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jueves, 22 de octubre de 2015

San Juan Pablo II a los jóvenes del mundo: testimoniar el amor de Dios, sembrar esperanza y construir la paz 22102015

San Juan Pablo II a los jóvenes del mundo: testimoniar el amor de Dios, sembrar esperanza y construir la paz

Papa Francisco: Juan Pablo II interceda por las familias y el Sínodo - ANSA
21/10/2015 16:17
(RV).- Además de la atención a las familias de San Juan Pablo II -  el Papa de la familia - destacada por el Papa Francisco – y que se puso de manifiesto con los encuentros mundiales de las familias, inaugurados por él en 1994, una de las bellas flores del Pontificado de Karol Wojtyla  - uno de los más largos de la historia - fue también su atención a los jóvenes, que le impulsó a iniciar en 1985 las Jornadas Mundiales de la Juventud. En las 19 ediciones de las JMJ celebradas a lo largo de su pontificado se reunieron millones de jóvenes de todo el mundo.
La primera fuera de Roma, tuvo lugar en Buenos Aires, el 12 de Abril de 1987. Inspirada en las palabras del Evangelio de Juan «Dios es Amor», tenía como lema: «Nosotros hemos reconocido y creído en el amor que Dios nos tiene». Desde la capital argentina, Juan Pablo II se unió a la celebración de Roma, centro de la Iglesia Universal, y abrazó a los jóvenes del mundo.
Alentándolos a acercarse a Cristo Redentor del hombre, destacó la presencia de la imagen de la Virgen de Luján, que había sido trasladada desde su santuario para esta histórica ocasión. Revivamos, en su memoria litúrgica y  con su misma voz, una parte de sus vibrantes palabras:
«¡Queridos jóvenes de Argentina, de América Latina y de todo el mundo!
¡Dios es Amor!
‘Nosotros hemos reconocido y creído en el amor que Dios nos tiene’ (1Jn 4, 16).
¡Venid, jóvenes! ¡Acercaos a Cristo, Redentor del hombre! Ese es el sentido que tiene vuestra presencia en la plaza de San Pedro en Roma, y hoy en esta gran avenida de la capital argentina. Es Cristo quien os atrae, es El quien os llama. Y junto a Jesucristo, nuestra Madre Santa María, que ha venido desde su santuario de Luján para estar con nosotros. A Ella os encomiendo al final de esta celebración. Sé muy bien todo lo que Nuestra Señora de Luján significa para vosotros, jóvenes argentinos, como meta de vuestras peregrinaciones anuales, a las que concurrís en gran número, llenos de devoción a la Madre de Dios, con manifiesta generosidad y esperanza.
El Santo Pontífice destacó la importancia del testimonio de los jóvenes afianzados en Cristo, para la Iglesia y el mundo:
«¡Jóvenes: Cristo, la Iglesia, el mundo esperan el testimonio de vuestras vidas, fundadas en la verdad que Cristo nos ha revelado!
¡Jóvenes: El Papa os agradece vuestro testimonio, y os anima a que seáis siempre testigos del amor de Dios, sembradores de esperanza y constructores de paz!»
(CdM – RV)

jueves, 8 de octubre de 2015

Sínodo: "Estamos con el mejor deseo de servir y ayudar", dice Mons. Porras Cardozo 08102015

Sínodo: "Estamos con el mejor deseo de servir y ayudar", dice Mons. Porras Cardozo

XIV Asamblea ordinaria del Sínodo de los Obispos dedicada al tema de la familia - AP
08/10/2015 13:35
“Es una hermosa experiencia, afirma el arzobispo de Mérida, Venezuela,Mons. Baltazar Enrique Porras Cardozo, explicando que es el tercer Sínodo en el que participa”. Entrevistado por el jesuita Guillermo Ortiz de Radio Vaticano, el prelado reconoce que “la metodología del Sínodo ha avanzado muchísimo y es mucho más participativa”. El trabajo en los círculos menores– dice – permite un intercambio de ideas y puntos de vista en un clima de fraternidad y enorme libertad, tal como lo señaló el Papa.
Además el arzobispo de Mérida habla de la actitud del Santo Padre, “que llega antes que todos – dice – y saluda a todos” y esto contribuye a crear un clima especial.
“Se habla de las familias y con las familias, con un profundo sentido de humildad, que he visto en las intervenciones, sin condenar, ni dar recetas”. Se trata – recalca – de  “acompañar la situación que se vive hoy, en una sociedad en cambio, por los nuevos referentes que hay”. Y agrega: “La Iglesia quiere ser servidora de humanidad, acompañar y ofrecer al mundo entero, ternura, compasión, misericordia, respeto y ayuda mutua que todos necesitamos”. “Estamos con el mejor deseo de servir y ayudar”.
Asimismo Mons. Porras Cardozo explica la necesidad que tiene la familia venezolana de vivir en paz y superar la división y la exclusión que reinan en el país.
Con gran esperanza y alegría, el obispo de Mérida relata además que está en contacto a través de las redes sociales con sacerdotes y personas que están pendientes del trabajo del Sínodo y unidos en la oración, deseando que haya un aliento, para beneficio de toda la sociedad.
(MCM-RV)

viernes, 6 de marzo de 2015

“Con ISIS, porque amo la muerte más de lo que amas la vida” 06032015

“Con ISIS, porque amo la muerte más de lo que amas la vida”

Ils cherchent le paradis, ils ont trouvé l’enfer.
Autore: Dounia Bouzar
Editore: Les Editions de l’Atelier, Ivry-sur-Seine 2014
Marialaura Conte – Revista Oasis- lunes 23 de febrero de 2015
recensioneMamá, eres demasiado materialista. Lo único que te importa es encontrar a tu hija. Debes saber que no soy más tu hija. Pertenezco a Dios. No volveré más a la tierra de infieles. Si tu gobierno de infieles viniese a buscarme con un ejército, los ejecutaríamos hasta el último, la verdad vencerá, no tenemos miedo a nada. Amamos la muerte más de lo que ustedes aman la vida”.

Son las palabras decididas, casi como puñaladas, que una quinceañera francesa que partió de incógnito para su jihad en Siria en el año 2012, dijo a su madre desesperada por teléfono, desde su residencia secreta. Lo ha contado la estudiosa francesa Dounia Bouzar que en un libro titulado Ils cherchent le paradis, ils ont trouvé l’enfer (Les Editions de l’Atelier, Ivry-sur-Seine 2014) que entrelaza los verdaderos eventos humanos de algunas familias francesas destruidas por la decisión de hijos jovencísimos que parten para unirse a las milicias de ISIS o Al Qaeda.

Irresistible como una novela dramática, el texto permite entrar en la crónica actual de los atentados terroristas en el corazón de Occidente y de la inexorable avanzada de las banderas de ISIS, con una mirada alternativa, particular: el de las familias “normales”, perfectamente integradas en la vida social y cultural de la Francia de hoy, que de improvisto son puestas frente a la conversión del radicalismo violento, irracional, de un jovencísimo hijo o de un hermano apenas adolescente o de un marido que tiende a cerrar todas las puertas con la realidad.

También con las confidencias íntimas de los padres anonadados por el dolor, la autora desvela la pérdida de familias enteras que, a partir de experiencias y contextos diversos (son musulmanes pero también ateos, o agnósticos, y de todas las clases sociales) a partir de un cierto punto, dramáticamente, comienzan a encontrarse periódicamente, buscando un sostén recíproco, para llevar juntos un peso insostenible: el descubrimiento que ese hijo, esa hija, ese marido que pensaban que conocían, se ha transformado en un extraño dentro de los paredes de la casa, con una segunda vida secreta en Facebook, y miembro de una secta de fanáticos.

En una tarde como tantas, inesperadamente, Adele, de 15 años, no vuelve de la escuela: su celular no responde, la madre entra en pánico, busca indicios que expliquen su desaparición y encuentra una carta en la habitación en la cual la niña explica que ha partido para Siria buscando el paraíso. La hermana después descubre las conversaciones secretas de Adele en las redes sociales con su “príncipe barbudo” (con el que después se casará), imbuida de veneración por ese hombre y la secta a la cual pertenece, pero también con dudas y miedo que van desapareciendo por obra de un convencimiento puesto en acto por nuevos maestros. La madre y el padre, al principio incrédulos, deberán admitir la transformación de Adele de niña idealista occidental en mujer con velo negro de la cabeza a los pies y esposa de un jihadista.

Es el recorrido que Bouzar desarrolla, entrelazando las historias de familias enteras introducidas de un día para el otro en el infierno de preguntas que aturden: ¿Qué le ha sucedido a nuestra hija? ¿Quién le ha lavado el cerebro? ¿Qué había de errado en nuestra vida y nuestra educación? ¿Cómo hacer volver a los hijos a casa desde Siria?

La autora no censura las observaciones críticas de las familias a propósito de la falta de una acción concreta del gobierno francés, de la indiferencia general culpable respecto al fenómeno en crecimiento de huida de menores a Siria, o de la ignorancia de los asistentes sociales que no saben o no quieren distinguir entre una sincera conversión al Islam y un adoctrinamiento de menores de parte de extremistas violentos. Mientras Bouzar se hace, de hecho, portavoz de una campaña de sensibilización para que sean cambiadas las leyes “peligrosas” como la de permitir a los menores de viajar al exterior sin el permiso de los padres.

Al tema inquietante de los luchadores extranjeros que alarma a una Europa desorientada de frente a los “hijos” que traicionan algunos de los valores fundantes, se está intentando responder con estudios sicológicos y económicos, con investigaciones de los procesos de integración y multiculturalismo, y se bosquejan planos de prevención y de des radicalización. Mientras parece descuidado el lado más oscuro de la cuestión: la fascinación del mal, la fuerza de contagio de la violencia y el atractivo ejercitado por los grupos del terror. Todos elementos que echan raíces allí donde hay un hambre insaciable, como en los jóvenes de los cuales se habla en el libro. Sacando algunos casos donde hay desequilibrio mental, las personas de las cuales habla Bouzar son normales, a los cuales la vida rica de un París que tiene bienestar ya no les bastaba. La autora deja entrever como este Occidente –que el narcisismo de tantos medios de comunicación presenta como bajo ataque externo- tiene un problema también en su interior, con sus hijos e hijas. El mérito de este libro, que se hace denso por la angustia y las lágrimas verdaderas que describe, es que comienza a descubrir este aspecto de la vida histórica actual: el vacío que devora vidas jóvenes que buscan el paraíso. Que buscan un sentido.

domingo, 28 de diciembre de 2014

¿DÓNDE ESTA LA BELLEZA DE LA FAMILIA?(Texto homilía Mons. Carlos Osoro en la Misa de la Sagrada Familia).28122014

Texto homilía Mons. Carlos Osoro en la Misa de la Sagrada Familia.
        
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¿DÓNDE ESTA LA BELLEZA DE LA FAMILIA?
¿Queréis descubrir dónde está la Belleza de la Familia? Acercaos por unos momentos a la Sagrada Familia de Nazaret. Ella es el icono que, contemplado, nos hace descubrir dónde está la belleza de la familia. Es urgente que acerquemos este icono a la humanidad en estos momentos en los que se está inaugurando una nueva época. Aparece una nueva humanidad. ¿Qué es lo más grande que podemos aportar los cristianos a los fundamentos de la misma? En primer lugar, la persona de Jesucristo. Él nos revela quién es Dios y quién es el hombre. Pero también debemos decir con fuerza dónde tiene su origen el ser humano y en qué “lugar” se revela con el verdadero humanismo, para que en él se descubra dónde está el tesoro más importante, la escuela más urgente donde los valores humanos, cívicos, religiosos y morales se otorgan. La familia es la escuela del humanismo auténtico. Es en la familia cristiana donde descubrimos cómo la vida que nace se acoge con generosidad y responsabilidad, y al ser humano se le entrega todas las dimensiones de la existencia que son necesarias para que alcance su vida real y, así, el futuro de la humanidad esté asegurado.
Trabajar en apoyo de la familia fundada en el matrimonio como elemento básico de la vida y del desarrollo de una sociedad es garantizar el futuro de la humanidad y contribuir a renovar la sociedad, poniendo el fundamento que necesita todo pueblo y todo ser humano para realizarse como tal. En la familia es en donde mejor se ve y se construye la “cultura del encuentro”, ya que es lugar de convivencia entre generaciones (padres, hijos, abuelos, bisabuelos, nietos), donde nadie queda excluido, donde todos son necesarios y cada uno recibe el amor y la ayuda que necesitan. Pero no es solamente encuentro de generaciones: también es “santuario del amor y de la vida”, pues en ella se enseña y se aprende a vivir desde esa atalaya que engrandece al ser humano cuando se pone como fundamento y garantía de  desarrollo, Dios mismo. La Sagrada Familia de Nazaret así nos lo muestra. En la familia se aprenden y desarrollan las virtudes esenciales para la vida.  Una familia viva, en cuyo centro, como sustentador de cada uno, en todo su desarrollo personal y social, y a lo largo de todo el camino que dure la existencia, esté Dios. Esto es lo más actual y moderno. Lo antiguo es vivir marginando a Dios, queriendo ser como dioses.
La Sagrada Familia de Nazaret es el prototipo de toda familia cristiana. ¿Quién es esa familia? La que reunida en el sacramento del matrimonio, y alimentada con la Palabra y la Eucaristía, está llamada a realizar esa vocación y misión de ser célula viva, no solamente de la sociedad, sino también  de la Iglesia. La urgencia y necesidad de mirar y contemplar con confianza a la Sagrada Familia de Nazaret es vital. ¿Por qué? Por la belleza y originalidad que esta familia tiene, que viene porque en ella vivió oculto, largos años, el Hijo de Dios. Por eso radica ahí el eco más original de la “iglesia doméstica”, como es: la oración constante, la escucha de la palabra de Dios, la intensa vida sacramental, el esfuerzo continuado por vivir el mandamiento de Cristo del amor y del perdón. En la Familia de Nazaret contemplamos cómo el amor no es concéntrico, ni busca interés personal, ni toma en cuenta el mal recibido, sino que se alegra con la verdad. En Nazaret, se hacen verdad aquellas palabras del apóstol San Pablo en la primera carta a los Corintios: “el amor todo lo excusa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta” (1 Cor 13, 5-7).
La belleza de la familia cristiana está en esa página del Evangelio de Lc 2, 22-40. Una belleza que tiene varios rasgos característicos: 1) El convencimiento de que quien da la belleza a todo lo que existe es Dios, y solamente Él. 2) Que la belleza del ser humano tiene su origen y fundamento en Dios mismo. Nada más ni nada menos.  3) Y que la belleza de la familia de Nazaret está en que camina  unida y se dirige hacia  Jerusalén. Y es que es en Jerusalén donde Dios muestra su rostro. Y quienes desean construirse como familia desde Dios, acuden a Él para hacer la ofrenda y presentar a quien acaba de incorporarse a la familia. Por eso, todas las familias llevaban al templo de Jerusalén a sus hijos. El icono de toda familia es, pues, Jesús, María y José yendo al templo de acuerdo con la Ley. Van los tres. Y lo hacen para consagrar a Jesús a Dios, y entregar la oblación prescrita.
Hay dos rasgos que nos muestran cómo se puede lograr que la familia cristiana alcance la "Belleza”:
1) Acogiendo al Señor en el corazón de quienes entran a formar parte de la familia. Simeón tomó a Jesús en brazos y bendijo a Dios. Sus palabras no pueden ser más significativas: “ahora puedo marchar en paz, porque mis ojos han visto la salvación”. Esa palabra “ahora” significa la irrupción total y absoluta de Dios en la historia. La Belleza la da Dios mismo.  Ese “ahora” determina que un tiempo acaba y otro nuevo comienza. Y que empieza el tiempo donde la Belleza se hizo presente en este mundo realmente. En ese “ahora”, ¿acaso no hemos de introducir la experiencia del amor y de la vida que Dios nos ofrece en Jesús? Él es la luz de los pueblos, de todos los hombres. Ninguno está excluido de su amor.
2) Hablando de Jesús con obras y palabras que regalan la alegría del Evangelio. La profetisa Ana, mujer anciana que no se apartaba del templo sirviendo al Señor, daba gracias a Dios y hablaba de Jesús a todos los que aguardaban la liberación. Hay que hablar de Jesús, con palabras y con obras. Hay que liberar y eliminar esclavitudes. El desconocimiento del Señor engendra esclavitudes. La familia de Nazaret se abrió a la vida verdadera, poniendo de relieve su fuerza de humanización y la alegría del Evangelio de la familia. Toda familia, en cuanto comunión íntima de vida y amor, es lugar de humanización, cuna de la vida y del amor. La primera sociedad natural que es de institución divina, fundamento de la vida de las personas y prototipo de toda organización social.
¿Dónde está la Belleza de la familia cristiana que tiene su origen en el matrimonio? “Como elegidos de Dios, santos y amados, revistámonos de misericordia entrañable, bondad, humildad, dulzura, comprensión” (cf. Col 3, 12-21). Dios creó al hombre a su imagen y semejanza. lo llamó a la existencia por amor, y lo ha abocado al mismo tiempo al amor. Hoy es día de entregar Belleza al matrimonio y a la familia, hoy es día de decir un Sí incondicional al amor. Dios es amor, y por ello la vocación fundamental de todo ser humano está en amar. La familia cristiana es el santuario de la vida y del amor, y tiene la misión de custodiar, revelar y comunicar ese amor, como reflejo vivo y participación real en el amor de Dios manifestado en Cristo por la humanidad.
Con gran afecto, os bendice
                                   +Carlos, Arzobispo de Madrid
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Mons. Osoro recuerda la “belleza de la familia cristiana” en la Catedral de la Almudena 28122014

Mons. Osoro recuerda la “belleza de la familia cristiana” en la Catedral de la Almudena


Por Blanca Ruiz

Mons. Carlos Osoro junto a Teresa Abad y su hijo Jorge. Foto: Blanca Ruiz / ACI Prensa
Mons. Carlos Osoro junto a Teresa Abad y su hijo Jorge. Foto: Blanca Ruiz / ACI Prensa
MADRID, 28 Dic. 14 / 01:10 pm (ACI/EWTN Noticias).- La de hoy ha sido la primera Misa de las familias presidida por Mons. Carlos Osoro como Arzobispo de Madrid y también la primera que se celebra en la Catedral de la Almudena y no en la céntrica plaza de Colón.
La fiesta de las familias comenzó el sábado por la tarde con la exposición del Santísimo Sacramento en la Catedral y continuó hoy a las 10 de la mañana con el saludo del nuevo Arzobispo a todas las familias que quisieran acercarse al altar de la Almudena.
Es el caso de Teresa Abad, de 26 años, que llegó con su hijo Jorge de 18 meses y “con otro hijo más que llevo dentro”, porque está en avanzado estado de gestación. Tras el saludo al Arzobispo Teresa ha contado a ACI Prensa que a pesar de que su marido está trabajando ella no ha querido dejar pasar la oportunidad de saludar personalmente a Mons. Osoro que “se ha mostrado muy cercano, nos ha dicho que tenemos que trabajar por la familia y rezar por ella. Nos ha dado una estampa con una oración por la familia para que la recemos todos los días y una chocolatina para mi hijo Jorge”.
Teresa asegura que desde hace mucho asiste a la Misa por las familias, pues “yo venía con mis padres desde siempre, y ahora vengo con mi familia porque es necesario que recemos, da igual si es en Colón o en la Catedral, lo importante es estar unidos rezando por algo tan importante”.
La felicitación de Navidad que el Arzobispo ha entregado a las familias tiene una oración y unos dibujos hechos por él mismo.
Lucia, Andrés y Víctor son tres amigos que también han hecho la larga fila para saludar al Arzobispo. Aseguran que cuando la misa tenía lugar en Colón, ellos participaban como voluntarios. Lucía precisa que en esta Misa, que ella define como “parte imprescindible de la Navidad”, reza especialmente para discernir su vocación al matrimonio.
Mons. Carlos Osoro celebró la Misa de las familias junto con unas 2.500 personas que abarrotaban la Catedral de la Almudena y otras 1.500 participaron desde la explanada en la celebración.
Concelebraron con Mons. Osoro el Nuncio en España, Mons. Renzo Frattini, y el Obispo auxiliar de Madrid, Mons. Fidel Herráez.
El Arzobispo de Madrid, durante su homilía, ha animado a acercarse a la Sagrada Familia de Nazaret para descubrir “la belleza de la familia”. Además ha precisado que “lo más grande que los cristianos podemos aportar” a la familia es Jesucristo.
“Es en la familia cristiana donde descubrimos cómo la vida que nace se acoge con generosidad y responsabilidad, y al ser humano se le entrega todas las dimensiones de la existencia que son necesarias para que alcance su vida real y, así, el futuro de la humanidad esté asegurado”, aseguró.
Mons. Osoro animó a los fieles a “trabajar en apoyo de la familia fundada en el matrimonio como elemento básico de la vida y del desarrollo de una sociedad es garantizar el futuro de la humanidad y contribuir a renovar la sociedad, poniendo el fundamento que necesita todo pueblo y todo ser humano para realizarse como tal”.
El Arzobispo también precisó que es en la familia “donde mejor se construye ‘la cultura del encuentro’ porque es lugar de convivencia entre generaciones, “nadie queda excluido, donde todos son necesarios y cada uno recibe el amor y la ayuda que necesitan”.
La familia, subrayó, es “santuario del amor y de la vida”, “la Sagrada Familia de Nazaret así nos lo muestra. En la familia se aprenden y desarrollan las virtudes esenciales para la vida.  Una familia viva, en cuyo centro, como sustentador de cada uno, en todo su desarrollo personal y social, y a lo largo de todo el camino que dure la existencia, esté Dios. Esto es lo más actual y moderno. Lo antiguo es vivir marginando a Dios, queriendo ser como dioses”.
El Arzobispo de Madrid definió durante la homilía la familia cristiana como “la que reunida en el sacramento del matrimonio, y alimentada con la Palabra y la Eucaristía, está llamada a realizar esa vocación y misión de ser célula viva, no solamente de la sociedad, sino también  de la Iglesia”.
También explicó que “acogiendo al Señor en el corazón de quienes entran a formar parte de la familia” y “hablando de Jesús con obras y palabras que regalan la alegría del Evangelio” se hace el camino que lleva a la familia cristiana a alcanzar “la Belleza”.
“La familia cristiana es el santuario de la vida y del amor, y tiene la misión de custodiar, revelar y comunicar ese amor, como reflejo vivo y participación real en el amor de Dios manifestado en Cristo por la humanidad”, subrayó el Arzobispo de Madrid.