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sábado, 27 de febrero de 2016

Sean artífices de un nuevo ‘humanismo del trabajo’, exhortó el Papa a empresarios italianos 27022016

Sean artífices de un nuevo ‘humanismo del trabajo’, exhortó el Papa a empresarios italianos

Audiencia del Papa a representantes de Confindustria - AFP
27/02/2016 12:04
Afianzados en la justicia y respeto de la dignidad del trabajo, al servicio del bien común, nunca la ganancia económica por encima del hombre
 
(RV).- El Papa Francisco recibió, el sábado de la segunda semana de Cuaresma, a más de siete mil representantes de la Confindustria, que es la confederación italiana que desde hace más de cien años reúne a más de 150 mil empresas.
El Obispo de Roma destacó, con su cordial bienvenida, el compromiso que se proponen cumplir los miembros de esta asociación, que por primera vez encuentra al Santo Padre, y subrayó el lema que han elegido para su encuentro jubilar: “Hacer juntos”.
Lema que conlleva “trabajar juntos”, involucrando a los sujetos a menudo olvidados o descuidados. Como las familias, los ancianos, los jóvenes, recordó el Papa, alentando a que el centro de cada empresa sea el hombre, sus sueños, sus necesidades, sus esperanzas y sus fatigas.
Con su Exhortación apostólica Evangelii gaudium, el Santo Padre hizo hincapié en que ante tantas barreras de injusticia, soledad y desconfianza el mundo del trabajo «está llamado a dar pasos valientes, para que ‘encontrarse y hacer juntos’ no sea solo un lema, sino un programa para el presente y el futuro».
El Santo Padre concluyó alentándolos a ser constructores del bien común y artífices de un nuevo “humanismo del trabajo”:
“Queridos amigos, ustedes tienen “una noble vocación orientada a producir riqueza y a mejorar el mundo para todos” (Carta encíclica Laudato si’, 129); por tanto, están llamados a ser constructores del bien común y artífices de un nuevo “humanismo del trabajo”. Están llamados a tutelar la profesionalidad y, al mismo tiempo, a prestar atención a las condiciones en las que el trabajo se realiza, para que no se verifiquen incidentes y situaciones de malestar. Que su camino a seguir sea siempre la justicia, que rechaza los atajos de las recomendaciones y de los favoritismos, y las desviaciones peligrosas de la deshonestidad y de los fáciles acuerdos. Que la ley suprema sea en todo la atención a la dignidad del otro, valor absoluto e indisponible. Que este horizonte de altruismo caracterice su compromiso que los llevará a rechazar categóricamente que la dignidad de la persona sea pisoteada en nombre de exigencias productivas, que enmascaran miopías individualistas, tristes egoísmos y sed de ganancia. En cambio, que la empresa que ustedes representan esté siempre abierta a aquel “significado más amplio de la vida”, que le permitirá “servir verdaderamente al bien común, con su esfuerzo por multiplicar y volver más accesibles para todos los bienes de este mundo” (Exhortación apostólica Evangelii gaudium, 203). Que el bien común sea, precisamente, la brújula que oriente la actividad productiva, para que crezca una economía de todos y para todos, que no sea “insensible a la mirada de los necesitados” (Si 4,1). Esto es verdaderamente posible, con la condición de que la simple proclamación de la libertad económica no prevalezca sobre la concreta libertad del hombre y sobre sus derechos, que el mercado no sea absoluto, sino que honre las exigencias de la justicia y, en último análisis, de la dignidad de la persona. Porque no hay libertad sin justicia y no hay justicia sin el respeto de la dignidad de cada uno.
Les agradezco su empeño y todo el bien que hacen y que podrán hacer. Que el Señor los bendiga. Y les pido, por favor, que no se olviden de rezar por mí”.
(CdM – RV)
Texto completo del discurso del Papa:
"Amables Señores y Señoras ¡buenos días!
Saludo a todos ustedes representantes del mundo empresarial que han venido tan numerosos y agradezco al presidente Señor Squinzi, así como al Señor Ghizzoni y a la Señora Marcegaglia, por las palabras que me han dirigido.
Con este encuentro, que constituye una novedad en la historia de su Asociación, se han propuesto confirmar un compromiso: el de contribuir con su trabajo a una sociedad más justa y cercana a las necesidades del hombre. Quieren reflexionar juntos sobre la ética del hacer empresa; juntos han decidido reforzar la atención a los valores que son la ‘columna vertebral’ de los proyectos de formación, de valorización del territorio y de promoción de las relaciones sociales y que permiten una alternativa concreta al modelo consumista del provecho a toda costa.
‘Hacer juntos’ es la expresión que han elegido como guía y orientación. Ella inspira a colaborar, a compartir, a preparar el camino a relaciones regidas por un sentido de responsabilidad común. Esto allana el camino a nuevas estrategias, a nuevos estilos, nuevas actitudes. ¡Cuán distinta sería nuestra vida si aprendiéramos de verdad, día tras día, a trabajar, a pensar, a construir juntos!
En el complejo mundo de la empresa, "trabajar juntos" significa invertir en proyectos que sepan involucrar sujetos que a menudo son olvidados o descuidados. Entre ellos, sobre todo, las familias, focos de humanidad, en las cuales la experiencia del trabajo, el sacrificio que lo alimenta y los frutos que derivan encuentran sentido y valor.  Y, junto con las familias, no podemos olvidar las categorías más débiles y marginadas, como los ancianos, que podrían todavía expresar recursos y energía para una colaboración activa pero a menudo son descartados como inútiles e improductivos. ¿Y qué decir  de todos aquellos trabajadores potenciales, especialmente de los jóvenes, prisioneros de la precariedad o de largos periodos de desempleo, no son interpelados por una solicitud de trabajo para darles, así como un salario justo, incluso aquella dignidad con la que a veces se sienten privados?
Todas estas fuerzas, juntas, pueden hacer la diferencia a una empresa que ponga en el centro a la persona, la calidad de sus relaciones, la verdad de su esfuerzo por construir un mundo más justo, un mundo de verdad de todos. “Hacer juntos”, significa, de hecho, establecer el trabajo no sobre el genio solidario de un individuo, sino sobre la colaboración de muchos. Significa en otros términos, “hacer redes” para valorar los dones de todos, sin dejar de lado el carácter único e irrepetible de cada uno. Que al centro de cada empresa sea, por lo tanto, el hombre: no aquel abstracto, ideal, teórico, pero aquel concreto, con sus sueños, sus necesidades, sus esperanzas y sus fatigas.
Esta atención a la persona concreta conlleva una serie de elecciones importantes: significa dar a cada uno lo suyo, quitando a madres y a padres de familia la angustia de no poder dar un futuro y ni siquiera un presente a los propios hijos; significa saber dirigir, pero también saber escuchar, compartiendo con humildad y confianza proyectos e ideas; significa hacer que el trabajo cree otro trabajo, la responsabilidad cree otra responsabilidad, la esperanza cree otra esperanza, sobre todo para las jóvenes generaciones, que de esto tienen necesidad hoy más que nunca.
En la Exhortación apostólica Evangelii gaudium volví a lanzar el desafío de apoyarnos unos a otros, de hacer de la experiencia compartida una ocasión para «mayores posibilidades de encuentro y de solidaridad entre todos» (n. 87). Ante tantas barreras de injusticia, de soledad, de desconfianza y de sospecha que todavía en nuestros días vienen erigidas, el mundo del trabajo, del cual ustedes son actores de primer plano, está llamado a dar pasos valientes para que “encontrarse y hacer juntos” no sea solo un lema, sino un programa para el presente y el futuro.
Queridos amigos, ustedes tienen “una noble vocación orientada a producir riqueza y a mejorar el mundo para todos” (Carta encíclica Laudato si’, 129); por tanto, están llamados a ser constructores del bien común y artífices de un nuevo “humanismo del trabajo”. Están llamados a tutelar la profesionalidad y, al mismo tiempo, a prestar atención a las condiciones en las que el trabajo se realiza, para que no se verifiquen incidentes y situaciones de malestar. Que su camino a seguir sea siempre la justicia, que rechaza los atajos de las recomendaciones y de los favoritismos, y las desviaciones peligrosas de la deshonestidad y de los fáciles acuerdos. Que la ley suprema sea en todo una atención a la dignidad del otro, valor absoluto e indisponible. Que este horizonte de altruismo caracterice su compromiso que los llevará a rechazar categóricamente que la dignidad de la persona sea pisoteada en nombre de exigencias productivas, que enmascaran miopías individualistas, tristes egoísmos y sed de ganancia. En cambio, que la empresa que ustedes representan esté siempre abierta a aquel “significado más amplio de la vida”, que le permitirá “servir verdaderamente al bien común, con su esfuerzo por multiplicar y volver más accesibles para todos los bienes de este mundo” (Exhortación apostólica Evangelii gaudium, 203). Que el bien común sea, precisamente, la brújula que oriente la actividad productiva, para que crezca una economía de todos y para todos, que no sea “insensible a la mirada de los necesitados” (Si 4,1). Esto es verdaderamente posible, con la condición de que la simple proclamación de la libertad económica no prevalezca sobre la concreta libertad del hombre y sobre sus derechos, que el mercado no sea absoluto, sino que honre las exigencias de la justicia y, en último análisis, de la dignidad de la persona. Porque no hay libertad sin justicia y no hay justicia sin el respeto de la dignidad de cada uno.
Les agradezco su empeño y todo el bien que hacen y que podrán hacer. Que el Señor los bendiga. Y les pido, por favor, que no se olviden de rezar por mí.
Y ahora quisiera pedir al Señor que los bendiga, a todos ustedes, a sus familias, a sud empresas".

    jueves, 18 de febrero de 2016

    Papa en Juárez: Sueñen un México donde papá y mamá tengan tiempo para jugar con sus hijos 17022016

    Papa en Juárez: Sueñen un México donde papá y mamá tengan tiempo para jugar con sus hijos

    Por Diego López Marina

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    Francisco con el mundo del trabajo / Alan Holdren (ACI Prensa)
    Francisco con el mundo del trabajo / Alan Holdren (ACI Prensa)








    CIUDAD JUÁREZ, 17 Feb. 16 / 04:03 pm (ACI).- Esta tarde el Papa Francisco se encontró con diversos representantes del mundo del trabajo en el gimnasio del Colegio de Bachilleres del Estado de Chihuahua.
    En su discurso el Santo Padre invitó a los asistentes a “soñar un México, donde el papá pueda tener tiempo para jugar con sus hijos, donde la mamá pueda tener tiempo para jugar con sus hijos y eso lo van a lograr dialogando, negociando, perdiendo para que ganen todos”.
    “Los invito a soñar el México que sus hijos se merecen; el México donde no haya personas de primera segunda o de cuarta, sino el México que sabe reconocer en el otro la dignidad de hijo de Dios”, alentó.
    Al llegar al lugar donde se realizó el encuentro, el Santo Padre se dirigió al estrado e inmediatamente se produjo una ola entre la multitud, la que además empezó a vitorear “¡Francisco, hermano, ya eres mexicano!” y “¡Francisco, amigo, Juárez está contigo!”
    El Santo Padre tomó asiento y recibió la bienvenida del Mons. Jorge Alberto Cavazos, Obispo Auxiliar de Monterrey y asesor de la dimensión de pastoral laboral, quien dijo “aquí hay representantes del mundo del trabajo en muchas de sus múltiples expresiones, esperamos sus palabras, que siempre nos fortalecen para lograr metas comunes favorables. ¡Santo Padre, muchas gracias!”.
    Después de esto siguieron las palabras de un matrimonio formado por la secretaria Daisy Flores Gámez y su esposo Jesús Gurrola Varela, que aseguraron que la situación económica y los roles de trabajo actuales en Juárez “hacen cada vez más difícil la convivencia de la familia y el verdadero cuidado y atención a los hijos”.
    La pareja habló también del “desgaste desproporcionado en el mundo laboral” y por ello pidieron al Santo Padre que ore e interceda por las familias, “que de alguno u otro modo estamos sometidos a las redes del mercado –no siempre justas-”.
    Finalmente dieron las gracias al Sumo Pontífice quien se puso de pie, los abrazó y entregó un obsequio.
    Después se acercó al estrado Juan Pablo Castañón, Presidente Nacional del Consejo Coordinador Empresarial, quien en su discurso resaltó que la sociedad debe concentrarse en el trabajo digno porque “la persona humana es principio y fin de cualquier actividad económica y política”.
    El empresario añadió que las oportunidades recibidas por los empresarios como él “nunca pueden ser vistas como privilegios, sino como responsabilidades hacia los que menos tienen”.
    Tras los testimonios, el Papa Francisco, recibió un regalo de cinco rosas de acero de parte de una familia de empresarios católicos, las cuales representan las cinco Eucaristías que celebró en su país.
    También recibió un presente con productos regionales y un “don digital”, de parte de un trabajador y una directora de empresa, respectivamente.
    Después de saludar personalmente y regalar algunos rosarios a las personas que le llevaron los obsequios, el Santo Padre agradeció a todos por “los desvelos, las alegrías y esperanzas que experimentan en sus vidas”.
    El Santo Padre recordó a las organizaciones de trabajadores y gremios empresariales que “uno de los flagelos más grandes a los que se ven expuestos los jóvenes es la falta de oportunidades de estudio y de trabajo”.
    Por ello el Papa Francisco respondió que “la mejor inversión es crear oportunidades” a fin de evitar que la pobreza generada sea “caldo de cultivo para que los jóvenes caigan en el círculo del narcotráfico y de violencia”.
    El Santo Padre agregó que “la única pretensión de la Doctrina Social de laIglesia es velar por la integridad de personas y estructuras sociales” cuando ésta se vea “amenazada o reducida a un bien de consumo”.
    Finalmente el Sumo Pontífice aseguró que “el lucro y el capital no son un bien por encima del hombre, sino que están al servicio del bien común”.
    Tras terminar su discurso, el Papa Francisco les dio la bendición pidiendo la intercesión de la Virgen de Guadalupe y San José. Finalizando pidió que rezaran por él y después se retiró entre aplausos a su siguiente destino, el Seminario Conciliar de Ciudad Juárez.

    VIDEO y TEXTO: Discurso del Papa Francisco con el mundo del trabajo en Ciudad Juárez 17022016

    VIDEO y TEXTO: Discurso del Papa Francisco con el mundo del trabajo en Ciudad Juárez

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    CIUDAD JUÁREZ, 17 Feb. 16 / 02:47 pm (ACI).- El Papa Francisco se encontró con diversos representantes del mundo del trabajo en el Colegio de Bachilleres del estado de Chihuahua. A continuación el texto completo de su discurso:
    Queridos hermanos y hermanas
    He querido encontrarme con ustedes aquí en esta tierra de Juárez, por la especial relación que esta ciudad tiene con el mundo del trabajo. No sólo les agradezco el saludo de bienvenida y sus testimonios, que han puesto de manifiesto los desvelos, las alegrías y las esperanzas que experimentan en sus vidas, sino que quisiera agradecerles también esta oportunidad de intercambio y de reflexión.
    Todo lo que podamos hacer para dialogar, encontrarnos, para buscar mejores alternativas y oportunidad es ya un logro a valorar y resaltar. Hay dos palabras que quiero subrayar: Diálogo y encuentro. No cansarse de dialogar, las guerras se van gestando de a poquitos por la mudez y por los desencuentros.
    Obviamente que no alcanza, pero hoy en día no podemos darnos el lujo de cortar toda instancia de encuentro, toda instancia de debate, de confrontación, de búsqueda. Es la única manera que tendremos de poder ir construyendo el mañana, ir tejiendo relaciones sostenibles capaces de generar el andamiaje necesario que, poco a poco, irá reconstruyendo los vínculos sociales tan dañados por la falta de comunicación, tan dañados por la falta de respeto a lo mínimo necesario para una convivencia saludable.
    Gracias, y que esta instancia sirva para construir futuro y sea una buena oportunidad de forjar el México que su pueblo y que sus hijos se merecen.
    Me gustaría detenerme en este último aspecto. Hoy están aquí diversas organizaciones de trabajadores y representantes de cámaras y gremios empresariales. A primera vista podrían considerarse como antagonistas, pero los une la misma responsabilidad: buscar generar espacios de trabajo digno y verdaderamente útil para la sociedad y especialmente para los jóvenes de esta tierra.
    Uno de los flagelos más grandes a los que se ven expuestos los jóvenes es la falta de oportunidades de estudio y de trabajo sostenible y redituable que les permita proyectarse, y esto genera en tantos casos, tantos casos, situaciones de pobreza y marginación. Y esta pobreza y marginación es el mejor caldo de cultivo para que caigan en el círculo del narcotráfico y de la violencia. Es un lujo que hoy no nos podemos dar; no se puede dejar solo y abandonado el presente y el futuro de México.
    Y para eso diálogo, confrontación, fuente de trabajo que vaya creando este sendero constructivo. Desgraciadamente, el tiempo que vivimos ha impuesto el paradigma de la utilidad económica como principio de las relaciones personales. La mentalidad reinante en todas partes propugna la mayor cantidad de ganancias posibles, a cualquier tipo de costo y de manera inmediata. No sólo provoca la pérdida de la dimensión ética de las empresas sino que olvida que la mejor inversión que se puede realizar es invertir en la gente, en las personas, en las familias.
    La mejor inversión es crear oportunidades. La mentalidad reinante pone el flujo de las personas al servicio del flujo de capitales provocando en muchos casos la explotación de los empleados como si fueran objetos para usar y tirar y descartar (cf. Laudato si’, 123). Dios pedirá cuenta a los esclavistas de nuestros días, y nosotros hemos de hacer todo lo posible para que estas situaciones no se produzcan más. El flujo del capital no puede determinar el flujo y la vida de las personas.
    Por eso me gustó ese anhelo que se expresó de diálogo y confrontación. No son pocas las veces que, frente a los planteos de la Doctrina Social de la Iglesia, se salga a cuestionarla diciendo: «Estos pretenden que seamos organizaciones de beneficencia o que transformemos nuestras empresas en instituciones de filantropía». La hemos escuchado esa crítica. La única pretensión que tiene la Doctrina Social de la Iglesia es velar por la integridad de las personas y de las estructuras sociales.
    Cada vez que, por diversas razones, ésta se vea amenazada, o reducida a un bien de consumo, la Doctrina Social de la Iglesia será voz profética que nos ayudará a todos a no perdernos en el mar seductor de la ambición. Cada vez que la integridad de una persona es violada, toda la sociedad es la que, en cierta manera, empieza a deteriorarse. Y esto que dice la Doctrina Social de la Iglesia no es en contra de nadie, sino a favor de todos.
    Cada sector tiene la obligación de velar por el bien del todo; todos estamos en el mismo barco. Todos tenemos que luchar para que el trabajo sea una instancia de humanización y de futuro; que sea un espacio para construir sociedad y ciudadanía. Esta actitud no sólo genera una mejora inmediata, sino que a la larga va transformándose en una cultura capaz de promover espacios dignos para todos. Esta cultura, nacida muchas veces de tensiones, va gestando un nuevo estilo de relaciones, un nuevo estilo de Nación.
    ¿Qué mundo queremos dejarles a nuestros hijos? Creo que en esto la gran mayoría podemos coincidir. Este es precisamente nuestro horizonte, esa es nuestra meta y, por ello, hoy tenemos que unirnos y trabajar. Siempre es bueno pensar qué me gustaría dejarles a mis hijos; y también es una buena medida para pensar en los hijos de los demás.
    ¿Qué quiere dejar México a sus hijos? ¿Quiere dejarles una memoria de explotación, de salarios insuficientes, de acoso laboral o de tráfico de trabajo esclavo? ¿O quiere dejarles la cultura de la memoria de trabajo digno, del techo decoroso y de la tierra para trabajar? Tres T. Trabajo, techo y tierra. ¿En qué cultura queremos ver nacer a los que nos seguirán? ¿Qué atmósfera van a respirar? ¿Un aire viciado por la corrupción, la violencia, la inseguridad y desconfianza o, por el contrario, un aire capaz de generar alternativas, generar renovación o cambio? Generar es ser co-creadores con Dios. Claro, eso cuesta.
    Sé que lo que estoy planteando no es fácil, pero sé también que es peor dejar el futuro en manos de la corrupción, del salvajismo y de la falta de equidad. Sé que no es fácil muchas veces armonizar todas las partes en una negociación, pero sé también que es peor, y nos termina haciendo más daño, la carencia de negociación y la falta de valoración.
    Otra vez me decía un viejo dirigente obrero: con esto, como él solo, murió con lo que ganaba, nunca se aprovechó. Cada vez que teníamos que sentarnos a una mesa de negociación, yo sabía que tenía que perder algo para que ganáramos todos. linda la filosofía de ese hombre de trabajo, cuando se va a negociar se pierde algo para que ganen todos.
    Sé que no es fácil poder congeniar en un mundo cada más competitivo, pero es peor dejar que el mundo competitivo termine determinando el destino de los pueblos, esclavos. El lucro y el capital no son un bien por encima del hombre, están al servicio del bien común. Y, cuando el bien común es forzado para estar al servicio del lucro, y el capital la única ganancia posible, eso tiene un nombre, se llama exclusión y así se va consolidando la cultura del descarte, descartable, excluyente.
    Comenzaba agradeciéndoles la oportunidad de estar juntos. Ayer uno de los jóvenes en el estadio de Morelia que dio testimonio dijo que este mundo nos quita la capacidad de soñar y es verdad. A veces nos quita la capacidad de soñar, la capacidad de la gratuidad.
    Cuando el chico o la chica le da al papá y a la mamá solamente el fin de semana porque se va a trabajar antes y se vuelve cuando está durmiendo, esa es la cultura del descarte. Quiero invitarlos a soñar en México, donde el papá pueda tener tiempo para jugar con sus hijos, donde la mamá pueda tener tiempo para jugar con sus hijos y eso lo van a lograr dialogando, negociando, perdiendo para que ganen todos.
    Los invito a soñar el México que sus hijos se merecen; el México donde no haya personas de primera segunda o de cuarta, sino el México que sabe reconocer en el otro la dignidad de hijo de Dios. Y que la Guadalupana, que se manifestó a San Juan Diego, y reveló cómo los aparentemente dejados de lado eran sus testigos privilegiados, los ayude a todos. Tengan la profesión que tengan, tengan el trabajo que tengan, a todos. En esta tarea de diálogo, confrontación y encuentro. Gracias.