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domingo, 2 de junio de 2019

La Ascensión del Señor Jesús al Cielo. Solemnidad (2 de junio)

La Ascensión del Señor Jesús al Cielo. Solemnidad

ascension del senor jesus solemnidad

La Ascensión del Señor ocurrió cuarenta días después de la resurrección. Jesús subió al cielo para sentarse a la derecha del Padre

 
La Ascensión del Señor Jesús al Cielo es el acto final de nuestra redención que Cristo comenzó el Viernes Santo. Ocurrió cuarenta días después de que Jesucristo resucitó de entre los muertos en la Pascua. En este día, el Cristo resucitado, a la vista de Sus apóstoles, ascendió corporalmente al Cielo, acontecimiento narrado en los Evangelios de Lucas 24,51, Marcos 16,19, y en el Libro de los Hechos de los Apóstoles 1,9-11.

Fecha: VII Domingo de Pascua

Martirologio romano: Solemnidad de la Ascensión de Nuestro Señor Jesucristo, en la que, cuarenta días después de la resurrección, Jesús se elevó al cielo ante sus discípulos, para sentarse a la diestra del Padre, hasta que nuevamente, vendrá con gloria para juzgar a los vivos y a los muertos.

La Ascensión del Señor

La Ascensión del Señor Jesús es tan importante que el Credo de la Iglesia contiene esta afirmación, en las palabras del Credo de los Apóstoles, que "Subió al cielo, y está sentado a la derecha de Dios Padre todopoderoso; De allí vendrá a juzgar a los vivos ya los muertos". Negar la Ascensión de Nuestro Señor es tan grave como la negación misma de la Resurrección de Cristo.
La Ascensión corporal de Cristo prefigura nuestra entrada al cielo, no simplemente como almas después de nuestra muerte, sino como cuerpos glorificados, después de la resurrección en el Juicio Final.
En la humanidad redentora, Cristo no sólo ofreció la salvación a nuestras almas sino que comenzó la restauración del mundo material mismo a la gloria que Dios quiso antes de la caída de Adán.
"Lo vieron levantarse, hasta que una nube se lo quitó de la vista". (Hechos 1,1-1)
"Dios asciende entre aclamaciones; el Señor, al son de trompetas" (Salmos 46,2-3.6-7.8-9)
"…Y todo lo puso bajo sus pies, y lo dio a la Iglesia como cabeza, sobre todo. Ella es su cuerpo, plenitud del que lo acaba todo en todos" (Efesios 1,17-23)
"Después de hablarles, el Señor Jesús subió al cielo y se sentó a la derecha de Dios" (Marcos 16,15-26)
Jesús subió al lugar de donde no se había ido. ¿Cuándo había dejado de estar a la derecha de Dios Padre, a su lado, cara a cara con Él?
Entonces, ¿para qué este trayecto? La carne tiene el mismo peso que la tierra y cuando el Hijo de Dios eterno tomó la carne humana, tomó también su peso.
Apareció una novedad inaudita: lo celeste y lo terreno convivían en comunión en la persona de Jesucristo, no por una originalidad ocurrente, sino con una misión: que toda carne recibiera altura de cielo; es decir que toda persona humana y con ella toda la creación se hiciera de Dios y recibiera inmortalidad y gloria eternas.
Para ello este recorrido: del cielo a la tierra y de la tierra al cielo, sin que haya jamás dejado de estar en el cielo y nunca se vaya ausentar de la tierra.

Fiesta de la Ascensión del Señor

La Fiesta de la Ascensión del Señor celebra que la humanidad resucitada del Hijo, tras cuarenta días en la tierra con sus discípulos, llega a su gloria, culminando su misión junto al Padre.
Llega al lugar para el que había sido creada la humanidad del Hijo, por medio de la cual ha sido creado todo. Y todo lo creado ha de ser llevado hasta donde está el Hijo para arrimarse, por Él, a Dios Padre.

La Ascensión del Señor permite dos cosas:

1.- Que los discípulos de Jesús asuman sus responsabilidades desde el conocimiento y la vivencia de todo lo que el Maestro ha revelado sobre el Padre.

La presencia de Jesús aún entre nosotros como tras su resurrección habría interrumpido la asunción de nuestra misión y tareas.
2.- En segundo lugar que Él prepara el sitio hacia el que los hijos de Dios avanzamos.

Jesús está donde tendremos que estar nosotros y desde allí tira de nosotros para que progresemos y consuma en nosotros aquello para lo que nos hizo Dios: participar de su gloria.
Esta Ascensión del Señor no es una despreocupación de la tierra; al contrario, que se eleve Jesucristo a las alturas es el ejercicio necesario para que ascienda todo un poco con Él y trabajar allí para que finalmente todo sea elevación, sin que pierda el peso de lo creado.

La Ascensión y la misión

El pasaje del evangelio de san Marcos que narra este acontecimiento se inicia con un mandato de Jesús que hace alusión precisamente a ese trayecto hacia el cielo: "Id". La buena noticia ha de ir sostenida por los pies de los discípulos de Señor.
Solo quien haya tenido experiencia de Cristo resucitado está acreditado a ser pies y vocero de esta alegría del "Dios con nosotros".
Sobre pies humanos se camina a paso humano, pero aligerado y robustecido por el Espíritu Santo. No para que llegue a muchos ni para muchísimos, sino a "toda la creación".
Tenemos que caminar en todas las direcciones, y cada uno sobre la parcela que Dios le pide hollar, sin frustración por llegar a poco, sin pereza para no andar lo que se exige.
A fin de cuentas los pasos humanos avanzan a impulsos de tramos pequeños, pero son pies ungidos por Dios para la misión donde ya está Él presente.
Y les envía cuando en los versículos precedentes (no aparecen en el fragmento de hoy) les ha reprochado su falta de fe por no creer en los testigos de su resurrección.
Por una parte nos avisa de lo importante que es creer a quienes testimonian a Jesús resucitado y a no dar crédito a los que dicen haberlo visto muerto en el sepulcro.
Por otra parte, a pesar de esta incredulidad, se fía de estos "Once" hasta el punto que les encomienda la misión tan importante de continuar con su labor para dar a conocer el amor misericordioso de Dios y su justicia, para que conociéndolo crean en Él y se salven.
Habla también de unos signos que acompañarán a los que crean que hacen referencia a la facilitación de la misión por el Espíritu (expulsar demonios en nombre de Jesús y hablar lenguas nuevas), una especial protección y la capacitación para la salud.
Sube al cielo, a la derecha de Dios Padre, y no deja a sus discípulos solitarios. Desde allí estará tirando de los suyos y del mundo para que progresen en ascenso, cooperando para confirmar la palabra "con las señales que los acompañan", y enviando el Espíritu Santo, que será el compañero imprescindible para dar acometer esta misión y dar fruto.
 

domingo, 13 de mayo de 2018

La Ascensión del Señor Jesús al Cielo. Solemnidad (13 de mayo 2018)

La Ascensión del Señor Jesús al Cielo. Solemnidad

ascension del senor jesus solemnidad

La Ascensión del Señor ocurrió cuarenta días después de la resurrección. Jesús fue llevado al cielo para sentarse a la derecha del Padre

 
La Ascensión del Señor Jesús al Cielo es el acto final de nuestra redención que Cristo comenzó el Viernes Santo. Ocurrió cuarenta días después de que Jesucristo resucitó de entre los muertos en la Pascua. En este día, el Cristo resucitado, a la vista de Sus apóstoles, ascendió corporalmente al Cielo, acontecimiento narrado en los Evangelios de Lucas 24,51, Marcos 16,19, y en el Libro de los Hechos de los Apóstoles 1,9-11.

Fecha: VII Domingo de Pascua

Martirologio romano: Solemnidad de la Ascensión de Nuestro Señor Jesucristo, en la que, cuarenta días después de la resurrección, Jesús fue llevado al cielo ante sus discípulos, para sentarse a la diestra del Padre, hasta que nuevamente, vendrá con gloria para juzgar a los vivos y a los muertos.

Solemnidad de la Ascensión del Señor

La Ascensión del Señor Jesús es tan importante que el Credo de la Iglesia contiene esta afirmación, en las palabras del Credo de los Apóstoles, que "Subió al cielo, y está sentado a la derecha de Dios Padre todopoderoso; De allí vendrá a juzgar a los vivos ya los muertos". Negar la Ascensión de Nuestro Señor es tan grave como la negación misma de la Resurrección de Cristo.
La Ascensión corporal de Cristo prefigura nuestra entrada al cielo, no simplemente como almas después de nuestra muerte, sino como cuerpos glorificados, después de la resurrección en el Juicio Final.
En la humanidad redentora, Cristo no sólo ofreció la salvación a nuestras almas sino que comenzó la restauración del mundo material mismo a la gloria que Dios quiso antes de la caída de Adán.
"Lo vieron levantarse, hasta que una nube se lo quitó de la vista". (Hechos 1,1-1)
"Dios asciende entre aclamaciones; el Señor, al son de trompetas" (Salmos 46,2-3.6-7.8-9)
"…Y todo lo puso bajo sus pies, y lo dio a la Iglesia como cabeza, sobre todo. Ella es su cuerpo, plenitud del que lo acaba todo en todos" (Efesios 1,17-23)
"Después de hablarles, el Señor Jesús subió al cielo y se sentó a la derecha de Dios" (Marcos 16,15-26)
Jesús subió al lugar de donde no se había ido. ¿Cuándo había dejado de estar a la derecha de Dios Padre, a su lado, cara a cara con Él?
Entonces, ¿para qué este trayecto? La carne tiene el mismo peso que la tierra y cuando el Hijo de Dios eterno tomó la carne humana, tomó también su peso.
Apareció una novedad inaudita: lo celeste y lo terreno convivían en comunión en la persona de Jesucristo, no por una originalidad ocurrente, sino con una misión: que toda carne recibiera altura de cielo; es decir que toda persona humana y con ella toda la creación se hiciera de Dios y recibiera inmortalidad y gloria eternas.
Para ello este recorrido: del cielo a la tierra y de la tierra al cielo, sin que haya jamás dejado de estar en el cielo y nunca se vaya ausentar de la tierra.

Fiesta de la Ascensión del Señor

La Fiesta de la Ascensión del Señor celebra que la humanidad resucitada del Hijo, tras cuarenta días en la tierra con sus discípulos, llega a su gloria, culminando su misión junto al Padre.
Llega al lugar para el que había sido creada la humanidad del Hijo, por medio de la cual ha sido creado todo. Y todo lo creado ha de ser llevado hasta donde está el Hijo para arrimarse, por Él, a Dios Padre.

La Ascensión del Señor permite dos cosas:

1.- Que los discípulos de Jesús asuman sus responsabilidades desde el conocimiento y la vivencia de todo lo que el Maestro ha revelado sobre el Padre.

La presencia de Jesús aún entre nosotros como tras su resurrección habría interrumpido la asunción de nuestra misión y tareas.
2.- En segundo lugar que Él prepara el sitio hacia el que los hijos de Dios avanzamos.

Jesús está donde tendremos que estar nosotros y desde allí tira de nosotros para que progresemos y consuma en nosotros aquello para lo que nos hizo Dios: participar de su gloria.
Esta Ascensión del Señor no es una despreocupación de la tierra; al contrario, que se eleve Jesucristo a las alturas es el ejercicio necesario para que ascienda todo un poco con Él y trabajar allí para que finalmente todo sea elevación, sin que pierda el peso de lo creado.

La Ascensión y la misión

El pasaje del evangelio de san Marcos que narra este acontecimiento se inicia con un mandato de Jesús que hace alusión precisamente a ese trayecto hacia el cielo: "Id". La buena noticia ha de ir sostenida por los pies de los discípulos de Señor.
Solo quien haya tenido experiencia de Cristo resucitado está acreditado a ser pies y vocero de esta alegría del "Dios con nosotros".
Sobre pies humanos se camina a paso humano, pero aligerado y robustecido por el Espíritu Santo. No para que llegue a muchos ni para muchísimos, sino a "toda la creación".
Tenemos que caminar en todas las direcciones, y cada uno sobre la parcela que Dios le pide hollar, sin frustración por llegar a poco, sin pereza para no andar lo que se exige.
A fin de cuentas los pasos humanos avanzan a impulsos de tramos pequeños, pero son pies ungidos por Dios para la misión donde ya está Él presente.
Y les envía cuando en los versículos precedentes (no aparecen en el fragmento de hoy) les ha reprochado su falta de fe por no creer en los testigos de su resurrección.
Por una parte nos avisa de lo importante que es creer a quienes testimonian a Jesús resucitado y a no dar crédito a los que dicen haberlo visto muerto en el sepulcro.
Por otra parte, a pesar de esta incredulidad, se fía de estos "Once" hasta el punto que les encomienda la misión tan importante de continuar con su labor para dar a conocer el amor misericordioso de Dios y su justicia, para que conociéndolo crean en Él y se salven.
Habla también de unos signos que acompañarán a los que crean que hacen referencia a la facilitación de la misión por el Espíritu (expulsar demonios en nombre de Jesús y hablar lenguas nuevas), una especial protección y la capacitación para la salud.
Sube al cielo, a la derecha de Dios Padre, y no deja a sus discípulos solitarios. Desde allí estará tirando de los suyos y del mundo para que progresen en ascenso, cooperando para confirmar la palabra "con las señales que los acompañan", y enviando el Espíritu Santo, que será el compañero imprescindible para dar acometer esta misión y dar fruto.

domingo, 28 de mayo de 2017

Solemnidad de la Ascensión del Señor Jesús al Cielo 28052017

Solemnidad de la Ascensión del Señor Jesús al Cielo

 
ascension del senor jesus al cielo solemnidad
 

Cuarenta días después de la resurrección, Jesús fue llevado al cielo ante sus discípulos, para sentarse a la diestra del Padre

 
La Ascensión de Nuestro Señor Jesús al Cielo, que ocurrió 40 días después de que Jesucristo resucitó de entre los muertos en la Pascua, es el acto final de nuestra redención que Cristo comenzó el Viernes Santo. En este día, el Cristo resucitado, a la vista de Sus apóstoles, ascendió corporalmente al Cielo (Lucas 24,51, Marcos 16,19, Hechos 1,9-11)

Fecha: VII Domingo de Pascua

Martirologio romano: Solemnidad de la Ascensión de Nuestro Señor Jesucristo, en la que, cuarenta días después de la resurrección, Jesús fue llevado al cielo ante sus discípulos, para sentarse a la diestra del Padre, hasta que nuevamente, vendrá con gloria para juzgar a los vivos y a los muertos.

Solemnidad de la Ascensión del Señor

La realidad de la Ascensión de Cristo es tan importante que el Credo de la Iglesia contiene esta afirmación, en las palabras del Credo de los Apóstoles, que "Subió al cielo, y está sentado a la derecha de Dios Padre todopoderoso; De allí vendrá a juzgar a los vivos ya los muertos". Negar la Ascensión de Nuestro Señor es tan grave como la negación misma de la Resurrección de Cristo.
La Ascensión corporal de Cristo prefigura nuestra entrada al cielo, no simplemente como almas después de nuestra muerte, sino como cuerpos glorificados, después de la resurrección en el Juicio Final.
En la humanidad redentora, Cristo no sólo ofreció la salvación a nuestras almas sino que comenzó la restauración del mundo material mismo a la gloria que Dios quiso antes de la caída de Adán.
"Lo vieron levantarse, hasta que una nube se lo quitó de la vista" (Hechos 1,1-1)
"Dios asciende entre aclamaciones; el Señor, al son de trompetas" (Salmos 46,2-3.6-7.8-9)
"…Y todo lo puso bajo sus pies, y lo dio a la Iglesia como cabeza, sobre todo. Ella es su cuerpo, plenitud del que lo acaba todo en todos" (Efesios 1,17-23)
"Después de hablarles, el Señor Jesús subió al cielo y se sentó a la derecha de Dios" (Marcos 16,15-26)
Jesús subió al lugar de donde no se había ido. ¿Cuándo había dejado de estar a la derecha de Dios Padre, a su lado, cara a cara con Él?
Entonces, ¿para qué este trayecto? La carne tiene el mismo peso que la tierra y cuando el Hijo de Dios eterno tomó la carne humana, tomó también su peso.
Apareció una novedad inaudita: lo celeste y lo terreno convivían en comunión en la persona de Jesucristo, no por una originalidad ocurrente, sino con una misión: que toda carne recibiera altura de cielo; es decir que toda persona humana y con ella toda la creación se hiciera de Dios y recibiera inmortalidad y gloria eternas.
Para ello este recorrido: del cielo a la tierra y de la tierra al cielo, sin que haya jamás dejado de estar en el cielo y nunca se vaya ausentar de la tierra.
La fiesta de la Ascensión del Señor celebra que la humanidad resucitada del Hijo, tras cuarenta días en la tierra con sus discípulos, llega a su gloria, culminando su misión junto al Padre.
Llega al lugar para el que había sido creada la humanidad del Hijo, por medio de la cual ha sido creado todo. Y todo lo creado ha de ser llevado hasta donde está el Hijo para arrimarse, por Él, a Dios Padre.

La Ascensión del Señor permite dos cosas:

1.- Que los discípulos de Jesús asuman sus responsabilidades desde el conocimiento y la vivencia de todo lo que el Maestro ha revelado sobre el Padre. La presencia de Jesús aún entre nosotros como tras su resurrección habría interrumpido la asunción de nuestra misión y tareas.
2.- En segundo lugar que Él prepara el sitio hacia el que los hijos de Dios avanzamos. Está donde tendremos que estar nosotros y desde allí tira de nosotros para que progresemos y consuma en nosotros aquello para lo que nos hizo Dios: participar de su gloria.
Esta ascensión no es una despreocupación de la tierra; al contrario, que se eleve Jesucristo a las alturas es el ejercicio necesario para que ascienda todo un poco con Él y trabajar allí para que finalmente todo sea elevación, sin que pierda el peso de lo creado.
El pasaje del evangelio de san Marcos que narra este acontecimiento se inicia con un mandato de Jesús que hace alusión precisamente a ese trayecto hacia el cielo: “Id”. La buena noticia ha de ir sostenida por los pies de los discípulos de Señor.
Solo quien haya tenido experiencia de Cristo resucitado está acreditado a ser pies y vocero de esta alegría del “Dios con nosotros”.
Sobre pies humanos se camina a paso humano, pero aligerado y robustecido por el Espíritu Santo. No para que llegue a muchos ni para muchísimos, sino a “toda la creación”.
Tenemos que caminar en todas las direcciones, y cada uno sobre la parcela que Dios le pide hollar, sin frustración por llegar a poco, sin pereza para no andar lo que se exige.
A fin de cuentas los pasos humanos avanzan a impulsos de tramos pequeños, pero son pies ungidos por Dios para la misión donde ya está Él presente.
Y les envía cuando en los versículos precedentes (no aparecen en el fragmento de hoy) les ha reprochado su falta de fe por no creer en los testigos de su resurrección.
Por una parte nos avisa de lo importante que es creer a quienes testimonian a Jesús resucitado y a no dar crédito a los que dicen haberlo visto muerto en el sepulcro.
Por otra parte, a pesar de esta incredulidad, se fía de estos “Once” hasta el punto que les encomienda la misión tan importante de continuar con su labor para dar a conocer el amor misericordioso de Dios y su justicia, para que conociéndolo crean en Él y se salven.
Habla también de unos signos que acompañarán a los que crean que hacen referencia a la facilitación de la misión por el Espíritu (expulsar demonios en nombre de Jesús y hablar lenguas nuevas), una especial protección y la capacitación para la salud.
Sube al cielo, a la derecha de Dios Padre, y no deja a sus discípulos solitarios. Desde allí estará tirando de los suyos y del mundo para que progresen en ascenso, cooperando para confirmar la palabra “con las señales que los acompañan”, y enviando el Espíritu Santo, que será el compañero imprescindible para dar acometer esta misión y dar fruto.
 
Redacción : PildorasdeFe.net | Biografía de Santos y Beatos | Con información de Iglesia en daimiel

domingo, 8 de mayo de 2016

Solemnidad de la Ascensión del Señor 08052016

Solemnidad de la Ascensión del Señor



La Ascensión del  Señor

A los cuarenta días después de la Resurrección habiendo instruido a sus Apóstoles sobre la nobilísima misión de establecer el Reino de Dios en el mundo, Jesús iba a subir al cielo, donde le esperaban las glorias celestiales. Bendijo a su querida Madre, a los Apóstoles y discípulos y se despidió de ellos. Una nube lo ocultó de sus miradas.

Le acompañaban innumerables espíritus, los primeros frutos de la redención, que Él había sacado del Limbo. Las jerarquías angélicas salían al encuentro del Salvador del mundo.
Al situarse junto al Padre, toda la corte celestial entonó un himno glorioso de alabanza, como el que oyó Juan en sus visiones: "Digno es el Cordero, que ha sido degollado, de recibir el poder y la riqueza, la sabiduría y la fuerza, la honra, la gloria y la alabanza" (Ap 5, 12).
Jesús entró en los cielos para tomar posesión de su gloria. Mientras estaba en la tierra, gustaba siempre de la visión de Dios; pero únicamente en la Transfiguración se manifestó la gloria de su Humanidad Sacratísima, que, por la Ascensión, se colocó al lado del Padre celestial y quedó ensalzada sobre toda criatura humana.
La noche antes de morir oraba Jesús al Padre diciendo: "Te he glorificado en la tierra, cumpliendo la obra que me habías encargado. Ahora tú, Padre, dame junto a ti la misma Gloria que tenía a tu lado desde antes que comenzara el mundo" (Juan 17, 4).
Por estar unida al Verbo Divino, que es la segunda persona de la Santísima Trinidad, la Humanidad de Jesús disfruta del derecho a la gloria eterna. Comparte con el Padre la infinita felicidad y poder de Dios. Justa recompensa por todo lo que hizo y mereció en la tierra. Humanidad elevada al Cielo por encima de toda criatura, porque en la tierra por debajo de todo se humilló.
Cuando acabe la lucha en esta vida, Jesús nos dará la gracia de compartir eternamente el gozo de su victoria.
Jesús subió a los cielos para ser nuestro Mediador ante el Padre. Allí está intercediendo por nosotros. Subió para rendir cuentas al Padre celestial de la gran obra que había acabado en la tierra. La Iglesia nació, la gracia brota en abundancia de su Cruz en el Calvario y se distribuye por los Sacramentos, la duda de justicia es pagada, la muerte y el infierno son vencidos, el Cielo es abierto y el hombre es puesto en el camino de salvación. Jesús merecía este glorioso recibimiento, al regresar a su hogar.
La Ascensión, además, es garantía de nuestra propia subida al Cielo, después del Juicio de Dios. Fue a prepararnos sitio en su Reino y prometió volver para llevarnos con Él.
Vayamos en espíritu con Jesús al Cielo y moremos allí. Sea esta nuestra aspiración ahora en fe, esperanza en caridad. Busquemos solamente los gozos verdaderos.

Lo vieron levantarse   (Hc  1, 1-11)
En mi primer libro, querido Teófilo, escribí de todo lo que Jesús fue haciendo y enseñando hasta el día en que dio instrucciones a los apóstoles, que había escogido, movido por el Espíritu Santo, y ascendió al cielo. Se les presentó después de su pasión, dándoles numerosas pruebas de que estaba vivo, y, apareciéndoseles durante cuarenta días, les habló del reino de Dios.
Una vez que comían juntos, les recomendó: «No os alejéis de Jerusalén; aguardad que se cumpla la promesa de mi Padre, de la que yo os he hablado. Juan bautizó con agua, dentro de pocos días vosotros seréis bautizados con Espíritu Santo.» Ellos lo rodearon preguntándole:- «Señor, ¿es ahora cuando vas a restaurar el reino de Israel?» Jesús contestó: «No os toca a vosotros conocer los tiempos y las fechas que el Padre ha establecido con su autoridad. Cuando el Espíritu Santo descienda sobre vosotros, recibiréis fuerza para ser mis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria y hasta los confines del mundo.»
Dicho esto, lo vieron levantarse, hasta que una nube se lo quitó de la vista. Mientras miraban fijos al cielo, viéndolo irse, se les presentaron dos hombres vestidos de blanco, que les dijeron:- «Galileos, ¿qué hacéis ahí plantados mirando al cielo? El mismo Jesús que os ha dejado para subir al cielo volverá como le habéis visto marcharse.»
Palabra de Dios.

Novena de la Ascensión
Palabra de Dios
Con esto, el Señor Jesús, después de hablarles, fue elevado al cielo y se sentó a la diestra de Dios. (Marcos 16, 19)
Por eso dice: Subiendo a la altura, llevó cautivos y dio dones a los hombres. (Ef 4,8 y Sal 68, 19)
Así pues, si habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios.
Aspirad a las cosas de arriba, no a las de la tierra. (Col 3, 1-2)

Oración propia de la Novena
Jesús, te rindo homenaje en la fiesta de tu Ascensión a los Cielos. Me alegro de todo corazón por la gloria en que has entrado a reinar como Señor del Cielo y tierra. Cuando acabe la lucha de este mundo, dame la gracia de compartir en el Cielo el gozo de tu victoria por toda la eternidad.
Yo creo que entraste en tu Reino glorioso a preparar mi sitio, pues prometiste volver y llevarme contigo. Concédeme buscar solamente la dicha de tu amor y amistad, para que yo merezca unirme contigo en el Cielo.
Cuando me llegue la hora de subir y presentarme al Padre para rendir cuentas de mi vida, ten compasión de mí.
Jesús, por el amor que me tienes, me has trasladado del mal al bien y de la desgracia a la felicidad. Dame la gracia de elevarme sobre mi debilidad humana. Que tu Humanidad me dé fuerza en la flaqueza y me libre de los pecados.
Con tu gloria dame ánimo de perseverancia, pues me has llamado y justificado por la fe. Que yo profundice en la vida que me has dado y alcance los premios eternos que prometes.
Tu me amas, buenísimo Jesús. Haz que yo a mi vez te ame. Te pido ahora esta gracia en particular (mencione el favor que desea).
En tu constante providencia, guía mis pasos a la vida gloriosa que has preparado para aquellos que te aman. Hazme crecer en santidad y darte gracias, viviendo fielmente para Ti.
Alabanza a Jesús glorioso
Te alabo, Corazón de Jesús amadísimo, Fuente de toda bondad.
Te alabo, Corazón de Jesús, todo bondad, por las infinitas gracias que has dado y seguirás dando a las almas de los justos
Te alabo, Corazón de Jesús, por el tierno amor con que has aliviado tan frecuentemente los corazones devotos con tu divino consuelo.
Te alabo, Corazón de Jesús, que eres todo amor, por la plenitud de tu gracia, el esplendor de tus virtudes, la generosidad de tu corazón y la pureza de tu amor.
Te alabo, Real Corazón de Jesús por tu victoria sobre la muerte y el pecado, tu poder sobre las almas y el triunfo sobre la muerte y el pecado, tu poder sobre las almas y el triunfo sobre vivos y difuntos.
Te alabo, Corazón tan pobre siendo tan rico, por haber despreciado las riquezas terrenas y haber renunciado a los honores mundanales.
Te alabo, Corazón de Jesús obedientísimo por tener hambre de cumplir la voluntad del Padre, y estar sediento de la mayor gloria de Dios y salvación de las almas.
Te alabo, Corazón de Jesús generosísimo, que no buscaste tu gloria propia; Corazón pascientísimo, que voluntariamente sobrellevaste los mayores insultos; Corazón más abnegado, que anhelabas la Cruz y la abrazaste con amor.
Sacratísimo Corazón de Jesús, enséñame a amarte con todo mi corazón y concede que en la medida de mis limitadas fuerzas imite yo tus admirables virtudes. Amén.
Oración
Dios y Padre nuestro, haznos participar del gozo de la Ascensión de tu Hijo Jesucristo. Que sigamos en la nueva creación, pues su ascensión es nuestra gloria y nuestra esperanza. Te lo pedimos por nuestro Señor Jesucristo.
Amén.