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domingo, 7 de mayo de 2017

Amato beatifica siete mártires y denuncia el «holocausto católico» de los años 30 en España 06052017

El Cardenal ha presidido la ceremonia en la catedral de Gerona

Amato beatifica siete mártires y denuncia el «holocausto católico» de los años 30 en España

Amato beatifica siete mártires y denuncia el «holocausto católico» de los años 30 en España

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6 mayo 2017
La catedral de Gerona acaba de vivir este sábado 6 de mayo una fiesta muy especial con la beatificación de siete religiosos de la congregación de los Misioneros del Sagrado Corazón que fueron martirizados por su fe el 29 de septiembre de 1936 en la localidad gerundense de Pont de Ser. Tal y como explica Miguel Ángel Malavia en la web de la revista Vida Nueva, todos ellos tenían entre 20 y 28 años y estaban en el seminario menor y en el noviciado de su congregación en Canet de Mar, de ahí que sean conocidos como los “mártires de Canet”.



La ceremonia ha sido presidida por el cardenal Angelo Amato, prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos, concelebrando con él el obispo gerundense, Francesc Pardo. En su homilía, Amato ha recordado la principal enseñanza que transmite todo mártir: “La esencia del cristianismo es la caridad. El Evangelio es la escuela de la caridad sin límites, abierta no solo a los amigos, sino también a los enemigos”.

Sin embargo, si bien “la palabra de Jesús es una palabra de amor y no de odio”, generando el amor “bondad y compresión”, en el otro extremo está el odio, que “crea divisiones y persecuciones”. “En todas las partes de la tierra –ha lamentado el purpurado–, ayer como hoy, el odio contra la Iglesia hace estragos en personas indefensas e inocentes, solo porque son cristianas”. De este modo olvidan los agresores que “la sociedad humana no tiene necesidad de odio, sino de amor. Es el amor su ancla de salvación. Es la misteriosa fuerza del amor la que hace vivir y crecer a la humanidad en la paz y en la concordia”

Discriminación arbitraria
A continuación, Amato ha recordado el testimonio concreto de los mártires de Canet y el difícil contexto de la España de la II República y la Guerra Civil: “Este suceso nos hace revivir una página trágica de la historia de España, pero también una página de heroísmo cristiano. En los años treinta del siglo pasado estalló una violenta y devastadora persecución contra la Iglesia. Los católicos fueron objeto de una discriminación arbitraria e intolerante. Se prohibió el crucifijo en las escuelas, se suprimieron las congregaciones religiosas y se confiscaron sus bienes, se destruyeron edificios e iglesias, se incendiaron tesoros inestimables de espacios sacros, herencia del ingenio artístico de los siglos pasados. Por donde pasaban los milicianos, dejaban cadáveres y ruinas”.

En este punto, Amato ha ido más allá y ha remarcado que, “por primera vez en la historia de España, pareció prevalecer la falsa ideología de que la Iglesia fuese un peligro y no, en cambio, un precioso recurso social y cultural para el desarrollo de una nación. Se programó su eliminación no solo jurídica, sino física, matando sin piedad a obispos, sacerdotes y laicos”. Un panorama que no ha dudado en identificar con el de un verdadero holocausto católico en España”.



Con pesar, Amato ha recordado cómo esta oleada de odio se dirigió en Canet contra la comunidad de los Misioneros del Sagrado Corazón de Jesús, tenidos por sus vecinos como unos “buenos educadores de jóvenes estudiantes” y unos “fieles imitadores de Cristo, el buen pastor”, involucrándose “en la defensa de los pequeños estudiantes, incluso a riesgo de la propia vida”. Pese a ello, sus asesinos se ensañaron con ellos. Así, la joven que descubrió los cadáveres “se quedó horrorizada al ver sus rostros desfigurados. Habían sido acribillados por una gran cantidad de balas en todas las partes de su cuerpo”. Después de su fusilamiento, dejaron los cuerpos “profanados y abandonados”.

No hubo arrepentimiento
Entre los asesinos, ha concluido Amato, no hubo “ningún arrepentimiento, ninguna piedad, ninguna humanidad”. Pero, frente a este “misterio trágico del mal”, reluce “la extraordinaria fuerza espiritual de los justos, en los que resplandece la luz del bien, que vence siempre al mal”.

Desde hace unos minutos, ya están en los altares los mártires de Canet. Originarios de distintas localidades de Burgos, Palencia, Pamplona, Barcelona, León y Zamora, los nuevos beatos son Antonio Arribas, Abundio Martín Rodríguez, Jesús Moreno, José Vergara, José-Oriol Isern, Gumersindo Gómez y José del Amo.

sábado, 22 de abril de 2017

Beatifican en España al P. Luis Ormières “verdadero discípulo del Señor Resucitado”

Beatifican en España al P. Luis Ormières “verdadero discípulo del Señor Resucitado”

Por Blanca Ruiz

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MADRID, 22 Abr. 17 / 06:20 am (ACI).- El Cardenal Angelo Amato, Prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos, beatificó este sábado 22 de abril en la Catedral de Oviedo (España) al P. Luis Ormières, fundador de la Congregación del Santo Ángel de quien afirmó que fue “un auténtico discípulo del Señor Resucitado”.
Según afirmó el Cardenal Amato en su homilía de la Misa de beatificación, el P. Luis Ormières “se distinguió por su apostolado con los más pequeños y necesitados de formación cristiana y de instrucción humana. A su muerte en Gijón (España) 1890, había fundado 87 escuelas en Francia y España".
"El nuevo beato era un educador nato, hombre de acción y servicio” y “un auténtico discípulo del Señor Resucitado”.
“En él la misericordia de Dios se hacía ternura con los pequeños, los débiles, los pobres, los inocentes”, “su regla de vida eran los Evangelios, su fe se alimentaba de la palabra de Dios, de la Eucaristía, de la filial devoción a María. Y repetía con frecuencia el acto de confianza en la providencia ‘Fiat voluntas tua (Hágase tu voluntad)’”, subrayó.
Además, el Prefecto insistió en la manera especialmente intensa en la que el P. Ormières vivió la caridad ya que pidió ir ayudar a una parroquia que había sido afectada por una grave epidemia.
“Era tan generoso en asistir a los enfermos que el Obispo le llamó 'verdadero mártir de la caridad', acudía rápidamente a socorrer a quien se encontraba en dificultad” e “invitaba a sus hijas espirituales a ayudar a los desventurados. Les decía: ‘Hijas mías debéis tomar alas y ser valientes’”, recordó el Cardenal Amato.
Una respuesta pronta y generosa que también animaba a las religiosas del Santo Ángel a ser “verdaderos ángeles custodios del prójimo necesitados de guía y de consuelo, con una actitud de sencillez humilde y confiada en el Señor, de generosidad en el servicio, de disponibilidad al anuncio del Reino de Dios mediante el testimonio coherente del Evangelio”.
El Cardenal Amato también afirmó que “las virtudes son anillos de la cadena de oro de la santidad, quien posee una posee las otras”.
Por eso destacó que “de la gran fe de nuestro beato manaban la templanza, la mansedumbre, la humildad y se sabe que la humildad es el fundamento de toda virtud. El P. Ormières sobresalía en la humildad, era humilde en la presencia, en los modos en la enseñanza”.
“Para él la pobreza era vida de trabajo, y él daba ejemplo era un trabajador incansable. Sentía la necesidad irresistible de trabajar por los pobres y socorría con generosidad y a los que hablaba de la bondad de Dios”, subrayó el Prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos.
“Era humilde, pobre y trabajador, siempre entregado a la voluntad de Dios. Este fue el secreto de su santidad, esta es la palabra que confía a sus religiosas, a los sacerdotes a los educadores y a todos nosotros para que todos puedan llegar a ser discípulos de cristo y benefactores de la humanidad”, resaltó el Cardenal.
El Cardenal Amato animó a las hermanas del Ángel de la Guarda a que la beatificación de su fundador les infunda “confianza y entusiasmo en su vocación, para continuar con renovado impulso creativo su precioso apostolado en la Iglesia y también en el mundo, sobre todo en aquellas tierras en las que el rostro misericordioso de Cristo es todavía desconocido”.
En la celebración de esta beatificación también participaron el Arzobispo de Oviedo, Mons. Jesús Sanz; el Obispo de León, Mons. Julián López; el Obispo de Santander, Mons. Manuel Sánchez Monge; y el Nuncio Apostólico en España, Mons. Renzo Frattini, entre otros.
Breve biografía
El P. Luis Ormières nació en Quillán (Francia) en 1890, se ordenó sacerdote con 24 años de edad en la diócesis de Carcassonne (Francia). Allí descubrió su vocación a la educación de los más necesitados y fundó la Congregación de las Hermanas del Santo Ángel.
Según recordó la hermana Carmen Trejo, postuladora de la causa de beatificación, durante la ceremonia, la meta del P. Ormières “era formar hijos de Dios”.
La postuladora destacó también la fama de santidad del fundador ya que “desde 1883, el P. Ormières vivió en Gijón (España) y comienzan a llamarle “el santín de Dios”.
“El 16 de enero de 1890, con la paz y serenidad que caracterizó su vida, entrega su existencia a Dios. Y hay una voz común entre todos los que le conocían: ‘El santo ha muerto’”, aseguró la postuladora.
La Congregación del Santo Ángel está presente en Europa, pero especialmente en América Latina, África y Asia. Su carisma se centra en la educación y formación de los jóvenes más necesitados.

domingo, 26 de marzo de 2017

El cardenal Amato habla de una persecución en España «quizás no violenta, pero igual de homicida»

Beatifican a 115 mártires de Almería asesinados durante la Guerra Civil española

El cardenal Amato habla de una persecución en España «quizás no violenta, pero igual de homicida»

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26 marzo 2017
El cardenal Amato habla de una persecución en España «quizás no violenta, pero igual de homicida»
Cardenal Amato
El Cardenal Angelo Amato, Prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos, presidió este sábado 25 de marzo en la ciudad de Almería la Misa de beatificación de 115 mártires asesinados durante la persecución religiosa de la Guerra Civil Española.

Los nuevos beatos son un "tesoro espiritual" para la Iglesia
En su homilía, el Purpurado afirmó que estos nuevos beatos son un “tesoro espiritual” al que se puede acudir ante la persecución actual que sufren los fieles, quizás no violenta pero igual de homicida, destinada a “desacreditar la herencia cristiana”.

La primera mujer gitana beatificada
Esta causa de beatificación está encabezada por el deán José Álvarez-Benavides y de la Torre y 114 compañeros mártires: 95 sacerdotes, 18 laicos hombres y 2 mujeres. Entre ellas destaca la figura de Emilia Fernández, la primera mujer gitana beatificada.

El Cardenal Amato subrayó durante la homilía, que el sacrificio de estos mártires, “constituye para la Iglesia de Almería un tesoro espiritual al que acudir frecuentemente para fortalecer el testimonio cotidiano, frente a una persecución quizás no violenta, pero igual de homicida porque intencionada, también ella, a desacreditar la herencia cristiana”.

También destacó que durante la persecución religiosa de la Guerra Civil Española entre 1936 y 1939, “España tierra de santos, teólogos y misioneros, de fundadores de grandes órdenes religiosas, se convirtió repentinamente en terreno de conquista de los 3 funestos caballos del apocalipsis” donde parecía “que el reino del anticristo se hubiera adueñado de vuestra tierra bendita”.

La anulación del cristianismo
“En aquel tiempo en España prevaleció la ideología anticristiana” que pretendía “la anulación total de la Iglesia, de los sacerdotes y los laicos comprometidos en el apostolado católico”, destacó.

Una larga Cuaresma de pasión
“Los procesos sumarios, cuando se hicieron, se concluían fatalmente con condenas a muerte. En aquella larga Cuaresma de pasión, en el calvario español, no había solo tres cruces, sino miles y miles de crucificados diseminados por todo el país”, aseguró el Prefecto.

Ante los numerosos mártires que murieron por su fe en Jesucristo durante los años 1936-1939, y en especial ante este grupo de 115, el Cardenal Amato insistió en que “nos incumbe el deber de la memoria para no descuidar este patrimonio incomparable de obediencia al Dios de la vida, a su palabra de caridad”.

Animó a recordar a los mártires para “repetir que el Cristianismo es la religión de la caridad y de la vida, y que se opone a toda forma de prevaricación y violencia”, aseguró.

El Prefecto destacó al sacerdote José Álvarez-Benavides y de la Torre, deán de la Catedral de Almería que murió mártir con 72 años: “Era devotísimo de la Inmaculada e invitaba a los jóvenes a rezar el Santo rosario. Arrestado en los últimos días de julio de 1936, su prisión fue una barca para el transporte de hierro”.

También apuntó que, a pesar de las circunstancias adversas, el P. José “logró crear entre los prisioneros un clima de recogimiento y de oración. Se le pidió bajo innumerables formas de tortura renegar de la fe y blasfemar del nombre de Cristo, pero él se opuso hasta el final. Murió fusilado, confesando a Cristo Rey y perdonando a sus verdugos”.

Entre los laicos beatificados hoy, el Cardenal Amato destacó a Luis Belda, de 34 años, perteneciente a la Acción Católica y abogado del estado.

“Se entregó voluntariamente a los milicianos para no comprometer a su familia, el único motivo de su prisión era ser católico. Sus últimas palabras, gritando a su mujer desde la barca antes del fusilamiento fueron: ‘Perdono de corazón a todos los que me han ofendido y a los que me pueden hacer daño’. Sus restos mortales fueron encontrados flotando sobres las olas cerca de la playa”, precisó el Cardenal.

También se recordó a Emilia Fernández, la canastera de Tíjola, “gitana de raza y mártir del rosario”. Emilia es la primera mujer gitana beatificada mientras que el primer beato gitano fue Ceferino Giménez, el “Pelé”, elevado a los altares por San Juan Pablo II.

Otro de los mártires que el Cardenal Amato destacó durante la homilía fue Carmen Godoy, de 49 años, una mujer adinerada que utilizaba su dinero para obras de caridad.
“Las milicianas se divertían torturándola y haciéndole pasar hambre y sed. Fue herida con un puñal, medio ahogada en el mar y, la última noche del año 1936, después de ser maltratada y mutilada en el pecho, fue enterrada aún viva”, recordó el Cardenal.

En ese sentido el Prefecto afirmó que estos son “sólo pocos ejemplos de personas buenas, desarmadas e inocentes que, como corderos, debieron someterse a abusos perversos”.

Testimonios que nos ponen “de frente, por una parte, ante la dignidad del bien y por otra, la estupidez irracional del mal”.

“Son los mártires los que nos dicen no tengáis miedo y perseverad con valentía en la fe, porque el Señor Jesús ha resucitado y está siempre con nosotros hasta el fin del mundo”.

Concelebraron con el Cardenal Amato el Obispo de Almería, Mons. Adolfo González, y el Obispo de Granada, Mons. Francisco Javier Martínez.

También participaron en la beatificación, el Nuncio Apostólica en España, Mons. Renzo Frattini; el Cardenal Ricardo Blázquez, Arzobispo de Valladolid y presidente de la Conferencia Episcopal Española; el Cardenal Carlos Osoro, Arzobispo de Madrid; el Arzobispo de Valencia, el Cardenal Antonio Cañizares y el Cardenal Emérito de Sevilla, Mons. Carlos Amigo.

Además de otros 18 Arzobispos y Obispos de diversas diócesis españolas.