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sábado, 21 de mayo de 2016

La familia, trasmisora de los valores humanos: Viviendo en familia 21052016

La familia, trasmisora de los valores humanos: Viviendo en familia

Familia, cuna de vida y transmisora de valores humanos.
20/05/2016 15:51
Con el padre Kennedy Rodríguez
 
La familia, nacida de la íntima comunión de vida y de amor conyugal fundada sobre el matrimonio de un hombre y una mujer, es el lugar primario de las relaciones interpersonales, el fundamento de la vida de las personas y el prototipo de toda organización social. Esta cuna de vida y amor es el lugar apropiado en que el hombre nace y crece, recibe las primeras nociones de la verdad y del bien donde aprende qué quiere decir amar y ser amado y, por consiguiente, qué quiere decir ser persona. La familia es la comunidad natural donde se tiene la primera experiencia y el primer aprendizaje de la socialización humana, pues en ella no sólo se descubre la relación personal entre el «yo» y el «tú», sino que se da el paso al «nosotros». La entrega recíproca del hombre y de la mujer unida en matrimonio, crea un ambiente de vida en el cual el niño puede desarrollar sus potencialidades, tomar conciencia de su dignidad y prepararse a afrontar su destino único e irrepetible. En este clima de afecto natural que une a los miembros de la comunidad familiar cada persona debe ser reconocida y responsabilizada en su singularidad.
21 de mayo

viernes, 21 de noviembre de 2014

Viviendo en familia, con el padre Kennedy Rodríguez 21112014

Viviendo en familia, con el padre Kennedy Rodríguez

La importancia de la oración en la familia
21/11/2014 08:26


La oración en la familia
Una familia verdaderamente cristiana, reza. Reserva para hablar con Dios el mejor momento del día. Ese momento de oración personal se considera “la caldera” de la vida interior.
Rezar juntos es amar y a una familia que ama, Dios no la abandona.

21 de noviembre

sábado, 6 de septiembre de 2014

La familia protagonista de la paz 06092014

La familia protagonista de la paz




Viviendo en familia, con el padre Kennedy Rodríguez

(RV).- (Con audio) RealAudioMP3

Preparándonos para el Sínodo de Obispos sobre la Familia, en la Ciudad del Vaticano con Papa Francisco (5 - 19 octubre 2014).


“Dios quiere que la humanidad viva en armonía y paz” (Mensaje de Juan Pablo II en la celebración XXVII Jornada Mundial de la Paz -1994)

La familia como transmisora de valores éticos, morales, culturales y religiosos, fundamentada en el amor, debe ser portadora plenamente de los valores de paz.

Los valores familiares basados en el respeto mutuo, en la vida y en la dignidad de los seres vivos proporcionan al ser humano, creado a imagen y semejanza de Dios, la dimensión necesaria para asumir la diversidad humana como factor de una convivencia pacífica.
Otras virtudes como afecto, paciencia, comprensión, perdón, aportadas por la vida familiar sana, guía al hombre, en los primeros pasos, hacia experiencias de paz.
No menos importantes son la solidaridad y la justicia, “emociones de fuerza moral intensa y duradera que buscan el bien del otro”.

Sin embargo este ideal familiar no siempre se ofrece en nuestro medio social. Existen dificultades en la convivencia de los padres, situaciones provocadas por el mismo ambiente que rodea a la familia, que los llevan a satisfacer las necesidades económicas y desplazar las necesidades esenciales y primordiales de cariño y calidad de tiempo y vida hacia los hijos; produciendo un vacío, un despego y la inseguridad de los niños y jóvenes donde se ve alterada la armoniosa y afectiva relación familiar.
6 de septiembre

sábado, 28 de junio de 2014

La familia y los Papas: Juan XXIII 28062014



La familia y los Papas: Juan XXIII

2014-06-28 Radio Vaticana
(RV).- (Con audio)
Viviendo en familia, con el padre Kennedy Rodríguez
Hoy queremos compartir con ustedes, la familia en Papa Juan XXIII.
Recordemos que el cardenal Roncalli, amante de la familia, electo el 28 de octubre de 1958, era elegido para suceder en la sede petrina a Su Santidad Pío XII. El nuevo Papa quiso asumir el nombre del Apóstol Juan, el discípulo amado.
Compartimos con ustedes el mensaje del Papa Juan XXIII a la familia, en su rezo del Ángelus del domingo 8 de enero de 1961.



JUAN XXIII
ÁNGELUS*

Festividad de la Sagrada Familia
Domingo 8 de enero de 1961

¡Queridos hijos!
El Angelus Domini en la fiesta litúrgica de la Sagrada Familia es particularmente significativo y conmovedor. Cielo y tierra se unen y sobre cada una de las familias, santificadas con la oración, con la paciencia y el trabajo, resplandece hoy, proclamado por María y José, el nombre de Jesús, que irradia luminoso ejemplo, estímulo ferviente y poderosa protección.
Conocemos las dificultades y peligros que halla la familia cristiana en su camino. Ante todo, en el orden espiritual, por el duro sacrificio y renunciamiento que se exige a los padres y madres para educar cristianamente a sus hijos, para mantenerse fieles a inmutable ley de Dios en medio de las seducciones de la mentalidad mundana, inclinadas al goce; para oponer el freno eficaz de una sólida conciencia moral a las concesiones que se observan acá y allá. Tampoco ignoramos las angustias, que originan en el orden material los apuros de tantas familias, especialmente las familias numerosas, las de los parados, de los insuficientemente ocupados y de los necesitados.
Nuestra voz no desaprovecha ninguna ocasión para estimular a las autoridades responsables a tomar las medidas necesarias para remediar tantas necesidades espirituales y materiales, y sigue exhortando a todos, especialmente a aquellos que gozan de una situación desahogada, a no dejarse vencer en generosidad para llevar a todas las familias una ayuda duradera y proporcionada a las necesidades.
¡Queridos hijos, padres y madres! !Cuánto deseamos aseguraros que estamos siempre cerca de cada uno de vosotros!
Lo estamos con la oración. Lo estamos más íntimamente en esta fiesta de la Sagrada Familia de Nazaret, que recaba de Dios la plenitud de las gracias celestiales sobre vuestras queridas familias, sobre los inocentes niños, los fuertes y puros jóvenes, sobre los ancianos en el atardecer pensativo de la vida. Para todos pedimos los dones de la paz, de la serenidad y de la alegría por encima de todas las pruebas, que el amor de Dios dulcifica y atenúa. Estamos cerca de vosotros con el afecto paternal, que desea a todos alcancen la meta de las aspiraciones más ardientes del corazón; estamos cerca por nuestra más viva solicitud para que sobre vuestras familias brille siempre el reflejo de aquella nobleza que brota de la imitación de los ejemplos de Nazaret, del cumplimiento generoso de los mandamientos, de la práctica de las obras de misericordia.
Invoquemos ahora sobre todos la plenitud de los divinos consuelos y en prenda de nuestra gran benevolencia descienda sobre los queridos hijos presentes en la Plaza de San Pedro y sobre los que escuchan a través de la Radio nuestra copiosa y propiciadora Bendición Apostólica, para que, como hoy pidió la Iglesia, "las familias se establezcan sólidamente en la paz y gracia del Señor" (Missal. Rom. Orat. Sec.).

sábado, 14 de junio de 2014

La familia y el Papa Juan XXIII 14062014

La familia y el Papa Juan XXIII

2014-06-14 Radio Vaticana
 
Viviendo en familia, con el padre Kennedy Rodríguez
(RV)- (Con audio)

La familia y los Papas

Recordemos que el Papa bueno era descendiente de una familia campesina, profundamente católica, humilde y a la vez muy numerosa: eran trece hermanos, de los cuales él era el tercero. Fue éste el ambiente en el que se iría forjando una personalidad con la que cautivaría a sus feligreses y al mundo entero: en la familia llegó a ser como un padre para todos sus hermanos, sencillo y manso, a la vez vital y exigente, siempre generoso.
En su Encíclica Pacem in Terris el Papa Juan XXIII nos ofrece la siguiente declaración sobre la Familia: “los hombres tienen pleno derecho a fundar una familia, en cuya creación el varón y la mujer tengan iguales derechos y deberes”. Esta familia “se funda en el matrimonio libremente contraído, uno e indisoluble, y considerarla como la semilla primera y natural de la sociedad humana.”

lunes, 19 de mayo de 2014

El servicio en la familia 19052014

El servicio en la familia




Viviendo en familia, con el padre Kennedy Rodríguez
(RV).- (Con audio) RealAudioMP3

Brindar ayuda de manera espontánea en los detalles más pequeños, habla de nuestro alto sentido de colaboración para hacer la vida más ligera a los demás.
La persona servicial lo es en su trabajo, con su familia, pero también en la calle ayudando a otras personas en cosas aparentemente insignificantes, pero que van haciendo la vida más ligera.

Todos recordamos la experiencia de algún desconocido que apareció de la nada justo cuando necesitábamos ayuda que sorpresivamente tras ayudarnos se pierde entre la multitud.

Las personas serviciales viven continuamente estuvieran atentas, observando y buscando el momento oportuno para ayudar a alguien, aparecen de repente con una sonrisa y las manos por delante dispuestos a hacernos la tarea más sencilla, en cualquier caso, recibir un favor hace nacer en nuestro interior un profundo agradecimiento.

Para servir eficazmente hace falta iniciativa, capacidad de observación, generosidad y vivir la solidaridad con los demás, haciendo todo aquello que deseamos que hagan por nosotros.

jueves, 15 de mayo de 2014

El sacrificio en la familia

El sacrificio en la familia


Viviendo en familia, con el padre Kennedy Rodríguez
(RV).- (Con audio)
El valor del sacrificio es aquel esfuerzo extraordinario para alcanzar un beneficio mayor, venciendo los propios gustos, intereses y comodidad.
Debemos tener en mente que el sacrificio –aunque suene drástico el término-, es un valor muy importante para superarnos en nuestra vida por la fuerza que imprime en nuestro carácter. Compromiso, perseverancia, optimismo, superación y servicio, son algunos de los valores que se perfeccionan a un mismo tiempo, por eso, el sacrificio no es un valor que sugiere sufrimiento y castigo, sino una fuente de crecimiento personal.
Al momento de formar una familia el hombre y la mujer se entregan mutuamente y por naturaleza se atraen, cada individuo proyecta sus planes dentro del matrimonio, en los cuales se plantea la base de su felicidad, pero si en esos planes no está incluido el sacrificio es muy probable que la familia no funcione.La iglesia nos enseña que cada pareja debe sacrificarse con el fin inicial de hacer feliz a su cónyuge, felicidad que más adelante se transmite a los hijos.
Todas las decisiones que tomarán el padre o la madre nunca podrán ser de manera egoísta sin incluir a cada uno los demás miembro de la familia. Por ejemplo ya nadie podrá decir “necesito tiempo para mi”. El tiempo se reorienta a Dios y a la vocación a la cual te ha llamado: a formar una familia.
Cada familia debe someterse a varios sacrificios: Sacrificio de castidad: Pues los conyugues se juraron fidelidad hasta la muerte.
Sacrificio de apertura a la vida: la doctrina de la iglesia es clara, en el punto 2366 del catecismo expresa que el acto matrimonial debe quedar abierto a la vida. Sacrificio de tolerancia: cada cónyuge debe tener presente que al convivir con otros seres humanos, con distinta forma de pensar se generan conflicto en los que tenemos que ser tolerante y de vez en cuando ceder su postura personal.
Es importante precisar que para poder hacer los sacrificios que necesita la familia es indispensable llevar una vida intensa de oración y frecuencia de sacramentos.
La Familiaris consortio de JPII nos dice en su número 49:
“…Con la celebración de los sacramentos, la Iglesia enriquece y corrobora a la familia cristiana con la gracia de Cristo, en orden a su santificación para la gloria del Padre; con la renovada proclamación del mandamiento nuevo de la caridad, la Iglesia anima y guía a la familia cristiana al servicio del amor, para que imite y reviva el mismo amor de donación y sacrificio que el Señor Jesús nutre hacia toda la humanidad.”

miércoles, 14 de mayo de 2014

La laboriosidad en la familia

La laboriosidad en la familia


Viviendo en familia, con el P. Kennedy Rodríguez
(RV).- (Con audio)
El valor que queremos compartir hoy es el valor de la Laboriosidad en la familia.
Y quiero comenzar con un texto de San Pablo a los Tesalonicenses: «El que no quiera trabajar que no coma» (2 Tes 3,10), dice san Pablo; quien ha de comer tiene que trabajar. El deber de trabajar arranca de la misma naturaleza.
Ejercitar tus cualidades desarrollando y haciendo crecer y perfeccionando la misma creación. Todo lo ha hecho Dios bien, todo lo ha hecho el Señor para nuestras familias, para nosotros.
Trabajar es sólo el primer paso, hacerlo bien y con cuidado en los pequeños detalles es cuando se convierte en un valor.
El trabajo es un valor fundamental. José el carpintero trabajó.Cuando alguien se refiere a nosotros por “ser muy trabajadores” nos sentimos distinguidos y halagados: los demás ven en nosotros la capacidad de estar horas y horas en la escuela, en la casa o en la oficina haciendo “muchas cosas importantes".
La laboriosidad significa hacer con cuidado y esmero las tareas y deberes que son propios de nuestras circunstancias. El estudiante va a la escuela, el ama de casa se preocupa por los miles de detalles que implican que un hogar sea acogedor, los profesionistas dirigen su actividad a los servicios que prestan. Pero laboriosidad no significa únicamente "cumplir" nuestro trabajo. También implica el ayudar a quienes nos rodean en el trabajo, la escuela, e incluso durante nuestro tiempo de descanso; los padres velan por el bienestar de toda la familia y el cuidado material de sus bienes; los hijos además del estudio proporcionan ayuda en los quehaceres domésticos.
Podemos, fácilmente, dar una apariencia de laboriosidad cuando adquirimos demasiadas obligaciones para quedar bien, aún sabiendo que no podremos cumplir oportunamente.
Al crear una imagen de mucha actividad pero con pocos resultados se le llama activismo, popularmente expresado con un “mucho ruido y pocas nueces”. Es entonces cuando se hace necesario analizar con valentía los verdaderos motivos por los que actuamos, para no engañarnos, ni pretender engañar a los demás cubriendo nuestra falta de responsabilidad.
La pereza es la manera común de entender la falta de laboriosidad; las máquinas cuando no se usan pueden quedar inservibles o funcionar de manera inadecuada, de igual forma sucede con las personas: quien con el pretexto de descansar de su intensa actividad -cualquier día y a cualquier hora- pasa demasiado tiempo en el sofá o en la cama viendo televisión “hasta que el cuerpo reclame movimiento”, poco a poco perderá su capacidad de esfuerzo hasta ser incapaz de permanecer mucho tiempo trabajando o estudiando en lo que no le gusta o no le llama la atención.
Para ser laborioso se necesita estar activo, hacer cosas que traigan un beneficio a nuestra persona, o mejor aún, a quienes nos rodean: dedicar tiempo a buena lectura, pintar, hacer pequeños arreglos en casa, ayudar a los hijos con sus deberes, ofrecerse a cortar el pasto.No hace falta pensar en grandes trabajos “extras”, sobre todo para los fines de semana, pues el descanso es necesario para reponer fuerzas y trabajar más y mejor.
El descanso no significa “no hacer nada”, sino dedicarse a actividades que requieren menor esfuerzo y diferentes a las que usualmente realizamos.
Cuando nos decidimos a vivir el valor de la laboriosidad adquirimos la capacidad de esfuerzo, tan necesaria en estos tiempos para contrarrestar la idea ficticia de que la felicidad sólo es posible alcanzarla por el placer y la comodidad, logrando trabajar mejor poniendo empeño en todo lo que se haga.
El trabajo es mucho más que un valor: es una bendición.
Los santos trabajaron, el Papa trabaja, los grandes personajes de la historia trabajaron.
Por eso joven dedícate trabaja.
Los invito a vivir unidos en familia, como la sagrada familia de Nazaret. Que Dios y la Virgen los acompañen siempre.

lunes, 5 de mayo de 2014

Laboriosidad en la familia


 

Laboriosidad en la familia

Viviendo en familia, con el P. Kennedy Rodríguez
(RV).- (Con audio)
«El que no quiera trabajar que no coma» (2 Tes 3,10), dice san Pablo; quien ha de comer tiene que trabajar. El deber de trabajar arranca de la misma naturaleza.
Ejercitar tus cualidades desarrollando y haciendo crecer y perfeccionando la misma creación. Trabajar es sólo el primer paso, hacerlo bien y con cuidado en los pequeños detalles es cuando se convierte en un valor.
El trabajo es un valor fundamental. José el carpintero trabajó.
Cuando alguien se refiere a nosotros por “ser muy trabajadores” nos sentimos distinguidos y halagados: los demás ven en nosotros la capacidad de estar horas y horas en la escuela, en la casa o en la oficina haciendo “muchas cosas importantes".
La laboriosidad significa hacer con cuidado y esmero las tareas y deberes que son propios de nuestras circunstancias. El estudiante va a la escuela, el ama de casa se preocupa por los miles de detalles que implican que un hogar sea acogedor, los profesionistas dirigen su actividad a los servicios que prestan. Pero laboriosidad no significa únicamente "cumplir" nuestro trabajo. También implica el ayudar a quienes nos rodean en el trabajo, la escuela, e incluso durante nuestro tiempo de descanso; los padres velan por el bienestar de toda la familia y el cuidado material de sus bienes; los hijos además del estudio proporcionan ayuda en los quehaceres domésticos.
Podemos, fácilmente, dar una apariencia de laboriosidad cuando adquirimos demasiadas obligaciones para quedar bien, aún sabiendo que no podremos cumplir oportunamente.Al crear una imagen de mucha actividad pero con pocos resultados se le llama activismo, popularmente expresado con un “mucho ruido y pocas nueces”. Es entonces cuando se hace necesario analizar con valentía los verdaderos motivos por los que actuamos, para no engañarnos, ni pretender engañar a los demás cubriendo nuestra falta de responsabilidad.
La pereza es la manera común de entender la falta de laboriosidad; las máquinas cuando no se usan pueden quedar inservibles o funcionar de manera inadecuada, de igual forma sucede con las personas: quien con el pretexto de descansar de su intensa actividad -cualquier día y a cualquier hora- pasa demasiado tiempo en el sofá o en la cama viendo televisión “hasta que el cuerpo reclame movimiento”, poco a poco perderá su capacidad de esfuerzo hasta ser incapaz de permanecer mucho tiempo trabajando o estudiando en lo que no le gusta o no le llama la atención.
Para ser laborioso se necesita estar activo, hacer cosas que traigan un beneficio a nuestra persona, o mejor aún, a quienes nos rodean: dedicar tiempo a buena lectura, pintar, hacer pequeños arreglos en casa, ayudar a los hijos con sus deberes, ofrecerse a cortar el pasto.
No hace falta pensar en grandes trabajos “extras”, sobre todo para los fines de semana, pues el descanso es necesario para reponer fuerzas y trabajar más y mejor.
El descanso no significa “no hacer nada”, sino dedicarse a actividades que requieren menor esfuerzo y diferentes a las que usualmente realizamos.
Cuando nos decidimos a vivir el valor de la laboriosidad adquirimos la capacidad de esfuerzo, tan necesaria en estos tiempos para contrarrestar la idea ficticia de que la felicidad sólo es posible alcanzarla por el placer y la comodidad, logrando trabajar mejor poniendo empeño en todo lo que se haga.
El trabajo es mucho más que un valor: es una bendición.
Los santos trabajaron, el Papa trabaja, los grandes personajes de la historia trabajaron. Por eso joven dedícate trabaja.
Los invito a vivir unidos en familia, como la sagrada familia de Nazaret.
Que Dios y la Virgen los acompañen siempre.

domingo, 4 de mayo de 2014

La alegría en la familia

La alegría en la familia

Viviendo en familia, con el P. Kennedy Rodríguez
(RV).- (Con audio)
“Estén siempre alegres en el Señor; se lo repito: estén alegres. (Flp 4,4). La vida cristiana no es una vida triste. La vida cristiana tiene motivos para estar siempre alegre.
No se trata de una alegría chabacana, ni de la alegría efímera de quien se pone cualquier elemento externo que le aliena – droga, alcohol, comilonas, etc. – y le deja más hundido que antes.La alegría cristiana brota de adentro y se alimenta de Dios. La alegría cristiana es gratuita, es un don de Dios y es para todos. La alegría cristiana, cuando llega al corazón del hombre, lo eleva potenciando su dignidad humana, la dignidad de hijo de Dios. La alegría cristiana produce paz y gozo en el alma. La alegría surge, en primer lugar, de una actitud, la de decidir cómo afronta nuestro espíritu las cosas que nos rodean. Quien se deja afectar por las cosas malas, elige sufrir. Quien decide que su paz es mayor que las cosas externas, entonces se acerca más a una alegría. Una alegría que viene desde adentro.
La fuente más común, más profunda y más grande de la alegría es el amor, Cristo es amor, amor en la familia, el amor en la pareja, amor a tu hermano, eso da alegría.
Pocas veces pensamos en el hecho de estar alegres, pues en algunos momentos la alegría surge de manera espontánea por diversos motivos: una mejor oportunidad de trabajo, la propuesta para emprender un negocio, el ascenso que no esperábamos, un resultado por encima de lo previsto en los estudios y dejamos que la vida siga su curso, sin ser conscientes que a la alegría no siempre se le encuentra, también se le construye.
Tampoco es válido pensar que la solución consiste en tomar con poca seriedad nuestras obligaciones y compromisos para vivir tranquilamente y de esta manera estar alegres.
Por eso es necesario afrontar la situación para conseguir la alegría verdadera que se encuentra en Cristo.

sábado, 3 de mayo de 2014

La Serenidad en la familia 03052014

La Serenidad en la familia




Viviendo en familia, con el padre Kennedy Rodríguez
(RV).- (Con audio) RealAudioMP3
La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como la da el mundo. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo. Jn 14, 26
La serenidad es calma, es paz interior, es equilibrio emocional, es presencia de ánimo ante el peligro, ante el dolor, ante la pena, ante la turbación, ante la ira, ante la soberbia.
Serenidad es el requisito indispensable a la reflexión; la serenidad da la luz a la razón para proceder acertadamente; la serenidad nos lleva a soportar los golpes de la vida aceptándolos; la serenidad conduce a la tolerancia y por ende a la justicia, en resumen, la Serenidad nos lleva a aceptar las cosas que no podemos cambiar.
Serenidad, este valor nos enseña a conservar la calma en medio de nuestras ocupaciones y problemas, mostrándonos cordiales y amables con los demás.
¡Hoy en día las familias tienen tanto problemas y asuntos que resolver! Y a veces parece como si nadie se diera cuenta de todo lo que tenemos que resolver al mismo tiempo: trabajar, estudiar, encargarnos del hogar, ajustar nuestro presupuesto y seguir cumpliendo con nuestras responsabilidades. Parece imposible que en medio de tantas preocupaciones y contratiempos, podamos conservar la serenidad para resolver todo, sin caer en la desesperación ni afectar a los demás con nuestra impaciencia.
El valor de la serenidad nos hace mantener un estado de ánimo sosegado aún en las circunstancias más adversas, esto es, sin exaltarse o deprimirse, encontrando soluciones a través de una reflexión detenida y cuidadosa, sin engrandecer o minimizar los problemas.
Cuando las dificultades nos aquejan fácilmente podemos caer en la desesperación, sentirnos tristes, irritables, desganados y muchas veces en un callejón sin salida. A simple vista el valor de la serenidad podría dejarse sólo para las personas que tienen pocos problemas, en realidad todos los tenemos, la diferencia radica en la manera de afrontarlos. Nosotros pedimos a Dios, invocamos el Espíritu Santo.
Revisemos cuatro ideas básicas para generar serenidad en nuestro interior:
- Orar, evitar “encerrarse” en sí mismo.
- Concentrarse en una labor o actividad.
- Gozar de la alegría ajena.
- Cuidarnos físicamente.
Seguramente todos hemos tenido la experiencia de “distraernos del problema” sin darnos cuenta. Cuando volvemos a ser conscientes del mismo, nos sentimos liberados de la ansiedad y el pesimismo, es entonces cuando podemos pensar y decidir.
La serenidad hace que los miembros de la familia sean dueños de sus emociones, adquiriendo fortaleza no sólo para dominarse, sino para soportar y afrontar la adversidad, sin afectar el trato y las relaciones con sus semejantes.

domingo, 6 de abril de 2014

El Consejo en la Familia 05042014

El Consejo en la Familia

2014-04-05 Radio Vaticana
Viviendo en familia, con el padre Kennedy Rodríguez
(RV).- (Con audio)
Es importante precisar que el consejo es un don y hay que pedirlo a Dios. El don de Consejo es un hábito sobrenatural por el cual el alma en gracia, bajo inspiración del Espíritu Santo intuye rectamente, en todos los casos particulares, lo que conviene hacer en orden al fin último sobre natural. En el caso de los cónyuges es imprescindible saber aconsejar a los hijos, pues está claro que esto influirá en todas las decisiones que tomaran en un futuro.
El buen consejo ha de ser pedido a Dios humildemente. Sólo como don de Dios será posible a la familia el buen consejo; es decir, sólo por la oración de súplica y por la docilidad incondicional al Espíritu divino conseguirá a los cónyuges el buen juicio siempre y en todas las cosas.
Nos dice Proverbio 22,6: "
Instruye al niño en el buen camino, cuando envejezca no se apartará de él".
El Espíritu Santo ilumina la conciencia en las opciones que la vida diaria le impone, sugiriéndole lo que es lícito, lo que corresponde, lo que conviene más al alma. Esto lo hace a través del don de consejo. Si cada familia se abre a la acción del espíritu santo entonces recibirá esta gracia.La Iglesia reconoce en la Madre de Jesús, la “Madre del Buen Consejo”, como se la venera en tantos rincones del mundo. Ella se manifiesta como la palabra sabia y dócil a las insinuaciones del Espíritu. Su actitud de escucha, lleva vislumbrar los pequeños soplos divinos aún en las situaciones más convulsionadas. De ahí que se haya revelado a lo largo de la historia como la consejera segura, prudente y sabia.