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sábado, 2 de noviembre de 2019

Fieles difuntos. Conmemoración del día de los Fieles difuntos (2 de noviembre)

Fieles difuntos. Conmemoración del día de los Fieles difuntos

conmemoracion de dia de todos los fieles difuntos

Día de los Fieles difuntos - Los que mueren en gracia pero no están purificados, viven una purificación Conmemoración de los fieles difuntos

  
El Día de Todos los fieles difuntos conmemora a todas las almas, las almas santas o los fieles difuntos; es decir, está dedicado a honrar a las almas de los cristianos que han fallecido. La mayoría de los cristianos, comúnmente recuerdan a los familiares fallecidos en la Conmemoración del día de los Fieles difuntos.

Fiesta: 02 de Noviembre

Este día de los Fieles difuntos, se celebra principalmente en la Iglesia Católica, pero también se celebra en la Iglesia Ortodoxa Oriental y algunas otras denominaciones del cristianismo.
Para comprender el significado de la Conmemoración de los fieles difuntos hay que saber que existen tres estados en la Iglesia:
  1. La Iglesia peregrina en la tierra (Iglesia militante): En ella estamos nosotros, los que estamos en la tierra luchando por hacer el bien y evitar el mal.
  2. La Iglesia purgante (en el purgatorio), la componen los difuntos que necesitan aun purificación antes de entrar en el cielo. Por ellos oramos el día de los difuntos, el 2 de Noviembre, para que pronto vayan al cielo. (no rezamos por los que están en el infierno porque su condena es irreversible)
  3. La Iglesia triunfante: Aquí están los que ya se salvaron y están en el cielo. A todos ellos, los santos, los honramos el 1 de Noviembre.

5 cosas a conocer sobre el purgatorio.

El Catecismo de la Iglesia Católica, publicado por el Papa San Juan Pablo II en 1992, es un texto de máxima autoridad para todos los católicos del mundo, nos dice 5 cosas acerca del Purgatorio:
  1. Los que mueren en gracia y amistad de Dios pero no perfectamente purificados, sufren después de su muerte una purificación, para obtener la completa hermosura de su alma (CIC 1030).
  2. La Iglesia llama Purgatorio a esa purificación, y ha hablado de ella en el Concilio de Florencia y en el Concilio de Trento. La Iglesia para hablar de que será como un fuego purificador, se basa en aquella frase de San Pablo que dice: "La obra de cada uno quedará al descubierto, el día en que pasen por fuego. Las obras que cada cual ha hecho se probarán en el fuego". (1 Corintios 3,14)
  3. La Santísima Virgen María3ª. La práctica de orar por los difuntos es sumamente antigua. El libro 2º. de los Macabeos en la S. Biblia dice: "Mandó Juan Macabeo ofrecer sacrificios por los muertos, para que quedaran libres de sus pecados" (2 Macabeos 12,46)
  4. La Iglesia desde los primeros siglos ha tenido la costumbre de orar por los difuntos (Cuenta San Agustín que su madre Santa Mónica lo único que les pidió al morir fue esto: "No se olviden de ofrecer oraciones por mi alma")
  5. San Gregorio Magno afirma: "Si Jesucristo dijo que hay faltas que no serán perdonadas ni en este mundo ni en el otro, es señal de que hay faltas que sí son perdonadas en el otro mundo. Para que Dios perdone a los difuntos las faltas veniales que tenían sin perdonar en el momento de su muerte, para eso ofrecemos misas, oraciones y limosnas por su eterno descanso".

San Gregorio y el Purgatorio.

  • El primero, que él ofreció 30 misas por el alma de un difunto, y después el muerto se le apareció en sueños a darle las gracias porque por esas misas había logrado salir del purgatorio.
  • Y el segundo, que un día estando celebrando la Misa, elevó San Gregorio la Santa Hostia y se quedó con ella en lo alto por mucho tiempo. Sus ayudantes le preguntaron después por qué se había quedado tanto tiempo con la hostia elevada en sus manos, y les respondió: "Es que vi que mientras ofrecía la Santa Hostia a Dios, descansaban las benditas almas del purgatorio".
Desde tiempos de San Gregorio (año 600) se ha popularizado mucho en la Iglesia Católica la costumbre de ofrecer misas por el descanso de las benditas almas.
Alguien le preguntó una vez a San Agustín: "¿Cuánto rezarán por mí cuando yo me haya muerto?", y él le respondió: "Eso depende de cuánto rezas tú por los difuntos. Porque el evangelio dice que la medida que cada uno emplea para dar a los demás, esa medida se empleará para darle a él".

Rezar por los fieles difuntos.

¿Vamos a rezar más por los difuntos? ¿Vamos a ofrecer por ellos misas, comuniones, ayudas a los pobres y otras buenas obras? Los muertos nunca jamás vienen a espantar a nadie, pero sí rezan y obtienen favores a favor de los que rezan por ellos.
Pidamos la intercesión de la Virgen María por el rescate de las almas del Purgatorio, sobre todo la de nuestros seres queridos

Tradición de los fieles

La tradición de asistir al cementerio, para rezar por las almas de quienes ya abandonaron este mundo, está acompañada de un profundo sentimiento de devoción, donde se tiene la convicción de que el ser querido necesita del sufragio eucarístico y las oraciones para abandonar el Purgatorio y descansar en Paz.
Así lo dejó plasmado san juan Pablo II:
"Con estos hermanos nuestros, que también ha sido partícipes de la fragilidad propia de todos ser humano, sentimos el deber - y la necesidad - de ofrecerles la ayuda afectuosa de nuestra oración, a fin de que cualquier eventual residuo de debilidad humana, que todavía pudiera retrasar su encuentro feliz con Dios, sea definitivamente borrado".

Oración por los fieles difuntos

Oh, buen Jesús, que durante toda tu vida te compadeciste de los dolores ajenos, mira con misericordia las almas de nuestros seres queridos que están en el Purgatorio.
Tú, Señor, que amaste a los tuyos con gran predilección, escucha la súplica que te hacemos y por tu Misericordia concede a aquellos que Tú te has llevado de nuestro hogar el gozar del eterno descanso en el seno de tu infinito Amor. Amén.
Concédeles Señor, el descanso eterno y que brille para ellos la Luz perpetua.
Que las almas de los fieles difuntos, por la Misericordia de Dios descansen en paz.
Amén

viernes, 2 de noviembre de 2018

Conmemoración del día de los Fieles difuntos (2 de noviembre)

Conmemoración del día de los Fieles difuntos

conmemoracion de dia de todos los fieles difuntos

Día de los Fieles difuntos: Los que mueren en gracia de Dios pero no perfectamente purificados, sufren una purificación para obtener la hermosura de su alma

El Día de Todos los fieles difuntos conmemora a todas las almas, las almas santas o los fieles difuntos; es decir, está dedicado a honrar a las almas de los cristianos que han fallecido. La mayoría de los cristianos, comúnmente recuerdan a los familiares fallecidos en el día. Este día se celebra principalmente en la Iglesia Católica, pero también se celebra en la Iglesia Ortodoxa Oriental y algunas otras denominaciones del cristianismo.

Fiesta: 02 de Noviembre

Para comprender el significado de la Conmemoración de los fieles difuntos hay que saber que existen tres estados en la Iglesia:
  1. La Iglesia peregrina en la tierra (Iglesia militante): En ella estamos nosotros, los que estamos en la tierra luchando por hacer el bien y evitar el mal.
  2. La Iglesia purgante (en el purgatorio), la componen los difuntos que necesitan aun purificación antes de entrar en el cielo. Por ellos oramos el día de los difuntos, el 2 de Noviembre, para que pronto vayan al cielo. (no rezamos por los que están en el infierno porque su condena es irreversible)
  3. La Iglesia triunfante: Aquí están los que ya se salvaron y están en el cielo. A todos ellos, los santos, los honramos el 1 de Noviembre.

5 cosas a conocer sobre el purgatorio.

El Catecismo de la Iglesia Católica, publicado por el Papa Juan Pablo II en 1992, es un texto de máxima autoridad para todos los católicos del mundo y dice cinco cosas acerca del Purgatorio:
  1. Los que mueren en gracia y amistad de Dios pero no perfectamente purificados, sufren después de su muerte una purificación, para obtener la completa hermosura de su alma (CIC 1030).
  2. La Iglesia llama Purgatorio a esa purificación, y ha hablado de ella en el Concilio de Florencia y en el Concilio de Trento. La Iglesia para hablar de que será como un fuego purificador, se basa en aquella frase de San Pablo que dice: "La obra de cada uno quedará al descubierto, el día en que pasen por fuego. Las obras que cada cual ha hecho se probarán en el fuego". (1 Corintios 3,14)
  3. La Santísima Virgen María3ª. La práctica de orar por los difuntos es sumamente antigua. El libro 2º. de los Macabeos en la S. Biblia dice: "Mandó Juan Macabeo ofrecer sacrificios por los muertos, para que quedaran libres de sus pecados" (2 Macabeos 12,46)
  4. La Iglesia desde los primeros siglos ha tenido la costumbre de orar por los difuntos (Cuenta San Agustín que su madre Santa Mónica lo único que les pidió al morir fue esto: "No se olviden de ofrecer oraciones por mi alma")
  5. San Gregorio Magno afirma: "Si Jesucristo dijo que hay faltas que no serán perdonadas ni en este mundo ni en el otro, es señal de que hay faltas que sí son perdonadas en el otro mundo. Para que Dios perdone a los difuntos las faltas veniales que tenían sin perdonar en el momento de su muerte, para eso ofrecemos misas, oraciones y limosnas por su eterno descanso".

San Gregorio y el Purgatorio.

  • El primero, que él ofreció 30 misas por el alma de un difunto, y después el muerto se le apareció en sueños a darle las gracias porque por esas misas había logrado salir del purgatorio.
  • Y el segundo, que un día estando celebrando la Misa, elevó San Gregorio la Santa Hostia y se quedó con ella en lo alto por mucho tiempo. Sus ayudantes le preguntaron después por qué se había quedado tanto tiempo con la hostia elevada en sus manos, y les respondió: "Es que vi que mientras ofrecía la Santa Hostia a Dios, descansaban las benditas almas del purgatorio".
Desde tiempos de San Gregorio (año 600) se ha popularizado mucho en la Iglesia Católica la costumbre de ofrecer misas por el descanso de las benditas almas.
Alguien le preguntó una vez a San Agustín: "¿Cuánto rezarán por mí cuando yo me haya muerto?", y él le respondió: "Eso depende de cuánto rezas tú por los difuntos. Porque el evangelio dice que la medida que cada uno emplea para dar a los demás, esa medida se empleará para darle a él".

Rezar por el descanso de los difuntos.

¿Vamos a rezar más por los difuntos? ¿Vamos a ofrecer por ellos misas, comuniones, ayudas a los pobres y otras buenas obras? Los muertos nunca jamás vienen a espantar a nadie, pero sí rezan y obtienen favores a favor de los que rezan por ellos.
Pidamos la intercesión de la Virgen María por el rescate de las almas del Purgatorio, sobre todo la de nuestros seres queridos

Tradición de los fieles

La tradición de asistir al cementerio, para rezar por las almas de quienes ya abandonaron este mundo, está acompañada de un profundo sentimiento de devoción, donde se tiene la convicción de que el ser querido necesita del sufragio eucarístico y las oraciones para abandonar el Purgatorio y descansar en Paz.
Así lo dejó plasmado san juan Pablo II:
"Con estos hermanos nuestros, que también ha sido partícipes de la fragilidad propia de todos ser humano, sentimos el deber - y la necesidad - de ofrecerles la ayuda afectuosa de nuestra oración, a fin de que cualquier eventual residuo de debilidad humana, que todavía pudiera retrasar su encuentro feliz con Dios, sea definitivamente borrado".

Oración por los fieles difuntos

Oh, buen Jesús, que durante toda tu vida te compadeciste de los dolores ajenos, mira con misericordia las almas de nuestros seres queridos que están en el Purgatorio.
Tú, Señor, que amaste a los tuyos con gran predilección, escucha la súplica que te hacemos y por tu Misericordia concede a aquellos que Tú te has llevado de nuestro hogar el gozar del eterno descanso en el seno de tu infinito Amor. Amén.
Concédeles Señor, el descanso eterno y que brille para ellos la Luz perpetua.
Que las almas de los fieles difuntos, por la Misericordia de Dios descansen en paz.
Amén

jueves, 2 de noviembre de 2017

Homilía del Papa en la Conmemoración de los fieles difuntos «Por favor, nunca más la guerra» 02112017

Homilía del Papa en la Conmemoración de los fieles difuntos «Por favor, nunca más la guerra»

«Por favor, nunca más la guerra». Papa Francisco en el Cementerio de Nettuno - EPA
02/11/2017 15:50
 
En el jueves 2 de noviembre, en la Conmemoración de los fieles difuntos, el Santo Padre celebró la Santa Misa, por primera vez, en el cementerio americano de Nettuno,  construido en el año 1944 en memoria de los caídos estadounidenses de todas las operaciones militares que se llevaron a cabo con el fin de liberar a Italia. Son 7861 los caídos, hombres y mujeres, que tienen su eterno descanso en este cementerio o que son allí conmemorados.
A su llegada el Obispo de Roma se detuvo en medio de las lápidas blancas, entre las cuales una de un desconocido, un ítalo americano y un judío, y fue acogido por el Obispo de Albano, S.E. Mons. Marcello Semeraro, la Directora del Cementerio, y los alcaldes de Nettuno y de Anzio.
A la celebración de la Santa Misa seguirá la visita del Romano Pontífice a las Fosas Ardeatinas, un monumento a la barbarie acaecida el 23 de marzo de 1944, cuando Hitler mandó ejecutar como represalia a 10 italianos por cada alemán muerto, a raíz de un ataque del grupo partisano GAP, perpetrando así la masacre de 335 civiles.
Allí presentes también los miembros de la Asociación nacional de las familias italianas de los mártires caídos por la libertad de la Patria.
Tras el Evangelio, el Papa pronunció una homilía improvisada que transcribimos a continuación: 
 
Todos nosotros estamos hoy reunidos en la esperanza. Cada uno de nosotros, en el propio corazón, puede repetir las palabras de Job que oímos en la primera lectura: « yo sé que mi Redentor vive y que él, el último, se alzará sobre el polvo». La esperanza de reencontrar a Dios, de reencontrarnos todos nosotros como hermanos, esa esperanza no desilusiona. Pablo fue fuerte en esa expresión de la segunda lectura « la esperanza no quedará defraudada».
Pero la esperanza muchas veces nace y hecha sus raíces en tantas llagas humanas, en tantos dolores humanos, y en ese momento de dolor, de herida, de sufrimiento, nos hace mirar al cielo y decir: yo creo que mi Redentor está vivo. Pero deténte Señor. Y esa es la oración que tal vez sale de todos nosotros cuando miramos este cementerio: “estoy seguro Señor que estoy contigo. Estoy seguro”: nosotros decimos esto. “Pero por favor, Señor, detente. No más, nunca más la guerra. Nunca más esta «inútil matanza»”, como dijo Benedicto XV. Mejor esperar sin esta destrucción: jóvenes, miles, miles, miles, y miles... esperanzas rotas, ¡no más Señor! Y esto debemos decirlo hoy, que rezamos por todos los difuntos, pero en este lugar rezamos en modo especial por estos chicos. Hoy, en que el mundo está de nuevo en guerra y se prepara para ir más fuertemente en guerra. No más Señor, no más. Con la guerra se pierde todo.
Me viene a la mente aquella anciana que, mirando las ruinas de Hiroshima con resignación sapiencial, pero con mucho dolor, con esa resignación lamentosa que saben vivir las mujeres, porque es su carisma, decía: “los hombres hacen de todo por declarar y hacer la guerra, y al final, se destruyen a sí mismos”. Ésta es la guerra: la destrucción de nosotros mismos. Seguramente aquella mujer, esa anciana había perdido hijos, y nietos. Sólo tenía la herida en el corazón y las lágrimas. Y si hoy es un día de esperanza, hoy también es un día de lágrimas. Lágrimas como las que sentían y lloraban las mujeres cuando llegaba el correo: “usted señora tiene el honor de que su marido haya sido un héroe de la Patria”; “que sus hijos, sean héroes de la Patria”. Son lágrimas que hoy la humanidad no debe olvidar. Este orgullo de esta humanidad que no ha aprendido la lección y parece que no quiere aprenderla.
Cuando muchas veces en la historia los hombres piensan con hacer una guerra, están convencidos de traer un mundo nuevo, de hacer una "primavera". Y termina en un invierno, feo, cruel, con el reino del terror y de la muerte. Hoy rezamos por todos los difuntos, por todos. Pero en modo especial por estos jóvenes, en un momento en el que muchos mueren en las batallas de cada día, en esta guerra a pedazos. Rezamos también por los muertos de hoy, los muertos de guerra, también niños inocentes. Éste es el fruto de la guerra: la muerte. Y que el Señor nos de la gracia de llorar.
Una vez de regreso en el Vaticano el Santo Padre Francisco se dirigirá a las Grutas de la Basílica Vaticana para un momento de oración en privado, como es tradicional en esta fecha, en sufragio de sus predecesores y de todos los difuntos.
(Griselda Mutual - Radio Vaticano)

El Papa: "Estos son los frutos de la guerra: odio, muerte, venganza… Perdónanos Señor” 02112017

El Papa: "Estos son los frutos de la guerra: odio, muerte, venganza… Perdónanos Señor”

El Santo Padre Francisco en silencio orante ante las tumbas de las víctimas de la masacre de 1944 - AFP
02/11/2017 18:34
 
Tal como estaba previsto, tras celebrar la Santa Misa por los caídos en las guerras en el Cementerio de Nettuno, el Santo Padre visitó, en este jueves 2 de noviembre, Conmemoración de los fieles difuntos, las Fosas Ardeatinas, el monumento a la barbarie acaecida el 23 de marzo de 1944, cuando Hitler mandó ejecutar, a raíz de un ataque del grupo partisano GAP, a 10 italianos por cada alemán muerto, perpetrando así la masacre de 335 civiles.
Después de la acogida de los militares que se ocupan de honrar la memoria de los caídos, y de la Directora del Mausoleo, junto al Rabino Jefe de Roma Riccardo de Segni, la presidenta de la Comunidad Judía Ruth Dureghello, los miembros de la Asociación nacional de las familias italianas de los mártires caídos por la libertad de la Patria, el Papa saludó a la multitud presente y a los parientes de las víctimas de la masacre de 1944.
El Santo Padre ingresó solo al Mausoleo, y tras atravesar las tumbas de las víctimas en silencio orante, depositó, tal como había realizado antes ante las blancas cruces del Cementerio de Nettuno, un homenaje floral. 
Luego de la oración del Rabino del Rabino Jefe de Roma, el Santo Padre Francisco elevó su oración al cielo: 
 
“Dios de Abraham, de Isaac, Dios de Jacob, con este nombre te has presentado a Moisés cuando le revelaste la voluntad de liberar a Tu pueblo de la esclavitud en Egipto. Dios de Abraham, Dios de Isaac y Dios de Jacob, Dios que estrecha alianza con el hombre. Dios que se une con un pacto de amor fiel para siempre, misericordioso y compasivo con cada hombre y cada pueblo que sufre la opresión. « Yo he visto la opresión de mi pueblo, y he oído los gritos de dolor». Dios de los rostros y de los nombres, Dios de cada uno de los 335 hombres que murieron aquí, el 24 de marzo de 1944, cuyos restos descansan en estas tumbas. Tú, Señor, conoces sus rostros y sus nombres: todos, incluso el de los doce que quedaron desconocidos para nosotros. Para Ti, nadie es desconocido. Dios de Jesús, Padre nuestro que estás en los cielos: gracias a Él, el Crucificado resucitado, sabemos que Tu nombre - Dios de Abraham, Dios de Isaac y Dios de Jacob - significa que no eres el Dios de muertos, sino de los vivos, que tu fiel alianza de amor es más fuerte que la muerte y es garantía de resurrección. Haz, oh Señor, que en este lugar consagrado a la memoria de aquellos que murieron por la libertad y la justicia, nos quitemos las sandalias del egoísmo y la indiferencia, y por medio del arbusto ardiente de este mausoleo escuchemos en silencio Tu nombre: Dios de Abraham, Dios de Isaac, Dios de Jacob, Dios de Jesús, Dios de los vivos. Amén.
Antes de dejar el Mausoleo de las Fosas Ardeatinas, el Sucesor de Pedro firmó el Libro de Honor escribiendo las siguientes palabras: “Estos son los frutos de la guerra: odio, muerte, venganza… Perdónanos Señor”. 
(De Griselda Mutual)