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jueves, 29 de marzo de 2018

Lope de Vega, Quevedo, Góngora… Los 10 mejores sonetos para meditar sobre la Pasión de Cristo 29032018

Las plumas del Siglo de Oro, al pie de la Cruz

Lope de Vega, Quevedo, Góngora… Los 10 mejores sonetos para meditar sobre la Pasión de Cristo

Lope de Vega, Quevedo, Góngora… Los 10 mejores sonetos para meditar sobre la Pasión de Cristo
Al pie de la Cruz, la emoción y la reflexión se conjuntan, y también se expresan como arte

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29 marzo 2018
La Semana Santa siempre ha sido un tiempo de celebración y devoción para los fieles y también de inspiración para los artistas.

Los motivos de la Pasión y la Resurrección del Señor han dado lugar a innumerables obras de incalculable valor en todos los campos: escultura, pintura, música, cine (a partir del siglo XX)… Y también, por supuesto, en la literatura.

Uno de los géneros de la literatura es la poesía y una de las formas de la poesía es el soneto (del italiano sonetto, cancioncilla).

Esta compilación es sólo y exclusivamente de sonetos que tienen como motivo –total o parcialmente- una escena de la Pasión. Todos los seleccionados corresponden a autores de los siglos de oro de la literatura española (XVI y XVII).

Si Lope de Vega y Quevedo se llevan la palma con cuatro poemas cada uno, es porque son los que más se prodigaron en esta suerte.

Sonetos de la Pasión

1.
Pastor que con tus silbos amorosos
me despertaste del profundo sueño,
Tú que hiciste cayado de ese leño,
en que tiendes los brazos poderosos,

vuelve los ojos a mi fe piadosos,
pues te confieso por mi amor y dueño,
y la palabra de seguirte empeño,
tus dulces silbos y tus pies hermosos.

Oye, pastor, pues por amores mueres,
no te espante el rigor de mis pecados,
pues tan amigo de rendidos eres.

Espera, pues, y escucha mis cuidados,
pero ¿cómo te digo que me esperes,
si estás para esperar los pies clavados?
Lope de Vega

2. En la muerte de Cristo, contra la dureza del corazón del hombre

Pues hoy derrama noche el sentimiento
por todo el cerco de la lumbre pura,
y amortecido el sol en sombra oscura,
da lágrimas al fuego, y voz al viento;

pues de la muerte el negro encerramiento
descubre con temblor la sepultura,
y el monte, que embaraza la llanura
del mar cercano, se divide atento,

de piedra es hombre duro, de diamante
tu corazón, pues muerte tan severa
no anega con tus ojos tu semblante.

Mas no es de piedra, no; que si lo fuera,
de lástima de ver a Dios amante,
entre las otras piedras se rompiera.
Francisco de Quevedo



El Cristo crucificado de Velázquez

3. Soneto a Cristo crucificado

No me mueve, mi Dios, para quererte
el cielo que me tienes prometido,
ni me mueve el infierno tan temido
para dejar por eso de ofenderte.

Tú me mueves, Señor, muéveme el verte
clavado en una cruz y escarnecido,
muéveme ver tu cuerpo tan herido,
muévenme tus afrentas y tu muerte.

Muéveme, en fin, tu amor, y en tal manera,
que aunque no hubiera cielo, yo te amara,
y aunque no hubiera infierno, te temiera.

No me tienes que dar porque te quiera,
pues aunque lo que espero no esperara,
lo mismo que te quiero te quisiera.
Anónimo

4. Sobre estas palabras que dijo Jesucristo en la Cruz: “Mulier, ecce filius tuus: ecce Mater tua” (Ioan, 19)

Mujer llama a su Madre cuando expira,
porque el nombre de madre regalado
no la añada un puñal, viendo clavado
a su Hijo, y de Dios, por quien suspira.

Crucificado en sus tormentos, mira
su Primo, a quien llamó siempre «el Amado»,
y el nombre de su Madre, que ha guardado,
se le dice con voz que el Cielo admira.

Eva, siendo mujer que no había sido
madre, su muerte ocasionó en pecado,
y en el árbol el leño a que está asido.

Y porque la mujer ha restaurado
lo que sólo mujer había perdido,
mujer la llama, y Madre la ha prestado.
Francisco de Quevedo

5. Fuerza de lágrimas
Con ánimo de hablarle en confianza
de su piedad entré en el templo un día,
donde Cristo en la cruz resplandecía
con el perdón que quien le mira alcanza.

Y aunque la fe, el amor y la esperanza
a la lengua pusieron osadía,
acordéme que fue por culpa mía,
y quisiera de mí tomar venganza.

Ya me volvía sin decirle nada,
y como vi la llaga del costado,
paróse el alma en lágrimas bañada:

Hablé, lloré y entré por aquel lado,
porque no tiene Dios puerta cerrada
al corazón contrito y humillado.
Lope de Vega



Detalle de los pies en el Cristo crucificado de Velázquez

6. A Cristo en la Cruz
Pender de un leño, traspasado el pecho
y de espinas clavadas ambas sienes;
dar tus mortales penas en rehenes
de nuestra gloria, bien fue heroico hecho.

Pero más fue nacer en tanto estrecho
donde, para mostrar en nuestros bienes
a dónde bajas y de dónde vienes,
no quiere un portadillo tener techo.

No fue esta más hazaña, ¡oh gran Dios mío!,
del tiempo, por haber la helada ofensa
vencido en flaca edad, con pecho fuerte

—que más fue sudar sangre que haber frío—,
sino porque hay distancia más inmensa
de Dios a hombre que de hombre a muerte.
Luis de Góngora

7.
¡Cuántas veces, Señor, me habéis llamado,
y cuántas con vergüenza he respondido,
desnudo como Adán, aunque vestido
de las hojas del árbol del pecado!

Seguí mil veces vuestro pie sagrado,
fácil de asir, en una cruz asido,
y atrás volví otras tantas, atrevido,
al mismo precio en que me habéis comprado.

Besos de paz os di para ofenderos,
pero si fugitivos de su dueño
hierran cuando los hallan los esclavos,

hoy que vuelvo con lágrimas a veros,
clavadme vos a vos en vuestro leño,
y tendréisme seguro con tres clavos.
Lope de Vega



Cristo después de la flagelación, de Murillo

8. Al buen ladrón, sobre las palabras: “Memento mei” et “Hodie mecum eris in Paradiso”, acordando lo que dice: “Non rapinam arbitratus”

¡Oh vista de ladrón bien desvelado,
pues estando en castigo tan severo
vio reino en el suplicio y el madero,
y rey en cuerpo herido y justiciado!

Pide que dél se acuerde el coronado
de espinas, luego que Pastor Cordero
entre en su reino, y deja el compañero
por seguir al que robo no ha pensado.

A su memoria se llegó, que infiere
con Dios su valimiento, porque vía
que por ella perdona a quien le hiere.

Sólo que dél se acuerde le pedía
cuando en su reino celestial se viere,
y ofreciósele Cristo el mismo día.
Francisco de Quevedo

9.
Muere la vida, y vivo yo sin vida,
ofendiendo la vida de mi muerte,
sangre divina de las venas vierte,
y mi diamante su dureza olvida.

Está la majestad de Dios tendida
en una dura cruz, y yo de suerte
que soy de sus dolores el más fuerte,
y de su cuerpo la mayor herida.

¡Oh duro corazón de mármol frío!,
¿tiene tu Dios abierto el lado izquierdo,
y no te vuelves un copioso río?

Morir por él será divino acuerdo,
mas eres tú mi vida, Cristo mío,
y como no la tengo, no la pierdo.
Lope de Vega



Agnus Dei de Zurbarán

10. Refiere cuán diferentes fueron las acciones de Cristo Nuestro Señor y de Adán

Adán en Paraíso, Vos en huerto;
él puesto en honra, Vos en agonía;
él duerme, y vela mal su compañía;
la vuestra duerme, Vos oráis despierto.

Él cometió el primero desconcierto,
Vos concertastes nuestro primer día;
cáliz bebéis, que vuestro Padre envía;
él come inobediencia, y vive muerto.

El sudor de su rostro le sustenta;
el del vuestro mantiene nuestra gloria:
suya la culpa fue, vuestra la afrenta.

Él dejó horror, y Vos dejáis memoria;
aquél fue engaño ciego, y ésta venta.
¡Cuán diferente nos dejáis la historia!
Francisco de Quevedo

miércoles, 9 de noviembre de 2016

Grandes del Siglo de Oro como Lope o Calderón encontraron inspiración en la Virgen de la Almudena 07112016

Contaron su historia, compusieron obras y poemas...
Grandes del Siglo de Oro como Lope o Calderón encontraron inspiración en la Virgen de la Almudena
Grandes del Siglo de Oro como Lope o Calderón encontraron inspiración en la Virgen de la Almudena
La Virgen de la Almudena, entre Lope de Vega (izda) y Calderón de la Barca (dcha)
Actualizado 7 noviembre 2016 
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J.L. / Cari Filii
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 Virgen de la Almudena en Madrid esta semana: las vigilias, las ofrendas florales, festejos y misas
 La increíble historia de cómo apareció la Virgen de la Almudena tras siglos oculta en la muralla
 ¿Consagrarse a la Virgen María? Este es el «método» seguido y apoyado por grandes santos
 «La Virgen parece más imitable que otras santas. Su vida era tan sencilla...»: Isabel de la Trinidad
Este miércoles se celebra la Virgen de la Almudena y Madrid se viste de gala para conmemorar a su patrona.

Han pasado ya 931 años desde que la imagen de María apareciera de manera prodigiosa en el interior de la muralla y con los cirios encendidos. Y por tanto, han pasado ya más de 1.300 años desde que los habitantes del aquel entonces pequeño pueblo de Madrid escondieran la talla de su querida Madre ante la llegada inminente de los musulmanes.

Mucho ha pasado desde entonces y también son multitud los devotos que durante todos estos siglos ha tenido Nuestra Señora de la Almudena, algunos de los cuales han querido dejar para la posteridad su amor y devoción por la patrona de Madrid.

Entre aquellos que han querido mostrar al mundo la historia de la Almudena se encuentran dos de los grandes representantes del Siglo de Oro español como son Lope de Vega y Pedro Calderón de la Barca.

Lope de Vega, uno de los grandes poetas y dramaturgos de la historia de España y autor entre otros de FuenteovejunaEl perro del hortelano y El castigo sin venganzapublicó en 1625 el libro de poemas Triunfos divinos en el que tenía un recuerdo especial para la Virgen de la ciudad que le vio nacer. Y en su poema cuenta el momento en el que María apareció intacta en la muralla de la ciudad.

Decía así Lope de Vega:

Madrid, por tradición de sus mayores, 
busca su imagen con devota pena,
donde los africanos vencedores
tenían de su trigo la almudena.

El muro, produciendo varias flores
por los resquicios de la tierra amena,
con letras de colores parecía
que les mostraba el nombre de María. 

La imagen, pues, tan limpia y bien tratada
salió del  muro, aunque de piedras era,
que parecía que con ser pintada
conservaba también ser siempre entera (...).

El pino de que es hecha, siempre entero,
a tanta edad se muestra inaccesible,
que no a ser Dios el escultor primero
pareciera a los años imposible.

En su virtud, el cándido madero,
como si fuera cedro incorruptible,
imita al dueño de quien fue traslado,
que no admitió carcoma de pecado.

El cubo de la Almudena
Pedro Calderón de la Barca, sacerdote madrileño y caballero de la Orden de Santiago, fue otro de los que quiso honrar a la Virgen y patrona de Madrid. El autor de entre otras muchas obras de La vida es sueño o El alcalde de Zalamea, quiso también publicar en 1651 un auto sacramental titulado El cubo de la Almudena, y que cuenta en su particular estilo la historia de la aparición de la Virgen que se conmemora este 9 de noviembre. Incluso en su testamento, Calderón de la Barca dejaba una pintura de “Nuestra Señora de la Almudena en tafetán y marco labrado”.


En este lugar exacto apareció la imagen de la Virgen de la Almudena

También el cronista de Madrid, Jerónimo de la Quintana (1570-1644) dejó constancia en sus escritos de la Virgen de la Almudena: “es tradición antiquísima que la milagrosa imagen de Nuestra Señora de la Almudena fue la principal que se adoró en Madrid, traída a ella de Jerusalén por el apóstol Santiago. En la perdida de España la escondieron las fieles de esta villa en uno de los cubos de la muralla, donde estuvo 376 años”.

La increíble historia de la Virgen de la Almudena
Cuenta la tradición que cuando los musulmanes se acercaban a Madrid allá por el año 709 escondieron su querida imagen de la Virgen en el interior de la muralla de la villa. En 1085 el rey Alfonso VI reconquistó Madrid y se empeñó en recuperar la talla de la madre de Jesús, pero nadie sabía dónde exactamente donde estaba.

Por ello, organizó una procesión en la que tanto él como el clero, la nobleza y todo el pueblo de Madrid participó rodeando la muralla y justo cuando pasaron delante de donde estaba escondida las piedras de la muralla cayeron y apareció la imagen de María sin ningún daño y con los cirios encendidos tres siglos después.

Puede ver AQUÍ en CariFilii el programa de actos eclesiales en honor a la Virgen de la Almudena