Mostrando entradas con la etiqueta Papa Francisco Julio 2017. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Papa Francisco Julio 2017. Mostrar todas las entradas

domingo, 30 de julio de 2017

La alegría consoladora de Jesús cambia nuestra vida y nos abre a la acogida de los hermanos más débiles: el Papa en el Ángelus 30072017

La alegría consoladora de Jesús cambia nuestra vida y nos abre a la acogida de los hermanos más débiles: el Papa en el Ángelus

El Papa saluda a los fieles y peregrinos reunidos en la Plaza de San Pedro. - AFP
30/07/2017 11:35
El campesino y el mercader: son los protagonistas de la reflexión del Papa Francisco, este domingo 30 de julio, antes de rezar el Ángelus dominical ante los numerosos fieles y peregrinos llegados a la plaza de San Pedro. Repasando las tres semejanzas con las cuales concluye el discurso parabólico de Jesús del capítulo 13 de Evangelio de Mateo, el tesoro escondido, la perla preciosa y la red de pesca, Francisco se detiene en las dos primeras, que tienen como protagonistas a dos hombres con oficios distintos, pero con el mismo objetivo: apuntar todo lo que tienen para obtener el tesoro que han descubierto.
El Papa denota que estas dos semejanzas ponen en evidencia dos características que conciernen al Reino de Dios: la búsqueda y el sacrificio. Porque para encontrar el Reino de Dios, hay que buscarlo, con un corazón que “arda del deseo de alcanzar el bien precioso, es decir, el Reino de Dios que se hace presente en la persona de Jesús, que es “el tesoro escondido”, “la perla preciosa” que puede cambiar de manera decisiva nuestra vida y darle significado, asegura Francisco.
El Obispo de Roma precisa que el discípulo de Cristo no es uno que se ha privado de algo esencial sino que es uno que ha encontrado mucho más: ha encontrado la alegría plena que sólo el Señor puede donar, presente en los enfermos curados, en los pecadores perdonados, en el ladrón a quien se le abre la puerta del paraíso.
La alegría del campesino y del mercader “es la alegría de cada uno de nosotros cuando descubrimos la cercanía y la presencia consoladora de Jesús en nuestra vida” afirma el Santo Padre. Una presencia, asegura el Papa, que es capaz de transformarnos el corazón y abrirnos a la acogida de los hermanos más débiles.
(María Cecilia Mutual - Radio Vaticano)
Texto completo de la reflexión del Papa antes de la oración mariana
Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
El discurso parabólico de Jesús, que agrupa siete parábolas en el capítulo décimo tercero de Evangelio de Mateo, se concluye con las tres semejanzas de hoy: el tesoro escondido (v. 44), la perla preciosa (v. 45-46) y la red de pesca (v. 47-48). Me detengo en las primeras dos que subrayan la decisión de los protagonistas de vender toda cosa para obtener aquello que han descubierto. En el primer caso se trata de un campesino que casualmente se topa con un tesoro escondido en el campo donde está trabajando. No siendo el campo de su propiedad, debe comprarlo si quiere poseer del tesoro: entonces decide arriesgar todos sus haberes para no perder aquella ocasión de veras excepcional. En el segundo caso encontramos un mercader de perlas preciosas; él, como experto conocedor, ha descubierto una perla de gran valor. También él decide apuntar todo en aquella perla, al punto de vender todas las otras.
Estas semejanzas ponen en evidencia dos características concernientes la posesión de Reino de Dios: la búsqueda y el sacrificio. El Reino de Dios es ofrecido a todos, pero no está puesto a disposición en una bandeja de plata, necesita un dinamismo: se trata de buscar, caminar, ocuparse. La actitud de la búsqueda es la condición esencial para encontrar; es necesario que el corazón arda del deseo de alcanzar el bien precioso, es decir, el Reino de Dios que se hace presente en la persona de Jesús. Es Él el tesoro escondido, es Él la perla de gran valor. Él es el descubrimiento fundamental, que puede dar un viraje decisivo a nuestra vida, llenándola de significado.
De frente al descubrimiento inesperado, tanto el campesino come el mercader se dan cuenta que tienen delante una ocasión única que no deben dejarse escapar, por lo tanto, venden todo aquello que poseen. La valuación del valor inestimable del tesoro, lleva a una decisión que implica también sacrificio, separaciones y renuncias. Cuando el tesoro y la perla han sido descubiertos, es decir, cuando hemos encontramos al Señor, es necesario no dejar estéril este descubrimiento, sino sacrificarle cualquier otra cosa. No se trata de despreciar el resto sino de subordinarlo a Jesús, poniéndolo a Él en el primer lugar. La gracia en primer lugar. El discípulo de Cristo no es uno que se ha privado de algo esencial, es uno que ha encontrado mucho más: ha encontrado la alegría plena que sólo el Señor puede donar. Es la alegría evangélica de los enfermos curados, de los pecadores perdonados, del ladrón a quien se le abre la puerta del paraíso.
La alegría del Evangelio llena el corazón y la vida entera de aquellos que se encuentran con Jesús. Aquellos que se dejan salvar por Él son liberados del pecado, de la tristeza, del vacío interior, del aislamiento. Con Jesucristo siempre nace y renace la alegría (cfr. Evangelii Gaudium, n. 1). Hoy somos exhortados a contemplar la alegría del campesino y del mercader de las parábolas. Es la alegría de cada uno de nosotros cuando descubrimos la cercanía y la presencia consoladora de Jesús en nuestra vida. Una presencia que transforma el corazón y nos abre a las necesidades y a la acogida de los hermanos, especialmente de aquellos más débiles.
Recemos por la intercesión de la Virgen María, para que cada uno de nosotros sepa dar testimonio, con las palabras y los gestos cotidianos, de la alegría de haber encontrado el tesoro del Reino de Dios, es decir, el amor que el Padre nos ha donado mediante Jesús.
(Traducción de María Cecilia Mutual – Radio Vaticano)

El Papa en el día Mundial contra la Trata: “Con empeño erradiquemos esta plaga de esclavitud moderna” 30072017

El Papa en el día Mundial contra la Trata: “Con empeño erradiquemos esta plaga de esclavitud moderna”

El Papa renueva su llamamiento a no permanecer indiferentes frente a la Trata de Personas. - AFP
30/07/2017 11:31
(RV).- “Cada año, miles de hombres, mujeres y niños son víctimas inocentes de la explotación laboral, sexual y del tráfico de órganos. Deseo renovar mi llamamiento al empeño de todos, con el fin de que esta “plaga aberrante, forma de esclavitud moderna, sea aplacada adecuadamente”, lo dijo el Papa Francisco el domingo 30 de julio, tras rezar la oración mariana del Ángelus en el Día Mundial contra la Trata de Personas.
El Santo Padre ha condenado públicamente y en numerosas ocasiones la trata de seres humanos, un fenómeno que considera un auténtico crimen contra la humanidad. En esta ocasión, reiteró su apelo a no permanecer indiferentes frente a la realidad de la trata. "Parece que nos hemos acostumbrado a considerarla como una cosa normal. Esto es feo, es cruel, es criminal”, explicó el Obispo de Roma ante miles de peregrinos reunidos en la Plaza de San Pedro, a quienes invitó a rezar a la Virgen María "para que sostenga a las víctimas y convierta los corazones de los traficantes”.
El Día Mundial contra la trata fue instaurado por Naciones Unidas desde el año 2013, con el fin de crear una conciencia social a nivel global sobre esta actividad delictiva, que acaba con la dignidad del ser humano
Según los últimos datos publicados por la Organización Internacional del Trabajo, se calcula que aproximadamente 21 millones de personas en el mundo son víctimas de la trata, en sus diversas modalidades de explotación existentes. Esta dura realidad repercute de manera directa o indirecta a todos los países, ya sea como país de origen, tránsito o destino de las víctimas.
Palabras del Papa tras rezar la oración mariana del Ángelus
«Queridos hermanos y hermanas:
Hoy es el Día Mundial contra la Trata de Personas, promovido por las Naciones Unidas. Cada año, miles de hombres, mujeres y niños son víctimas inocentes de la explotación laboral, sexual y del tráfico de órganos. Deseo renovar mi llamamiento al empeño de todos, con el fin de que esta  “plaga aberrante de esclavitud moderna”, sea aplacada adecuadamente. Oremos junto con la Virgen María para que ella sostenga a las víctimas de la trata y convierta los corazones de los traficantes.
Saludo ahora a los peregrinos provenientes de Italia y de otros países, en particular a las Hermanas Murialdinas de San José, las novicias de las Hermanas de María Auxiliadora, a los monaguillos de varias parroquias italianas, y al club italiano de Hockey Femenino de Buenos Aires.
Les deseo a todos un buen domingo, y por favor no se olviden de rezar por mí. Buen almuerzo y hasta pronto!».
(SL-RV)

domingo, 16 de julio de 2017

Ángelus del Papa: «Confesión y oración, claves para que la "semilla de Jesús" crezca en tierra fértil» 16072017

Ángelus del Papa: «Confesión y oración, claves para que la "semilla de Jesús" crezca en tierra fértil»

El Papa saluda a los peregrinos reunidos en la Plaza de San Pedro, para rezar el Ángelus. - REUTERS
16/07/2017 11:49
 
(RV).- El Domingo 16 de julio, solemnidad de Nuestra Señora del Carmen, el Papa Francisco se dio cita con miles de peregrinos que acudieron a la Plaza de San Pedro para rezar juntos la oración mariana del Ángelus.
Haciendo alusión a la lectura del Evangelio dominical de San Mateo, que narra la Parábola del Sembrador, el Santo Padre señaló que Jesús es el Sembrador y que con esta imagen nos da a entender que Él no se impone, sino que propone: “no nos atrae conquistándonos sino entregándose”.
“Él derrama con paciencia y generosidad su Palabra”, continuó diciendo Francisco. Una Palabra “que no es una jaula o una trampa, sino una semilla que puede dar fruto”, siempre y cuando nosotros estemos dispuestos a recibirlo.
En referencia a los “tipos de tierra” donde el Sembrador realiza su labor, el Sucesor de Pedro indicó que el “terreno bueno” es el camino que debemos seguir. No obstante, el Pontífice puso en guardia sobre otros dos tipos de terrenos que pueden crecer en nuestro corazón impidiendo que la "semilla de Jesús dé fruto": el terreno pedregoso, en el cual la semilla germina pero no llega a dar raíces profundas y el terreno espinoso, "lleno de espinos que sofocan a las buenas plantas", espinos que podemos comparar con "las preocupaciones del mundo y la seducción de la riqueza".
"Cada uno de nosotros puede reconocer estos grandes o pequeños espinos que habitan en su corazón", dijo Francisco, “estos arbustos más o menos enraizados que no agradan a Dios y nos impiden tener un corazón limpio”.
Por último el Santo Padre, destacó que es posible "sanear el terreno" de nuestro corazón, presentando al Señor a través de la confesión y la oración, "nuestras piedras y espinos". "Preguntémonos si nuestro corazón está abierto para acoger con fe la semilla de la Palabra de Dios", dijo el Obispo de Roma. "Preguntémonos si en nosotros las piedras de la pereza son todavía muchas y grandes; identifiquemos y llamemos por nombre a los espinos de los vicios". 
"Que la Madre de Dios, a quien recordamos hoy bajo el título deBienaventurada Virgen del Monte Carmelo, insuperable en la acogida de la Palabra de Dios y en su puesta en práctica (cf. Lc 8,21), nos ayude a purificar el corazón y a custodiar en él la presencia del Señor", concluyó el Papa.
(SL-RV)
Audio y texto de las palabras del Santo Padre antes de rezar la oración mariana del Ángelus
 
Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
Jesús cuando hablaba usaba un lenguaje sencillo, e utilizaba también imágenes que eran ejemplos de la vida cotidiana, de modo de poder ser comprendido fácilmente por todos. Por eso lo escuchaban con gusto y apreciaban su mensaje, que llegaba derecho a los corazones. Y no era aquel lenguaje difícil de entender, el que usaban los doctores de la ley de ese tiempo, que no se entendía bien, lleno de rigidez, y que alejaba a la gente. Y con este lenguaje Jesús hacía comprender el misterio del Reino de Dios. No era una teología complicada. Y un ejemplo es lo que hoy nos presenta el Evangelio: la parábola del sembrador (cf. Mt 13.1 a 23). El sembrador es Jesús. Notamos que, con esta imagen, Él se presenta como uno que no se impone sino que se propone; no nos atrae conquistándonos, sino donándose. Arroja la semilla. Él propaga con paciencia y generosidad su Palabra, que no es una jaula o una trampa, sino una semilla que puede dar frutos. ¿Cómo puede dar frutos? Si nosotros la recibimos.
Por eso la parábola tiene que ver sobre todo con nosotros: habla, de hecho, del terreno más que del sembrador. Jesús realiza, por así decirlo, una “radiografía espiritual” de nuestro corazón, que es el terreno sobre el que cae la semilla de la Palabra. Nuestro corazón, como un terreno, puede ser bueno, y así la Palabra da fruto, y mucho; pero también puede ser duro, impermeable. Esto sucede cuando oímos la Palabra, pero ella nos rebota encima, al igual que sobre una carretera: no entra. 
Entre el terreno bueno y la carretera, que es el asfalto - si nosotros arrojamos semillas en los "sanpietrini" no germina nada. Entre el terreno bueno y la carretera, hay, sin embargo, dos terrenos intermedios, que en diferentes tamaños, podemos tener en nosotros. El primero es aquel pedregoso. Tratemos de imaginarlo: un terreno pedregoso es un terreno «con poca tierra» (cf. v. 5), por lo que la semilla germina pero no logra echar raíces profundas. Así es el corazón superficial, que recibe al Señor, quiere rezar, amar y dar testimonio, pero que no persevera, se cansa y no nunca “despega”. Es un corazón sin espesor, donde las rocas de la pereza prevalecen sobre la tierra buena, donde el amor es inconstante y pasajero. Pero quien recibe al Señor sólo cuando tiene ganas, no da fruto.
Luego está el último terreno, aquel espinoso, lleno de zarzas que sofocan las plantas buenas. ¿Qué representan estos espinos? «Las preocupaciones mundanas y la seducción de las riquezas» (v. 22), dice Jesús: así, explícitamente. Los espinos son los vicios que pelean contra Dios, que asfixian Su presencia: ante todo los ídolos de la riqueza mundana, el vivir con avidez para sí mismos, para el "tener" y el "poder". Si cultivamos estos espinos, ahogamos el crecimiento de Dios en nosotros. Cada uno puede reconocer sus pequeños o grandes espinos, los vicios que habitan en su corazón, los arbustos más o menos arraigados que no le gustan a Dios y que nos impiden tener un corazón limpio. Es necesario arrancarlos, de lo contrario la Palabra no da fruto, la semilla no irá adelante.
Queridos hermanos y hermanas, Jesús nos invita hoy a mirar dentro nuestro: a agradecer por nuestro terreno bueno, y a trabajar en los terrenos todavía no buenos. Preguntémonos si nuestro corazón está abierto para acoger con fe la semilla de la Palabra de Dios. Preguntémonos si nuestras rocas de la pereza son todavía muchas y grandes; identifiquemos y llamemos por nombre los espinos de los vicios. Encontremos el valor de hacer un buen saneamiento del terreno, un buen saneamiento de nuestro corazón, llevándole al Señor en la Confesión y en la oración nuestras rocas y espinos. Haciéndolo así, Jesús, el Buen Sembrador, será feliz de realizar un trabajo adicional: purificar nuestro corazón, quitando las rocas y los espinos que ahogan su Palabra.
Que la Madre de Dios, a quien recordamos hoy bajo el título de Bienaventurada Virgen del Monte Carmelo, insuperable en la acogida de la Palabra de Dios y en su puesta en práctica (cf. Lc 8,21), nos ayude a purificar el corazón y a custodiar en él la presencia del Señor. Ángelus Domini nuntiavit Mariae...
(Traducción del italiano: Griselda Mutual - Radio Vaticana)
Tras la oración del Ángelus, como es habitual, el pontífice dirigió sus saludos a todos los fieles de Roma y a los peregrinos llegados de diversas partes del mundo:
 
"Saludo de corazón a todos ustedes, fieles de Roma y peregrinos de diversas partes del mundo: a las familias, los grupos parroquiales, las asociaciones", expresó. "En particular saludo a las Hermanas Hijas de la Virgen de los Dolores, a 50 años de la aprobación pontificia del Instituto; a las Hermanas Franciscanas de San José a 150 años de su fundación; a los dirigentes y a los huéspedes de la Domus Croata de Roma, en el 30º aniversario de su institución".  
Un saludo especial dirigió a las hermanas y frailes carmelitas, en el día de su fiesta: "les deseo que puedan continuar con decisión en el camino de la contemplación", les dijo. 
Un saludo especial dirigió también a la comunidad católica venezolana en Italia, presente en la plaza de san Pedro, y renovó su oración por este amado país. 
Tras desear a todos un buen domingo reiteró como siempre, su pedido de oración por él. "¡Buen almuerzo y hasta la vista!", concluyó. 
(GM - RV)

lunes, 3 de julio de 2017

Mensaje del Papa a la FAO: ante egoísmo e inercia, urge una cultura de la solidaridad para la real erradicación del hambre en el mundo 03072017

Mensaje del Papa a la FAO: ante egoísmo e inercia, urge una cultura de la solidaridad para la real erradicación del hambre en el mundo

El Papa Francisco en la FAO, el 20 de noviembre de 2014 - AP
03/07/2017 11:18
 
(RV).- El Papa Francisco hizo llegar un Mensaje de estímulo y apoyo a los participantes en la 40 Conferencia General de la Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura. El mensaje pontificio fue leído por el Cardenal Secretario de Estado, Pietro Parolin, que anunció que, invitado por el director general, Graziano da Silva, el Obispo de Roma visitará la sede de la FAOel 16 de octubre, con motivo de la Jornada Mundial de la Alimentación, cuyo tema para 2017 es «Cambiar el futuro de la migración».
«La Santa Sede sigue con mucha atención la actividad internacional y quiere cooperar a orientarla para favorecer no un simple progreso u objetivos teóricos de desarrollo, sino una real erradicación del hambre y de la malnutrición», recuerda el Papa, en su mensaje, leído por el Card. Parolin, destacando la urgencia de impulsar una cultura de la solidaridad:
«Cuando un País no sea capaz de ofrecer respuestas adecuadas porque no lo permita su grado de desarrollo, sus condiciones de pobreza, los cambios climáticos o las situaciones de inseguridad, es necesario que la FAO y las demás Instituciones intergubernamentales puedan tener la capacidad de intervenir específicamente para emprender una adecuada acción solidaria. A partir de la conciencia de que los bienes que nos ha entregado Dios Creador son para todosse requiere urgentemente que la solidaridad sea el criterio inspirador de cualquier forma de cooperación en las relaciones internacionales».
Con una mirada a la situación actual del mundo que «no nos ofrece imágenes consoladoras», el Papa señala que  «no podemos permanecer únicamente preocupados o acaso solo resignados». Y alentando a «tomar consciencia de que el hambre y la malnutrición no son solamente fenómenos naturales o estructurales de determinadas áreas geográficas, sino que son el resultado de una más compleja condición de subdesarrollo, causada por la inercia de muchos o por el egoísmo de unos pocos», el Obispo de Roma señala que las guerras, el terrorismo, los desplazamientos forzados de personasque cada vez más impiden o, al menos, condicionan fuertemente incluso las actividades de cooperación, no son fruto de la fatalidad, sino más bien consecuencia de decisiones concretas. Se trata de un mecanismo complejo que fustiga ante todo a las categorías más vulnerables, excluidas no solo de los procesos productivos, sino también obligadas a menudo a dejar sus tierras en busca de refugio y esperanza de vida».
El Papa lamenta la disminución de «las ayudas a los Países pobres, que siguen mermando cada día, no obstante los reiterados llamamientos ante las situaciones de crisis cada vez más destructoras que se manifiestan en diferentes áreas del planeta».
uniéndose con una «contribución simbólica al programa de la FAO para proveer de semillas a las familias rurales que viven en áreas donde se han juntado los efectos de los conflictos y de la sequía», el Sucesor de Pedro añade que «este gesto se suma al trabajo que la Iglesia viene realizando, según su vocación de estar de parte de los pobres de la tierra y acompañar el compromiso eficaz de todos en favor suyo».
El Papa renueva asimismo su apoyo y el compromiso de toda la Iglesia para el buen logro de «la Agenda para el Desarrollo 2030, cuando reitera el concepto de seguridad alimentaria como objetivo impostergable».
(CdM-RV)
Mensaje completo del Papa Francisco
Señor Presidente:
Me complace dirigirle mi deferente y cordial saludo, así como a cada uno de ustedes, Representantes de los Estados miembros de la FAO, reunidos para la cuadragésima Conferencia de la Organización.
Extiendo también mi saludo al Director General de la FAO y a los Responsables de los otros Organismos internacionales presentes en esta reunión, que está llamada a dar respuestas precisas al sector agrícola y alimentario, de las que dependen las expectativas de millones de personas.
1.      No pudiendo esta vez estar con ustedes, según la consolidada tradición que se remonta al inicio de esta sede de la FAO en Roma, he pedido al Señor Cardenal Pietro Parolin, Secretario de Estado, llevar mi palabra de estímulo y apoyo, y manifestarles toda mi estima y consideración por la ardua tarea que deben realizar.
La Santa Sede sigue con mucha atención la actividad internacional y quiere cooperar a orientarla para favorecer no un simple progreso u objetivos teóricos de desarrollo, sino una real erradicación del hambre y de la malnutrición. Todos somos conscientes de que no basta la intención de asegurar a todos el pan cotidiano, sino que es necesario reconocer que todos tienen derecho a él y que deben por tanto beneficiarse del mismo. Si los continuos objetivos propuestos quedan todavía lejos, depende mucho de la falta de una cultura de la solidaridad que no logra abrirse paso en medio de las actividades internacionales, que permanecen a menudo ligadas solo al pragmatismo de las estadísticas o al deseo de una eficacia carente de la idea de compartir.
El compromiso de cada País por aumentar el propio nivel de nutrición, por mejorar la actividad agrícola y las condiciones de las poblaciones rurales, se concreta en el impulso del sector agrícola, en el incremento de la producción o en la promoción de una distribución efectiva de los alimentos. Pero esto no basta. En efecto, dichos objetivos lo que están pidiendo es que se considere cada día que el derecho de cada persona a ser liberada de la pobreza y del hambre depende del deber que tiene toda la familia humana de ayudar de forma concreta a los necesitados.
Entonces, cuando un País no sea capaz de ofrecer respuestas adecuadas porque no lo permita su grado de desarrollo, sus condiciones de pobreza, los cambios climáticos o las situaciones de inseguridad, es necesario que la FAO y las demás Instituciones intergubernamentales puedan tener la capacidad de intervenir específicamente para emprender una adecuada acción solidaria. A partir de la conciencia de que los bienes que nos ha entregado Dios Creador son para todos, se requiere urgentemente que la solidaridad sea el criterio inspirador de cualquier forma de cooperación en las relaciones internacionales.
2.      Una mirada a la situación actual del mundo no nos ofrece imágenes consoladoras. No podemos, sin embargo, permanecer únicamente preocupados o acaso solo resignados. Este momento de evidente dificultad debe hacernos también más conscientes de que el hambre y la malnutrición no son solamente fenómenos naturales o estructurales de determinadas áreas geográficas, sino que son el resultado de una más compleja condición de subdesarrollo, causada por la inercia de muchos o por el egoísmo de unos pocos. Las guerras, el terrorismo, los desplazamientos forzados de personas que cada vez más impiden o, al menos, condicionan fuertemente incluso las actividades de cooperación, no son fruto de la fatalidad, sino más bien consecuencia de decisiones concretas. Se trata de un mecanismo complejo que fustiga ante todo a las categorías más vulnerables, excluidas no solo de los procesos productivos, sino también obligadas a menudo a dejar sus tierras en busca de refugio y esperanza de vida. Como también están determinados por decisiones tomadas en plena libertad y conciencia los datos relativos a las ayudas a los Países pobres, que siguen mermando cada día, no obstante los reiterados llamamientos ante las situaciones de crisis cada vez más destructoras que se manifiestan en diferentes áreas del planeta.
Hay que ser conscientes de que en estos casos la libertad de elección de cada uno se conjuga con la solidaridad hacia todos, en relación con las necesidades, cumpliendo de buena fe los compromisos asumidos o anunciados. A este respecto, animado también por el deseo de alentar a los Gobiernos, quisiera unirme con una contribución simbólica al programa de la FAO para proveer de semillas a las familias rurales que viven en áreas donde se han juntado los efectos de los conflictos y de la sequía. Este gesto se suma al trabajo que la Iglesia viene realizando, según su vocación de estar de parte de los pobres de la tierra y acompañar el compromiso eficaz de todos en favor suyo.
Este compromiso nos lo pide hoy la Agenda para el Desarrollo 2030, cuando reitera el concepto de seguridad alimentaria como objetivo impostergable. Pero solo un esfuerzo de auténtica solidaridad será capaz de eliminar el número de personas malnutridas y privadas de lo necesario para vivir. Es un desafío muy grande para la FAO y para todas las Instituciones de la Comunidad internacional. Un reto en el que también la Iglesia se siente comprometida en primera línea.
Deseo, por tanto, que las sesiones de esta Conferencia puedan dar un nuevo impulso a la actividad de la Organización y ofrecer aquellos instrumentos deseados y esperados por millones de hermanos nuestros que ven en la acción de la FAO no sólo una contribución técnica para aumentar los recursos y para distribuir los frutos de la producción, sino también el signo concreto, a veces único, de una fraternidad que les permite confiar en el futuro.
Que la bendición de Dios todopoderoso, rico en misericordia, descienda sobre ustedes y sus trabajos y les dé la fuerza necesaria para contribuir a un auténtico progreso de la familia humana.

Vaticano, 3 de julio de 2017