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viernes, 17 de mayo de 2019

Juan José Tamayo: "Es hora de pasar de la subalternidad de las mujeres a la igualdad; de la sumisión al empoderamiento" 15052019


Mujeres diaconisas, cristianas subalternasJuan José Tamayo: "Es hora de pasar de la subalternidad de las mujeres a la igualdad; de la sumisión al empoderamiento"


¿Cuál es el papel de la mujer en la Iglesia?

"En los primeros siglos del cristianismo hubo mujeres sacerdotes, diaconisas y obispas que ejercieron funciones ministeriales y tareas directivas hasta que la Iglesia se jerarquizó, clericalizó, patriarcalizó y las mujeres fueron reducidas al silencio"

"Sin igualdad y justicia de género, la Iglesia seguirá siendo uno de los últimos bastiones del patriarcado que quedan en el mundo"

En la Asamblea Plenaria de la Unión Internacional de Superioras Generales celebrada en Roma en mayo de 2016, le preguntaron al papa Francisco si había algún impedimento para incluir a las mujeres entre los diáconos permanentes, al igual que ocurrió en la iglesia primitiva, y por qué no creaba una comisión oficial para estudiar el tema.
Unos meses después el papa despejó la incógnita y creó una Comisión, formada por seis hombres y seis mujeres, presidida por el entonces secretario –hoy presidente- de la Congregación para la Doctrina de la Fe, el arzobispo español Luis Ladaria Ferrer- hoy cardenal- , para el estudio del diaconado femenino en la Iglesia católica. De la Comisión fueron excluidos cuatro continentes: Asia, África, América Latina y Oceanía. Había doce miembros europeos y una estadounidense. El inicio de dicha comisión no podía ser más asimétrico y desigual. 

El Papa duda sobre el diaconado femenino

El Papa duda sobre el diaconado femenino
En la rueda de prensa ofrecida el 7 de mayo en el avión de vuelta de su viaje a Macedonia el papa reconoció la disparidad de criterios de los miembros de la Comisión tras dos años de estudio e, implícitamente, se refirió a la disolución de la misma sin que hubiera emitido un informe al respecto. A la vista de la falta de resultados, el papa no ha tomado ninguna decisión.

Una comisión tan innecesaria como ineficaz

Mejor, así, porque, en mi modesta opinión, se trataba de una Comisión tan innecesaria como ineficaz, como se ha demostrado por la falta de resultados y su rápida disolución. Era innecesaria porque el estudio ya está hecho por exegetas, teólogos, teólogas, historiadoras e historiadores del cristianismo. Las conclusiones cuentan con un amplio consenso entre quienes vienen investigando desde siglos sobre el tema: Jesús de Nazaret formó un movimiento contrahegemónico igualitario de hombres y mujeres que lo acompañaron por los caminos de Galilea, compartieron su estilo de vida itinerante y asumieron responsabilidades sin discriminación alguna por razones de género.

Diaconisas de la Iglesia primitiva

Diaconisas de la Iglesia primitiva
En los primeros siglos del cristianismo hubo mujeres sacerdotes, diaconisas y obispas que ejercieron funciones ministeriales y tareas directivas hasta que la Iglesia se jerarquizó, clericalizó, patriarcalizó y las mujeres fueron reducidas al silencio. El libro de la teóloga estadounidense Karen Jo Torjesen Cuando las mujeres eran sacerdotes. El liderazgo de las mujeres en la iglesia primitiva y el escándalo de su subordinación con el auge del cristianismo (El Almendro, Córdoba, 1996)lo demuestra con todo tipo de argumentos: arqueológicos, históricos, teológicos y hermenéuticos. Y más recientemente Sacerdotas. La mujer en las diferentes liturgias y religiones, de Yolanda alba /Almuzara, Córdoba, 2018). 

Los Papas y las mujeres

La Comisión me parecía ineficaz, si faltaba voluntad de incorporar a las mujeres a las funciones eclesiales directivas, al acceso directo a lo sagrado sin mediación patriarcal y a la participación en la elaboración de la doctrina y de la moral. Hoy puede afirmarse que faltaba dicha voluntad. A los hechos me remito. En la encíclica Inter insigniores, el papa Pablo VI cerró a cal y canto la puerta al acceso de las mujeres al ministerio sacerdotal alegando que Jesucristo solo ordenó a varones.
Sus sucesores han repetido tan falaz argumento como un mantra. Juan Pablo II, asesorado por el cardenal Ratzinger, prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, radicalizó el cierre al afirmar que el asunto quedaba zanjado definitivamente. Benedicto XVI, conocedor como teólogo que era, de la existencia de mujeres diaconisas, sacerdotes y obispas en el cristianismo primitivo, se mostró igualmente contumaz y siguió el mismo camino de obstrucción al sacerdocio de las mujeres. El papa Francisco ha vuelto a ratificarlo citando la contundente afirmación excluyente de Juan Pablo II.

Católicas alemanas protestan contra el veto de las mujeres al sacerdocio

Católicas alemanas protestan contra el veto de las mujeres al sacerdocio

¿Servidumbre permanente?

No puedo compartir la idea del diaconado femenino, porque, de instaurarse institucionalmente y atendiendo a las funciones auxiliares que se les asignaría, las mujeres seguirían siendo subalternas y estarían al servicio de los sacerdotes y de los obispos, no de la comunidad cristiana. Más que de entrar en el estatus de colaboradoras directas de los sacerdotes y obispos, pasarían a un estado de servidumbre permanente.
Creo que es hora de pasar de la subalternidad de las mujeres a la igualdad; de la sumisión al empoderamiento; de su estatuto de dependencia a la autonomía; de ser objetos decorativos a sujetos activos. Y eso con el diaconado femenino no se lograría, sino todo lo contrario: se prolongaría la minoría de edad de las mujeres bajo el espejismo de que se está dando un importante paso hacia adelante y de que se les concede protagonismo.
Insisto, lo que se haría sería perpetuar la humillación y la servidumbre, la subalternidad y la dependencia del clero sacerdotal, episcopal y papal. Para que se produzca un cambio real en el estatuto de inferioridad de las mujeres es necesario que sean reconocidas como sujetos religiosos, eclesiales, éticos y teológicos, cosa que ahora no sucede.

Igualdad en la Iglesia ya

Igualdad en la Iglesia ya

Igualdad y no discriminación de género

Y para que esto suceda es necesario mirar al pasado, ciertamente, pero no con la añoranza de reproducir acríticamente la tradición, sino con el objetivo de recuperar creativamente el protagonismo que las mujeres tuvieron en el movimiento de Jesús y en los primeros siglos de la Iglesia cristiana. Pero, sobre todo, hay que mirar al presente y al futuro para poner en práctica en el interior de la Iglesia el principio de igualdad y no discriminación de género que rige, aunque imperfectamente, en la sociedad.
Cualquier discriminación y cualquier injusticia de género son, antropológicamente, contrarias a la igual dignidad de todos los seres humanos; teológicamente, van en contra de la creación de ser humano como hombre y mujer a imagen y semejanza de Dios; eclesialmente, son contrarias al movimiento igualitario de Jesús de Nazaret, al principio de fraternidad-sororidad que debe regir en la Iglesia y a la igualdad de las cristianas y los cristianos por el bautismo.
Sin igualdad y justicia de género, la Iglesia seguirá siendo una de los últimos, si no el último, de los bastiones del patriarcado que quedan en el mundo. En otras palabras, se mantendrá como una patriarquía perfecta. Y para justificar dicha patriarquía no podrá apelar a Jesús de Nazaret, su fundador, sino al patriarcado religioso, basado en la masculinidad sagrada, que apela al carácter varonil de Dios para convertir al hombre en único representante y portavoz de la divinidad.

Madre de Dios

Madre de Dios José Luis Cortés
Como afirmara la filósofa feminista Mary Daly, “Si Dios es varón, entonces el varón es Dios”. ¡Patriarcado en estado puro! Como escribe la intelectual feminista de la tercera ola, Kate Millet, en su libro Política sexual, “el patriarcado tiene a Dios de su parte”. Es verdad. Y lo es desde su alianza y complicidad con Adán en contra de su primera esposa, Lilith, defensora de la igualdad entre ella y Adán, como cuenta un Midrash del siglo XII,
O quizá habría que decir, mejor, que son las masculinidades sagradas, las que se arrogan la representación patriarcal de Dios y es a ellas a a quienes el patriarcado ha tenido y sigue teniendo de su parte. ¿Hasta cuándo?  De nosotros y nosotras depende que esa situación se perpetúe o, por el contrario, cambie.
Juan José Tamayo es director de la Cátedra de Teología y Ciencias de las Religiones. Universidad Carlos III de Madrid. Sus últimos libros son: Teologías del sur. El giro descolonizador (Trotta, 2017); ¿Ha muerto la utopía?¿Triunfan las distopías? (Biblioteca Nueva, 2018); Un proyecto de Iglesia para el futuro en España. Cuarenta años después(San Pablo, 2019); De la Iglesia colonial al cristianismo liberador en América Latina (Tirant lo Blanch, 2019).

jueves, 29 de noviembre de 2018

Víctimas denuncian desde Roma la "cultura del abuso" contra las mujeres en la Iglesia 28112018

CONFERENCIA DE 'VOCES DE FE': "ROMPIENDO EL SILENCIO. LAS VOCES DE LAS MUJERES EN LA CRISIS DE LOS ABUSOS"

Víctimas denuncian desde Roma la "cultura del abuso" contra las mujeres en la Iglesia

"Sólo en la verdad destruiremos la cadena de poder, por eso tenemos que ser mujeres de verdad"
C.D./Notimex, 28 de noviembre de 2018 a las 21:47



Abusos contra mujeres en la Iglesia
"Al Papa le pediría que escuche a los supervivientes, sólo a través de ellos se puede comprender a las víctimas", ponderó Mary Hallay-White
(C.D./Notimex).- El movimiento #MeToo ha llegado a la Iglesia para quedarse. Eso al menos es lo que desprende de una conferencia que tuvo lugar en Roma este martes que escuchó cómo el catolicismo tiene un problema no solo con los abusos contra niños sino también con los perpetrados contra mujeres adultas. "La cultura del abuso contra las mujeres no se inventa, existen muchos testimonios al respecto", dijo n el encuentro Virginia Saldanha, secretaria del Foro de Mujeres Teólogas de la India. "Todos somos responsables ante Dios, no debemos tolerar que las estructuras de poder protejan a los perpetradores".
"No es un fracaso moral el abuso. Tenemos que romper el silencio, sólo en la verdad destruiremos la cadena de poder, por eso tenemos que ser mujeres de verdad", advirtió Rocío Figueroa Alvear, durante una conferencia organizada por la plataforma internacional de mujeres "Voices of faith" (Voces de la fe).
"Rompiendo el silencio. Las voces de las mujeres en la crisis de los abusos", fue el título del encuentro que tuvo lugar en la histórica Biblioteca Angélica de la capital italiana.
Figueroa, llegó a dirigir la oficina dedicada a la mujer en el Pontificio Consejo para los Laicos del Vaticano pero debió renunciar cuando descubrió los abusos cometidos por el fundador de su comunidad: el Sodalicio de Vida Cristiana.
Gracias a ella salieron a la luz los abusos de Luis Fernando Figari y de otros tres perpetradores, todos líderes encumbrados de la organización, entre ellos Germán Doig, el vicario general que abusó de ella en su juventud.
"En el Sodalicio llegamos a identificar a cuatro perpetradores, todos ellos entre los líderes de la comunidad, se confirmaron 77 víctimas y se pagaron cuatro millones de dólares en reparaciones. El fundador apenas ha sido sancionado con una vida de oración y penitencia, reside en Roma mientras en Perú ya le dictaron prisión preventiva", explicó.
A distancia de años de esas traumáticas experiencias, Figueroa constató: "Es muy difícil ser víctima (de abusos) y ser mujer".
Esto lo atribuyó al machismo imperante en América Latina y otras latitudes. Mientras a un niño menor de edad se le cree con más facilidad, cuando se habla de los ataques contra mujeres se sugiere que ellas son en cierto modo responsables. Porque "sedujeron" o, incluso, "eran amantes".
Otra historia desgarradora la contó Doris Wagner, joven teóloga alemana que ingresó a una comunidad religiosa conocida como "La Obra" a los 19 años, donde sufrió abusos de diverso tipo: desde el control mental hasta la agresión sexual.
"Pocos meses después de tomar los votos, un sacerdote de la comunidad entró a mi habitación y me violó. Mientras me desnudaba atine a decirle: 'No puedes hacerlo', pero no sirvió de nada. Al otro día pensé que si hablaba de eso me inculparían a mi, así que fui a la capilla y sonreí, como si nada hubiese pasado", contó.
Luego, otro sacerdote quiso seducirla. Era su confesor. Le dijo que le gustaba, que no se podían casar pero que "encontrarían otras maneras". Quiso besarla, ella entró en pánico y salió corriendo.
Cuando habló de aquel episodio con su superiora, esta le respondió: "Ya sabes, él tiene una debilidad por las mujeres y nosotros tenemos que aceptarlo como es". En 2011 dejó la comunidad, y leyendo sobre el tema, llegó a un estudio según el cual el 30 por ciento de las religiosas han sido abusadas.
"Es inconcebible que la Curia Romana, que sabe de todas estas cosas, no ha tomado medidas. Ninguno reacciona, ninguno habla. No existe un organismo independiente al cual acudir cuando el derecho canónico es violado", insistió.
Otras mujeres destacadas participaron en una mesa redonda, en la segunda parte de la conferencia organizada por Voices of faith. Entre ellas Mary Hallay-Witte, directora de la Oficina de Protección a los Niños de Irlanda.
Sostuvo que cada víctima tiene el derecho a ser ayudada para no ser "revictimizada", por eso "no sancionar a los culpables es también una violencia". "Al Papa le pediría que escuche a los supervivientes, sólo a través de ellos se puede comprender a las víctimas", ponderó.
A su tiempo Virginia Saldanha aseguró que los abusos contra las mujeres consagradas se encuentran extendidos en varias regiones de su país. "No se trata de inventar algo, porque los abusos no se pueden inventar", dijo la teóloga.
Doris Wagner lanzó un mensaje a quienes han sufrido ataques y se cuestionan el por qué: "A las mujeres que están en nuestra misma condición les decimos: estamos todas con ustedes, no están solas. Recuerden que son preciosas, no merecieron este tipo de vida, no es esto lo que Dios quiere para ustedes".
"Dios las quiere libres, que desarrollen sus talentos. Por eso hablen, denuncien, busquen con quien compartir sus historias. No les crean a aquellos que pretenden hacer pasar los abusos por el voto de obediencia o el seguimiento del Cristo crucificado", estableció.