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jueves, 1 de octubre de 2026

Recemos el Rosario en familia y seamos misioneros

 Recemos el Rosario en familia y seamos misioneros

Este mes de octubre es una oportunidad preciosa para que el Rosario vuelva a ser parte de la vida cotidiana.


Por: Silvia del Valle | Fuente: Catholic.Net



Este mes de octubre es una oportunidad preciosa para que el Rosario vuelva a ser parte de la vida cotidiana de la familia, no como una obligación más, sino como un momento para estar juntos, de la mano de María y poner nuestras intenciones en manos de Dios.

Como mamá, recordemos que enseñar a nuestros hijos a rezar es como uno de los regalos más grandes que podamos darles. Quizá hoy no comprendan todo lo que significa el Rosario y quizá les parezca cansado, tedioso o aburrido, pero cada Ave María que rezamos juntos va sembrando una semilla de fe en su corazón, por eso aquí te dejo mis 5Tips para lograrlo.

Primero. Que todos sepan cómo se reza.
Para que no les parezca largo y cansado está dividido en misterios y cada uno de ellos hace referencia a un momento de la vida de Jesús y María, si lo vemos misterio a misterio es más sencillo que nuestros hijos lo recen con nosotros.

Es bueno que les enseñemos que los misterios están divididos en grupo: Gozosos, Luminosos, Dolorosos y Gloriosos. Cada uno tiene 5 misterios en los que se reza un Padre Nuestro, diez Ave Marías y un Gloria. Se puede agregar algunas jaculatorias.

Al finalizar los misterios que tocan en el día se reza un Padre Nuestro y tres Ave Marías especiales haciendo referencia a la virginidad de la Santísima Virgen María y se ofrecen por el Papa, su persona, intenciones y salud. Por último se rezan las oraciones finales y las letanías lauretanas.

Podemos hacer hojitas para que las vayan siguiendo nuestros hijos más grandes y para los pequeños podemos preparar dibujos para que mientras rezamos los iluminen. 


Al principio debemos tener paciencia, poco a poco podremos hacerlo mejor cada vez.  Lo importante es que lo recemos de corazón.

Segundo. Hagamos del Rosario un momento familiar.
No esperemos a que todos tengan tiempo libre para rezar. Pongamos un horario y hagamos lo posible para reunirnos en familia.

Aunque los hijos sean pequeños o estén cansados es necesario rezar aunque sea una decena por día, lo importante es ir creando el hábito de hacer oración juntos.

Y si ponemos un altar familiar, será más facil para nuestros hijos pequeños porque sabrán que es algo muy especial que requiere toda su atención.

Tercero. Pongamos una intención misionera cada día.
En este mes podemos enseñar a nuestros hijos a que rezar también es hacer misión. Santa Teresita del Niño Jesús es la patrona de las misiones y nunca salió de su convento, solo rezo y ofreció su vida por las misiones.

Cada misterio puede ofrecerse por el Papa, los sacerdotes, los misioneros, los migrantes, las familias que sufren o por los que todavía no conocen a Dios. Así nuestros hijos aprenderán que nuestra oración puede abrazar y sostener al mundo entero.

La oración, hecha con amor, mueve el corazón de Dios e intercede por nuestras intenciones.

Cuarto. Dejemos que todos participen.
Si rezamos como pericos o de forma monótona, es casi imposible que nuestros hijos recen con amor y con gusto, pero si hacemos dinámicas para que todos participen, es mejor.

Podemos repartir las Ave Marías, pedirle a nuestros hijos pequeños que lleven el conteo, que digan las intenciones o que comiencen cada misterio. Cuando nuestros hijos participan, dejan de sentir cansancio y que “mamá y papá están rezando” y descubren que el Rosario también es suyo y que pueden participar a su nivel.

Y quinto. Hagámoslo un estilo de vida aunque no sea perfecto.
Si perseveramos en el rezo del rosario en familia lograremos hacerlo un estilo de vida que nos caracterice.

Habrá días en que los niños estén inquietos, otros que alguien llegue tarde o no podamos terminar el Rosario como lo habíamos planeado. ¡No pasa nada! Lo importante es no abandonarlo.

Hagamos de nuestro hogar una Iglesia doméstica, un pequeño cenáculo misionero. No olvidemos que la familia que reza unida, permanece unida y un mundo que reza es un mundo en paz.