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sábado, 22 de junio de 2019

14 mártires de «un sistema de odio organizado» que «pretendía eliminar a la Iglesia en España» 22062019

El cardenal Becciu beatificó en Madrid a las monjas concepcionistas

14 mártires de «un sistema de odio organizado» que «pretendía eliminar a la Iglesia en España»



Momento en el que, tras leerse la proclamación de las beatas, fue descubierta su imagen en la catedral de la Almudena de Madrid.
Momento en el que, tras leerse la proclamación de las beatas, fue descubierta su imagen en la catedral de la Almudena de Madrid.
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En presencia del cardenal Carlos Osoro, arzobispo de Madrid, y del cardenal Ricardo Blázquez, arzobispo de Valladolid y presidente de la Conferencia Episcopal Española, el cardenal Angelo Becciu, prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos, proclamó beatas este sábado en la catedral de La Almudena a catorce monjas concepcionistas franciscanas martirizadas en 1936, al inicio de la Guerra Civil española. Las religiosas fueron asesinadas por milicianos del Frente Popular, una coalición de los partidos de la izquierda y los separatistas que se había hecho con el poder en febrero de ese año.
Tras la lectura del decreto, se descubrió el cuadro del pintor granadino Luis Ruiz que representa a las 14 mártires junto a la Virgen María, el Niño Jesús y la fundadora de la orden, Santa Beatriz de Silva (1437-1492).
La madre María del Carmen Lacaba Andía y sus trece compañeras de orden (solo de dos han podido recuperarse los restos) procedían de los monasterios de Madrid, El Pardo (Madrid) y Escalona (Toledo), y fueron "asesinadas durante la persecución religiosa que pretendía eliminar a la Iglesia en España", afirmó el cardenal Becciu en su homilía: "Ellas se mantuvieron fuertes en la fe. No se asustaron ante los ultrajes, las dificultades y la persecución. Estaban preparadas para sellar con sus vidas la verdad que profesaban con sus labios".
El purpurado destacó que "fue precisamente la aversión a Dios y a la fe cristiana lo que determinó su martirio. De hecho, sufrieron persecución y muerte debido a su estado de vida religiosa y su total adhesión a Cristo y a la Iglesia. Sus verdugos eran milicianos que, guiados por el odio a la Iglesia católica, eran protagonistas de una persecución religiosa general, sistemática contra la personas más representativas de la comunidad católica".
El cardenal Becciu relató hechos de su martirio que "impresionan profundamente", como el grito de "¡Viva Cristo Rey!" con el que recibieron unas la descarga de fusilamiento, o el "Sí, por la gracia de Dios" con el que respondieron otras a la pregunta de sus asesinos de si eran monjas, "lo que para ellas equivalía a una sentencia de muerte que los milicianos ejecutaron sin ninguna otra motivación". Asimismo, destacó que las monjas de Escalona fueron trasladadas a la Dirección General de Seguridad en Madrid "para obligarlas a abandonar la fe y a apostatar", y allí "fueron torturadas y finalmente fusiladas".
Procesión de entrada de las reliquias de las mártires tras ser proclamadas beatas.
"Esas monjas concepcionistas murieron porque eran discípulas de Cristo, porque no quisieron renegar de su fe y de sus votos religiosos", continuó el cardenal. Fieles a su espíritu cristiano, "nunca tuvieron una actitud de animosidad hacia aquellos que fueron la causa de su sufrimiento", y "se dirigieron al sacrificio glorificando a Dios y perdonando a sus verdugos".
Su vida y su muerte constituyen "un ejemplo vivo y cercano para todos. Sus muertes heroicas son un signo elocuente de cómo la vitalidad  de la Iglesia no depende de proyectos o cálculos humanos sino que brota de la total adhesión a Cristo y a su mensaje de salvación".
Según el cardenal, la fuerza de los mártires "en tierras de España" es "la fuerza de la fe, de la esperanza y del amor", que "ha demostrado ser más fuerte que la violencia": "Ha sido vencida la crueldad de los pelotones de fusilamiento y de todo el sistema de odio organizado".
Las últimas palabras del cardenal Becciu se refirieron a las circunstancias de nuestro tiempo. Recordando, con Tertuliano, que "la sangre de los mártires es semilla de cristianos", afirmó que "no podemos dudar de la fecundidad de esta simiente aunque parecen crecer bajo diversas formas las fuerzas que intentan erradicar de las conciencias y del tejido social el semen christianorum, es decir, los valores cristianos. Ante las actitudes de cerrazón hacia las personas más necesitadas, ante el indiferentismo religioso, el relativismo moral, la arrogancia de los más fuertes frente a los más débiles, ante los ataques a la unidad de la familia y a la sacralidad de la vida humana no podemos olvidar la fuerza del Evangelio".
Por ello concluyó lanzando "una invitación urgente a vivir el Evangelio de manera radical y con sencillez, ofreciendo un testimonio valiente de la fe que supera todas las barreras y abre horizontes de esperanza y de fraternidad".

viernes, 21 de junio de 2019

El sábado serán beatificadas en Madrid 14 concepcionistas martirizadas: éstas son sus historias 20062019

El sábado serán beatificadas en Madrid 14 concepcionistas martirizadas: éstas son sus historias

La Comunidad de Concepcionistas de San José, de Madrid, de las salen 10 de las 14 beatificadas del próximo sábado
La Comunidad de Concepcionistas de San José, de Madrid, de las salen 10 de las 14 beatificadas del próximo sábado
El sábado 22 de junio, a las 11:00 horas, el prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos, cardenal Angelo Becciu, presidirá en la catedral de Santa María la Real de la Almudena la ceremonia de beatificación de 14 religiosas mártires de la Orden de la Inmaculada Concepción, conocidas como mártires concepcionistas.
En el momento de proclamación de la beatificación será desplegado un tapiz con la imagen de las 14 concepcionistas franciscanas ya beatas, reproducción de un cuadro pintado para la ocasión por el granadino Luis Ruiz, y que embellecerá la capilla dedicada a las beatas en el protomonasterio de las concepcionistas franciscanas de Toledo, casa madre donde se veneran los cuerpos de las dos monjas del monasterio de El Pardo, únicos que se conservan.
Con el cardenal Becciu concelebrarán el cardenal Carlos Osoro, arzobispo de Madrid; monseñor José Carballo, OFM, secretario de la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica; cardenal Ricardo Blázquez, arzobispo de Valladolid y presidente de la CEE; cardenal Carlos Amigo, OFM, arzobispo emérito de Sevilla; monseñor Braulio Rodríguez, arzobispo de Toledo; monseñor Juan del Río, arzobispo castrense; monseñor Eusebio Hernández, obispo de Tarazona; monseñor Juan Antonio Martínez Camino, SJ, obispo auxiliar de Madrid; el superior provincial de la Provincia de los Capuchinos de España, Benjamín Echeverría; y el vicario provincial y el provincial de la Provincia de los Menores, de España, Carlos Coca y Juan Carlos Moya, respectivamente, entre otros presbíteros.
El cardenal Becciu preside la beatificación de 14 mártires concepcionistas franciscanas en la catedral
A la ceremonia, que será retransmitida en directo por TRECE y Radio María, también está previsto que asistan 200 monjas franciscanas concepcionistas de todo el mundo.
Memoria martirial
El 15 de enero de 2019, el Papa Francisco firmó el decreto de martirio de María del Carmen Lacaba y de otras 13 religiosas concepcionistas franciscanas. Los trabajos para la beatificación de estas 14 mártires se iniciaron en junio de 2002. La causa diocesana fue clausurada en febrero de 2010.
Diez de ellas pertenecían a la comunidad madrileña del monasterio de San José; dos a la comunidad de Escalona (Toledo), y las otras dos a la de El Pardo (Madrid).
Mártires de San José
En 1936, las monjas del monasterio de San José fueron expulsadas del mismo. La comunidad se dispersó, y algunas hermanas se refugiaron en un piso de la calle Francisco Silvela, 19. El 7 de noviembre de 1936, cuando bajaban a refugiarse en el entresuelo, un grupo de milicianos entró preguntando por las religiosas: habían sido denunciadas por la portera de un edificio vecino. Las sacaron a todas y las subieron a un camión. Nunca más se supo de ellas.
El 14 de junio de 1946, en homenaje a las religiosas martirizadas, la calle situada entre las de Ortega y Gasset y Alcalá de Madrid sustituyó su nombre de calle Luis Sagasti por el de calle de las Mártires Concepcionistas.
Madre María del Carmen Lacaba Andía: Isabel del Carmen Lacaba Andía nació en Borja (Zaragoza) el 3 de noviembre de 1882. El 4 de noviembre de 1902 ingresó en el monasterio de San José. Las religiosas valoraron positivamente su labor con las novicias. Y en 1935 fue elegida madre abadesa. Elevó a la comunidad a un gran nivel espiritual, basándose en el amor fraterno y en la práctica del Evangelio. Centraba su vida en la oración. En julio de 1936 tomó la decisión de permanecer con las religiosas más ancianas, una de las cuales estaba inválida. Fue una madre espiritual llena de amor, comprensión y servicialidad. Recibió la palma del martirio a los 54 años de edad y 34 de vida religiosa.
- Sor María Petra Pilar de los Dolores: Petra Manuela Pairós Benito nació en Pamplona (Navarra) el 29 de abril de 1864. Maestra nacional, ingresó en Orden de la Inmaculada Concepción el 28 de noviembre de 1887. En 1936 era la madre vicaria del monasterio. Persona de oración, cultivaba su relación de gran intimidad con el Señor en un rezo constante. Tenía facilidad para escribir, y publicó varios ensayos, como La religiosa concepcionista a los pies de Jesús Sacramentado. Poseía una exquisita delicadeza y cariño en el trato con las personas, especialmente con los pobres, por lo que se la conoce como sor M.ª Petra Pilar de los Desamparados. Cuando recibió la palma del martirio, tenía 72 años de edad y 49 años de vida religiosa.
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- Sor María Eustaquia de la Asunción: Eustaquia Monedero de la Calle nació en Anaya (Segovia) el 20 de septiembre de 1864. El 28 de febrero de 1887 ingresó como religiosa en el monasterio de San José. Le fue encomendado el oficio de hermana enfermera, destacando por su paciencia, cariño y solicitud para el cuidado de las hermanas enfermas y ancianas. Un proceso de enfermedad reumática fuerte y degenerativo la dejó incapacitada. En 1936, quedó a merced de las milicias socialistas de Las Ventas, que la sacaron del piso sin que pudiera valerse por sí misma y bajar las escaleras. Sufrió desamparo, espantosos dolores físicos y un trato soez e inhumano. Recibió la palma del martirio a los 72años de edad y 49 de vida religiosa.
- Sor María Balbina de San José: Manuela Balbina Rodríguez Higuera nació en Madrid el 10 de marzo de 1886. Ingresó en el noviciado de las Redentoristas de Vitoria (País Vasco), pero por motivos de salud tuvo que volver a su casa. Una vez recuperada, ingresó en el monasterio de San José el 2 de julio de 1919. Alma amante del silencio, de la oración, de la lectura, su comportamiento con los enfermos era ejemplar, siempre llena de cariño y ternura. Supo luchar con fortaleza y voluntad, venciendo todo miedo y preocupación, cuando llegó el momento de «dar su vida por Cristo». Recibió la palma del martirio a los 50 años de edad y 17 de vida religiosa.
- Sor María Guadalupe de la Ascensión: M.ª de las Nieves Rodríguez Higuera nació en 1892 en Madrid. Ingresó en el monasterio de San José con 35 años de edad, hizo la profesión de votos simples el 7 de enero de 1928, recibiendo el nombre de sor Ascensión. Religiosa humilde, llena de confianza fraterna y con espíritu de servicio, estuvo a su cargo el servicio de la portería y torno, y fue hermana enfermera. En 1936, asistía a las hermanas del piso de Francisco Silvela, 19. Tenía 44 años de edad y nueve de vida religiosa cuando recibió la palma del martirio.
- Sor María Beatriz de Sta. Teresa: Narcisa García Villa nació en Nava de los Caballeros (León) el 18 de marzo de 1908. Ingresó en el monasterio de San José el 17 de junio de 1924. Fue responsable de sacristía e iglesia, secretaria de la comunidad y tornera. Era un alma de vida musical, de gran intimidad con Dios, amante de la penitencia y amiga de sus hermanas. Cuando recibió la palma del martirio tenía 28 años de edad y doce de vida religiosa.
- Sor María Clotilde del Pilar Campos Urdiales: M.ª del Pilar nació el 4 de junio de 1897 en Valdealcón, localidad del municipio de Gradefes (León). Cuando tomó la decisión de entrar a la vida religiosa, su familia se opuso, pero luchó hasta obtener el permiso y la bendición de sus padres. Ingresó en el monasterio de San José como hermana en abril de 1923. Tomó el hábito el 5 de octubre de 1923, con el nombre de sor Clotilde. Tenía un amor profundo hacia la Virgen María. En 1936 había estado ingresada en el hospital, donde fue sometida a una operación que le causó muchos e insoportables dolores, pero nunca se quejó de nada. Recibió la palma del martirio a los 39 años de edad y 13 de vida religiosa.
- Sor María del Santísimo Sacramento: Manuela Prensa Cano nació el 25 de junio de 1887 en El Toboso (Toledo). Cuando tenía 8 años se trasladó a vivir a Madrid, ya que sus padres fueron los recaderos o mandaderos del monasterio de San José. Entró religiosa concepcionista franciscana vistiendo el hábito el 5 de abril de 1905 y tomando el nombre de sor María del Santísimo Sacramento. Era la organista de la comunidad, y directora de coro e iglesia. Llegó a ser secretaria, y abadesa de la comunidad. Cultivó su alma por medio de una vida interior de recogimiento y silencio, siempre dada a la presencia de Dios, lo que la condujo a ser maestra de novicias. Antes de morir, transmitió a las hermanas el ánimo de superación, y la idea muy clara de que tenían que «morir por Cristo». Cuando recibió la palma del martirio tenía 49 años de edad y 31 de vida consagrada.
- Sor María Juana de San Miguel: Juana Josefa Ochotorena Arniz nació el 27 de diciembre de 1860 en Arraiza (Navarra). Ingresó en el monasterio como hermana, tomando el nombre de María Juana de San Miguel. Era un alma muy interior, silenciosa en extremo, sencilla y dada intensamente a la contemplación. Asidua lectora del Evangelio, meditaba diariamente un pasaje de la Pasión de nuestro Señor. En 1936 era una de las hermanas enfermas, pero «no lo sabía nadie, solo la madre abadesa», y sufría en silencio su delicada y dolorosa enfermedad. Recibió la palma del martirio a los 75 años de edad y 57 de vida religiosa.
- Sor María Basilia de Jesús Díaz Recio: nació el 14 de junio de 1889 en la aldea burgalesa de Santa Coloma de Rudrón. Ingresó en el monasterio de San José como hermana el 10 de enero de 1921. Practicó el desprendimiento interior y exterior en grado extraordinario, madurando su corazón y su vida, para ofrecerlos al Señor el día de su martirio. Cuando recibió la palma del martirio, tenía 47 años de edad y 15 de vida religiosa.
Mártires de El Pardo (Madrid)
En 1936, las religiosas fueron expulsadas de su monasterio, después de haber soportado el 21 de julio una noche de angustias. Varios vecinos las acogieron en sus casas. Después, los milicianos las expulsaron del pueblo. Estas dos hermanas se refugiaron en la casa de la madre del capellán del monasterio. Después, les dieron asilo en casa de unos bienhechores, hasta que unos milicianos las descubrieron y se las llevaron junto al matrimonio que las acogió y otro familiar de estos. Lograron obtener la libertad para sus bienhechores. En la madrugada del 22 de agosto de 1936 fueron llevadas por la carretera de Aragón hasta Vicálvaro, donde fueron insultadas y fusiladas en un descampado. Los cadáveres fueron arrojados a las puertas del cementerio, donde el enterrador los fotografió y enterró en un lugar que marcó secretamente. El 24 de mayo de 1939, los dos cuerpos fueron identificados por la fotografía tomada por el sepulturero, procediendo a su traslado al cementerio del monasterio de El Pardo. Al cerrarse este monasterio en 2015, el 28 de noviembre del mismo año sus restos se trasladaron al protomonasterio casa madre de Toledo, donde se veneran en la actualidad, junto a los de la fundadora de la Orden de la Inmaculada Concepción, santa Beatriz de Silva.
Madre Inés de San José: Inés Rodríguez Fernández nació en Avedillo (Zamora) el 2 de noviembre de 1889. El 14 octubre de 1908 ingresó en las concepcionistas del monasterio de El Pardo, entregándose a la oración. En 1935 fue elegida abadesa, y anteriormente había sido maestra de novicias. Recibió la palma del martirio a los 47 años de edad y 28 de vida religiosa.
- Sor María del Carmen de la Purísima Concepción: M.ª del Carmen Rodríguez Fernández nació en Avedillo (Zamora) el 28 de octubre de 1895. El 16 de junio de 1914 entró en el monasterio de El Pardo. Era la hortelana de la huerta conventual, humilde, natural y sencilla. Recibió la palma del martirio a los 41 años de edad y 21 de vida religiosa.
Mártires de Escalona (Toledo)
En 1936, las monjas de la comunidad de Escalona fueron obligadas a abandonar su monasterio. Trasladadas a la comandancia de la localidad, fueron interrogadas y presionadas para renegar de la fe y abandonar la vida religiosa. Ante la resistencia de las monjas, fueron conducidas a la Dirección General de Seguridad en Madrid, y después llevadas a la cárcel habilitada en un convento de capuchinas. Al finalizar la contienda, toda la comunidad regresó a Escalona, a excepción de sor María de San José (abadesa) y sor M.ª de la Asunción, que fueron separadas del resto del grupo para ser conducidas a la checa. Fueron fusiladas en octubre de 1936.
- Madre María de San José Ytoiz: recién nacida, en 1871, fue puesta en el torno de la casa de acogida de Pamplona (Navarra). Vivió su niñez en dos casas de acogida. En 1893 solicitó el ingreso en el monasterio de la Encarnación de Concepcionistas Franciscanas de Escalona. Entró como religiosa de coro y emitió su profesión religiosa el 29 de enero de 1894. Destaca su gran docilidad, su pronta obediencia y su filial confianza. En noviembre de 1911 fue elegida abadesa, cargo que llegó a ejercer 25 años por sus cualidades y valores personales. Su relación con las hermanas de la comunidad era muy maternal. Recibió la palma de martirio a los 66 años de edad y 44 de vida religiosa.
- Sor María de la Asunción Pascual Nieto: nació el 14 de agosto de 1887 en Villorobe (Burgos). El 6 de junio de 1909 ingresó en el monasterio de las concepcionistas de Escalona como religiosa de coro y cantora. Ejerció como enfermera, sacristana, tornera y portera. Era muy devota de la Santísima Virgen María en su Inmaculada Concepción, y muy querida por toda la comunidad. En 1936 era la madre vicaria. Recibió la palma del martirio a los 49 años de edad y 27 de vida consagrada.
Misas de acción de gracias
La casa madre de las concepcionistas franciscanas de la Orden de la Inmaculada Concepción se encuentra en Toledo, donde se ha habilitado la capilla dedicada a las 14 mártires. En este templo se celebrará una Misa de acción de gracias el sábado 29 de junio, a las 11:30 horas, presidida por monseñor José Carballo, OFM. El arzobispo de Toledo, monseñor Braulio Rodríguez, también presidirá una solemne Eucaristía de acción de gracias en la misma iglesia el sábado 6 de julio a las 19:30 horas.

domingo, 2 de junio de 2019

Beatificación: “Que seáis testigos de libertad y de misericordia” contra las “nuevas ideologías” 02062019



El Papa Ha Presidido La Beatificación De 7 Nuevos Mártires Rumanos © Vatican Media

Beatificación: “Que seáis testigos de libertad y de misericordia” contra las “nuevas ideologías”

Homilía del Papa en Rumanía

(ZENIT – 2 junio 2019).- “Que seáis testigos de libertad y de misericordia“: El Santo Padre ha exhortado en la beatificación de los 7 mártires rumanos a “llevar la luz del Evangelio a nuestros contemporáneos” y “a seguir luchando, como estos beatos, contra estas nuevas ideologías que surgen”.
“Nos toca a nosotros luchar ahora como tocó a ellos en aquellos tiempos”, ha invitado a las 60.000 personas que han participado en la ceremonia, este domingo, 2 de junio de 2019, en el Campo de la libertad, en Blaj, mientras otras 20.000 personas han seguido la celebración a través de las pantallas instaladas en el centro de la ciudad rumana, según las autoridades locales.
El Pontífice ha destacado dos virtudes de los nuevos beatos, martirizados en los años de régimen comunista en Rumanía, de 1950 a 1970: la libertad y la misericordia, preciosa herencia que han dejado al pueblo rumano.
Amor ejemplar hacia su pueblo
Francisco, ha hecho una mención especial al nombre del lugar de la celebración: “Campo de la libertad”, y ha comentado que “Ante la feroz opresión del régimen”, los siete obispos greco-católicos “manifestaron una fe y un amor ejemplar hacia su pueblo”, ha indicado. “Con gran valentía y fortaleza interior, aceptaron ser sometidos a un encarcelamiento severo y a todo tipo de ultrajes, con tal de no negar su pertenencia a su amada Iglesia”.
Pensando en la libertad, no puedo dejar de observar que estamos celebrando la Divina Liturgia en el “Campo de la Libertad”. Este lugar significativo evoca la unidad de vuestro Pueblo que se ha realizado en la diversidad de las expresiones religiosas. (…) Los nuevos beatos sufrieron y dieron su vida, oponiéndose a un sistema ideológico que rechazaba la libertad y coartaba los derechos fundamentales de la persona humana.
El otro aspecto subrayado por el Pontífice de la “herencia espiritual” de los nuevos beatos es la misericordia. “Ellos compaginaban la tenacidad de profesar la fidelidad a Cristo con una disposición al martirio sin palabras de odio hacia los que los perseguían, ante los que demostraron una profunda mansedumbre”.
Nuevas ideologías 
En este contexto, el Papa ha advertido que también hoy reaparecen “nuevas ideologías” que, “de forma sutil, buscan imponerse y desarraigar a nuestros pueblos de sus más ricas tradiciones culturales y religiosas”.
Estas “colonizaciones ideológicas” desprestigian el valor de la persona, de la vida, del matrimonio y la familia y “dañan con propuestas alienantes, tan ateas como en el pasado”, especialmente a nuestros jóvenes y niños “dejándolos desprovistos de raíces desde donde crecer”.
Así, el Santo Padre ha exhortado a todos los presentes a “llevar la luz del Evangelio a nuestros contemporáneos” y “a seguir luchando, como estos beatos, contra estas nuevas ideologías que surgen”. “Nos toca a nosotros luchar ahora como tocó a ellos en aquellos tiempos”, ha anunciado.
“Que seáis testigos de libertad y de misericordia, haciendo prevalecer la fraternidad y el diálogo ante las divisiones, incrementando la fraternidad de la sangre, que encuentra su origen en el periodo de sufrimiento en el que los cristianos, dispersos a lo largo de la historia, se han sentido cercanos y solidarios”.
***
Homilía del Papa Francisco
«Maestro ¿quién ha pecado, él o sus padres, para que haya nacido ciego?» (Jn9,2). Esta pregunta de los discípulos a Jesús desencadena una serie de movimientos y acciones que acompañará todo el relato evangélico desvelando y dejando en evidencia lo que realmente enceguece el corazón humano.
Jesús, al igual que sus discípulos, ve al ciego de nacimiento, es capaz de reconocerlo y ponerlo al centro. Después de aclarar que su ceguera no era fruto del pecado mezcla el polvo de la tierra con su saliva y lo pone en sus ojos; luego le ordena lavarse en la piscina de Siloé. Cuando se lavó, el ciego recobró la vista. Es interesante notar cómo el milagro se narra en apenas dos versículos, en los demás se pone la atención no en el ciego recuperado, sino en las discusiones que desencadena. Parece que su vida y especialmente su curación se vuelve banal, anecdótica o elemento de discusión, así como de irritación y enojo. El ciego sanado es interrogado en un primer momento por la multitud estupefacta, después por los fariseos; y estos interrogan también a sus padres. Ponen en duda la identidad del hombre sanado; posteriormente niegan la acción de Dios, poniendo como excusa que Dios no actúa en sábado; llegan incluso a dudar que aquel hombre naciera ciego.
Toda la escena y las discusiones revelan lo difícil que resulta comprender las acciones y prioridades de Jesús, capaz de poner en el centro a aquel que estaba en la periferia, especialmente cuando se piensa que el primado lo tiene “el sábado” y no el amor del Padre que busca que todos los hombres se salven (cf. 1 Tm2,4); el ciego tenía que convivir no sólo con su ceguera sino también con la de aquellos que lo rodeaban. Así son las resistencias y hostilidades que surgen en el corazón humano cuando, al centro, en vez de encontrar personas, se ponen intereses particulares, rótulos, teorías, abstracciones e ideologías, que lo único que logran es enceguecer todo a su paso. En cambio, la lógica del Señor es diferente, lejos de esconderse en la inacción o la abstracción ideológica, busca a la persona con su rostro, con sus heridas e historia. Va a su encuentro y no se deja embaucar por discursos incapaces de priorizar y poner en el centro lo realmente importante.
Estas tierras conocen bien el sufrimiento de la gente cuando el peso de la ideología o de un régimen es más fuerte que la vida y se antepone como norma a la misma vida y a la fe de las personas; cuando la capacidad de decisión, la libertad y el espacio para la creatividad se ve reducido y hasta cancelado (cf. Carta enc. Laudato si’, 108). Vosotros habéis sufrido los discursos y acciones basados en el desprestigio que llevan hasta la expulsión y aniquilación de quien no puede defenderse y hacen callar las voces disonantes. Pensamos de manera particular en los siete obispos greco-católicos que he tenido la alegría de proclamar beatos. Ante la feroz opresión del régimen, ellos manifestaron una fe y un amor ejemplar hacia su pueblo. Con gran valentía y fortaleza interior, aceptaron ser sometidos a un encarcelamiento severo y a todo tipo de ultrajes, con tal de no negar su pertenencia a su amada Iglesia. Estos pastores, mártires de la fe, han recuperado y dejado al pueblo rumano una preciosa herencia que podemos resumir en dos palabras: libertad misericordia.
Pensando en la libertad, no puedo dejar de observar que estamos celebrando la Divina Liturgia en el “Campo de la Libertad”. Este lugar significativo evoca la unidad de vuestro Pueblo que se ha realizado en la diversidad de las expresiones religiosas. Esto constituye un patrimonio espiritual que enriquece y caracteriza la cultura y la identidad nacional rumana. Los nuevos beatos sufrieron y dieron su vida, oponiéndose a un sistema ideológico que rechazaba la libertad y coartaba los derechos fundamentales de la persona humana. En aquel periodo triste, la vida de la comunidad católica fue sometida a una dura prueba por un régimen dictatorial y ateo: todos los obispos y muchos fieles de la Iglesia Greco-Católica y de la Iglesia Católica de rito latino fueron perseguidos y encarcelados.
El otro aspecto de la herencia espiritual de los nuevos beatos es la misericordia. Ellos compaginaban la tenacidad de profesar la fidelidad a Cristo con una disposición al martirio sin palabras de odio hacia los que los perseguían, ante los que demostraron una profunda mansedumbre. Es elocuente lo que el Obispo Iuliu Hossu declaró durante la prisión: «Dios nos ha enviado a estas tinieblas del sufrimiento para dar el perdón y rezar por la conversión de todos». Estas palabras son el símbolo y la síntesis de la actitud con la que estos beatos en el periodo de la prueba sostuvieron a su pueblo en la confesión continua de la fe sin fisuras ni represalias. Esta actitud de misericordia hacia los torturadores es un mensaje profético, porque se presenta hoy como una invitación a todos para superar el rencor con la caridad y el perdón, viviendo la fe cristiana con coherencia y valentía.
Queridos hermanos y hermanas: También hoy reaparecen nuevas ideologías que, de forma sutil, buscan imponerse y desarraigar a nuestros pueblos de sus más ricas tradiciones culturales y religiosas. Colonizaciones ideológicas que desprestigian el valor de la persona, de la vida, del matrimonio y la familia (cf. Exhort. ap. postsin. Amoris laetitia, 40) y dañan con propuestas alienantes, tan ateas como en el pasado, especialmente a nuestros jóvenes y niños dejándolos desprovistos de raíces desde donde crecer (cf. Exhort. ap. Christus vivit, 78); y entonces todo se vuelve irrelevante si no sirve a los propios intereses inmediatos empujando a las personas a aprovecharse de otras y a tratarlas como meros objetos (cf. Exhort. ap. Laudato si’, 123-124). Son voces que, sembrando miedo y división, buscan cancelar y sepultar el más rico de los legados que estas tierras vieron nacer. Pienso por ejemplo al Edicto de Torda en 1568 que sancionaba todo tipo de radicalismo y promovía por primera vez en Europa un acta de tolerancia religiosa.
Deseo animaros a llevar la luz del Evangelio a nuestros contemporáneos y a seguir luchando, como estos beatos, contra estas nuevas ideologías que surgen. Nos toca a nosotros luchar ahora como tocó a ellos en aquellos tiempos. Que seáis testigos de libertad y de misericordia, haciendo prevalecer la fraternidad y el diálogo ante las divisiones, incrementando la fraternidad de la sangre, que encuentra su origen en el periodo de sufrimiento en el que los cristianos, dispersos a lo largo de la historia, se han sentido cercanos y solidarios. Que os acompañen en vuestro camino la materna protección de la Virgen María y la intercesión de los nuevos beatos.
© Librería Editorial Vaticano

viernes, 17 de mayo de 2019

Guadalupe Ortiz, primera persona laica del Opus Dei en ser beatificada 17052019

Exposición sobre Guadalupe Ortiz © Opus Dei
Exposición Sobre Guadalupe Ortiz © Opus Dei

Guadalupe Ortiz, primera persona laica del Opus Dei en ser beatificada

La Misa será en Madrid el 18 de mayo
(ZENIT – 17 mayo 2019).- Mañana, sábado 18 de mayo de 2019, la Iglesia contará con una nueva beata, la doctora química e investigadora española Guadalupe Ortiz de Landázuri (1916-1975), que será beatificada en una ceremonia que presidirá el cardenal Becciu, prefecto de la Congregación de las Causas de los Santos, y que se celebrará en el recinto de Vistalegre a partir de las 11 horas.
Once mil personas de más de 60 países participarán en los actos el sábado 18, estima la Prelatura del Opus Dei.Una beatificación, que en consonancia con el moderno perfil de esta mujer, será digital y deslocalizada que se retransmitirá por streaming. Cuenta con una app, varios libros electrónicos, un multimedia y un recorrido de geocaching.
Al día siguiente se celebra la Misa de Acción de Gracias en el mismo lugar, a las 12 del mediodía, presidida por monseñor Fernando Ocáriz, prelado del opus Dei.
Asimismo, durante los días de la beatificación se puede ir a rezar ante los restos de Guadalupe en el Oratorio de Caballero de Gracia (Gran Vía 17/Caballero de Gracia 5, Madrid), y visitar una exposición sobre Guadalupe, con objetos personales, puede visitarse en el Colegio Tajamar (Pío Felipe, 12, Madrid) del 14 al 30 de mayo.
¿Qué significa ser numeraria?
Guadalupe es la tercera persona del Opus Dei que llega a los altares. El fundador, Josemaría Escrivá de Balaguer, fue canonizado en 2002. Su sucesor al frente del Opus Dei, Álvaro del Portillo, fue beatificado en 2014.
Guadalupe es, al mismo tiempo, la primera mujer y el primer fiel laico del Opus Dei que es beatificado (san Josemaría era sacerdote y el beato Álvaro era obispo). Guadalupe era numeraria. Los numerarios son fieles del Opus Dei —hombres y mujeres— que viven el celibato, como un don de Dios y por motivos apostólicos. Esto les permite una mayor dedicación a tareas formativas, sin modificar en nada su condición laical, su situación profesional, su posición en la Iglesia y en la sociedad.
Además, la española fue una de las colaboradoras más cercanas del fundador san Josemaría. “La alegría contagiosa, la fortaleza para afrontar las adversidades, el optimismo cristiano y su entrega a los demás”, son algunas de las notas que la caracterizan, según el decreto de la Congregación de las Causas de los Santos.
Modelo para la mujer del S. XXI
Guadalupe estudia Ciencias Químicas cuando un ocho por ciento de las mujeres va a la Universidad en el Madrid de 1933 –describe Cristina Abad, biógrafa de la nueva beata– ejerce una profesión a la altura de sus estudios, lo que es algo muy poco usual entonces; viaja sola por España para dar a conocer el Opus Dei, salta el Charco a México en 1950, pone en marcha iniciativas promotoras de mujeres con más posibilidades, recursos e inquietudes -como dos de las primeras residencias universitarias femeninas de España y México-, y de la mujer rural indígena, en este último país, con centros de capacitación profesional; pone sus conocimientos al servicio de la dignificación y profesionalización del trabajo del hogar, etc.
Por todo ello, Cristina Abad, autora del relato biográfico de Guadalupe Ortiz “La libertad de amar” (Palabra), piensa que “es un ejemplo para la mujer del siglo XXI de determinación a la hora de perseguir los sueños y hacer rendir los talentos que Dios nos da aportando el genio femenino a todos los sectores, de superación de techos sociales, laborales y personales, de espíritu emprendedor y de conciliación entre el deber y el querer haciendo de la propia vida una aventura apasionante”.
Duras pruebas en su vida
La madrileña, del barrio de Malasaña, supo vivir la fe con fortaleza, sencillez y alegría en lugares y situaciones muy dispares. Tuvo un corazón físicamente débil pero grande y fuerte para desarmar odios, recelos y tensiones. Contagió el optimismo que nacía de su confianza en Dios.
La laica del Opus Dei se enfrenta a la sentencia de muerte de su padre durante la Guerra Civil, pone en marcha proyectos insospechados: dos residencias universitarias, en Madrid y México; vive cambios sucesivos de país, de actividad, con multitud de contratiempos; sufre una enfermedad cardiaca grave durante casi 20 años…
“Lo que se observa, sin embargo, es una confianza muy grande en Dios, en su vocación y en lo que le propone San Josemaría –relata la periodista Cristina Abad– Vive con el deseo permanente de amar a Dios y a los demás”.
Y eso, unido a una fortaleza y valentía grandes, le lleva a vivir sin miedo, con libertad para volar alto y lejos. Una frase muy suya es: ‘Y yo tan contenta’. Está igual de feliz en Madrid, que en México o Roma. Dispuesta a trabajar con salud o sin ella, y ya en sus últimos momentos, a ayudar aquí en la tierra o ser más eficaz en el Cielo”.
Curación inexplicable  
El milagroatribuido a la intercesión de Guadalupe Ortiz de Landázuri, aprobado el 8 de junio de 2018 por el Papa Francisco, se trata de la curación de un carcinoma basocelular, en la noche entre el 28 y el 29 de noviembre de 2002.
Guadalupe Ortiz © Youtube
Antonio Jesús Sedano Madrid, de 76 años de edad, viudo desde 1991, sufría este cáncer, localizado en el ojo derecho. Él invocó a Guadalupe con fe e intensidad antes de acostarse y, al levantarse al día siguiente, descubrió que estaba curado: la lesión había desaparecido completamente y sin dejar ninguna señal. Los peritos médicos de la Congregación juzgaron que este hecho no tiene explicación científica. Los consultores teólogos y, más tarde, los cardenales y obispos, valoraron que puede atribuirse a la intercesión ante Dios de Guadalupe.
Cuando el cirujano plástico revisó al paciente, comprobó la absoluta desaparición del cáncer, por causas desconocidas. Su impresión inicial fue de susto. La primera pregunta que le hizo fue: “¿Dónde le han operado?”. A continuación, Antonio le contó los detalles de su curación y la intercesión de Guadalupe Ortiz de Landázuri. La curación, acaecida de la noche a la mañana, era inexplicable. En la historia clínica de esa fecha quedó escrito: “Ha desaparecido la lesión tras rezarle a la sierva de Dios Guadalupe Ortiz de Landázuri”. En sucesivas revisiones la curación fue confirmada.
El postulador de la causa, don Antonio Rodríguez de Rivera,asegura Guadalupe “encarna el ‘espíritu de las bienaventuranzas’ del que habla el Papa Francisco en Gaudete et Exultate porque “su vida muy normal y al mismo tiempo llena de Dios, es una invitación espléndida a abrirse a los demás”. Y añade que “su ejemplo anima a sacudirse la comodidad para entregarse al servicio de los demás.
“Olvido de sí”
Lo que más ha impresionado a este experto en la vida de Guadalupe Ortiz ha sido el “olvido de sí” de la laica. “Pensaba constantemente en el Señor y en los demás”. Un ejemplo es lo que sucedió en México, en 1952. Fue durante un curso de retiro espiritual para estudiantes universitarias, en una casa recién construida y casi sin amueblar. El penúltimo día dio una charla sobre las virtudes cristianas. Ella y las demás estaban sentadas en el suelo. Notó un gran dolor por el picotazo de un insecto venenoso, pero no quiso interrumpir la charla hasta el final, para que no se preocuparan, y ninguna se dio cuenta de lo que había pasado. Se enfermó con fiebre muy alta y tuvo que estar en cama unos quince días.
“En ningún momento se quejó. Es más, desde la cama siguió sacando adelante sus deberes hasta que otra mujer del Opus Dei la sustituyó. Quienes la atendían fueron testigos, no solo de que no se quejaba ni hablaba de su enfermedad, sino de que se interesaba por quienes iban a verla e impulsaba el trabajo apostólico”, recuerda el sacerdote de la Prelatura.

jueves, 2 de mayo de 2019

Concepción Cabrera de Armida, biografía de la próxima beata mexicana 02052019

Concepción Cabrera De Armida © Facebook

Concepción Cabrera de Armida, biografía de la próxima beata mexicana

Fundadora de las Obras de la Cruz
Fundadora de las Obras de la Cruz
(ZENIT – 1 mayo 2019).- Mons. Jorge Estrada, Obispo Auxiliar de la Arquidiócesis de México, antes de realizar más de 80 confirmaciones en la Parroquia del Inmaculado Corazón de María, en la Colonia del Valle durante esta festividad, se congratuló por la noticia de que el Papa Francisco firmó el Decreto de Beatificación de la mexicana Concepción Cabrera de Armida, “una mujer comprometida con su fe, fundadora de las Obras de la Cruz, entre ellos, de la Congregación Misioneros del Espíritu Santo”.
“Es una noticia muy esperada, sobre todo por los Misioneros del Espíritu Santo y la gran familia de las Obras de la Cruz, a quienes extiendo una calurosa felicitación, y deseo que esto anime a cada uno de ellos en su ministerio y en su dedicación a la Iglesia. Sé que muchos laicos comprometidos encontrarán en ella un modelo de santidad. Yo estuve muy ligado a Alianza de Amor, y me da mucha alegría por todos ellos y por la Iglesia en general”, dijo.
Biografía
Concepción Cabrera nació en San Luis Potosí en 1862 y fue bautizada el 10 de diciembre. Sus padres fueron Octaviano Cabrera y Clara Arias. Fue la séptima entre 12 hermanos. Recibió el sacramento de la confirmación el 5 de mayo de 1866.
Su vocación mística surgió desde temprana edad, y para 1870 ingresó al Colegio de las Hermanas de la Caridad; sin embargo, la familia asumió la responsabilidad de su educación, especialmente su tío Luis Cabrera, quien era Canónigo.
El 8 de diciembre de 1872 hizo la Primera Comunión. Era aficionada a la música, la poesía, el canto y el piano.
El 16 de enero de 1876, en un baile familiar, conoció a quien sería su esposo: Francisco Armida, con quien contrajo nupcias el 8 de noviembre de 1884, un mes antes de cumplir los 22 años de edad. Tuvieron 9 hijos en 17 años, siendo el primero de ellos Francisco, quien nació el 2
En 1889, Conchita Cabrera asistió a un retiro espiritual bajo la dirección del Padre Antonio Plancarte, y comprendió que su misión era salvar almas, y su obra comenzó organizando los mismos ejercicios para 60 mujeres.
A lo largo de su vida tuvo por directores espirituales al padre Alberto Mir, SJ; Félix de Jesús Rougier; Maximino Ruiz, Obispo de Chiapas; Ramón Ibarra, Arzobispo de Puebla; Luis María Martínez, Arzobispo de México.
El Apostolado de la Cruz recibió su primera aprobación canóniga el 3 de mayo de 1895.
En 1895, la familia se trasladó a la Ciudad de México; vivieron en Coyoacán, y el 17 de septiembre de 1901 ella se quedó viuda. Luego murieron sus hijos Pedro, Pablo y Conchita; Manuel había ingresado con los jesuitas.
El 4 de febrero de 1903 conoció al padre Félix de Jesús Rougier, cofundador de los Misioneros del Espíritu Santo.
El 13 de noviembre de 1913 fue recibida por el Papa Pío X, quien otorgó su permiso para que ella fundara la Congregación Sacerdotes de la Cruz con el nombre de Misioneros del Espíritu Santo.
El 3 de mayo de 1897 fundo la segunda de las Obras de la Cruz dedicado a las mujeres: las religiosas de la Cruz del sagrado Corazón de Jesús.
El 3 de noviembre de 1909 fundó la tercera de las Obras: la Alianza de Amor con el Sagrado Corazón de Jesús. A estas le siguió la Fraternidad de Cristo Sacerdote.
Concepción Armida falleció el 3 de marzo de 1937, y el 15 de mayo de 1974 sus restos fueron trasladados a la Casa de los Misioneros del Espíritu Santo. Su proceso de beatificación dio inicio el 15 de febrero de 1974.
© Carlos Villa Roiz, Desde la fe