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miércoles, 5 de junio de 2019

Monseñor Felipe Arizmendi: “Los migrantes son hermanos” 05062019

Mexican immigrants march for more rights in Northern California's largest city
Migrantes En Estados Unidos © WIKIMEDIA COMMONS

Monseñor Felipe Arizmendi: “Los migrantes son hermanos”

“No los dejemos ir con las manos vacías”
+ Felipe Arizmendi Esquivel
Obispo Emérito de San Cristóbal de Las Casas
El presidente Donald Trump la trae contra México y nos quiere obligar a detener a todos los migrantes que pasan por nuestro país, para que no lleguen a Estados Unidos. Y como es un señor que todo lo maneja bajo el signo económico, intenta imponer aranceles a todo lo que exportamos de aquí hacia allá, como un mecanismo coercitivo para que hagamos lo que él quiere. No tiene una visión humanitaria de la política, sino que todo lo ve, lo juzga y lo decide con criterios monetarios. No le importan las personas y las familias, sino sus intereses económicos. Y como muchos de sus paisanos tienen esa misma visión, economicista y racista, con esto trata de ganarse adeptos para su reelección.
Nuestro país, que ha vivido en carne propia lo que implica la migración de millones de mexicanos al Norte, tiene, en general, una actitud de más apertura y de apoyo a tantos migrantes que pasan por aquí, sobre todo del Triángulo Norte de Centroamérica (Honduras, El Salvador y Guatemala). Sin embargo, ante la llegada masiva de miles de ellos, muchos mexicanos han asumido también actitudes repulsivas. En las fronteras norte y sur, mucha gente ha abierto su corazón y les ha compartido techo, comida, medicinas y protección. El gobierno, de antes y de ahora, ha implementado medidas para atenderles en cuanto ha sido posible. Pero también es cierto que no se dan abasto a tanta demanda; están rebasados. Nuestros albergues no alcanzan a recibir a tantos que llegan. Algunos los ven como un peligro, una invasión, un abuso de nuestras fronteras abiertas. Ciertamente no faltan polleros explotadores y criminales que aprovechan el momento para huir de la justicia en su país. Con todo, la inmensa mayoría salen para huir de la violencia, la inseguridad y la falta de oportunidades en su región.
PENSAR
El Papa Francisco, el domingo pasado, durante su visita a Rumanía, se encontró con la comunidad gitana, llamada también rom, o romaní, y les dijo algo que vale también para nuestra actitud ante los migrantes:
“En la Iglesia hay lugar para todos. Si no fuera así, no sería la Iglesia de Cristo. El Evangelio de la alegría se transmite en la alegría del encuentro y de saber que tenemos un Padre que nos ama. Mirados por él, entendemos cómo hemos de mirarnos entre nosotros. Con este espíritu, he deseado estrechar vuestras manos, poner mis ojos en los vuestros, haceros entrar en el corazón… Sin embargo, llevo un peso en el corazón. Es el peso de las discriminaciones, de las segregaciones y de los maltratos que han sufrido. La historia nos dice que también los cristianos, también los católicos, no son ajenos a tanto mal. Quisiera pedir perdón por eso. Pido perdón, en nombre de la Iglesia, al Señor y a vosotros por todo lo que os hemos discriminado, maltratado o mirado en forma equivocada, con la mirada de Caín y no con la de Abel, y no fuimos capaces de reconoceros, valoraros y defenderos en vuestra singularidad. A Caín no le importa su hermano. La indiferencia es la que alimenta los prejuicios y fomenta los rencores. ¡Cuántas veces juzgamos de modo temerario, con palabras que hieren, con actitudes que siembran odio y crean distancias! No somos en el fondo cristianos, ni siquiera humanos, si no sabemos ver a la persona, antes que sus acciones, antes que nuestros juicios y prejuicios” (2-VI-2019).
Y en su mensaje para la Jornada Mundial del Migrante y Refugiado, nos dice: “Las sociedades económicamente más avanzadas desarrollan en su seno la tendencia a un marcado individualismo que, combinado con la mentalidad utilitarista y multiplicado por la red mediática, produce la “globalización de la indiferencia”. En este escenario, las personas migrantes, refugiadas, desplazadas y las víctimas de la trata, se han convertido en emblema de la exclusión porque, además de soportar dificultades por su misma condición, con frecuencia son objeto de juicios negativos, puesto que se las considera responsables de los males sociales. La actitud hacia ellas constituye una señal de alarma, que nos advierte de la decadencia moral a la que nos enfrentamos si seguimos dando espacio a la cultura del descarte. De hecho, por esta senda, cada sujeto que no responde a los cánones del bienestar físico, mental y social, corre el riesgo de ser marginado y excluido.
Por esta razón, la presencia de los migrantes y de los refugiados, como en general de las personas vulnerables, representa hoy en día una invitación a recuperar algunas dimensiones esenciales de nuestra existencia cristiana y de nuestra humanidad, que corren el riesgo de adormecerse con un estilo de vida lleno de comodidades. Al mostrar interés por ellos, nos interesamos también por nosotros, por todos; cuidando de ellos, todos crecemos; escuchándolos, también damos voz a esa parte de nosotros que quizás mantenemos escondida porque hoy no está bien vista“.
ACTUAR
No los dejemos ir con las manos vacías. Compartamos al menos algo de lo que tenemos, para que no les falte “el pan de cada día”.

miércoles, 6 de marzo de 2019

Monseñor Felipe Arizmendi: ‘Iglesia santa y pecadora’ 06032019

velas en una Iglesia
(Pixabay.Com - Foto-Rabe)

Monseñor Felipe Arizmendi: ‘Iglesia santa y pecadora’

“Convirtámonos diariamente”
+ Felipe Arizmendi Esquivel
Obispo Emérito de San Cristóbal de Las Casas
VER
Preocupación, dolor y vergüenza, es lo que sentimos al conocer nuevas fallas en nuestra Iglesia. Durante algunos años, decíamos que todo era una trama de los medios informativos contra su autoridad moral. Sin embargo, son inocultables los pecados y los abusos que se han cometido al interior de la misma institución. Ante esta realidad, es digna de elogio la actitud madura y serena de gran parte del pueblo católico, que asume esta realidad y se mantiene fiel. Reconoce que no es toda la Iglesia la que falla, sino sólo algunos casos.
Las quejas más comunes de los feligreses son por los malos tratos que reciben de sus párrocos. En mis casi 28 años de obispo, sólo una vez recibí la denuncia de que un sacerdote estaba predicando cosas contrarias a la fe. Lo llamé para aclarar las cosas, y eran sólo imprudencias en su forma de explicar el origen de la humanidad según la Biblia. Pero quejas por el exceso de requisitos para recibir los sacramentos, por las faltas de atención, por lenguajes léperos, por excesos en bebidas, por los altos estipendios que imponen, por su irresponsabilidad o su autoritarismo, eso es más frecuente, y no de estos tiempos. Lamentablemente.
Ahora como obispo emérito, más que antes, recorro varias partes del país acompañando en ejercicios espirituales a los presbíteros, y doy testimonio de su gran disponibilidad para superarse, corregirse, ser más fieles a su vocación, servidores más humildes y entregados a su pueblo. Reflexionan y analizan lo que dicen la Palabra de Dios y el Magisterio eclesial, para enmendar aquello que no refleje el estilo de Jesús en su trato con el Padre celestial y con el pueblo. La gran mayoría de los creyentes aprecian a sus sacerdotes y acuden confiadamente a ellos, porque los perciben buenas personas, entregados a su ministerio, sencillos y pobres, responsables y fieles servidores.
PENSAR
El Papa Francisco, en su tradicional encuentro de fin de año con la Curia romana, resaltó ambos aspectos de la Iglesia: es santa y pecadora. Dijo: “Si Cristo, santo, inocente, inmaculado, no conoció el pecado, sino que vino únicamente a expiar los pecados del pueblo, la Iglesia encierra en su propio seno a pecadores, y siendo al mismo tiempo santa e inmaculada y necesitada de purificación, avanza continuamente por la senda de la penitencia y de la renovación.
La Biblia y la historia de la Iglesia nos enseñan que muchas veces, incluso los elegidos, andando en el camino, empiezan a pensar, a creerse y a comportarse como dueños de la salvación, y no como beneficiarios; como controladores de los misterios de Dios, y no como humildes distribuidores; como aduaneros de Dios, y no como servidores del rebaño que se las ha confiado.
Este año, en el mundo turbulento, la barca de la Iglesia ha vivido y vive momentos de dificultad, y ha sido embestida por tormentas y huracanes. Muchos se han dirigido al Maestro, que aparentemente duerme, para preguntarle: ‘Maestro, ¿no te importa que perezcamos?’ Otros, aturdidos por las noticias, comenzaron a perder la confianza en ella y a abandonarla. Otros, por miedo, por intereses, por un fin ulterior, han tratado de golpear su cuerpo aumentando sus heridas. Otros, no ocultan su deleite al verla zarandeada. Muchos otros, sin embargo, siguen aferrándose a ella con la certeza de que ‘el poder del infierno no la derrotará’. Mientras tanto, la Esposa de Cristo continúa su peregrinación en medio de alegrías y aflicciones, en medio de éxitos y dificultades, externas e internas. Ciertamente, las dificultades internas siguen siendo siempre las más dolorosas y las más destructivas.
Un gran motivo de alegría es el gran número de personas consagradas, de obispos y sacerdotes, que viven diariamente su vocación en fidelidad, silencio, santidad y abnegación. Son personas que iluminan la oscuridad de la humanidad con su testimonio de fe, amor y caridad. Personas que trabajan pacientemente por amor a Cristo y a su Evangelio, en favor de los pobres, los oprimidos y los últimos, sin tratar de aparecer en las primeras páginas de los periódicos o de ocupar los primeros puestos. Personas que, abandonando todo y ofreciendo sus vidas, llevan la luz de la fe allí donde Cristo está abandonado, sediento, hambriento, encarcelado y desnudo. Y pienso especialmente en los numerosos párrocos que diariamente ofrecen un buen ejemplo al pueblo de Dios, sacerdotes cercanos a las familias, que conocen los nombres de todos y viven su vocación con sencillez, fe, celo, santidad y caridad. Personas olvidadas por los medios de comunicación, pero sin los cuales reinaría la oscuridad” (21-XII-2018).
Al recibir a feligreses de la diócesis del Padre Pío, dijo: “La Iglesia es santa, es la esposa de Cristo, pero nosotros, los hijos de la Iglesia, somos todos pecadores, ¡y algunos grandes!, pero él amaba a la Iglesia tal como es, no la destruyó con la lengua, ya que está de moda hacerlo ahora. El que ama a la Iglesia sabe cómo perdonar, porque sabe que él mismo es un pecador y necesita el perdón de Dios. Sabe cómo arreglar las cosas, pero siempre con perdón. No podemos vivir una vida entera acusando, acusando, acusando a la Iglesia. Debemos señalar los defectos, pero en el momento en que se denuncian, se ama a la Iglesia. Sin amor, eso es del diablo” (20-II-2019).
ACTUAR
En la Iglesia de Cristo hay santidad y pecado. Tú también eres Iglesia. De ti y de mí depende que haya más una cosa u otra. Convirtámonos diariamente, aprovechando esta Cuaresma, para que abunden más la gracia, la oración, el servicio, la rectitud en las costumbres, el amor a los que sufren.

jueves, 31 de enero de 2019

Mons. Felipe Arizmendi: “Solo el amor nos hace más humanos” 30012019

familia en Colombia (Pixaball PD codigodinamico87)
Familia En Colombia (Pixaball PD Codigodinamico87)

Mons. Felipe Arizmendi: “Solo el amor nos hace más humanos”

“Ama a tu prójimo, empezando por tu familia”
+ Felipe Arizmendi Esquivel
Obispo Emérito de San Cristóbal de Las Casas
VER
Que hay muchos problemas, ni quién lo niegue. Que hay muy buenas intenciones de erradicar la corrupción pública, es muy laudable, pero no fácil de conseguir. Que se pretende enderezar la política, es un anhelo plausible, pero hay mucha distancia para que sea un hecho. Que hay mucho robo de gasolina y de otros recursos públicos, no hay día en que no tengamos más datos al respecto. Que si el actual Presidente de la República insiste en el amor al prójimo, en no robar, en seguir su “Cartilla Moral”, es motivo de burla, de risa, de ataques, porque dicen que se está volviendo un predicador moralista, algo ajeno al régimen laico que tiene como norma el país.
Que muchos matrimonios se están destruyendo y que, en consecuencia, los hijos sufren la separación de sus padres, es un dato innegable. Muchos esposos ya no se soportan y su primera opción es separarse, porque se han provocado heridas muy profundas, por infidelidades, golpes, ofensas. En varios casos, ciertamente lo más sano y justo es una separación, temporal o definitiva, mientras las cosas no cambien. Proponerles que se perdonen, que se reconcilien, pareciera no sólo imposible, sino hasta inhumano e injusto. Se alegan derechos humanos, que ya han sido pisoteados por una u otra parte, e invitarles a amarse y salvar su hogar, pareciera sin sentido.
Un taxista me contó su historia. No conoció a su padre. Su madre lo abandonó cuando tenía ocho años, y luego se enteró de que se había vuelto alcohólica y le perdieron la pista. Fue la abuela materna quien cuidó de él. Dice que, aunque reconoce lo que ésta hizo por él y le está muy agradecido, siempre llevó en su corazón un vacío, que al principio no se explicaba; luego cayó en la cuenta de que era porque le faltaba un padre, y nada sabía de su madre. Sufrió muchas carencias con su abuela, pero lo sacó adelante; sin embargo, aún ahora resiente la falta de amor materno y paterno. Durante varios años se refugió en el alcohol y en otras cosas, hasta que enderezó su vida.
Un adolescente me confió que vive solo con su padre, porque su madre se separó de ellos, llevándose a una hermanita. Me cuenta que cada semana va con su madre y tiene que convivir con “el novio de su mamá”… ¡Qué dramas tan intensos! No le falta nada material, pero carece de un hogar integrado y armónico. En los esposos, se acabó el amor, si es que lo hubo un tiempo, y cada quien hace su vida, sin importar el corazón de los hijos. ¿En verdad los aman? Se aman más a sí mismos…
PENSAR
El Papa Francisco nos recuerda que sólo el amor salva, sólo el amor nos hace ser personas, sólo el amor nos hace no dañar a los demás y no pensar sólo en nuestros derechos, sólo el amor nos asemeja a Dios, que es amor. Y el amor comprende, perdona, tolera, confía, espera, se desvive por hacer felices a los otros, aunque se hagan a un lado las propias necesidades. Poner en primer lugar a los demás, sobre todo a los hijos, es lo que salva un matrimonio. Sólo el amor salva una familia.
Dijo a los jóvenes en Panamá, en su Jornada Mundial: “El Evangelio nos enseña que el mundo será mejor cuando sean más las personas que estén dispuestas y se animen a gestar el mañana y creer en la fuerza transformadora del amor de Dios. Sólo el amor nos vuelve más humanos, más plenos; todo el resto son buenos, pero vacíos placebos”(26-I-2019).
En su Exhortación Evangelii gaudium,ya nos había dicho hace más de cinco años:“Llegamos a ser plenamente humanos cuando somos más que humanos, cuando le permitimos a Dios que nos lleve más allá de nosotros mismos para alcanzar nuestro ser más verdadero” (No. 8). “La vida se acrecienta dándola y se debilita en el aislamiento y la comodidad. Los que más disfrutan de la vida son los que dejan la seguridad de la orilla y se apasionan en la misión de comunicar vida a los demás. La vida se alcanza y madura a medida que se la entrega para dar vida a los otros” (No. 10).
En su mensaje Urbi et Orbi del pasado 25 de diciembre, recalcó: “Dios es Padre bueno y nosotros somos todos hermanos. Esta verdad está en la base de la visión cristiana de la humanidad. Sin la fraternidad que Jesucristo nos ha dado, nuestros esfuerzos por un mundo más justo no llegarían muy lejos, e incluso los mejores proyectos corren el riesgo de convertirse en estructuras sin espíritu… La salvación pasa a través del amor… Entonces, nuestras diferencias no son un daño o un peligro; son una riqueza… La experiencia de la familia nos lo enseña: siendo hermanos y hermanas, somos distintos unos de otros, y no siempre estamos de acuerdo, pero hay un vínculo indisoluble que nos une, y el amor de los padres nos ayuda a querernos”.
ACTUAR
¿Qué podemos hacer para que nuestro país sea mejor? Ama a tu prójimo, empezando por tu familia, tu esposa, tu esposo, tus hijos, tus padres y abuelos. No sólo exijas derechos; edúcate para servirles, ayudarles, apoyarles, perdonarles, comprenderles, no hacerles sufrir indebidamente. No te separes de tu cónyuge, sino haz todo lo posible por seguir adelante, por el bienestar de tus hijos, aunque te cuesten sacrificios. En tu hogar, aprendes a amar a tus vecinos, evitando molestarles hasta con ruidos excesivos. En tu familia, unida por el amor, aprendes a amar a los miembros de tu pueblo, de tu colonia, de tu ciudad, de tu patria, evitando robos, extorsiones, secuestros, asesinatos, etc. El país cambiará si amas al prójimo, como Dios te ama a ti. Cree en la fuerza transformadora del amor. Sin amor, ni con más ejércitos y policías, ni con otras leyes, evitaríamos más ruina y desajuste social.

jueves, 15 de noviembre de 2018

Mons. Felipe Arizmendi: Obispos hacia el 2031+2033 14112018

© CEM
© CEM

Mons. Felipe Arizmendi: Obispos hacia el 2031+2033

Oremos al Espíritu Santo, para que nos ayude a convertirnos
+ Felipe Arizmendi Esquivel
Obispo Emérito de San Cristóbal de Las Casas
VER
Estamos reunidos los obispos mexicanos en asamblea ordinaria, para renovar los cargos en nuestra Conferencia, y para buscar los pasos de hacer operativo nuestro Proyecto Global de Pastoral (PGP), en la perspectiva de los años 2031, cuando se cumplen 500 años de las apariciones de la Virgen de Guadalupe, y 2033, a los dos mil años de la muerte redentora de nuestro Señor Jesucristo. El CELAM también está preparando un plan hacia el 2033.
Nos preocupa cómo poner en práctica el PGP, pues en varias partes expresamos nuestro compromiso de procurar una renovación personal y pastoral. Sin ésta, todo se queda en documentos que van y vienen, en palabras sin sustento.
El Papa con frecuencia ha advertido a los obispos del peligro que tenemos de dejarnos aprisionar por la mundanidad, el clericalismo, la ambición de puestos, el activismo, el no dar su lugar a la mujer y a los jóvenes. Ha lamentado que algunos hayan caído en abusos de menores, o que no hayan hecho lo debido para remediar estos delitos clericales.
Puedo afirmar que la gran mayoría de los obispos latinoamericanos viven en forma sencilla, son misioneros por consagración, son muy cercanos a las gentes, no buscan aparecer en los medios informativos y son muy apreciados por el pueblo fiel.
Entre otros muchos asuntos que tratamos en esta asamblea, resalto dos: se pide la aprobación del episcopado para el Misal en lengua tseltal, una obra monumental y fruto de muchos años. Además, la aprobación para que el actual obispo de San Cristóbal de Las Casas pueda facultar a laicas y laicos a presidir sacramentalmente los matrimonios. Este es un paso necesario para que Roma dé la autorización definitiva.
PENSAR
Expresamos en nuestro Proyecto:
“Con humildad reconocemos que en nuestro modo de ser pastores, en algunos momentos parecemos más jueces, dueños o líderes de una estructura humana, que agentes dóciles al Proyecto del Reino de Dios. Confesamos que no hemos respondido con generosidad al valor esencial de la comunión, especialmente en la colegialidad entre nosotros como Obispos. No debemos encerrarnos en nuestras jurisdicciones territoriales y olvidarnos de construir la fraternidad y la solidaridad episcopal, ya que muchas de nuestras deficiencias pastorales encuentran aquí su raíz” (67).
“Como Obispos, vemos con inquietud que nuestro Pueblo reclama un mayor acompañamiento espiritual y un especial coraje profético frente a las circunstancias actuales, basado en el testimonio humilde, la vida sencilla y la cercanía habitual al Pueblo de Dios. Como nos lo señaló el Papa Francisco, pastores que sepan reflejar la ternura de Dios, con mirada limpia, de alma transparente y mirada luminosa, que tienen en su rostro las huellas de quienes han visto al Señor, de quienes han estado con Él. Obispos que tengan una particular cercanía con los pobres, sepan escucharlos y ofrecerles el consuelo de Dios, especialmente quien ha sido víctima de la violencia en estos últimos años, que tanto dolor han provocado a nuestras familias” (68).
“Como Obispos desde aquí queremos hacer un camino sinodal, mirando lejos, ocupándonos de nuestros desafíos actuales, pidiendo para nosotros al Señor una verdadera conversión personal y pastoral, inspirados en Jesucristo nuestro Redentor y en Santa María de Guadalupe” (86).
“Creemos que la conversión pastoral en nuestra Iglesia, que debe fundamentarse en una sólida espiritualidad cristológica, eclesial y guadalupana, pasa primero por los Obispos y después por el presbiterio. Por lo que nos proponemos ser esos pastores en salida, capaces de dialogar con el mundo. Nos sentimos llamados a servir, en comunión con toda la Iglesia, principalmente en las realidades más lacerantes y acuciantes, y, sobre todo, hacer presente las exigencias del Evangelio a favor de la construcción del Reino de Dios, es decir, de una humanidad más humana, justa y solidaria. Una humanidad bajo el signo de la Redención” (146). 
“Dios nos está llamando a generar esperanza, a fortalecer y reconstruir una vida humana más plena para todos sus hijos, especialmente los descartados por estos nuevos fenómenos, una vida que refleje en cada persona a Cristo el hombre perfecto y se manifieste en condiciones dignas para cada uno.  Una tarea que exige un profundo proceso de conversión, y nosotros, los Obispos, somos los primeros que debemos dar ejemplo de ella” (164). 
“Asumir y tomar conciencia, como obispos y presbíteros, de nuestra pertenencia a una Iglesia Pueblo, manifestándolo en nuestras actitudes y formando en esta disposición espiritual a los candidatos al presbiterado” (179 d). 
ACTUAR
Oremos al Espíritu Santo, para que nos ayude a convertirnos. Y si ustedes advierten en obispos y presbíteros algo que no sea evangélico, por favor, corríjanos fraternalmente.

miércoles, 26 de septiembre de 2018



Mons. Felipe Arizmendi: Educación o deformación sexual en las escuelas

“Padres de familia, conozcan lo que sus hijos reciben en las escuelas”
+ Felipe Arizmendi Esquivel
Obispo Emérito de SCLC
VER
Pedí a una de mis sobrinas nietas que me facilitara su libro de Biología, correspondiente a 1º. de Secundaria. Hay que reconocer que, en general, los libros oficiales están bien hechos, con muchos y oportunos contenidos y una muy buena pedagogía.
Sin embargo, en lo relativo a sexo y género, en ese libro se dice: “Ser hombre o mujer, desde el punto de vista biológico, se refiere estrictamente a las características físicas que los distinguen, determinadas por los cromosomas sexuales: estas características designan el sexo del individuo. El concepto de género, en cambio, se refiere al grupo al que pertenecen los seres humanos de cada sexo, entendido éste desde el punto de vista sociocultural, y no exclusivamente biológico. Así, el concepto de género incluye los atributos psicológicos, sociales y culturales de cada sexo” (pág. 185). “El género se refiere a la identificación de los individuos con las normas sociales y culturales que han asignado tanto a la masculinidad como a la feminidad” (pág. 186).
Sobre la masturbación, afirma: “En la adolescencia es natural sentir la necesidad de autosatisfacerse mediante caricias y estímulos, sobre todo en la zona de los genitales: es lo que se conoce como masturbación” (pág. 187). Y propone una discusión en grupos sobre “mitos e ideas falsas asociados a la sexualidad”, en base a “la discusión entre dos personajes: uno de ellos está influenciado por creencias falsas sobre la masturbación, y el otro que se ha informado con sexólogos, lo convence mediante argumentos sólidos” (pág. 190).
En cuanto a relaciones sexuales, dice: “¿Piensas que cualquier práctica sexual que cuente con el total consentimiento de los involucrados, que no produzca daño y resulte placentera, es sana y agradable? ¿Por qué? (pág. 188). “Ejercer tu sexualidad de manera responsable, respetuosa y tolerante -es decir, madura- implica informarte y actuar con libertad, pues no tendrás miedos ni culpas. Si logras esto vivirás una sexualidad segura y plena” (pág. 191). Y entre los métodos anticonceptivos, además de toso los consabidos, enumera también los naturales, como el Billings y el calendario, pero les da sólo entre el 70 y el 80% de efectividad (pág. 200). Por lo menos los menciona, cosa que antes no se hacía.
PENSAR
Dice el Papa Francisco en Amoris laetitia:
“La educación sexual brinda información, pero sin olvidar que los niños y los jóvenes no han alcanzado una madurez plena. La información debe llegar en el momento apropiado y de una manera adecuada a la etapa que viven. No sirve saturarlos de datos sin el desarrollo de un sentido crítico ante una invasión de propuestas, ante la pornografía descontrolada y la sobrecarga de estímulos que pueden mutilar la sexualidad. Los jóvenes deben poder advertir que están bombardeados por mensajes que no buscan su bien y su maduración. Hace falta ayudarles a reconocer y a buscar las influencias positivas, al mismo tiempo que toman distancia de todo lo que desfigura su capacidad de amar. Igualmente, debemos aceptar que la necesidad de un lenguaje nuevo y más adecuado se presenta especialmente en el tiempo de presentar a los niños y adolescentes el tema de la sexualidad”(281).
“Con frecuencia la educación sexual se concentra en la invitación a «cuidarse», procurando un «sexo seguro». Es irresponsable toda invitación a los adolescentes a que jueguen con sus cuerpos y deseos, como si tuvieran la madurez, los valores, el compromiso mutuo y los objetivos propios del matrimonio. De ese modo se los alienta alegremente a utilizar a otra persona como objeto de búsquedas compensatorias de carencias o de grandes límites” (283).
¿Es correcto lo que enseñan los oficiales libros de texto? En cuanto a sexo y género, son diferentes, en efecto, pero no se pueden separar, como si alguien pudiera escoger su género sin tener en cuenta su sexo. Las modalidades culturales afectan y hasta condicionan la forma de vivir la masculinidad y la femineidad, pero no la pueden ignorar o despreciar. Así como se presenta el tema en el libro oficial, se intenta llegar a evitar la discriminación hacia quienes tienen tendencias diferentes, lo cual es sano, pero no se puede justificar asumir un género sin tener como base el propio sexo.
Lo que afirma sobre la masturbación no es moralmente aceptable, porque ésta refleja un problema de personalidad. Es una regresión a la etapa fetal, en que el individuo está vuelto sobre sí mismo. Es una compensación a muchas frustraciones. Es un autoconsuelo egoísta. Es producirte una autosatisfacción, porque la vida no te complace. Es una señal de que no estás recibiendo el afecto, el aprecio y el reconocimiento que necesitas para disfrutar la vida. Sin embargo, es un autoengaño pasajero y transitorio, que provoca nuevas frustraciones y decepciones de sí mismo.
No es moralmente adecuada la liberalidad a que da pie cuando trata lo de las relaciones sexuales, pues es una invitación a que practiquen su genitalidad en todo tipo de relaciones, sin control de emociones y sentimientos. Luego se quejan de por qué hay tantos embarazos en adolescentes. Estos libros de texto también tienen responsabilidad.
ACTUAR
Padres de familia, conozcan lo que sus hijos reciben en las escuelas; platiquen con ellos al respecto; discutan y aclaren lo necesario; procuren tener buena información y formación sobre estos temas. Hablen con sus maestros, para que pueda complementarse lo que dicen los libros con otras opiniones morales confiables, con la colaboración de ustedes, que son los primeros e insustituibles responsables de la educación de sus hijos.

jueves, 13 de septiembre de 2018

“Pederastia y celibato” por Mons. Felipe Arizmendi 12092018

© Cathopic

“Pederastia y celibato” por Mons. Felipe Arizmendi

“La inmensa mayoría de los sacerdotes viven fielmente su celibato”
+ Felipe Arizmendi Esquivel
Obispo Emérito de San Cristóbal de las Casas
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No ha faltado quien afirme que los casos de pederastia clerical se deben al celibato que decidimos asumir los sacerdotes y obispos. Con esto dan a entender que ser célibes nos hace inclinarnos a abusar de menores. Nada más ajeno a la verdad. La pederastia sucede mucho más en la familia, por parte de papás hacia sus hijos e hijas. Son muchísimos más los profesores, casi todos casados, que caen en estos crímenes abominables. Hay también algunos casos de pastores protestantes casados que fallan en esto, y no por ser casados están exentos de estos errores graves. Lo que pasa es que ellos casi no son noticia, y los medios de comunicación no los resaltan. Mucha gente ni se entera y se queda con la impresión de que esto sucede sólo en nuestra Iglesia, que es la que más está luchando por desterrar estas conductas criminales.
Doy testimonio de que la inmensa mayoría de los sacerdotes viven fielmente su celibato y no abusan de menores. El hecho de que algunos hayan cometido estas aberraciones, no autoriza a generalizar culpando a todos y al mismo celibato.
Yo soy muy feliz de ser y permanecer célibe, por una opción libre y personal, consciente y sostenida. Nadie me obligó a renunciar al matrimonio; lo hice porque he querido mantenerme libre para servir, donde me llamen y requieran mis servicios pastorales. No es por desprecio al matrimonio ni a la mujer, sino por una opción de totalidad por Cristo y por el pueblo. Acabo de cumplir 55 años como sacerdote y me siento feliz y muy fecundo en esta vocación. El celibato no me inclina a abusar de menores, sino que me da plenitud en mi opción de ser servidor de Dios y de la comunidad. Muchos no entienden esta consagración, como ya el mismo Jesús lo había advertido. Se imaginan que no se puede vivir sin prácticas genitales, hetero u homosexuales. El hecho de que ellos no lo vivan, no significa que no sea posible. Es posible y hermoso ser célibe, por amor al Reino de Dios, es decir, a Jesucristo y a la vida plena del pueblo, sobre todo de los pobres y de los que sufren.
PENSAR
El Papa San Juan Pablo II, en su exhortación postsinodal Pastores dabo vobis, dice al respecto:
“Entre los consejos evangélicos, estaca el precioso don de la divina gracia, concedido a algunos por el Padre (cf. Mt 19, 11; 1 Cor 7, 7), para que se consagren sólo a Dios con un corazón que en la virginidad y el celibato se mantiene más fácilmente indiviso (cf. 1 Cor 7, 32-34). Esta perfecta continencia por el reino de los cielos siempre ha sido tenida en la más alta estima por la Iglesia, como señal y estímulo de la caridad y como un manantial extraordinario de espiritual fecundidad en el mundo.
Es particularmente importante que el sacerdote comprenda la motivación teológica de la ley eclesiástica sobre el celibato. En cuanto ley, ella expresa la voluntad de la Iglesia, antes aún que la voluntad que el sujeto manifiesta con su disponibilidad. Pero esta voluntad de la Iglesia encuentra su motivación última en la relación que el celibato tiene con la ordenación sagrada, que configura al sacerdote con Jesucristo, Cabeza y Esposo de la Iglesia. La Iglesia, como Esposa de Jesucristo, desea ser amada por el sacerdote de modo total y exclusivo como Jesucristo, Cabeza y Esposo, la ha amado. Por eso el celibato sacerdotal es un don de sí mismo eny conCristo asu Iglesia y expresa el servicio del sacerdote a la Iglesia en y con el Señor.
Para una adecuada vida espiritual del sacerdote es preciso que el celibato sea considerado y vivido no como un elemento aislado o puramente negativo, sino como un aspecto de una orientación positiva, específica y característica del sacerdote: él, dejando padre y madre, sigue a Jesús, buen Pastor, en una comunión apostólica, al servicio del Pueblo de Dios. Por tanto, el celibato ha de ser acogido con libre y amorosa decisión, que debe ser continuamente renovada, como don inestimable de Dios, como estímulo de la caridad pastoral, como participación singular en la paternidad de Dios y en la fecundidad de la Iglesia, como testimonio ante el mundo del Reino escatológico” (No. 29).
ACTUAR
Expresemos cariño, gratitud y confianza hacia los sacerdotes que se mantienen fieles a su carisma celibatario. Son padres y hermanos que han consagrado toda su existencia al servicio de Dios y del pueblo. No desconfiemos sistemáticamente de todos, aunque tampoco hay que ser ingenuos. Si en alguno de ellos se advierten tendencias negativas, hay que ayudarle a superarlas; y si no se corrige, hay que denunciarlo ante las respectivas autoridades, no sin mediar antes la corrección fraterna que Jesús siempre ordena.

jueves, 8 de marzo de 2018

Mons. Arizmendi: Francisco con los pueblos originarios de Perú 07032018

Mons. Arizmendi: Francisco con los pueblos originarios de Perú

“Los indígenas requieren más espacio y más protagonismo en el culto divino”
Peregrinos de los pueblos originarios de Chile en la Misa de Temuco © L'Osservatore Romano
Peregrinos De Los Pueblos Originarios De Chile En La Misa De Temuco © L'Osservatore Romano
FRANCISCO CON LOS PUEBLOS ORIGINARIOS DE PERÚ
 + Felipe Arizmendi Esquivel
Obispo Emérito de San Cristóbal de Las Casas
VER
La semana pasada, estuve con 35 nahuablantes en una comunidad de las montañas de Oaxaca, Teopoxco, de la Prelatura de Huautla, acompañando su arduo trabajo de traducir al náhuatl tanto la Misa como los sacramentos. Yo no hablo este idioma, pero la Conferencia Episcopal nos confió a las Dimensiones de Animación Bíblica de la Pastoral, Liturgia, Doctrina de la Fe, Cultura e Indígenas, que participáramos en este proceso de traducción, para cuidar tanto la fidelidad bíblica, como la litúrgica, teológica y cultural.
Es muy alentador compartir la alegría y la esperanza que provoca en estos pueblos originarios comprobar que son importantes, que valen, que no están a punto de extinción, que la Iglesia los toma en cuenta, y que en su idioma se puede no sólo leer la Biblia, sino celebrar los sacramentos y expresar su fe. Ojalá otras diócesis con población indígena se animaran a formar equipos traductores para sus pueblos. Es un derecho que les asiste, y que no siempre hemos respetado.
Valoro mucho la nueva actitud del Papa Francisco, porque en su país de origen no se resalta mucho lo referente a la pastoral aborigen, como allá le llaman. Pasando los años como Sumo Pontífice, su actitud hacia los pueblos originarios se ha incrementado notablemente. Ya son varias sus intervenciones en que los reconoce, los valora, los alienta y les pide que ayuden, sobre todo a los obispos, a darle a la Iglesia un rostro más indígena. Muchos no le hacen caso, ni lo toman en cuenta, pero él hace lo que le corresponde.
PENSAR
En su reciente viaje a Perú, quiso empezar visitando la zona amazónica, donde viven miles de pueblos originarios. Resalto algo de lo que les dijo, para que no lo olvidemos.
“He querido venir a visitarlos y escucharlos, para estar juntos en el corazón de la Iglesia, unirnos a sus desafíos y con ustedes reafirmar una opción sincera por la defensa de la vida, defensa de la tierra y defensa de las culturas.
Considero imprescindible realizar esfuerzos para generar espacios institucionales de respeto, reconocimiento y diálogo con los pueblos nativos; asumiendo y rescatando la cultura, lengua, tradiciones, derechos y espiritualidad que les son propias. Un diálogo intercultural en el cual ustedes sean los principales interlocutores, sobre todo a la hora de avanzar en grandes proyectos que afecten a sus espacios. El reconocimiento y el diálogo será el mejor camino para transformar las históricas relaciones marcadas por la exclusión y la discriminación.
Permítanme decirles que si, para algunos, ustedes son considerados un obstáculo o un «estorbo», en verdad, ustedes con su vida son un grito a la conciencia de un estilo de vida que no logra dimensionar los costes del mismo. Ustedes son memoria viva de la misión que Dios nos ha encomendado a todos: cuidar la Casa Común.
El reconocimiento de estos pueblos —que nunca pueden ser considerados una minoría, sino auténticos interlocutores— así como de todos los pueblos originarios, nos recuerda que no somos los poseedores absolutos de la creación. Urge asumir el aporte esencial que le brindan a la sociedad toda, no hacer de sus culturas una idealización de un estado natural ni tampoco una especie de museo de un estilo de vida de antaño. Su cosmovisión, su sabiduría, tienen mucho que enseñarnos a quienes no pertenecemos a su cultura. Todos los esfuerzos que hagamos por mejorar la vida de los pueblos amazónicos serán siempre pocos.
Cada cultura y cada cosmovisión que recibe el Evangelio enriquecen a la Iglesia con la visión de una nueva faceta del rostro de Cristo. La Iglesia no es ajena a vuestra problemática y a vuestras vidas, no quiere ser extraña a vuestra forma de vida y organización. Necesitamos que los pueblos originarios moldeen culturalmente las Iglesias locales amazónicas. Ayuden a sus obispos, ayuden a sus misioneros y misioneras, para que se hagan uno con ustedes, y de esa manera dialogando entre todos, puedan plasmar una Iglesia con rostro amazónico y una Iglesia con rostro indígena” (19-I-2018). 
ACTUAR
Nuestra Iglesia no será verdaderamente católica sino hasta que acepte en su seno, con todos sus derechos, a los diferentes pueblos que la integran. Los indígenas requieren más espacio y más protagonismo en el culto divino, en las catequesis, en las programaciones pastorales. Que el Espíritu Santo nos abra la mente y el corazón a esta pluralidad de pueblos y culturas. Así es la Iglesia que Jesús quiere, no sólo romana, griega, italiana, española, sino también náhuatl, maya, tseltal, tsotsil, ñañú,quechua, aymara, amazónica, etc.

jueves, 11 de enero de 2018

Mons. Felipe Arizmendi: Fin de una etapa episcopal 10012018

Mons. Felipe Arizmendi: Fin de una etapa episcopal

27 años Chiapas, 9 en Tapachula y 17 en S. Cristóbal de Las Casas
Mons. Arizmendi (Foto ZENIT cc)
Mons. Arizmendi (Foto ZENIT Cc)
+ Felipe Arizmendi Esquivel
Obispo Emérito de SCLC
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Ha concluido mi servicio como obispo en Chiapas, que duró 27 años: un poco más de 9 en Tapachula y 17 y medio en San Cristóbal de Las Casas. Regreso a mi diócesis de origen, Toluca, donde me dedicaré, mientras Dios me conceda salud y vida, a escuchar a las personas en confesión y en asesoría espiritual, de acuerdo con el obispo diocesano y la comunidad presbiteral y laical. Mi sucesor es Mons. Rodrigo Aguilar Martínez, hermano, amigo y pastor de plena confianza.
Regreso contento, porque Dios me ha concedido ver muchos buenos frutos. Es un regalo inmerecido e impensado. En comunión eclesial y en un trabajo pastoral muy de conjunto, con un hermoso espíritu sinodal, entre todos los integrantes de la diócesis procuramos continuar la línea marcada en el III Sínodo Diocesano, aprobado por mi antecesor Mons. Samuel Ruiz García, de ser una Iglesia autóctona, liberadora, evangelizadora, servidora, en comunión y bajo la guía del Espíritu. En sintonía con este Sínodo y tomando en cuenta los retos actuales, hicimos el primero y el segundo Plan Diocesano de Pastoral.
Con nuestras innegables diferencias humanas, psicológicas, eclesiales, teológicas y sociales, fuimos creando un ambiente de fraternidad y de respeto entre las diferentes tendencias eclesiales que hay en la diócesis y en la misma sociedad. Una de mis preocupaciones fundamentales fue promover la unidad en la diversidad.
Avanzamos en la consolidación de una Iglesia autóctona. Todos los diáconos permanentes, las y los catequistas son chiapanecos, la mayoría indígenas; casi todos los servidores son nativos de estas tierras; aumentan las religiosas originarias de aquí; casi todos los seminaristas son locales, y más de la mitad indígenas; aumentan los sacerdotes procedentes de parroquias nuestras, y ya son 12 los sacerdotes indígenas, algunos de los cuales ocupan cargos de dimensión diocesana. El proceso del diaconado permanente en ambiente indígena recibió la aprobación de la Congregación para el Clero.
Hemos caminado hacia una inculturación como pide la Iglesia, en comunión con Roma y con la Conferencia Episcopal, tanto en las celebraciones litúrgicas como en las traducciones bíblicas y litúrgicas.
El Seminario Diocesano se ha consolidado, sobre todo por el aumento de vocaciones. En este curso, empezamos con 71 alumnos: 24 en Teología, 11 en Filosofía, 14 en el Curso Introductorio y 22 en el Menor. La pastoral juvenil y vocacional da sus frutos.
Hay muchísimos fieles laicos en los diferentes servicios parroquiales y diocesanos, con el protagonismo apostólico que la Iglesia reclama para ellos. Se ha continuado apoyando la promoción de la mujer, así como la defensa y promoción de los indígenas, para que ocupen su lugar en la sociedad y en la Iglesia.
Nos esforzamos por dar una debida atención integral a los miles de migrantes que pasan por nuestro territorio, construyendo varios albergues para ellos. Se promovió una pastoral integral de la Madre Tierra, para proteger la Casa Común.
La diócesis ha acompañado los procesos de los pueblos, para lograr el respeto a sus tierras y a sus derechos, promoviendo su participación activa en peregrinaciones, ayunos, oraciones y denuncias oportunas contra el alcoholismo, la indebida explotación minera y forestal, las cárceles injustas, etc.
Se avanzó en un sano ecumenismo con personas de otras confesiones cristianas.
Sin embargo, persisten muchas situaciones de pobreza y marginación, y falta mucho por hacer para su promoción integral, tanto por parte de los gobiernos, como de la sociedad y de la misma Iglesia. Persisten también, en algunos sectores de la sociedad, actitudes de no aceptación de corazón hacia los indígenas y no comprensión de sus culturas. Todavía hay racismos y discriminaciones. Se van perdiendo idiomas y buenas costumbres. La nueva cultura mediática invade y desequilibra toda su vida personal y familiar.
Nos duele el desplazamiento de cientos de indígenas pobres del municipio de Chalchihuitán, así como las divisiones políticas en varias partes. Hay un deterioro de la democracia, con luchas implacables por el poder; se degeneran las campañas en oferta de dádivas y en promesas difíciles de cumplir.
Muchas familias se están desintegrando y muchos adolescentes y jóvenes vagan sin rumbo de vida, lo que los orilla a frecuentes casos de suicidio. El alcoholismo y la drogadicción tienen campo abierto, sin normas eficaces que regulen su uso y venta. Aún persiste marginación hacia la mujer, en particular hacia las indígenas, con casos de violencia intrafamiliar.
PENSAR
El Papa Francisco ha dicho: “Nosotros, discípulos de Jesús, no debemos buscar título de honor, de autoridad o de supremacía. Yo os digo que a mí personalmente me duele ver a personas que psicológicamente viven corriendo detrás de la vanidad de las condecoraciones. Nosotros, discípulos de Jesús, no debemos hacer esto, ya que entre nosotros debe haber una actitud sencilla y fraterna. Todos somos hermanos y no debemos, de ninguna manera, dominar a los otros y mirarlos desde arriba. No. Todos somos hermanos. Si hemos recibido cualidades del Padre celeste, debemos ponerlas al servicio de los hermanos, y no aprovecharnos para nuestra satisfacción e interés personal. No debemos considerarnos superiores a los otros; la modestia es esencial para una existencia que quiere ser conforme a la enseñanza de Jesús, que es manso y humilde de corazón y ha venido no para ser servido sino para servir” (5-XI-2017).
ACTUAR
Me encomiendo a sus oraciones, para que pueda dar un buen servicio en esta otra etapa de mi ministerio episcopal, y me pongo a sus órdenes en lo que pueda servirles. Viviré en una casa de la diócesis, junto al Seminario y a la Casa de la Sagrada Familia.
NOTA: Este es mi último artículo semanal. En adelante, ofreceré este servicio evangelizador sólo en forma ocasional.

miércoles, 8 de noviembre de 2017

Mons. Felipe Arizmendi: “Renuncia no, jubilación” 08112017

Mons. Felipe Arizmendi: “Renuncia no, jubilación”

“La vocación es ser llamados por Otro, es decir, no poseerse más”
La vocación de San Mateo, Caravaggio
La Vocación De San Mateo, Caravaggio
RENUNCIA, NO JUBILACIÓN
 + Felipe Arizmendi Esquivel
Obispo de San Cristóbal de Las Casas
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Desde el 1 de mayo de 2015, al cumplir 75 años de edad, presenté al Papa Francisco mi renuncia a la diócesis de San Cristóbal de Las Casas, como indica el Código de Derecho Canónico: “Al Obispo diocesano que haya cumplido setenta y cinco años de edad, se le ruega que presente la renuncia de su oficio al Sumo Pontífice, el cual proveerá teniendo en cuenta todas las circunstancias” (c 401,1). Me fue aceptada el pasado 3 de noviembre.
Doy gracias a Dios por haberme llamado a este ministerio, y a las dos diócesis de Chiapas que me recibieron. El 7 de marzo de 1991, fui ordenado obispo en Tapachula, donde permanecí hasta el 30 de abril del año 2000. A partir del 1 de mayo del 2000, he servido en la diócesis actual. El Papa me nombró Administrador Apostólico, hasta que llegue mi sucesor, Mons. Rodrigo Aguilar Martínez, el 3 de enero de 2018. Son casi 27 años de mi vida episcopal, toda en Chiapas.
Me siento tranquilo, sereno y en paz. Como dice Jesús: “Cuando hayan hecho todo lo que Dios les manda, digan: Somos servidores a los que nada hay que agradecer, porque no hicimos más que cumplir con nuestra obligación” (Lc 17,10). En efecto, no faltan quienes hagan un balance de lo que se ha hecho, hacen comparaciones, elucubran cómo será el sucesor. Soy consciente de mis limitaciones, pero me he esforzado por vivir este ministerio como Jesús y la Iglesia nos indican. Sólo Dios y la historia eclesial nos juzgarán.
Regresaré a mi diócesis de origen, Toluca, y me dedicaré, mientras Dios me conceda vida y salud, a atender a personas en confesión y en asesoría espiritual. Por tanto, no voy a descansar, a jubilarme, sino a cambiar de estilo de servicio; ya no al frente de una diócesis, sino con mi tiempo dedicado a atender a tantas personas que tienen hambre de ser escuchadas y de recibir una orientación según Dios.
PENSAR
El papa Francisco ha dicho: “El verdadero pastor sabe dejar su cargo en la Iglesia cuando es el debido momento, porque sabe que el rebaño no es su propiedad y él no es el centro de la historia. Un pastor que no aprendió a despedirse, es porque tuvo alguna relación equivocada con el rebaño, una relación que no está purificada por la cruz de Jesús. Una de las cosas que dará paz al pastor cuando se retira, es recordarse que nunca fue un pastor de compromisos. Obedece al Espíritu, porque el pastor sabe que está en camino. No se jubila, sino que va a servir a otras Iglesias, siempre con el corazón abierto a la voz de Dios: dejo esto; veré que me pide el Señor. Recemos por nuestros pastores, por los párrocos, obispos, por el Papa, para que su vida sea una vida sin compromisos, una vida en camino, y una vida en la que ellos no crean que están en el centro de la historia y así aprendan a despedirse” (30-V- 2017).
“Tengo miedo de los cristianos que no caminan y se encierran en su nicho. Es mejor proceder cojeando, a veces cayendo, pero siempre confiando en la misericordia de Dios, que ser unos cristianos de museo que temen los cambios y que, habiendo recibido un carisma o vocación, en lugar de ponerse al servicio de la eterna novedad del Evangelio, se defienden a sí mismos y defienden sus roles.
La vocación es ser llamados por Otro, es decir, no poseerse más, salir de sí mismo y ponerse al servicio de un proyecto más grande. Nos convertimos, entonces, con humildad, en colaboradores de la viña del Señor, renunciando a todo espíritu de posesión y de vana gloria. ¡Qué triste es ver que, a veces, precisamente nosotros, hombres de la Iglesia, no sabemos ceder nuestro puesto, no conseguimos despedirnos de nuestros deberes con serenidad, y nos cuesta dejar en manos de otros las obras que el Señor nos ha confiado!
Siempre adelante, con valor, con creatividad y con audacia. Sin miedo de renovar vuestras estructuras y sin permitir que el precioso camino recorrido pierda el empuje de la novedad. ¡Siempre adelante! Adelante en la esperanza, adelante con vuestra misión, mirando más allá, abriendo horizontes, dejando espacio a los jóvenes y preparando el futuro” (23-VI-2017).
ACTUAR
Me encomiendo a sus oraciones. Y oremos por el nuevo obispo que vendrá a esta diócesis, con la confianza de que es el Espíritu Santo quien guía a su Iglesia. Espero que la familia diocesana demuestre su madurez recibiéndolo con apertura de mente y de corazón, con una colaboración crítica, pero leal y entusiasta, con una disponibilidad humilde y dócil a la vez.

miércoles, 6 de septiembre de 2017

“Ya no hay pobres”, por Mons. Felipe Arizmendi

“Ya no hay pobres”, por Mons. Felipe Arizmendi

Analizar los índices que se toman en cuenta para calificar la pobreza
Archivo Zenit
Archivo Zenit
YA NO HAY POBRES 
+ Felipe Arizmendi Esquivel
Obispo de San Cristóbal de Las Casas
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Estando de vacaciones en mi pueblo natal, Chiltepec, un sobrino me dijo que, después de las fiestas patronales a la Virgen de Belén, habían sobrado más de doscientos mil pesos, y que habían pensado, junto con el párroco, destinarlos a renovar el decorado del templo, cosa que, en mi concepto, no hace tanta falta. Le dije que a la Virgen le gustaría mucho que, en vez de eso, se le hiciera una casita a una persona pobre del pueblo, o se ayudara de alguna forma a los pobres.
Para mi sorpresa, me dijo que en el pueblo ya no había pobres… Me hizo ver que un buen número de familias recibe remesas de quienes emigraron a los Estados Unidos, y regularmente envían dinero a los suyos. Los hermanos de un sacerdote del lugar han implementado una importante empresa de flores, también para exportación, y dan trabajo a cientos de personas, tanto que escasea la mano de obra. Otros se han dedicado a cultivar jitomates bajo invernaderos, chiles manzanos para exportación, aguacates, etc. Ciertamente ha mejorado mucho la vida de la comunidad. Sin embargo, buscando y buscando, dimos con una persona muy pobre; la visitamos y le ofrecimos construirle una casita sencilla. No quiso; sólo nos aceptó que le construyéramos un baño, cosa que hicimos no con el dinero del templo, sino con aportaciones voluntarias nuestras.
¿Ya no hay pobres? ¡Claro que los hay, y demasiados! Sólo hace falta corazón y cercanía para descubrirlos y ver qué podemos hacer por ellos y con ellos.
En el reciente informe del gobierno federal, se afirma que, en el país, han disminuido más de dos millones las personas en pobreza extrema. Pero se reconoce que más de cincuenta millones de mexicanos viven aún en pobreza.
Hay que analizar los índices que se toman en cuenta para calificar la pobreza. Porque, por ejemplo, Chiapas ocupa uno de los lugares altos de pobreza, sobre todo en poblaciones indígenas. Pero en mis casi 27 años que llevo aquí, he visto cambios muy notables: hay más carreteras, más electrificación, más escuelas, incluso de nivel medio y superior, más clínicas, aunque no suficientemente dotadas, más agua entubada en las casas, piso firme en casi todos los hogares, televisión, radio y electrodomésticos en muchísimos domicilios, mejores construcciones domésticas, con sus servicios. Miles de chiapanecos, incluso los calificados en pobreza extrema, cuentan con teléfonos celulares, y sostenerlos cuesta dinero, que buscan y tienen. Es decir, que ha mejorado el nivel general de vida, es claro y notorio; pero afirmar que ya no hay pobres, sería una aberración y un desconocimiento total de la realidad. Los hay y sumamente pobres. Son una constante llamada de atención a nuestro corazón.
PENSAR
El Papa Francisco, al establecer la Jornada Mundial de los Pobres, que este año será el 19 de noviembre, nos dice: “No pensemos sólo en los pobres como los destinatarios de una buena obra de voluntariado para hacer una vez a la semana, y menos aún de gestos improvisados de buena voluntad para tranquilizar la conciencia. Estas experiencias, aunque son válidas y útiles para sensibilizarnos acerca de las necesidades de muchos hermanos y de las injusticias que a menudo las provocan, deberían introducirnos a un verdadero encuentro con los pobres y dar lugar a un compartir que se convierta en un estilo de vida. En efecto, la oración, el camino del discipulado y la conversión encuentran en la caridad, que se transforma en compartir, la prueba de su autenticidad evangélica. Y esta forma de vida produce alegría y serenidad espiritual, porque se toca con la mano la carne de Cristo. Si realmente queremos encontrar a Cristo, es necesario que toquemos su cuerpo en el cuerpo llagado de los pobres, como confirmación de la comunión sacramental recibida en la Eucaristía. El Cuerpo de Cristo, partido en la sagrada liturgia, se deja encontrar por la caridad compartida en los rostros y en las personas de los hermanos y hermanas más débiles. Son siempre actuales las palabras del santo Obispo Crisóstomo: «Si queréis honrar el cuerpo de Cristo, no lo despreciéis cuando está desnudo; no honréis al Cristo eucarístico con ornamentos de seda, mientras que fuera del templo descuidáis a ese otro Cristo que sufre por frío y desnudez». Estamos llamados, por lo tanto, a tender la mano a los pobres, a encontrarlos, a mirarlos a los ojos, a abrazarlos, para hacerles sentir el calor del amor que rompe el círculo de soledad. Su mano extendida hacia nosotros es también una llamada a salir de nuestras certezas y comodidades, y a reconocer el valor que tiene la pobreza en sí misma”.
ACTUAR
Hay muchos pobres entre nosotros, y a veces ni cuenta nos damos. Olvidados y menospreciados, incluso en el propio hogar. Abramos el corazón hacia ellos y pidamos al Espíritu Santo que nos convierta, para que seamos misericordiosos, al estilo de Jesús.