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jueves, 23 de marzo de 2017

La Iglesia puede y debe ayudar al renacer de Europa, resuenan las palabras del Papa Francisco 23032017

La Iglesia puede y debe ayudar al renacer de Europa, resuenan las palabras del Papa Francisco

Desear juntos un impulso nuevo y audaz para una Europa capaz de dar a luz un nuevo humanismo, deseó el Papa al recibir el Premio Carlomagno - OSS_ROM
23/03/2017 13:40
Desear juntos un impulso nuevo y audaz para una Europa capaz de dar a luz un nuevo humanismo
 
(RV).- Ante la audiencia del Papa Francisco – el 24 de marzo - a los Jefes de Estado y de Gobierno de la Unión Europea, llegados a Italia para las celebraciones del 60 aniversario de los Tratados de Roma, resuenan las palabras del Santo Padre, al recibir el Premio Carlomagno.
El 6 de mayo de 2016, el Papa Francisco, con profunda gratitud, empezó su denso discurso ofreciendo a su vez al continente europeo el galardón e invitando a un renovado y audaz impulso:
«Deseo reiterar mi intención de ofrecer a Europa el prestigioso premio con el cual he sido honrado: no hagamos un mero un gesto celebrativo, sino que aprovechemos más bien esta ocasión para desear todos juntos un impulso nuevo y audaz para este amado Continente».
Recordando el valioso testimonio que ha dado Europa a la humanidad, con su creatividad, ingenio, capacidad de levantarse y de salir de sus propios límites, que pertenecen al alma europea, junto con la tutela de los derechos humanos, de la democracia y de la libertad, el Obispo de Roma hizo hincapié en la importancia de inspirarse en el pasado, para afrontar con valentía el complejo cuadro multipolar de nuestros días, aceptando con determinación el reto de «actualizar la idea de Europa»:
«Una Europa capaz de dar a luz un nuevo humanismo basado en tres capacidades: la capacidad de integrar, capacidad de dialogar y la capacidad de generar».
Invitando a impulsar estas tres capacidades, el Papa recordó la tarea y misión de la Iglesia, con el anuncio y testimonio del Evangelio, brindando la presencia y misericordia de Jesús:
«La Iglesia puede y debe ayudar al renacer de una Europa cansada, pero todavía rica de energías y de potencialidades. Su tarea coincide con su misión: el anuncio del Evangelio, que hoy más que nunca se traduce principalmente en salir al encuentro de las heridas del hombre, llevando la presencia fuerte y sencilla de Jesús, su misericordia que consuela y anima. Dios desea habitar entre los hombres, pero puede hacerlo solamente a través de hombres y mujeres que, al igual que los grandes evangelizadores del continente, estén tocados por él y vivan el Evangelio sin buscar otras cosas. Sólo una Iglesia rica en testigos podrá llevar de nuevo el agua pura del Evangelio a las raíces de Europa. En esto, el camino de los cristianos hacia la unidad plena es un gran signo de los tiempos, y también la exigencia urgente de responder al Señor «para que todos sean uno» (Jn 17,21)».
El Papa Francisco culminó su discurso presentando con esperanza su sueño: «un nuevo humanismo» para una Europa madre, que da vida. Una Europa hermana, que socorre y acoge a los más necesitados. Una Europa de familias, que no olvida a los jóvenes ni a los ancianos. Una Europa que no desmaya en su compromiso en favor de los derechos humanos:
«Con la mente y el corazón, con esperanza y sin vana nostalgia, como un hijo que encuentra en la madre Europa sus raíces de vida y fe, sueño un nuevo humanismo europeo, «un proceso constante de humanización», para el que hace falta «memoria, valor y una sana y humana utopía».  Sueño una Europa joven, capaz de ser todavía madre: una madre que tenga vida, porque respeta la vida y ofrece esperanza de vida. Sueño una Europa que se hace cargo del niño, que como un hermano socorre al pobre y a los que vienen en busca de acogida, porque ya no tienen nada y piden refugio. Sueño una Europa que escucha y valora a los enfermos y a los ancianos, para que no sean reducidos a objetos improductivos de descarte. Sueño una Europa, donde ser emigrante no sea un delito, sino una invitación a un mayor compromiso con la dignidad de todo ser humano. Sueño una Europa donde los jóvenes respiren el aire limpio de la honestidad, amen la belleza de la cultura y de una vida sencilla, no contaminada por las infinitas necesidades del consumismo; donde casarse y tener hijos sea una responsabilidad y una gran alegría, y no un problema debido a la falta de un trabajo suficientemente estable. Sueño una Europa de las familias, con políticas realmente eficaces, centradas en los rostros más que en los números, en el nacimiento de hijos más que en el aumento de los bienes. Sueño una Europa que promueva y proteja los derechos de cada uno, sin olvidar los deberes para con todos. Sueño una Europa de la cual no se pueda decir que su compromiso por los derechos humanos ha sido su última utopía».
(CdM – RV)

martes, 31 de mayo de 2016

Homilía del Papa: el cristiano sirve inmediatamente y con alegría 31052016

Homilía del Papa: el cristiano sirve inmediatamente y con alegría


El Santo Padre Francisco celebra la Misa matutina en la capilla de la Casa de Santa Marta - OSS_ROM
31/05/2016 12:49

Una liturgia llena de alegría
 
(RV).- Si “aprendiéramos el servicio y a salir al encuentro de los demás”, cómo “cambiaría el mundo”. Con esta consideración el Papa Francisco concluyó la homilía de la Misa de la mañana celebrada en la capilla de la Casa de Santa Marta. El Pontífice dedicó su reflexión a la Virgen, en el día conclusivo del mes mariano. Y afirmó que el servicio y el encuentro, hacen experimentar una “alegría” que “colma la vida”.
Coraje femenino, capacidad de salir al encuentro de los demás, mano extendida en el sentido de ayuda, diligencia, y, sobre todo alegría, de esas que colman el corazón y dan sentido a la vida y un rumbo nuevo.
La alegría y la cara torcida
Inspirándose en el pasaje del Evangelio que narra la visita de María a Santa Isabel; pasaje que, junto a las palabras del Profeta Sofonías en la Primera lectura y de San Pablo en la Segunda, Francisco afirmó que estos conceptos presentan una liturgia “llena de alegría”, que llega como una ventada de “aire fresco” para “colmar nuestra vida”:
“Qué feo esos cristianos con la cara torcida, los cristianos tristes. Qué cosa fea, fea, fea. No son plenamente cristianos. Creen que los son, pero no lo son plenamente. Éste es el mensaje cristiano. Y en este clima de alegría, que la liturgia nos da hoy como un regalo, quisiera subrayar sólo dos cosas: primero: una actitud; y segundo: un hecho. La actitud es el servicio”.
Las mujeres, coraje de la Iglesia
Además el Papa observó que María desarrolla su servicio sin titubeos. De hecho, tal como se lee en el Evangelio, “fue inmediatamente” y esto, afirmó Francisco, a pesar de estar embarazada y correr el riesgo de encontrarse con algún bandido a lo largo del camino. “Esta muchacha de 16 o 17 años, dijo, “era valerosa. Se levanta y va”, sin excusas:
“Coraje de mujer. Las mujeres valerosas que hay en la Iglesia: son como la Virgen. Estas mujeres que llevan adelante la familia, estas mujeres que llevan adelante la educación de los hijos, que afrontan tantas adversidades, tanto dolor, que cuidan a los enfermos… Valerosas: se levantan y sirven, sirven. El servicio es signo cristiano. Quien no vive para servir, no sirve para vivir. Servicio en la alegría, ésta es la actitud que yo quisiera subrayar hoy. Hay alegría y también servicio. Siempre para servir”.
El encuentro es un signo cristiano
El segundo punto sobre el que el Papa se detuvo en su homilía fue el encuentro entre María y su prima. Y evidenció que “estas dos mujeres se encuentran y se encuentran con alegría”, aquel momento es “toda una fiesta”. De ahí que haya afirmado “si nosotros aprendiéramos esto”, es decir el servicio, y a “salir al encuentro de los demás, cómo cambiaría el mundo”:
“El encuentro es otro signo cristiano. Una persona que dice ser cristiana y no es capaz de salir al encuentro de los demás, de encontrar a los demás, no es totalmente cristiana. Tanto el servicio como el encuentro requieren Salir de sí mismos: salir para servir y salir para encontrar, para abrazar a otra persona. Con este servicio de María, con este encuentro, se renueva la promesa del Señor, se pone en práctica en el presente, en aquel presente. Y precisamente el Señor – como hemos escuchado en la primera Lectura: ‘El Señor tu Dios está en medio de ti” – el Señor está en el servicio, el Señor está en el encuentro”.
(María Fernanda Bernasconi - RV).

lunes, 30 de mayo de 2016

Homilía del Papa: la Iglesia es memoria y esperanza 30052016

Homilía del Papa: la Iglesia es memoria y esperanza

El Santo Padre Francisco celebra la Misa matutina en la capilla de la Casa de Santa Marta - OSS_ROM
30/05/2016 12:24
 
(RV). En su camino de fe, la Iglesia y cada cristiano deben estar atentos a no encerrarse en un sistema de normas, sino que deben dejar espacio a la “memoria” de los dones recibidos por Dios, al dinamismo de la “profecía” y al horizonte de la “esperanza”. El Papa Francisco resumió con estas tres palabras su homilía de la Misa de la mañana, celebrada en la capilla de la Casa se Santa Marta.
El andamiaje de la ley que todo delimita y el soplo liberador de la profecía que impulsa más allá de los confines. En la vida de la fe – advirtió el Pontífice – el exceso de confianza en la norma puede sofocar el valor de la memoria y el dinamismo del Espíritu. Jesús, en el pasaje evangélico del día, demuestra este asunto a los escribas y a los fariseos – que querrían hacerlo callar – con la parábola de los viñadores homicidas. Contra el dueño que para ellos ha plantado encomendándosela; una viña bien organizada, los campesinos colonos deciden rebelarse, pegando y matando a los siervos que aquel patrón envía para pedir la cosecha que le corresponde. El culmen del drama es el asesinato del único hijo del patrón, hecho que habría permitido, según pensaban injustamente los campesinos, que se quedaran con toda la herencia.
Casuística y libertad
El Santo Padre afirmó que asesinar a los siervos y al hijo – imagen de los profetas de la Biblia y de Cristo – muestra a “un pueblo encerrado en sí mismo, que no se abre a las promesas de Dios, que no espera las promesas de Dios. Y dijo que se trata de un pueblo “sin memoria, sin profecía y sin esperanza”. A la vez que añadió que a los jefes del pueblo, y de modo especial, les interesa levantar un muro de leyes, “un sistema jurídico cerrado”, y nada más:
“La memoria no interesa. La profecía: mejor que no vengan los profetas. ¿Y la esperanza? Pero, cada uno la verá. Este es el il sistema a través del cual ellos legalizan: doctores de la ley, teólogos que siempre van por la vía de la casuística y no permiten la libertad del Espíritu Santo; no reconocen el don de Dios, el don del Espíritu y enjaulan al Espíritu, porque no permiten la profecía en la esperanza”.
“Este es el sistema religioso al que habla Jesús. ‘Un sistema – come dice la Primera Lectura – de corrupción, de mundanidad y de concupiscencia’, tal como San Pedro dice en la Primera Lectura”.
La memoria nos hace libres
El Santo Padre afirmó que, en el fondo, el mismo Jesús se siente tentado de perder la memoria de su misión, la tentación de no dar lugar a la profecía y preferir la seguridad en lugar de la esperanza, es decir, la esencia de las tres tentaciones que sufrió en el desierto. De ahí su observación:
“A esta gente Jesús les reprocha, porque conocía en sí mismo la tentación: ‘Ustedes van por medio mundo para conseguir un prosélito y cuando lo encuentran, lo hacen esclavo’. ¡Este pueblo tan organizado, esta Iglesia tan organizada hace esclavos! Y así se entiende la reacción de Pablo cuando habla de la esclavitud de la ley y de la libertad que te da la gracia. Un pueblo es libre, una Iglesia es libre cuando hace memoria, cuando deja lugar a los profetas, cuando no pierde la esperanza”.
¿Corazón abierto o enjaulado?
El Obispo de Roma subrayó que la viña bien organizada es “la imagen del pueblo de Dios, la imagen de la Iglesia y también la imagen de nuestra alma”, de la que el Padre se ocupa siempre con “tanto amor y tanta ternura”. Rebelarse a Él es como para los viñadores homicidas, “perder la memoria del don” recibido por Dios, mientras “para recordar y no equivocarse en el camino” es importante “volver siempre a las raíces”:
“¿Yo tengo memoria de las maravillas que el Señor ha hecho en mi vida? ¿Tengo memoria de los dones del Señor? ¿Yo soy capaz de abrir el corazón a los profetas, es decir al que me dice ‘esto no va, debes ir hacia allá; ve adelante, corre el riesgo’? Esto hacen los profetas… ¿Yo estoy abierto a eso o soy temeroso y prefiero encerrarme en la jaula de la ley? Y al final: ¿yo tengo esperanza en las promesas de Dios, como tuvo nuestro padre Abraham, que salió de su tierra sin saber a dónde iba, sólo porque esperaba en Dios? Nos hará bien hacernos estas tres preguntas…”.
(María Fernanda Bernasconi - RV).

domingo, 29 de mayo de 2016

Ángelus dominical del Papa Francisco en el Jubileo de los Diáconos 29052016

Ángelus dominical del Papa Francisco en el Jubileo de los Diáconos

Ángelus dominical del Papa Francisco en el Jubileo de los Diáconos - AP
29/05/2016 11:54
 
(RV).- Al final de la celebración Eucarística con motivo del Jubileo de los Diáconos el Santo Padre rezó con los fieles y peregrinos presentes en la Plaza de San Pedro la oración mariana del Ángelus dominical.
Antes de rezar a la Madre de Dios, y con su saludo a los queridos Diáconos llegados de Italia y de diversos países, a quienes les agradeció especialmente su presencia en la Iglesia, el Obispo de Roma recordó la celebración de la Jornada Nacional del Consuelo, que tiene por objetivo ayudar a las personas a vivir bien la fase final de la su existencia terrena.
El pensamiento del Santo Padre también se dirigió a la tradicional peregrinación que hoy se realiza en Polonia al Santuario mariano de Piekary, con el deseo de que la Madre de la Misericordia sostenga a las familias y a los jóvenes en el camino hacia la Jornada Mundial de Cracovia.
destacó que el próximo miércoles, 1° de junio, con ocasión de la Jornada Internacional del Niño, las comunidades cristianas de Siria, tanto católicas como ortodoxas, rezarán juntas por la paz.
“Los niños sirios – dijo el Pontífice – invitan a los niños de todo el mundo a unirse a su oración por la paz”. De ahí su invitación a invocar por estas intenciones la intercesión de la Virgen María, mientras le encomendamos a Ella la vida y el ministerio de todos los Diáconos del mundo.
(María Fernanda Bernasconi – RV).
Palabras del Santo Padre Francisco antes de rezar el Ángelus dominical:
 
Al final de esta celebración deseo dirigir un especial saludo a ustedes, queridos Diáconos, llegados de Italia y de diversos países. ¡Gracias por su presencia hoy, pero sobre todo de su presencia en la Iglesia!
Saludo a todos los peregrinos, en particular a la Asociación europea de los Schützen históricos; a los participantes en el “Camino del Perdón” promovido por el Movimiento Celestiniano; y la Asociación Nacional para la Tutela de las Energías Renovables, comprometida en la obra de educación para el cuidado de la creación.
Recuerdo además la hodierna Jornada Nacional del Consuelo, finalizada a ayudar a las personas a vivir bien la fase final de la existencia terrena; como también la tradicional peregrinación que se realiza hoy en Polonia al Santuario mariano de Piekary: la Madre de la Misericordia sostenga a las familias y a los jóvenes en el camino hacia la Jornada Mundial de Cracovia.
El próximo miércoles, 1° de junio, con ocasión de la Jornada Internacional del Niño, las comunidades cristianas de Siria, sean católicas que ortodoxas, vivirán juntos una especial oración por la paz, que tendrá como protagonistas a los propios niños. Los niños sirianos invitan a los niños de todo el mundo a unirse a su oración por la paz.
Invoquemos por estas intenciones la intercesión de la Virgen María, mientras encomendamos a Ella la vida y el ministerio de todos los Diáconos del mundo.
(Traducción del italiano, Renato Martinez – Radio Vaticano)

    “Servir es el estilo mediante el cual se vive la misión de evangelizar”, el Papa en el Jubileo de los Diáconos 29052016

    “Servir es el estilo mediante el cual se vive la misión de evangelizar”, el Papa en el Jubileo de los Diáconos


    El Papa Francisco en la Plaza de San Pedro en la Celebración Eucarística en el Jubileo de los Diáconos. - AFP
    29/05/2016 10:45

     
    (RV).- “Para ser capaces del servicio, se necesita la salud del corazón: un corazón restaurado por Dios, que se sienta perdonado y no sea ni cerrado ni duro”, lo dijo el Papa Francisco en su homilía en la Celebración Eucarística en el Jubileo de los Diáconos. El evento jubilar que congregó a diáconos de todo el mundo bajo el lema: “El diácono, imagen de la misericordia para la promoción de la nueva evangelización”, concluyó con la Misa presidida por el Santo Padre.
    «Servidor de Cristo» (Ga 1,10).
    En su homilía, el Obispo de Roma recordó las expresiones con las cuales se define el apóstol Pablo cuando escribe a los Gálatas, a ellos se presenta como servidor y apóstol. “Ambos términos, apóstol y servidor, afirma el Papa, están unidos, no pueden separarse jamás; son como dos caras de una misma moneda: quien anuncia a Jesús está llamado a servir y el que sirve anuncia a Jesús”. En este sentido, el Pontífice explicó que el Señor ha sido el primero que nos ha mostrado el servicio, Él se hizo servidor para traernos la Buena Noticia. Por ello, “el discípulo de Jesús – afirma el Papa – no puede caminar por una vía diferente a la del Maestro, sino que, si quiere anunciar, debe imitarlo. Dicho de otro modo, si evangelizar es la misión asignada a cada cristiano en el bautismo, servir es el estilo mediante el cual se vive la misión, el único modo de ser discípulo de Jesús”.
    Invitados a vivir la disponibilidad
    Y el verdadero testigo de Cristo, señala el Sucesor de Pedro, es el que hace como Él, es decir, el que sirve sin cansarse de Cristo humilde, sin cansarse de la vida cristiana que es vida de servicio. Y para ser testigos de Cristo, como primer paso, estamos invitados a vivir la disponibilidad. “El siervo aprende cada día a renunciar a disponer todo para sí – subraya el Papa – y a disponer de sí como quiere. Si se ejercita cada mañana en dar la vida, en pensar que todos sus días no serán suyos, sino que serán para vivirlos como una entrega de sí”. En efecto, quien sirve no es un guardián celoso de su propio tiempo, sabe que el tiempo que vive no le pertenece, sino que es un don recibido de Dios para a su vez ofrecerlo. “El siervo – agrega el Pontífice – sabe  abrir las puertas de su tiempo y de sus espacios a los que están cerca y también a los que llaman fuera de horario, a costo de interrumpir algo que le gusta o el descanso que se merece”. Solo así, queridos diáconos, los alentó el Papa, viviendo en la disponibilidad, su servicio estarán exentos de cualquier tipo de provecho y serán evangélicamente fecundos.
    La mansedumbre y humildad del servicio cristiano
    Comentando el Evangelio que la liturgia presenta este IX Domingo del Tiempo Ordinario, el Vicario de Cristo señaló que de él podemos sacar enseñanzas preciosas sobre el servicio. Sobre todo de la actitud del Centurión. “Le asombra la gran humildad del centurión, afirma el Papa, su mansedumbre… Se comporta, quizás sin saberlo, según el estilo de Dios, que es «manso y humilde de corazón» (Mt 11, 29)”. En efecto, agrega el Pontífice, Dios, que es amor, llega incluso a servirnos por amor: con nosotros es paciente, comprensivo, siempre solícito y bien dispuesto, sufre por nuestros errores y busca el modo para ayudarnos y hacernos mejores. “Estos son también los rasgos de mansedumbre y humildad del servicio cristiano, que es imitar a Dios en el servicio a los demás: acogerlos con amor paciente, comprenderlos sin cansarnos, hacerlos sentir acogidos, a casa, en la comunidad eclesial, donde no es más grande quien manda, sino el que sirve”.
    Jesús, «no nos llama más siervos, sino amigos»
    Antes de concluir su homilía, el Papa Francisco recordó que además del apóstol Pablo y el centurión, en las lecturas de hoy hay un tercer siervo, aquel que es curado por Jesús. “De alguna manera, podemos reconocernos también nosotros en ese siervo. Cada uno de nosotros es muy querido por Dios, amado y elegido por él, y está llamado a servir, pero tiene sobre todo necesidad de ser sanado interiormente. Para ser capaces del servicio, se necesita la salud del corazón: un corazón restaurado por Dios, que se sienta perdonado y no sea ni cerrado ni duro”. Por ello, afirma el Papa, “nos hará bien rezar con confianza cada día por esto, pedir que seamos sanados por Jesús. Pidan cada día esta gracia en la oración, en una oración donde se presenten las fatigas, los imprevistos, los cansancios y las esperanzas: una oración verdadera, que lleve la vida al Señor y el Señor a la vida”. Sólo así encontraran la presencia de Jesús, que se entrega, para que ustedes se den a los demás, los alentó el Papa, sólo así, podrán ser disponibles en la vida, mansos de corazón y en constante diálogo con Jesús, sólo así, no tendrán temor de ser servidores de Cristo, de encontrar y acariciar la carne del Señor en los pobres de hoy.
    (Renato Martinez – Radio Vaticano)
    Texto y audio completo de la homilía del Papa Francisco
     
    «Servidor de Cristo» (Ga 1,10). Hemos escuchado esta expresión, con la que el apóstol Pablo se define cuando escribe a los Gálatas. Al comienzo de la carta, se había presentado como «apóstol» por voluntad del Señor Jesús (cf. Ga 1,1). Ambos términos, apóstol y servidor, están unidos, no pueden separarse jamás; son como dos caras de una misma moneda: quien anuncia a Jesús está llamado a servir y el que sirve anuncia a Jesús.
    El Señor ha sido el primero que nos lo ha mostrado: él, la Palabra del Padre; él, que nos ha traído la buena noticia (Is 61,1); él, que es en sí mismo la buena noticia (cf. Lc 4,18), se ha hecho nuestro siervo (Flp 2,7), «no ha venido para ser servido, sino para servir» (Mc 10,45). «Se ha hecho diácono de todos», escribía un Padre de la Iglesia (San Policarpo, Ad Phil. V,2). Como ha hecho él, del mismo modo están llamados a actuar sus anunciadores. El discípulo de Jesús no puede caminar por una vía diferente a la del Maestro, sino que, si quiere anunciar, debe imitarlo, como hizo Pablo: aspirar a ser un servidor. Dicho de otro modo, si evangelizar es la misión asignada a cada cristiano en el bautismo, servir es el estilo mediante el cual se vive la misión, el único modo de ser discípulo de Jesús. Su testigo es el que hace como él: el que sirve a los hermanos y a las hermanas, sin cansarse de Cristo humilde, sin cansarse de la vida cristiana que es vida de servicio.
    ¿Por dónde se empieza para ser «siervos buenos y fieles» (cf. Mt 25,21)? Como primer paso, estamos invitados a vivir la disponibilidad. El siervo aprende cada día a renunciar a disponer todo para sí y a disponer de sí como quiere. Si se ejercita cada mañana en dar la vida, en pensar que todos sus días no serán suyos, sino que serán para vivirlos como una entrega de sí. En efecto, quien sirve no es un guardián celoso de su propio tiempo, sino más bien renuncia a ser el dueño de la propia jornada. Sabe que el tiempo que vive no le pertenece, sino que es un don recibido de Dios para a su vez ofrecerlo: sólo así dará verdaderamente fruto. El que sirve no es esclavo de la agenda que establece, sino que, dócil de corazón, está disponible a lo no programado: solícito para el hermano y abierto a lo imprevisto, que nunca falta y a menudo es la sorpresa cotidiana de Dios. El servidor está abierto a las sorpresas, a las sorpresas cotidianas de Dios. El siervo sabe abrir las puertas de su tiempo y de sus espacios a los que están cerca y también a los que llaman fuera de horario, a costo de interrumpir algo que le gusta o el descanso que se merece. El servidor descuida los horarios. A mí me hace mal el corazón cuando veo un horario – en las parroquias – de tal hora a tal hora. ¿Después? No hay una puerta abierta, no está el sacerdote, no está el diácono, no hay un laico que reciba a la gente… esto hace mal. Descuidar los horarios: tienen esta valentía, de descuidar los horarios. Así, queridos diáconos, viviendo en la disponibilidad, vuestro servicio estará exento de cualquier tipo de provecho y será evangélicamente fecundo.
    También el Evangelio de hoy nos habla de servicio, mostrándonos dos siervos, de los que podemos sacar enseñanzas preciosas: el siervo del centurión, que regresa curado por Jesús, y el centurión mismo, al servicio del emperador. Las palabras que este manda decir a Jesús, para que no venga hasta su casa, son sorprendentes y, a menudo, son el contrario de nuestras oraciones: «Señor, no te molestes; no soy yo quién para que entres bajo mi techo» (Lc 7,6); «por eso tampoco me creí digno de venir personalmente» (v.7); «porque yo también vivo en condición de subordinado» (v. 8). Ante estas palabras, Jesús se queda admirado. Le asombra la gran humildad del centurión, su mansedumbre. Y la mansedumbre es una de las virtudes de los diáconos, ¿eh? Cuando el diácono es manso, es servidor y no juega a imitar a los sacerdotes, no, no… es manso. Él, ante el problema que lo afligía, habría podido agitarse y pretender ser atendido imponiendo su autoridad; habría podido convencer con insistencia, hasta forzar a Jesús a ir a su casa. En cambio se hace pequeño, discreto, no alza la voz y no quiere molestar. Se comporta, quizás sin saberlo, según el estilo de Dios, que es «manso y humilde de corazón» (Mt 11, 29). En efecto, Dios, que es amor, llega incluso a servirnos por amor: con nosotros es paciente, comprensivo, siempre solícito y bien dispuesto, sufre por nuestros errores y busca el modo para ayudarnos y hacernos mejores. Estos son también los rasgos de mansedumbre y humildad del servicio cristiano, que es imitar a Dios en el servicio a los demás: acogerlos con amor paciente, comprenderlos sin cansarnos, hacerlos sentir acogidos, a casa, en la comunidad eclesial, donde no es más grande quien manda, sino el que sirve (cf. Lc 22,26). Y jamás gritar: ¡jamás! Así, queridos diáconos, en la mansedumbre, madurará vuestra vocación de ministros de la caridad.
    Además del apóstol Pablo y el centurión, en las lecturas de hoy hay un tercer siervo, aquel que es curado por Jesús. En el relato se dice que era muy querido por su dueño y que estaba enfermo, pero no se sabe cuál era su grave enfermedad (v.2). De alguna manera, podemos reconocernos también nosotros en ese siervo. Cada uno de nosotros es muy querido por Dios, amado y elegido por él, y está llamado a servir, pero tiene sobre todo necesidad de ser sanado interiormente. Para ser capaces del servicio, se necesita la salud del corazón: un corazón restaurado por Dios, que se sienta perdonado y no sea ni cerrado ni duro. Nos hará bien rezar con confianza cada día por esto, pedir que seamos sanados por Jesús, asemejarnos a él, que «no nos llama más siervos, sino amigos» (cf. Jn 15,15). Queridos diáconos, podéis pedir cada día esta gracia en la oración, en una oración donde se presenten las fatigas, los imprevistos, los cansancios y las esperanzas: una oración verdadera, que lleve la vida al Señor y el Señor a la vida. Y cuando sirváis en la celebración eucarística, allí encontraréis la presencia de Jesús, que se os entrega, para que vosotros os deis a los demás.
    Así, disponibles en la vida, mansos de corazón y en constante diálogo con Jesús, no tendréis temor de ser servidores de Cristo, de encontrar y acariciar la carne del Señor en los pobres de hoy.