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viernes, 10 de agosto de 2018

Catequesis sobre el primer Mandamiento (Audiencia general, 8 de agosto de 2018)

Audiencia general del Papa Francisco, 8 de agosto de 2018 © Vatican Media

Audiencia general, 8 de agosto de 2018 – Texto completo

Catequesis sobre el primer Mandamiento
(ZENIT – 8 agosto 2018).- “La referencia a Dios nos hace fuertes en la debilidad, en la incertidumbre y también en la precariedad”, ha anunciado el Papa Francisco, en la audiencia general celebrada esta mañana, 8 de agosto de 2018, en el Aula Pablo VI, del Palacio Apostólico Vaticano.
Así, el Santo Padre ha continuado en la audiencia general con la reflexión sobre el primer mandamiento del Decálogo, profundizando en la idolatría con la escena bíblica del becerro de oro, que representa el ídolo por excelencia.
“Cuando se acoge el Dios de Jesucristo –ha expuesto el Pontífice– un hombre rico que se hizo pobre para nosotros, uno descubre que reconocer la propia debilidad no es la desgracia de la vida humana, sino que es la condición para abrirse a uno que es verdaderamente fuerte”.
“Entonces, por la puerta de la debilidad entra la salvación de Dios; y en virtud de su propia insuficiencia, el hombre se abre a la paternidad de Dios”, ha matizado.
A continuación, ofrecemos la traducción de la catequesis del Papa Francisco, pronunciada este miércoles, 8 de agosto de 2018, en la audiencia general.
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Catequesis del Papa Francisco
Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
Continuamos hoy a reflexionar sobre el Decálogo, profundizando en el tema de la idolatría, ya hablamos de esto la semana pasada. Ahora volvemos al tema porque es muy importante conocerlo. Y tomamos de referencia el ídolo por excelencia, el becerro de oro, del cual se habla en el Libro del Éxodo (32, 1-8) – acabamos de escuchar un pasaje. En este episodio hay un contexto preciso: el desierto, donde el pueblo espera a Moisés, que subió a la montaña para recibir las instrucciones de Dios.
¿Cuál es el desierto? Es un lugar donde reinan la precariedad y la inseguridad – en el desierto no hay nada – donde no hay agua, no hay comida y no hay refugio. El desierto es Il deserto es una imagen de la vida humana, cuya condición es incierta y no tiene garantías inviolables. Esta inseguridad genera en el hombre ansiedades primarias, que Jesús menciona en el Evangelio: “¿Qué vamos a comer? ¿Qué vamos a beber? ¿Qué nos pondremos?”  (Mt 6,31). Son ansiedades primarias. Y el desierto causa estas ansiedades.
Y en ese desierto sucede algo que desencadena la idolatría. “Moisés tardó en descender de la montaña” (Es32,1). Se quedó allí 40 días y la gente se impacientó. El punto de referencia, que era Moisés, falta: el líder, el jefe, el guía tranquilizador, y esto se vuelve insostenible. Entonces las personas piden un dios visible – esta es la trampa en la que cae la gente – para poderse identificar y orientar.
Y le dicen a Aron: “Danos un dios que vaya por delante de nosotros!”, “Danos un jefe, danos un líder”. La naturaleza humana, escapar de la precariedad – la precariedad en el desierto – busca una religión “hazlo tú mismo”: si Dios no aparece, nos hacemos un dios a medida. “Ante el ídolo, no hay riesgo de que seamos llamados a abandonar nuestra seguridad, porque ‘los ídolos tienen boca, pero no pueden hablar’ (Sal 115,5)”. Entendemos entonces que el ídolo es un pretexto para ubicarse en el centro de la realidad, en la adoración del trabajo de sus propias manos” (Enc. Lumen fidei, 13).
Aaron no puede oponerse a las peticiones de las personas y crea un becerro de oro. El becerro tenía un doble significado en el antiguo Oriente Próximo: por un lado representaba la fertilidad y la abundancia, y por el otro representaba energía y fuerza. Pero, sobre todo, es dorado, por lo que es un símbolo de riqueza, éxito, poder y dinero. Estos son los grandes ídolos: éxito, poder y dinero. ¡Estas son las tentaciones de todos los tiempos! Esto es lo que es el becerro de oro: el símbolo de todos los deseos que dan la ilusión de libertad y en su lugar esclavizan. Es atractivo y tú caes. Ese encanto de la serpiente, que mira el pájaro y el pájaro se queda quieto sin poder moverse y la serpiente lo coge. Aaron no sabía como oponerse.
Pero todo se debe a la incapacidad de confiar sobre todo en Dios, de poner nuestra seguridad en Él, para permitirle dar una verdadera profundidad a los deseos de nuestros corazones. Esto nos permite soportar también la debilidad, la incertidumbre y la inseguridad. La referencia a Dios nos hace fuertes en la debilidad, en la incertidumbre y también en la precariedad. Sin la primacía de Dios, uno fácilmente cae en la idolatría y se contenta con garantías mínimas. Pero esta es una tentación que siempre leemos en la Biblia. Y piensen bien esto: liberar el pueblo de Egipto a Dios no costó tanto trabajo; lo hizo con signos de poder, de amor. Pero la gran obra de Dios fue quitar a Egipto del corazón de la gente, es decir, quitar la idolatría del corazón del pueblo. Y, sin embargo, Dios continúa trabajando para eliminarlo de nuestros corazones. Esta es la gran obra de Dios: eliminar “ese Egipto” que llevamos dentro, que es el atractivo de la idolatría.
Cuando se acoge el Dios de Jesucristo, un hombre rico que se hizo pobre para nosotros (cfr 2 Cor 8,9), entonces uno descubre que reconocer la propia debilidad no es la desgracia de la vida humana, sino que es la condición para abrirse a uno que es verdaderamente fuerte. Entonces, por la puerta de la debilidad entra la salvación de Dios (cfr 2 Cor 12,10); y en virtud de su propia insuficiencia, el hombre se abre a la paternidad de Dios. La libertad del hombre surge de dejar que el verdadero Dios sea el único Señor. Y esto nos permite aceptar la propia fragilidad y rechazar los ídolos de nuestro corazón.
Nosotros, los cristianos, volvamos nuestra mirada a Cristo crucificado (cfr Gv 19,37), que es débil, despreciado y despojado de toda posesión. Pero en Él se revela el rostro del Dios verdadero, la gloria del amor y no del engaño brillante. Isaías dice: “Hemos sido sanados por sus heridas” (53,5). Fuimos curados precisamente por la debilidad de un hombre que era Dios, por sus heridas. Y desde nuestras debilidades podemos abrirnos a la salvación de Dios. Nuestra recuperación proviene de Aquel que se hizo pobre, que aceptó el fracaso, quien ha llevado nuestra precariedad hasta el final para llenarla de amor y fortaleza. Él viene a revelarnos la paternidad de Dios; en Cristo nuestra fragilidad ya no es una maldición, sino un lugar de encuentro con el Padre y la fuente de una nueva fuerza desde arriba.
© Traducción de Zenit, Rosa Die Alcolea (Texto original: italiano)

lunes, 6 de agosto de 2018

1ª Catequesis sobre los Mandamientos – Audiencia general, 13 de junio de 2018 – Texto completo


El Papa abraza a un niño en la plaza de San Pedro © Vatican Media

Audiencia general, 13 de junio de 2018 – Texto completo

Nuevo ciclo de catequesis

(ZENIT – 13 junio 2018).- “¿Cómo se pasa de la juventud a la madurez?” –ha planteado Francisco–. “Cuando se empiezan a aceptar las propias limitaciones. Nos volvemos adultos cuando nos relativizamos y tomamos conciencia de “lo que falta” (cfr. v. 21). Este hombre se ve obligado a reconocer que todo lo que puede “hacer” no supera un “techo”, no va más allá de un margen”.
El Santo Padre, ha iniciado un nuevo ciclo de catequesis sobre los Mandamientos dedicando su atención al deseo de una vida plena. (Fragmento bíblico: Evangelio según san Marcos 10, 17-21).
El camino de lo que falta pasa por lo que hay, Jesús no vino a abolir la Ley o los Profetas sino a cumplirlos –ha aclarado el Papa–. Tenemos que partir de la realidad para dar el salto a “lo que falta”.Debemos escudriñar lo ordinario para abrirnos a lo extraordinario.
Esta semana, la audiencia general ha coincidido con la fiesta de San Antonio de Padua, que el Pontífice ha aprovechado para felicitar a todos los Antonios, y ha pedido un aplauso para todos ellos.
El Santo Padre ha lanzado un llamamiento con motivo de la apertura del Campeonato Mundial de Fútbol que comienza mañana en Rusia.
“En estas catequesis tomaremos las dos tablas de Moisés como cristianos, de la mano de Jesús” –ha concluido Francisco– y “escubriremos, en cada una de esas leyes, antiguas y sabias, la puerta abierta por el Padre que está en los cielos para que el Señor Jesús, que la ha cruzado, nos lleve a la vida verdadera.
A continuación, sigue el texto de la catequesis del Papa Francisco, pronunciada hoy en la audiencia general:
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Catequesis del Papa Francisco
Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
Hoy es la fiesta de San Antonio de Padua. ¿Quién  de vosotros se llama Antonio? Un aplauso para todos los “Antonios”.
Hoy comenzamos un nuevo itinerario catequético. Será sobre el tema de los mandamientos. Los mandamientos de la ley de Dios. Nos sirve de introducción el pasaje que acabamos de escuchar: el encuentro entre Jesús y un hombre –es un joven-  que, de rodillas, le pregunta cómo puede alcanzar la vida eterna (cf. Mc 10.17 a 21). Y en esa pregunta está el desafío de cada existencia, también de la nuestra: el deseo de una vida plena e infinita. Pero ¿cómo llegar? ¿Qué camino tomar? Vivir de verdad, vivir una existencia noble… Cuántos jóvenes intentan “vivir” y en cambio se destruyen  persiguiendo cosas efímeras.
Algunos piensan que sea mejor apagar este impulso, -el impulso de vivir- porque es peligroso. Quisiera decir, sobre todo a los jóvenes: nuestro peor enemigo no son los problemas concretos, por muy  graves y dramáticos que sean: El mayor peligro en la vida es un mal espíritu de adaptación que no es la mansedumbre ni la humildad, sino la mediocridad, la pusilanimidad [1]. Un joven mediocre ¿es un joven con futuro o no? ¡No! Se queda ahí; no crece, no tendrá éxito. La mediocridad o la pusilanimidad. Esos jóvenes que tienen miedo de todo. “No, yo soy así…” Esos jóvenes no saldrán adelante. Mansedumbre, fuerza y nada de pusilanimidad, nada de mediocridad. El beato Pier Giorgio Frassati decía que debemos vivir, no ir tirando. [2] Los mediocres van tirando. Vivir con la fuerza de la vida. Hay que pedir a nuestro Padre Celestial para los jóvenes de hoy el don de la inquietud saludable. Pero, en vuestras casas, en cada familia, cuando hay  un joven que está todo el día sentado, a veces la madre y el padre piensan: “Está enfermo, tiene algo” y lo llevan al médico. La vida del joven es ir adelante, estar inquieto, la inquietud saludable,  la capacidad de no estar satisfechos con una vida sin belleza, sin color. Si los jóvenes no tienen hambre de una vida auténtica,  me pregunto ¿Dónde irá la humanidad? ¿Dónde irá la humanidad con jóvenes quietos y no inquietos?
La pregunta de aquel hombre del Evangelio que hemos escuchado está dentro de cada uno de nosotros: ¿Cómo se encuentra la vida, la vida en abundancia, la felicidad? .Jesús responde: “Ya sabes los mandamientos” (v. 19), y cita una parte del Decálogo. Es un proceso pedagógico, con el cual Jesús quiere conducir a un lugar preciso. De hecho, ya está claro, por su pregunta que aquel hombre no tiene una vida plena busca algo más, está inquieto. Por lo tanto ¿qué debe entender? Él dice: «Maestro, todo eso lo he guardado desde mi juventud» (v. 20).
¿Cómo se pasa de la juventud a la madurez? Cuando se empiezan a aceptar las propias limitaciones. Nos volvemos adultos cuando nos relativizamos y tomamos conciencia de “lo que falta” (cfr. v. 21). Este hombre se ve obligado a reconocer que todo lo que puede “hacer” no supera un “techo”, no va más allá de un margen.
¡Qué hermoso es ser hombres y mujeres! ¡Qué preciosa es nuestra existencia! Y sin embargo, hay una verdad que en la historia de los últimos siglos el hombre ha rechazado a menudo, con trágicas consecuencias: la verdad de sus limitaciones.
Jesús, en el Evangelio, dice algo que puede ayudarnos: “No penséis que he venido a abolir la Ley o los Profetas; no he venido a abolir, sino a dar cumplimiento “(Mt 5, 17). El Señor Jesús regala el cumplimiento, por eso vino. Aquel hombre tenía dar un salto para llegar al umbral, donde se abre la posibilidad de dejar de vivir de uno mismo, de las propias obras, de los propios bienes y – precisamente porque falta la vida plena -dejarlo todo para seguir al Señor [3]. Mirándolo bien, en la invitación final de Jesús – inmenso, maravilloso – no está la propuesta de la pobreza sino la de la riqueza, la verdadera, “Una cosa te falta: anda, cuanto tienes véndelo y dáselo a los pobres, y tendrás un tesoro en el cielo; luego, ven ¡Sígueme!”(V. 21).
¿Quién, pudiendo elegir entre un original y una copia, elegiría la copia? Este es el desafío: encontrar el original de la vida, no la copia. Jesús no ofrece sustitutos, ¡sino vida verdadera, amor verdadero, riqueza verdadera! ¿Cómo pueden los jóvenes seguirnos en la fe si no nos ven elegir el original, si nos ven adictos a las medias tintas? Es feo encontrar cristianos de medias tintas, cristianos –me permito la palabra- “enanos”; crecen hasta una determinada estatura y luego no; cristianos con el corazón encogido, cerrado. Es feo encontrarse con esto. Hace falta el ejemplo de alguien que me invita a un “más allá”, a “algo más“, a crecer algo más. San Ignacio lo llamaba el “magis”, “el fuego, el fervor de la acción, que sacude al soñoliento”. [4]
El camino de lo que falta pasa por lo que hay. Jesús no vino a abolir la Ley o los Profetas sino a cumplirlos. Tenemos que partir de la realidad para dar el salto a “lo que falta”. Debemos escudriñar lo ordinario para abrirnos a lo extraordinario.
En estas catequesis tomaremos las dos tablas de Moisés como cristianos, de la mano de Jesús, para pasar de las ilusiones de la juventud al tesoro que está en el cielo, caminando detrás de Él. Descubriremos, en cada una de esas leyes, antiguas y sabias, la puerta abierta por el Padre que está en los cielos para que el Señor Jesús, que la ha cruzado, nos lleve a la vida verdadera. Su vida. La vida de los hijos de Dios.
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1] Los Padres hablan de pusilanimidad (oligopsychìa). San Juan Damasceno la define como “el temor de llevar a cabo una acción” (Exposición exacta de la Fe Ortodoxa, II, 15) y San Juan Clímaco agrega que “la pusilanimidad es una disposición pueril, en un alma que ya no es más joven “(La Scala, XX, 1, 2).
[2] Ver Carta a Isidoro Bonini, 27 de febrero de 1925.
[3] “El ojo fue creado para la luz, el oído para los sonidos, todo para su propósito y el deseo del alma para  apresurarse hacia el Cristo” (Nicola Cabasilas, La vida en Cristo,II, 90).
[4] Discurso a la XXXVI Congregación General de la Compañía de Jesús, 24 de octubre de 2016: “Se trata de magis, de aquel plus que lleva a Ignacio a iniciar procesos, a acompañarlos y evaluar su impacto real en la vida de las personas, en materia de fe, o de justicia, o de misericordia y caridad”.
© Librería Editorial Vaticano

Audiencia general: Nueva serie de catequesis dedicada a los mandamientos 13062018

Audiencia general, 13 de junio de 2018 © Vatican Media

Audiencia general: Nueva serie de catequesis dedicada a los mandamientos

Palabras del Papa en español
(ZENIT – 13 junio 2018).- El Santo Padre Francisco ha comenzado hoy un nuevo ciclo de catequesis dedicado a los mandamientos en la audiencia general, coincidiendo con la fiesta de San Antonio de Padua.
La audiencia se ha celebrado en la plaza de San Pedro, este miércoles, 13 de junio, a las 9:40 horas, con la participación de miles de peregrinos llegados de diferentes países de Europa y del mundo.
Francisco se ha remontado a los orígenes, y ha narrado cómo indicó Jesús al hombre el camino de los mandamientos: El diálogo de Jesús con aquel hombre que se acercó a preguntarle lo que tenía que hacer para heredar la vida eterna. “En su pregunta latía el deseo de una vida plena, auténtica. Jesús le responde indicándole el camino del cumplimiento de los mandamientos”.
Pero él, a pesar de que cumple los mandamientos desde pequeño, siente que le sigue faltando algo –ha explicado el Papa–. Así, mediante un proceso pedagógico, Jesús lleva a esa persona a reconocer sus propios límites para que confíe en él, el Hijo de Dios, “el único que puede dar una vida plena”.
Vida plena
El hombre debía convencerse de que “ya no puede vivir de sí mismo”, de sus propias obras, de sus propios bienes; “es necesario que lo deje todo para seguir al Señor, porque Él es la vida plena, el amor verdadero y la riqueza auténtica”, ha aclarado Francisco.
El Pontífice ha indicado que en estas catequesis se verán cada uno de los mandamientos como esa “puerta que el Padre celeste ha abierto para conducirnos a la vida verdadera, dejando que Jesús nos tome de la mano y nos ayude a atravesarla”

4ª Catequesis sobre los Mandamientos - Audiencia general, 1 de agosto de 2018 – Texto completo




El Papa en la audiencia general, 1 agosto 2018 © Vatican Media


Audiencia general, 1 de agosto de 2018 – Texto completo

4ª catequesis de los Mandamientos

(ZENIT – 1 agosto 2018).- “Los ídolos roban nuestro amor, los ídolos nos ciegan al amor y, para amar verdaderamente, debemos ser libres de ídolos”, ha dicho el Papa.
“Nosotros los cristianos –ha propuesto el Papa– podemos preguntarnos: ¿Cuál es realmente mi Dios? ¿Es Amor Uno y Trino o es mi imagen, mi éxito personal, tal vez dentro de la Iglesia?”.
El Papa Francisco ha continuado el ciclo de catequesis sobre los Mandamientos en la audiencia general, celebrada esta mañana, 1 de agosto de 2018, en el Aula Pablo VI, y ha reflexionado sobre los ídolos, deteniéndose en el primer mandamiento: «No tendrás otros dioses antes que a mí» (Ex 20,3).
El primer mandamiento –ha recordado el Pontífice– prohíbe hacer ídolos o imágenes de cualquier tipo de realidad: todo, de hecho, puede usarse como un ídolo. “Estamos hablando de una tendencia humana que no perdona ni a los creyentes ni a los ateos”.
“No te inclinarás ante ellos”: Esta frase hace referencia a que los ídolos “exigen un culto, de rituales; a ellos nos postramos y sacrificamos todo”, explica el Papa.
“No les servirás”
La tercera y “más trágica etapa”, ha señalado el Obispo de Roma: “No les servirás”. Los ídolos esclavizan. Prometen la felicidad pero no la dan; y nos encontramos viviendo para esa cosa o esa visión, atrapados en un vórtice autodestructivo, esperando un resultado que nunca llega.
La palabra “ídolo” en griego deriva del verbo “ver” –ha indicado Francisco–. Un ídolo es una “visión” que tiende a convertirse en una obsesión. El ídolo es en realidad una proyección de uno mismo en objetos o proyectos.
A continuación, ofrecemos la catequesis completa del Papa Francisco, traducida de manera rápida por la redacción.
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Hemos escuchado el primer mandamiento del Decálogo: “No tendrás otros dioses delante de mí” (Éx 20: 3). Es bueno detenerse en el tema de la idolatría, que es de gran importancia y actualidad.
El mandamiento prohíbe hacer ídolos o imágenes de cualquier tipo de realidad: todo, de hecho, puede usarse como un ídolo. Estamos hablando de una tendencia humana que no perdona ni a los creyentes ni a los ateos. Por ejemplo, nosotros los cristianos podemos preguntarnos: ¿cuál es realmente mi Dios? ¿Es Amor Uno y Trino o es mi imagen, mi éxito personal, tal vez dentro de la Iglesia?. “La idolatría no se trata solo de los falsos cultos del paganismo. Sigue habiendo una constante tentación de la fe. Consiste en divinizar lo que no es Dios” (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2113)
¿Qué es un “dios” en el plano existencial? Es lo que está en el centro de la vida y de lo que uno depende y piensa. Uno puede crecer en una familia nominalmente cristiana, pero centrada, en realidad, en puntos de referencia ajenos al Evangelio. Los seres humanos no viven sin enfocarse en algo. Entonces aquí el mundo ofrece el “supermercado” de ídolos, que pueden ser objetos, imágenes, ideas, roles. Por ejemplo, incluso la oración. Debemos orar a Dios, nuestro Padre.
Recuerdo que una vez fui a una parroquia en la diócesis de Buenos Aires para celebrar una misa y luego tuve que hacer las confirmaciones en otra parroquia a una distancia de un kilómetro. Fui, caminando, y pasé por un parque, lindo. Pero en ese parque había más de 50 mesas cada una con dos sillas y personas sentadas una frente a la otra. ¿Qué hacían? Jugar al tarot. Fueron allí a “rezar” al ídolo. En lugar de orar a Dios por la providencia del futuro, fueron allí para que les lean las cartas para ver el futuro. Esto es una idolatría de nuestros tiempos. Os pregunto: ¿cuántos de ustedes han ido a que les lean las cartas para ver el futuro? ¿Cuántos de ustedes, por ejemplo, han ido a que les lean sus manos para ver el futuro, en lugar de orar al Señor? Esta es la diferencia: el Señor está vivo; los otros son ídolos, idolatrías que no sirven.
¿Cómo se desarrolla una idolatría? El mandamiento describe las fases: «No te convertirás en un ídolo o una imagen […]. / No te inclinarás a ellos / y no los servirás “(Éx 20: 4-5).
La palabra “ídolo” en griego deriva del verbo “ver”. Un ídolo es una “visión” que tiende a convertirse en una obsesión. El ídolo es en realidad una proyección de uno mismo en objetos o proyectos. Por ejemplo, esta dinámica usa publicidad: no veo el objeto en sí, pero percibo ese automóvil, el teléfono inteligente, ese rol u otras cosas como un medio para alcanzar y responder a mis necesidades esenciales. Y lo estoy buscando, estoy hablando de eso, pienso en eso; la idea de poseer ese objeto o realizar ese proyecto, llegar a esa posición, parece una forma maravillosa de alcanzar la felicidad, una torre para alcanzar el cielo (véase Gen11,1-9), y todo se vuelve funcional para ese objetivo.
Luego entras en la segunda fase: “No te inclinarás ante ellos”. Los ídolos exigen un culto, de rituales; a ellos nos postramos y sacrificamos todo. En la antigüedad, los sacrificios humanos se hacían a ídolos, pero también hoy: para hacer carrera, sacrifican a sus hijos, los descuidan o simplemente no los generan; la belleza llama al sacrificio humano. ¡Cuántas horas frente al espejo! Algunas personas, algunas mujeres, ¿cuánto gastan en el maquillaje? Esto también es una idolatría. No está mal usar maquillaje; pero de una manera normal, no convertirse en una diosa. La belleza llama al sacrificio humano. La fama exige la inmolación de uno mismo, la propia inocencia y autenticidad. Los ídolos piden sangre. El dinero roba la vida y el placer conduce a la soledad. Las estructuras económicas sacrifican vidas humanas por mayores ganancias.
Pensemos en tantas personas sin trabajo. ¿Por qué? Porque a veces sucede que los empresarios de esa compañía, esa empresa, han decidido despedir a las personas para ganar más dinero. El ídolo del dinero. Uno vive en hipocresía, haciendo y diciendo lo que otros esperan, porque el dios de su afirmación lo impone. Y las vidas se arruinan, las familias se destruyen y los jóvenes quedan en manos de modelos destructivos, solo para aumentar las ganancias.
La droga también es un ídolo. ¿Cuántos jóvenes arruinan la salud, incluso la vida, adorando a este ídolo de las drogas? Aquí viene la tercera y más trágica etapa: “Y no les servirás”, dice. Los ídolos esclavizan. Prometen la felicidad pero no la dan; y nos encontramos viviendo para esa cosa o esa visión, atrapados en un vórtice autodestructivo, esperando un resultado que nunca llega.
Queridos hermanos y hermanas, los ídolos prometen vida, pero en realidad la quitan. El verdadero Dios no pregunta por la vida sino que la da, la regala. El verdadero Dios no ofrece una proyección de nuestro éxito, pero nos enseña a amar. El verdadero Dios no pide hijos, pero él da a su Hijo por nosotros. Los ídolos proyectan hipótesis futuras y hacen que se desprecie el presente; el verdadero Dios nos enseña a vivir en la realidad de cada día, concretamente, no con ilusiones sobre el futuro: hoy y mañana y pasado mañana, caminando hacia el futuro.
La concreción del verdadero Dios contra la liquidez de los ídolos. Te invito a pensar hoy: ¿cuántos ídolos tengo o cuál es mi ídolo favorito? Porque el reconocimiento de las idolatrías es un comienzo de gracia y se pone en el camino del amor. De hecho, el amor es incompatible con la idolatría: si algo se vuelve absoluto e intocable, entonces es más importante que un cónyuge, un niño o una amistad. El apego a un objeto o una idea nos hace cegarnos al amor. Y así, para ir tras ídolos, a un ídolo, incluso podemos negar el padre, la madre, los hijos, la esposa, el cónyuge, la familia… las cosas más caras. El apego a un objeto o una idea nos hace cegarnos al amor. Llevad esto en vuestro corazón: Los ídolos roban nuestro amor, los ídolos nos ciegan al amor y, para amar verdaderamente, debemos ser libres de ídolos.
© Traducción de Zenit, Rosa Die Alcolea

miércoles, 27 de junio de 2018

2ª Catequesis sobre los Mandamientos - Audiencia general: Con los mandamientos, Dios nos cuida y protege de la autodestrucción, 20 de junio de 2018 – Texto completo






Audiencia general 20 junio 2018. Captura pantalla Vatican Media

Audiencia general, 20 de junio de 2018 – Texto completo

Catequesis del Papa Francisco

(ZENIT – 20 junio 2018).- La audiencia general de esta mañana ha tenido lugar a las 9:35 en la Plaza de San Pedro  donde el Santo Padre Francisco ha encontrado grupos de peregrinos y fieles de Italia y de todo el mundo.
A las 8:55 horas, en el Aula Pablo VI, antes de ir a la Plaza de San Pedro, el Papa ha encontrado a varios grupos de enfermos en particular un grupo de enfermos de esclerosis lateral amiotrófica ELA con motivo de la Jornada Mundial sobre la ELA que se celebra mañana, 21 de junio.
El Santo Padre, continuando su nuevo ciclo de catequesis sobre los Mandamientos, ha centrado esta vez su atención sobre el tema: “Diez Palabras” para vivir la Alianza (pasaje bíblico: 2 Cor  3,5b-6-17).
Tras resumir su discurso en diversas lenguas, el Santo Padre ha saludado en particular a los grupos de fieles presentes procedentes de todo el mundo.
La audiencia general ha terminado con el canto del Pater Noster y la  bendición apostólica.
Catequesis del Papa Francisco
Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
Esta audiencia se desarrolla en dos sitios: nosotros, aquí, en la Plaza y en el Aula Pablo VI donde hay más de 200 enfermos que ven la audiencia gracias a una pantalla gigante. Todos juntos formamos una comunidad. Saludamos con un aplauso a los que están en el Aula.
El miércoles pasado comenzamos un nuevo ciclo de catequesis, sobre los mandamientos. Vimos que el Señor Jesús no vino a abolir la Ley sino a darle cumplimiento. Pero tendremos que entender mejor esta perspectiva.
En la Biblia, los mandamientos no viven por sí mismos, sino que son parte de un nexo, una relación. El Señor Jesús no vino a abolir la Ley sino a darle cumplimiento. Y existe esa relación, de la Alianza [1] entre Dios y su pueblo. Al comienzo del capítulo 20 del libro de Éxodo leemos – y esto es importante-: “Dios pronunció todas estas palabras”(v. 1).
Parece una apertura como cualquier otra, pero nada en la Biblia es trivial. El texto no dice “Dios pronunció estos mandamientos“, sino “estas palabras”. La tradición judía siempre llamará al Decálogo “las Diez Palabras”. Y el término “decálogo” significa precisamente esto [2]. Y, sin embargo, están en forma de leyes, son mandamientos objetivamente. ¿Por qué, entonces, el Autor sagrado usa, precisamente aquí, el término “diez palabras”? ¿Por qué? ¿Y no dice “diez mandamientos”?
¿Cuál es la diferencia entre un mandato y una palabra? El mandato es una comunicación que no requiere diálogo. La palabra, en cambio, es el medio esencial de la relación como diálogo. Dios Padre crea por medio de su palabra, y su Hijo es la Palabra hecha carne. El amor se alimenta de palabras, al igual que la educación o la colaboración. Dos personas que no se aman no logran comunicar. Cuando alguien habla a nuestro corazón, nuestra soledad termina. Recibe una palabra, hay comunicación y los mandamientos son palabra de Dios: Dios se comunica en estas diez Palabras y espera nuestra respuesta
Una cosa es recibir una orden, otra percibir que alguien intenta hablar con nosotros. Un diálogo es mucho más que la comunicación de una verdad. Yo puedo deciros: “Hoy es el último día de la primavera, cálida primavera, pero hoy es el último día”. Es una verdad, no un diálogo. Pero si os digo: “¿Qué pensáis de esta primavera?, abro un diálogo. Los mandamientos son un diálogo. La comunicación se realiza por el gusto de hablar y por el bien concreto que se comunica entre los que se aman por medio de las palabras. Es un bien que no consiste en cosas, sino en las personas mismas que mutuamente se dan en el diálogo “(ibíd., N. Evangelii gaudium, 142).
Pero esta diferencia no es algo artificial. Observemos lo que pasó al principio. El Tentador, el diablo,  quiere engañar al hombre y a la mujer sobre esta cuestión: quiere convencerlos de que Dios les ha prohibido comer los frutos del árbol del bien y del mal para mantenerlos sometidos. El desafío es efectivamente éste: La primera regla que Dios da al hombre, ¿es la imposición de un déspota que prohíbe y obliga?, o ¿la atención de un papá  que cuida de sus pequeños y los protege de la autodestrucción? ¿Es una palabra o es un mandato? La más trágica, entre las diversas mentiras que la serpiente le dice a Eva, es la sugerencia de una deidad envidiosa– “Pero, no, Dios tiene envidia de vosotros”- , de una deidad posesiva. “Dios no quiere que tengáis libertad”. Los hechos muestran dramáticamente que la serpiente mintió, dio a entender que una palabra de amor fuese un mandato. (véase Génesis 2: 16-17; 3.4-5).
El hombre se enfrenta a esta encrucijada: ¿Dios me impone cosas o me cuida? ¿Sus mandamientos son solo una ley o contienen una palabra para cuidarme? ¿Dios es patrón o padre? Dios es Padre: No lo olvidéis nunca. Incluso en las situaciones más difíciles, pensad que tenemos un Padre que nos quiere a todos. ¿Somos súbditos o hijos? Este combate, tanto dentro como fuera de nosotros, se presenta continuamente: Tenemos que elegir mil veces entre una mentalidad de esclavos y una mentalidad de hijos. El mandamiento es del patrón, la palabra es del Padre.
El Espíritu Santo es un Espíritu de hijos, es el Espíritu de Jesús Un espíritu de esclavos no puede por menos que aceptar la Ley de forma opresiva, y puede producir dos resultados opuestos: O  una vida de deberes y obligaciones, o una reacción violenta de rechazo Todo el cristianismo es el pasaje de la letra de la Ley al Espíritu que da vida (véase 2 Cor 3: 5-17). Jesús es la Palabra del Padre, no es la condena del Padre. Jesús vino a salvar, con su Palabra, no a condenarnos.
Se ve cuando un hombre o una mujer han vivido este pasaje o no. La gente se da cuenta de si un cristiano razona como un hijo o como un esclavo. Y nosotros mismos recordamos si nuestros educadores nos cuidaron como padres y madres, o si solo nos impusieron reglas. Los mandamientos son el camino hacia la libertad, porque son la palabra del Padre que nos hace libres en este camino.
El mundo no necesita legalismo, sino cuidados. Necesita cristianos con corazón de hijos. [3]Necesita cristianos con el corazón de hijos: no lo olvidéis.
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[1] El cap. 20 del libro de Éxodo está precedido por la oferta de la Alianza en el cap. 19, en el que es central el pronunciamiento: “Ahora, pues, si de veras escucháis mi voz y guardáis mi alianza, vosotros seréis mi propiedad personal entre todos los pueblos; porque mía es toda  la tierra. Seréis para mí un reino de sacerdotes y una nación santa “(Ex 19, 5-6). Esta terminología encuentra su síntesis emblemática en el Levítico 26:12: “Me pasearé en medio de  vosotros y seré para vosotros Dios y vosotros seréis para mí un pueblo” y  proseguirá hasta el nombre del Mesías predicho en Isaías 7:14 es decir Emmanuel, que llega en Mateo, ” Ved que  la virgen concebirá y dará a luz un hijo; y le pondrá por nombre Emmanuel, que traducido significa Dios con nosotros “(Mt 1,23). Todo esto indica la naturaleza esencialmente relacional de la fe hebrea y, en el más alto grado, de la fe cristiana.
[2] Ver también Éxodo 34,28b: “Escribió en las tablas las palabras de la alianza, las diez palabras”.
[3] Cf. Juan Pablo II, Cart. Enc. Veritatis splendor, 12: ” La entrega del Decálogo es promesa y signo de la alianza nueva, cuando la ley será escrita nuevamente y de modo definitivo en el corazón del hombre (cf. Jr 31, 31-34), para sustituir la ley del pecado, que había desfigurado aquel corazón (cf. Jr. 17, 1). Entonces será dado «un corazón nuevo» porque en él habitará «un espíritu nuevo», el Espíritu de Dios (cf. Ez 36, 24-28)
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3ª Catequesis sobre los Mandamientos - Audiencia: “Responded con libertad y alegría a la llamada de Dios”, 27 de junio de 2018 – Texto completo

Audiencia: “Responded con libertad y alegría a la llamada de Dios”


Audiencia general, 27 de junio de 2018 © Vatican Media

Audiencia general, 27 de junio de 2018 – Texto completo

Catequesis sobre los Mandamientos

(ZENIT – 27 junio 2018).- La audiencia general de esta mañana ha tenido lugar  a las 9:35 horas en la Plaza de San Pedro donde el Santo Padre Francisco ha encontrado grupos de peregrinos y fieles de Italia y de todo el mundo.
En el Aula Pablo VI, antes de ir a la Plaza de San Pedro, el Papa ha encontrado a varios grupos de enfermos.
El Santo Padre, continuando su nuevo ciclo de catequesis sobre los Mandamientos ha centrado esta vez su atención sobre el tema: “El amor de Dios precede la ley y le da significado” (pasaje bíblico: Deuteronomio 4, 32-35).
Tras resumir su discurso en diversas lenguas, el Santo Padre ha saludado en particular a los grupos de fieles presentes procedentes de todo el mundo.
La audiencia general ha terminado con el canto del Pater Noster y la bendición apostólica.
Catequesis del Papa Francisco
Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
Esta audiencia será como la del miércoles pasado. En el Aula Pablo VI hay tantos enfermos  para que estén mejor, para que estuvieran más cómodos. Pero seguirán la audiencia con la pantalla gigante y también ellos con nosotros; es decir no hay dos audiencias. Hay una sola. Saludemos a los enfermos del Aula Pablo VI. Y sigamos hablando de los mandamientos que, como dijimos, más que mandamientos son las palabras de Dios a su pueblo para que camine bien: palabras amorosas de un Padre.
Las diez Palabras empiezan así: “Yo soy el Señor, tu Dios, que te he sacado del país de Egipto, de la casa de servidumbre” (Ex 20: 2). Este comienzo sonaría extraño con las leyes verdaderas y propias que siguen. Pero no es así.
¿Por qué esta proclamación que Dios hace de sí mismo y de la liberación? Porque se llega al Monte Sinaí después de atravesar el Mar Rojo: el Dios de Israel primero salva, luego pide confianza. [1] Es decir: el Decálogo comienza con la generosidad de Dios. Dios no pide nunca sin haber dado antes. Nunca. Primero salva, después da, luego pide. Así es nuestro Padre, Dios bueno.
Y entendemos la importancia de la primera declaración: “Yo soy el Señor tu Dios”. Hay un posesivo, hay una relación, una pertenencia mutua. Dios no es un extraño: es tu Dios. [2] Esto ilumina todo el Decálogo y también revela el secreto de la acción cristiana, porque es la misma actitud de Jesús que dice: “Como el Padre me amó, yo también os he amado a vosotros” (Jn 15, 9). Cristo es el amado del Padre y nos ama con ese amor. Él no comienza desde sí mismo, sino desde el Padre. A menudo nuestras obras fracasan porque partimos de nosotros mismos y no de la gratitud. Y quién empieza por sí mismo: ¿Dónde llega? ¡Llega a sí mismo! Es incapaz de hacer camino, vuelve a sí mismo. Es precisamente esa actitud egoísta que la gente bromeando dice: “Esa persona es yo, mí, me, conmigo”. Sale de sí mismo y vuelve a sí mismo.
La vida cristiana es, ante todo, la respuesta agradecida a un Padre generoso. Los cristianos que solo siguen “deberes” denotan que no tienen una experiencia personal de ese Dios que es “nuestro”.  Yo debo hacer esto, eso y lo otro… Solamente deberes. ¡Pero te falta algo! ¿Cuál es el fundamento de este deber? El fundamento de este deber es el amor de Dios Padre, que primero da y luego manda. Anteponer la ley a la relación no ayuda al camino de la fe. ¿Cómo puede un joven desear ser cristiano, si partimos de obligaciones, compromisos, coherencias y no de la liberación? ¡Pero ser cristiano es un camino de liberación! Los mandamientos te liberan de tu egoísmo y te liberan porque el amor de Dios te lleva hacia delante. La formación cristiana no se basa en la fuerza de voluntad, sino en la aceptación de la salvación, en dejarse amar: primero el Mar Rojo, luego el Monte Sinaí. Primero la salvación: Dios salva a su pueblo en el Mar Rojo, después en el Sinaí le dice lo que tiene que hacer. Pero ese pueblo sabe que hace esas cosas porque ha sido salvado por un Padre que lo ama.
La gratitud es un rasgo característico del corazón visitado por el Espíritu Santo; para obedecer a Dios, primero debemos recordar sus beneficios. San Basilio dice: “Quien no deja que esos beneficios caigan en el olvido, está orientado hacia la buena virtud y hacia toda obra de la justicia” (Reglas breves, 56). ¿A dónde nos lleva todo esto? A ejercitar la memoria: [3] ¡Cuántas cosas bellas ha hecho Dios por cada uno de nosotros! ¡Qué generoso es nuestro Padre Celestial! Ahora me gustaría proponeros un pequeño ejercicio: que cada uno, en silencio, responda para sí. ¿Cuántas cosas hermosas ha hecho Dios por mí? Esta es la pregunta. En silencio cada uno de nosotros responda. ¿Cuántas cosas hermosas ha hecho Dios por mí? Y esta es la liberación de Dios. Dios hace tantas cosas bellas y nos libera.
Y sin embargo, alguno puede sentir que aún no ha tenido una verdadera experiencia de la liberación de Dios. Puede suceder. Podría ser que uno mire en su interno y encuentre solo sentido del deber, una espiritualidad de siervos y no de hijos. ¿Qué hacer en este caso? Lo que hizo el pueblo elegido. Dice el libro del Éxodo: “Los israelitas, gimiendo bajo la servidumbre, clamaron, y su clamor que brotaba del fondo de su esclavitud, subió a Dios. Oyó Dios sus gemidos y acordóse Dios de su alianza con Abraham, Isaac y Jacob… Y miró Dios a los hijos de Israel y conoció”(Ex 2,23-25). Dios piensa en mí.
La acción liberadora de Dios al comienzo del Decálogo – es decir, de los Mandamientos- es la respuesta a este lamento. No nos salvamos solos, pero de nosotros puede salir un grito de ayuda: “Señor, sálvame, Señor enséñame el camino, Señor, acaríciame, Señor, dame un poco de alegría”. Esto es un grito que pide ayuda. Esto depende de nosotros: pedir que nos liberen del egoísmo, del pecado, de las cadenas de la esclavitud. Este grito es importante, es oración, es conciencia de lo que todavía está oprimido y no liberado en nosotros. Hay tantas cosas que no han sido liberadas en nuestra alma, “Sálvame, ayúdame, libérame”. Esta es una hermosa oración al Señor. Dios espera ese grito porque puede y quiere romper nuestras cadenas; Dios no nos ha llamado a la vida para estar oprimido, sino para ser libres y vivir con gratitud, obedeciendo con alegría a Aquel que nos ha dado tanto, infinitamente más de lo que nosotros podremos darle. Es hermoso esto ¡Que Dios sea siempre bendito por todo lo que ha hecho, lo que hace y lo que hará en nosotros!
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[1] En la tradición rabínica hay un texto iluminador sobre el tema: “¿Por qué las diez palabras no fueron proclamadas al comienzo de la Torá? […] ¿Con qué se puede comparar? A un hombre que, asumiendo el gobierno de una ciudad, preguntó a los habitantes: “¿Puedo reinar sobre vosotros?”. Pero ellos respondieron: “¿Qué bien nos has hecho para que pretendas reinar sobre nosotros?”. Entonces, ¿qué hizo? Les construyó muros defensivos y un canal para abastecer a la ciudad con agua; luego combatió guerras por ellos. Y cuando volvió a preguntar: “¿Puedo reinar sobre vosotros?”, le respondieron: “Sí, sí”. Así  el Lugar sacó a Israel de Egipto, dividió el mar por ellos, hizo bajar sobre ellos el maná y subir el agua del pozo, les llevó codornices y finalmente luchó por ellos en la guerra contra Amaleq. Y cuando les preguntó: “¿Puedo reinar sobre vosotros?”, respondieron: “Sí, sí” “(El don de la Torá Comentario sobre el decálogo de Ex 20 en Mekilta R. Ishamael, Roma 1982, p 49.)
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[2] Cf. Benedicto XVI, Lett. Enc. Deus caritas est, 17: ” La historia de amor entre Dios y el hombre consiste precisamente en que esta comunión de voluntad crece en la comunión del pensamiento y del sentimiento, de modo que nuestro querer y la voluntad de Dios coinciden cada vez más: la voluntad de Dios ya no es para mí algo extraño que los mandamientos me imponen desde fuera, sino que es mi propia voluntad, habiendo experimentado que Dios está más dentro de mí que lo más íntimo mío. Crece entonces el abandono en Dios y Dios es nuestra alegría”
[3] Ver Homilía en la Misa en S. Marta, 7 de octubre de 2014: “[¿Qué significa rezar?] Es recordar ante Dios nuestra historia. Porque nuestra historia [es] la historia de su amor por nosotros ». Cf. Dichos y hechos de los padres del desierto Milán 1975, p. 71: “El olvido es la raíz de todo mal”.
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