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lunes, 31 de diciembre de 2018

La Familia Divina (Evangelio meditado Adviento y Navidad) 31122018

La Familia Divina
Santo Evangelio según San Juan 1, 1-18. Día Séptimo de la Octava de Navidad.


Por: H. Francisco Javier Posada Huaracha, L.C. | Fuente: missionkits.org 



En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Cristo, Rey nuestro. ¡Venga tu Reino!
Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)
Señor, dame la gracia de reconocerme como parte de tu familia divina.
Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Juan 1, 1-18
En el principio ya existía aquel que es la Palabra, y aquel que es la Palabra estaba con Dios y era Dios. Ya en el principio él estaba con Dios. Todas las cosas vinieron a la existencia por él y sin él nada empezó de cuanto existe. Él era la vida, y la vida era la luz de los hombres. La luz brilla en las tinieblas y las tinieblas no la recibieron.
Hubo un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan. Éste vino como testigo, para dar testimonio de la luz, para que todos creyeran por medio de él. Él no era la luz, sino testigo de la luz.
Aquel que es la Palabra era la luz verdadera, que ilumina a todo hombre que viene a este mundo. En el mundo estaba; el mundo había sido hecho por él y, sin embargo, el mundo no lo conoció.
Vino a los suyos y los suyos no lo recibieron; pero a todos los que lo recibieron les concedió poder llegar a ser hijos de Dios, a los que creen en su nombre, los cuales no nacieron de la sangre, ni del deseo de la carne, ni por voluntad del hombre, sino que nacieron de Dios.
Y aquel que es la Palabra se hizo hombre y habitó entre nosotros. Hemos visto su gloria, gloria que le corresponde como a Unigénito del Padre, lleno de gracía y de verdad.
Juan el Bautista dio testimonio de él, clamando: "A éste me refería cuando dije: 'El que viene después de mí, tiene precedencia sobre mí, porque ya existía antes que yo'".
De su plenitud hemos recibido todos gracia sobre gracia. Porque la ley fue dada por medio de Moisés, mientras que la gracia y la verdad vinieron por Jesucristo. A Dios nadie lo ha visto jamás. El Hijo unigénito, que está en el seno del Padre, es quien lo ha revelado.
Palabra del Señor.
Medita lo que Dios te dice en el Evangelio
  1. encarnación de Jesucristo fue un evento que marcó profundamente la historia; una de las cosas que Jesús nos hizo presente con su venida fue la gracia y misterio de la paternidad divina. Jesús, siendo Hijo de Dios, nos ayudó a darnos cuenta y comprender qué significa el ser hijos de Dios. Esta revelación vino por partes de Dios. Primero el Padre se manifestó al pueblo de Israel como un Dios personal; después el Hijo se hizo hombre y habitó entre nosotros (cfr. Jn1,14) y, por último, el Espíritu Santo se manifestó como una persona divina en la vida de la Iglesia de una manera especial.
De manera particular resalta la revelación de Dios como Padre e Hijo, en especial en este tiempo de navidad, porque este periodo nos interpela a reflexionar en el misterio de la familia divina y humana de Dios. El misterio de Dios como Padre al que podemos acudir cuando tenemos necesidad, nos ayuda a comprender nuestro dignidad y lugar en el planeta.
El reconocer nuestra condición de hijos amados de Dios es muy importante porque nos ayuda a compartir su amor con todos los que no lo conocen o lo ignoran. Experimentar el amor paternal de Dios nos empuja a hablar de nuestra familia divina con nuestros hermanos, los hombres y mujeres de nuestro tiempo. Acojamos esta invitación que nuestro Señor nos hace, en este tiempo especial, para que la gente reconozca a Dios que es amor.
No nos olvidemos en este día de agradecer a Dios por el año transcurrido y por cada bien recibido. Y nos hará bien, a cada uno de nosotros, tomar un poco de tiempo para pensar cuántas cosas buenas he recibido del Señor este año y agradecer. Y si hay pruebas, dificultades, agradecer también porque nos ha ayudado a superar esos momentos. Hoy es un día de agradecimiento.
(Angelus de S.S. Francisco, 31 de diciembre de 2017).
Diálogo con Cristo
Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.
Propósito
Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.
Hacer una visita al Santísimo para agradecerle a Dios por ser mi padre.
Despedida
Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a Ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.
¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!
Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.

sábado, 29 de diciembre de 2018

Cuando llegue el tiempo apropiado, Dios te bendecirá con la gracia que necesitas (Evangelio meditado Adviento y Navidad) 29122018

Cuando llegue el tiempo apropiado, Dios te bendecirá con la gracia que necesitas
Santo Evangelio según San Lucas 2, 22-35. Día quinto de la octava de Navidad.


Por: H. Leonardo Garzon, L.C. | Fuente: missionkits.org 



En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Cristo, Rey nuestro. ¡Venga tu Reino!
Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)
Padre amado, Tú sabes cuánto me cuesta acercarme a Ti confiadamente. Tú sabes lo difícil que es mantener la esperanza contra toda esperanza, y sabes que, en la adversidad, no es fácil mantenerse firme. Te pido me ayudes a nunca caer en la desesperación y la falta de confianza en Ti; dame la gracia de siempre esperar en Ti como el niño que siempre espera en su padre. Yo sé que Tú vendrás en mi auxilio, ayúdame a no vacilar.
Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Lucas 2, 22-35
Transcurrido el tiempo de la purificación de María, según la ley de Moisés, Ella y José llevaron al niño a Jerusalén para presentarlo al Señor, de acuerdo con lo escrito en la ley: Todo primogénito varón será consagrado al Señor, y también para ofrecer, como dice la ley, un par de tórtolas o dos pichones.
Vivía en Jerusalén un hombre llamado Simeón, varón justo y temeroso de Dios, que aguardaba el consuelo de Israel; en él moraba el Espíritu Santo, el cual le había revelado que no moriría sin haber visto antes al Mesías del Señor. Movido por el Espíritu, fue al templo, y cuando José y María entraban con el niño Jesús. para cumplir con lo prescrito por la ley, Simeón lo tomó en brazos y bendijo a Dios, diciendo:
"Señor, ya puedes dejar morir en paz a tu siervo, según lo que me habías prometido, porque mis ojos han visto a tu Salvador, al que has preparado para bien de todos los pueblos, luz que alumbra a las naciones y gloria de tu pueblo, Israel".
El padre y la Madre del niño estaban admirados de semejantes palabras. Simeón los bendijo, y a María, la Madre de Jesús, le anunció: "Este niño ha sido puesto para ruina y resurgimiento de muchos en Israel, como signo que provocará contradicción, para que queden al descubierto los pensamientos de todos los corazones. Y a ti, una espada te atravesará el alma".
Palabra del Señor.
Medita lo que Dios te dice en el Evangelio.
¿Cuántas veces nos ha pasado que nos encontramos a nosotros mismos quejándonos de que Dios no nos escucha, de que Dios no atiende nuestras plegarias? Vivimos inmersos en un mundo de lo inmediato, un mundo que nos empuja a creer que podemos obtener todo lo que queremos de manera instantánea, sin ningún esfuerzo o espera.
Con frecuencia nos estresamos o nos desesperamos cuando algo no sale del modo que queremos o en el momento deseado. ¿Alguna vez nos hemos estresado cuando la computadora no funciona tan rápido como quisiéramos? ¿Con qué frecuencia nos inquieta el no recibir una respuesta instantánea de un mensaje de WhatsApp que hemos enviado? Puede ser duro admitirlo, pero así es, vivimos agobiados por las cosas que no se nos conceden en el momento en que lo queremos.
Simeón había recibido una promesa de Dios, él vería al mesías antes de morir. Sin embargo, sus días estaban llegando a su final y parecía no haber indicio de la promesa divina. Sin embargo, Simeón era un hombre «justo y piadoso» y en él «moraba el Espíritu Santo»; Simeón era un hombre que sabía esperar y confiar en el Señor. Más de una vez se habría preguntado si aquella promesa se cumpliría; tal vez vaciló y tuvo sus caídas en algún momento, pero siempre supo renovar su amor y confianza en el Dios que nunca le había fallado.
Dios nunca falla, aunque parezca que se nos van los días, e incluso los años, sin una respuesta.Aunque parezca que no podemos esperar más por la solución a nuestros problemas, Dios siempre cumple con sus promesas. Pero nosotros debemos esperar confiadamente y estar abiertos. Qué error tan grande es el intentar buscar soluciones por nosotros mismos; muchas veces, por intentar resolver el problema, terminamos empeorándolo.
Sólo cuando nos ponemos en las manos de Dios y esperamos su respuesta es cuando, en verdad, podemos seguir adelante confiando en que vamos por el camino correcto y podremos «ir en paz, porque nuestros ojos han visto al Salvador.»
Cuánto bien nos hace, como Simeón, tener al Señor “en brazos”. No sólo en la cabeza y en el corazón, sino en las manos, en todo lo que hacemos: en la oración, en el trabajo, en la comida, al teléfono, en la escuela, con los pobres, en todas partes. Tener al Señor en las manos es el antídoto contra el misticismo aislado y el activismo desenfrenado, porque el encuentro real con Jesús endereza tanto al devoto sentimental como al frenético factótum. Vivir el encuentro con Jesús es también el remedio para la parálisis de la normalidad, es abrirse a la cotidiana agitación de la gracia. Dejarse encontrar por Jesús, ayudar a encontrar a Jesús: este es el secreto para mantener viva la llama de la vida espiritual.
(Homilía de S.S. Francisco, 2 de febrero de 2018).
Diálogo con Cristo
Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.
Propósito
Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.
Rezar un misterio del rosario pidiéndole a María que nos conceda la gracia de sabernos hijos de Dios.
Despedida
Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a Ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.
¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!
Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.



viernes, 28 de diciembre de 2018

¿Qué piensa este hombre? (Evangelio meditado Adviento y Navidad) 28122018

¿Qué piensa este hombre?
Santo Evangelio según San Mateo 2, 13-18. Fiesta Litúrgica de los Santos Inocentes.


Por: H. Jorge Alberto Leaños García, L.C. | Fuente: missionkits.org 



En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Cristo, Rey nuestro. ¡Venga tu Reino!
Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)
Después de la llegada de la Navidad, quiero ponerme en tu presencia para poder contemplar profundamente este gran misterio. Dame la gracia de ver lo que quieres que vea, escuchar lo que quieras que escuche y entender lo que Tú quieras que entienda.
Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Mateo 2, 13-18
Después de que los magos partieron de Belén, el ángel del Señor se le apareció en sueños a José y le dijo: "Levántate, toma al niño y a su madre, y huye a Egipto. Quédate allá hasta que yo te avise porque Herodes va a buscar al niño para matarlo".
José se levantó y esa misma noche tomó al niño y a su Madre y partió para Egipto, donde permaneció hasta la muerte de Herodes. Así se cumplió lo que dijo el Señor por medio del profeta: De Egipto llamé a mi hijo.
Cuando Herodes se dio cuenta de que los magos lo habían engañado, se puso furioso y mandó matar, en Belén y sus alrededores, a todos los niños menores de dos años, conforme a la fecha que los magos le habían indicado.
Así se cumplieron las palabras del profeta Jeremías: En Ramá se ha escuchado un grito, se oyen llantos y lamentos: es Raquel que llora por su hijos y no quiere que la consuelen, porque ya están muertos.
Palabra de Dios.
Medita lo que Dios te dice en el Evangelio
Acabamos de vivir el gozo del nacimiento de Jesús, en un ambiente de alegría y paz. Sin embargo, ahora nos encontramos en un momento diverso y contrastante. La luz que nos ha nacido se ve amenazada por las tinieblas del egoísmo y del odio.
¿Qué habrá pensado el hombre a quien Dios escogió para cuidar al recién nacido y a la madre? ¿Qué habrá pasado por su mente cuando de repente surgió una persecución contra su hijo, un bebé recién nacido? ¿Cuál habrá sido su reacción al ver la injusticia y el odio que llevó a la muerte de tantos inocentes?
Él, que había contemplado la bella escena de Belén unos días antes, ahora se ve envuelto en una situación delicada y amenazadora para su familia. Cuan difícil debió ser para san José esta situación, en donde la oscuridad parecía querer acabar con la luz. Sin embargo, con su fe y confianza en Dios salió adelante, recordando la misión que le había sido encomendada y todo lo vivido en esa noche en donde la luz entró al mundo con el nacimiento de Jesús.
De manera semejante, nuestra vida es un constante cambio entre la contemplación y la vida cotidiana; entre nuestra vida de oración y la realidad herida por el pecado; entre el mirar tranquilamente al niño Dios y el caminar entre la persecución que busca destruir el recuerdo de esta noche. A imitación de san José, vayamos por la vida recordando constantemente el gozo que hemos encontrado en aquella "Noche Buena".
¿Recuerdan lo que escribe san Mateo en su Evangelio, cuando nos cuenta que Herodes, en su locura, había decidido asesinar a Jesús recién nacido? ¿Cómo Dios le habló en sueños a san José, por medio de un ángel, y le confió a su cuidado y protección sus tesoros más valiosos: Jesús y María? Nos dice San Mateo que, apenas el ángel le habló, José obedeció inmediatamente e hizo cuanto Dios le había ordenado: “Se levantó, tomó al niño y a su madre, de noche, y se fue a Egipto”. Estoy seguro de que así como san José protegió y defendió de los peligros a la Sagrada Familia, así también los defiende, los cuida y los acompaña a ustedes. Y con él, también Jesús y María, porque san José no puede estar sin Jesús y María.
(Homilía de S.S. Francisco, 9 de septiembre de 2017).
Diálogo con Cristo
Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.
Propósito
Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.
Hoy tomaré unos pequeños momentos del día para contemplar al niño Jesús, a María y a san José y ver en ellos todo el amor y ternura de Dios por la humanidad.
Despedida
Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a Ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.
¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!
Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.

lunes, 24 de diciembre de 2018

El acto de amor que nos transforma (Evangelio meditado Adviento y Navidad) 24122018

El acto de amor que nos transforma
Santo Evangelio según San Lucas 1, 67-79. Lunes IV de Adviento,


Por: H. Abraham Cortés Ceja, L.C. | Fuente: missionkits.org 



En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Cristo, Rey nuestro. ¡Venga tu Reino!
Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)
Señor, que concédeme la gracia y la fuerza de tu esperanza, para que mi fe aumente y mi amor por Ti y los demás.
Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Lucas 1, 67-79
En aquel tiempo, Zacarías, padre de Juan, lleno del Espíritu Santo, profetizó diciendo:
"Bendito sea el Señor, Dios de Israel, porque ha visitado y redimido a su pueblo, y ha hecho surgir en favor nuestro un poderoso Salvador en la casa de David, su siervo. Así lo había anunciado desde antiguo, por boca de sus santos profetas: que nos salvaría de nuestros enemigos y de las manos de todos los que nos aborrecen, para mostrar su misericordia a nuestros padres y acordarse de su santa alianza.
El Señor juró a nuestro padre Abraham concedernos que, libres ya de nuestros enemigos, lo sirvamos sin temor, en santidad y justicia delante de él, todos los días de nuestra vida.
Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo, porque irás delante del Señor a preparar sus caminos y a anunciar a su pueblo la salvación, mediante el perdón de los pecados.
Por la entrañable misericordia de nuestro Dios, nos visitará el sol que nace de lo alto,para iluminar a los que viven en tinieblas y en sombras de muerte, para guiar nuestros pasos por el camino de la paz".
Palabra del Señor.
Medita lo que Dios te dice en el Evangelio
En el Evangelio de hoy Zacarías, con sus palabras proféticas, iluminadas por el Espíritu Santo, expresa un profundo deseo e inquietud que moraba en el corazón de todo judío: la espera del tiempo de la salvación. Y ese recién nacido (san Juan Bautista) es testigo de esta espera y, al mismo tiempo, es portador de esperanza.
Esta espera aún hoy toca nuestras vidas. Nuestro corazón, a medida que crece y madura, experimenta, en su intimidad, una constante inquietud ante la balanza en la que el mundo se encuentra: el bien y el mal, las alegrías y las frustraciones, el bienestar y el dolor, la paz y el sufrimiento... Esta inquietud le impulsa a una búsqueda por diversos caminos. Búsqueda que se sintetiza en la búsqueda del sentido. Este sentido de sus vidas era lo que esperaban los judíos y Juan anunció su venida.
Esta noche celebramos el momento en el que las páginas de la historia cambiaron radicalmente y encontraron una transcendencia: el nacimiento de nuestro Señor, nuestro salvador y redentor. El verdadero Sentido, y no sólo eso, sino fundamento por el cual vale la pena vivir. Hoy somos testigos del acto de amor que transformó la humanidad y que transforma y responde a la inquietud más profunda de nuestro vivir: el sentido de la vida: «Nos hiciste Señor para ti y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti.» (San Agustín)
Esta jornada inicia con la oración, para que la luz divina disipe las tinieblas del mundo. Ya hemos encendido, delante de san Nicolás, la “lámpara de una sola llama”, símbolo de la unicidad de la Iglesia. Juntos deseamos encender hoy una llama de esperanza. Que las lámparas que colocaremos sean signo de una luz que aun brilla en la noche. Los cristianos, de hecho, son luz del mundo, pero no solo cuando todo a su alrededor es radiante, sino también cuando, en los momentos oscuros de la historia, no se resignan a las tinieblas que todo lo envuelven y alimentan la mecha de la esperanza con el aceite de la oración y del amor. Porque, cuando se tienden las manos hacia el cielo en oración y se da la mano al hermano sin buscar el propio interés, arde y resplandece el fuego del Espíritu, Espíritu de unidad, Espíritu de paz.
(Homilía de S.S. Francisco, 7 de julio de 2018).
Diálogo con Cristo
Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.
Propósito
Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.
Que los preparativos de este día no me quiten la paz ni la alegría, ¡ya se acerca el Salvador!
Despedida
Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a Ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.
¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!
Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.



domingo, 23 de diciembre de 2018

El mejor regalo (Evangelio meditado Adviento y Navidad) 23122018

El mejor regalo
Santo Evangelio según San Lucas 1, 39-45. Domingo III de Adviento. Ciclo C.


Por: H. José Romero, L.C. | Fuente: missionkits.org 



En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Cristo, Rey nuestro. ¡Venga tu Reino!
Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)
Señor, ayúdame a conocer el motivo de mi felicidad.
Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Lucas 1, 39-45
En aquellos días, María se encaminó presurosa a un pueblo de las montañas de Judea, y entrando en la casa de Zacarías, saludó a Isabel. En cuanto está oyó el saludo de María, la criatura saltó en su seno.
Entonces Isabel quedó llena del Espíritu Santo y levantando la voz, exclamó: "¡Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo, para la madre de mi Señor venga a verme? Apenas llegó tu saludo a mis oídos, el niño saltó de gozo en mi seno. Dichosa tú, que has creído, porque se cumplirá cuanto te fue anunciado de parte del Señor".
Palabra del Señor.
Medita lo que Dios te dice en el Evangelio
Jamás le pedí un regalo a san Nicolás o a Papá Noel, siempre se los pedí al Niño Jesús, y jamás dejé de hacerlo. Siempre me gustaron los regalos, como a todo niño, pero todos los que podía tener eran inferiores al regalo que me iba a traer el Niño Jesús, porque era el regalo que yo esperaba desde hace tiempo, el regalo que yo deseaba, y sólo este regalo me haría la Navidad feliz.
Cuando María Santísima visita a su prima santa Isabel, san Juan Bautista salta de gozo porque el Niño Jesús ha llegado; el Niño Jesús le viene a dar su regalo, aquél que le hará su Navidad feliz. El Niño Jesús le regala a san Juan Bautista la cercanía de Dios.
La cercanía de Dios es el mejor regalo que un cristiano puede tener en la Navidad; no importan los demás regalos, coches, dinero, trabajo, etc., porque siempre son inferiores a la felicidad que nos da el estar cerca de Dios. María, teniendo al Niño Jesús en su seno, nos regala a nuestro Dios, y solamente la cercanía de Dios en nuestra vida, hará una Navidad feliz.
A pocos días de la Navidad hagamos una carta al Niño Jesús pidiéndole que venga a nuestra casa, que habite en nuestro corazón y haga de nuestra Navidad, una Navidad con Dios, una ¡feliz Navidad!
María, cuando fue a ver a Isabel, no lo hizo como algo personal, fue como misionera. Fue como sierva del Señor que llevaba en su seno: de ella misma no dijo nada, solo llevó al Hijo y alabó al Señor. Una cosa es cierta: iba deprisa. Ella nos enseña esta fiel premura, esta espiritualidad de la urgencia. La prontitud de la fidelidad y de la adoración. No era ella la protagonista, sino la sierva del único protagonista de la misión. Y que esta imagen nos ayude.
(Discurso de S.S. Francisco,1 de junio de 2018).
Diálogo con Cristo
Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.
Propósito
Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.
Prepararme para la Navidad valorando su sentido: la cercanía de Dios.
Despedida
Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a Ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.
¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!
Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.