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lunes, 4 de febrero de 2019

Políticos católicos pro aborto no deben recibir la Eucaristía, dice Obispo 03022019

Políticos católicos pro aborto no deben recibir la Eucaristía, dice Obispo


Hostias. Foto: Pixabay / dominio público

El Obispo de Spokane (Estados Unidos), Mons. Thomas Daly, señaló que los políticos católicos pro aborto no deben recibir la Comunión.
“Los políticos que residen en la diócesis católica de Spokane y que obstinadamente perseveran en su apoyo público al aborto no deben recibir la Comunión sin antes reconciliarse con Cristo y con la Iglesia”, escribió el Prelado en una carta el 1 de febrero.
“Los esfuerzos para expandir el acceso al aborto, permitiendo que se asesine a niños hasta el momento del nacimiento, son un mal. Los niños son un don de Dios sin importar las circunstancias de su concepción. No solo tienen derecho a la vida, sino que nosotros como sociedad tenemos la obligación moral de protegerlos”, resaltó el Obispo.
La carta de Mons. Daly aparece ante el debate del aborto en varios estados y luego que algunos católicos, incluido un obispo, pidieran la excomunión del gobernador de Nueva York, Andrew Cuomo, que el 22 de enero firmó una ley que permitirá que el aborto se practique legalmente durante todo el embarazo.
“El campeón de estas leyes del aborto es Andrew Cuomo, el gobernador católico de Nueva York que frecuentemente habla de su fe católica como respaldo para las leyes que él favorece. Su testimonio público como político católico, junto con su apoyo al aborto, es inaceptable”, dijo el Obispo de Spokane.
Al respecto, el Arzobispo de Nueva York, Cardenal Timothy Dolan, dijo que excomulgar a Cuomo sería “contraproducente” y que esta medida podría no tener un efecto positivo en el gobernador, aunque sí fue muy crítico con el gobernador a quien responsabilizó por convertir a la ciudad en “la capital del mundial del aborto”.
En entrevista con Fox News y sobre el acceso a la Comunión, el Purpurado comentó que probablemente Cuomo ya haya decidido abstenerse de acceder a ella.
En su carta, Mons. Daly explicó que el canon 915 del Código de Derecho Canónico establece que los católicos que “obstinadamente persistan en un pecado grave no deben ser admitidos a la Santa Comunión”, pero no se refirió a la pena de excomunión solicitada por algunos fieles y por el Obispo Auxiliar de Phoenix, Mons. Eduardo Nevares.
“Me siento obligado a alzar mi voz y pedir al Cardenal Dolan y a todos los obispos católicos que excomulguen a los gobernadores católicos y todos los políticos católicos que promueven el asesinato de bebés recién nacidos, una práctica malévola, horrible y sí, demoníaca”, escribió Mons. Nevares en su cuenta de Twitter.
Un vocero de la Diócesis de Spokane señaló a CNA –agencia en inglés del Grupo ACI– que “es importante entender que la fe católica y la defensa pública del aborto son incompatibles”. Una persona que intenta conciliar ambas cosas “debe abstenerse de recibir la Santa Comunión”, agregó.
En la parte final de su carta, Mons. Daly pidió a los fieles “volvernos al Señor en oración por nuestros líderes políticos, confiándolos especialmente a la intercesión de Santo Tomás Moro, un servidor público que prefirió morir a manos de las autoridades civiles antes que abandonar a Cristo y a la Iglesia”. “También recemos por los no nacidos y por todas las embarazadas”, concluyó.
Cuando el Rey Enrique VIII de Inglaterra consiguió la anulación de su matrimonio con Catalina de Aragón por presiones y sobornos, Santo Tomás Moro renunció a su cargo de servicio en el reino, tras negarse a firmar también el Acta de Sucesión y de Supremacía, por la que se proclama el rey Cabeza de la Iglesia Anglicana y la independencia de Roma.
El Santo acata la autoridad civil del rey, pero no quiere ser infiel a su conciencia. Poco después es juzgado y encerrado en la Torre de Londres. El 16 de julio de 1535 fue decapitado. Fue declarado santo por el Papa Pío en 1935.
Traducido y adaptado por Walter Sánchez Silva. Publicado originalmente en CNA

domingo, 27 de noviembre de 2016

Del día en que la Iglesia excomulgó a Fidel Castro 27112016

Del día en que la Iglesia excomulgó a Fidel Castro

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27 noviembre 2016

 
            Rebuscando alguna cosita relacionada con el dictador cubano Fidel Castro, muerto ayer, y su relación con la Iglesia, me encuentro esta noticia curiosa que yo mismo había comentado ya sobre la supuesta excomunión de Fidel Castro, pronunciada por el Papa Juan XXIII el 3 de enero, del año 1962. Exactamente un año después de que los Estados Unidos rompieran relaciones diplomáticas con el régimen que gobernaba Cuba, cuyo líder era, precisamente, Fidel.
 
            La supuesta excomunión tiene tal arraigo en la red que hasta el diario ABC, en su edición del 2 de enero de 2012s (y con él una retahíla de diarios españoles y del mundo), justo cuando se cumplía el medio siglo de la supuesta excomunión coincidente, a mayor escarnio, con la visita de Benedicto XVI a la isla, picaba el cebo y se tragaba el anzuelo completo. Según “la red”, Castro habría sido excomulgado tras declararse marxista-leninista y anunciar en su célebre discurso de 2 de diciembre de 1961 que conduciría a Cuba al comunismo. Ahora bien, ¿se produjo efectivamente dicha excomunión?
 
            Pues bien, no está del todo claro, o por mejor decir, parece bastante claro que no se produjo. El periodista Andrea Tornielli que se diría bien al corriente de lo acontecido, en un artículo en Vatican Insider el 3 de enero del año 2012, escribía que el primero en hablar de dicha excomunión habría sido el entonces Arzobispo Dino Staffa (cuyo desafortunado apellido no debe precederle), secretario de Seminarios y Universidades a la sazón, cardenal cinco años después, quien por cierto, no la habría relacionado con la adscripción comunista del líder cubano, sino con la expulsión del país unos meses antes del obispo Eduardo Roza Masvidal, y junto a él 135 sacerdotes.
 
            El prelado habría afirmado que Castro debería darse por excomulgado en virtud del Código Canónico, que prescribe la excomunión latae sententiae (automática) de cuantos ejerzan violencia contra los obispos o colaboren en la comisión de dichos actos. Cosa que, por demás, tampoco es exacta, pues según leo en el Código de Derecho Canónico, la pena prescrita para quien lleve a cabo dicho delito no es exactamente la excomunión (reservada a la agresión al Papa, art. 1370.1), sino el entredicho o interdicto (art. 1370.2), a las que separa una sutil diferencia de la que hablaremos algún día.
 
            Parece ser, sin embargo, que el Arzobispo Loris Capovilla, a la sazón secretario personal de Juan XXIII, quedó desconcertado ante el anuncio de la excomunión, declarando expresamente no tener noticia de la misma. De hecho, por esos días Juan XXIII enviaba al entonces presidente cubano Dorticós Torrado (Fidel no ostentará el cargo hasta 1973) un mensaje en el que le expresaba “el deseo sincero de prosperidad cristiana para el amado pueblo de Cuba”, y el nuevo embajador cubano, Amado Blanco y Fernández, presentaba sus cartas credenciales ante la Santa Sede. A mayor abundamiento, en ningún lugar figura el decreto de excomunión ni del Papa ni de la Congregación para la Doctrina de la Fe (del Santo Oficio por entonces) pronunciando dicha excomunión.
 
            Que el Papa Roncalli sufría por esos días severas presiones para que realizara una condena explícita y expeditiva del régimen cubano no cabe dudarlo. Que seguía de cerca y con gran preocupación los eventos que ocurrían en Cuba, aún menos. Como quiera que sea, y según señala Tornielli, Juan XXIII prefirió no echar leña al fuego y empeorar aún más la deteriorada situación de la Iglesia cubana.
 
 
            ©L.A.
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lunes, 6 de junio de 2016

El Papa excomulga al grupo del ‘Niño Jesús de Gallinaro’ 06062016

El Papa excomulga al grupo del ‘Niño Jesús de Gallinaro’

La organización pseudo-religiosa difundía doctrinas falsamente religiosas y enseñanzas bíblicas distorsionadas y extrañas a la verdad de los textos sagrados
Niño Jesús de Gallinaro
Niño Jesús De Gallinaro
(ZENIT – Roma).- La organización pseudo-religiosa, centrada en el culto a la difunta vidente Giuseppina Norcia y guiada por el yerno Samuel, estaba comprometida con la difusión de “doctrina falsamente religiosas y enseñanzas bíblicas distorsionadas y extrañas a la verdad de los textos sagrados”.
El papa Francisco ha excomulgado al grupo “Niño Jesús de Gallinaro”. La noticia se hizo pública el domingo por la mañana, con la lectura del decreto de la Congregación para la Doctrina de la Fe durante la misa en todas las parroquias de la diócesis italiana de Sora-Cassino-Aquino-Pontecorvo.
Excomulgados latae sententiae por “el delito canónico de cisma” es la motivación adoptada por el Vaticano. Una decisión tomada por el explícito compromiso de la secta a difundir en diversas localidades “doctrinas falsamente religiosas y enseñanzas bíblicas distorsionadas y extrañas a la verdad de los textos sagrados” como se lee en una nota de la curia de Sora.
Esta organización pseudo-religiosa se profesa católica pero se presenta en su página web como “Iglesia cristiana universal de la nueva Jerusalén” y señala al Vaticano como “nueva Babilonia”. Existen testimonio de personas que han frecuentado el grupo y que se reconocen escandalizadas por las “herejías” del líder del grupo, Samuel, yerno de la fundadora del movimiento, Giuseppina Norcia, y auto proclamado su “heredero espiritual”.
Giuseppina Norcia era una vidente que decía que se le aparecían regularmente Dios, la Virgen, Jesús y el arcángel Miguel. Cuando falleció en 1989, a los 49 años, entró en escena Samuel, marido de su hija Anna, ‘profeta’ desconocido del que ni siquiera se sabe su apellido. La suegra le había confiado el encargo de mantener el destino del grupo. A lo largo de los años, Samuel ha centrado todo el culto de la secta en su persona, dando así lugar a un devocionismo popular. Y la situación fue degenerando con el paso del tiempo: se prohibió a los fieles frecuentar los sacramentos, rechazar las enseñanzas y la autoridad del Papa definido como “herético” y “blasfemo”, interrumpir cualquier tipo de relación con los sacerdotes y las respectivas comunidades parroquiales.
Además de las herejías y las transgresiones de la disciplina eclesiástica, detrás de la obra del “Niño Jesús de Gallinaro” hay un imperio económico e inmobiliario alzado con los ofrendas de miles de peregrinos y grupos de oración que llegaban al pequeño pueblo para visitar el “santuario”. Es decir, un inmueble no consagrado construido poco después de la muerte de Norcia, llamado ‘Cuna del Niño Jesús’ y destinado a la acogida de los fieles que iban cada año a rendir homenaje a “mamá Giuseppina” y el culto al Niño.
Por todo ello, en el documento de la Congregación para la Doctrina de la fe se subraya que “para cuidar la integridad de la fe, de la comunión eclesial, y de la acción pastoral de la Iglesia a favor del pueblo de Dios”, las iniciativas de la llamada ‘Iglesia cristiana universal de la nueva Jerusalén’ están “en absoluta oposición con la doctrina católica, y por tanto no tienen nada que ver con la gracia de la fe y de la salvación congida por Jesucristo a la Iglesia fundada sobre la roca firma del apóstol Pedro”.

domingo, 6 de diciembre de 2015

El Papa y el Patriarca ortodoxo se excomulgaron en 1054… y los rusos no se dieron por enterados 07122015

Se cumple medio siglo de reconciliación católica-ortodoxa

El Papa y el Patriarca ortodoxo se excomulgaron en 1054… y los rusos no se dieron por enterados

El Papa y el Patriarca ortodoxo se excomulgaron en 1054… y los rusos no se dieron por enterados
Pese a la mutua excomunión en el siglo XI entre los Patriarcas de Roma y Constantinopla, en Rusia durante siglos no se dieron por enterados y vivieron ignorando sus consecuencias canónicas

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7 diciembre 2015
En 1054 el Patriarca de Constantinopla y el Papa de Roma, a través de su legado, se excomulgaron mutuamente y decretaron la división de sus iglesias. La excomunión no se levantó de forma firme y solemne hasta hace exactamente 50 años, el 7 de diciembre de 1965, cuando en la vigilia de la conclusión del Concilio Vaticano II, con una declaración común del Papa Pablo VI y del patriarca ecuménico Atenágoras.

La ruptura oficial de 1054 ha tenido graves y duraderas consecuencias de falta de unidad que aún dañan a los cristianos, pero vale la pena repasar algunos hechos que demuestran que durante varios siglos hubo territorios enteros en los que esta “excomunión” apenas se aplicaba: los fieles, simplemente, parecían no darse por enterados en Rusia, Ucrania y los territorios de su zona de influencia.

La bula de excomunión sobre el altar
La excomunión mutua, escenificada y protagonizada por el Patriarca de Constantinopla Miguel Cerulario y el legado papal, el cardenal Humberto, en 1054, tardó en aplicarse en territorios enteros.

El cardenal Humberto dejó sobre el altar de Santa Sofía la bula de excomunión. Después volvió a Roma, pero varios códices sugieren que volvió pasando por Kiev, donde fue recibido con respeto y ceremonias eclesiásticas. El metropolita de la Rus de Kiev, al menos en ese momento, parecía estar en total comunión con Roma y no se daba por excomulgado.



Una ruptura que no se aplicaba
En muchas cátedras orientales no tenían nada clara la ruptura, según leemos en la “Historia de la Iglesia Católica en Rusia” (de Stanislav Kozlov-Strutinski y Pavel Parfentiev, edición de 2014 en ruso, un libro de 730 páginas).

Un ejemplo es el hecho de que durante el siglo XI y XII numerosas dinastías se entrecasaban sin impedimento alguno de credo o de ritual, las de rito latino con las de rito oriental. Los príncipes rusos casaban a sus hijos con príncipes y princesas de familias polacas, húngaras y nórdicas de rito latino (suecas, noruegas, sajonas y, en general, varegas, es decir, vikingos de las rutas fluviales rusas).

El príncipe de Kiev peregrino en Roma
La ruptura tardó mucho en llegar a la conciencia de los clérigos y príncipes de la Rus. Un ejemplo lo vemos cuando Iziaslav Yaroslavich (hijo de Yaroslav el Sabio, que casó a su docena e hijos e hijas con príncipes de toda Europa), heredero de Kiev, se peleó con sus hermanos y huyó a Polonia y luego a Alemania buscando aliados. Desde allí contactó con el Emperador Enrique IV y el Papa Gregorio VII.

Como cualquier otro líder católico, envió a su hijo Yaropolk (usaba el nombre cristiano de Pedro) en formato “peregrinación a la tumba de los Apóstoles”, y quería recuperar su principado por la autoridad del Papa, presentando a Kiev como un regalo para Pedro.

Yaropolk llegó a Roma en 1075, veinte años después de la excomunión, y se mostró en todo un devoto papista sin que nadie le tratase como a un excomulgado. El Papa Gregorio pidió al rey polaco Boleslav ayudarle a recuperar Kiev. Iziaslav logró recuperar Kiev acompañado de tropas varegas (vikingos de tierras eslavas); su esposa era polaca y acuñó monedas dedicadas a San Pedro y construyó una iglesia dedicada a San Pedro. Un código escrito a petición de su esposa (la princesa polaca Gertruda) dibuja a la princesa postrada a los pies del apóstol San Pedro y muestra también a Yaropolk y su esposa orando ante el apóstol.

Hoy en día Yaropolk, devoto petrino y peregrino a Roma, es considerado oficialmente santo de la Iglesia Ortodoxa Rusa. Su padre Iziaslav era además gran amigo de San Teodosio de las Cuevas de Kiev al que visitaba con frecuencia. Esto es un ejemplo de una dinastía a caballo entre Oriente y Occidente, que no parecía darse por aludida por las excomuniones mutuas.



Las listas de “errores” latinos… no hablan del papado
Un detalle interesante se da en el hecho de que el mismo Patriarca Cerulario estableció y difundió una lista de errores de los cristianos de rito latino que se supone debían indignar a los cristianos de rito griego.

Por ejemplo: ¡los latinos usaban pan sin levadura en la eucaristía, comían carne de presa estrangulada, se afeitaban la barba, ayunaban en sábados y dejaban a los monjes comer carne!

Sin embargo, en las listas de Cerulario y de otros autores de la primera época de la ruptura no se menciona como agravio la primacía papal, aunque es evidente que conocían las reivindicaciones papales sobre esta primacía. Padres de la Iglesia como San León Magno, San Teodoro Estudita y San Máximo Confesor –los 3 hoy son santos comunes para oriente y occidente- habían dejado clara su apuesta por la primacía papal y durante esa época de la ruptura la facción pro-Constantinopla no se atrevía a abordar el tema.

Los textos anti-latinos que se encuentran en Rusia en esta época no los escriben rusos, sino enviados griegos llegados a Rusia, que molestos por la fluidez del trato con el mundo latino en la Rus de Kiev se sienten obligados a escribir contra ello. Estos textos anti-latinos durante mucho tiempo no influyeron en el trato ruso con el mundo latino, pero sí fortalecieron la idea del cristiano ruso de a pie de que todos esos temas menores (la barba, el ayuno de carne en los monjes, etc…) eran importantísimos, idea que hoy perdura.

En realidad, según los historiadores, la ruptura con el Occidente latino en Rusia no llegó hasta el s.XV y XVI, con el paso del poder de Kiev a Moscú y la ruptura administrativa con Constantinopla, al aparecer un Patriarcado propio en Moscú.

El caso de San Nicolás: ¡de Italia a Rusia!
En 1087 en Mira, ciudad griega costera en Licia (Anatolia), unos marineros latinos arrebataron las reliquias de San Nicolás y las llevaron a Bari, en Italia, y las colocaron en una iglesia dedicada al santo. El papa Urbano declaró una Fiesta de Traslado de las Reliquias de San Nicolás Taumaturgo.

Es curioso que esta fiesta de origen papal en Rusia se recibió, aceptó y se extendió en esa época: Rusia, treinta años tras la “ruptura” en Constantinopla, se hace devota de San Nicolás como santo milagroso por influencia del decreto papal, desplazando algo al espacio como taumaturgo que hasta entonces ostentaba, sobre todo, el culto a ¡San Clemente Papa de Roma!

En Kiev escribieron una crónica sobre ese traslado de las reliquias de Nicolás: a los latinos los llama “fieles” y al Papa “Santísimo Patriarca”. Y es evidente que el autor de la crónica conocía la excomunión mutua decretada 30 años antes, pero al parecer no le daba importancia alguna.

En un evangelio en Rusia de 1056-1057 hablan de la devoción popular rusa al santo latino San Apolinario (un santo que en Grecia no interesaba nada). Hay textos rusos de esta época con letanías a todos los santos que incluyen a montones de reyes vikingos, germánicos y anglos santos como Adabelto, Olaf, Magnus, Canuto, Wotulfo, Alban, Wenceslao…



Príncipes rusos financiando monasterios latinos
Otro ejemplo de la fluidez de trato de la nobleza rusa con los “excomulgados” de Occidente se nota en los donativos de las familias a monasterios y conventos latinos. Los documenta Nazarenko A.V. en “La Rus Antigua en los Caminos Internacionales” (libro de 2001, editado en Moscú en ruso, página 585-606).

Por ejemplo, a finales del s.XI y principios del s.XII se sabe que un monje irlandés, un tal Mauricio, fue enviado a Kiev a buscar donativos para construir un monasterio en Ratisbona (Alemania) dedicado a Santiago y Santa Gertrudis. Fue recibido con honores por el príncipe y regresó con grandes donativos con los que se finalizó el monasterio. Más aún, en el s.XIII había un monasterio filial de este en Kiev.

Otro monasterio latino que recibió grandes donativos de los príncipes de Kiev fue el deSan Pantaleón en Colonia (Alemania), que los recibió de Mstislav I Vladimírovich (hijo de Gytha de Wessex, que era hija del último rey sajón de Inglaterra, Harold, que murió en 1066 en la famosa batalla de Hastings contra los normandos) y de su hijo Iziaslav II, que fue bautizado como Pantaleón (muchos príncipes rusos tenían 3 o 4 nombres: uno eslavo, otro griego o latino de bautizo, otro germánico y algún sobrenombre… sin contar el patronímico).

Dice la leyenda que un oso atacó a Mstislav y lo dejó herido, moribundo, pero un joven se le apareció en una visión y le dijo: “Mi nombre es Pantaleón, y mi casa amada está en Colonia”, y lo sanó. Al recuperarse Mstislav la familia se hizo devota del santo y de su convento en la lejana Colonia. Iziaslav II Pantaleón, el hijo del milagrado, murió a los 54 años en 1154, un siglo después de la excomunión mutua, sin que parezca que dejara de apoyar al convento latino de Colonia.

Iglesias latinas había por toda la Rus de Kiev y hasta el siglo XIII fue frecuente la llegada de misioneros latinos a Rusia, a la “Bulgaria del Volga” y hasta las estepas del Mar Negro.

Cuando las rusas bautizaban en iglesias varegas
Un documento del siglo XII en ruso llamado "Las preguntas de Kirik", escrito en Novgorod, de derecho canónico, recoge que muchas mujeres rusas (eslavas) llevaban sus bebés a bautizar a iglesias "varegas" (es decir, germánicas-latinas) pero el texto, aunque parece entender que es algo erróneo, no impone ningún castigo ni penitencia, por lo que se entiende que el bautismo en otras iglesias era perfectamente aceptado.

La santa ortodoxa que vivía en Roma en el siglo XIII

Una santa rusa del calendario ortodoxa, Santa Parasceva, princesa de la familia de los príncipes de Polotsk (un principado importante del siglo XI y XII, en lo que hoy es Bielerrusia, con sede episcopal) fue peregrina a Roma, vivió allí 7 años y murió en 1239. La Iglesia Ortodoxa Rusa la canonizó en 1273, más de dos siglos después de la "excomunión mutua", sin que pareceriera molestarles sus años de vida devota en tierra latina. (Lo cuenta
M.A. Taube, "Roma y Rusia en el periodo antes de los mongoles", Almanaque Católico, 2, París, 1928, en francés).


Catedral de la Natividad en Suzdal, un ejemplo del románico entendido al estilo ruso
La Rusia “románica” llena de constructores latinos
Es cosa bien sabida, además, que las iglesias del siglo XII que hoy contemplan los turistas en el llamado "Anillo de Oro" (en los antiguos principados de Suzdal y Vladimir, por ejemplo) las construían y diseñaban técnicos occidentales, llegados a petición de los príncipes desde Alemania, Polonia y Lombardía. El príncipe Yuri "Dolgoruki" (es decir, "Jorge Brazolargo", que sería el fundador de Moscú) y su hijo San Andrés Bogolubski (el primero en dedicar una iglesia rusa a la Virgen) fueron los grandes impulsores de este arte, un auténtico románico en el Oriente europeo.

Todos estos indicios muestran que tardó mucho en consumarse la ruptura decretada en 1054. Ojalá tarde menos en consumarse y llevarse a plenitud la reconciliación y plena comunión. 

jueves, 13 de agosto de 2015

Vuelve el lío 13082015

Vuelve el lío

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13 agosto 2015
 Las palabras del Santo Padre en la audiencia de este miércoles han levantado de nuevo comentarios contrapuestos y han sido interpretadas del modo más dispar. De nuevo, pues, el lío. Pero, en realidad, en esta ocasión hay que decir que los que han montado el lío han sido los que de forma mal intencionada han interpretado mal las palabras del Pontífice.
Primero, lo que éste dijo: Los divorciados vueltos a casar no están excomulgados y forman parte de la Iglesia; aunque su situación contradice el sacramento del matrimonio, tienen derecho a una atenta y fraterna acogida; en la Iglesia, que no cierra las puertas a nadie, pueden "vivir cada vez más su pertenencia a Cristo y a la Iglesia con la oración, la escucha de la palabra de Dios, la participación en la liturgia, la educación cristiana de los hijos, la caridad, el servicio a los pobres y el compromiso por la justicia y la paz" (esto último es una cita del discurso pronunciado por Benedicto XVI en la Jornada Mundial de la Familia en Milán en 2012).
Segundo, la interpretación correcta de lo que dijo: El Papa Francisco no ha hecho nada más que reiterar la doctrina tradicional de la Iglesia, que establece claramente que la pena canónica de la excomunión está reservada a muy pocos casos (entre ellos los que cometen abortos) y que no afecta a los divorciados vueltos a casar. Dicha doctrina constata que estas personas siguen siendo hijos de la Iglesia y que deben ser tratados como tales, aunque no puedan acceder a los sacramentos de la confesión y de la comunión. Precisamente fue en la "Familiaris consortio" de San Juan Pablo II -citada el miércoles por Francisco- donde eso quedó expuesto con claridad y rotundidad.
Tercero, la causa de la confusión: Muchos -algunos de mala fe- han interpretado la afirmación del Papa de que los divorciados vueltos a casar no están excomulgados como un permiso para que puedan comulgar. No es así y de su discurso se desprende claramente eso. Por ejemplo, un católico que, pudiendo, no va a misa un domingo no está excomulgado y sin embargo no puede comulgar si no se confiesa antes; un católico que roba una cantidad importante, tampoco puede comulgar si no se confiesa y devuelve lo robado, pero no está sancionado con la pena canónica de la excomunión; en cambio, un médico que aborta sí está excomulgado y, por supuesto, no puede comulgar. Más aún, el hecho de que Francisco cite a sus dos inmediatos predecesores e incluso enumere lo que los divorciados sí pueden hacer, sin incluir en esa lista la comunión eucarística, le sitúa claramente en la línea de ellos y, por lo tanto, en sintonía con la Palabra de Dios y el Magisterio de la Iglesia.
No hay ningún motivo, pues, para creer que el Papa está a favor de dicha comunión. Los que así lo han interpretado lo han hecho por ignorar la diferencia que hay entre estar excomulgado y no poder comulgar o por, sabiéndolo, querer confundir a la opinión pública poniendo en boca del Papa lo que éste no ha dicho. No sé si éstos quieren hacer un favor al Papa, presentándole como un progresista, pero cuando ni el Sínodo ni el Pontífice aprueben lo que ellos creen que van a aprobar, la decepción será inmensa y todos, empezando por el Papa, pagaremos las consecuencias.