban la Plaza del Plebiscito y que lo hicieron con entusiasmo y fervor.   «Queridos napolitanos ¡no se dejen robar la esperanza!». La Cuaresma que estamos viviendo hace resonar en la Iglesia este mensaje: en todo el pueblo de Dios se enciende la esperanza de resucitar con Cristo nuestro Salvador. Fue la vibrante exhortación del Papa Francisco, recibida con gran emoción por miles de napolitanos. Afirmó que es el tiempo del rescate para Nápoles, tras reiterar con intensidad que «a los criminales y a todos sus cómplices yo humildemente les pido: ¡conviértanse al amor y a la justicia!»
Nadie habla como Jesús ¡Él sólo tiene palabras de misericordia que pueden sanar las heridas de nuestro corazón. Él sólo tiene palabras de vida eterna. (Cfr Jn 6, 68). En la Santa Misa multitudinaria, en la antigua y  céntrica plaza del Plebiscito, el Obispo de Roma recordó que la palabra de Cristo es poderosa: no tiene la potencia del mundo, sino la de Dios, que es fuerte en la humildad, aun en la debilidad. Su potencia es la del amor: un amor que no conoce confines, un amor que nos hace amar a los demás, antes que a nosotros mismos. La palabra de Jesús, el santo Evangelio, enseña que los verdaderos bienaventurados son los pobres de espíritu, los no violentos, los mansos, los que trabajan por la paz y la justicia. ¡Ésta es la fuerza que cambia el mundo! Tras señalar que la Palabra del Señor – hoy como ayer, causa siempre una división entre el que la acoge y el que la rechaza, con las lágrimas de las mamás napolitanas, mezcladas con las de la Virgen, el Papa pidió a los napolitanos que se dejen encontrar por la misericordia de Dios:
«Queridos napolitanos, no se dejen robar la esperanza! No cedan a las lisonjas de ganancias fáciles o rentas deshonestas. Reaccionen con firmeza a las organizaciones que explotan y corrompen a los jóvenes, a los pobres y a los débiles, con el cínico comercio de la droga y otros crímenes. ¡Que la corrupción y la delincuencia no desfiguren el rostro de esta bella ciudad!
A los criminales y a todos sus cómplices yo humildemente como hermano les repito: ¡conviértanse al amor y a la justicia!
¡Déjense encontrar por la misericordia de Dios! Con la gracia de Dios, que perdona todo, es posible volver a una vida honesta. Se lo pido con las lágrimas de las madres de Nápoles, mezcladas con las de María, la Madre celestial invocada en Piedigrotta y en tantas iglesias de Nápoles. Que estas lágrimas ablanden la dureza de los corazones y reconduzcan a todos por el camino del bien.
Es tiempo de rescate para Nápoles: éste es mi deseo y mi ruego para una ciudad que tiene en sí tantas potencialidades espirituales, culturales y humanas. Y, sobre todo, tanta capacidad de amar. Las autoridades, las instituciones, las diversas realidades sociales y los ciudadanos, todos juntos y concordes, puedan construir un futuro mejor. Y el futuro de Nápoles no es el de replegarse resignada sobre sí misma, sin abrirse con confianza al mundo. Esta ciudad puede encontrar en la misericordia de Cristo, que hace nuevas todas las cosas, la fuerza para ir adelante con esperanza, la fuerza de tantas existencias, tantas familias y comunidades. Esperar ya es resistir al mal. Esperar es mirar el mundo con la mirada y el corazón de Dios. Esperar es apostar sobre la misericordia de Dios, que es Padre y perdona siempre todo.
Dios, fuente de nuestra alegría y razón de nuestra esperanza, vive en nuestras ciudades. ¡Dios vive en Nápoles! Que su gracia y su bendición sostenga el camino de ustedes en la fe, en la caridad y en la esperanza, los propósitos de bien y de rescate moral y social de ustedes.
¡Y que la Virgen los acompañe!»
(CdM – RV)
Texto y voz del Papa Francisco al culminar su homilía, en la Plaza del Plebiscito de Nápoles:
«Queridos napolitanos, ábranse a la esperanza! ¡Y no se dejen robar la esperanza! No cedan a las lisonjas de ganancias fáciles o rentas deshonestas. Esto es pan para hoy y hambre para mañana. ¡No trae nada! Reaccionen con firmeza a las organizaciones que explotan y corrompen a los jóvenes, a los pobres y a los débiles, con el cínico comercio de la droga y otros crímenes ¡No se dejen robar la esperanza! ¡No dejen que su juventud sea explotada por esta gente! ¡Que la corrupción y la delincuencia no desfiguren el rostro de esta bella ciudad! Aún más ¡que no desfiguren la alegría de su corazón napolitano!
A los criminales y a todos sus cómplices, hoy yo, humildemente como hermano les repito: ¡conviértanse al amor y a la justicia!
¡Déjense encontrar por la misericordia de Dios! ¡Sean conscientes de que Jesús los está buscando para abrazarlos, para besarlos, para amarlos más. Con la gracia de Dios, que perdona todo, es posible volver a una vida honesta. Se lo pido con las lágrimas de las madres de Nápoles, mezcladas con las de María, la Madre celestial invocada en Piedigrotta y en tantas iglesias de Nápoles. Que estas lágrimas ablanden la dureza de los corazones y reconduzcan a todos por el camino del bien.
Hoy comienza la primavera y la primavera trae esperanza: tiempo de esperanza. Y el hoy de Nápoles es tiempo de rescate para Nápoles: éste es mi deseo y mi ruego para una ciudad que tiene en sí tantas potencialidades espirituales, culturales y humanas. Y, sobre todo, tanta capacidad de amar. Las autoridades, las instituciones, las diversas realidades sociales y los ciudadanos, todos juntos y concordes, puedan construir un futuro mejor. Y el futuro de Nápoles no es el de replegarse resignada sobre sí misma, sin abrirse con confianza al mundo. Esta ciudad puede encontrar en la misericordia de Cristo, que hace nuevas todas las cosas, la fuerza para ir adelante con esperanza, la fuerza de tantas existencias, tantas familias y comunidades. Esperar ya es resistir al mal. Esperar es mirar el mundo con la mirada y el corazón de Dios. Esperar es apostar sobre la misericordia de Dios, que es Padre y perdona siempre todo.
Dios, fuente de nuestra alegría y razón de nuestra esperanza, vive en nuestras ciudades. ¡Dios vive en Nápoles! Que su gracia y su bendición sostenga el camino de ustedes en la fe, en la caridad y en la esperanza, los propósitos de bien y de rescate moral y social de ustedes. Hemos proclamado todos juntos a Jesús como Señor. Volvamos a hacerlo al final otra vez. ¡Jesús es el Señor! Todos, tres veces: ¡Jesús es el Señor!
¡Y que la Virgen los acompañe!»