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lunes, 27 de enero de 2020

Santa Ángela Merici, virgen y fundadora (27 de enero)


Santa Ángela Merici, virgen y fundadora

fecha: 27 de enero
fecha en el calendario anterior: 31 de mayo
n.: 1474 - †: 1540 - país: Italia
canonización: 
B: Clemente XIII 1768 - C: Pío VII 1807
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
Elogio: Santa Angela Merici, virgen, que vistió primero el hábito de la Tercera Orden Regular de San Francisco y reunió a varias jóvenes para instruirlas en obras de caridad. Más tarde, instituyó una orden de mujeres llamada de Santa Úrsula, con la finalidad de vivir una vida de perfección en el mundo y enseñar los caminos del Señor a las adolescentes. Murió en Brescia, ciudad de Lombardia.
Oración: Señor, que no deje de encomendarnos a tu misericordia la santa virgen Ángela de Mérici, para que, siguiendo sus ejemplos de caridad y prudencia, sepamos guardar tu doctrina y llevarla a la práctica en la vida. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos. Amén (oración litúrgica).
La fundadora de las Ursulinas, primera congregación femenina dedicada a la enseñanza, nació el 21 de marzo de 1470 o de 1474, en el pueblecito de Desenzano, a orillas del Lago de Garda, en Lombardía. Los padres de la santa, más piadosos que ricos, la educaron cristianamente. Ambos murieron cuando Ángela tenía diez años y dejaron a sus dos hijas y a su hijo al cuidado de un tío acomodado que vivía en Saló. Cuando Ángela tenía trece años, murió su hermana mayor, lo cual constituyó un rudo golpe; a la pena de verse separada de quien era para ella como una segunda madre, se añadía la incertidumbre acerca de su suerte eterna, ya que su hermana, una buena mujer, piadosa y de sólidos principios, no había podido recibir los últimos sacramentos. Ángela tuvo, por entonces, la primera de sus numerosas visiones, y en ella le fue revelado que su hermana se había salvado. Llena de gratitud, Ángela se consagró, con mayor ahinco que antes, al servicio de Dios y, poco después, tomó el hábito de terciaria franciscana. Llevaba una vida extremadamente austera. A imitación de san Francisco, no quería poseer nada, ni siquiera una cama y se alimentaba exclusivamente de pan, agua y algunas verduras. Ángela volvió a Desenzano después de la muerte de su tío, hacia los veintidós años de edad. En sus visitas a los vecinos, quedó sorprendida por la total ignorancia de los niños, a quienes sus padres no podían o no querían enseñar ni siquiera lo más elemental del catecismo. Poco a poco se sintió llamada a remediar ese estado de cosas y habló de ello con algunas amigas. La mayoría de ellas eran terciarias franciscanas o jóvenes de la clase social de Ángela, con poco dinero y menos influencia, pero dispuestas a seguir generosamente a la santa.
Ángela era de baja estatura, pero tenía todas las cualidades de un jefe y no carecía de belleza y encanto. Encabezadas por Ángela, las buenas mujeres empezaron a reunir a las niñas de la vecindad y a educarlas sistemáticamente. La obra, que había tenido comienzos tan humildes, prosperó rápidamente, y se invitó a Ángela a fundar, en Brescia, una escuela semejante. La santa aceptó y recibió cordial hospitalidad en la casa de un noble matrimonio al que había consolado en un momento de tribulación. Por medio de sus huéspedes, entró en contacto con las principales familias de Brescia y se convirtió en la inspiradora de un devoto círculo de hombres y mujeres. De cuando en cuando, hacía una peregrinación a algún santuario. Se hallaba en Mántua, a donde había ido para visitar la tumba de la beata Osanna, cuando aprovechó la oportunidad que se le ofreció para acompañar a Tierra Santa a una joven pariente. Antonio de Romanis, un mercader ya anciano, sufragó los gastos de Ángela. En Creta, la santa sufrió un ataque de ceguera. Sus compañeros le propusieron volver a Italia, pero ella se negó a hacerlo y visitó los Santos Lugares de Palestina con tanta devoción, como si los viese con los ojos del cuerpo. En el viaje de vuelta, cuando se hallaba orando exactamente en el mismo sitio en que había sido atacada por la enfermedad, recobró la vista.
El Año Santo de 1525, Ángela fue a Roma para ganar la indulgencia del jubileo y tuvo el privilegio de obtener una audiencia privada con el Papa. Clemente VII hubiese querido que se quedara en Roma a dirigir una congregación de religiosas hospitalarias, pero la santa declinó respetuosamente el honor, por humildad y por fidelidad a su verdadera vocación. Volvió, pues, a Brescia. Sin embargo, tuvo que abandonar pronto la ciudad, porque, cuando las tropas de Carlos V estaban a punto de tomarla, pareció conveniente evacuar el mayor número posible de civiles. Ángela se trasladó a Cremona con algunas de sus amigas y allí permaneció, hasta que se firmó la paz. Los habitantes de Brescia la recibieron jubilosamente a su regreso, pues admiraban su caridad, su don de profecía y su santidad. Se cuenta que, poco después, mientras asistía a la misa, fue arrebatada en éxtasis y estuvo largo tiempo suspendida en el aire, a la vista de numerosos testigos.
Algunos años antes, en Desenzano, santa Ángela había tenido una visión de un grupo de doncellas que subían al cielo por una escala luminosa y había oído una voz que le decía: «Ten buen ánimo, Ángela, porque antes de morir vas a fundar una compañía de doncellas como las que acabas de ver». Ahora había llegado el tiempo del cumplimiento de esa profecía. Según parece, hacia el año 1533 la santa empezó a formar a varias jóvenes selectas en una especie de noviciado informal. Doce de esas jóvenes se fueron a vivir con ella en una casa de las cercanías de la iglesia de Santa Afra, pero la mayor parte siguió en la casa de sus padres o de sus parientes. Dos años después, veintiocho jóvenes se consagraron al servicio de Dios. Ángela las puso bajo la protección de santa Ursula, la patrona de las universidades medievales, a la que el pueblo veneraba como guía del sexo femenino. Por ello, las hijas de santa Ángela han conservado hasta nuestros días el nombre de «Ursulinas». El 25 de noviembre de 1535 fue la fecha oficial de la fundación de la Orden de las Ursulinas. Sin embargo, en la época de la fundadora, se trataba más bien de una asociación piadosa, ya que sus miembros no llevaban hábito (aunque se les recomendaban los vestidos negros), no hacían votos y no vivían en comunidad. Las Ursulinas se reunían para la enseñanza y la oración, ejecutaban trabajos que se les encomendaban y procuraban llevar vida de perfección en la casa paterna. La idea de una orden femenina de enseñanza era tan nueva, que hacía falta tiempo para que la cristiandad se acostumbrase a ella.
Sin embargo, pese a los cambios y modificaciones que han sufrido, las Ursulinas conservan, hasta el día de hoy, la finalidad para la que fueron creadas: la educación de las niñas, sobre todo de las niñas pobres. En las primeras elecciones, santa Ángela fue nombrada superiora y ejerció ese cargo durante los cinco últimos años de su vida. A principios de enero de 1540, cayó enferma y murió el 27 del mismo mes. En 1544, una bula de Paulo III confirmó la Compañía de Santa Ursula y la reconoció como congregación. La fundadora fue canonizada en 1807.
Las fuentes sobre la vida de Santa Ángela pueden verse, en inglés, en la minuciosa obra de la hermana M. Mónica, Ángela Merici and Her Teaching Idea (1927). El P. Cozzano, secretario de la santa, nos dejó un manuscrito que contiene las reglas, el «testamento» y los consejos de la sierva de Dios. Un notario llamado G. B. Nazari escribió en 1560, la primera biografía de santa Ángela; puede verse en el apéndice de la obra de Giuditta Bertolotti, Storia di S. Ángela Merici (1923). La primera biografía que se publicó fue, probablemente, la de Ottavio Gondi (1600) que está plagada de datos legendarios. La biografía de Carlo Doneda, compuesta con miras a la canonización, vio la luz en 1768 y es un poco más fidedigna que la anterior. Ver la obra de Postel (1878), en dos volúmenes. En el Oficio de Lecturas del día de la santa se lee un fragmento de su Testamento Espiritual.
fuente: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
accedido 14400 veces
ingreso o última modificación relevante: ant 2012
Estas biografías de santo son propiedad de El Testigo Fiel. Incluso cuando figura una fuente, esta ha sido tratada sólo como fuente, es decir que el sitio no copia completa y servilmente nada, sino que siempre se corrige y adapta. Por favor, al citar esta hagiografía, referirla con el nombre del sitio (El Testigo Fiel) y el siguiente enlace: https://www.eltestigofiel.org/index.php?idu=sn_331

domingo, 27 de enero de 2019

Santa Ángela de Mérici. Fundadora de las Ursulinas. Patrona de los enfermos (27 de enero)

Santa Ángela de Mérici. Fundadora de las Ursulinas. Patrona de los enfermos

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Santa Ángela de Mérici fundó la orden de mujeres conocida como las Ursulinas con la finalidad de vivir en austeridad y enseñar la fe

 
Santa Ángela de Mérici fue una religiosa italiana fundadora de la orden de las Ursulinas, la orden más antigua de mujeres en la Iglesia Católica dedicadas a la enseñanza. Santa Ángela de Mérici es patrona contra las enfermedades corporales, patrona de los enfermos, personas con discapacidad y los que ha sufrido la pérdida de los padres

Fiesta: 27 de noviembre

Martirologio Romano: Santa Ángela Merici, virgen, que vistió primero el hábito de la Tercera Orden de San Francisco y reunió a varias jóvenes para instruirlas en obras de caridad. Más tarde, instituyó una orden de mujeres, llamada de Santa Úrsula, con la finalidad de vivir una vida austera y enseñar los caminos del Señor a las adolescentes. Murió en la ciudad de Brescia, en la Lombardía (hoy Italia)

Biografía de Santa Ángela de Mérici

Santa Ángela de Mérici nació en Desenzano, cerca de Brescia, norte de Italia, el 21 de Marzo de 1470 o 1474. Ella creció en el medio de muchas dificultades. Huérfana a los 10 años, Ángela, su hermana y hermano fueron criados por un tío rico, Biancozi, at Salo.
En su primera experiencia de éxtasis, a Santa Ángela de Merici se le apareció la Virgen Santísima con su hermana mayor quien había muerto de repente sin los sacramentos. Ella había estado preocupada por la salvación de esta hermana.
Santa Ángela se hizo terciaria franciscana a la edad de 13 años y vivió en gran austeridad, a veces comiendo solo pan y vegetales. Desde entonces no quiso poseer nada, ni siquiera una cama (porque el Hijo del Hombre no tenía donde recostar su cabeza)
Al morir su tío, Santa Ángela de Merici con 20 años, vuelve a su pueblo natal y da catecismo a los pobres.
Pequeña en estatura, pero muy grande en amor y entusiasmo por servir a Dios, Santa Ángela compartió con sus amigas su gran preocupación por la ignorancia religiosa de tantos niños. Pronto, con un grupo de terciarias organizó la formación de jovencitas. Una familia adinerada le invitó a abrir una escuela en Brescia.
Ángela tenía el don de recordar todo lo que leía. Hablaba bien en latín y conocía el significado de algunos de los pasajes mas difíciles de la Biblia. En Brescia conoció a las familias mas influyentes y comenzó un grupo de personas devotas.
En un viaje a la Tierra Santa, de repente perdió la vista en Creta. Continuó con devoción el viaje y en el regreso recuperó la vista en el mismo lugar que la había perdido.

La visión de Santa Ángela

En su visita a Roma para el año santo 1525, el Papa Clemente VII le pidió a Santa Ángela de Merici que se hiciese cargo de un grupo de hermanas enfermeras en Roma, pero ella le dijo de una visión que ella había tenido años antes de doncellas ascendiendo al cielo en una escalera de luz. Esta visión la inspiró a formar un noviciado informal.
En la visión, las santas vírgenes era acompañadas en la escalera por ángeles gloriosos que tocaban dulces melodías con arpas doradas. Todas llevaban preciosas coronas decoradas con piedras preciosas.
Después de un tiempo, la música paró y el Salvador en persona la llamó por su nombre para crear una sociedad de mujeres. El Santo Padre le dio permiso para formar la comunidad.
Poco tiempo después, se le apareció Santa Ursula, quien desde entonces fue la patrona de la comunidad. Un día Ángela cayó en éxtasis y se dice que levitó.
Poco después de su retorno a Brescia, tuvo que retirarse a Cremona por la guerra. Carlos V estaba a punto de hacerse con Brescia y los civiles debían abandonar la ciudad. Ángela mas tarde regresó para el gran gozo de la población que ya la tenía por santa y profeta.

La Compañía de las Ursulinas

En la Iglesia de San Afra en Brescia, el 25 de Noviembre de 1535, Santa Ángela y 28 compañeras mas jóvenes se unieron ante Dios para dedicarse el resto de sus vidas a su servicio, especialmente para la educación de niñas.
Santa Ángela de Merici puso al grupo bajo la protección de Santa Ursula, patrona de las universidades medievales y veneradas como lider de mujeres. Este fue el comienzo de la Compañía de las Ursulinas, la primera orden de mujeres dedicada a la enseñanza.
Esto era una idea novedosa que tomó tiempo en ser aceptada. Santa Ángela tenía una gran paciencia y amabilidad. Atendía con esmero a los pobres, enfermos e ignorantes. Pronto tuvo 150 hermanas.

Su muerte

Santa Ángela de Mérici no vio consolidar a su orden ya que murió cuatro años después de fundar. Murió en Brescia, el 27de enero de 1540; canonizada en 1807
La orden no usaba hábito (solo un sencillo vestido negro), no hacía votos, no tenía vida de clausura, ni votos ni vida comunitaria. Su trabajo era la educación religiosa de niñas, especialmente las pobres, y el cuidado de los enfermos.
Las Ursulinas fueron reconocidas formalmente por el Papa Pablo III cuatro años después de la muerte de Santa Ángela (1544) y se organizaron como Congregación en 1565. Al comienzo mucha de las enseñanzas la hacían en las casas de los niños.
Al momento de morir, rodeada de sus hermanas, un hermoso rayo de luz brilló sobre la santa. Murió pronunciando el nombre de Jesus suavemente en sus labios.
En 1568, San Carlos Borromeo llamó a las Ursulinas a Milán y las persuadió a entrar en la vida de clausura.
En un sínodo provincial dijo a sus obispos vecinos que no conocía mejor forma de reformar una diócesis que introducir a las Ursulinas en las comunidades muy pobladas.
"Si alguna persona, por su estado de vida, no puede vivir sin riquezas y posición, que al menos mantenga su corazón vacío del amor a éstas" (Santa Ángela Merici)
 

lunes, 30 de abril de 2018

Santa María de la Encarnación. Patrona de las Ursulinas.(30 de abril)

Santa María de la Encarnación. Patrona de las Ursulinas.

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Santa María de la Encarnación difundió el Evangelio entre los indígenas, aprendió su lengua y les explicó el Catecismo y el amor a Dios

 
Santa María de la Encarnación fue una monja ursulina de la orden francesa que se distinguió por su vida mistica, un gran espíritu de oración y su celo por la propagación de la fe católica. El tiempo revelaría su generoso corazón, su aguda inteligencia y su carácter inusualmente fuerte. Su vida espiritual y mística estaba arraigada en su familia y en los pobres que la rodeaban.

Fiesta: 30 de abril

Martirologio romano: En Quebec, en Canadá, Santa María de la Encarnación Guyart Martín, que, siendo aún madre de la familia, y después de la muerte de su esposo, confió a su pequeño hijo al cuidado de su hermana e ingresó entre las Ursulinas haciendo su profesión de fe. Abrió su primer Instituto en Canadá en donde realizó muchas obras famosas.

Biografía de Santa María de la Encarnación

Santa María de la Encarnación nació el 28 de octubre 1599 en Tours, en Francia, proveniente de una familia de panaderos.
Desde muy joven su camino de vida estuvo marcado por las experiencias místicas, que la convenció de que tenía un llamado a la vida religiosa. Pero su familia, ya tenía otros planes con ella.
En 1617, sus padres la ofrecieron en Matrimonio con el dueño de una fábrica de seda, del quien le nació su hijo Claudio. Sólo seis después de esto, María se quedó viuda y le tocó asumir, además de la educación de su hijo, la dirección de la fábrica de su difunto esposo.
La vida como "gerente" de Santa María de la Encarnacion no interrumpió para nada las experiencias místicas que la empujaban cada vez más a la consagración. Pero eso no significaba que ella renunciaría a los deberes de la vida familiar o a la difícil tarea de que la fábrica de seda siguiese en marcha.
Es innegable que esta experiencia le enseñó a combinar la vida del espíritu con la vida activa entre los hombres. Es importante destacar que para aquel entonces las mujeres no tenían una figura importante en la vida económica y empresarial.
Desde entonces, María de la Encarnación comenzó un viaje espiritual hasta que toma la decisión de entrar entre las ursulinas de Tours el 21 de enero 1631 e hizo su profesión religiosa el 15 enero de 1633.
Mientras tanto, las visiones continuaron y con ello, percibió la magnitud de la misión a la que fue llamda: ofrecer la vida de Dios.

Su vida como misionera

Su vocación misionera poco a poco fue madurando gracias a la colaboración y ayuda de los misioneros jesuitas en Canadá.
Santa María de la Encarnación decidió dejar de Quebec, donde llegó el 1 de agosto de 1639 con la intención de fundar un monasterio para la educación de las niñas indígenas de América.
En América María de la Encarnación continuó con la determinación de sus actividades: se construyó un monasterio, que fue consumido por el fuego y fue inmediatamente reemplazado por una nueva casa religiosa.
Y aquí, llegaron numerosos religiosos de diferentes congregaciones. Para ellos, María escribió una nueva norma, que fue aprobada en 1662 por el obispo Francisco de Laval.
Para difundir el Evangelio entre los nativos americanos, María de la Encarnación aprendió su lengua y escribió para ellos el catecismo, la gramática, y algunos diccionarios.
Contó con el apoyo de los misioneros, que en esos años sufrieron muchos martirios. Invadida por la mala salud, en 1669 abandonó la dirección del convento.
Santa María de la Encarnación murió EL 30 de abril de 1672 con gran fama de santidad, dejando una comunidad de monjas que se convertirán en las Ursulinas de Canadá.
Declarada venerable en el año 1911. Fue beatificada el 22 de junio 1980, como Madre de la Iglesia católica en el Canadá, por San Juan Pablo II.
El 3 de abril de 2014, el Papa Francisco avivó el fuego de la fe de la Iglesia canadiense y a su población proclamándola Santa.

sábado, 27 de enero de 2018

Santa Ángela Merici, virgen y fundadora (27 de enero)

Santa Ángela Merici, virgen y fundadora

fecha: 27 de enero
fecha en el calendario anterior: 31 de mayo
n.: 1474 - †: 1540 - país: Italia
canonización: 
B: Clemente XIII 1768 - C: Pío VII 1807
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI

Elogio: Santa Angela Merici, virgen, que vistió primero el hábito de la Tercera Orden Regular de San Francisco y reunió a varias jóvenes para instruirlas en obras de caridad. Más tarde, instituyó una orden de mujeres llamada de Santa Úrsula, con la finalidad de vivir una vida de perfección en el mundo y enseñar los caminos del Señor a las adolescentes. Murió en Brescia, ciudad de Lombardia.
Oración: Señor, que no deje de encomendarnos a tu misericordia la santa virgen Ángela de Mérici, para que, siguiendo sus ejemplos de caridad y prudencia, sepamos guardar tu doctrina y llevarla a la práctica en la vida. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos. Amén (oración litúrgica).
La fundadora de las Ursulinas, primera congregación femenina dedicada a la enseñanza, nació el 21 de marzo de 1470 o de 1474, en el pueblecito de Desenzano, a orillas del Lago de Garda, en Lombardía. Los padres de la santa, más piadosos que ricos, la educaron cristianamente. Ambos murieron cuando Ángela tenía diez años y dejaron a sus dos hijas y a su hijo al cuidado de un tío acomodado que vivía en Saló. Cuando Ángela tenía trece años, murió su hermana mayor, lo cual constituyó un rudo golpe; a la pena de verse separada de quien era para ella como una segunda madre, se añadía la incertidumbre acerca de su suerte eterna, ya que su hermana, una buena mujer, piadosa y de sólidos principios, no había podido recibir los últimos sacramentos. Ángela tuvo, por entonces, la primera de sus numerosas visiones, y en ella le fue revelado que su hermana se había salvado. Llena de gratitud, Ángela se consagró, con mayor ahinco que antes, al servicio de Dios y, poco después, tomó el hábito de terciaria franciscana. Llevaba una vida extremadamente austera. A imitación de san Francisco, no quería poseer nada, ni siquiera una cama y se alimentaba exclusivamente de pan, agua y algunas verduras. Ángela volvió a Desenzano después de la muerte de su tío, hacia los veintidós años de edad. En sus visitas a los vecinos, quedó sorprendida por la total ignorancia de los niños, a quienes sus padres no podían o no querían enseñar ni siquiera lo más elemental del catecismo. Poco a poco se sintió llamada a remediar ese estado de cosas y habló de ello con algunas amigas. La mayoría de ellas eran terciarias franciscanas o jóvenes de la clase social de Ángela, con poco dinero y menos influencia, pero dispuestas a seguir generosamente a la santa.
Ángela era de baja estatura, pero tenía todas las cualidades de un jefe y no carecía de belleza y encanto. Encabezadas por Ángela, las buenas mujeres empezaron a reunir a las niñas de la vecindad y a educarlas sistemáticamente. La obra, que había tenido comienzos tan humildes, prosperó rápidamente, y se invitó a Ángela a fundar, en Brescia, una escuela semejante. La santa aceptó y recibió cordial hospitalidad en la casa de un noble matrimonio al que había consolado en un momento de tribulación. Por medio de sus huéspedes, entró en contacto con las principales familias de Brescia y se convirtió en la inspiradora de un devoto círculo de hombres y mujeres. De cuando en cuando, hacía una peregrinación a algún santuario. Se hallaba en Mántua, a donde había ido para visitar la tumba de la beata Osanna, cuando aprovechó la oportunidad que se le ofreció para acompañar a Tierra Santa a una joven pariente. Antonio de Romanis, un mercader ya anciano, sufragó los gastos de Ángela. En Creta, la santa sufrió un ataque de ceguera. Sus compañeros le propusieron volver a Italia, pero ella se negó a hacerlo y visitó los Santos Lugares de Palestina con tanta devoción, como si los viese con los ojos del cuerpo. En el viaje de vuelta, cuando se hallaba orando exactamente en el mismo sitio en que había sido atacada por la enfermedad, recobró la vista.
El Año Santo de 1525, Ángela fue a Roma para ganar la indulgencia del jubileo y tuvo el privilegio de obtener una audiencia privada con el Papa. Clemente VII hubiese querido que se quedara en Roma a dirigir una congregación de religiosas hospitalarias, pero la santa declinó respetuosamente el honor, por humildad y por fidelidad a su verdadera vocación. Volvió, pues, a Brescia. Sin embargo, tuvo que abandonar pronto la ciudad, porque, cuando las tropas de Carlos V estaban a punto de tomarla, pareció conveniente evacuar el mayor número posible de civiles. Ángela se trasladó a Cremona con algunas de sus amigas y allí permaneció, hasta que se firmó la paz. Los habitantes de Brescia la recibieron jubilosamente a su regreso, pues admiraban su caridad, su don de profecía y su santidad. Se cuenta que, poco después, mientras asistía a la misa, fue arrebatada en éxtasis y estuvo largo tiempo suspendida en el aire, a la vista de numerosos testigos.
Algunos años antes, en Desenzano, santa Ángela había tenido una visión de un grupo de doncellas que subían al cielo por una escala luminosa y había oído una voz que le decía: «Ten buen ánimo, Ángela, porque antes de morir vas a fundar una compañía de doncellas como las que acabas de ver». Ahora había llegado el tiempo del cumplimiento de esa profecía. Según parece, hacia el año 1533 la santa empezó a formar a varias jóvenes selectas en una especie de noviciado informal. Doce de esas jóvenes se fueron a vivir con ella en una casa de las cercanías de la iglesia de Santa Afra, pero la mayor parte siguió en la casa de sus padres o de sus parientes. Dos años después, veintiocho jóvenes se consagraron al servicio de Dios. Ángela las puso bajo la protección de santa Ursula, la patrona de las universidades medievales, a la que el pueblo veneraba como guía del sexo femenino. Por ello, las hijas de santa Ángela han conservado hasta nuestros días el nombre de «Ursulinas». El 25 de noviembre de 1535 fue la fecha oficial de la fundación de la Orden de las Ursulinas. Sin embargo, en la época de la fundadora, se trataba más bien de una asociación piadosa, ya que sus miembros no llevaban hábito (aunque se les recomendaban los vestidos negros), no hacían votos y no vivían en comunidad. Las Ursulinas se reunían para la enseñanza y la oración, ejecutaban trabajos que se les encomendaban y procuraban llevar vida de perfección en la casa paterna. La idea de una orden femenina de enseñanza era tan nueva, que hacía falta tiempo para que la cristiandad se acostumbrase a ella.
Sin embargo, pese a los cambios y modificaciones que han sufrido, las Ursulinas conservan, hasta el día de hoy, la finalidad para la que fueron creadas: la educación de las niñas, sobre todo de las niñas pobres. En las primeras elecciones, santa Ángela fue nombrada superiora y ejerció ese cargo durante los cinco últimos años de su vida. A principios de enero de 1540, cayó enferma y murió el 27 del mismo mes. En 1544, una bula de Paulo III confirmó la Compañía de Santa Ursula y la reconoció como congregación. La fundadora fue canonizada en 1807.
Las fuentes sobre la vida de Santa Ángela pueden verse, en inglés, en la minuciosa obra de la hermana M. Mónica, Ángela Merici and Her Teaching Idea (1927). El P. Cozzano, secretario de la santa, nos dejó un manuscrito que contiene las reglas, el «testamento» y los consejos de la sierva de Dios. Un notario llamado G. B. Nazari escribió en 1560, la primera biografía de santa Ángela; puede verse en el apéndice de la obra de Giuditta Bertolotti, Storia di S. Ángela Merici (1923). La primera biografía que se publicó fue, probablemente, la de Ottavio Gondi (1600) que está plagada de datos legendarios. La biografía de Carlo Doneda, compuesta con miras a la canonización, vio la luz en 1768 y es un poco más fidedigna que la anterior. Ver la obra de Postel (1878), en dos volúmenes. En el Oficio de Lecturas del día de la santa se lee un fragmento de su Testamento Espiritual.
fuente: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
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ingreso o última modificación relevante: ant 2012

Estas biografías de santo son propiedad de El Testigo Fiel. Incluso cuando figura una fuente, esta ha sido tratada sólo como fuente, es decir que el sitio no copia completa y servilmente nada, sino que siempre se corrige y adapta. Por favor, al citar esta hagiografía, referirla con el nombre del sitio (El Testigo Fiel) y el siguiente enlace: http://www.eltestigofiel.orgindex.php?idu=sn_331