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domingo, 24 de noviembre de 2019

Papa Francisco: “La verdadera paz solo puede ser una paz desarmada” 24112019

Papa Francisco: “La verdadera paz solo puede ser una paz desarmada”

Encuentro por la Paz en Hiroshima
(ZENIT – 24 nov. 2019).- El Papa Francisco indicó que “la verdadera paz solo puede ser una paz desarmada”, “fruto de la justicia, del desarrollo, de la solidaridad, del cuidado de nuestra casa común y de la promoción del bien común, aprendiendo de las enseñanzas de la historia”.
En la tarde de hoy, 24 de noviembre de 2019, aproximadamente a las 18:40, hora local (las 10:40 en Roma), el Santo Padre ha llegado al parque del Memorial de la Paz de Hiroshima para celebrar un Encuentro por la Paz.
Firma en el Libro de Honor
A este acto asistieron cerca de mil fieles, 20 líderes religiosos y 20 víctimas de la bomba atómica. El Pontífice fue recibido por el prefecto, el alcalde, el presidente de la Asamblea de la Prefectura y el presidente del Ayuntamiento de Hiroshima cerca del Memorial de la Paz.
Francisco firmó en el Libro de Honor junto a las siguientes palabras: “He venido como peregrino de paz, para llorar en solidaridad con todos los que sufrieron heridas y muerte en ese terrible día de la historia de esta tierra. Rezo para que el Dios de la vida convierta los corazones a la paz, a la reconciliación y al amor fraterno”.
Saludo a las víctimas
Después, el Papa se dirigió a la plaza de abajo y saluda a los 20 líderes religiosos y a las víctimas presentes. Dos de las víctimas ofrecieron al Papa un regalo floral que colocó frente al Memorial. El Embajador de la Paz le regaló una vela que el Obispo de Roma encendió en la lámpara.
Después del sonido de la campana y de un momento de oración silenciosa, dos víctimas supervivientes de la bomba atómica, Yoshiko Kajimoto y Kojí Hosokawa, que no puedo acudir al acto, ofrecieron su impresionante testimonio de la tragedia, tras el cual Obispo de Roma de Roma pronunció su discurso.
Memorial de la Paz
El parque del Memorial de la Paz surge en el lugar en el que el 6 de agosto de 1945 explotó la bomba atómica. Realizado en el año 1954, como un proyecto del arquitecto japonés Kenzo Tange, constituye un área de 120 mil metros cuadrados.
El Memorial de la Paz es considerado emblema de este parque, comúnmente conocido como Genbaku Dome (cúpula de la bomba atómica). El edificio consta, efectivamente, de una característica cúpula que se encuentra en la orilla del río Motoyasu.
Símbolo de la esperanza
Fuertemente dañada por las explosiones pero no totalmente destruida, nunca ha sido restaurada para recordar los signos dejados por el artefacto. Fue inaugurada en 1915 y en 1933 destinado a oficinas del gobierno.
Desde 1996 es Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO, como símbolo de la fuerza más destructiva jamás creada por el hombre, de la esperanza por la paz en el mundo y por la eliminación definitiva de las armas nucleares.
Regalo del Papa 
El Santo Padre ofreció como regalo en el Memorial de la Paz una lámpara de pie fabricada especialmente para esta visita pontificia a Japón. Fundida en latón plateado, mide 120 cm de altura. Consta de una base con tres bandas, con el símbolo “PAX” en relieve.
También tiene un pie cilíndrico con un nudo que lleva una medalla con el escudo de armas del Papa Francisco. En la parte superior, hay un escudo de cera con tres velas que sostienen la lámpara.
“Peregrino de paz”
El Obispo de Roma comenzó su discurso con las palabras“Por mis hermanos y compañeros, voy a decir: La paz contigo” (Sal 122,8) e hizo memoria de todas las víctimas de la bomba atómica y de “la dignidad” de los que sobrevivieron a esos primeros momentos y “han soportado en sus cuerpos durante muchos años los sufrimientos más agudos y, en sus mentes, los gérmenes de la muerte que seguían consumiendo su energía vital”.
El Pontífice confesó que ha sentido el deber de venir a este lugar “como peregrino de paz, para permanecer en oración, recordando a las víctimas inocentes de tanta violencia y llevando también en el corazón las súplicas y anhelos de los hombres y mujeres de nuestro tiempo, especialmente de los jóvenes, que desean la paz, trabajan por la paz, se sacrifican por la paz”, y “lleno de memoria y de futuro trayendo el grito de los pobres, que son siempre las víctimas más indefensas del odio y de los conflictos”.
Dejar caer las armas
Después, reiteró que el uso de la energía atómica con fines de guerra es hoy más que nunca un crimen, “no sólo contra el hombre y su dignidad sino contra toda posibilidad de futuro en nuestra casa común”.
El uso de la energía atómica con fines de guerra “es inmoral, como asimismo es inmoral la posesión de las armas atómicas, como dije hace dos años. Seremos juzgados por esto”, aclaró. En este sentido, para el Papa, si realmente queremos construir una sociedad más justa y segura, “debemos dejar que las armas caigan de nuestras manos”.
“Recordar, caminar juntos, proteger”
Asimismo, el Papa propuso tres imperativos morales para abrir el camino de la paz: “Recordar, caminar juntos, proteger”. Y remarcó que no podemos permitir que las nuevas generaciones dejen de recordar lo que sucedió, ya que la memoria “es garante y estímulo para construir un futuro más justo y más fraterno; un recuerdo expansivo capaz de despertar las conciencias de todos los hombres y mujeres, especialmente de aquellos que hoy desempeñan un papel especial en el destino de las naciones; una memoria viva que nos ayude a decir de generación en generación: ¡nunca más!”.
Precisamente por ello, explicó el Santo Padre “estamos llamados a caminar juntos” y llamó a abrirse “a la esperanza, convirtiéndonos en instrumentos de reconciliación y de paz. Esto es algo que será siempre posible “si somos capaces de protegernos y sabernos hermanados en un destino común”.
Finalmente, realizó “una sola súplica abierta a Dios y a todos los hombres y mujeres de buena voluntad”, consistente en elevar juntos el grito: “¡Nunca más la guerra, nunca más el rugido de las armas, nunca más tanto sufrimiento! Que venga la paz en nuestros días, en este mundo nuestro”.
A continuación sigue el mensaje completo del Papa.
***
Mensaje del Santo Padre
Por mis hermanos y compañeros, voy a decir: La paz contigo» (Sal 122,8).
Dios de misericordia y Señor de la historia, a ti elevamos nuestros ojos desde este lugar, encrucijada de muerte y vida, de derrota y renacimiento, de sufrimiento y de piedad.
Aquí, de tantos hombres y mujeres, de sus sueños y esperanzas, en medio de un resplandor de relámpago y fuego, no ha quedado más que sombra y silencio. En apenas un instante, todo fue devorado por un agujero negro de destrucción y muerte. Desde ese abismo de silencio, todavía hoy se sigue escuchando fuerte el grito de los que ya no están. Venían de diferentes lugares, tenían nombres distintos, algunos de ellos hablaban lenguas diversas. Todos quedaron unidos por un mismo destino, en una hora tremenda que marcó para siempre, no sólo la historia de este país sino el rostro de la humanidad.
Hago memoria aquí de todas las víctimas y me inclino ante la fuerza y la dignidad de aquellos que, habiendo sobrevivido a esos primeros momentos, han soportado en sus cuerpos durante muchos años los sufrimientos más agudos y, en sus mentes, los gérmenes de la muerte que seguían consumiendo su energía vital.
He sentido el deber de venir a este lugar como peregrino de paz, para permanecer en oración, recordando a las víctimas inocentes de tanta violencia y llevando también en el corazón las súplicas y anhelos de los hombres y mujeres de nuestro tiempo, especialmente de los jóvenes, que desean la paz, trabajan por la paz, se sacrifican por la paz. He venido a este lugar lleno de memoria y de futuro trayendo el grito de los pobres, que son siempre las víctimas más indefensas del odio y de los conflictos.
Quisiera humildemente ser la voz de aquellos cuya voz no es escuchada, y que miran con inquietud y angustia las crecientes tensiones que atraviesan nuestro tiempo, las inaceptables desigualdades e injusticias que amenazan la convivencia humana, la grave incapacidad de cuidar nuestra casa común, el recurso continuo y espasmódico de las armas, como si estas pudieran garantizar un futuro de paz.
Con convicción, deseo reiterar que el uso de la energía atómica con fines de guerra es hoy más que nunca un crimen, no sólo contra el hombre y su dignidad sino contra toda posibilidad de futuro en nuestra casa común. El uso de la energía atómica con fines de guerra es inmoral, como asimismo es inmoral la posesión de las armas atómicas, como dije hace dos años. Seremos juzgados por esto. Las nuevas generaciones se levantarán como jueces de nuestra derrota si hemos hablado de la paz, pero no la hemos realizado con nuestras acciones entre los pueblos de la tierra.
¿Cómo podemos hablar de paz mientras construimos nuevas y formidables armas de guerra? ¿Cómo podemos hablar de paz mientras justificamos determinadas acciones espurias con discursos de discriminación y de odio?
Estoy convencido de que la paz no es más que un “sonido de palabras” si no se funda en la verdad, si no se construye de acuerdo con la justicia, si no está vivificada y completada por la caridad, y si no se realiza en la libertad (cf. S. Juan XXIII, Carta enc. Pacem in terris, 37).
La construcción de la paz en la verdad y en la justicia significa reconocer que «son muchas y muy grandes las diferencias entre los hombres en ciencia, virtud, inteligencia y bienes materiales» (ibíd., 87), lo cual jamás puede justificar el propósito de imponer a los demás los propios intereses particulares. Por el contrario, todo esto constituye una fuente de mayor responsabilidad y respeto.
Asimismo, las comunidades políticas, que legítimamente pueden diferir entre sí en términos de cultura o desarrollo económico, están llamadas a comprometerse a trabajar «por el progreso común», por el bien de todos (ibíd., 88).
De hecho, si realmente queremos construir una sociedad más justa y segura, debemos dejar que las armas caigan de nuestras manos: «No es posible amar con armas ofensivas en las manos» (S. Pablo VI, Discurso a las Naciones Unidas, 4 octubre 1965, 10). Cuando nos entregamos a la lógica de las armas y nos alejamos del ejercicio del diálogo, nos olvidamos trágicamente de que las armas, antes incluso de causar víctimas y ruinas, tienen la capacidad de provocar pesadillas, «exigen enormes gastos, detienen los proyectos de solidaridad y de trabajo útil, alteran la psicología de los pueblos» (ibíd.). ¿Cómo podemos proponer la paz si frecuentamos la intimidación bélica nuclear como recurso legítimo para la resolución de los conflictos? Que este abismo de dolor evoque los límites que jamás se pueden atravesar. La verdadera paz sólo puede ser una paz desarmada. Además, «la paz no es la mera ausencia de la guerra […]; sino un perpetuo quehacer» (Conc. Vat. II, Const. past. Gaudium et spes, 78). Es fruto de la justicia, del desarrollo, de la solidaridad, del cuidado de nuestra casa común y de la promoción del bien común, aprendiendo de las enseñanzas de la historia.
Recordar, caminar juntos, proteger. Estos son tres imperativos morales que, precisamente aquí en Hiroshima, adquieren un significado aún más fuerte y universal, y tienen la capacidad de abrir un camino de paz. Por lo tanto, no podemos permitir que las actuales y nuevas generaciones pierdan la memoria de lo acontecido, esa memoria que es garante y estímulo para construir un futuro más justo y más fraterno; un recuerdo expansivo capaz de despertar las conciencias de todos los hombres y mujeres, especialmente de aquellos que hoy desempeñan un papel especial en el destino de las naciones; una memoria viva que nos ayude a decir de generación en generación: ¡nunca más!
Precisamente por eso estamos llamados a caminar juntos, con una mirada de comprensión y de perdón, abriendo el horizonte a la esperanza y trayendo un rayo de luz en medio de las numerosas nubes que hoy ensombrecen el cielo. Abrámonos a la esperanza, convirtiéndonos en instrumentos de reconciliación y de paz. Esto será siempre posible si somos capaces de protegernos y sabernos hermanados en un destino común. Nuestro mundo, interconectado no sólo por la globalización sino desde siempre por una tierra común, reclama más que en otras épocas la postergación de intereses exclusivos de determinados grupos o sectores, para alcanzar la grandeza de aquellos que luchan corresponsablemente para garantizar un futuro común.
En una sola súplica abierta a Dios y a todos los hombres y mujeres de buena voluntad, en nombre de todas las víctimas de los bombardeos y experimentos atómicos, y de todos los conflictos, desde el corazón, elevemos conjuntamente un grito: ¡Nunca más la guerra, nunca más el rugido de las armas, nunca más tanto sufrimiento! Que venga la paz en nuestros días, en este mundo nuestro. Dios, tú nos lo has prometido: «La misericordia y la fidelidad se encuentran, la justicia y la paz se besan; la fidelidad brota de la tierra, y la justicia mira desde el cielo» (Sal 84,11-12).
Ven, Señor, que es tarde y donde sobreabundó la destrucción que hoy  también pueda sobreabundar la esperanza de que es posible escribir y realizar una historia diferente. ¡Ven, Señor, Príncipe de la paz, haznos instrumentos y ecos de tu paz!
«Por mis hermanos y compañeros, voy a decir: La paz contigo» (Sal 122,8).
© Librería Editorial Vaticana

Misa del Papa en Nagasaki: “Cristo está vivo y actúa en medio nuestro” 24112019


Francisco Celebra La Misa En Nagasaki © Vatican Media

Misa del Papa en Nagasaki: “Cristo está vivo y actúa en medio nuestro”

Homilía del Pontífice

(ZENIT – 24 nov. 2019).- “Nuestra fe es en el Dios de los Vivientes. Cristo está vivo y actúa en medio nuestro, conduciéndonos a todos hacia la plenitud de vida”, así ha exhortado el Papa Francisco a más 35.000 personas que han asistido a la Misa en Nagasaki, Japón.
“Él está vivo y nos quiere vivos, es nuestra esperanza”, ha asegurado el Pontífice, en el marco de la visita a Japón, cuyo lema es Proteger toda vida. “Lo imploramos cada día: venga a nosotros tu Reino, Señor”.
A las 13:20 hora local (5:20 horas en Roma), el Papa ha dejado el Arzobispado de Nagasaki, donde ha almorzado. Tras saludar a 16 personas empleadas por la Curia, se ha dirigido en coche al Estadio de Baseball de la misma ciudad para celebrar la Santa Misa. Aquí, se ha montado en el papamóvil y ha pasado entre los fieles para saludarlos antes de presidir la Eucaristía, que ha comenzado a las 14 (6 hora de Roma).
En este último domingo del año litúrgico, solemnidad de Cristo Rey, Francisco ha hecho una reflexión en torno a la figura del buen ladrón: “Unimos nuestras voces a la del malhechor que, crucificado junto con Jesús, lo reconoció y lo proclamó rey”.
El Papa ha recordado a los japoneses en Nagasaki: “Estas tierras experimentaron, como pocas, la capacidad destructora a la que puede llegar el ser humano”. Por eso, como el buen ladrón, ha dicho, “queremos vivir ese instante donde poder levantar nuestras voces y profesar nuestra fe en la defensa y el servicio del Señor, el Inocente sufriente”.
“Queremos acompañar su suplicio, sostener su soledad y abandono, y escuchar, una vez más, que la salvación es la palabra que el Padre nos quiere ofrecer a todos: ‘Hoy estarás conmigo en el Paraíso'”.
Asimismo, el Santo Padre no ha dejado de mencionar a san Pablo Miki y sus compañeros mártires: “Sobre sus huellas queremos caminar, sobre sus pasos queremos andar para profesar con valentía que el amor dado, entregado y celebrado por Cristo en la cruz, es capaz de vencer sobre todo tipo de odio, egoísmo, burla o evasión”.
A continuación sigue la homilía:
***
Homilía del Papa Francisco
«Jesús, acuérdate de mí cuando llegues a tu reino» (Lc 23,42).
En este último domingo del año litúrgico unimos nuestras voces a la del malhechor que, crucificado junto con Jesús, lo reconoció y lo proclamó rey. Allí, en el momento menos triunfal y glorioso, bajo los gritos de burlas y humillación, el bandido fue capaz de alzar la voz y realizar su profesión de fe. Son las últimas palabras que Jesús escucha y, a su vez, son las últimas palabras que Él dirige antes de entregarse a su Padre: «Yo te aseguro que hoy estarás conmigo en el Paraíso» (Lc 23,43). El pasado tortuoso del ladrón parece, por un instante, cobrar un nuevo sentido: acompañar de cerca el suplicio del Señor; y este instante no hace más que corroborar la vida del Señor: ofrecer siempre y en todas partes la salvación. El calvario, lugar de desconcierto e injusticia, donde la impotencia y la incomprensión se encuentran acompañadas por el murmullo y cuchicheo indiferente y justificador de los burlones de turno ante la muerte del inocente, se transforma, gracias a la actitud del buen ladrón, en una palabra de esperanza para toda la humanidad. Las burlas y los gritos de ¡sálvate a ti mismo! frente al inocente sufriente no serán la última palabra; es más, despertarán la voz de aquellos que se dejen tocar el corazón y se decidan por la compasión como auténtica forma para construir la historia.
Hoy aquí queremos renovar nuestra fe y nuestro compromiso; conocemos bien la historia de nuestras faltas, pecados y limitaciones, al igual que el buen ladrón, pero no queremos que eso sea lo que determine o defina nuestro presente y futuro. Sabemos que no son pocas las veces que podemos caer en la atmósfera comodona del grito fácil e indiferente del “sálvate a ti mismo”, y perder la memoria de lo que significa cargar con el sufrimiento de tantos inocentes. Estas tierras experimentaron, como pocas, la capacidad destructora a la que puede llegar el ser humano. Por eso, como el buen ladrón, queremos vivir ese instante donde poder levantar nuestras voces y profesar nuestra fe en la defensa y el servicio del Señor, el Inocente sufriente. Queremos acompañar su suplicio, sostener su soledad y abandono, y escuchar, una vez más, que la salvación es la palabra que el Padre nos quiere ofrecer a todos: «Hoy estarás conmigo en el Paraíso».
Salvación y certeza que testimoniaron valientemente con su vida san Pablo Miki y sus compañeros, así como los miles de mártires que jalonan vuestro patrimonio espiritual. Sobre sus huellas queremos caminar, sobre sus pasos queremos andar para profesar con valentía que el amor dado, entregado y celebrado por Cristo en la cruz, es capaz de vencer sobre todo tipo de odio, egoísmo, burla o evasión; es capaz de vencer sobre todo pesimismo inoperante o bienestar narcotizante, que termina por paralizar cualquier buena acción y elección. Nos lo recordaba el Concilio Vaticano II, lejos están de la verdad quienes sabiendo que nosotros no tenemos aquí una ciudad permanente, sino que buscamos la futura, piensan que por ello podemos descuidar nuestros deberes terrenos, no advirtiendo que, precisamente, por esa misma fe profesada estamos obligados a realizarlos de una manera tal que den cuenta y transparenten la nobleza de la vocación con la que hemos sido llamados (cf. Const. past. Gaudium et spes, 43).
Nuestra fe es en el Dios de los Vivientes. Cristo está vivo y actúa en medio nuestro, conduciéndonos a todos hacia la plenitud de vida. Él está vivo y nos quiere vivos, es nuestra esperanza (cf. Exhort. ap. postsin. Christus vivit, 1). Lo imploramos cada día: venga a nosotros tu Reino, Señor. Y al hacerlo queremos también que nuestra vida y nuestras acciones se vuelvan una alabanza. Si nuestra misión como discípulos misioneros es la de ser testigos y heraldos de lo que vendrá, no podemos resignarnos ante el mal y los males, sino que nos impulsa a ser levadura de su Reino dondequiera que estemos: familia, trabajo, sociedad; ser una pequeña abertura en la que el Espíritu siga soplando esperanza entre los pueblos. El Reino de los cielos es nuestra meta común, una meta que no puede ser sólo para el mañana, sino que la imploramos y la comenzamos a vivir hoy, al lado de la indiferencia que rodea y silencia tantas veces a nuestros enfermos y discapacitados, a los ancianos y abandonados, a los refugiados y trabajadores extranjeros: todos ellos sacramento vivo de Cristo, nuestro Rey (cf. Mt 25,31-46); porque «si verdaderamente hemos partido de la contemplación de Cristo, tenemos que saberlo descubrir sobre todo en el rostro de aquellos con los que él mismo ha querido identificarse» (S. Juan Pablo II, Carta ap. Novo millennio ineunte, 49).
En el Calvario, muchas voces callaban, tantas otras se burlaban, tan sólo la del ladrón fue capaz de alzarse y defender al inocente sufriente; toda una valiente profesión de fe. Está en cada uno de nosotros la decisión de callar, burlar o profetizar. Queridos hermanos: Nagasaki lleva en su alma una herida difícil de curar, signo del sufrimiento inexplicable de tantos inocentes; víctimas atropelladas por las guerras de ayer pero que siguen sufriendo hoy en esta tercera guerra mundial a pedazos. Alcemos nuestras voces aquí en una plegaria común por todos aquellos que hoy están sufriendo en su carne este pecado que clama al cielo, y para que cada vez sean más los que, como el buen ladrón, sean capaces de no callar ni burlarse, sino con su voz profetizar un reino de verdad y justicia, de santidad y gracia, de amor y de paz1.
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  • Misal Romano, Prefacio de la Solemnidad de Jesucristo, Rey del Universo.

sábado, 23 de noviembre de 2019

Tailandia y Japón: Actualización del programa del viaje (Del 19 al 26 de noviembre 2019)

Logos De La Visita Apostólica Del Papa Francisco A Tailandia Y Japón

Tailandia y Japón: Actualización del programa del viaje

Del 19 al 26 de noviembre
(ZENIT – 28 oct. 2019).- El Papa Francisco visitará a Tailandia y Japón del 19 al 26 de noviembre de 2019, en el que será su 32º viaje apostólico fuera de Roma.
Hoy, 28 de octubre, la Oficina de Prensa de la Santa Sede ha publicado una actualización del programa de esta visita con horarios, que incluirá reuniones interreligiosas, encuentros con jóvenes y una visita a Nagasaki e Hiroshima, donde tendrá lugar una reunión por la paz.
Francisco será el segundo pontífice que viaje al Reino de Tailandia y a Japón, llegará el 19 de noviembre a Bangkok, Tailandia, y del 23 al 26 de noviembre visitará Tokyo, Nagasaki e Hiroshima.
En Tailandia, el Papa visitará a los enfermos en los hospitales y será recibido por el Patriarca Supremo de los Budistas en el Templo de Wat Ratchabophit Sathit Maha Simaram. En Japón, visitará las dos ciudades afectadas por las bombas atómicas y será recibido por el emperador Naruhito. También celebrará dos misas públicas en Bangkok, una en Nagasaki y otra en Tokio.
En total, se espera que pronuncie nueve discursos oficiales, dos mensajes, cuatro homilías públicas y tres saludos.
A continuación se expone el programa completo del Papa, en hora local, con los horarios de Roma entre paréntesis.
***
Martes 19 de noviembre de 2019
ROMA-BANGKOK
19 horasSalida en avión desde el aeropuerto de Roma/Fiumicino a Bangkok
Miércoles 20 noviembre de 2019
ROMA-BANGKOK
12:30 h. (6:30 h. en Roma)Llegada a la Terminal Aérea Militar 2 de Bangkok
BIENVENIDA OFICIAL en la Terminal Aérea Militar 2 en Bangkok
 
Jueves 21 de noviembre de 2019
BANGKOK
9 h. (3 h. en Roma)CEREMONIA DE BIENVENIDA en el patio de la Casa de Gobierno
9:15 h. (3:15 h. en Roma)ENCUENTRO CON EL PRIMER MINISTRO en el “Salón Interior de Marfil” de la Casa de Gobierno
9:30 h.(3:30 h. en Roma)ENCUENTRO CON LAS AUTORIDADES LA SOCIEDAD CIVIL Y EL CUERPO DIPLOMÁTICO en el Salón “Inner Santi Maitri” de la Casa de GobiernoDiscurso del Santo Padre
10 h. (4:00 h. en Roma)VISITA AL PATRIARCA SUPREMO DE LOS BUDISTAS en el Templo de Wat Ratchabophit Sathit Maha Simaram
Saludo del Santo Padre
11:15 h. (5:15 h. en Roma)ENCUENTRO  CON EL PERSONAL MÉDICO DEL ST. LOUIS HOSPITAL
Saludo del Santo Padre
12 h. (6 h. en Roma)VISITA PRIVADA A LOS ENFERMOS Y PERSONAS DISCAPACITADAS en el St. Louis Hospital

Almuerzo en la Nunciatura Apostólica
17 h. (11 h. en Roma)VISITA PRIVADA A SU MAJESTAD EL REY MAHA VAJIRALONGKORN “RAMA X” en el Amphorn Royal Palace
18 h.(12 h. en Roma)SANTA MISA en el Estadio Nacional
Homilía del Santo Padre
 
Viernes 22 de noviembre de 2019
BANGKOK
10 h. (4 h. en Roma)ENCUENTRO CON  LOS SACERDOTES, RELIGIOSOS/AS, SEMINARISTAS Y CATEQUISTAS en la Parroquia de San Pedro
Discurso del Santo Padre
11 h. (5 h. en Roma)ENCUENTRO CON LOS OBISPOS DE TAILANDIA Y FABC en el Santuario del Beato Nicolás Boonkerd Kitbamrung
Discurso del Santo Padre
11:50 h. (5:50 h. en Roma)Encuentro privado con los miembros de la Compañía de Jesús en una sala adyacente al Santuario.
Almuerzo en la Nunciatura Apostólica
15:20 h. (9:20 h. en Roma)ENCUENTRO CON LÍDERES CRISTIANOS Y DE OTRAS RELIGIONES en la Universidad de ChulalongkornDiscurso del Santo Padre
 17 h.(11 h. en Roma)SANTA MISA CON  los JÓVENES en la Catedral de la Asunción
Homilía del Santo Padre
 
Sábado 23 de noviembre de 2019
BANGKOK-TOKYO
9:15 h.(3:15 h. en Roma)CEREMONIA DE DESPEDIDA en la Terminal Aérea Militar 2 en Bangkok
9:30 h. (3:30 h, en Roma)Salida en avión a Tokio
17:40 h.(9:40 h. en Roma)Llegada al aeropuerto Tokio-Haneda
Ceremonia de Bienvenida en el Aeropuerto Tokio-Haneda
18:30 h.(10:30 h. en Roma)ENCUENTRO CON LOS OBISPOS en la Nunciatura Apostólica
Discurso del Santo Padre
 
Domingo 24 de noviembre de 2019
TOKYO-NAGASAKI-HIROSHIMA-TOKYO
7:20 h.(23:20 h. en Roma)Salida en avión a Nagasaki
9:20 h.(1:20 h. en Roma)Llegada al aeropuerto de Nagasaki
10:15 h.(2:15 h. en Roma)MENSAJE SOBRE LAS ARMAS NUCLEARES en el Atomic Bomb Hypocenter  Park
Mensaje del Santo Padre
10:45 h.(2:45 h. en Roma)HOMENAJE A LOS SANTOS MÁRTIRES  en el Monumento a los Mártires – Cerro Nishizaka
Saludo del Santo Padre
Ángelus
Almuerzo en el Arzobispado
14 h. (6 h. en Roma)SANTA MISA en el Estadio de Béisbol
Homilía del Santo Padre
16:35 h.  (8:35 h. en Roma)Salida en avión hacia Hiroshima
17:45 h.(9:45 h. en Roma)Llegada al aeropuerto de Hiroshima
18:40 h.
(10:40 h. en Roma)
ENCUENTRO POR LA PAZ en el Memorial de la Paz
Mensaje del Santo Padre
20:25 h.(12:25 h. en Roma)Salida en avión a Tokio
21:50 h.(13:50 h. en Roma)Llegada al aeropuerto de Tokio-Haneda
Lunes 25 de noviembre de 2019
TOKYO
10 h. (2 h. en Roma)ENCUENTRO CON LAS VÍCTIMAS DEL TRIPLE DESASTRE en “Bellesalle Hanzomon”
Discurso del Santo Padre
VISITA PRIVADA AL IMPERATOR NARUHITO en el Palacio Imperial
11:45 h.(3:45 h. en Roma)ENCUENTRO CON LOS JÓVENES en la Catedral de Santa María
Discurso del Santo Padre
Almuerzo con el séquito papal en la Nunciatura Apostólica
16 h. (8 h. en Roma)SANTA MISA en el Toyio Dome
Homilía del Santo Padre
ENCUENTRO CON EL PRIMER MINISTRO en Kantei
ENCUENTRO CON LAS AUTORIDADES Y EL CUERPO DIPLOMÁTICO en Kantei
Discurso del Santo Padre
  
Martes 26 de noviembre de 2019
TOKYO-ROMA
7:45 h.(23:45 h. en Roma)Santa Misa privada con los miembros de la Compañía de Jesús en la Capilla del Kulturzentrum de la Universidad de Sofía
Desayuno y encuentro privado con el Colegio Máximo en la Universidad de Sophia
9:40 h.(1:40 h. en Roma)VISITA A  LOS SACERDOTES ANCIANOS Y  ENFERMOS en  la Universidad de Sophia
10 h.(2 h. en Roma)VISITA A LA UNIVERSIDAD DE SOPHIA
Discurso del Santo Padre
11.20 h.(3:20 h. en Roma)CEREMONIA DE DESPEDIDA en el Aeropuerto Tokio-Haneda
11:35 h.(3:35 h. en Roma)Salida en avión hacia Roma/Fiumicino
17:15 h.Llegada al aeropuerto de Roma/Fiumicino
Con Anne Kurian

domingo, 17 de noviembre de 2019

Tailandia y Japón: Los intérpretes del Papa durante su viaje 15112019

Logos De La Visita Apostólica Del Papa Francisco A Tailandia Y Japón

Tailandia y Japón: Los intérpretes del Papa durante su viaje

Prioridades de la visita
(ZENIT – 15 nov. 2019).- El Papa estará en Tailandia y Japón del 19 al 26 de noviembre de 2019. Este será su 32º viaje, el séptimo de este año y el cuarto a Asia (después de Corea en 2014, Sri Lanka y Filipinas en 2015, y Myanmar y Bangladesh en 2017).
Con estos nuevos destinos, el Papa habrá visitado 51 países, dijo el director de la Oficina de Prensa de la Santa Sede, Matteo Bruni, durante una sesión informativa celebrada el 15 de noviembre.
Durante este viaje, hará una veintena de intervenciones en español. El Papa estará acompañado en cada uno de los dos países por intérpretes vinculados a él: en Tailandia, su prima Ana Rosa Sivori, salesiana de las Hijas de María Auxiliadora, misionera desde hace años en el norte del país; en Japón, el provincial jesuita, padre Renzo de Luca, enviado a la tierra del sol naciente cuando el Papa era provincial de los jesuitas en Argentina.
Entre las prioridades del viaje enumeradas por el director de la Sala Stampa Vaticana: El encuentro con las minorías católicas, el diálogo interreligioso y la promoción del desarme nuclear y la paz mundial. Será el segundo Papa que pisará la tierra de estos países después de Juan Pablo II (en 1984 y 1981).
Tailandia es ahora una monarquía constitucional con 69 millones de habitantes, de los cuales el 90% son budistas y el 5% musulmanes. Los 382.000 católicos representan el 0,59% de la población. En Japón, los 540.000 católicos representan el 0,42% de los 126 millones de habitantes.
La Iglesia está presente en ambos países con estructuras de solidaridad social -hospitales, orfanatos, residencias de ancianos- y en el mundo de la educación con escuelas y universidades.