| Las plumas del Siglo de Oro, al pie de la Cruz | |||||||||||
Lope de Vega, Quevedo, Góngora… Los 10 mejores sonetos para meditar sobre la Pasión de Cristo | |||||||||||
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La Semana Santa siempre ha sido un tiempo de celebración y devoción para los fieles y también de inspiración para los artistas.
Los motivos de la Pasión y la Resurrección del Señor han dado lugar a innumerables obras de incalculable valor en todos los campos: escultura, pintura, música, cine (a partir del siglo XX)… Y también, por supuesto, en la literatura. Uno de los géneros de la literatura es la poesía y una de las formas de la poesía es el soneto (del italiano sonetto, cancioncilla). Esta compilación es sólo y exclusivamente de sonetos que tienen como motivo –total o parcialmente- una escena de la Pasión. Todos los seleccionados corresponden a autores de los siglos de oro de la literatura española (XVI y XVII). Si Lope de Vega y Quevedo se llevan la palma con cuatro poemas cada uno, es porque son los que más se prodigaron en esta suerte. Sonetos de la Pasión 1. Pastor que con tus silbos amorosos me despertaste del profundo sueño, Tú que hiciste cayado de ese leño, en que tiendes los brazos poderosos, vuelve los ojos a mi fe piadosos, pues te confieso por mi amor y dueño, y la palabra de seguirte empeño, tus dulces silbos y tus pies hermosos. Oye, pastor, pues por amores mueres, no te espante el rigor de mis pecados, pues tan amigo de rendidos eres. Espera, pues, y escucha mis cuidados, pero ¿cómo te digo que me esperes, si estás para esperar los pies clavados? Lope de Vega 2. En la muerte de Cristo, contra la dureza del corazón del hombre Pues hoy derrama noche el sentimiento por todo el cerco de la lumbre pura, y amortecido el sol en sombra oscura, da lágrimas al fuego, y voz al viento; pues de la muerte el negro encerramiento descubre con temblor la sepultura, y el monte, que embaraza la llanura del mar cercano, se divide atento, de piedra es hombre duro, de diamante tu corazón, pues muerte tan severa no anega con tus ojos tu semblante. Mas no es de piedra, no; que si lo fuera, de lástima de ver a Dios amante, entre las otras piedras se rompiera. Francisco de Quevedo ![]() El Cristo crucificado de Velázquez 3. Soneto a Cristo crucificado No me mueve, mi Dios, para quererte el cielo que me tienes prometido, ni me mueve el infierno tan temido para dejar por eso de ofenderte. Tú me mueves, Señor, muéveme el verte clavado en una cruz y escarnecido, muéveme ver tu cuerpo tan herido, muévenme tus afrentas y tu muerte. Muéveme, en fin, tu amor, y en tal manera, que aunque no hubiera cielo, yo te amara, y aunque no hubiera infierno, te temiera. No me tienes que dar porque te quiera, pues aunque lo que espero no esperara, lo mismo que te quiero te quisiera. Anónimo 4. Sobre estas palabras que dijo Jesucristo en la Cruz: “Mulier, ecce filius tuus: ecce Mater tua” (Ioan, 19) Mujer llama a su Madre cuando expira, porque el nombre de madre regalado no la añada un puñal, viendo clavado a su Hijo, y de Dios, por quien suspira. Crucificado en sus tormentos, mira su Primo, a quien llamó siempre «el Amado», y el nombre de su Madre, que ha guardado, se le dice con voz que el Cielo admira. Eva, siendo mujer que no había sido madre, su muerte ocasionó en pecado, y en el árbol el leño a que está asido. Y porque la mujer ha restaurado lo que sólo mujer había perdido, mujer la llama, y Madre la ha prestado. Francisco de Quevedo 5. Fuerza de lágrimas Con ánimo de hablarle en confianza de su piedad entré en el templo un día, donde Cristo en la cruz resplandecía con el perdón que quien le mira alcanza. Y aunque la fe, el amor y la esperanza a la lengua pusieron osadía, acordéme que fue por culpa mía, y quisiera de mí tomar venganza. Ya me volvía sin decirle nada, y como vi la llaga del costado, paróse el alma en lágrimas bañada: Hablé, lloré y entré por aquel lado, porque no tiene Dios puerta cerrada al corazón contrito y humillado. Lope de Vega ![]() Detalle de los pies en el Cristo crucificado de Velázquez 6. A Cristo en la Cruz Pender de un leño, traspasado el pecho y de espinas clavadas ambas sienes; dar tus mortales penas en rehenes de nuestra gloria, bien fue heroico hecho. Pero más fue nacer en tanto estrecho donde, para mostrar en nuestros bienes a dónde bajas y de dónde vienes, no quiere un portadillo tener techo. No fue esta más hazaña, ¡oh gran Dios mío!, del tiempo, por haber la helada ofensa vencido en flaca edad, con pecho fuerte —que más fue sudar sangre que haber frío—, sino porque hay distancia más inmensa de Dios a hombre que de hombre a muerte. Luis de Góngora 7. ¡Cuántas veces, Señor, me habéis llamado, y cuántas con vergüenza he respondido, desnudo como Adán, aunque vestido de las hojas del árbol del pecado! Seguí mil veces vuestro pie sagrado, fácil de asir, en una cruz asido, y atrás volví otras tantas, atrevido, al mismo precio en que me habéis comprado. Besos de paz os di para ofenderos, pero si fugitivos de su dueño hierran cuando los hallan los esclavos, hoy que vuelvo con lágrimas a veros, clavadme vos a vos en vuestro leño, y tendréisme seguro con tres clavos. Lope de Vega ![]() Cristo después de la flagelación, de Murillo 8. Al buen ladrón, sobre las palabras: “Memento mei” et “Hodie mecum eris in Paradiso”, acordando lo que dice: “Non rapinam arbitratus” ¡Oh vista de ladrón bien desvelado, pues estando en castigo tan severo vio reino en el suplicio y el madero, y rey en cuerpo herido y justiciado! Pide que dél se acuerde el coronado de espinas, luego que Pastor Cordero entre en su reino, y deja el compañero por seguir al que robo no ha pensado. A su memoria se llegó, que infiere con Dios su valimiento, porque vía que por ella perdona a quien le hiere. Sólo que dél se acuerde le pedía cuando en su reino celestial se viere, y ofreciósele Cristo el mismo día. Francisco de Quevedo 9. Muere la vida, y vivo yo sin vida, ofendiendo la vida de mi muerte, sangre divina de las venas vierte, y mi diamante su dureza olvida. Está la majestad de Dios tendida en una dura cruz, y yo de suerte que soy de sus dolores el más fuerte, y de su cuerpo la mayor herida. ¡Oh duro corazón de mármol frío!, ¿tiene tu Dios abierto el lado izquierdo, y no te vuelves un copioso río? Morir por él será divino acuerdo, mas eres tú mi vida, Cristo mío, y como no la tengo, no la pierdo. Lope de Vega ![]() Agnus Dei de Zurbarán 10. Refiere cuán diferentes fueron las acciones de Cristo Nuestro Señor y de Adán Adán en Paraíso, Vos en huerto; él puesto en honra, Vos en agonía; él duerme, y vela mal su compañía; la vuestra duerme, Vos oráis despierto. Él cometió el primero desconcierto, Vos concertastes nuestro primer día; cáliz bebéis, que vuestro Padre envía; él come inobediencia, y vive muerto. El sudor de su rostro le sustenta; el del vuestro mantiene nuestra gloria: suya la culpa fue, vuestra la afrenta. Él dejó horror, y Vos dejáis memoria; aquél fue engaño ciego, y ésta venta. ¡Cuán diferente nos dejáis la historia! Francisco de Quevedo | |||||||||||
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jueves, 29 de marzo de 2018
Lope de Vega, Quevedo, Góngora… Los 10 mejores sonetos para meditar sobre la Pasión de Cristo 29032018
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miércoles, 9 de noviembre de 2016
Grandes del Siglo de Oro como Lope o Calderón encontraron inspiración en la Virgen de la Almudena 07112016
| Contaron su historia, compusieron obras y poemas... | ||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
| Grandes del Siglo de Oro como Lope o Calderón encontraron inspiración en la Virgen de la Almudena | ||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
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Este miércoles se celebra la Virgen de la Almudena y Madrid se viste de gala para conmemorar a su patrona.
Han pasado ya 931 años desde que la imagen de María apareciera de manera prodigiosa en el interior de la muralla y con los cirios encendidos. Y por tanto, han pasado ya más de 1.300 años desde que los habitantes del aquel entonces pequeño pueblo de Madrid escondieran la talla de su querida Madre ante la llegada inminente de los musulmanes. Mucho ha pasado desde entonces y también son multitud los devotos que durante todos estos siglos ha tenido Nuestra Señora de la Almudena, algunos de los cuales han querido dejar para la posteridad su amor y devoción por la patrona de Madrid. Entre aquellos que han querido mostrar al mundo la historia de la Almudena se encuentran dos de los grandes representantes del Siglo de Oro español como son Lope de Vega y Pedro Calderón de la Barca. Lope de Vega, uno de los grandes poetas y dramaturgos de la historia de España y autor entre otros de Fuenteovejuna, El perro del hortelano y El castigo sin venganza, publicó en 1625 el libro de poemas Triunfos divinos en el que tenía un recuerdo especial para la Virgen de la ciudad que le vio nacer. Y en su poema cuenta el momento en el que María apareció intacta en la muralla de la ciudad. Decía así Lope de Vega: Madrid, por tradición de sus mayores, busca su imagen con devota pena, donde los africanos vencedores tenían de su trigo la almudena. El muro, produciendo varias flores por los resquicios de la tierra amena, con letras de colores parecía que les mostraba el nombre de María. La imagen, pues, tan limpia y bien tratada salió del muro, aunque de piedras era, que parecía que con ser pintada conservaba también ser siempre entera (...). El pino de que es hecha, siempre entero, a tanta edad se muestra inaccesible, que no a ser Dios el escultor primero pareciera a los años imposible. En su virtud, el cándido madero, como si fuera cedro incorruptible, imita al dueño de quien fue traslado, que no admitió carcoma de pecado. El cubo de la Almudena Pedro Calderón de la Barca, sacerdote madrileño y caballero de la Orden de Santiago, fue otro de los que quiso honrar a la Virgen y patrona de Madrid. El autor de entre otras muchas obras de La vida es sueño o El alcalde de Zalamea, quiso también publicar en 1651 un auto sacramental titulado El cubo de la Almudena, y que cuenta en su particular estilo la historia de la aparición de la Virgen que se conmemora este 9 de noviembre. Incluso en su testamento, Calderón de la Barca dejaba una pintura de “Nuestra Señora de la Almudena en tafetán y marco labrado”. En este lugar exacto apareció la imagen de la Virgen de la Almudena También el cronista de Madrid, Jerónimo de la Quintana (1570-1644) dejó constancia en sus escritos de la Virgen de la Almudena: “es tradición antiquísima que la milagrosa imagen de Nuestra Señora de la Almudena fue la principal que se adoró en Madrid, traída a ella de Jerusalén por el apóstol Santiago. En la perdida de España la escondieron las fieles de esta villa en uno de los cubos de la muralla, donde estuvo 376 años”. La increíble historia de la Virgen de la Almudena Cuenta la tradición que cuando los musulmanes se acercaban a Madrid allá por el año 709 escondieron su querida imagen de la Virgen en el interior de la muralla de la villa. En 1085 el rey Alfonso VI reconquistó Madrid y se empeñó en recuperar la talla de la madre de Jesús, pero nadie sabía dónde exactamente donde estaba. Por ello, organizó una procesión en la que tanto él como el clero, la nobleza y todo el pueblo de Madrid participó rodeando la muralla y justo cuando pasaron delante de donde estaba escondida las piedras de la muralla cayeron y apareció la imagen de María sin ningún daño y con los cirios encendidos tres siglos después. Puede ver AQUÍ en CariFilii el programa de actos eclesiales en honor a la Virgen de la Almudena | ||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
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