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miércoles, 6 de septiembre de 2017

EL NIÑO, VERDADERA DIMENSIÓN DEL HOMBRE. EL NIÑO LO ILIMITADO Y EL PASO A LO ETERNO (NOTAS A. OLIVER) Unai

EL NIÑO, VERDADERA DIMENSIÓN DEL HOMBRE. EL NIÑO LO ILIMITADO Y EL PASO A LO ETERNO (NOTAS A. OLIVER)

Al final, después de toda la teología, 
lo que llega es un niño

Si no os hacéis como niños, 
No entrareis en el reino de los cielos, 
Es decir, que en el cielo no hay ni un sólo viejo

El cristianismo es un camino hacia la niñez 
Porque es un camino hacia dios 
Y dios cuando se presenta qué es? 
Un niño

Todo nuestro caminar es un caminar hacia belén 
Y belén es un niño recién nacido 
Es decir caminamos hacia un dios hecho niño 
No está en el guerrero, tampoco en el papa, ni...

Cuando dios llega al hombre, llega como niño 
Y cuando el hombre llega a dios, llega también como niño

La palabra de dios definitiva 
Está en un niño que no habla 
Por lo que nos dice dios no cabe en las palabras, la verdad no cabe en palabras 
Se necesita toda una vida para transmitirla

En cristo, dios nos dijo todo 
Su hijo es locución de dios

La palabra de dios no es decible 
Sino vivible 
Las palabras de dios se transmiten con la vida, se necesita una vida entera para que puedan ser transmitidas

Un niño es un desvalido 
Si lo dejaras sólo se moriria
Y esto es lo que define al hombre de verdad
Al que sabe que para construirse necesita a todos los demás 
Cada uno tiene algo que necesito para construirme

El niño va pidiendo lo que necesita a cada uno
Toda la creación es una despensa y el hombre es el mendigo de esta despensa 
El niño es el que mejor sabe pedir lo que necesita de esta despensa
Por eso esto es lo que define al hombre de verdad

Cuando dios nos envía su palabra, 
Entonces Le sale un niño (niño Jesús)

Cuando naces eres un niño y esto es un regalo que te hacen 
Y cuando mueres también tienes que ser un niño pero esto es una conquista tuya no un regalo

Cuando dios llega al hombre llega niño
La presencia de dios no es ni una lógica, ni una moral, ni un poder 
ES UNA CANCIÓN

Dios llega niño al hombre 
Por tanto no es un tema de saber, o de fortaleza 
Es un tema de niñez, de estética de amor

La religión cristiana es la religión del niño 
Por tanto no se funda en la ley, ni en la convención ni en la religión 
Sino EN LA ALEGRÍA DEL NIÑO QUE JUEGA Y AMA 
La niñez es el reino de dios que ya empieza en nosotros 
Y por eso empezó en el niño que fue Jesús al nacer 
El niño despierta una canción 
(aquí ver o leer poema de tolba phanem poetisa africana, la canción del niño) 

Tolba phanem 


https://www.google.es/amp/www.blogseitb.com/lafiaca/2011/03/16/tolba-phanem-mujer-poeta-africana/amp/

sábado, 25 de febrero de 2017

El Evangelio del niño (Meditación para hoy) 25022017

El Evangelio del niño
El Evangelio del niño

Seremos felices si aprendemos a confiar y a ser puros y generosos, como los niños.


Por: P. Fernando Pascual L.C. | Fuente: Catholic net 



Hay dos modos muy distintos de ver la niñez. Según algunos, el niño está en una etapa “de paso”. Su meta consiste en llegar a ser grande. Todo debe quedar orientado a conseguir este objetivo, mediante una buena educación. Así prepararemos al que mañana será ciudadano, trabajador, padre o madre de familia.

Para otros, la niñez es una etapa muy particular y hermosa, en la que la vida adquiere un matiz mágico y alegre, lúdico y misterioso. Una etapa tan bella que todos, en el fondo, desearíamos vivir, nuevamente, como cuando éramos niños.

Entre estas dos visiones extremas, desde luego, existen muchas otras posibles interpretaciones. Queremos ahora, simplemente, mirar hacia Jesucristo, hacia el fundador de la Iglesia, y preguntarle: Tú, ¿qué piensas de los niños?

En el Evangelio descubrimos tres pistas para la respuesta. La primera: Jesús fue niño. Vivió con sus padres, supo obedecerles, aprendió con ellos a rezar, a trabajar, a interpretar las nubes del cielo y a tener cuidado al encontrar una víbora o un escorpión. Jugó sobre las piernas de María, corrió por los caminos de Nazaret, y se cansó cuando, cada año, subía a pie, con sus padres, las pendientes de Jerusalén.

La segunda pista: Jesús, cuando fue grande, resultó muy simpático a los niños. Los pequeños tienen un “olfato” especial para ver quién los quiere de verdad y quién los ve como un estorbo o una molestia. Y los niños iban con mucha confianza y con mucha alegría para estar un rato con Jesús. A veces no se daban cuenta del tiempo que pasaba, y por eso en una ocasión los discípulos, quizá cansados, quisieron apartarlos del maestro. Jesús no dudó en defender a sus amigos “de pantalón cortito”: “Dejad que los niños vengan a mí...”

La tercera pista es, quizá, la más difícil de comprender. En una ocasión en la que los discípulos habían discutido sobre quién era el más importante, Jesús tuvo que acercar a un niño, ponerlo en medio, y presentarlo como modelo: “Si no os hacéis como niños no entraréis en el Reino de los cielos”. Así de claro: el niño no es sólo un “hombre en pequeño”. Más bien cada adulto debería ser un “niño en grande”. Ser como niños es la condición indispensable para el triunfo, es el camino recto y seguro para llegar al cielo, para ser felices de verdad.

Nuestro queridísimo Papa Juan Pablo II, en 1994, escribió una “Carta a los niños”. En ella se atrevió a llamar al mensaje de Jesús con la fórmula “el Evangelio del niño”. Juan Pablo II tuvo que explicar esta fórmula audaz y misteriosa: “En efecto, ¿qué quiere decir: «Si no cambiáis y os hacéis como los niños, no entraréis en el Reino de los cielos»? ¿Acaso no pone Jesús al niño como modelo incluso para los adultos? En el niño hay algo que nunca puede faltar a quien quiere entrar en el Reino de los cielos. Al cielo van los que son sencillos como los niños, los que como ellos están llenos de entrega confiada y son ricos de bondad y puros. Sólo éstos pueden encontrar en Dios un Padre y llegar a ser, a su vez, gracias a Jesús, hijos de Dios”.

El Evangelio del niño vale de modo especial para un mundo que busca continuamente nuevas fórmulas para la felicidad y el progreso. No seremos felices si tenemos más dinero, si llenamos los graneros con cereales, si vemos más televisión o si viajamos por todos los océanos y países de la tierra.

En cambio, podemos ser felices si, con los ojos limpios y frescos de un niño, damos un beso de cariño a nuestros padres antes de dormir; si recordamos, de vez en cuando, a nuestro ángel de la guardia; y si buscamos, entre las estrellas, si alguna tiene escrito nuestro nombre o el de nuestros amigos y conocidos. Seremos felices si aprendemos a confiar y a ser puros y generosos, como los niños. Seremos felices, finalmente, si nos comprometemos a defender, cuidar y escuchar, con el mismo amor de Jesucristo, a esos niños cuyos ángeles contemplan, en el silencio bullicioso de lo invisible, el rostro de un Dios que nos quiere demasiado, y que un día fue, como nosotros, simplemente eso: un Niño...

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